Creencias: el cambio.

Ya hemos visto qué son las creencias, cómo se forman y el tremendo poder que tienen en nuestra vida. En este artículo descubriremos cómo poner a nuestro servicio ese poder de una manera consciente, no como hasta ahora, que desconocíamos lo que estaba guiando nuestros pasos.

Vamos a ver cómo podemos cambiar las creencias limitantes que tenemos.

 

 CAMBIO DE CREENCIAS

Puedes instalar todas las creencias que te apetezca en tu interior. Esa es tu libertad: decidir cómo quieres vivir tu vida, decretar qué leyes deseas que la gobiernen. Eres el dios/a de tu mundo personal y ahí solo mandas tú, a no ser que permitas que las leyes-creencias de otras personas dirijan tu vida.

Como hemos visto en el artículo anterior, las creencias se encuentran alojadas en la mente subconsciente y, para instalar una nueva, tenemos que ir allí, al lugar donde “moran” las creencias.
Para llegar a la mente subconsciente debemos repetir muchas veces el mismo acto, hasta que se automatice y dejemos de prestarle atención. Cuando estabas en la autoescuela toda tu atención la tenías enfocada en el volante, la palanca de cambios, el embrague, el freno, el acelerador y la carretera. A veces no, y te llevabas un susto.
Después de 10 años conduciendo habitualmente ya solo te fijas en la carretera, todo lo demás lo tienes interiorizado (hasta el ruido del motor para cambiar de velocidad). Ya no piensas en ello, lo haces mecánicamente: lo has incorporado al subconsciente.

Aquí hemos automatizado unos movimientos-rutinas físicas, pero con el tema de las creencias la cosa cambia un poquito.

Repitiéndote mentalmente, por ejemplo, “me siento todopoderos@, llen@ de fuerza interior y determinación. Soy invencible”, al cabo de un tiempo notarás el efecto de todas las repeticiones. Te sentirás un poquito más poderos@, con más fuerza interior, pero no conseguirás vibrar completamente en esa realidad.
Puedes compaginar la repetición de palabras-mantras con la visualización, “viéndote” llen@ de fuerza interior, mientras te “sientes” invencible (la forma estándar de trabajar un objetivo), sin embargo los resultados serán exiguos: esa creencia no está implantada en tu subconsciente.

¿Por qué sucede esto si la clave para asentar una creencia es la repetición?

Si queremos instalar una creencia elevadora en nuestra mente subconsciente vamos a tener que luchar contra la creencia limitadora contraria que ya está fijada en nuestro interior. Si deseas ser fuerte es porque te crees débil, es decir, ya tienes la creencia de impotencia instalada y esta creencia va a bloquear todo intento de cambio. En cuanto empieces a repetirte que eres todopoderos@ y te visualices erguid@, sintiéndote llen@ de energía y vigor, automáticamente se activan las alarmas en tu mente diciéndote: “¡¡¡INTRUSO, INTRUSO!!!, ¡¡¡CREENCIA ERRÓNEA ATACANDO!!!” Te sentirás un poco rar@, alterad@ por dentro. Esta sensación puede ser más o menos intensa, pero siempre te acompañará hasta que sustituyas la antigua creencia.
Este “mal sentirte” es la emoción generada por los pensamientos enviados por tu mente-ego indicándote que las palabras que te dices ahora son MENTIRA, que tu verdad es otra. Ese malestar, esa emoción, es energía de baja vibración lastrando tu deseo de elevarte. Es el miedo al cambio, a lo desconocido, porque lo desconocido la mente no lo puede controlar y eso la horroriza. Así que, cuando tu mente consciente se da cuenta de que quieres modificar una creencia que lleva tiempo con ella, inmediatamente bloquea todas las puertas de acceso al subconsciente para que no puedas alterar nada de él. Ella, la mente consciente y su infatigable guardián, el ego, están permanentemente vigilando para que nada se modifique en tu interior: son los enemigos del cambio.

Pero no te desmoralices pensando que eres esclav@ de las creencias que te han inculcado en tu niñez o de las que has incorporado a lo largo de tu vida. Existe un modo de sortear a la mente consciente y su tenaz centinela. Además, este camino es el más rápido, el más efectivo y el más cómodo. Vamos, ¡el chollo total!
La clave para ello es distorsionar el mensaje, que sea ininteligible para la mente consciente, pero no así para el subconsciente que se empapa de él. De esta forma no hay bloqueo, ya que el mensaje es indescifrable para la mente consciente.

¿Cómo puede ser que la mente consciente no se entere y la subconsciente sí?

La parte subconsciente de la mente es mucho más poderosa que la consciente. Puede procesar 20.000 (veinte mil) MILLONES de impulsos nerviosos por segundo (que se dice pronto), frente a los 40 (cuarenta) de la consciente. La mente subconsciente percibe infinidad de detalles que le pasan por alto a la consciente. Además, funciona ininterrumpidamente, es nuestro Gran Hermano interior y exterior. Capta todo lo que te rodea: lo que ves, hueles, escuchas, sientes, piensas, sueñas… instante a instante, tanto si estás despiert@ o dormid@. La consciente solo funciona cuando estamos despiertos (a veces ni eso).

La forma de esquivar esta vigilancia permanente es por medio de los audios subliminales, en los cuales las afirmaciones-creencias que queremos incorporar a nuestra vida están distorsionadas y ocultas bajo una capa de música o sonidos relajantes. Tu mente consciente solo oye música, pero bajo ella suenan repetidas las afirmaciones que SÍ son captadas y asimiladas por tu subconsciente.
La mente subconsciente es una tierra fértil en la que podemos plantar cualquier semilla (afirmación) que, con los cuidados adecuados (la repetición), irá creciendo y robusteciéndose en tu interior. Según lo plantado en ella podrás cobijarte y sentirte segur@ a la sombra del frondoso árbol que ha crecido gracias a tus afirmaciones elevadoras o, por el contrario, te pincharás y sufrirás con las espinas del zarzal que has permitido desarrollarse con tu inconsciencia negativa repetida.

Aquí te dejo un enlace a una web que es altamente recomendable para cambiar las creencias. El resto es trabajo personal, pero es muy sencillo grabar un audio subliminal. En mi caso concreto, en vez del programa de grabación que utilizan (viene en inglés y no controlo nada), empleo el Audacity, que es una maravilla. Tú mism@.

EL DOLOR DEL CAMBIO

Cambiar una creencia lleva su tiempo, de 3 a 6 meses, y es directamente proporcional a lo arraigada que esté en nuestro interior. Además, el ego (próximamente hablaremos de él) va a procurar, por todos los medios, sabotearte para que no lo consigas. Para el ego una creencia, aunque te limite y sea un tapón en tu desarrollo personal, forma parte de su esencia: el ego ES esa creencia viviendo en ti.

Si ya has comenzado un trabajo interior (meditaciones, visualizaciones, mantras, audios subliminales…) para modificar alguna, no desesperes si no notas avances o tienes la sensación de empeorar. Esas “malas” sensaciones realmente son una “buena” noticia. Es la señal de que vas cambiando la creencia y el ego se rebela con toda su fuerza para evitarlo. Así que, cuando te sientas rot@ por dentro o totalmente sol@ en este mundo o creas que ya no puedes más… entonces sonríe (es muy difícil a veces, pero recuerda que todo es una creación tuya), porque tu ego te está diciendo que le vas ganando, que no puede contigo y te envía los espejismos de dolor, duda y debilidad para que retrocedas y vuelvas a dejarte llevar por él, para que regreses al viejo mundo conocido.
En esos momentos te la estás jugando, te encuentras en el punto crítico de tu cambio. Puedes decidir tirar para adelante, a pesar del intenso dolor y adentrarte en una nueva vida desconocida para ti o regresar a lo conocido, a lo que ya no te hace crecer por ser sabido. Tú elijes, momento a momento, qué vida quieres llevar, qué persona quieres ser: la misma de ahora, repitiendo el mismo día uno tras otro, o vivir cada día como una aventura que no sabes cómo va a terminar: ¿quieres controlar tu vida o permitir que la vida te lleve?

Mucha gente sigue este refrán: “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”. Lo solía repetir mucho mi madre y nunca entendí por qué era preferible lo bueno a lo malo, ¿qué ventaja tiene? Con el tiempo me di cuenta, como os he dicho, que la mente-ego tiene pavor al cambio y que mi madre no sabía nada de todo esto.

Un abrazo, de corazón.

 

Posdata: PARA PADRES CON HIJOS PEQUEÑOS

Si eres madre/padre de niños, en tus manos está decidir la vida que van a llevar. Somos la referencia y el ejemplo más importante que tienen, por lo tanto, nos es muy fácil implantar creencias en ellos: tenemos toda su confianza.
Según las creencias que plantes en sus vírgenes mentes, así serán la programación que arrastrarán hasta que puedan modificarla y, según esta programación, así será su vida.
Esta es la gran responsabilidad que tenemos como padres: formar personas autosuficientes para desenvolverse en este mundo de la forma y, además, que sean felices. Una persona feliz es la que emite constantemente la luz de la alegría, elevando la del mundo que le rodea. Y para eso estamos aquí: para amar, para dar… para elevarnos y elevar.

Dile a tu hij@ que puede con todo, que no importa las veces que se caiga, lo importante es levantarse siempre.

Dile a tu hij@ que los sueños se cumplen, que solo hay que regarlos con amor e ilusión y, tarde o temprano, los verá materializados. SIEMPRE.

Dile a tu hij@ que le quieres, que es una bendición en tu vida y que le querrás siempre, haga lo que haga. Pero, sobre todo, demuéstraselo momento a momento… y la fuerza de tu amor le hará volar libre de las cadenas del miedo.

Te quiero.

Seguimos caminando.

Creencias: las jefas del cotarro. Qué son y cómo funcionan

“Tanto si crees que puedes, como si no, en ambos casos tendrás razón”. Esta cita de Heny Ford resume de una manera sencilla el concepto de creencia.  Ellas son las que nos dan el poder o nos lo quitan. Son las que nos hacen vivir en un mundo maravilloso o en el peor mundo posible.

Las creencias son las que dirigen al genio de la botella que vive en cada uno de nosotros. Son las que ordenan al universo lo que nos tiene que entregar. Da igual lo que quieras lograr en esta vida: si lo que deseas alcanzar va en contra de una creencia que tienes instalada en tu interior, olvídate, no lo conseguirás. Así de poderosas son.

Por lo tanto, esta es la clave de la vida que llevamos: ¿qué creencias tenemos?

Vamos a conocerlas un poco para saber mejor de qué hablamos.

Tú puedes. Siempre

¿QUÉ SON?

Una creencia es una idea, que se considera verdadera y a la que se da completo crédito como cierta. Es una interpretación de la realidad, no un hecho comprobado. Es un concepto mental, pero lo convertimos en “nuestra” verdad otorgándola el rango de ley y una ley no la cambiamos, la cumplimos. Esto es lo que representan nuestras creencias. Son los decretos por los que se rige nuestra vida, los mandamientos que nos gobiernan. Son la forma de mirar todo aquello que nos sucede, todo lo que vivimos. Es el “color” con el que vemos la vida.

Hay dos tipos de creencias: las que tenemos respecto a nosotros, a las capacidades que poseemos, y las que se refieren al resto (al mundo, a la sociedad, a la vida). Estas últimas se encuentran influidas por cómo nos vemos a nosotros. El mundo será un lugar inhóspito si nos consideramos con poco valor, con escasas aptitudes personales. Por el contrario, si tenemos una buena autoestima, nos parecerá un lugar más amigable y acogedor.

¿CÓMO SE CREAN?

Una creencia se puede formar por una emoción muy intensa unida a un acontecimiento o por la repetición de acontecimientos con idéntico significado. Si la primera vez que vas a un dentista sientes dolor porque no te ha puesto suficiente anestesia (o nada, como me sucedió a mí), a la siguiente ocasión que tu madre te diga para ir no querrás: creerás que te va a doler.

La manera más habitual de establecerse una creencia es por medio de la repetición. Si al poco de aprender a andar en bicicleta te caes varias veces seguidas, puedes pensar que eres torpe con la bici.

Las más fuertes son las que se crean entre los 2 y 7 años, cuando nuestra mente es virgen todavía. No tenemos desarrollada la facultad de razonar y dependemos de los demás para subsistir. Los responsables de estas suelen ser las personas más cercanas a nosotros: padres, tíos, abuelos… Nos fiamos de los seres que queremos (tampoco podemos hacer otra cosa) y adoptamos sus creencias: “¿cómo me va a engañar alguien que me quiere?”.

Si de pequeña dice tu madre que mojándote los pies coges catarro, al principio puede que no te lo creas, pero si un día da la casualidad de que sucede, entonces, asocias los pies mojados con tos y dolor de garganta. Además, es tu madre, ese maravilloso ser que te quiere y que te guía en este mundo desconocido en el que vives. Lo que ella diga va a misa: “mojarse los pies es causa de catarro”. Y punto.

Ya tienes una creencia instalada en tu interior.

Otro día, mientras estás jugando, tu madre te apremia a que recojas los juguetes, ya que debes hacer los deberes. Tú, que estás embebida con ese trenecito que te encanta, no la haces caso y se te olvida. Al cabo de un rato, puedes oír (tu ama ha pasado un mal día): “eres una vaga. Así no conseguirás nada en la vida”. La primera vez quizás te duelan sus palabras, pero cuando te lo repite unas cuantas veces ya no te afectan tanto: te has acostumbrado a que te llame vaga. Y claro, sigue siendo tu madre, el amoroso ángel que te quiere: “soy una vaga”, reconoces en un momento dado.

Ya tienes tu primera creencia limitadora instalada en tu mente, en tu energía. Ya forma parte de lo que tú crees que eres.

Te vas haciendo mayor, hace ya tiempo que piensas por ti misma, y debes decidir por dónde continúas tus estudios: cursar ingeniería química (te encanta la química) o hacer un módulo de ello. La diferencia entre las dos opciones es la duración: ingeniería son cinco años de carrera y el módulo solo dos. “Soy una vaga”, piensas, “voy a hacer el módulo, cinco años son muchos para mí”.

De esta manera, no tan exagerada, se forman y nos guían las creencias que hemos incorporado en nuestra infancia. Son las más importantes porque afectan a nuestra valía personal. Si de pequeño te repetían constantemente: “eres tonto”, eso es lo que tienes grabado. Si has oído muchas veces: “¡qué inteligente eres!”, eso es lo que llevas impreso en tu mente.

A estas creencias, típicas del entorno familiar en el que hemos crecido, se van añadiendo otras, fruto de nuestro desarrollo intelectual. Estas creencias “propias” las formamos por medio de la repetición de las interpretaciones de los acontecimientos que vivimos. “Soy malo conduciendo” nos lo podemos decir cuando se nos haya calado el coche dos o tres veces en un breve intervalo de tiempo. Para la cuarta ya se convierte en “nuestra” verdad: “soy mal conductor” y la dejamos asentada en nuestro interior. Ya tenemos otra creencia instalada.

Otras veces cambiamos las creencias (¿conoces a algún adulto que todavía crea en los Reyes Magos?), o las modificamos porque nuestra experiencia no coincide con la que tenemos grabada (al dentista le pides más anestesia y te quita cualquier caries sin dolor).

También el entorno en el que vivimos determina las creencias. No hay las mismas creencias políticas, religiosas y culturales en nuestro país que en Marruecos, por ejemplo. La forma de ver la vida cambia de un lugar a otro porque las creencias de sus habitantes son diferentes.

Estamos rodeados de creencias por todas partes. Vivimos en un mundo mental, en un mundo de ideas, de interpretaciones constantes, pero no nos desviemos del tema. Sigamos.

CLASES

Las creencias pueden ser:

Conscientes o inconscientes.

“No se me dan bien las matemáticas”, “cocino fatal” son creencias conscientes, nos damos cuenta de que las tenemos.
Las inconscientes son aquellas que guían nuestra vida sin nosotros saberlo: “necesito ser querido por la gente para sentirme bien”, “lo que me ocurrió en el pasado me va a seguir afectando siempre”.
Estas creencias inconscientes son las más poderosas porque no podemos cambiar aquello que desconocemos.

Elevadoras o limitadoras.
“Me expreso muy bien”, “soy muy inteligente”, “tengo una salud de hierro”, “cada día tengo más fuerza de voluntad”…
“Tengo mala suerte en la vida”, “no valgo para estudiar”, “me cuesta mucho relacionarme: soy muy tímida”, “todo el mundo me engaña”…
Unas nos elevan, otras nos hunden. Unas nos dan alas, otras no ponen plomo en ellas … y ninguna es “la verdad”, solo interpretaciones de los acontecimientos que vivimos.

No sabían que era imposible. Fueron y lo consiguieron

CARACTERÍSTICAS

1.- No son innatas.
Como hemos visto, las vamos adquiriendo con el tiempo y, al igual que las incorporamos sin darnos cuenta, también podemos añadir otras… conscientemente. De esta forma modelamos nuestra vida como deseamos.

2.- Se guardan en la mente subconsciente.
Las hemos interiorizado tanto (por eso se llama “creencia”, sino sería “pensamiento”) que no reparamos en ellas. Han pasado de la mente consciente al subconsciente, formando parte de nuestro ser, de nuestra forma de mirar-interpretar lo que vivimos. “Somos” esas creencias.
Este dato es importante para entender la forma de cambiarlas.

3.- Todo lo que vivimos lo interpretamos en función de ellas.
Si una persona cree que ahora es muy difícil encontrar trabajo reaccionará de manera diferente a otra con una creencia distinta, que piensa, por ejemplo, que siempre encuentra empleo quien pone toda su voluntad en ello. Si cierra la empresa en la que trabajan los dos, uno lo interpretará como una desgracia que le ha ocurrido y el otro como una oportunidad para mejorar.

Lo importante no es lo que vivimos, sino cómo lo interpretamos. A consecuencia de esto, las creencias son las que toman las decisiones por nosotros, ya que todo lo que pensemos para decidir algo estará inducido por ellas. Uno de los trabajadores anteriores entró en depresión (decidió no luchar, ¿para qué?, si está todo muy mal) y el otro comenzó, con mucho esfuerzo, un proyecto personal que le cambió totalmente la vida. Las decisiones que tomaron fueron muy diferentes ante el mismo acontecimiento: las creencias decidieron por ellos.

4.- La mente no tiene en cuenta los pensamientos que no coinciden con ellas.
La mente no se pone a buscar nuevas interpretaciones sobre lo que considera cierto, ¿para qué, si es verdad? Además, la mente no quiere cambios. Desconoce cuál va a ser el resultado del mismo y, el no saber, el no poder controlar, le aterra; así que no permitirá que “veas” las cosas de otra manera. Si crees que eres una vaga, que te encanta no hacer nada, no advertirás que, cuando te pones a escribir ese diario personal que llevas, se te pasan las horas sin darte cuenta. Para eso no eres perezosa, estás motivada (te gusta mucho escribir). Lo que te falta es motivación, pero la mente lo ignorará totalmente: “eres una vaga”. Y punto.
Todos los pensamientos que contradigan “su verdad” son eliminados de nuestro campo de consciencia. Por este motivo es tan difícil cambiar de creencias conscientemente, la mente nos lo impide, pero esto lo vemos en el siguiente artículo.

5.- Ellas nos dan el poder o nos lo quitan.
Una creencia elevadora es un permiso que nos concedemos para expresar todo el potencial que atesoramos. Por el contrario, una creencia limitante es un tapón en nuestra energía que impide manifestar nuestras capacidades. “Si crees que puedes, podrás, si crees que no, no podrás”
En los circos, los elefantes suelen estar atados a postes muy pequeños que pueden ser fácilmente desclavados por ellos. Un elefante puede arrancar un árbol de cuajo y, sin embargo, no lo hace, ¿por qué? Cuando son pequeños les atan a esos mismos postes. Prueban a soltarse de ellos un día tras otro, pero no tienen la fuerza suficiente para arrancarlos. Al cabo de un tiempo dejan de intentarlo: ya tienen asumido que no pueden con ese postecito. Van creciendo, van cogiendo más fuerza volviéndose muy poderosos, pero su creencia no cambia y siguen sin intentarlo porque tienen “creído” que no pueden.

6.- Nos crean emociones dolorosas cuando vamos en contra de ellas.
Estás atravesando un momento delicado económicamente, ves un mendigo en la calle que te llama la atención y, sin pensar, le dejas unas monedas. Antes de que des tres pasos ya estarás oyendo-mascullando en tu mente: “¿cómo se te ocurre darle dinero a este tío? ¡que trabaje! ¡Bastantes problemas tienes tú para, encima, regalarle algo de lo que te puede faltar!”. Este diálogo interno nos crea una emoción acorde al rapapolvo que nos echamos a nosotros mismos, que está directamente relacionado con la fuerza que tenga el ego en nuestra energía.

7.- Son como los árboles: de una brotan varias relacionadas.
En el ejemplo anterior la creencia fundamental podría ser: “no soy capaz de conseguir dinero”. De esta creencia surgen otras como: “es muy difícil encontrar trabajo hoy en día”, “cuando me jubile no voy a tener dinero ni para comer”, “el dinero se me va de las manos sin poder evitarlo: no me llega para nada”.
Cambiando, podando, algunas ramas conseguiremos resultados parciales. Cortando el árbol, erradicando la creencia matriz, obtendremos resultados totales.

ORIGEN DE NUESTRAS CREENCIAS LIMITADORAS

Las creencias limitadoras que mantenemos proviene de una sola, que es la madre de todas: la de estar separados de la Unidad.

Al considerarnos separados vemos la vida como un esfuerzo (una lucha) constante por conseguir aquello que necesitamos para vivir en este mundo: comida, ropa, alojamiento… dinero. Además, al formar parte de una comunidad, demandamos reconocimiento personal, sentirnos parte del grupo-sociedad en el que vivimos. Estas necesidades nos originan incertidumbre-miedo a no poder satisfacerlas. Esta emoción de miedo atrae pensamientos que vibran en su frecuencia. Debido a esto, lo que interpretamos acerca de lo que vivimos se encuentra teñido por esa emoción y, esa interpretación “miedosa”, hará que en nuestro interior germinen con más facilidad creencias de “no poder”, de “no tengo” “no valgo”: creencias limitadoras todas ellas.

Albert Ellis, doctor en psicología por la Universidad de Columbia, y fundador de la Terapia Relacional Emotiva recopiló, en 1955, las ideas irracionales básicas que son compartidas por las sociedades de diferentes partes del mundo.
Son las siguientes:

  1. Necesito ser amado y aprobado por cada persona significativa de mi entorno.
  2. Para considerarme a mí misma como una persona válida debo ser muy competente.
  3. Las personas que no actúan como deberían  son malvadas y tendrían que ser castigadas por ello.
  4. Es terrible que las cosas no funcionen como a mí me gustaría.
  5. La desgracia y el malestar humano están provocados por las circunstancias externas y la gente no tiene capacidad para controlar sus emociones.
  6. Si algo es (o puede ser) peligroso, debo sentirme terriblemente inquieto por ello y debo pensar constantemente en la posibilidad de que ocurra, para estar preparado.
  7. Es más fácil evitar responsabilidades y dificultades de la vida que hacerles frente. Así viviré más tranquila.
  8. Debo depender de los demás y necesito a alguien más fuerte que yo en quien confiar.
  9. Lo que me ocurrió en el pasado seguirá afectándome siempre.
  10. Debo sentirme preocupado por los problemas de los demás.
  11. Existe una solución perfecta para cada problema y debo hallarla siempre. 

Estas son las creencias que tenemos la mayoría de las personas (unos más y otros menos) como miembros de esta sociedad basada en la separación y, como su nombre indica, son “irracionales”, no son lógicas ni verdaderas. De algunas somos conscientes y de otras no. Fíjate si alguna de ellas resuena en ti. Aunque a primera vista no te veas reconocida en ninguna, date un tiempo y medita sobre ellas. Verás cómo te aparecen una o varias. La creencia 7, la de evitar responsabilidades, refleja muy fielmente la actitud que me ha estado guiando hasta hace muy poco sin ser consciente de ello.

Observa cómo en todas ellas subyace una actitud fundamental ante la vida: NO PUEDO-NO MEREZCO (necesito, no tengo, debo ser, me preocupo…). Esta actitud de víctima nace de considerarte un ser individual y de esta creencia original brota el mundo que ves actualmente. Cuando abandonas esta idea mental y te conviertes en uno con la Unidad, todo tu mundo cambia drásticamente, ya que has modificado la forma de mirarlo. Has cambiado tu interpretación fundamental de lo que ves-vives.

Y renaces a una nueva vida.

Así que, fíjate lo importante que son las creencias, pero al igual que ellas se han instalado en nuestro interior a lo largo del tiempo, también podemos cambiarlas (con el tiempo). Lo vemos en el siguiente artículo.

Un abrazo, de corazón.

Seguimos caminando.

Inicio