El ego: nuestra creencia fundamental

Ya hemos visto qué es una creencia, cómo se forman y sus características fundamentales. Ahora vamos a conocer nuestra creencia fundamental, el ego, pero antes de meternos con él y para entenderlo mejor, vamos a comentar la pregunta del millón: ¿qué somos realmente como seres vivos?

LO QUE SOMOS REALMENTE

Sabemos que somos energía vibrando, a la que llamamos cuerpo, y que esta energía (creadora) la dirigimos con nuestra atención. Pero si nos damos cuenta del cuerpo que poseemos o de los pensamientos que mantenemos, es que hay algo más. Y “eso que se da cuenta” es lo que realmente somos: consciencia infinita siendo consciente del cuerpo que habita. Esta consciencia que faculta “darme cuenta” de este cuerpo, de los pensamientos y de lo que me rodea, es la misma que la tuya y la de todos los seres humanos, lo único que cambia es el cuerpo-habitáculo en el que “vive”. Tú provienes de unos padres y ancestros diferentes a los míos o no, pero nuestra auténtica realidad, lo que es eterno en nosotros, es lo mismo en todas las personas: somos Uno en la Consciencia.

Debido a la evolución de la vida en este planeta llegó un momento en que nació un ser consciente de sí mismo, al que llamamos ser humano, y es el que tiene colonizado este planeta. Es decir, esta consciencia que somos ya viene de “serie” en nuestro cuerpo físico: somos seres conscientes por naturaleza.
Este ser humano consciente tiene una facultad única: la de pensar. Con ella viene unida la capacidad de imaginar y aquí es donde esta consciencia comienza a confundirse creyéndose ser aquello que imagina, aquello que piensa, “olvidándose” de que es consciencia. Esto se llama identificación (creer ser algo que no es) y es el comienzo del dolor, pero eso lo comentamos luego.
La primera identificación es con nuestro cuerpo, nos creemos ser él, y al vernos físicamente autónomos nos consideramos seres individuales, independientes de los demás: “este cuerpo soy yo y ese cuerpo eres tú, luego somos dos”. Ya estamos separados.
Luego, según vamos creciendo, y con el desarrollo del cerebro, esta consciencia fortalece su identificación con la mente y los pensamientos, creyendo ser la voz pensante de la cabeza: “Pienso, luego existo”, dijo Descartes, en su “Discurso del método” de 1637.

A partir de aquí esa consciencia se pierde en el mundo de la forma, en el mundo de lo que parece evidente, pero que no es real por tener fecha de caducidad. Solo lo eterno, lo inalterable, lo que no tiene principio ni fin es lo verdadero: la Consciencia Universal. Todo lo demás aquí lo dejamos cuando abandonamos este cuerpo, pero ya me estoy desparramando. Sigamos con el ego.

 

EL EGO: NUESTRA CREENCIA FUNDAMENTAL

Debido a esta identificación con nuestro cuerpo y nuestra mente, ya desde la niñez comenzamos a forjarnos una idea de lo que somos en función de los pensamientos que mantenemos en respuesta a las experiencias que vivimos. Además, se van añadiendo los comentarios, ideas e interpretaciones-creencias de las personas que nos guían en la infancia (generalmente nuestros padres), plantándose la semilla del ego en nuestro interior, creyéndonos ser aquello que nos dicen que somos. Si te han repetido de pequeñ@: “eres tont@”, tendrás un concepto de ti muy diferente a alguien que a la mínima oportunidad le decían: “¡pero qué inteligente eres!”.

El ego es un concepto mental, una idea: una creencia que tenemos acerca de lo que somos. Es hijo de la mente y sin pensamientos no hay ego. Solo son pensamientos, pero nosotros le damos la fuerza de la realidad al creernos ser lo que pensamos acerca de nosotros.
Todas las etiquetas que te pongas para definirte: “soy una persona activa, cumplidora, un poco impaciente, con un gran fondo humano”, por ejemplo, es ego. Tú eres una vibración, no una definición.

Aparte de lo anterior, el ego son también todas las ensoñaciones no conscientes, esos pensamientos imperceptibles, pero que nos provocan una emoción que sí sentimos. Esta emoción que experimentamos nos hace reaccionar ante los acontecimientos que vivimos y esta reacción también es ego. Es lo que nos hace decir: “soy así, no puedo evitarlo”, cuando respondemos automáticamente a un acontecimiento de nuestra vida.
Esa voz de la cabeza que nos dice qué tenemos que hacer, cómo nos tenemos que comportar, qué tenemos que pensar… Esa voz que te ordena, chilla, se enfada, llora… ese parloteo mental es el ego viviendo en ti.
Inquietud, impaciencia, angustia, miedo dolor, ira… es ego. En este caso, es la reacción de tu cuerpo a los pensamientos que le envía esa ilusión que crees ser “tú”.

CARACTERÍSTICAS FUNDAMENTALES

IDENTIFICACIÓN: la raíz de la separación

Identificación es dar sentido del “yo” a algo exterior a la consciencia que somos. Empezamos con “nuestro” cuerpo, luego “mis” pensamientos y posteriormente, según crecemos, van aumentando en número nuestras identificaciones: padres, herman@s, amig@s, pareja, hij@s…, todo aquello que nos cree sentimiento de pertenencia, como si fuera nuestro, como si fuera “yo”. Nos identificamos con un país, un partido político, un club de fútbol, un trabajo, un estatus social, una postura mental (defendemos nuestra “verdad” como si nos fuera la vida en ello), etc.

También nos identificamos con los “papeles” que representamos en esta vida. Si tienes hij@s seguro que representas el papel de padre/madre y esperas de ellos que actúen según su “papel”: “te deben” respeto por ser tus hij@s. Si no lo hacen te encolerizarás, ya que para tu ego no se están comportando de acuerdo al rol que les ha adjudicado. Hay infinidad de “papeles” que representamos: el de pareja, jefe/a, trabajador/a, herman@, amig@… A cada papel le asignamos obligaciones y derechos, unos códigos de conducta, y si algo o alguien se los salta nuestro ego reacciona con lucha para restablecer el “orden” perdido.

Todo aquello con lo que nos identificamos nos da un valor como persona, de manera que si cambia o desaparece algo de ello experimentamos un fuerte dolor. Es como si el hecho de ser abandonados por nuestra pareja, aparte del dolor de la separación, nos quitara valía personal, haciéndonos sentir ser “menos” o el que rebatan una idea mía me haga considerarme disminuido como ser inteligente. De esta manera, al identificarnos con algo que suponemos como “mío-yo”, surge el apego a ello. El apego, en este caso, es sinónimo de dependencia: dependemos de aquello con lo que estamos identificados.

De esta manera perdemos nuestra libertad personal. Ya no somos solo esa consciencia que habita en nosotros, sino la suma de lo que creemos ser: padres, hijos, pareja, el club de fútbol del que soy hincha, el estatus económico y social que mantengo, el partido político con el que simpatizo o el país en el que vivo… Y nos pasamos la vida intentando mantenerlo todo en equilibrio, que nada cambie a peor o desaparezca porque entonces experimentaremos un dolor directamente proporcional al grado de identificación con ello. Hay hinchas de fútbol que cuando pierde el equipo de sus amores están varios días cabizbajos y tristes. A otros les dura la frustración el tiempo que tardan en tomarse un café. Son diferentes grados de identificación y, por lo tanto, diferente intensidad de dolor por la pérdida-cambio, pero en ambos casos la identificación es sinónimo de dolor.

A nivel energético, el apego es la energía que damos a lo que consideramos como “yo”: nos unimos energéticamente a aquello con lo que nos identificamos.
Identificación y apego son las dos caras de la misma moneda y siempre es un desvío de nuestra energía, de la energía que somos. Es una “pérdida” energética que sufrimos por mantener viva una idea mental, una creación de la mente.

Esta identificación (esta separación entre “yo” y lo demás) es la que hace que vivamos en un mundo de países, culturas y religiones diferentes, a menudo enfrentadas, ya que el ego necesita conflicto para reafirmarse, para sentirse vivo. Al ego la paz le resulta indigesta y pesada, con poco atractivo. Siempre busca retos, desafíos, metas… tiene que estar constantemente haciendo algo para no sentir el miedo que le atenaza.

Esta inquietud que nos acompaña siempre, este desasosiego constante, en realidad es el miedo a la muerte del ego. Como está identificado con el cuerpo que tiene y sabe que tarde o temprano va a morir, para evitarlo se inventa cuentos maravillosos, haciéndonos creer en reencarnaciones y en la evolución del alma, de vida en vida, buscando la perfección divina. Pero no son más que ilusiones del ego resistiéndose a morir, intentando ser inmortal, cuando, en realidad, al fallecer termina la ilusión que creemos vivir, uniéndose la consciencia que somos a la consciencia universal. Así que, disfrutemos de este tiempo en el que podemos gozar de este maravilloso cuerpo que nos sustenta y que nos permite llenarnos de la fragancia de una flor o de la risa alegre y juguetona de un/a niñ@. Pero bueno, sigamos con nuestro amigo el ego, que me estoy yendo otra vez.

JUZGAR-COMPARAR

Para marcar los límites de su “individualidad”, el ego está constantemente juzgando y comparándonos con los demás. Se fija, normalmente, en las diferencias que nos separan, haciéndonos sentir bien-mal según los resultados de dicha comparación. Además, etiqueta a las personas en función de ese resultado, siendo nosotros el punto de referencia: “Marian es muy inteligente” (porque ha demostrado una “chispa” que no tenemos), “Ander es un engreído” (no es “tan” humilde como nosotros).

También nos juzga en función de un ideal de persona que crea para desenvolverse en este mundo. Cuando no hacemos las cosas en función de ese modelo nos regaña más o menos intensamente según lo fuerte que sea nuestra identificación con él. Es como si tuviéramos un juez y verdugo interior que nos castiga de manera inmisericorde cuando cometemos un error, sin poder escapar de él.

Por último, el ego siempre está clasificando las situaciones de vida en buenas o malas. Si algo ocurre que le acerca a lo que desea, se alegra (no por mucho tiempo, siempre quiere más y más); cuando, por el contrario, lo que sucede no le gusta se enfada con la vida, con los demás o contigo si te considera responsable de algo. El caso es que está siempre interactuando con el mundo exterior y su alegría o tristeza depende de la valoración-interpretación que haga de esa experiencia vital.

RESISTENCIA

Es la no aceptación de lo que está viviendo, negando lo que ocurre: “yo no debería estar pasando por esto. Es muy duro, es injusto”. Aquí nace la negatividad que lanzamos al mundo.

El ego echa la culpa a los demás (sea la vida en general, las personas o situaciones que vive), por no ser como a él le gustaría que fueran. Y son los demás (la vida también) los que deben cambiar, cosa que espera lograr enfadándose consiguiendo justo lo contrario, ya que esa energía negativa del enfado revitaliza la situación que detesta.

Esta resistencia frente a lo que sucede, es lo que lleva al ego a reaccionar en contraposición al actuar.
Actuar frente a un hecho o circunstancia de la vida significa que la respuesta que damos a esa situación viene dada desde la independencia emocional, desde la inteligencia pura: “Me acabo de enterar de que cierran la empresa. Nos echan a todos, ¡qué pena! No hay tiempo que perder, voy a empezar a mandar curriculums”.

Reaccionar es dejarnos llevar por una respuesta emocional a lo que vivimos en un momento dado. Esa emoción, que nos hace responder así, es el apego del ego a esa realidad que ahora se encuentra amenazada por esa situación de vida: “Hoy me han dicho que cierran mi fábrica. Nos echan a todos. ¡Ya decía yo que eran unos inútiles los jefes: no saben llevar una empresa! Hoy me emborracho”. Es decir, sin ego no hay reacción.

Al reaccionar frente a algo exterior (quejarse es una forma de hacerlo, inclusive del tiempo que hace hoy) o interior (reaccionamos también a los pensamientos que tenemos: hay pensamientos que nos “duelen”), el ego siente que se reafirma, adquiriendo más “vida”. Esta reacción constante, generalmente negativa, es la creadora de nuestro estado de ánimo, que es la energía que emanamos al universo y, por lo tanto, es la energía que nos devuelve. Al recibir situaciones “negativas”, reaccionamos con más negatividad, perpetuando aquello que no queremos vivir. La única forma de romper este círculo vicioso, en el que vive la inmensa mayoría de la gente, es por medio del perdón. Aquí te dejo un enlace que te permitirá liberarte de las cadenas que te atan al pasado: ejercicio del perdón.

NOTAS PRÁCTICAS:

  • Ama tu ego, porque siempre estará contigo. Es la energía que nos rodea por todos los lados, es la energía que mueve este mundo. No luches contra él, no intentes eliminarlo, porque entonces lo estás vivificando con tu atención. Lo único que puedes hacer es darte cuenta de que estas siendo vivido por el ego, no por el amor. Para ello estate muy atent@ a tu estado interior. Esta es la clave: ¿cómo te sientes?, ¿qué pensamientos te llegan?, ¿son pensamientos que te transmiten paz o te generan lucha, desasosiego? Si te sientes bien, perfecto, estás en el amor. Si te notas embarullada, indeciso, rencorosa, impaciente, lastimero… estás con el ego-mente.
    El darse cuenta es el primer paso para poder amarlo. Una vez que lo amas, como podrías amar las travesuras de un niño pequeño, empiezas a desidentificarte de él, separándote de la ilusión que guiaba tu vida. Y, en este momento, comienzas a crecer.
    Si normalmente tienes mucho “ruido” mental y te resulta difícil dejar de “pensar”, empieza con este ejercicio de concentración maravilloso que, además, limpia y equilibra tus chakras de vibraciones inarmónicas: activando nadis y chakras.
  • Ama el ego de los demás. El ego tiende a reaccionar con el de los demás y, a no ser que tengas un gran autocontrol, acabarás enredado en su energía. Cuando interactúes con alguien estate atent@ a cualquier aparición de malestar en tu interior: ira, culpa, abatimiento, debilidad… Esas son las emociones creada por tu ego al reaccionar a la energía que envía tu interlocutor/a. Cuando te notes que empiezas a alterarte, centra tu atención en la respiraciónTe equilibrará instantáneamente, pero hazlo cuanto antes para no dejarte llevar por la fuerza de la emoción egoica.
  • Todo aquello que no sea paz es ego viviendo su sueño a través tuyo. El ego, como hijo de la mente que es, siempre está soñando, imaginando y recreándose en acontecimientos pasados o situaciones futuras: “Cuando llegue al trabajo seguro tengo bronca con el tonto ese de Ander”, “¡Qué bien me lo pasé ayer cenando con Marian!”. La mente es lo que tiene: solo puede vivir en el pasado o en el futuro. El momento presente se le atraganta porque no puede controlarlo, es lo que es y no lo puede cambiar, por eso huye de él. Así que, si no sientes la paz en este momento es porque estás viviendo el sueño (de lucha) del ego-mente.
    Cuando te descubras cabalgando por los caminos de la ilusión, si te atropellan los pensamientos, DETENTE… inspira… espira… Se consciente de tu cuerpo, siente tu vibración, tu energía, y permanece ahí todo el tiempo que puedas. Una y otra vez.
  • ¿Prefieres tener paz o tener razón? Tu elijes momento a momento la vida que quieres llevar. Al ego le encanta tener razón, al amor tener paz. Puedes tener razón y saber que la tienes, pero no luchas por convencer, sólo expones tu verdad, compartiéndola. Lo que hagan los demás, aceptarla o no, es secundario, no es tu problema. Intenta vivir con total desapego a cualquier postura mental.
  • “Yo no tengo problemas, es mi ego quien los tiene”. Recuerda esto en aquellos momentos que te notes “llevado” por el dolor, la ira, el reproche, la debilidad… Así te vas separando de él, desidentificándote, por medio del darte cuenta” (sinónimo de crecimiento de la consciencia) de que tú no eres ese ego chillón y lloroso que a veces te posee.

EL EGO Y EL CRECIMIENTO PERSONAL

El ego es nuestra mayor identificación, alrededor de la cual hemos organizado nuestra vida. Desechar esa idea, es volver a comenzar otra vez, es un renacimiento, y esto nos genera mucha incertidumbre, mucha inseguridad, ya que abandonamos el mundo conocido, el de la forma, el exterior, para adentrarnos en nuestro mundo interior que, para la mayoría de la gente, es un lugar totalmente desconocido. De esta manera comenzamos a descubrir aquello que siempre hemos sido, pero que esa ilusión mental nos impedía ver.

El cambio personal, fundamentalmente, es liberarse de las identificaciones con lo que no somos. Esta liberación conlleva dolor, porque ese sufrimiento es la ruptura de la conexión energética (apego) que habíamos creado con lo identificado. Nos sentimos como si nos arrancaran la piel, rotos por dentro (imagínate como te deja una ruptura sentimental), ya que nos desprendemos de algo que consideramos forma parte de nuestro ser. Como el ego no quiere sufrir, no quiere ser “menos”, va a luchar con todos sus medios para que nada cambie y no sentirse más “pequeño”. Por este motivo se convierte en el principal enemigo del crecimiento personal.

Por otra parte, si no hay dolor no hay cambio. Dejará de dolerte, dejarás de sufrir, cuando ya no estés identificad@ con nada ni nadie, cuando te des cuenta de que eres sólo Consciencia. Mientras llega ese momento, la mente-ego te va a poner todas las zancadillas que pueda para que no la abandones retirando tu atención inconsciente de ella. Te hará sentir mal, diciéndote que te equivocas, que ese no es el buen camino, que te dejes llevar por ella, que no es bueno sufrir, que no te encuentras bien… bla, bla, bla.

Cuanto peor lo pasas mayor crecimiento experimentas, ya que más energía había “desviada” a ese apego que ahora abandonas. Esa aflicción que sientes es tu verdadero ser agrandándose, mejor dicho, es tu consciencia expandiéndose por el “hueco” que ha dejado la energía del apego. Así que, cuando sufres es porque estás creciendo como ser consciente.
La forma más rápida de crecer, de evolucionar, es amar ese sufrimiento que padeces. Esto es difícil de hacer al principio, pero cuando lo hagas notarás como lo atraviesas, separándote de él. Sientes tu dolor, pero ya “no eres” ese dolor: ya no estás identificado con él.
Además, esta energía, que antes estaba “perdida” en el apego a aquello que considerabas eras tú, vuelve a ti. De esta manera te vas convirtiendo en un ser más poderoso, con más energía vital, más profundo.

No cedas a la desesperación que vas a vivir. No creas que te estás volviendo loc@ por sentirte sol@ (te llegará esta sensación, no lo dudes) en este mundo enfermo. Ese sentirte sol@ es una buena señal, porque es el único modo de hallar lo que realmente buscamos todos los buscadores: encontrarnos a nosotros mismos.
Este camino de descubrimiento personal siempre es un camino solitario, nadie lo puede recorrer por ti. Pero cuando descubres lo que realmente eres ya nunca más te sentirás sol@ porque vivirás conectad@ a algo tan amoroso, intenso y acogedor que las palabras no le hacen ninguna justicia. Además, aunque parezca una paradoja, te darás cuenta de que nunca has caminado sol@, que siempre has sido llevad@.

Pero eso lo vas a vivir tú, porque ya eres (todos lo somos) aquello que vas a ser. Lo que sucede es que todavía no eres consciente de ello.

Un abrazo, de corazón.

Seguimos caminando.

Activando nadis y chakras

Ahora vamos a conocer un par de ejercicios muy efectivos para acondicionar nuestros circuitos energéticos y que fluya armónicamente por nuestro cuerpo la energía del universo, la energía que nos da la vida. Estos ejercicios los descubrí en un maravilloso libro, El sendero de la energía (Synthia Andrews), cuya lectura y práctica te recomiendo encarecidamente.

El primero de ellos te puede parecer complicado de hacer, dependerá de tu capacidad de concentración. Yo me he tirado con él más de un año, repitiéndolo entre 30 y 50 veces diarias. Al principio era una pura desesperación, me despistaba un montón de veces. Cada vez que me perdía, en la ascensión casi siempre, volvía a comenzar desde el principio. Una y otra vez.
Recuerdo un sábado a la tarde, estando detenido en un semáforo en el coche, yendo a bailar. Intenté hacerlo un par de veces y nada, no pude culminar la ascensión de un tirón. Desistí de llegar a hacerlo bien: “no tengo cabeza para esto, ya soy mayor para estas historias”, pensé. Llevaba un mes con él y me costaba horrores. Hasta llegar al chakra corazón iba medianamente bien, pero a partir de ahí, hasta alcanzar el chakra corona, todo se descontrolaba. Siempre. Y vuelta a empezar, una y otra vez. Me veía incapaz de lograrlo.
Al día siguiente dibujé el circuito en un papel: “¿cómo va a poderme un simple ejercicio de concentración?, ¿quién me creo ser?”, me dije. Eso fue en diciembre de 2016. En la actualidad (3 de julio de 2018), mientras bailo los sábados en la discoteca que voy habitualmente, hago el ejercicio. Cuando me confundo, que a veces me pasa, comienzo desde el principio, disfrutando del paseo entre mis chakras.

Esta dificultad en los inicios se transforma al poco en su mayor virtud, porque te permite desconectar instantáneamente de ese agobio mental que puedes vivir en un momento dado. Cuando tengas muchos pensamientos atropellados, cuando te sientas mal por el motivo que sea y notes que la mente te lleva por su camino: vete a esta visualización. Automáticamente te relajarás porque no puedes mantener TODA tu atención en dos sitios a la vez y si la tienes en este ejercicio no te encuentras perdid@ en el mundo de la mente, en el mundo de la ensoñación. Al hacerlo con esta intención ya no será un ejercicio que debes hacer para elevarte, sino que se convertirá en tu oasis privado en el que descansas del mundanal ruido, olvidándote del agobio de la mente y de la identificación con esta ilusión de vida que parece tan real.

Todos los obstáculos, dificultades o problemas que puedas tener para hacerlo no son más que engaños del ego-mente para que no sigas con ello. Vive con la certeza de que lo consigues, sé constante (la repetición es la madre de la mejora) y dale caña porque vas a flipar con él, de verdad.

Así que, sin más preámbulos, vamos a conocer algo más de esta maravilla.

ACTIVANDO IDA, PINGALA Y CHAKRAS

Nosotros, como seres físicos, somos transformadores de energía: tomamos energía de la respiración, alimentos, sol y del agua. Esta es la energía que nutre el cuerpo físico, pero también recibimos energía sutil del cielo y de la tierra, la energía del universo, para posteriormente darla al mundo. La energía del cielo penetra en nuestro cuerpo por medio del chakra corona, la de la tierra por el chakra raíz. Esta energía sutil se distribuye por medio de unos canales llamados nadis. Tenemos más de 70.000 en nuestro cuerpo (es lo que dicen, yo no los he contado), siendo tres los fundamentales: Sushumna, Ida y Pingala.

El nadi Sushumna es el canal de energía que une el chakra raíz con el corona, ascendiendo por la columna vertebral. Los chakras nacen de él y es el nadi más importante porque nutre de energía a todos los demás.
Ida y Pingala zigzaguean entre los chakras, encargándose de mantenerlos en perfecto estado, equilibrando y armonizando su vibración.

Los chakras son nuestros “transformadores energéticos personales”. Son unos vórtices de energía encargados de transmutar la energía a la vibración adecuada, tanto la que recibimos como la que damos. Esta vibración constante de los chakras, junto con la energía que absorbemos de la tierra-cielo, crea una burbuja energética (el aura) que nos rodea totalmente, actuando como una armadura protectora. Cuando los chakras no funcionan adecuadamente, esa burbuja energética personal refleja esas anomalías, creándose agujeros o puntos más débiles. Por ellos penetra la energía disfuncional del exterior (la del ego-mente que nos rodea) contaminándonos y haciendo descender nuestra vibración personal. Fíjate, cómo a veces, al quedarnos sol@s tras permanecer un rato con una persona, nos notamos “mal” por dentro, con toda nuestra energía movida Eso es porque la energía-vibración de esa persona ha resonado en nuestro interior, haciendo vibrar la nuestra en su misma frecuencia. De esta forma, cuando los chakras no trabajan armónicamente, nos encontramos desprotegidos frente a la energía del exterior, siendo susceptibles de ser “dirigidos” por ella.

Por el contrario, cuando los chakras vibran fluida y armónicamente, entonces, todo fluye. Nos sentimos plenos de energía, de confianza, de optimismo, siendo mucho más creativos y con el poder suficiente para llevar a cabo aquello que expresa nuestro anhelo más querido. Nos convertimos en perfectos canales de transmisión de la energía del universo-amor a este mundo físico. Y este flujo de energía, de la más alta vibración, es el que nos va a ir elevando constantemente, convirtiéndonos en seres más conscientes, más despiertos. Por lo tanto, cuando tenemos nuestra burbuja en perfecto estado nada de fuera nos puede afectar, somos libres de las influencias del mundo exterior y, en este caso, nuestra energía es la que eleva a la de las personas que interactúan con nosotros.

Así que, fíjate en la importancia de este ejercicio para nuestro crecimiento y desarrollo personal.

BENEFICIOS:        

Tranquiliza y relaja el tráfico mental, desconectándonos de la mente ensoñadora. Si hemos tenido una discusión o una mala noticia y, tras ella, nos quedamos sumergidos en la vorágine habitual de pensamientos, este ejercicio nos separa de nuestro ego que se siente lastimado, permitiéndonos recuperar nuestro “tono” habitual.

Desarrolla la capacidad de concentración: nuestro auténtico poder. Según se desarrolla la capacidad de concentración vamos tomando el control de la mente y los pensamientos ensoñadores no nos llevarán por su camino. Nos volvemos más conscientes de donde enfocamos la atención, pudiendo cambiar la dirección de la misma a voluntad nuestra. No como ahora, que a veces nos vemos esclav@s de los pensamientos sin poder “escapar” de ellos.

Limpia, equilibra y energiza los chakras al mantener la fluidez de la energía que los sustenta. De esta manera preparamos nuestra energía para elevar su frecuencia, convirtiéndonos en personas más amorosas y vigorosas, aportándonos clarividencia. Así vamos creciendo como seres conscientes, a la vez que, desarrollamos nuestras cualidades personales ligadas a la vibración de cada chakra correspondiente.

Despeja el camino para la ascensión de la energía Kundalini, la energía más poderosa que disponemos y la que amplía nuestra percepción espiritual. Se asienta en el sacro y asciende de una manera natural cuando la consciencia ya está lo suficientemente expandida.

FORMA DE HACERLO:

  1. Puedes hacerlo sentad@, tumbad@ o de pie. Yo, normalmente, la hago de pie ya que me resulta más fácil seguir la visualización, pero tú mism@, hazlo como más te guste. Los ojos, al principio, cerrados; cuando lleves un tiempo con ella la harás como quieras.
  2. El ejercicio lo comenzamos con una inspiración y, a partir de ahí, nos olvidamos de cómo respiramos. Lo importante es visualizar el recorrido de la energía entre los chakras. Con el tiempo ya podrás ser consciente de más cosas, pero en principio céntrate en la visualización. Si tienes problemas para seguir el circuito, acompáñate con un dedo marcando la trayectoria por tu cuerpo.
  3. Haz unas cuantas inspiraciones hasta notarte relajad@ y centrad@.
  4. Inspiras e inicias la ascensión de la energía por la pierna izquierda (por la derecha si eres o has sido zurd@ de pequeñ@), penetrando por la izquierda del chakra raíz. Haz el giro del chakra, sales y continuas la ascensión por la derecha del 2º chakra. Haces el giro con él, sales por su izquierda y entras en el 3º. Recorres todos los chakras (fíjate en el dibujo) hasta llegar al corona (igual lo visualizas un poco más grande que los demás), donde comienza el camino de descenso. Prosigues con el recorrido inverso y lo finalizas con la energía bajando por la pierna derecha, saliendo por la planta del pie.
  5. En el recorrido ve-imagina los colores de los chakras intensos y brillantes, aunque con la práctica constante verás como cambian de intensidad y textura según tu estado de ánimo.
  6. Cuando tengas suficiente destreza puedes hacer el ejercicio siguiendo el ritmo de la respiración: en la inspiración realizas la ascensión; en la espiración el descenso. Esto requiere la máxima concentración y será la señal de tu maestría, pero que este no sea tu objetivo: es una consecuencia del trabajo realizado.
  7. Procura hacer la visualización todos los días como ejercicio de mantenimiento y, a veces, lo harás sin tener intención de hacerlo: te lo pedirá tu propia vibración.

NOTA:

El único objetivo en todo trabajo interior es: DISFRUTAR. Intenta disfrutar de todo lo que haces. Al principio, hasta que lo domines, estarás un poco tens@ (te sentirás insegur@ mientras lo realizas) y tendrás que estar más concentrad@ de lo habitual. Cuando tengas soltura con él ya no te “costará” tanto concentrarte en ello y entonces empezarás a disfrutar. Y cuando disfrutas comienzas a crecer, a elevarte, porque lo haces sin esfuerzo, sin lucha. Y todo aquello que hagas sin lucha te eleva.

 

ACTIVANDO SUSHUMNA: ÓRBITA MICROCÓSMICA

Con este ejercicio complementamos el anterior, ya que activamos el nadi Sushumnalimpiando y abriendo la línea Hara de nuestro cuerpo, favoreciendo la conexión Tierra-Cielo.
La línea Hara es un tubo de energía que asciende desde nuestros pies, conecta con el nadi Sushumna y fluye al cielo por medio del chakra corona. Es nuestra conexión con la energía de la tierra y del cielo: es el punto de encuentro entre nuestra parte física humana y nuestra divinidad. Es el canal que nos conecta a la Unidad.

Con esta visualización equilibramos el flujo de energía que circula por nuestro cuerpo, corrigiendo los excesos y deficiencias de esta. Además, nos libera de la energía del pasado, de actitudes antiguas y formas obsoletas de ver la vida, permitiéndonos avanzar más rápidamente en nuestro cambio personal.

Procura hacer este ejercicio habitualmente, a modo de mantenimiento. Así, la línea Hara se encontrará limpia y despejada para asimilar mejor la energía de más alta vibración. Al pasar esta energía a través nuestro nos vamos elevando, aumentando nuestra frecuencia de vibración, siendo más luz. Y esta luz es la que damos al mundo.

FORMA DE HACERLO:

  1. Siéntate en un lugar cómodo con la espalda erguida. Ojos cerrados, manos descansando sobre las piernas. Con el tiempo y la práctica lo harás andando, esperando en colas o mientras cocinas porque será motivo de gozo.
  2. Haz unas cuantas inspiraciones hasta notarte relajad@ y centrad@.
  3. Inspira profundamente mientras llevas la atención debajo del ombligo, donde brilla una luz platino iridiscente. En cada inspiración sientes cómo esa energía, esa fuerza vital, va llenando tu vientre hasta sentirlo pleno, poderoso y refulgente.
  4. Cuando te sientas rebosar de luz inspiras, y esa bola luminosa la haces descender hasta el final de la columna vertebral para luego ascender por ella, inundándola de luz a su paso.
  5. En la espiración, la bola de energía sale por la parte superior del cráneo, descendiendo por el exterior de tu cuerpo: rostro, boca, cuello, pecho y vientre hasta llegar al coxis, donde, con la inspiración, vuelve a ascender abrazando la columna vertebral.
  6. Repites este ciclo respiratorio con esa bola de luz recorriendo tu cuerpo. El coxis y la parte superior de la cabeza son los puntos de cambio del flujo respiratorio.
  7. Cuando te sientas energizad@, procura terminar el ejercicio con una inspiración, dejando esa energía vibrando con todo su fulgor en tu columna vertebral. Permanece un rato sintiendo esa electricidad palpitante.

VARIACIÓN:

Haz los pasos 1-3 como el anterior.

  1. Una vez tengas almacenada la energía vital en tu vientre, en la inspiración la haces descender al coxis para luego ascender por tu columna vertebral saliendo por la cabeza, como si fuera una fuente. En la espiración desciende por tu cuerpo, llenando el aura de esa luz iridiscente, hasta llegar al suelo. En la inspiración entra por el coxis y te recorre por tu centro, hasta rebosar por la cabeza. En la espiración te bañas en esa luz que te interpenetra.
  2. Permanece todo el tiempo que quieras disfrutando de esa luz, tu luz, que te limpia y energiza

Esta variación es la que más practico, pero tú haz aquella que más conecte contigo. En el camino espiritual no hay un solo camino: hay infinitos y cada persona sigue el suyo, ya que el camino lo creamos al caminar.

Un abrazo, de corazón.

Seguimos caminando.

Sintiendo lo que somos: vibración

Ahora vamos a realizar una sencilla práctica que permite darnos cuenta de la realidad que somos como seres físicos. Lo que vemos y creemos sólido y compacto, nuestro cuerpo, en realidad es una vibración de energía y esa energía es luz.

El objetivo fundamental de este ejercicio es sentir la energía-vibración que somos. Para ello lo comenzamos con una visualización (creación de la mente) y lo acabamos en una sensación, en una vibración. Quédate bailando en la sensación todo el tiempo que puedas. Lo que te hace crecer, expandirte, elevarte, es la percepción sensorial no el pensamiento. Cuantas más veces lo hagas, cuanto más te sumerjas en la sensación, más elevas tu frecuencia de vibración, ya que desarrollas-creas aquello a lo que prestas atención.

Puedes hacerlo con los ojos abiertos (en tus quehaceres diarios) o cerrados (cuando sólo quieras hacer el ejercicio). Cuantas más veces lo repitas más fácil te resultará y mejor te sentirás (la repetición es la madre de la mejora). Hasta que cojas soltura con él, empieza haciéndolo de pie: ojos cerrados, pies separados tanto como tus hombros, cuerpo erguido, pecho expandido. Al poco de tener esta postura advertirás cómo la energía asciende por las plantas de tus pies, llenándote totalmente. Déjate bañar en ella, disfruta de tu vibración.
Cuando ya lo domines, podrás hacerlo en cualquier postura y en cualquier momento sin tener que cerrar los ojos, porque de eso se trata, de vivir despiertos.
Puedes llevarte el ejercicio escrito en un papel o en el móvil y, cuando tengas un rato de tranquilidad, tomando un café, por ejemplo, léelo concentrándote profundamente en sus palabras, percibiendo lo que inducen en tu consciencia. Tras hacerlo te encontrarás más equilbrad@, más seren@, a la vez que habrá aumentado un poquito tu capacidad de concentración para abstraerte de tu frenesí diario. Al igual que poco a poco se acaba llenando el agujero más profundo, progresivamente irás desarrollando tu capacidad de concentración.
La capacidad de concentración mide la cuantía del poder creador que disponemos. La concentración es el poder de Dios “pasando” a través nuestro: a mayor poder de concentración, mayor poder creador.

Si por cualquier circunstancia que hayas vivido (una discusión, una mala noticia…), no puedes centrarte en la sensación por estar perdid@ mentalmente dando vueltas a ese incidente, haz el ejercicio del perdón antes de seguir con este. El perdón (luz violeta), disuelve la energía del ego que vibra en ese acontecimiento. Una vez te encuentres limpi@ de esa energía (de la mente), podrás sentir con más facilidad la vibración (del amor) que eres.

         

EJERCICIO: “SINTIENDO LA VIBRACIÓN QUE SOMOS”

La inspiración hazla siempre por la nariz (si quieres, claro); la espiración puedes hacerla por la nariz o por la boca, como más cómodo te resulte.

Centra tu atención en tu respiración, en el aire que entra y sale de tu cuerpo, notando el abdomen expandirse y contraerse en cada ciclo respiratorio….

Inspira… espira…

Inspira… espira…

Cuando estés relajad@, imagínate rodead@ de luz o inmers@ en una sustancia luminosa… Al inspirar, notas como la luz penetra en tu interior, llenándose todo tu pecho y abdomen de ella… Al espirar, sientes cómo esa luz atraviesa tu cuerpo, brotando un brillante resplandor por todos los poros de tu piel… Al mismo tiempo, percibes un cosquilleo que recorre tus células siguiendo la estela de la luz…

Con cada inspiración adviertes cómo la luz que te rodea llena tus pulmones, bajando tu diafragma…

Con cada espiración ves esa luz atravesar todo tu cuerpo, avivando ese hormigueo vibrante…

Inspira… Espira…

Ahora, centra la atención en tu cuerpo… en ese escalofrío, en esa sensación que recorre todas las células de tu ser… Sumérgete en esa electricidad que te llena… Toda tu atención la tienes puesta en ella… Siente esa energía… tu energía… ESA ENERGÍA ERES TÚ…

Inspira… y sientes tu energía…

Espira…. y sientes tu ser…

Permanece todo el rato que te apetezca disfrutando de lo que eres

Luego, a la cuenta de tres, abres lentamente los ojos… 1… 2… 3 y te quedas en esa vibración todo el tiempo que puedas.

CONSIDERACIONES SOBRE ESTE EJERCICIO

1.- Sentir nuestra vibración es el punto de donde nace todo. De esta vibración, de esta energía que somos, brota el mundo de la ilusión creado por la mente : esa facultad que poseemos gracias a nuestro cerebro.
Nos perdemos en este mundo de ilusión cuando dejamos de ser conscientes de nuestra auténtica realidad (esta vibración), es decir, cuando nos volvemos inconscientes.
Por lo tanto, con este ejercicio desarrollamos nuestra consciencia. La consciencia es sinónimo de “darse cuenta” y “nos damos cuenta” gracias al nivel de sensibilidad que tengamos. Nuestro nivel de sensibilidad lo incrementamos al fijarnos intensamente en lo que experimentamos-sentimos-pensamos… y fijarse intensamente es concentrarse.
A consecuencia del desarrollo de nuestra consciencia nos convertimos en seres más profundos, más completos.

2.- Con este ejercicio se produce el abandono de la mente para centrarnos en el ser. Dejamos de pensar, elucubrar, soñar y nos adentramos en el silencio de la energía vibrante que es nuestra auténtica realidad. Pasamos del mundo de lucha, de la mente, a la paz del ser y de esta manera estamos en el camino de conseguir el segundo objetivo de este ejercicio: no perder nunca el contacto con la vibración que somos.
Cuando interactúes con el mundo, en tus quehaceres diarios, no prestes toda tu atención al exterior: deja parte de ella mirando-sintiendo lo que eres. De esta forma vivirás la vida plenamente, sin separación, sin miedos y la mente no podrá llevarte por su mundo de ensoñaciones.

3.- Por último, y más importante, este ejercicio nos limpia de la energía mental que nos rodea (la del ego) y de la que vamos incorporando a nuestra vibración al reaccionar inconscientemente a las diversas situaciones que afrontamos en nuestro día a día.
Si vivimos siendo conscientes de lo que somos, con el tiempo, notaremos cómo nuestra vida se llena de luz, interpretando todo lo que nos sucede en clave de crecimiento y elevación, que, a su vez, atraerá más luz a nuestra vida. Esto sucede porque nos vamos limpiando de la energía egoica que vibra en nosotros por resonancia con la que nos rodea. Al limpiarnos de la energía más densa del ego, automáticamente se incrementa nuestra frecuencia de vibración, cambiando nuestro estado de ánimo y, por lo tanto, atraemos otro tipo de circunstancias vitales ya que la energía que emanamos al universo es más elevada.
Si, por el contrario, dejas de practicar este ejercicio tras haber comenzado con él (si tienes alguna dificultad con él céntrate en la respiración), será el ego-mente el que ha vuelto a tomar el control de tus decisiones. No importa las razones que te dé para que lo dejes, todas serán falsas. Tú decides si le crees, regresando al pasado, o vives algo nuevo, algo fresco. Date una oportunidad… y luego otra y otra. No importa las veces que caigas, lo importante es que te levantes siempre.

Un fuerte abrazo y… ¡dale caña!

Seguimos caminando.

Los pensamientos: energía en movimiento

Según la Wikipedia: “El pensamiento es la actividad y creación de la mente; dícese de todo aquello que es traído a la existencia mediante la actividad del intelecto. El término es comúnmente utilizado como forma genérica que define todos los productos que la mente puede generar, incluyendo las actividades racionales del intelecto o las abstracciones de la imaginación; todo aquello que sea de naturaleza mental es considerado pensamiento, bien sean estos abstractos, racionales, creativos, artísticos, etc.”

Y también: “El pensamiento se podría definir como imágenes, ensoñaciones o esa voz interior que nos acompaña durante el día y en la noche en forma de sueños”. La estructura del pensamiento o los patrones cognitivos son el andamiaje mental sobre el que se conceptualiza la experiencia o la realidad”.

Ahora que ya conocemos la definición de pensamiento, vamos a ver sus clases y características para ser conscientes del inmenso poder que tienen. De esta forma podremos convertirlos en nuestros aliados.

 

 

CLASES DE PENSAMIENTOS

Hay dos clases de pensamientos: creativos ensoñadores.

Los primeros nacen de una intención, buscamos un fin con ellos: “voy a pelar esta cebolla para preparar una tortilla de patata”. Aquí somos conscientes de tenerlos y ejercemos el poder que poseemos, ya que pensamos con una intención determinada.

Los ensoñadores son aquellos que nos vienen cuando no estamos atentos y dejamos vagar la mente sin ningún propósito. Nos abandonamos en estos pensamientos sin ningún control por nuestra parte. Aquí no hay intención de obtener un resultado concreto, sino que estamos “viendo” una película creada por ellos.

Hasta aquí va todo bien. Empezamos a vivir en la ilusión cuando nos creemos que esos pensamientos son verdad, cuando damos por ciertas las ensoñaciones que nos presentan: “seguro que están pensando en echarme del trabajo, porque el jefe me mira mal últimamente” o “ese bulto que me ha salido en el pecho puede ser algo malo”. Es decir, “vivimos” la película creada por ellos, siendo, generalmente, nuestras compañeras de viaje la angustia, el miedo y el sufrimiento.
También puedes imaginar cosas bonitas, como en la velada que vas a pasar con esa persona amada o la sonrisa que pondrá tu hija pequeña cuando abra el regalo que la has comprado. Al imaginar esto, tu ser, tu energía, se llena de alegría anticipada, pero ni lo uno ni lo otro es real: estás viviendo, en ambos casos, películas creadas por tu mente gracias a los pensamientos. Lo único cierto es que quieres hacer una tortilla de patata, para ello vas a picar una cebolla y punto: no hay más misterios. Lo demás son “pajas mentales”, es ilusión, así que pica con total concentración la cebolla (aunque te lloren los ojos), para que tu mente no te lleve por el mundo de los sueños y, si esto sucede, vuelve una y otra vez al aquí-ahora, al cuchillo y a la cebolla.

Si no puedes volver al aquí-ahora, sigue leyendo.

Todo pensamiento que mantengas en tu interior debe tener una intención, porque esa intención es tu libertad. Si mantienes pensamientos sin ningún propósito, es decir, dejas vagar la mente por hipotéticos problemas que “crees” puedas tener, ahora o en en futuro, o te solazas con agradables-desagradables recuerdos, estarás viviendo en el mundo de la mente, perdido en una ilusión (tus pensamientos), que parece real, pero no lo es. En este caso habrás dado el mando de tu ser a algo que no eres tú.
La mente es un instrumento que está a tu servicio, pero ahora has permitido, con tu inconsciencia, que se convierta en tu dueño y señor. Y la mente es un buen siervo, pero un tirano como amo.

CARACTERÍSTICAS DE LOS PENSAMIENTOS

1.- Los pensamientos ensoñadores que tienes no son tuyos, tú solo eres consciente de ellos. Fíjate en cómo se van acercando a tu punto central de consciencia, tienen su momento de máximo esplendor-atención por tu parte y luego se difuminan hasta aparecer otro pensamiento, que igual está relacionado con el anterior o no, llevándote por su nuevo camino. Mira cómo entran y salen de tu campo de consciencia. Si adviertes esto, ¿qué sucede?: que tus pensamientos van por un lado y tú por otro, como si estuvieras “viendo” (no “viviendo”) una película.
Ahora bien, si empiezas a creer que son verdad los pensamientos que tienes, dejándote llevar por las emociones que generan en ti, entonces ya estás soñando otra vez. Has dejado de darte cuenta de los pensamientos, has dejado de ser el observador-espectador de la película, para convertirte en el protagonista de la misma. Una película en la que el director y el guionista son tus incontroladas emociones creadas por los pensamientos que llegan a tu campo de consciencia. Aquí estás soñando tu vida, aquí vives en un mundo paralelo al real: el mundo de tu mente. En este momento ya no puedes “dejar de pensar”, ya estás metid@ en la película interminable que la mente-ego está creando para ti.

Así nos pasamos la mayor parte del día, viviendo las ensoñaciones que nos llegan, reaccionado a lo que vemos en nuestra pantalla mental, yendo de un lado a otro sin saber cómo parar esta noria y bajarnos. ¡Qué agotamiento!, ¿verdad?

2.- Los pensamientos son hijos de las creencias. Todo lo que vivimos o experimentamos en nuestra vida lo interpretamos en función de nuestras creencias (son ideas que consideramos verdaderas, a las que damos completo crédito como ciertas), que seleccionan y atraen los pensamientos que están de acuerdo con ellas; a los demás pensamientos nuestra atención no los hace caso. La atención ve lo que la creencia quiere que vea. Ellas son las que realmente están llevando el timón de nuestras decisiones y, por lo tanto, de nuestra vida.

Supón que crees ser un tí@ con suerte, que todo te sale bien. Estudias en la universidad y el profesor os sorprende diciendo que la semana próxima tenéis un examen de esa materia que pensabas preparar en la cercana Semana Santa. Tu primera reacción será muy diferente a la de tu compañer@ de pupitre, al que no le gusta esa asignatura y, por lo tanto, se le da mal. Tú pensarás que lo vas a aprobar sin problemas, que estudias fuerte esta semana y así tendrás libre Semana Santa, ¡qué bien! Por el contrario, tu compañer@, decidirá que no se va dar la matada a estudiar para nada, que suspende ahora y deja la asignatura para junio. Los pensamientos de uno y otro son totalmente diferentes ante el mismo hecho, y las decisiones tomadas también. La diferencia en la reacción son las creencias de cada uno.

3.- Los pensamientos atraen a otros semejantes. El pensamiento es una energía vibrando (todo lo que existe es energía, es vibración) y por lo tanto sigue las leyes de la energía (la energía atrae energía semejante), con lo cual, si tienes pensamientos de miedo, duda, angustia… atraerás pensamientos similares y tu estado de ánimo lo reflejará, volviéndose sombrío. Por el contrario, si mantienes pensamientos de alegría, de confianza, de optimismo, atraerás pensamientos que van en su misma línea de vibración, creándote un estado de ánimo muy diferente al del ejemplo anterior.

Ahora, vamos con un punto muy importante:

4.- Cada pensamiento crea una emoción, que es el reflejo en nuestro cuerpo de ese pensamiento. A veces no somos conscientes del pensamiento que ha creado la emoción que vivimos, pero nuestro cuerpo siempre lo “siente” dándonos una indicación clara del tipo de pensamiento que la ha originado: si nos sentimos bien, es uno elevador, inspirador; si nos sentimos mal es un pensamiento limitante, de “no poder”.

Además, la emoción tiene unas cualidades que nos afectan más de lo que pensamos.

 

LA EMOCIÓN

Todo pensamiento, seamos o no conscientes de él, provoca una reacción en la energía que somos, modificando la vibración de la misma. La emoción es el reflejo de ese cambio vibratorio, es decir, la emoción es la traducción del pensamiento en la energía que somos. Si nuestros pensamientos son inspiradores, elevadores, de amor…  nuestra vibración adquiere una frecuencia más elevada, más sutil. Por el contrario, si mantenemos pensamientos de “no poder”, de incertidumbre, de lucha, de enfado… esos pensamientos se traducen en una vibración baja, densa, oscura

La emoción atrae pensamientos que vibran en su misma frecuencia. Si te pones triste porque imaginas que no vas a aprobar ese examen que tienes la semana próxima o te entra angustia o remordimientos por no haber tocado un libro hasta hoy, esa emoción atrae pensamientos que van en esa misma frecuencia vibratoria (“¡soy un vag@, lo dejo todo para el último momento!”, “¡como siga así, no acabo la carrera!”), que, a su vez, te harán sentir peor. El pensamiento “crea” una emoción y la emoción “atrae” un pensamiento, es decir, los pensamientos que tenemos no son nuestros, no los creamos nosotros, sino que los atraemos según las emociones que vivimos a cada momento.

Una emoción sostenida se convierte en un estado de ánimo (nuestra emoción principal). Ese estado de ánimo es la vibración que mandamos al universo y, por lo tanto, será lo que recibamos de él. Nuestro estado de ánimo es nuestra energía de atracción. Esto es muy importante, ya que es la clave de la vida que llevamos: ¿qué energía-vibración estamos mandando al mundo? Si enviamos vibración de amor, alegría, felicidad… eso recibiremos en forma de situaciones de vida. Si irradiamos ira, miedo o insatisfacción… eso recogeremos en las situaciones que nos devolverá el universo.

La emoción no distingue entre lo real y lo imaginado. Para ella todo es real y todo está sucediendo ahora mismo, sea algo que vives o algo que imaginas, bien sea del pasado o del futuro. Aunque falte una semana para el examen, la emoción lo vive como si ya lo hubieras suspendido y te hará sentir “mal” ahora.

Así mismo, cuanta más emoción nos provoque o pongamos en un pensamiento, más alta será la “voz” con la que llamamos al universo para que lo materialice, y antes lo hará. Por lo tanto, sé muy consciente de tu estado de ánimo, porque eso es lo que estás creando-atrayendo momento a momento: si tú estás bien, todo va bien.

CÓMO NO PERDERTE EN LOS PENSAMIENTOS

El remedio infalible para ello, y el objetivo final de esta web, es vivir permanentemente en el aquí y ahora. Cuando vivimos con TODA nuestra atención en el eterno presente ya estamos conectados a la esencia divina que somos y no hay pensamiento ensoñador que nos despiste. Ahora bien, nuestra atención está muy poco entrenada, porque todo en el mundo en que vivimos nos empuja a lo contrario, a distraernos constantemente gracias al montón de estímulos externos que nos rodea: móviles con los mensajes de WhatsApp, redes sociales, YouTube, internet… Este cúmulo de información que recibimos nos invita a separarnos del foco principal de atención que es: ¿cómo me siento ahora?, ¿qué vibración estoy emanando en estos momentos?

Todo este camino que vamos a recorrer es para ser capaces de dominar la atención, nuestro auténtico poder creador, y la clave para dirigir conscientemente la atención es desarrollar la concentración, que no es más que la atención sostenida en un punto.

Ahora, nos disponemos a subir unos escalones en la escalera que nos lleva a la luz: vamos a ver cómo podemos empezar a tomar el control de nuestros pensamientos y, por lo tanto, de nuestra mente.
Al principio te va a costar un poco, puesto que los pensamientos y tú estáis acostumbrados a una forma de actuar: ellos se ponen delante, en tu campo de consciencia, tú les sigues con tu atención inconsciente, no les das importancia, y dejas que revoloteen en tu mente el tiempo que ellos quieren. A partir de ahora vas a coger el mando de tu atención y esto le cuesta mucho aceptar a la mente: que los pensamientos que ella creaba a “su” voluntad ahora te rindan pleitesía. Así que, intentará hacerte la vida imposible para que no sigas tu nuevo camino, para que nada cambie en “vuestra” relación. Y como no andes muy alerta ten por seguro que lo consigue, porque, además: “¿qué tontería es esta de que los pensamientos son tan poderosos?, ¿de dónde sale eso?, ¿de este tío con barbas que parece estar medio girado? ¡Tonterías!, ¡tú déjame hacer a mí, que yo sé bien lo que hago!, además, ¡tan mal no nos ha ido hasta ahora!” … De esta forma nos come el coco la mente para que no cambie el statu quo que mantiene con nosotros.

Vamos con unos sencillos pasos que, con la repetición, acabarán convirtiéndose en la nueva forma de interactuar con tu mente y los pensamientos.

 

 

1º.- Fíjate en lo que estás pensando.
Lo primero de todo es darte cuenta de qué estás pensando, qué es lo que atrae tu atención en un momento dado y cómo te sientes por ello. Sé consciente de cómo estás por dentro, sin juzgar, sin comparar, sin desear estar de otra forma. Solo date cuenta.

2º.- No sigas las ensoñaciones de tus pensamientos.
Déjalos caer como dejas caer una pesada carga, porque seguir los pensamientos es una carga muy pesada. No “acabes” los pensamientos que te llegan. Un buen ejercicio es imaginar que los pensamientos que tienes, y aquí me refiero siempre a los ensoñadores, pertenecen a otra persona, que no son tuyos. Eres consciente de ellos, pero no les haces caso, no los sigues, porque son de otro. Obsérvalos como puedes observar a las nubes en el cielo, sabiendo que se irán con el viento. Sea lo que sea que pienses, no reacciones ante ello, no “bailes” con ellos, solo míralos. Sé un testigo desapasionado de tu mundo interior.

3º.- No interpretes lo que vives o experimentas en tu vida.
Tenemos la costumbre adquirida de juzgar las situaciones que vivimos en función de si van a favor nuestro o no. Aquello que nos acerca a lo que deseamos lo etiquetamos como “bueno” y “malo” si nos separa de ello. De esta manera ya estamos otra vez con la mente a cuestas, ya nos está llevando por su mundo.

Abandona toda intención de etiquetar-enjuiciar-interpretar-comprender lo que vives; deja de ser dirigido por tu mente, por tus pensamientos. No quieras entender (al ego le encanta), solo déjate llevar por lo que la vida te ofrece momento a momento, sin catalogarlo como “bueno” o “malo”. No juzgues ni compares lo que vives o lo que eres con nada. Todo es perfecto tal como es, sin etiquetas ni definiciones, sin palabras ni expectativas. No intentes buscar “fallos” a lo que la vida te regala: todo lo que vives es justamente lo que necesitas experimentar para tu mejor desarrollo personal. Todo es perfecto. Todo.

Si no puedes dejar de interpretar lo que vives o te crees las ensoñaciones que te presentan los pensamientos, sigue leyendo:

4º.- No luches contra los pensamientos que te generan dolor.
En ocasiones nos enredamos en pensamientos que nos causan dolor, bien sea por hechos del pasado (la bronca monumental que tuviste con tu herman@, por ejemplo) o las perspectivas tan negras de futuro que tienes cuando se te acabe el paro. La primera reacción es luchar contra ellos, apartarlos de nuestra consciencia para no seguir viviendo la emoción que nos embarga, pero eso es imposible, siempre saldrán ganando ellos, ya que los energizas con tu lucha.
A un pensamiento no se le puede “echar” de nuestra consciencia, de nuestra mente, porque, desde el momento en que eres consciente de él, ya forma parte de ti. Y si te pones a luchar contra un pensamiento, realmente estás luchando contra ti, así que nunca vas a ganar (para “ganar” tú hace falta que “pierdas” tú y eso no puede ser, sólo hay un “tú”).

No rechaces nada de lo que sientas-pienses, ya que si rechazas o te enfadas por lo que experimentas en un momento dado, estás mandando negatividad al universo. Este te devolverá situaciones acordes a esa energía que emanas y perpetuarás ese bucle de dolor. Por el contrario, si no reaccionas a ese pensamiento, a ese dolor, ya te estás limpiando, ya estás rompiendo la dinámica del sufrimiento. Con el tiempo y el crecimiento interior, serás capaz de amar aquello que ahora temes. Cuando amas completamente algo es imposible temerlo y, si no lo temes, entonces ese pensamiento pierde todo su poder sobre ti, abandonándote para siempre.

Aquí te dejo una poderosa herramienta para cambiar esos pensamientos que te hacen sufrir: el perdón.

5º. Superpón el pensamiento opuesto al que no quieres tener.
Imagínate que tienes una entrevista de trabajo dentro de unos días. Cuando piensas en ella te asaltan dudas acerca de si la vas a hacer bien, si conseguirás el trabajo o si tienes las aptitudes necesarias para ese puesto. Estos pensamientos te crean angustia cada vez que vienen a tu mente.
En este caso, tan pronto como veas aparecer ese pensamiento, superpones en tu pantalla mental la imagen de estar haciendo una entrevista fantástica. Te ves a gusto y tranquil@, al igual que la persona o personas que te entrevistan: te sonríen sinceramente y sientes que les estás causando una gran impresión. Esto hazlo en todas las ocasiones en que te llegue ese pensamiento. Al principio te va a costar, no estás acostumbrad@ a dirigir tus pensamientos, sino a dejarte llevar por ellos, pero con la práctica y la constancia lo consigues. Esto hará, además, que te sientas mucho más fuerte como persona de lo que crees ser ahora, ya que serás consciente de tu poder para gobernar los pensamientos, dejando de ser esclavo de ellos. 

6º.- Mantén los pensamientos que quieres tener.
Yo suelo llevar conmigo una hoja con 8 ó 10 pensamientos-afirmaciones, que tratan de cualidades o creencias que quiero incorporar a mi ser. Estoy todo el día pensando en ellas. Cuando me sorprendo con la atención perdida en otros pensamientos o me noto descentrado, saco la hoja y releo las afirmaciones con total concentración. Me mantengo un rato en cada una de ellas, sintiendo la energía que crean esos pensamientos-semilla. Al cabo de unos pocos días ya no hace falta que saque la hoja, ya que, solo con pensar en ella, siento vibrar la energía de las afirmaciones en mi cuerpo. Poco a poco, los pensamientos, que antes venían sin ton ni son a mi consciencia, son disueltos en esta energía de las afirmaciones que me rodea, creando un escudo protector que impide penetren pensamientos diferentes a los que deseo.

La clave de todo es que siempre tengas el control de tu atención, que seas consciente de lo que estás “mirando” momento a momento. Esto puede parecer duro al principio, pero es inevitable que lo hagas. A partir de ahora vas a cambiar la dirección de tu foco de atención, pasando de fuera a dentro. Has estado mucho tiempo fijándote en tu exterior y muy poco en tu interior, pero tu auténtico poder está dentro de ti. Empieza a disfrutar del reino que gobiernas y que has tenido muy desatendido en los últimos tiempos: comienza a ejercer como el dueño y señor de tu mundo interno.

Por hoy ya vale. Ahora ya puedes practicar lo que has leído aquí. Incorpora estas prácticas en tu rutina de trabajo personal y, cuando notes que ya forma parte de ti esa nueva forma de mirar a tu interior, vuelve a este rincón. Ahora practica, practica, porque es una maravilla lo que nos queda. Es una maravilla todo.

Un abrazo, de corazón.

Seguimos caminando.

El perdón: el transformador de la energía negativa

Ahora conoceremos un ejercicio que nos va a ayudar a cambiar la vida que llevamos de una manera muy poderosa, pero antes descubramos por qué nuestra vida va como va.

EL ORIGEN DE LA VIDA QUE LLEVAMOS

El ego, esa imagen mental que tenemos acerca de lo que somos, está siempre reaccionado a lo que vivimos o pensamos. Si le gusta, nos alegramos, nos sentimos bien. Por el contrario, si le desagrada, nos enfadamos o nos ponemos tristes. Este “sentirse bien” o “mal” es nuestra vibración fundamental: nuestro estado de ánimo.

Esta vibración, que emitimos constantemente, es la emoción creada en nuestro cuerpo por nuestra interpretación mental acerca de lo que vivimos o pensamos. Esta interpretación siempre es del ego, que la hace en función de las creencias que mantenemos. Cuando esas creencias son elevadoras (“yo puedo con todo lo que la vida me presenta”, “tengo las aptitudes necesarias para ser lo que quiero ser”), los pensamientos atraídos por ellas son inspiradores y la emoción que nos crearán será de poderío, de fortaleza: “puedo”. De esta manera crecemos e irradiamos energía de alta vibración.

Sin embargo, cuando nuestras creencias son limitadoras (“no tengo capacidad para hacer este trabajo de matemáticas”, “soy un torpe, no sé hacer nada bien”), los pensamientos atraídos por ellas harán que nos sintamos mal, como seres de poco valor. Esto provocará que tengamos tendencia a juzgar como “malo” lo que nos hacen los demás (“¿cómo se le ha ocurrido decir a Luis que soy un vago delante de todo el grupo?, ¡cómo me duele eso!”) y lo que la vida nos regala (“vaya asco de vida llevo, no tengo tiempo para nada”). Este “sentirse mal”, este “no poder”, lo emanamos al universo en forma de energía de baja vibración.

El universo donde vivimos, que es energía de amor incondicional, se pone manos a la obra para materializar (en sucesos y circunstancias de vida) esta energía que le enviamos, porque él solo entiende de vibración. Como nos ama profundamente (aunque no seamos conscientes de ello o no nos lo creamos) nos va a devolver, multiplicado por su amor, la “calidad” de la energía que recibe (“Leyes de la Creación: leyes de la energía”), sin “pensar” si es bueno o malo, solo nos lo da, porque nosotros se lo pedimos; y como le enviamos bastante más cantidad de energía de baja vibración que alta, nuestra vida tendrá un “bajo nivel de felicidad”.

Así que, por tu bien, abandona el sufrimiento, deja de contaminar este mundo con tu dolor y comienza a perdonarte, porque solo nos podemos perdonar a nosotros mismos. Cada persona sigue su plan divino personal y no podemos juzgar su camino (sería nuestro ego adoptando el papel de juez), por lo tanto nada hay que perdonar a los demás.

El hecho de perdonarte significa que te has dado cuenta de que habías pensado-actuado=creado desde la inconsciencia, al creerte separado de la Unidad. Esto es imposible ya que siempre estamos “conectados” a Ella, pero no lo sabías cuando interpretabas-reaccionabas a lo que la vida te ofrecía y por ello ahora te perdonas, por tu inconsciencia del pasado, por haberte creído ser mucho menos de lo que realmente eres.


BENEFICIOS DEL PERDÓN

1.- Al perdonar tomas el control de tu vida al responsabilizarte de tu creación. De esta manera reconoces el poder que atesoras: el ser capaz de transformar la vibración de la energía que recibes y, por lo tanto, de la que emites. Este ejercicio instala-reafirma la creencia de que “ puedes”, de que eres el único creador de tu vida y de tus circunstancias, al actuar como el ser creador que eres. Así ya estás creciendo.

2.- Al perdonar cambiamos la vibración de nuestra energía, ya que el perdón es renunciar al falso dolor provocado por la ilusión de creernos ser algo que no somos. No confundir el dolor originado por la muerte de un ser querido, que es genuino y necesario, de duelo, con el sufrimiento, que es dolor producido por la identificación con nuestro ego al juzgar esa situación o persona como inaceptable. El perdón actúa sobre la emoción, al disolver todo sentimiento de frustración engendrado por no llegar la situación actual, la persona o la experiencia vivida, a cumplir las rígidas expectativas de cómo deben ser las cosas impuestas por nuestro ego.

3.- El perdón es la energía que disuelve nuestras ataduras con situaciones y personas del pasado. Cuando algo acontecido hace tiempo nos duele todavía al recordarlo, sea lo que sea, significa que estamos enganchados energéticamente a ello. Este enganche es el que nos impide crecer y evolucionar plenamente por no disponer de “toda” nuestra energía, ya que parte de ella permanece “soldada” a las diferentes situaciones o personas que nos provocan dolor (ira, miedo, tristeza). Al liberar esta energía retenida nuestro crecimiento se acelera.

4.- El perdón disuelve la negatividad que envías a tu situación de vida actual por medio de la no aceptación a lo que es (“¡vaya trabajo de mierda que tengo!”, “¡no dispongo de dinero y nunca voy a tener lo que necesito!“ “¡es que no aguanto al tí@ este!”) y eso hará que cambie radicalmente dicha situación, porque dejarás de alimentarla con tu negatividad y la vibración de la misma se elevará.

Y, por último, el beneficio más grande todos:

5.- El perdón cambia la energía con la que estás creando tu futuro.
Al creernos seres separados, desconectados de la Unidad, vivimos en un constante miedo al futuro deseando que no nos haga daño (“no quiero sufrir”). Para protegernos de este miedo, la mente-ego se pone a elaborar lo que ella cree son barreras para no ser sorprendida y comienza a fijarse en lo que NO quiere recibir: “no quiero estar enferm@”, “no quiero perder el trabajo”, “no quiero envejecer de mala manera”… Estas barreras que creemos poner al pensar que negando algo lo evitamos, realmente lo que están haciendo es crearlo por el miedo-energía que enviamos a esa hipotética situación. Ese miedo al futuro, esa energía de baja vibración, nos está haciendo sufrir AHORA, creándonos, además, ese futuro que NO queremos vivir.
Una de las leyes de la energía es que todo se transforma continuamente, nada se repite y, por lo tanto, no puedes adivinar qué te va a deparar el futuro. Lo único que puedes hacer para que sea diferente a cómo lo estás creando ahora es perdonarte por no haberte dado cuenta de que no puedes controlarlo. Cuando perdonas tus ansias de control, cuando te abres confiado a la incertidumbre del “no saber”, te permites recibir un futuro maravilloso. Un futuro no dirigido por el miedo del ego, sino por el amor del universo, al que te permites recibir en este acto de perdón, en este acto de apertura. Entonces, toda tu vibración cambia en ese mismo instante, porque ya el miedo ha dejado de vibrar en ti y lo haces en el amor, pero esto no hace falta que te lo cuente, porque lo vas a vivir tú mism@.

Así que, sin más dilación, comienza a tomar el control de tu reino interior, haciéndote responsable de tus creaciones.

 

AQUÍ EMPEZAMOS A CAMINAR

Cuando empieces a hacer este ejercicio notarás muchas resistencias a ello: es tu ego intentado convencerte con argumentos lógicos y racionales acerca de la inutilidad de lo que haces (“esto es una tontería”, “no lo puedes hacer, es muy complicado”, “seguro que no funciona para ti”). Este es el mayor problema que vas a tener en cualquier intento de cambio personal: TU EGO. Él es el enemigo número 1 del cambio, ya que lo desconocido le aterra por no poder controlarlo (la mente-ego se basa siempre en lo vivido, en lo conocido) y, por lo tanto, tendrás que decidir momento a momento a quién sigues: si a tu mente racional, que nada quiere cambiar para poder seguir viviendo en “su mundo” conocido, o a ese anhelo que palpita en tu interior y que no sabes dónde te llevará.

Ese anhelo, que llevas un tiempo notando, es el deseo de estar en casa, de sentirte como antes de encarnar en este mundo y el viaje que ahora inicias te conducirá hasta ella. Has permanecido fuera mucho tiempo (poco más o menos el que llevas viviendo en este planeta) y ya es tiempo de regresar. Tu ego querrá que des marcha atrás, que no sigas adelante. Intentará embaucarte con argumentos inapelables (“deja esto, ¿no ves que te sientes mal? y tú buscas sentirte bien. Hazme caso, déjalo”) y, si con ellos no puede convencerte, recurrirá a miedos irracionales (“te volverás loc@ como sigas así”, “todo el mundo se va a reír de ti”, “eres un rar@”) y hará cualquier cosa que se le ocurra para impedir que sigas adelante. Puedes hasta enfermar o quedarte sin ganas de vivir (yo, en julio del 2016, según ponía los pies en el suelo de la habitación al levantarme de la cama, me llegaban tres palabras a la mente sin hacer ningún esfuerzo en ello: “me quiero morir”), y esto es una buena señal, porque cuanto más sufres más ego te abandona al elevarse tu vibración. Ese dolor que experimentas son los apegos (a lo que tú creías que eras) “despegándose” de la energía que eres.

Tendrás que tener mucho valor para continuar en ciertos momentos, pero no importa lo lento que vayas con tal de que no te detengas, sabiendo que desde hace un tiempo no caminas sol@. Llegará un día en que no sentirás ningún malestar, ningún dolor, y no podrás dejar de sonreír, de cantar, de vibrar con la alegría de vivir; y, cuando mires atrás, verás que lo que eres en ese momento no tiene nada que ver con lo que “crees que eres” ahora.

Solo se produce el crecimiento personal cuando trascendemos los límites de lo que nos creemos ser, porque si no los rebasamos nunca sabremos qué se encuentra fuera de ellos. Cuando decides traspasar tus fronteras interiores (creadas por el ego), automáticamente el universo (“la Unidad”, “todo lo que es”, “Dios”… su nombre da igual) te abre sus brazos, llenos de poder, amor e inteligencia, para que te relajes en ellos. Luego, sólo tienes que dejarte llevar.
Tú ya le has indicado al universo tu deseo y voluntad de volver a casa ( (“Visualización: activando la Unidad”), así que a partir de ahora déjate llevar, ya que la Unidad te ha acogido en su regazo para que descanses en él y, juntos, volver a casa… a tu hogar, porque volver a casa es permitir que la Unidad (el amor incondicional) vibre en toda tu energía, en todo tu ser. Para ello hay que limpiarla del ego que se ha ido acoplando a tu vibración con el paso de los años y el perdón es lo que te libera de esa vibración que está imposibilitando que eches a volar, que está impidiendo que manifiestes lo que realmente eres.

Para empezar a caminar de la manera más rápida y cómoda posible, vas a quitarte el peso superfluo que llevas sin ser consciente de ello. Así que, a partir de ahora, en todo momento y circunstancia: perdona, perdona, perdona.

 

EJERCICIO DE TRANSFORMACIÓN DE LA ENERGÍA NEGATIVA

Este ejercicio es muy potente y te coloca en el camino a tu nueva vida. Como en todo trabajo personal, las claves son la constancia y el estar atentos (estar alerta) a lo que pasa en nuestro interior, pero con estos dos mandatos activados permanentemente en tu intención, solo te espera un resultado: ELEVARTE, vibrar en otra frecuencia, porque este ejercicio es un gran transformador de la energía de baja vibración. Lo encontré hace unos años en el  libro “La energía de los 12 chakras solares”, de Brigitte Müller, y me lo sigo trabajando actualmente porque es una maravilla para disolver cualquier atisbo de ego-dolor. Aquí transcribo una adaptación del mismo, con ciertas explicaciones basadas en mi experiencia personal que considero lo enriquecen (aquí está mi ego opinando). Este ejercicio lo puedes aplicar tanto a situaciones que vivas actualmente o del pasado, como a pensamientos compulsivos que puedas tener y te generen dolor, angustia o malestar

No importa la manera por la cual la energía vuelve a ti. Puede que en la actualidad tengas un problema con una persona en concreto o en el trabajo. Puede que tus quebraderos de cabeza vengan por el tema de la salud, o tal vez te desesperen problemas económicos. Ahora estás recibiendo, por medio de la situación que vives, la misma vibración de energía que enviaste en el pasado, así que, si reaccionas con ira o abatimiento a lo que estás viviendo, con el tiempo esta vibración que emanas hará que el universo te devuelva situaciones similares, una y otra vez.

Sólo puedes cambiar esta rueda de una forma: transformando la reacción, transformando la energía ante esa situación y, para transformarla, aplica estos cuatro pasos:

1º.- ACEPTA.

Acepta la energía que ahora vuelve a ti, porque en algún momento del pasado tú mismo la has enviado al universo. Tú eres el creador de lo que estás viviendo y si rechazas tu creación estás negando tu poder llenándote de energía inarmónica, que en algún momento regresará a ti. Piensa que la persona o situación que vives son únicamente meros instrumentos para volver a atraer tu energía. Libera la energía por amor y así la transformarás en su vibración original.

2.- AGRADECE.

Agradece al universo la oportunidad que te está brindando para cambiar la vibración de la energía que recibes y convertirla en otra oscilación armónica y elevada.

3.- PERDONA.

Perdónate a ti mismo por no haber sido consciente de la energía que emitiste en el pasado. Esta energía sólo se puede transformar por medio del perdón, cuya vibración es de color violeta. Repítete: pido perdón por cualquier energía vital que haya usado mal en algún momento de mi vida, sabiéndolo o de manera inconsciente, y me perdono a mí mismo por ello“. Visualiza la situación o persona  que te genera intranquilidad con un intenso color violeta que notas brotar de tu corazón, mientras te perdonas de corazón por no haber recordado el inmenso poder que palpita en tu ser. Siente la paz que te llena al perdonarte.

Cuando ya tengas cierta práctica con este ejercicio, podrás hacerlo inmediatamente en el momento que te sientas mal por el motivo que sea. Pones toda tu atención en tu estado de ánimo, tu malestar interno, y te visualizas lleno de luz violeta, siendo consciente de la causa que lo ha generado, sin elucubrar sobre ella, sin pensar, solo llenando todo tu campo de conciencia de luz violeta.

4.- AMA.

Envía amor conscientemente a esa situación o persona, porque tú eres amor incondicional. Visualízalos envueltos en una intensa luz rosa que brota de tu corazón, sintiendo como la energía negativa se va transformando en la alegría de amar. Cuando amas lo que te duele, siempre descubres razones para perdonarte.

Repite todas las veces que haga falta este ejercicio hasta que esa situación o persona sólo te genere amor cuando llegue a tu mente.

Esto también puedes hacerlo diariamente enviando amor a tu lugar de trabajo, llenando las personas, mesas, sillas, máquinas, etc., con una luz rosa, ¡verás cómo cambia la vibración de tu entorno de trabajo!.

Si notas resistencia al hacer cualquiera de estos pasos sé consciente de que esa resistencia es tu ego intentando separarte de lo que eres, intentando sabotear tu anhelo de cambio.

Si repites estos cuatro pasos con las situaciones, personas y pensamientos que te desequilibran, con el tiempo toda la energía negativa que vibraba en ti será transformada en energía elevada, en energía de amor y tu vida reflejará, de una manera fiel y maravillosa, esa nueva vibración de tu ser.

¿No te lo crees?, haz la prueba y ya me contarás.

Un abrazo, de corazón.

Seguimos caminando.

Leyes de la creación: leyes de la energía

Ahora que sabemos que somos energía vibrando, que somos seres con el poder de crear, vamos a ver unas cuantas leyes que rigen el acto de la creación y así evitar sorpresas que nos lleven a exclamar: “¡esto no lo quería yo!”.

 

LEYES DE LA ENERGÍA

1.- LA ENERGÍA ESTÁ CONSTANTEMENTE INTERACTUANDO CON LA ENERGÍA CIRCUNDANTE, AFECTÁNDOSE MUTUAMENTE

Cuando permaneces durante un tiempo en medio de la naturaleza te sientes de muy diferente forma que cuando estás en medio de una plaza atestada de gente. Tú eres la misma energía, pero influida por la que te rodea, y notarás que tu estado de ánimo varía de estar oyendo el ruido de un arroyo de la montaña a moverte dentro de unos grandes almacenes en el primer día de rebajas. También nosotros podemos influir en la energía del exterior: ¿nunca te ha ocurrido que has estado sentado al lado de alguien y, sin saber por qué, te sientes bien/mal?. Eso es porque estás vibrando-sintiendo la energía de esa otra persona, al igual que ella sentirá la tuya. Otra cosa diferente es que se dé cuenta de ello o no, pero la interconexión ahí está. Esto es lo que se llama resonancia.

Y esto es un factor muy importante, porque el hecho de vivir en sociedad hace que todo se contagie: los miedos, creencias, escala de valores, todo va incorporado en la vibración que recepcionamos, por medio de nuestros centros de energía, y que luego se convierten en nuestras creencias, miedos o escala de valores. La onda de la energía que somos transmite información, en ambos sentidos, de manera parecida a las ondas de radio, con lo cual, estamos interconectados, aunque no lo queramos, con el resto del Universo, mejor dicho, somos uno con él. Nadie está realmente solo en este mundo por mucho que quiera alejarse y esta energía que nos rodea es muy, muy fuerte, ya que mantiene en pie la ilusión colectiva de creernos ser la materia que forma nuestro cuerpo físico. Y de aquí surge toda la ilusión, pero de esto hablaremos en otro artículo.

2.- LA ENERGÍA ESTÁ CONTINUAMENTE TRANSFORMÁNDOSE

La energía ni se crea ni se destruye. Esta es una ley de la energía, que Einstein, premio Nobel de física, la afinó todavía más al postular: “masa y energía son dos formas de la misma realidad” (de hecho descubrió una ecuación que liga estos dos conceptos: E = mc². Donde “E” es la energía, “m” la masa y “c” la velocidad de la luz) y en esa capacidad de transformación radica su poder creador. Piensa en una gota de agua posada sobre una flor al despuntar el alba en un día de verano. Mucho antes del mediodía, por efecto del calor, se evapora y esa gota de líquido se habrá fundido en uno con todo el aire que le rodea. La energía del calor ha conseguido elevar la frecuencia de vibración de la gota hasta convertirla en otra cosa, en vapor.

Todo cambia momento a momento. Nunca nos bañamos en el mismo río, porque el agua en la que te sumerges la segunda vez no es la misma que la primera y tú tampoco. ¿Te acuerdas cómo eras de niño y cómo eres ahora?. Constantemente y de una manera imperceptible todo va modificándose, evolucionando. Esto significa que la vida es un continuo cambio, nada permanece inmutable y aferrarse a algo es condenarse al dolor.

No ha habido ningún instante en tu vida en el que todo se haya detenido. ¿Te imaginas que tu corazón se pare?, pues eso, todo se mueve, todo cambia a cada instante, pero vivimos una ilusión creada por nuestros sentidos físicos que no perciben estos continuos y minúsculos cambios.

3.- LA ENERGÍA ATRAE ENERGÍA SEMEJANTE

En esta propiedad se basa la famosa ley de la Atracción y es una característica muy, pero muy importante, porque es algo que puede actuar a favor o en contra nuestra. Los pensamientos que tenemos son energía vibrando a una determinada frecuencia y atraen pensamientos similares. Los pensamientos positivos, de elevación, atraen pensamientos en su misma sintonía y, al contrario, si tenemos pensamientos bajos, de mala autoestima, de miedo… estos atraen pensamientos con su misma frecuencia vibratoria, con lo cual incrementas tu negatividad. Cada pensamiento nos crea una emoción en nuestro cuerpo, en nuestra energía vibratoria, y una emoción continuada nos crea un estado de ánimo. Nuestro estado de ánimo es la energía principal que emanamos al mundo, al universo, que según esta ley nos devolverá energía semejante materializándola en situaciones de vida acordes a la vibración original tuya. Si rebosas constantemente de alegría, optimismo, ganas de vivir, el universo, creará situaciones que te inspiren alegría y felicidad; si por el contrario, siempre estás quejándote, viendo lo negativo de todo, la vida te dará acontecimientos que reflejen ese malestar.

Siguiendo con este concepto, el universo nos devuelve lo mismo que damos, así que da aquello que quieres recibir. Mucha gente, la mayoría, cree que será feliz cuando en su vida existan ciertas condiciones, por ejemplo: “cuando tenga un trabajo, una relación, cuando consiga esto o lo otro… entonces seré feliz, porque ya tendré lo que quiero” y viven en un continuo enfado con la vidaqué asco de vida!, ¡la vida es injusta conmigo!, ¡qué mala suerte tengo!), por no tener lo que desean y ésta les devuelve más de lo mismo, más de lo que no quieren.

No, esto no va así.

Yo tengo todo lo que deseo porque soy feliz. ¿Y cómo soy feliz ahora?, amando lo que tengo. Así de sencillo, así de bonito. ¿Por qué no puedo amar lo que tengo?, aquí ya entra el ego del que hablaremos largo y tendido más adelante.

De estas leyes, que se cumplen creas o no en ellas, emerge una verdad poderosísima que guía tu vida:

ESTÁS CREANDO CONTINUAMENTE

La energía es dirigida por nuestra atención y crea aquello en lo que se focaliza. Esto lo vimos en al artículo “¿qué somos?”, pero lo recalco aquí otra vez ya que este concepto es clave en nuestra existencia: somos seres nacidos para crear y estamos creando constantemente. Nuestro foco de atención es un sempiterno decreto que enviamos al universo que se pone inmediatamente manos a la obra para materializarlo, porque debes saber que el universo está a nuestro servicio para darnos lo que pidamos. El universo es nuestro siervo infalible, es como el genio de la lámpara que al frotarla sale y nos concede no tres deseos, como en el cuento, sino todo aquello que queramos. Es un mayordomo fiel y poderoso que está continuamente consiguiendo todos los caprichos señalados con nuestra atención sostenida.

¿Te acuerdas de esta expresión de las películas?: “Donde pongo el ojo, pongo la bala”, pues aquí es lo mismo, aquello en lo que te fijas ya lo estás creando, ¡qué bonito!, ¿a qué sí? y lo hacemos constantementeseamos o no conscientes de ello. Así que, puedes ser un “creador inconsciente”, como la inmensa mayoría de la gente, que suele llamar “mala suerte” cuando crea algo que no le gusta (por no saber el inmenso poder que tiene su atención), o puedes ser un “creador consciente”. Tú eliges. La diferencia entre uno y otro es muy sencilla: darte cuenta de adonde estás dirigiendo tu atención. Para ello fíjate en qué estás pensando: ¿piensas sobre un tema en concreto, siendo el jefe de tus pensamientos, o está tu mente divagando sin ningún control por tu parte, siendo esclavo de ella?. Esta es la clave de todo: fijarse, concentrarse, en lo que sucede en tu interior, en todo momento, así serás consciente de lo que estás creando.

Ahora bien, no pienses que creas instantáneamente aquello a lo que prestas atención, sino que transcurre un tiempo hasta que esto sucede. Este tiempo puede variar en función de cuánto lo desees y de si existe alguna creencia (consciente o inconsciente) que vaya en dirección contraria a tu deseo. Puedes anhelar intensamente tener una pareja en tu vida, pero si crees que nadie va a fijarse en ti porque no te ves guap@, entonces esta creencia, que siempre es más poderosa que tu deseo consciente, va a sabotear tu anhelo. Pero de esto, también hablaremos más adelante, por ahora quédate con el concepto.

Otra cosa que debes tener en cuenta es que vivimos en un universo de inclusión. ¿Qué significa esto?: para el universo no existe la palabra NO, sino que acepta todo lo que mantienes en tu foco de atención sin rechazar nada y se pone a crearlo, lo quieras o no. El universo sólo conoce una palabra del lenguaje humano: . Para el universo todo está incluido en él, todo es posible, no hay nada que pueda excluirse. Para él no existe la negación, la separación, sólo la inclusión, la unidad. El universo es un sinfín de posibilidades que vas materializando constantemente en aquello que le señalas con tu atención.

Cuando piensas “no quiero estar enfermo”, el universo entiende que estás pensando-pidiendo “enfermedad” porque realmente te estás centrando en ello para negarlo. Si te digo ahora: “no pienses en un caballo blanco“, ¿qué imagen se ha creado en tu mente?. Eso es, piensas en lo que te he dicho que no pienses, en un caballo blanco, pues con el universo sucede lo mismo. No debemos rechazar nada creyendo que así lo evitaremos, porque conseguimos justo lo contrario: atraer, con la energía del rechazo, del miedo, aquello que queremos evitar. La clave es pensar siempre en lo que queremos, no en lo que no queremos, porque, recuerda, estamos siempre creando. Siempre, no lo olvides.

Bueno, por hoy ya vale. Ahora te dejo un enlace en el que podrás descubrir unos principios fundamentales que pueden ayudarte a comprender ciertas circunstancias que has vivido o estás viviendo: Las 7 leyes universales.

Recibe un fuerte y amoroso abrazo, herman@.

Seguimos caminando.

Estructura energética de nuestro cuerpo. Los chakras

ESTRUCTURA ENERGÉTICA DE NUESTRO CUERPO

En nuestro cuerpo tenemos unos canales llamados nadis (meridianos en la medicina china), encargados de transmitir la energía sutil, que es la fuerza vital codificada con la información necesaria para funcionar en el plano celular. Esta energía, que la tomamos del aire que respiramos, de los alimentos, del sol y del agua que bebemos, se combina con la energía que recibimos de la tierra y del cielo, transformándose por medio de los chakras. Existen más de 70.000 nadis en nuestro cuerpo, de los cuales tres son los principales: Ida, Pingala y Sushumna. Los dos primeros ascienden y descienden enroscados a lo largo de nuestra columna interconectando todos los chakras. El tercero asciende por el interior de la columna vertebral y es el que nos eleva a planos superiores de consciencia.

 

 

Interactuando con el sistema de chakras (que luego veremos), está el aura. Es un campo de luminosidad que rodea a personas, animales, plantas y objetos. Interpenetra y envuelve nuestro cuerpo alrededor de un metro y se compone de siete capas, cada una de ellas “conectada” a un chakra. Su tamaño, color, forma y densidad varía en función de nuestro estado de ánimo. El aura es la radiación de nuestra fuerza vital y nuestro punto de conexión con el universo: recibe de él la energía, la filtra por las diferentes capas y la transmite a sus chakras correspondientes que a su vez la distribuyen a los nadis, al sistema nervioso y a las glándulas endocrinas. Al mismo tiempo emite nuestra energía, recibida de los chakras, al universo que se pone a materializar lo que aquella le demanda, atrayendo las situaciones y circunstancias acordes a la vibración emitida. El aura es nuestro canal de intercambio energético con el universo: por ahí la emitimos y por ahí la recibimos.

Existe una línea vertical de energía procedente de la tierra que atraviesa nuestros chakras y nos conecta con el cielo, creando un pilar de luz en nuestro interior: es la la línea Hara. La activación de esta línea nos equilibra, manteniéndonos centrados y arraigados en nuestro ser. En esta línea palpita el objetivo de nuestra vida, nuestro camino en ella y el poder para recorrerlo.

Por último, en la base de la columna vertebral descansa dormida una energía muy especial: la kundalini. Esta energía es la que se “despierta” cuando nuestra vibración, nuestro grado de consciencia, se lo permite. Es una energía muy poderosa que armoniza y eleva todos los chakras, potenciando sus cualidades. Es un “subidón” de energía para todo nuestro ser y puede tener un despertar completo instantáneo (por un accidente o experiencia traumática) o ir ascendiendo paulatinamente de chakra en chakra, comenzando con el raíz, energizándolos de acuerdo a nuestra evolución interior. Este proceso puede durar años, dependiendo de la intensidad de nuestro trabajo espiritual, pero acontece cuando nuestra consciencia está lo suficientemente desarrollada para poder administrar sabiamente esa energía extra.

Ahora vamos a hablar un poco de los chakras, la columna vertebral (nunca mejor dicho) de nuestro sistema energético.

LOS CHAKRAS

Son unos vórtices de energía, repartidos a lo largo de la columna vertebral, separados unos 30 cm. de ella y situados en la parte frontal y dorsal de nuestro cuerpo. El primero y el último solo tienen un vórtice, que son los que captan la energía de la tierra y del cielo para transmitirla por la línea Hara. Tenemos 7 chakras fundamentales (además de unos cuantos secundarios) que son los que vamos a ver aquí para, más adelante, trabajar con ellos. Cada chakra va asociado a una glándula de nuestro cuerpo y a un arquetipo psicológico que es el reflejo de la actitud que adoptamos ante la vida. Estos vórtices no solo transforman la energía que reciben de nuestro organismo, de sus células, sino también la que reciben del aura. Si los chakras tienen un comportamiento deficiente, bien por un exceso de “revoluciones” (abiertos) o por defecto (bloqueados), se rompe el discurrir armónico de la energía surgiendo los desequilibrios. Estos, pueden afectar a la parte física de nuestro cuerpo, con problemas de salud relacionados con la glándula correspondiente, como a la parte mental de nuestro ser, manteniendo actitudes descompensadas a la hora de afrontar los desafíos de la vida. Por lo tanto, es fundamental para nuestra salud, en todos los sentidos, tener los chackras funcionando perfectamente.

 

 

Comenzando de abajo a arriba, son los siguientes:

1.- Chakra raíz.El color asociado es el rojo y su verbo: yo tengo. Situado en la base de la columna vertebral, es el encargado de recibir la energía de la madre Tierra y va asociado a las glándulas suprarrenales, productoras de la adrenalina. Si lo tenemos equilibrado nos notaremos llenos de energía y vitalidad, siendo capaces de desenvolvernos con confianza en el mundo físico y de conseguir nuestro sustento por nosotros mismos. Estaremos llenos de seguridad, autoestima, de fortaleza interior, sintiéndonos arraigados en este mundo, de que somos queridos en esta vida y que nada nos va a faltar. Sus arquetipos, dependiendo de si el chakra está armonizado o no, son la Madre Tierra y la Víctima. La primera nutre, da seguridad, transmite respeto y amor incondicional. El segundo, por el contrario, se ve incapaz de satisfacer sus necesidades, como un bebé que no puede alimentarse por sí mismo. Siente que el mundo es un lugar hostil y que no tiene recursos para enfrentarse a él, echando la culpa a los demás de su propia incapacidad.

2.- Chakra sacro. Su color es el naranja y su verbo: yo siento. Situado un par de dedos debajo del ombligo, está asociado a los órganos reproductores. Este centro se encarga de procesar y expresar las emociones que vivimos, a la vez que percibimos las de los demás, permitiéndonos relacionarnos de una manera fluida. Aquí se gestiona la sexualidad, la atracción física y las relaciones en general. Cuando está sano y equilibrado nos permitimos gozar y disfrutar de todo lo que tenemos en nuestra vida. Nos sentimos merecedores de lo que poseemos y ahí radica el secreto de la verdadera abundancia, que no se refiere a tener mucho de nada, sino a nuestra actitud en relación con lo que poseemos. Cuando sentimos que lo que tenemos y lo que somos es suficiente, el chakra funciona perfectamente. Con este chacra equilibrado rebosamos pasión por lo que hacemos, vivimos la vida intensamente disfrutando de todo lo que nos regala. En este chakra radica nuestra creatividad que luego aflorará al mundo. Los dos arquetipos de este chacra son el Soberano y el Mártir. El primero disfruta y comparte lo que posee, porque se sabe merecedor de ello y que tiene suficiente, emanando magnetismo personal gracias a esta seguridad. A su vez, mantiene vínculos emocionales claros con los demás, expresando su creatividad al mundo. El mártir se queja de que el mundo está mal, de que no hay suficiente para todos, pero no hace nada por remediarlo, sólo se queja porque se nota lleno de carencias. No se ama a sí mismo y cree que disfrutar con algo es “malo”, que no es merecedor de ello. Probablemente tenga malas relaciones en general debido a la mala gestión de sus emociones.

3.- Chakra plexo solar. El color de este chacra es el amarillo y su verbo: yo puedo. Situado justo donde acaba el esternón, va asociado al páncreas, productor de la insulina. En esta chakra reside tu poder personal y es el que te permite aceptar los riesgos de la vida con el convencimiento de que puedes manejar cualquier situación a la que te enfrentes, con lo cual la autoestima está relacionada con él. En este chacra radica tu fuerza de voluntad, poderío, confianza y autocontrol. Es el centro de la identidad y del ego, aquí se planifican las cosas y se toman las decisiones correspondientes. Los arquetipos relacionados son el Guerrero y el Sirviente. El primero lleva a cabo su misión en esta vida, su trabajo, con todo su poder y fuerza de voluntad; para él los obstáculos son oportunidades para crecer y desarrollarse. Por el contrario, el segundo, va a rebufo de los demás, buscando su aprobación, deseando ser amado a través de sus actos, no por lo que es. Es envidioso y celoso de los éxitos ajenos porque desearía imitarlos, pero se ve incapaz de ello ya que no reconoce su propio valor.

4.- Chakra corazón. El color de este chakra es verde o rosa, según más te guste, y su verbo es: yo amo. Como su nombre indica se encuentra en el corazón y está relacionado con el timo, que es la glándula encargada de producir glóbulos blancos. Este chakra es el que sirve de unión entre los tres inferiores, relacionados con la parte física de nuestro ser, con los superiores, que afectan a la parte espiritual. Este es el centro del amor incondicional, tanto a los demás como a nosotros mismos. Aquí reside la capacidad de perdonar, así como la compasión. La autoestima, el amarse a uno mismo, brota de este centro que conecta todo. Aquí radica la fuerza transformadora que atesoramos: el poder del amor. La respiración consciente es un buen ejercicio para abrir y equilibrar este chakra. Los arquetipos de este chakra son el Amante y el Dependiente. El primero vive sus relaciones con los demás, sea progenitor, hijo, pareja u otros, sin esperar nada de ellas porque ya se siente completo tal como es, viviendo en el gozo de dar amor, solo por el placer de dar. El segundo cree necesitar a alguien para que le dé lo que imagina que le falta, siendo éste un camino seguro al fracaso en cualquier relación ya que no nace de la igualdad, sino de la dependencia.

5.- Chakra garganta. Su color es el azul claro y su verbo es: yo expreso. Radica en la garganta y está asociado a las glándulas tiroides y paratiroides, que regulan todos los procesos metabólicos del organismo. En este chakra radica la capacidad de expresión de nuestros sentimientos, ideas y opiniones; es el puente entre el amor que emana de nuestro corazón y la sabiduría del intelecto. Sus cualidades son: la verdad, la comunicación, la creatividad y la integridad. El hablar y el escuchar son las dos caras de la misma moneda que este chakra regula y equilibra: hablar para expresar nuestra verdad y escuchar para permitir ser al otro. Colabora con el chakra sacro en la expresión de su creatividad. Si estos dos chakras, el 5º y el 2º, están armonizados cualquier proyecto que emprendas lo llevarás a buen término. Sus dos arquetipos son el Comunicador y el Niño Silencioso. El primero asume la responsabilidad de lo que dice y cómo lo dice. Cuando expresa algo que le haya herido lo hace desde el amor y no lastima a su interlocutor. Habla claramente y se cuida de que sus palabras sean interiorizadas por quienes le escuchan. Es sincero y respalda sus palabras con actos. Por el contrario, el Niño Silencioso reprime (probablemente  porque fue reprimido en su infancia obligándole a callar) la expresión de sus sentimientos y verdades. Esta represión le genera un dolor que puede intentar amortiguarlo con exceso de comida, trabajo, alcohol… Su creatividad, al no ser expresada, consigue debilitar su energía vital.

6.- Chakra tercer ojo. Su color es el azul oscuro o índigo y su verbo es: yo comprendo. Situado ligeramente por encima de las cejas, está relacionado con la glándula pituitaria, que es la que regula el funcionamiento de las demás glándulas. Este centro hace todo lo posible por ayudar al cuerpo a afrontar los cambios a la vez que nos da sabiduría y discernimiento para comprender hechos y situaciones. La intuición y nuestra sabiduría interna penetran por este chakra. Es la capacidad de razonar y, al mismo tiempo, dejarse llevar por la intuición, poniendo siempre aquella al servicio de ésta. Aquí nace tu punto de conexión mental con la divinidad que eres al comprender cuál es tu misión como Ser. Los arquetipos son el Psíquico y el Racionalista. El primero sigue su intuición confiando en su conocimiento interior para responder a los desafíos de la vida, viviendo en la actitud de estar abierto a todas las posibilidades. El segundo vive en el reino de la lógica, de las normas y protocolos. Confía en planes, mapas y sueños de futuro para intentar controlar la vida.

7.- Chakra corona. Su color es el violetablanco o dorado y su verbo es: yo soy. Situado en la coronilla está asociado a la glándula pineal, que segrega melatonina, encargada de regular los ciclos del sueño. Por este chakra nos conectamos a la energía divina que llega a nosotros en forma de inspiración y comprensión haciéndonos experimentar la guía divina en todo lo que hacemos. Para que este chakra funcione correctamente, antes deben hacerlo todos los demás, porque aquí se fusiona lo que somos, como cuerpos físicos, con la divinidad de la que provenimos. Sus dos arquetipos son el Gurú y el Egotista. El primero comprende la naturaleza del hombre, viviendo en la continua compasión y enseña a otros a encontrarse gracias a su ejemplo. Conoce las lecciones de la vida y las respeta en los demás. El segundo no quiere saber nada del mundo espiritual, ya que su gran ego se lo impide, viviendo toda su vida en el plano material. Rechaza a otros por sus imperfecciones, sintiéndose muchas veces solo y aislado.

Con esto ya vale para seguir avanzando, pero si quieres profundizar en este apasionante tema te dejo aquí un enlace para aprender más.

Recibe un energético abrazo.

Seguimos caminando.

Nuestro cuerpo: ¿qué somos?

Esta es la pregunta más importante que puedes hacerte, porque en función de la respuesta que des así irá tu vida. Espero que cuando acabes de leer esto te veas de diferente manera a cómo te percibes ahora, ya que entonces habremos dado un gran paso adelante.

Tu cuerpo, ese compañero que va contigo a todas partes, si lo observaras a través de un potente microscopio de efecto túnel verías algo parecido a una nube formada por un montón de átomos. Un átomo es la parte más pequeña de un elemento que conserva sus propiedades; si lo dividiéramos, lo que resultaría ya no tendría nada que ver con el elemento del que proviene, sería otra cosa diferente.

 

 

Un átomo consta de un núcleo (formado por neutrones, sin carga, y protones, con carga positiva) y unas partículas girando a su alrededor a velocidades muy elevadas, llamadas electrones, con carga negativa. Esta diferencia de carga, hace que los electrones orbiten alrededor del núcleo, ya que son atraídos por la carga positiva de los protones, eso sí, a una distancia enorme comparada con su tamaño. Si el núcleo tuviera el tamaño de una naranja y se encontrara en Bilbao (no lo puedo evitar, soy de aquí), los electrones pasarían girando por Estados Unidos, es decir, realmente somos espacio vacío, pero como esos electrones y átomos (que también giran alrededor de otros átomos) se mueven tan rápido, damos la sensación de ser un cuerpo sólido. Imagínate un ventilador, si está apagado, puedes meter la mano entre sus huecos sin ningún problema, pero si lo enchufas ya no puedes hacerlo (bueno, sí podrías, pero no te reirás mucho) porque no hay “huecos” debido a la velocidad de las aspas. Lo mismo pasa con nuestro cuerpo, que da la apariencia de ser sólido y compacto, pero lo que estamos viendo y creyéndonos ser es, en realidad, un efecto óptico creado por las limitaciones de nuestros sentidos.

Por otra parte, este constante movimiento de los electrones produce una energía alrededor de la cual se crea un campo electromagnético, que son ondas en movimiento, por medio de las cuales se transporta la energía generada. Una onda tiene una longitud y una frecuencia de vibración. La longitud de onda es la distancia existente entre dos crestas o valles consecutivos y la frecuencia de la onda es la cantidad de oscilaciones completas que se producen en un determinado tiempo. A mayor longitud de onda menor frecuencia y viceversa. Cuanto mayor es la frecuencia de vibración mayor es la energía transportada por la onda.

Por lo tanto, todo aquello que tiene una expresión física en este universo, al estar constituido por átomos, es energía vibrando; todo sin excepción. Todo el universo es vibración, lo único que varía es la frecuencia de la misma, lo “rápido” o “lento” que vayan los electrones y átomos. Lo que aparenta ser más sólido vibra a una frecuencia más baja y lo que es más sutil a una frecuencia más alta, más rápida. Si calentamos un cubo de hielo se transforma en agua líquida y si la seguimos calentando se vuelve vapor. Es agua en los tres casos, el mismo elemento, pero su apariencia, su estado físico, es diferente porque ha cambiado su frecuencia de vibración debido a la energía que ha recibido del calor.

Fíjate bien: eres espacio vacío, no ese cuerpo denso y compacto que crees ser y, además, nunca te encuentras en reposo total porque continuamente estás vibrando. Todo lo que aparenta ser tu cuerpo, está en permanente movimiento, en un constante cambio (tú no eres la misma persona que se ha levantado esta mañana de la cama), al igual que todo lo demás y, sin embargo, no somos conscientes de ello, no lo percibimos así, por las características de nuestros sentidos físicos que nos hacen creer algo que no somos. Nos creemos ser las sensaciones que experimentamos sin ser conscientes de nuestra auténtica realidad: somos vacío, somos energía vibrando.

Además, este cuerpo que habitamos realiza una serie de procesos metabólicos para transformar la energía de los alimentos y, gracias a este proceso, emitimos luz. No la vemos porque la intensidad es muy débil y es imperceptible para nuestros ojos, pero se han realizado experimentos que así lo certifican. No hay acuerdo entre lo científicos en los motivos de esta emisión, pero sí en el hecho de que la irradiamos, es decir,  somos seres de luz. ¡Qué bonito, ¿verdad?!

Pero quedan más cosas todavía, y encima lo mejor.

Según ha demostrado la física cuántica, los electrones pueden actuar como partículas con una mínima masa o como ondas, sin masa. Esto lo descubrió el físico francés Louis-Victor de Broglie, galardonado con el premio Nobel de física en 1929, al demostrar que todo electrón lleva asociada una onda. Formuló una ecuación (λ= h/p) que relaciona ambas magnitudes, y enunció esta hipótesis, que tres años más tarde se probó: “Toda la materia presenta características tanto ondulatorias como corpusculares comportándose de uno u otro modo dependiendo del experimento específico”. 

 

 

Posteriormente, la ciencia demostró el efecto observador, que origina el que los electrones se comporten como partículas cuando son “observados”, por ejemplo, cuando se quieren cuantificar sus características en un momento dado, pero el resto del tiempo, cuando no se les observa, existen como una onda de probabilidades. De hecho, no se puede determinar su posición cuando orbitan, solo se puede establecer una zona, alrededor del átomo, en la que es “probable” se encuentren. Así que, el observador crea una partícula por el simple hecho de observar, porque en el momento de hacerlo se produce la materialización de esa energía, de esa probabilidad, en una partícula concreta. Este vídeo explica muy bien el doble comportamiento de los electrones y el efecto observador.

Con las ondas de luz la cosa todavía se vuelve más interesante. La luz es una onda, cuyas partículas, los fotones, pueden actuar como el observador espera que actúen, es decir, si la observación-medición es para estudiar su comportamiento de partícula, se comportarán como partículas, pero si se les estudia como onda, se comportarán como una onda, es decir, la intención del observador crea su realidad.

Nosotros, como seres humanos que somos, tenemos la facultad de poder ser conscientes de donde enfocamos nuestra atención y esta consciencia nos da la libertad (nuestro libre albedrío) para dirigirla donde queramos. Esta atención crea aquello que observa, como hemos visto, así que somos seres creadores.

Somos seres creadores.

¡Qué grande es lo que somos, ¿verdad?!

Somos energía vibrando, creando continuamente aquello a lo que prestamos atención, pero la sociedad en la que vivimos nos transmite la ilusión de ser otra cosa diferente, haciéndonos creer ser algo mucho más pequeño, mucho más limitado, que la belleza como seres que realmente somos. La clave de todo, como veremos en sucesivos artículos, son las creencias que tenemos: ellas son las que dirigen todo nuestro poder creador, son las que guían nuestra vida.

Así que te hago esta sencilla pregunta: ¿quién crees que eres?.

Recibe un amoroso abrazo.

Seguimos caminando.

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