El ego: nuestra creencia fundamental

Ya hemos visto qué es una creencia, cómo se forman y sus características fundamentales. Ahora vamos a conocer nuestra creencia fundamental, el ego, pero antes de meternos con él y para entenderlo mejor, vamos a comentar la pregunta del millón: ¿qué somos realmente como seres vivos?

LO QUE SOMOS REALMENTE

Sabemos que somos energía vibrando, a la que llamamos cuerpo, y que esta energía (creadora) la dirigimos con nuestra atención. Pero si nos damos cuenta del cuerpo que poseemos o de los pensamientos que mantenemos, es que hay algo más. Y “eso que se da cuenta” es lo que realmente somos: consciencia infinita siendo consciente del cuerpo que habita. Esta consciencia que faculta “darme cuenta” de este cuerpo, de los pensamientos y de lo que me rodea, es la misma que la tuya y la de todos los seres humanos, lo único que cambia es el cuerpo-habitáculo en el que “vive”. Tú provienes de unos padres y ancestros diferentes a los míos o no, pero nuestra auténtica realidad, lo que es eterno en nosotros, es lo mismo en todas las personas: somos Uno en la Consciencia.

Debido a la evolución de la vida en este planeta llegó un momento en que nació un ser consciente de sí mismo, al que llamamos ser humano, y es el que tiene colonizado este planeta. Es decir, esta consciencia que somos ya viene de “serie” en nuestro cuerpo físico: somos seres conscientes por naturaleza.
Este ser humano consciente tiene una facultad única: la de pensar. Con ella viene unida la capacidad de imaginar y aquí es donde esta consciencia comienza a confundirse creyéndose ser aquello que imagina, aquello que piensa, “olvidándose” de que es consciencia. Esto se llama identificación (creer ser algo que no es) y es el comienzo del dolor, pero eso lo comentamos luego.
La primera identificación es con nuestro cuerpo, nos creemos ser él, y al vernos físicamente autónomos nos consideramos seres individuales, independientes de los demás: “este cuerpo soy yo y ese cuerpo eres tú, luego somos dos”. Ya estamos separados.
Luego, según vamos creciendo, y con el desarrollo del cerebro, esta consciencia fortalece su identificación con la mente y los pensamientos, creyendo ser la voz pensante de la cabeza: “Pienso, luego existo”, dijo Descartes, en su “Discurso del método” de 1637.

A partir de aquí esa consciencia se pierde en el mundo de la forma, en el mundo de lo que parece evidente, pero que no es real por tener fecha de caducidad. Solo lo eterno, lo inalterable, lo que no tiene principio ni fin es lo verdadero: la Consciencia Universal. Todo lo demás aquí lo dejamos cuando abandonamos este cuerpo, pero ya me estoy desparramando. Sigamos con el ego.

 

EL EGO: NUESTRA CREENCIA FUNDAMENTAL

Debido a esta identificación con nuestro cuerpo y nuestra mente, ya desde la niñez comenzamos a forjarnos una idea de lo que somos en función de los pensamientos que mantenemos en respuesta a las experiencias que vivimos. Además, se van añadiendo los comentarios, ideas e interpretaciones-creencias de las personas que nos guían en la infancia (generalmente nuestros padres), plantándose la semilla del ego en nuestro interior, creyéndonos ser aquello que nos dicen que somos. Si te han repetido de pequeñ@: “eres tont@”, tendrás un concepto de ti muy diferente a alguien que a la mínima oportunidad le decían: “¡pero qué inteligente eres!”.

El ego es un concepto mental, una idea: una creencia que tenemos acerca de lo que somos. Es hijo de la mente y sin pensamientos no hay ego. Solo son pensamientos, pero nosotros le damos la fuerza de la realidad al creernos ser lo que pensamos acerca de nosotros.
Todas las etiquetas que te pongas para definirte: “soy una persona activa, cumplidora, un poco impaciente, con un gran fondo humano”, por ejemplo, es ego. Tú eres una vibración, no una definición.

Aparte de lo anterior, el ego son también todas las ensoñaciones no conscientes, esos pensamientos imperceptibles, pero que nos provocan una emoción que sí sentimos. Esta emoción que experimentamos nos hace reaccionar ante los acontecimientos que vivimos y esta reacción también es ego. Es lo que nos hace decir: “soy así, no puedo evitarlo”, cuando respondemos automáticamente a un acontecimiento de nuestra vida.
Esa voz de la cabeza que nos dice qué tenemos que hacer, cómo nos tenemos que comportar, qué tenemos que pensar… Esa voz que te ordena, chilla, se enfada, llora… ese parloteo mental es el ego viviendo en ti.
Inquietud, impaciencia, angustia, miedo dolor, ira… es ego. En este caso, es la reacción de tu cuerpo a los pensamientos que le envía esa ilusión que crees ser “tú”.

CARACTERÍSTICAS FUNDAMENTALES

IDENTIFICACIÓN: la raíz de la separación

Identificación es dar sentido del “yo” a algo exterior a la consciencia que somos. Empezamos con “nuestro” cuerpo, luego “mis” pensamientos y posteriormente, según crecemos, van aumentando en número nuestras identificaciones: padres, herman@s, amig@s, pareja, hij@s…, todo aquello que nos cree sentimiento de pertenencia, como si fuera nuestro, como si fuera “yo”. Nos identificamos con un país, un partido político, un club de fútbol, un trabajo, un estatus social, una postura mental (defendemos nuestra “verdad” como si nos fuera la vida en ello), etc.

También nos identificamos con los “papeles” que representamos en esta vida. Si tienes hij@s seguro que representas el papel de padre/madre y esperas de ellos que actúen según su “papel”: “te deben” respeto por ser tus hij@s. Si no lo hacen te encolerizarás, ya que para tu ego no se están comportando de acuerdo al rol que les ha adjudicado. Hay infinidad de “papeles” que representamos: el de pareja, jefe/a, trabajador/a, herman@, amig@… A cada papel le asignamos obligaciones y derechos, unos códigos de conducta, y si algo o alguien se los salta nuestro ego reacciona con lucha para restablecer el “orden” perdido.

Todo aquello con lo que nos identificamos nos da un valor como persona, de manera que si cambia o desaparece algo de ello experimentamos un fuerte dolor. Es como si el hecho de ser abandonados por nuestra pareja, aparte del dolor de la separación, nos quitara valía personal, haciéndonos sentir ser “menos” o el que rebatan una idea mía me haga considerarme disminuido como ser inteligente. De esta manera, al identificarnos con algo que suponemos como “mío-yo”, surge el apego a ello. El apego, en este caso, es sinónimo de dependencia: dependemos de aquello con lo que estamos identificados.

De esta manera perdemos nuestra libertad personal. Ya no somos solo esa consciencia que habita en nosotros, sino la suma de lo que creemos ser: padres, hijos, pareja, el club de fútbol del que soy hincha, el estatus económico y social que mantengo, el partido político con el que simpatizo o el país en el que vivo… Y nos pasamos la vida intentando mantenerlo todo en equilibrio, que nada cambie a peor o desaparezca porque entonces experimentaremos un dolor directamente proporcional al grado de identificación con ello. Hay hinchas de fútbol que cuando pierde el equipo de sus amores están varios días cabizbajos y tristes. A otros les dura la frustración el tiempo que tardan en tomarse un café. Son diferentes grados de identificación y, por lo tanto, diferente intensidad de dolor por la pérdida-cambio, pero en ambos casos la identificación es sinónimo de dolor.

A nivel energético, el apego es la energía que damos a lo que consideramos como “yo”: nos unimos energéticamente a aquello con lo que nos identificamos.
Identificación y apego son las dos caras de la misma moneda y siempre es un desvío de nuestra energía, de la energía que somos. Es una “pérdida” energética que sufrimos por mantener viva una idea mental, una creación de la mente.

Esta identificación (esta separación entre “yo” y lo demás) es la que hace que vivamos en un mundo de países, culturas y religiones diferentes, a menudo enfrentadas, ya que el ego necesita conflicto para reafirmarse, para sentirse vivo. Al ego la paz le resulta indigesta y pesada, con poco atractivo. Siempre busca retos, desafíos, metas… tiene que estar constantemente haciendo algo para no sentir el miedo que le atenaza.

Esta inquietud que nos acompaña siempre, este desasosiego constante, en realidad es el miedo a la muerte del ego. Como está identificado con el cuerpo que tiene y sabe que tarde o temprano va a morir, para evitarlo se inventa cuentos maravillosos, haciéndonos creer en reencarnaciones y en la evolución del alma, de vida en vida, buscando la perfección divina. Pero no son más que ilusiones del ego resistiéndose a morir, intentando ser inmortal, cuando, en realidad, al fallecer termina la ilusión que creemos vivir, uniéndose la consciencia que somos a la consciencia universal. Así que, disfrutemos de este tiempo en el que podemos gozar de este maravilloso cuerpo que nos sustenta y que nos permite llenarnos de la fragancia de una flor o de la risa alegre y juguetona de un/a niñ@. Pero bueno, sigamos con nuestro amigo el ego, que me estoy yendo otra vez.

JUZGAR-COMPARAR

Para marcar los límites de su “individualidad”, el ego está constantemente juzgando y comparándonos con los demás. Se fija, normalmente, en las diferencias que nos separan, haciéndonos sentir bien-mal según los resultados de dicha comparación. Además, etiqueta a las personas en función de ese resultado, siendo nosotros el punto de referencia: “Marian es muy inteligente” (porque ha demostrado una “chispa” que no tenemos), “Ander es un engreído” (no es “tan” humilde como nosotros).

También nos juzga en función de un ideal de persona que crea para desenvolverse en este mundo. Cuando no hacemos las cosas en función de ese modelo nos regaña más o menos intensamente según lo fuerte que sea nuestra identificación con él. Es como si tuviéramos un juez y verdugo interior que nos castiga de manera inmisericorde cuando cometemos un error, sin poder escapar de él.

Por último, el ego siempre está clasificando las situaciones de vida en buenas o malas. Si algo ocurre que le acerca a lo que desea, se alegra (no por mucho tiempo, siempre quiere más y más); cuando, por el contrario, lo que sucede no le gusta se enfada con la vida, con los demás o contigo si te considera responsable de algo. El caso es que está siempre interactuando con el mundo exterior y su alegría o tristeza depende de la valoración-interpretación que haga de esa experiencia vital.

RESISTENCIA

Es la no aceptación de lo que está viviendo, negando lo que ocurre: “yo no debería estar pasando por esto. Es muy duro, es injusto”. Aquí nace la negatividad que lanzamos al mundo.

El ego echa la culpa a los demás (sea la vida en general, las personas o situaciones que vive), por no ser como a él le gustaría que fueran. Y son los demás (la vida también) los que deben cambiar, cosa que espera lograr enfadándose consiguiendo justo lo contrario, ya que esa energía negativa del enfado revitaliza la situación que detesta.

Esta resistencia frente a lo que sucede, es lo que lleva al ego a reaccionar en contraposición al actuar.
Actuar frente a un hecho o circunstancia de la vida significa que la respuesta que damos a esa situación viene dada desde la independencia emocional, desde la inteligencia pura: “Me acabo de enterar de que cierran la empresa. Nos echan a todos, ¡qué pena! No hay tiempo que perder, voy a empezar a mandar curriculums”.

Reaccionar es dejarnos llevar por una respuesta emocional a lo que vivimos en un momento dado. Esa emoción, que nos hace responder así, es el apego del ego a esa realidad que ahora se encuentra amenazada por esa situación de vida: “Hoy me han dicho que cierran mi fábrica. Nos echan a todos. ¡Ya decía yo que eran unos inútiles los jefes: no saben llevar una empresa! Hoy me emborracho”. Es decir, sin ego no hay reacción.

Al reaccionar frente a algo exterior (quejarse es una forma de hacerlo, inclusive del tiempo que hace hoy) o interior (reaccionamos también a los pensamientos que tenemos: hay pensamientos que nos “duelen”), el ego siente que se reafirma, adquiriendo más “vida”. Esta reacción constante, generalmente negativa, es la creadora de nuestro estado de ánimo, que es la energía que emanamos al universo y, por lo tanto, es la energía que nos devuelve. Al recibir situaciones “negativas”, reaccionamos con más negatividad, perpetuando aquello que no queremos vivir. La única forma de romper este círculo vicioso, en el que vive la inmensa mayoría de la gente, es por medio del perdón. Aquí te dejo un enlace que te permitirá liberarte de las cadenas que te atan al pasado: ejercicio del perdón.

NOTAS PRÁCTICAS:

  • Ama tu ego, porque siempre estará contigo. Es la energía que nos rodea por todos los lados, es la energía que mueve este mundo. No luches contra él, no intentes eliminarlo, porque entonces lo estás vivificando con tu atención. Lo único que puedes hacer es darte cuenta de que estas siendo vivido por el ego, no por el amor. Para ello estate muy atent@ a tu estado interior. Esta es la clave: ¿cómo te sientes?, ¿qué pensamientos te llegan?, ¿son pensamientos que te transmiten paz o te generan lucha, desasosiego? Si te sientes bien, perfecto, estás en el amor. Si te notas embarullada, indeciso, rencorosa, impaciente, lastimero… estás con el ego-mente.
    El darse cuenta es el primer paso para poder amarlo. Una vez que lo amas, como podrías amar las travesuras de un niño pequeño, empiezas a desidentificarte de él, separándote de la ilusión que guiaba tu vida. Y, en este momento, comienzas a crecer.
    Si normalmente tienes mucho “ruido” mental y te resulta difícil dejar de “pensar”, empieza con este ejercicio de concentración maravilloso que, además, limpia y equilibra tus chakras de vibraciones inarmónicas: activando nadis y chakras.
  • Ama el ego de los demás. El ego tiende a reaccionar con el de los demás y, a no ser que tengas un gran autocontrol, acabarás enredado en su energía. Cuando interactúes con alguien estate atent@ a cualquier aparición de malestar en tu interior: ira, culpa, abatimiento, debilidad… Esas son las emociones creada por tu ego al reaccionar a la energía que envía tu interlocutor/a. Cuando te notes que empiezas a alterarte, centra tu atención en la respiraciónTe equilibrará instantáneamente, pero hazlo cuanto antes para no dejarte llevar por la fuerza de la emoción egoica.
  • Todo aquello que no sea paz es ego viviendo su sueño a través tuyo. El ego, como hijo de la mente que es, siempre está soñando, imaginando y recreándose en acontecimientos pasados o situaciones futuras: “Cuando llegue al trabajo seguro tengo bronca con el tonto ese de Ander”, “¡Qué bien me lo pasé ayer cenando con Marian!”. La mente es lo que tiene: solo puede vivir en el pasado o en el futuro. El momento presente se le atraganta porque no puede controlarlo, es lo que es y no lo puede cambiar, por eso huye de él. Así que, si no sientes la paz en este momento es porque estás viviendo el sueño (de lucha) del ego-mente.
    Cuando te descubras cabalgando por los caminos de la ilusión, si te atropellan los pensamientos, DETENTE… inspira… espira… Se consciente de tu cuerpo, siente tu vibración, tu energía, y permanece ahí todo el tiempo que puedas. Una y otra vez.
  • ¿Prefieres tener paz o tener razón? Tu elijes momento a momento la vida que quieres llevar. Al ego le encanta tener razón, al amor tener paz. Puedes tener razón y saber que la tienes, pero no luchas por convencer, sólo expones tu verdad, compartiéndola. Lo que hagan los demás, aceptarla o no, es secundario, no es tu problema. Intenta vivir con total desapego a cualquier postura mental.
  • “Yo no tengo problemas, es mi ego quien los tiene”. Recuerda esto en aquellos momentos que te notes “llevado” por el dolor, la ira, el reproche, la debilidad… Así te vas separando de él, desidentificándote, por medio del darte cuenta” (sinónimo de crecimiento de la consciencia) de que tú no eres ese ego chillón y lloroso que a veces te posee.

EL EGO Y EL CRECIMIENTO PERSONAL

El ego es nuestra mayor identificación, alrededor de la cual hemos organizado nuestra vida. Desechar esa idea, es volver a comenzar otra vez, es un renacimiento, y esto nos genera mucha incertidumbre, mucha inseguridad, ya que abandonamos el mundo conocido, el de la forma, el exterior, para adentrarnos en nuestro mundo interior que, para la mayoría de la gente, es un lugar totalmente desconocido. De esta manera comenzamos a descubrir aquello que siempre hemos sido, pero que esa ilusión mental nos impedía ver.

El cambio personal, fundamentalmente, es liberarse de las identificaciones con lo que no somos. Esta liberación conlleva dolor, porque ese sufrimiento es la ruptura de la conexión energética (apego) que habíamos creado con lo identificado. Nos sentimos como si nos arrancaran la piel, rotos por dentro (imagínate como te deja una ruptura sentimental), ya que nos desprendemos de algo que consideramos forma parte de nuestro ser. Como el ego no quiere sufrir, no quiere ser “menos”, va a luchar con todos sus medios para que nada cambie y no sentirse más “pequeño”. Por este motivo se convierte en el principal enemigo del crecimiento personal.

Por otra parte, si no hay dolor no hay cambio. Dejará de dolerte, dejarás de sufrir, cuando ya no estés identificad@ con nada ni nadie, cuando te des cuenta de que eres sólo Consciencia. Mientras llega ese momento, la mente-ego te va a poner todas las zancadillas que pueda para que no la abandones retirando tu atención inconsciente de ella. Te hará sentir mal, diciéndote que te equivocas, que ese no es el buen camino, que te dejes llevar por ella, que no es bueno sufrir, que no te encuentras bien… bla, bla, bla.

Cuanto peor lo pasas mayor crecimiento experimentas, ya que más energía había “desviada” a ese apego que ahora abandonas. Esa aflicción que sientes es tu verdadero ser agrandándose, mejor dicho, es tu consciencia expandiéndose por el “hueco” que ha dejado la energía del apego. Así que, cuando sufres es porque estás creciendo como ser consciente.
La forma más rápida de crecer, de evolucionar, es amar ese sufrimiento que padeces. Esto es difícil de hacer al principio, pero cuando lo hagas notarás como lo atraviesas, separándote de él. Sientes tu dolor, pero ya “no eres” ese dolor: ya no estás identificado con él.
Además, esta energía, que antes estaba “perdida” en el apego a aquello que considerabas eras tú, vuelve a ti. De esta manera te vas convirtiendo en un ser más poderoso, con más energía vital, más profundo.

No cedas a la desesperación que vas a vivir. No creas que te estás volviendo loc@ por sentirte sol@ (te llegará esta sensación, no lo dudes) en este mundo enfermo. Ese sentirte sol@ es una buena señal, porque es el único modo de hallar lo que realmente buscamos todos los buscadores: encontrarnos a nosotros mismos.
Este camino de descubrimiento personal siempre es un camino solitario, nadie lo puede recorrer por ti. Pero cuando descubres lo que realmente eres ya nunca más te sentirás sol@ porque vivirás conectad@ a algo tan amoroso, intenso y acogedor que las palabras no le hacen ninguna justicia. Además, aunque parezca una paradoja, te darás cuenta de que nunca has caminado sol@, que siempre has sido llevad@.

Pero eso lo vas a vivir tú, porque ya eres (todos lo somos) aquello que vas a ser. Lo que sucede es que todavía no eres consciente de ello.

Un abrazo, de corazón.

Seguimos caminando.

El perdón: el transformador de la energía negativa

Ahora conoceremos un ejercicio que nos va a ayudar a cambiar la vida que llevamos de una manera muy poderosa, pero antes descubramos por qué nuestra vida va como va.

EL ORIGEN DE LA VIDA QUE LLEVAMOS

El ego, esa imagen mental que tenemos acerca de lo que somos, está siempre reaccionado a lo que vivimos o pensamos. Si le gusta, nos alegramos, nos sentimos bien. Por el contrario, si le desagrada, nos enfadamos o nos ponemos tristes. Este “sentirse bien” o “mal” es nuestra vibración fundamental: nuestro estado de ánimo.

Esta vibración, que emitimos constantemente, es la emoción creada en nuestro cuerpo por nuestra interpretación mental acerca de lo que vivimos o pensamos. Esta interpretación siempre es del ego, que la hace en función de las creencias que mantenemos. Cuando esas creencias son elevadoras (“yo puedo con todo lo que la vida me presenta”, “tengo las aptitudes necesarias para ser lo que quiero ser”), los pensamientos atraídos por ellas son inspiradores y la emoción que nos crearán será de poderío, de fortaleza: “puedo”. De esta manera crecemos e irradiamos energía de alta vibración.

Sin embargo, cuando nuestras creencias son limitadoras (“no tengo capacidad para hacer este trabajo de matemáticas”, “soy un torpe, no sé hacer nada bien”), los pensamientos atraídos por ellas harán que nos sintamos mal, como seres de poco valor. Esto provocará que tengamos tendencia a juzgar como “malo” lo que nos hacen los demás (“¿cómo se le ha ocurrido decir a Luis que soy un vago delante de todo el grupo?, ¡cómo me duele eso!”) y lo que la vida nos regala (“vaya asco de vida llevo, no tengo tiempo para nada”). Este “sentirse mal”, este “no poder”, lo emanamos al universo en forma de energía de baja vibración.

El universo donde vivimos, que es energía de amor incondicional, se pone manos a la obra para materializar (en sucesos y circunstancias de vida) esta energía que le enviamos, porque él solo entiende de vibración. Como nos ama profundamente (aunque no seamos conscientes de ello o no nos lo creamos) nos va a devolver, multiplicado por su amor, la “calidad” de la energía que recibe (“Leyes de la Creación: leyes de la energía”), sin “pensar” si es bueno o malo, solo nos lo da, porque nosotros se lo pedimos; y como le enviamos bastante más cantidad de energía de baja vibración que alta, nuestra vida tendrá un “bajo nivel de felicidad”.

Así que, por tu bien, abandona el sufrimiento, deja de contaminar este mundo con tu dolor y comienza a perdonarte, porque solo nos podemos perdonar a nosotros mismos. Cada persona sigue su plan divino personal y no podemos juzgar su camino (sería nuestro ego adoptando el papel de juez), por lo tanto nada hay que perdonar a los demás.

El hecho de perdonarte significa que te has dado cuenta de que habías pensado-actuado=creado desde la inconsciencia, al creerte separado de la Unidad. Esto es imposible ya que siempre estamos “conectados” a Ella, pero no lo sabías cuando interpretabas-reaccionabas a lo que la vida te ofrecía y por ello ahora te perdonas, por tu inconsciencia del pasado, por haberte creído ser mucho menos de lo que realmente eres.


BENEFICIOS DEL PERDÓN

1.- Al perdonar tomas el control de tu vida al responsabilizarte de tu creación. De esta manera reconoces el poder que atesoras: el ser capaz de transformar la vibración de la energía que recibes y, por lo tanto, de la que emites. Este ejercicio instala-reafirma la creencia de que “ puedes”, de que eres el único creador de tu vida y de tus circunstancias, al actuar como el ser creador que eres. Así ya estás creciendo.

2.- Al perdonar cambiamos la vibración de nuestra energía, ya que el perdón es renunciar al falso dolor provocado por la ilusión de creernos ser algo que no somos. No confundir el dolor originado por la muerte de un ser querido, que es genuino y necesario, de duelo, con el sufrimiento, que es dolor producido por la identificación con nuestro ego al juzgar esa situación o persona como inaceptable. El perdón actúa sobre la emoción, al disolver todo sentimiento de frustración engendrado por no llegar la situación actual, la persona o la experiencia vivida, a cumplir las rígidas expectativas de cómo deben ser las cosas impuestas por nuestro ego.

3.- El perdón es la energía que disuelve nuestras ataduras con situaciones y personas del pasado. Cuando algo acontecido hace tiempo nos duele todavía al recordarlo, sea lo que sea, significa que estamos enganchados energéticamente a ello. Este enganche es el que nos impide crecer y evolucionar plenamente por no disponer de “toda” nuestra energía, ya que parte de ella permanece “soldada” a las diferentes situaciones o personas que nos provocan dolor (ira, miedo, tristeza). Al liberar esta energía retenida nuestro crecimiento se acelera.

4.- El perdón disuelve la negatividad que envías a tu situación de vida actual por medio de la no aceptación a lo que es (“¡vaya trabajo de mierda que tengo!”, “¡no dispongo de dinero y nunca voy a tener lo que necesito!“ “¡es que no aguanto al tí@ este!”) y eso hará que cambie radicalmente dicha situación, porque dejarás de alimentarla con tu negatividad y la vibración de la misma se elevará.

Y, por último, el beneficio más grande todos:

5.- El perdón cambia la energía con la que estás creando tu futuro.
Al creernos seres separados, desconectados de la Unidad, vivimos en un constante miedo al futuro deseando que no nos haga daño (“no quiero sufrir”). Para protegernos de este miedo, la mente-ego se pone a elaborar lo que ella cree son barreras para no ser sorprendida y comienza a fijarse en lo que NO quiere recibir: “no quiero estar enferm@”, “no quiero perder el trabajo”, “no quiero envejecer de mala manera”… Estas barreras que creemos poner al pensar que negando algo lo evitamos, realmente lo que están haciendo es crearlo por el miedo-energía que enviamos a esa hipotética situación. Ese miedo al futuro, esa energía de baja vibración, nos está haciendo sufrir AHORA, creándonos, además, ese futuro que NO queremos vivir.
Una de las leyes de la energía es que todo se transforma continuamente, nada se repite y, por lo tanto, no puedes adivinar qué te va a deparar el futuro. Lo único que puedes hacer para que sea diferente a cómo lo estás creando ahora es perdonarte por no haberte dado cuenta de que no puedes controlarlo. Cuando perdonas tus ansias de control, cuando te abres confiado a la incertidumbre del “no saber”, te permites recibir un futuro maravilloso. Un futuro no dirigido por el miedo del ego, sino por el amor del universo, al que te permites recibir en este acto de perdón, en este acto de apertura. Entonces, toda tu vibración cambia en ese mismo instante, porque ya el miedo ha dejado de vibrar en ti y lo haces en el amor, pero esto no hace falta que te lo cuente, porque lo vas a vivir tú mism@.

Así que, sin más dilación, comienza a tomar el control de tu reino interior, haciéndote responsable de tus creaciones.

 

AQUÍ EMPEZAMOS A CAMINAR

Cuando empieces a hacer este ejercicio notarás muchas resistencias a ello: es tu ego intentado convencerte con argumentos lógicos y racionales acerca de la inutilidad de lo que haces (“esto es una tontería”, “no lo puedes hacer, es muy complicado”, “seguro que no funciona para ti”). Este es el mayor problema que vas a tener en cualquier intento de cambio personal: TU EGO. Él es el enemigo número 1 del cambio, ya que lo desconocido le aterra por no poder controlarlo (la mente-ego se basa siempre en lo vivido, en lo conocido) y, por lo tanto, tendrás que decidir momento a momento a quién sigues: si a tu mente racional, que nada quiere cambiar para poder seguir viviendo en “su mundo” conocido, o a ese anhelo que palpita en tu interior y que no sabes dónde te llevará.

Ese anhelo, que llevas un tiempo notando, es el deseo de estar en casa, de sentirte como antes de encarnar en este mundo y el viaje que ahora inicias te conducirá hasta ella. Has permanecido fuera mucho tiempo (poco más o menos el que llevas viviendo en este planeta) y ya es tiempo de regresar. Tu ego querrá que des marcha atrás, que no sigas adelante. Intentará embaucarte con argumentos inapelables (“deja esto, ¿no ves que te sientes mal? y tú buscas sentirte bien. Hazme caso, déjalo”) y, si con ellos no puede convencerte, recurrirá a miedos irracionales (“te volverás loc@ como sigas así”, “todo el mundo se va a reír de ti”, “eres un rar@”) y hará cualquier cosa que se le ocurra para impedir que sigas adelante. Puedes hasta enfermar o quedarte sin ganas de vivir (yo, en julio del 2016, según ponía los pies en el suelo de la habitación al levantarme de la cama, me llegaban tres palabras a la mente sin hacer ningún esfuerzo en ello: “me quiero morir”), y esto es una buena señal, porque cuanto más sufres más ego te abandona al elevarse tu vibración. Ese dolor que experimentas son los apegos (a lo que tú creías que eras) “despegándose” de la energía que eres.

Tendrás que tener mucho valor para continuar en ciertos momentos, pero no importa lo lento que vayas con tal de que no te detengas, sabiendo que desde hace un tiempo no caminas sol@. Llegará un día en que no sentirás ningún malestar, ningún dolor, y no podrás dejar de sonreír, de cantar, de vibrar con la alegría de vivir; y, cuando mires atrás, verás que lo que eres en ese momento no tiene nada que ver con lo que “crees que eres” ahora.

Solo se produce el crecimiento personal cuando trascendemos los límites de lo que nos creemos ser, porque si no los rebasamos nunca sabremos qué se encuentra fuera de ellos. Cuando decides traspasar tus fronteras interiores (creadas por el ego), automáticamente el universo (“la Unidad”, “todo lo que es”, “Dios”… su nombre da igual) te abre sus brazos, llenos de poder, amor e inteligencia, para que te relajes en ellos. Luego, sólo tienes que dejarte llevar.
Tú ya le has indicado al universo tu deseo y voluntad de volver a casa ( (“Visualización: activando la Unidad”), así que a partir de ahora déjate llevar, ya que la Unidad te ha acogido en su regazo para que descanses en él y, juntos, volver a casa… a tu hogar, porque volver a casa es permitir que la Unidad (el amor incondicional) vibre en toda tu energía, en todo tu ser. Para ello hay que limpiarla del ego que se ha ido acoplando a tu vibración con el paso de los años y el perdón es lo que te libera de esa vibración que está imposibilitando que eches a volar, que está impidiendo que manifiestes lo que realmente eres.

Para empezar a caminar de la manera más rápida y cómoda posible, vas a quitarte el peso superfluo que llevas sin ser consciente de ello. Así que, a partir de ahora, en todo momento y circunstancia: perdona, perdona, perdona.

 

EJERCICIO DE TRANSFORMACIÓN DE LA ENERGÍA NEGATIVA

Este ejercicio es muy potente y te coloca en el camino a tu nueva vida. Como en todo trabajo personal, las claves son la constancia y el estar atentos (estar alerta) a lo que pasa en nuestro interior, pero con estos dos mandatos activados permanentemente en tu intención, solo te espera un resultado: ELEVARTE, vibrar en otra frecuencia, porque este ejercicio es un gran transformador de la energía de baja vibración. Lo encontré hace unos años en el  libro “La energía de los 12 chakras solares”, de Brigitte Müller, y me lo sigo trabajando actualmente porque es una maravilla para disolver cualquier atisbo de ego-dolor. Aquí transcribo una adaptación del mismo, con ciertas explicaciones basadas en mi experiencia personal que considero lo enriquecen (aquí está mi ego opinando). Este ejercicio lo puedes aplicar tanto a situaciones que vivas actualmente o del pasado, como a pensamientos compulsivos que puedas tener y te generen dolor, angustia o malestar

No importa la manera por la cual la energía vuelve a ti. Puede que en la actualidad tengas un problema con una persona en concreto o en el trabajo. Puede que tus quebraderos de cabeza vengan por el tema de la salud, o tal vez te desesperen problemas económicos. Ahora estás recibiendo, por medio de la situación que vives, la misma vibración de energía que enviaste en el pasado, así que, si reaccionas con ira o abatimiento a lo que estás viviendo, con el tiempo esta vibración que emanas hará que el universo te devuelva situaciones similares, una y otra vez.

Sólo puedes cambiar esta rueda de una forma: transformando la reacción, transformando la energía ante esa situación y, para transformarla, aplica estos cuatro pasos:

1º.- ACEPTA.

Acepta la energía que ahora vuelve a ti, porque en algún momento del pasado tú mismo la has enviado al universo. Tú eres el creador de lo que estás viviendo y si rechazas tu creación estás negando tu poder llenándote de energía inarmónica, que en algún momento regresará a ti. Piensa que la persona o situación que vives son únicamente meros instrumentos para volver a atraer tu energía. Libera la energía por amor y así la transformarás en su vibración original.

2.- AGRADECE.

Agradece al universo la oportunidad que te está brindando para cambiar la vibración de la energía que recibes y convertirla en otra oscilación armónica y elevada.

3.- PERDONA.

Perdónate a ti mismo por no haber sido consciente de la energía que emitiste en el pasado. Esta energía sólo se puede transformar por medio del perdón, cuya vibración es de color violeta. Repítete: pido perdón por cualquier energía vital que haya usado mal en algún momento de mi vida, sabiéndolo o de manera inconsciente, y me perdono a mí mismo por ello“. Visualiza la situación o persona  que te genera intranquilidad con un intenso color violeta que notas brotar de tu corazón, mientras te perdonas de corazón por no haber recordado el inmenso poder que palpita en tu ser. Siente la paz que te llena al perdonarte.

Cuando ya tengas cierta práctica con este ejercicio, podrás hacerlo inmediatamente en el momento que te sientas mal por el motivo que sea. Pones toda tu atención en tu estado de ánimo, tu malestar interno, y te visualizas lleno de luz violeta, siendo consciente de la causa que lo ha generado, sin elucubrar sobre ella, sin pensar, solo llenando todo tu campo de conciencia de luz violeta.

4.- AMA.

Envía amor conscientemente a esa situación o persona, porque tú eres amor incondicional. Visualízalos envueltos en una intensa luz rosa que brota de tu corazón, sintiendo como la energía negativa se va transformando en la alegría de amar. Cuando amas lo que te duele, siempre descubres razones para perdonarte.

Repite todas las veces que haga falta este ejercicio hasta que esa situación o persona sólo te genere amor cuando llegue a tu mente.

Esto también puedes hacerlo diariamente enviando amor a tu lugar de trabajo, llenando las personas, mesas, sillas, máquinas, etc., con una luz rosa, ¡verás cómo cambia la vibración de tu entorno de trabajo!.

Si notas resistencia al hacer cualquiera de estos pasos sé consciente de que esa resistencia es tu ego intentando separarte de lo que eres, intentando sabotear tu anhelo de cambio.

Si repites estos cuatro pasos con las situaciones, personas y pensamientos que te desequilibran, con el tiempo toda la energía negativa que vibraba en ti será transformada en energía elevada, en energía de amor y tu vida reflejará, de una manera fiel y maravillosa, esa nueva vibración de tu ser.

¿No te lo crees?, haz la prueba y ya me contarás.

Un abrazo, de corazón.

Seguimos caminando.

Nuestro cuerpo: ¿qué somos?

Esta es la pregunta más importante que puedes hacerte, porque en función de la respuesta que des así irá tu vida. Espero que cuando acabes de leer esto te veas de diferente manera a cómo te percibes ahora, ya que entonces habremos dado un gran paso adelante.

Tu cuerpo, ese compañero que va contigo a todas partes, si lo observaras a través de un potente microscopio de efecto túnel verías algo parecido a una nube formada por un montón de átomos. Un átomo es la parte más pequeña de un elemento que conserva sus propiedades; si lo dividiéramos, lo que resultaría ya no tendría nada que ver con el elemento del que proviene, sería otra cosa diferente.

 

 

Un átomo consta de un núcleo (formado por neutrones, sin carga, y protones, con carga positiva) y unas partículas girando a su alrededor a velocidades muy elevadas, llamadas electrones, con carga negativa. Esta diferencia de carga, hace que los electrones orbiten alrededor del núcleo, ya que son atraídos por la carga positiva de los protones, eso sí, a una distancia enorme comparada con su tamaño. Si el núcleo tuviera el tamaño de una naranja y se encontrara en Bilbao (no lo puedo evitar, soy de aquí), los electrones pasarían girando por Estados Unidos, es decir, realmente somos espacio vacío, pero como esos electrones y átomos (que también giran alrededor de otros átomos) se mueven tan rápido, damos la sensación de ser un cuerpo sólido. Imagínate un ventilador, si está apagado, puedes meter la mano entre sus huecos sin ningún problema, pero si lo enchufas ya no puedes hacerlo (bueno, sí podrías, pero no te reirás mucho) porque no hay “huecos” debido a la velocidad de las aspas. Lo mismo pasa con nuestro cuerpo, que da la apariencia de ser sólido y compacto, pero lo que estamos viendo y creyéndonos ser es, en realidad, un efecto óptico creado por las limitaciones de nuestros sentidos.

Por otra parte, este constante movimiento de los electrones produce una energía alrededor de la cual se crea un campo electromagnético, que son ondas en movimiento, por medio de las cuales se transporta la energía generada. Una onda tiene una longitud y una frecuencia de vibración. La longitud de onda es la distancia existente entre dos crestas o valles consecutivos y la frecuencia de la onda es la cantidad de oscilaciones completas que se producen en un determinado tiempo. A mayor longitud de onda menor frecuencia y viceversa. Cuanto mayor es la frecuencia de vibración mayor es la energía transportada por la onda.

Por lo tanto, todo aquello que tiene una expresión física en este universo, al estar constituido por átomos, es energía vibrando; todo sin excepción. Todo el universo es vibración, lo único que varía es la frecuencia de la misma, lo “rápido” o “lento” que vayan los electrones y átomos. Lo que aparenta ser más sólido vibra a una frecuencia más baja y lo que es más sutil a una frecuencia más alta, más rápida. Si calentamos un cubo de hielo se transforma en agua líquida y si la seguimos calentando se vuelve vapor. Es agua en los tres casos, el mismo elemento, pero su apariencia, su estado físico, es diferente porque ha cambiado su frecuencia de vibración debido a la energía que ha recibido del calor.

Fíjate bien: eres espacio vacío, no ese cuerpo denso y compacto que crees ser y, además, nunca te encuentras en reposo total porque continuamente estás vibrando. Todo lo que aparenta ser tu cuerpo, está en permanente movimiento, en un constante cambio (tú no eres la misma persona que se ha levantado esta mañana de la cama), al igual que todo lo demás y, sin embargo, no somos conscientes de ello, no lo percibimos así, por las características de nuestros sentidos físicos que nos hacen creer algo que no somos. Nos creemos ser las sensaciones que experimentamos sin ser conscientes de nuestra auténtica realidad: somos vacío, somos energía vibrando.

Además, este cuerpo que habitamos realiza una serie de procesos metabólicos para transformar la energía de los alimentos y, gracias a este proceso, emitimos luz. No la vemos porque la intensidad es muy débil y es imperceptible para nuestros ojos, pero se han realizado experimentos que así lo certifican. No hay acuerdo entre lo científicos en los motivos de esta emisión, pero sí en el hecho de que la irradiamos, es decir,  somos seres de luz. ¡Qué bonito, ¿verdad?!

Pero quedan más cosas todavía, y encima lo mejor.

Según ha demostrado la física cuántica, los electrones pueden actuar como partículas con una mínima masa o como ondas, sin masa. Esto lo descubrió el físico francés Louis-Victor de Broglie, galardonado con el premio Nobel de física en 1929, al demostrar que todo electrón lleva asociada una onda. Formuló una ecuación (λ= h/p) que relaciona ambas magnitudes, y enunció esta hipótesis, que tres años más tarde se probó: “Toda la materia presenta características tanto ondulatorias como corpusculares comportándose de uno u otro modo dependiendo del experimento específico”. 

 

 

Posteriormente, la ciencia demostró el efecto observador, que origina el que los electrones se comporten como partículas cuando son “observados”, por ejemplo, cuando se quieren cuantificar sus características en un momento dado, pero el resto del tiempo, cuando no se les observa, existen como una onda de probabilidades. De hecho, no se puede determinar su posición cuando orbitan, solo se puede establecer una zona, alrededor del átomo, en la que es “probable” se encuentren. Así que, el observador crea una partícula por el simple hecho de observar, porque en el momento de hacerlo se produce la materialización de esa energía, de esa probabilidad, en una partícula concreta. Este vídeo explica muy bien el doble comportamiento de los electrones y el efecto observador.

Con las ondas de luz la cosa todavía se vuelve más interesante. La luz es una onda, cuyas partículas, los fotones, pueden actuar como el observador espera que actúen, es decir, si la observación-medición es para estudiar su comportamiento de partícula, se comportarán como partículas, pero si se les estudia como onda, se comportarán como una onda, es decir, la intención del observador crea su realidad.

Nosotros, como seres humanos que somos, tenemos la facultad de poder ser conscientes de donde enfocamos nuestra atención y esta consciencia nos da la libertad (nuestro libre albedrío) para dirigirla donde queramos. Esta atención crea aquello que observa, como hemos visto, así que somos seres creadores.

Somos seres creadores.

¡Qué grande es lo que somos, ¿verdad?!

Somos energía vibrando, creando continuamente aquello a lo que prestamos atención, pero la sociedad en la que vivimos nos transmite la ilusión de ser otra cosa diferente, haciéndonos creer ser algo mucho más pequeño, mucho más limitado, que la belleza como seres que realmente somos. La clave de todo, como veremos en sucesivos artículos, son las creencias que tenemos: ellas son las que dirigen todo nuestro poder creador, son las que guían nuestra vida.

Así que te hago esta sencilla pregunta: ¿quién crees que eres?.

Recibe un amoroso abrazo.

Seguimos caminando.

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