El perdón: el transformador de la energía negativa.

EL ORIGEN DE LA VIDA QUE LLEVAS

El ego, esa imagen mental que tenemos acerca de lo que somos, está siempre reaccionado a lo que vivimos o pensamos. Si le gusta, nos alegramos, nos sentimos bien. Por el contrario, si le desagrada, nos enfadamos o nos ponemos tristes. Este “sentirse bien” o “mal” es nuestra vibración fundamental: nuestro estado de ánimo.

Esta vibración, que emitimos constantemente, es la emoción creada en nuestro cuerpo por nuestra interpretación mental acerca de lo que vivimos o pensamos. Esta interpretación siempre es del ego, que la hace en función de las creencias que mantenemos. Cuando esas creencias son elevadoras (“yo puedo con todo lo que la vida me presenta”, “tengo las aptitudes necesarias para ser lo que quiero ser”), los pensamientos atraídos por ellas son inspiradores y la emoción que nos crearán será de poderío, de fortaleza: “puedo”. De esta manera crecemos e irradiamos energía de alta vibración.

Sin embargo, cuando nuestras creencias son limitadoras (“no tengo capacidad para hacer este trabajo de matemáticas”, “soy un torpe, no sé hacer nada bien”), los pensamientos atraídos por ellas harán que nos sintamos mal, como seres de poco valor. Esto provocará que tengamos tendencia a juzgar como “malo” lo que nos hacen los demás (“¿cómo se le ha ocurrido decir a Luis que soy un vago delante de todo el grupo?, ¡cómo me duele eso!”) y lo que la vida nos regala (“vaya asco de vida llevo, no tengo tiempo para nada”). Este “sentirse mal”, este “no poder”, lo emanamos al universo en forma de energía de baja vibración.

El universo donde vivimos, que es energía de amor incondicional, se pone manos a la obra para materializar (en sucesos y circunstancias de vida) esta energía que le enviamos, porque él solo entiende de vibración. Como nos ama profundamente (aunque no seamos conscientes de ello o no nos lo creamos) nos va a devolver, multiplicado por su amor, la “calidad” de la energía que recibe (“Leyes de la Creación: leyes de la energía”), sin “pensar” si es bueno o malo, solo nos lo da, porque nosotros se lo pedimos; y como le enviamos bastante más cantidad de energía de baja vibración que alta, nuestra vida tendrá un “bajo nivel de felicidad”.

Así que, por tu bien, abandona el sufrimiento, deja de contaminar este mundo con tu dolor y comienza a perdonarte, porque solo nos podemos perdonar a nosotros mismos. Cada persona sigue su plan divino personal y no podemos juzgar su camino (sería nuestro ego adoptando el papel de juez), por lo tanto nada hay que perdonar a los demás.

El hecho de perdonarte significa que te has dado cuenta de que habías pensado-actuado=creado desde la inconsciencia, al creerte separado de la Unidad. Esto es imposible ya que siempre estamos “conectados” a Ella, pero no lo sabías cuando interpretabas-reaccionabas a lo que la vida te ofrecía y por ello ahora te perdonas, por tu inconsciencia del pasado, por haberte creído ser mucho menos de lo que realmente eres.

BENEFICIOS DEL PERDÓN

1.- Al perdonar tomas el control de tu vida al responsabilizarte de tu creación. De esta manera reconoces el poder que atesoras: el ser capaz de transformar la vibración de la energía que recibes y, por lo tanto, de la que emites. Este ejercicio instala-reafirma la creencia de que “ puedes”, de que eres el único creador de tu vida y de tus circunstancias, al actuar como el ser creador que eres. Así ya estás creciendo.

2.- Al perdonar cambiamos la vibración de nuestra energía, ya que el perdón es renunciar al falso dolor provocado por la ilusión de creernos ser algo que no somos. No confundir el dolor originado por la muerte de un ser querido, que es genuino y necesario, de duelo, con el sufrimiento, que es dolor producido por la identificación con nuestro ego al juzgar esa situación o persona como inaceptable. El perdón actúa sobre la emoción, al disolver todo sentimiento de frustración engendrado por no llegar la situación actual, la persona o la experiencia vivida, a cumplir las rígidas expectativas de cómo deben ser las cosas impuestas por nuestro ego.

3.- El perdón es la energía que disuelve nuestras ataduras con situaciones y personas del pasado. Cuando algo acontecido hace tiempo nos duele todavía al recordarlo, sea lo que sea, significa que estamos enganchados energéticamente a ello. Este enganche es el que nos impide crecer y evolucionar plenamente por no disponer de “toda” nuestra energía, ya que parte de ella permanece “soldada” a las diferentes situaciones o personas que nos provocan dolor (ira, miedo, tristeza). Al liberar esta energía retenida nuestro crecimiento se acelera.

4.- El perdón disuelve la negatividad que envías a tu situación de vida actual por medio de la no aceptación a lo que es (“¡vaya trabajo de mierda que tengo!”, “¡no dispongo de dinero y nunca voy a tener lo que necesito!“ “¡es que no aguanto al tí@ este!”) y eso hará que cambie radicalmente dicha situación, porque dejarás de alimentarla con tu negatividad y la vibración de la misma se elevará.

Y, por último, el beneficio más grande todos:

5.- El perdón cambia la energía con la que estás creando tu futuro.
Al creernos seres separados, desconectados de la Unidad, vivimos en un constante miedo al futuro deseando que no nos haga daño (“no quiero sufrir”). Para protegernos de este miedo, la mente-ego se pone a elaborar lo que ella cree son barreras para no ser sorprendida y comienza a fijarse en lo que NO quiere recibir: “no quiero estar enferm@”, “no quiero perder el trabajo”, “no quiero envejecer de mala manera”… Estas barreras que creemos poner al pensar que negando algo lo evitamos, realmente lo que están haciendo es crearlo por el miedo-energía que enviamos a esa hipotética situación. Ese miedo al futuro, esa energía de baja vibración, nos está haciendo sufrir AHORA, creándonos, además, ese futuro que NO queremos vivir.
Una de las leyes de la energía es que todo se transforma continuamente, nada se repite y, por lo tanto, no puedes adivinar qué te va a deparar el futuro. Lo único que puedes hacer para que sea diferente a cómo lo estás creando ahora es perdonarte por no haberte dado cuenta de que no puedes controlarlo, SOLO PUEDES CREARLO. Todo lo relacionado con tu devenir corresponde al universo, así que no intentes prevenirlo, pero lo que creas actualmente en tu vida solo depende de ti y eso es lo único que puedes hacer: crear lo que quieres vivir. Lo demás no te pertenece.
Cuando perdonas tus ansias de control, todo tu ser se abre a la incertidumbre del “no saber” y por lo tanto te abres a recibir un futuro maravilloso, un futuro no dirigido por el miedo del ego, sino por el amor del universo, al que te permites recibir en este acto de perdón, en este acto de apertura. Entonces, toda tu vibración cambia en ese mismo instante, porque ya el miedo ha dejado de influir en tu futuro, pero esto no hace falta que te lo cuente, porque lo vas a vivir tú mism@.

Así que, sin más dilación, comienza a tomar el control de tu reino interior, haciéndote responsable de tus creaciones.

AQUÍ EMPEZAMOS A CAMINAR, HERMAN@

Cuando empieces a hacer este ejercicio notarás muchas resistencias a ello: es tu ego intentado convencerte con argumentos lógicos y racionales acerca de la inutilidad de lo que haces (“esto es una tontería”, “no lo puedes hacer, es muy complicado”, “seguro que no funciona para ti”). Este es el mayor problema que vas a tener en cualquier intento de cambio personal: TU EGO. Él es el enemigo número 1 del cambio, ya que lo desconocido le aterra por no poder controlarlo (la mente-ego se basa siempre en lo vivido, en lo conocido) y, por lo tanto, tendrás que decidir momento a momento a quién sigues: si a tu mente racional, que nada quiere cambiar para poder seguir viviendo en “su mundo” conocido, o a ese anhelo que palpita en tu interior y que no sabes dónde te llevará.

Ese anhelo, que llevas un tiempo notando, es el deseo de estar en casa, de sentirte como antes de encarnar en este mundo y el viaje que ahora inicias te conducirá hasta ella. Has permanecido fuera mucho tiempo (poco más o menos el que llevas viviendo en este planeta) y ya es tiempo de regresar. Tu ego querrá que des marcha atrás, que no sigas adelante. Intentará embaucarte con argumentos inapelables (“deja esto, ¿no ves que te sientes mal? y tú buscas sentirte bien. Hazme caso, déjalo”) y, si con ellos no puede convencerte, recurrirá a miedos irracionales (“te volverás loc@ como sigas así”, “todo el mundo se va a reír de ti”, “eres un rar@”) y hará cualquier cosa que se le ocurra para impedir que sigas adelante. Puedes hasta enfermar o quedarte sin ganas de vivir (yo, en julio del año pasado, según ponía los pies en el suelo de la habitación al levantarme de la cama, me llegaban tres palabras a la mente sin hacer ningún esfuerzo en ello: “me quiero morir”), y esto es una buena señal, porque cuanto más sufres más ego te abandona al elevarse tu vibración. Ese dolor que experimentas son los apegos (a lo que tú creías que eras) “despegándose” de la energía que eres.

Tendrás que tener mucho valor para continuar en ciertos momentos, pero no importa lo lento que vayas con tal de que no te detengas, sabiendo que desde hace un tiempo no caminas sol@. Llegará un día en que no sentirás ningún malestar, ningún dolor, y no podrás dejar de sonreír, de cantar, de vibrar con la alegría de vivir; y, cuando mires atrás, verás que lo que eres en ese momento no tiene nada que ver con lo que “crees que eres” ahora.

Solo se produce el crecimiento personal cuando trascendemos los límites de lo que nos creemos ser, porque si no los rebasamos nunca sabremos qué se encuentra fuera de ellos. Cuando decides traspasar tus fronteras interiores (creadas por el ego), automáticamente el universo (“la Unidad”, “todo lo que es”, “Dios”… su nombre da igual) te abre sus brazos, llenos de poder, amor e inteligencia, para que te relajes en ellos. Luego, sólo tienes que dejarte llevar.
Tú ya le has indicado al universo tu deseo y voluntad de volver a casa ( (“Visualización: activando la Unidad”), así que a partir de ahora déjate llevar, ya que la Unidad te ha acogido en su regazo para que descanses en él y, juntos, volver a casa… a tu hogar, porque volver a casa es permitir que la Unidad (el amor incondicional) vibre en toda tu energía, en todo tu ser. Para ello hay que limpiarla del ego que se ha ido acoplando a tu vibración con el paso de los años y el perdón es lo que te libera de esa vibración que está imposibilitando que eches a volar, que está impidiendo que manifiestes lo que realmente eres.

Para empezar a caminar de la manera más rápida y cómoda posible, vas a quitarte el peso superfluo que llevas sin ser consciente de ello. Así que, a partir de ahora, en todo momento y circunstancia: perdona, perdona, perdona.

EJERCICIO DE TRANSFORMACIÓN DE LA ENERGÍA NEGATIVA

Este ejercicio es muy potente y te coloca en el camino a tu nueva vida. Como en todo trabajo personal, las claves son la constancia y el estar atentos (estar alerta) a lo que pasa en nuestro interior, pero con estos dos mandatos activados permanentemente en tu intención, solo te espera un resultado: ELEVARTE, vibrar en otra frecuencia, porque este ejercicio es un gran transformador de la energía de baja vibración. Lo encontré hace unos años en el  libro “La energía de los 12 chakras solares”, de Brigitte Müller, y me lo sigo trabajando actualmente porque es una maravilla para disolver cualquier atisbo de ego-dolor. Aquí transcribo una adaptación del mismo, con ciertas explicaciones basadas en mi experiencia personal que considero lo enriquecen (aquí está mi ego opinando).

No importa la manera por la cual la energía vuelve a ti. Puede que en la actualidad tengas un problema con una persona en concreto o en el trabajo. Puede que tus quebraderos de cabeza vengan por el tema de la salud, o tal vez te desesperen problemas económicos. Ahora estás recibiendo, por medio de la situación que vives, la misma vibración de energía que enviaste en el pasado, así que, si reaccionas con ira o abatimiento a lo que estás viviendo, con el tiempo esta vibración que emanas hará que el universo te devuelva situaciones similares, una y otra vez.

Sólo puedes cambiar esta rueda de una forma: transformando la reacción, transformando la energía ante esa situación y, para transformarla, aplica estos cuatro pasos:

1º.- ACEPTA.

Acepta la energía que ahora vuelve a ti, porque en algún momento del pasado tú mismo la has enviado al universo. Tú eres el creador de lo que estás viviendo y si rechazas tu creación estás negando tu poder llenándote de energía inarmónica, que en algún momento regresará a ti. Piensa que la persona o situación que vives son únicamente meros instrumentos para volver a atraer tu energía. Libera la energía por amor y así la transformarás en su vibración original.

2.- AGRADECE.

Agradece al universo la oportunidad que te está brindando para cambiar la vibración de la energía que recibes y convertirla en otra oscilación armónica y elevada.

3.- PERDONA.

Perdónate a ti mismo por no haber sido consciente de la energía que emitiste en el pasado. Esta energía sólo se puede transformar por medio del perdón, cuya vibración es de color violeta. Repítete: pido perdón por cualquier energía vital que haya usado mal en algún momento de mi vida, sabiéndolo o de manera inconsciente, y me perdono a mí mismo por ello“. Visualiza la situación o persona  que te genera intranquilidad con un intenso color violeta que notas brotar de tu corazón, mientras te perdonas de corazón por no haber recordado el inmenso poder que palpita en tu ser. Siente la paz que te llena al perdonarte.

Cuando ya tengas cierta práctica con este ejercicio, podrás hacerlo inmediatamente en el momento que te sientas mal por el motivo que sea. Pones toda tu atención en tu estado de ánimo, tu malestar interno, y te visualizas lleno de luz violeta, siendo consciente de la causa que lo ha generado, sin elucubrar sobre ella, sin pensar, solo llenando todo tu campo de conciencia de luz violeta.

4.- AMA.

Envía amor conscientemente a esa situación o persona, porque tú eres amor incondicional. Visualízalos envueltos en una intensa luz rosa que brota de tu corazón, sintiendo como la energía negativa se va transformando en la alegría de amar. Cuando amas lo que te duele, siempre descubres razones para perdonarte.

Repite todas las veces que haga falta este ejercicio hasta que esa situación o persona sólo te genere amor cuando llegue a tu mente.

Esto también puedes hacerlo diariamente enviando amor a tu lugar de trabajo, llenando las personas, mesas, sillas, máquinas, etc., con una luz rosa, ¡verás cómo cambia la vibración de tu entorno de trabajo!.

Si notas resistencia al hacer cualquiera de estos pasos sé consciente de que esa resistencia es tu ego intentando separarte de lo que eres, intentando sabotear tu anhelo de cambio.

Si repites estos cuatro pasos con las situaciones, personas y pensamientos que te desequilibran, con el tiempo toda la energía negativa que vibraba en ti será transformada en energía elevada, en energía de amor y tu vida reflejará, de una manera fiel y maravillosa, esa nueva vibración de tu ser.

¿No te lo crees?, haz la prueba y ya me contarás.

Un abrazo, de corazón.

La mente: el nacimiento de la ilusión

Ahora que ya sabemos que somos energía, conocemos las leyes de la misma y hemos visto los canales de comunicación de nuestra energía con la que nos rodea, llega el momento de conocer el origen de la ilusión que gobierna este mundo, y esta ilusión nace en nuestra mente.

La mente es una serie de procesos internos que se desarrollan de manera consciente e inconsciente y que, en su mayoría, son de carácter cognitivo. Es una facultad del cerebro humano que nos permite recopilar información, analizarla y extraer conclusiones de ella. Es la manera que tenemos, los humanos, de adquirir conocimiento.
La mente es la responsable de la creación de los pensamientos, el raciocinio, la memoria y la imaginación. Pero, no solamente es la creadora de los pensamientos, sino también de las emociones (el reflejo en el cuerpo de nuestros pensamientos) y las pautas de reacción inconscientes, tanto mentales como emocionales.
La mente, aparte de extraer conclusiones, puede crear una interpretación de aquello que vivimos. Esta capacidad radica en el cerebro que, como órgano físico, tiene una vibración determinada en función de su actividad. Aquí te dejo un enlace que habla de las ondas cerebrales y de cómo están íntimamente ligadas a nuestros estados mentales.

Hay tres niveles en la mente según el grado de consciencia de la misma:

1.- La mente consciente.
Con ella funcionamos casi todo el día. Nos sirve para cruzar la calle, hablar con la gente, hacer crucigramas o resolver un problema de matemáticas. Es la mente racional, la que piensa en términos lógicos y coherentes. Aquí somos conscientes de los pensamientos que tenemos. Si aprendemos algo lo hacemos con la mente consciente, pero según repetimos lo aprendido va pasando a la mente subconsciente. Cuando aprendemos a conducir toda nuestra atención está en ello. Cuando llevamos 20 años haciéndolo habitualmente, solo una parte de nuestra atención está en la conducción, porque la mayoría de los automatismos: embrague, freno, acelerador, cambio de marcha, etc., se han vuelto algo maquinal, se hacen sin pensar. Han pasado al subconsciente.

2.- La mente subconsciente.
Es la mente emocional. En ella viven las emociones y el ego, siendo además el reino de la ilusión, donde residen las creencias que hemos “incorporado” en esta vida. Aquí se encuentra también lo que ya no recordamos, pero que se puede llegar a recordar. La mente subconsciente graba todos los acontecimientos que vivimos; unos los imprime más fuerte que otros y estos, con el tiempo, se acaban olvidando. Ahora bien, si ponemos nuestra intención en recordar algo tarde o temprano lo haremos, puesto que la intención crea atajos a los recuerdos almacenados en este nivel. Un olor, una canción, una foto… pueden sacar a la luz vivencias que creíamos sepultadas en el olvido.
Esta es la mente que nos juega malas pasadas, obligándonos a hacer cosas que no haríamos teniendo en cuenta la lógica o la razón. Aquí, los gustos, aversiones, deseos y miedos pugnan por salir a la consciencia para llevarnos por su camino. Llevas cuatro días siguiendo escrupulosamente una dieta para bajar la barriguita que te ha salido después de las vacaciones y, de repente, una mañana te pones morado a comer esas cazuelitas que tanto te gustan. No tenías pensado hacerlo, pero al entrar al bar y ver ese pulpo que te encanta no has podido seguir los dictados de tu mente consciente que te chillaba: “¡¡no, no, no!!”, y has pedido una ración. Y luego otra. Tras comerlas, los reproches de tu mente subconsciente te asolan, haciéndote sentir mal contigo mismo porque no has sido coherente con tu intención de adelgazar; mientras, tu mente consciente te dice que no tiene ningún sentido echarte la bronca, que ya está hecho, que tomas buena nota de lo sucedido y no volverá a ocurrir. 

La mente consciente analiza las vivencias y toma decisiones basadas en la lógica: “cuando vuelva a entrar a un bar con cazuelitas de pulpo me marcho de allí inmediatamente, porque ha sido el verlas y desear comerlas”. La mente subconsciente interpreta los acontecimientos, creando una historia: “¡qué poca fuerza de voluntad tengo!, ¡nunca voy a bajar estos kilos de más!”. La mente consciente, al ver que tienes los cordones de las zapatillas desabrochados, dice: “tengo los cordones sueltos, me los voy a atar”. La mente subconsciente, comenta: “tengo los cordones sueltos, los voy a pisar y me voy a caer”.

3.- La mente inconsciente.
Es la más primitiva de las tres y acompaña a la raza humana desde que apareció el primer homo sapiens. Aquí viven nuestros instintos animales, con el más fuerte de todos: la supervivencia. También se almacenan todas las experiencias vividas por nuestra especie en el tiempo que llevamos de existencia, así como las creencias comunes que tenemos por pertenecer a la raza humana: la finitud del cuerpo, el deterioro físico o la imposibilidad de estar en dos sitios a la vez, por ejemplo. Se encarga también de gestionar las cuestiones fisiológicas, como el respirar o el corazón. Se la suele llamar mente reptiliana y es la más simple de las tres, pero la más fuerte, ya que en cuanto se siente amenazada toma el control absoluto de todas nuestras decisiones, buscando sobrevivir. Es la parte de la mente que nos hace luchar o huir al enfrentarnos a un peligro.

 

EL NACIMIENTO DE LA ILUSIÓN

Venimos a este mundo conectados a la Unidad. Cuando somos bebés no tenemos consciencia de estar separados, no sabemos lo que es eso, porque no sabemos nada: sólo somos. Con el paso del tiempo, alrededor del año y medio, nace el concepto del “yo”, producto de nuestra incipiente actividad mental. Posteriormente, llega un momento en nuestro desarrollo personal en que la mente subconsciente interpreta, al ver nuestros cuerpos separados de los demás, que somos seres con vida propia y, por lo tanto, se activa la mente reptiliana, la encargada de hacernos sobrevivir a toda costa. Esta nos lanza continuamente mensajes de: “¡peligro indeterminado, objetivo sobrevivir!”. Apenas somos conscientes de ellos, porque estamos inmersos en nuestra vida cotidiana y no tenemos un peligro físico acuciante, pero la mente subconsciente sí los percibe haciéndonos vivir en un permanente estado de miedo, apenas perceptible, pero latente en nuestra consciencia. Es una sensación de incomodidad, de intranquilidad, como si nos sintiéramos incompletos. Buscando ese “estar completos” delegamos el poder de nuestra voluntad a la mente, dejándonos guiar por ella y aquí comienza la ilusión, en la identificación con nuestra mente, con nuestros pensamientos y, por ende, nuestras emociones. A todo lo que ella nos ofrece le damos absoluta credibilidad e interactuamos con el mundo a través de ella. Cuando estamos, por ejemplo, en el monte disfrutando de un paseo y descubrimos unas hermosas flores, en unos primeros instantes podemos contemplar su belleza en silencio mental, pero pronto nos sumergimos en nuestra verborrea interna habitual: “¿qué tipo de flores serán?”,  “¿cómo no las he visto antes por aquí?”, o “se parecen mucho a estas otras”. El caso es que, gran parte de nuestra atención la tenemos fijada constantemente en nuestros pensamientos, tomando por cierto aquello que pensamos, aquello que interpretamos, comenzando a vivir una película engendrada por ellos.

Los problemas que imaginamos tener son una invención de la mente y solo pueden existir en el tiempo, que es creado por ella misma, puesto que únicamente existen situaciones que deben ser afrontadas o dejarlas como están. Solo existe el momento presente, el eterno ahora, pero la mente, por medio de los pensamientos, nos lleva al pasado o al futuro incesantemente, consiguiendo engancharnos a su sueño, en el cual ella es la directora y guionista de las situaciones imaginarias que vivimos y nosotros los actores inconscientes. Como esa mente actúa en base al miedo (a morir), casi todas las ensoñaciones que nos presenta tienen un final infeliz para nosotros, creándonos una angustia permanente, más o menos intensa. Por lo tanto, la mente es enemiga del ahora, porque en el ahora no se “vive” el pensamiento; podemos pensar, pero somos conscientes de hacerlo y, por lo tanto, ya no te identificas con la película.

Además, la mente es la creadora de la resistencia a lo que es (la no aceptación del momento presente, ese lamentarse-enfadarse por la situación de vida que estamos pasando), manteniendo así viva la sensación de separación, que es la madre del ego. Esta resistencia a lo que la vida nos regala genera una vibración de baja frecuencia y, por lo tanto, atraeremos situaciones y circunstancias en consonancia con ella, dándonos más motivos para seguir lamentándonos-enfadándonos, viviendo como la pescadilla que se muerde la cola.

Y así pasamos nuestros días, dando vueltas a la noria de las emociones, pero como todo lo que vivimos es una creación nuestra, lo podemos cambiar. Lo único que tienes que hacer es seguir leyendo y tener la intención de ser más consciente.

Esto lo explica maravillosamente bien Eckart Tolle en su libro “El poder del ahora”, del que aquí tienes un resumen.

Por hoy ya vale; espero te haya quedado claro donde nace la ilusión que vivimos. En el siguiente artículo hablamos del producto estrella de la mente: los pensamientos.

Un abrazo, de corazón.

Leyes de la creación: leyes de la energía

 

Ahora que sabemos que somos energía vibrando, que somos seres con el poder de crear, vamos a ver unas cuantas leyes que rigen el acto de la creación y así evitar sorpresas que nos lleven a exclamar: “¡esto no lo quería yo!”.

1.- LA ENERGÍA ESTÁ CONSTANTEMENTE INTERACTUANDO CON LA ENERGÍA CIRCUNDANTE, AFECTÁNDOSE MUTUAMENTE.
Cuando permaneces durante un tiempo en medio de la naturaleza te sientes de muy diferente forma que cuando estás en medio de una plaza atestada de gente. Tú eres la misma energía, pero influida por la que te rodea, y notarás que tu estado de ánimo varía de estar oyendo el ruido de un arroyo de la montaña a moverte dentro de unos grandes almacenes en el primer día de rebajas. También nosotros podemos influir en la energía del exterior: ¿nunca te ha ocurrido que has estado sentado al lado de alguien y, sin saber por qué, te sientes bien/mal?. Eso es porque estás vibrando-sintiendo la energía de esa otra persona, al igual que ella sentirá la tuya. Otra cosa diferente es que se dé cuenta de ello o no, pero la interconexión ahí está.

Y esto es un factor muy importante, porque el hecho de vivir en sociedad hace que todo se contagie: los miedos, creencias, escala de valores, todo va incorporado en la vibración que recepcionamos, por medio de nuestros centros de energía, y que luego se convierten en nuestras creencias, miedos o escala de valores. La onda de la energía que somos transmite información, en ambos sentidos, de manera parecida a las ondas de radio, con lo cual, estamos interconectados, aunque no lo queramos, con el resto del Universo, mejor dicho, somos uno con él. Nadie está realmente solo en este mundo por mucho que quiera alejarse y esta energía que nos rodea es muy, muy fuerte, ya que mantiene en pie la ilusión colectiva de creernos ser la materia que forma nuestro cuerpo físico. Y de aquí surge toda la ilusión, pero de esto hablaremos en otro artículo.

2.- LA ENERGÍA ESTÁ CONTINUAMENTE TRANSFORMÁNDOSE
La energía ni se crea ni se destruye. Esta es una ley de la energía, que Einstein, premio Nobel de física, la afinó todavía más al postular: “masa y energía son dos formas de la misma realidad” (de hecho descubrió una ecuación que liga estos dos conceptos: E = mc². Donde “E” es la energía, “m” la masa y “c” la velocidad de la luz) y en esa capacidad de transformación radica su poder creador. Piensa en una gota de agua posada sobre una flor al despuntar el alba en un día de verano. Mucho antes del mediodía, por efecto del calor, se evapora y esa gota de líquido se habrá fundido en uno con todo el aire que le rodea. La energía del calor ha conseguido elevar la frecuencia de vibración de la gota hasta convertirla en otra cosa, en vapor.

Todo cambia momento a momento. Nunca nos bañamos en el mismo río, porque el agua en la que te sumerges la segunda vez no es la misma que la primera y tú tampoco. ¿Te acuerdas cómo eras de niño y cómo eres ahora?. Constantemente y de una manera imperceptible todo va modificándose, evolucionando. Esto significa que la vida es un continuo cambio, nada permanece inmutable y aferrarse a algo es condenarse al dolor.

No ha habido ningún instante en tu vida en el que todo se haya detenido. ¿Te imaginas que tu corazón se pare?, pues eso, todo se mueve, todo cambia a cada instante, pero vivimos una ilusión creada por nuestros sentidos físicos que no perciben estos continuos y minúsculos cambios.

3.- LA ENERGÍA ATRAE ENERGÍA SEMEJANTE
En esta propiedad se basa la famosa ley de la Atracción y es una característica muy, pero muy importante, porque es algo que puede actuar a favor o en contra nuestra. Los pensamientos que tenemos son energía vibrando a una determinada frecuencia y atraen pensamientos similares. Los pensamientos positivos, de elevación, atraen pensamientos en su misma sintonía y, al contrario, si tenemos pensamientos bajos, de mala autoestima, de miedo… estos atraen pensamientos con su misma frecuencia vibratoria, con lo cual incrementas tu negatividad. Cada pensamiento nos crea una emoción en nuestro cuerpo, en nuestra energía vibratoria, y una emoción continuada nos crea un estado de ánimo. Nuestro estado de ánimo es la energía principal que emanamos al mundo, al universo, que según esta ley nos devolverá energía semejante materializándola en situaciones de vida acordes a la vibración original tuya. Si rebosas constantemente de alegría, optimismo, ganas de vivir, el universo, creará situaciones que te inspiren alegría y felicidad; si por el contrario, siempre estás quejándote, viendo lo negativo de todo, la vida te dará acontecimientos que reflejen ese malestar.

Siguiendo con este concepto, el universo nos devuelve lo mismo que damos, así que da aquello que quieres recibir. Mucha gente, la mayoría, cree que será feliz cuando en su vida existan ciertas condiciones, por ejemplo: “cuando tenga un trabajo, una relación, cuando consiga esto o lo otro… entonces seré feliz, porque ya tendré lo que quiero” y viven en un continuo enfado con la vidaqué asco de vida!, ¡la vida es injusta conmigo!, ¡qué mala suerte tengo!), por no tener lo que desean y ésta les devuelve más de lo mismo, más de lo que no quieren.

No, esto no va así.

Yo tengo todo lo que deseo porque soy feliz. ¿Y cómo soy feliz ahora?, amando lo que tengo. Así de sencillo, así de bonito. ¿Por qué no puedo amar lo que tengo?, aquí ya entra el ego del que hablaremos largo y tendido más adelante.

De estas leyes, que se cumplen creas o no en ellas, emerge una verdad poderosísima que guía tu vida:

ESTÁS CREANDO CONTINUAMENTE
La energía es dirigida por nuestra atención y crea aquello en lo que se focaliza. Esto lo vimos en al artículo “¿qué somos?”, pero lo recalco aquí otra vez ya que este concepto es clave en nuestra existencia: somos seres creados para crear y estamos creando constantemente. Nuestro foco de atención es un sempiterno decreto que enviamos al universo que se pone inmediatamente manos a la obra para materializarlo, porque debes saber que el universo está a nuestro servicio para darnos lo que pidamos. El universo es nuestro siervo infalible, es como el genio de la lámpara que al frotarla sale y nos concede no tres deseos, como en el cuento, sino todo aquello que queramos. Es un mayordomo fiel y poderoso que está continuamente consiguiendo todos los caprichos señalados con nuestra atención sostenida.

¿Te acuerdas de esta expresión de las películas?: “Donde pongo el ojo, pongo la bala”, pues aquí es lo mismo, aquello en lo que te fijas ya lo estás creando, ¡qué bonito!, ¿a qué sí? y lo hacemos constantementeseamos o no conscientes de ello. Así que, puedes ser un “creador inconsciente”, como la inmensa mayoría de la gente, que suele llamar “mala suerte” cuando crea algo que no le gusta (por no saber el inmenso poder que tiene su atención), o puedes ser un “creador consciente”. Tú eliges. La diferencia entre uno y otro es muy sencilla: darte cuenta de adonde estás dirigiendo tu atención. Para ello fíjate en qué estás pensando: ¿piensas sobre un tema en concreto, siendo el jefe de tus pensamientos, o está tu mente divagando sin ningún control por tu parte, siendo esclavo de ella?. Esta es la clave de todo: fijarse, concentrarse, en lo que sucede en tu interior, en todo momento, así serás consciente de lo que estás creando.

Ahora bien, no pienses que creas instantáneamente aquello a lo que prestas atención, sino que transcurre un tiempo hasta que esto sucede. Este tiempo puede variar en función de cuánto lo desees y de si existe alguna creencia (consciente o inconsciente) que vaya en dirección contraria a tu deseo. Puedes anhelar intensamente tener una pareja en tu vida, pero si crees que nadie va a fijarse en ti porque no te ves guap@, entonces esta creencia, que siempre es más poderosa que tu deseo consciente, va a sabotear tu anhelo. Pero de esto, también hablaremos más adelante, por ahora quédate con el concepto.

Otra cosa que debes tener en cuenta es que vivimos en un universo de inclusión. ¿Qué significa esto?: para el universo no existe la palabra NO, sino que acepta todo lo que mantienes en tu foco de atención sin rechazar nada y se pone a crearlo, lo quieras o no. El universo sólo conoce una palabra del lenguaje humano: . Para el universo todo está incluido en él, todo es posible, no hay nada que pueda excluirse. Para él no existe la negación, la separación, sólo la inclusión, la unidad. El universo es un sinfín de posibilidades que vas materializando constantemente en aquello que le señalas con tu atención.

Cuando piensas “no quiero estar enfermo”, el universo entiende que estás pensando-pidiendo “enfermedad” porque realmente te estás centrando en ello para negarlo. Si te digo ahora: “no pienses en un caballo blanco“, ¿qué imagen se ha creado en tu mente?. Eso es, piensas en lo que te he dicho que no pienses, en un caballo blanco, pues con el universo sucede lo mismo. No debemos rechazar nada creyendo que así lo evitaremos, porque conseguimos justo lo contrario: atraer, con la energía del rechazo, del miedo, aquello que queremos evitar. La clave es pensar siempre en lo que queremos, no en lo que no queremos, porque, recuerda, estamos siempre creando. Siempre, no lo olvides.

Bueno, por hoy ya vale. Ahora te dejo un enlace en el que podrás descubrir unos principios fundamentales que pueden ayudarte a comprender ciertas circunstancias que has vivido o estás viviendo: Las 7 leyes universales.

Recibe un fuerte y amoroso abrazo, herman@.

Seguimos caminando.

Estructura energética de nuestro cuerpo: los chakras.

En nuestro cuerpo tenemos unos canales, llamados meridianos, encargados de transmitir la energía sutil, que es la fuerza vital codificada con la información necesaria para funcionar en el plano celular. Esta energía, que la tomamos del aire que respiramos, de los alimentos y del agua que bebemos, se combina con la energía que llega al aura y se procesa por medio de los chakras. Los puntos de contacto de los meridianos con la piel son los que trabaja la acupuntura. Aparte de estos canales existen otros, llamados nadis, que se cruzan con el aura y están relacionados con nuestro cuerpo sutil. Existen más de 70.000 nadis por todo nuestro cuerpo, muchos de ellos superpuestos a los meridianos, de los cuales tres son los principales: Ida, Pingala y Sushumna. Los dos primeros ascienden y descienden enroscados a lo largo de nuestra columna interconectando todos los chakras. El tercero asciende por el interior de la columna vertebral y es el que nos eleva a planos superiores de consciencia.

Interactuando con el sistema de chakras (que luego veremos), está el aura. Es un campo de luminosidad que rodea a personas, animales, plantas y objetos. Interpenetra y envuelve nuestro cuerpo alrededor de un metro y se compone de siete capas, cada una de ellas “conectada” a un chakra. Su tamaño, color, forma y densidad varía en función de nuestro estado de ánimo. El aura es la radiación de nuestra fuerza vital y nuestro punto de conexión con el universo: recibe de él la energía, la filtra por las diferentes capas y la transmite a sus chakras correspondientes que a su vez la distribuyen a los meridianos, al sistema nervioso y a las glándulas endocrinas. Al mismo tiempo emite nuestra energía, recibida de los chakras, al universo que se pone a materializar lo que aquella le demanda, atrayendo las situaciones y circunstancias acordes a la vibración emitida. El aura es nuestro canal de intercambio de energía con el universo: por ahí la emitimos y por ahí la recibimos. Los chakras son los encargados de transformar esa vibración de energía a una compatible con la nuestra.

Existe una línea vertical de energía procedente de la tierra que atraviesa nuestros chakras y nos conecta con el cielo, creando un pilar de luz en nuestro interior: es la la línea Hara. La activación de esta línea nos equilibra, manteniéndonos centrados y arraigados en nuestro ser. En esta línea palpita el objetivo de nuestra vida, nuestro camino en ella y el poder para recorrerlo.

Por último, en la base de la columna vertebral descansa dormida una energía muy especial: la kundalini. Esta energía es la que se “despierta” cuando nuestra vibración, nuestro grado de consciencia, se lo permite. Es una energía muy poderosa que armoniza y eleva todos los chakras, potenciando sus cualidades. Es un “subidón” de energía para todo nuestro ser y puede tener un despertar completo instantáneo (por un accidente o experiencia traumática) o ir ascendiendo paulatinamente de chakra en chakra, comenzando con el raíz, energizándolos de acuerdo a nuestra evolución interior. Este proceso puede durar años, dependiendo de la intensidad de nuestro trabajo espiritual, pero cuando la kundalini alcanza el chakra corona se produce la conexión total con la divinidad que somos, nuestra verdadera naturaleza, y nos convertimos en auténticos seres humanos expresando todo su potencial.

Ahora vamos a hablar un poco de los chakras, la columna vertebral (nunca mejor dicho) de nuestro sistema energético.

Los chakras son unos vórtices de energía, repartidos a lo largo de la columna vertebral, separados unos 30 cm. de ella y situados en la parte frontal y dorsal de nuestro cuerpo. El primero y el último solo tienen un vórtice, que son los que captan la energía de la tierra y del cielo para transmitirla por la línea Hara. Tenemos 7 chakras fundamentales (además de unos cuantos secundarios) que son los que vamos a ver aquí para, más adelante, trabajar con ellos. Cada chakra va asociado a una glándula de nuestro cuerpo y a un arquetipo psicológico que es el reflejo de la actitud que adoptamos ante la vida. Estos vórtices no solo transforman la energía que reciben de nuestro organismo, de sus células, sino también la que reciben del aura. Si los chakras tienen un comportamiento deficiente, bien por un exceso de “revoluciones” (abiertos) o por defecto (bloqueados), se rompe el discurrir armónico de la energía surgiendo los desequilibrios. Estos, pueden afectar a la parte física de nuestro cuerpo, con problemas de salud relacionados con la glándula correspondiente, como a la parte mental de nuestro ser, manteniendo actitudes descompensadas a la hora de afrontar los desafíos de la vida. Por lo tanto, es fundamental para nuestra salud, en todos los sentidos, tener los chackras funcionando perfectamente.

Comenzando de abajo a arriba, son los siguientes:

1.- Chakra raíz.El color asociado es el rojo y su verbo: yo tengo. Situado en la base de la columna vertebral, es el encargado de recibir la energía de la madre Tierra y va asociado a las glándulas suprarrenales, productoras de la adrenalina. Si lo tenemos equilibrado nos notaremos llenos de energía y vitalidad, siendo capaces de desenvolvernos con confianza en el mundo físico y de conseguir nuestro sustento por nosotros mismos. Estaremos llenos de seguridad, autoestima, de fortaleza interior, sintiéndonos arraigados en este mundo, de que somos queridos en esta vida y que nada nos va a faltar. Sus arquetipos, dependiendo de si el chakra está armonizado o no, son la Madre Tierra y la Víctima. La primera nutre, da seguridad, transmite respeto y amor incondicional. El segundo, por el contrario, se ve incapaz de satisfacer sus necesidades, como un bebé que no puede alimentarse por sí mismo. Siente que el mundo es un lugar hostil y que no tiene recursos para enfrentarse a él, echando la culpa a los demás de su propia incapacidad.

2.- Chakra sacro. Su color es el naranja y su verbo: yo siento. Situado un par de dedos debajo del ombligo, está asociado a los órganos reproductores. Este centro se encarga de procesar y expresar las emociones que vivimos, a la vez que percibimos las de los demás, permitiéndonos relacionarnos de una manera fluida. Aquí se gestiona la sexualidad, la atracción física y las relaciones en general. Cuando está sano y equilibrado nos permitimos gozar y disfrutar de todo lo que tenemos en nuestra vida. Nos sentimos merecedores de lo que poseemos y ahí radica el secreto de la verdadera abundancia, que no se refiere a tener mucho de nada, sino a nuestra actitud en relación con lo que poseemos. Cuando sentimos que lo que tenemos y lo que somos es suficiente, el chakra funciona perfectamente. Con este chacra equilibrado rebosamos pasión por lo que hacemos, vivimos la vida intensamente disfrutando de todo lo que nos regala. En este chakra radica nuestra creatividad que luego aflorará al mundo. Los dos arquetipos de este chacra son el Soberano y el Mártir. El primero disfruta y comparte lo que posee, porque se sabe merecedor de ello y que tiene suficiente, emanando magnetismo personal gracias a esta seguridad. A su vez, mantiene vínculos emocionales claros con los demás, expresando su creatividad al mundo. El mártir se queja de que el mundo está mal, de que no hay suficiente para todos, pero no hace nada por remediarlo, sólo se queja porque se nota lleno de carencias. No se ama a sí mismo y cree que disfrutar con algo es “malo”, que no es merecedor de ello. Probablemente tenga malas relaciones en general debido a la mala gestión de sus emociones.

3.- Chakra plexo solar. El color de este chacra es el amarillo y su verbo: yo puedo. Situado justo donde acaba el esternón, va asociado al páncreas, productor de la insulina. En esta chakra reside tu poder personal y es el que te permite aceptar los riesgos de la vida con el convencimiento de que puedes manejar cualquier situación a la que te enfrentes, con lo cual la autoestima está relacionada con él. En este chacra radica tu fuerza de voluntad, poderío, confianza y autocontrol. Es el centro de la identidad y del ego, aquí se planifican las cosas y se toman las decisiones correspondientes. Los arquetipos relacionados son el Guerrero y el Sirviente. El primero lleva a cabo su misión en esta vida, su trabajo, con todo su poder y fuerza de voluntad; para él los obstáculos son oportunidades para crecer y desarrollarse. Por el contrario, el segundo, va a rebufo de los demás, buscando su aprobación, deseando ser amado a través de sus actos, no por lo que es. Es envidioso y celoso de los éxitos ajenos porque desearía imitarlos, pero se ve incapaz de ello ya que no reconoce su propio valor.

4.- Chakra corazón. El color de este chakra es verde o rosa, según más te guste, y su verbo es: yo amo. Como su nombre indica se encuentra en el corazón y está relacionado con el timo, que es la glándula encargada de producir glóbulos blancos. Este chakra es el que sirve de unión entre los tres inferiores, relacionados con la parte física de nuestro ser, con los superiores, que afectan a la parte espiritual. Este es el centro del amor incondicional, tanto a los demás como a nosotros mismos. Aquí reside la capacidad de perdonar, así como la compasión. La autoestima, el amarse a uno mismo, brota de este centro que conecta todo. Aquí radica la fuerza transformadora que atesoramos: el poder del amor. La respiración consciente es un buen ejercicio para abrir y equilibrar este chakra. Los arquetipos de este chakra son el Amante y el Dependiente. El primero vive sus relaciones con los demás, sea progenitor, hijo, pareja u otros, sin esperar nada de ellas porque ya se siente completo tal como es, viviendo en el gozo de dar amor, solo por el placer de dar. El segundo cree necesitar a alguien para que le dé lo que imagina que le falta, siendo éste un camino seguro al fracaso en cualquier relación ya que no nace de la igualdad, sino de la dependencia.

5.- Chakra garganta. Su color es el azul claro y su verbo es: yo expreso. Radica en la garganta y está asociado a las glándulas tiroides y paratiroides, que regulan todos los procesos metabólicos del organismo. En este chakra radica la capacidad de expresión de nuestros sentimientos, ideas y opiniones; es el puente entre el amor que emana de nuestro corazón y la sabiduría del intelecto. Sus cualidades son: la verdad, la comunicación, la creatividad y la integridad. El hablar y el escuchar son las dos caras de la misma moneda que este chakra regula y equilibra: hablar para expresar nuestra verdad y escuchar para permitir ser al otro. Colabora con el chakra sacro en la expresión de su creatividad. Si estos dos chakras, el 5º y el 2º, están armonizados cualquier proyecto que emprendas lo llevarás a buen término. Sus dos arquetipos son el Comunicador y el Niño Silencioso. El primero asume la responsabilidad de lo que dice y cómo lo dice. Cuando expresa algo que le haya herido lo hace desde el amor y no lastima a su interlocutor. Habla claramente y se cuida de que sus palabras sean interiorizadas por quienes le escuchan. Es sincero y respalda sus palabras con actos. Por el contrario, el Niño Silencioso reprime (probablemente  porque fue reprimido en su infancia obligándole a callar) la expresión de sus sentimientos y verdades. Esta represión le genera un dolor que puede intentar amortiguarlo con exceso de comida, trabajo, alcohol… Su creatividad, al no ser expresada, consigue debilitar su energía vital.

6.- Chakra tercer ojo. Su color es el azul oscuro o índigo y su verbo es: yo comprendo. Situado ligeramente por encima de las cejas, está relacionado con la glándula pituitaria, que es la que regula el funcionamiento de las demás glándulas. Este centro hace todo lo posible por ayudar al cuerpo a afrontar los cambios a la vez que nos da sabiduría y discernimiento para comprender hechos y situaciones. La intuición y nuestra sabiduría interna penetran por este chakra. Es la capacidad de razonar y, al mismo tiempo, dejarse llevar por la intuición, poniendo siempre aquella al servicio de ésta. Aquí nace tu punto de conexión mental con la divinidad que eres al comprender cuál es tu misión como Ser. Los arquetipos son el Psíquico y el Racionalista. El primero sigue su intuición confiando en su conocimiento interior para responder a los desafíos de la vida, viviendo en la actitud de estar abierto a todas las posibilidades. El segundo vive en el reino de la lógica, de las normas y protocolos. Confía en planes, mapas y sueños de futuro para intentar controlar la vida.

7.- Chakra corona. Su color es el violetablanco o dorado y su verbo es: yo soy. Situado en la coronilla está asociado a la glándula pineal, que segrega melatonina, encargada de regular los ciclos del sueño. Por este chakra nos conectamos a la energía divina que llega a nosotros en forma de inspiración y comprensión haciéndonos experimentar la guía divina en todo lo que hacemos. Para que este chakra funcione correctamente, antes deben hacerlo todos los demás, porque aquí se fusiona lo que somos, como cuerpos físicos, con la divinidad de la que provenimos. Sus dos arquetipos son el Gurú y el Egotista. El primero comprende la naturaleza del hombre, viviendo en la continua compasión y enseña a otros a encontrarse gracias a su ejemplo. Conoce las lecciones de la vida y las respeta en los demás. El segundo no quiere saber nada del mundo espiritual, ya que su gran ego se lo impide, viviendo toda su vida en el plano material. Rechaza a otros por sus imperfecciones, sintiéndose muchas veces solo y aislado.

Con esto ya vale para seguir avanzando, pero si quieres profundizar en este apasionante tema te dejo aquí un enlace para aprender más.

Recibe un energético abrazo.

Seguimos caminando.

El ego según Tolle (resumen)

Este es un resumen que tenía hecho para mi uso personal (suelo hacer resúmenes de los libros que me dejan huella) del libro de Eckart Tolle, “Un nuevo mundo ahora”, en el que habla del ego de una manera clara y didáctica. Espero te sirva.
Con todo mi cariño.

UN NUEVO MUNDO AHORA

Ego: el estado actual de la humanidad

El yo ilusorio

La palabra “yo” encarna el mayor error y la verdad más profunda, dependiendo de cómo se utilice… En la utilización cotidiana normal, “yo” encarna el error primordial, una percepción errónea de quién eres, una sensación ilusoria de identidad. Esto es el ego. Esta sensación ilusoria del yo es una “ilusión óptica de conciencia” (Einstein). Este yo ilusorio se convierte en la base de todas las interpretaciones posteriores de la realidad –o más bien malinterpretaciones-, de todos los procesos de pensamiento, interacciones y relaciones. La realidad se convierte en un reflejo de la ilusión original.

Cuando adquirimos conciencia de que la ilusión es una ilusión, esta se disuelve. Tener conciencia de la ilusión la pone fin. Solo persiste cuando la confundimos con la realidad.

Identificarse con los objetos es conferir a las cosas–y en último término a los pensamientos que representan cosas- un sentido del yo, y así deducir de ellas una identidad. Cuando ese objeto (o situación o estado) lo pierdo surge un intenso sufrimiento. No por el valor intrínseco del objeto sino por la idea de “mío”… En el fondo no son más que pensamientos unidos precariamente por el hecho de que a todos se les ha conferido un sentido de identidad. Esta noción mental es lo que normalmente indicamos cuando decimos “yo”… Estos pensamientos es la “voz de la cabeza”

La vida te proporcionará la experiencia que sea más útil para la evolución de tu conciencia. ¿Cómo sabes que esta es la experiencia que necesitas? Porque esta es la experiencia que tienes en este momento.

El Ego no es malo, solo es inconsciente.

La ilusión de propiedad

“Bienaventurados los pobres de espíritu –dijo Jesús-, porque de ellos será el reino de los cielos”. ¿Qué significa “pobres de espíritu”? Sin equipaje interior, sin identificaciones. Ni con las cosas, ni con conceptos mentales que tengan un sentido del yo. ¿Y qué es el “reino de los cielos”? La simple pero profunda alegría del Ser, que está ahí cuando te libras de las identificaciones y te vuelves “pobre de espíritu”… No importa con qué se identifique el ego con tal de tener una identidad. Darte la razón y negársela a otros es una de las principales pautas mentales del ego, una de las principales formas de inconsciencia.. En otras palabras, el contenido del ego puede cambiar, pero la estructura mental que lo mantiene vivo no cambia.

El ego tiende a equiparar tener con Ser. Tengo, luego soy. Y cuanto más tengo, más soy. El ego vive a base de comparaciones. En la mayoría de los casos, el sentido de su propia valía que tiene el ego está ligado a lo que vales a los ojos de los demás.

¿Cómo puedes liberarte del apego a las cosas? Ni lo intentes. Es imposible. El apego a las cosas desaparece por sí mismo cuando ya no intentas encontrarte a ti mismo en ellas. A veces puede que no sepas que estás apegado a algo –es decir, identificado con ello- hasta que lo pierdes o existe peligro de perderlo. Si entonces te irritas, te angustias, etc., es que estás apegado. Si eres consciente de que estás identificado con una cosa, la identificación ya no es total. “Soy la conciencia que es consciente de que hay apego”. Ese es el comienzo de la transformación de la conciencia.

Deseo: la necesidad de más

Desear mantiene vivo al ego más que tener. El ego quiere desear más que tener. Es una necesidad adictiva, pero no es auténtica.

El deseo es estructural, así que ninguna satisfacción puede ser duradera mientras esa estructura mental siga en su sitio.

Las formas de pensamiento “yo” y “mío”, “más que”, “quiero”, “necesito”, “tengo que tener” y “no es suficiente” no corresponden al contenido sino a la estructura del ego. El contenido es intercambiable. Cuando estas formas de pensamiento actúan, ninguna posesión, lugar, persona o condición te dejará satisfecho. Ningún contenido podrá satisfacerte mientras la estructura del ego siga en su sitio.

Identificación con el cuerpo

Aparte de los objetos, otra forma básica de identificación es con “mi” cuerpo. Equiparar con el “yo” el cuerpo físico percibido por los sentidos –que está destinado a envejecer, marchitarse y morir- siempre conduce a sufrimientos, tarde o temprano.

Sentir el Cuerpo Interior

Es la sensación de vida que hay en tu interior. Es la energía vital que te da la vida, el puente entre la forma y la no forma. Adopta la costumbre de sentir el cuerpo interior tan frecuentemente como puedas, tanto si estás solo como interactuando con alguien. Estate anclado a tu interior.

La conciencia del cuerpo interior no solo te ancla en el momento presente: es también una puerta para salir de la prisión que es el ego.

El olvido del Ser

El ego es siempre identificación con la forma, bien sea física o de pensamiento. El pensamiento es una formación de energía, más sutil y menos densa que la materia física, pero es forma. El ego es un conglomerado de formas de pensamiento recurrentes y pautas mentales y emocionales condicionadas a las que conferimos un sentido del “yo”. El ego surge cuando nuestro sentido del Ser, del “yo soy”, que es conciencia sin forma, se enreda con la forma.

La paz que sobrepasa toda comprensión

Cuando no te identificas con nada te das cuenta de que tu identidad esencial no tiene forma, es una Presencia que todo lo impregna, un Ser anterior a todas las formas, a todas las identificaciones. Percibes tu auténtica identidad como conciencia en sí misma, y no como aquello con lo que se había identificado la conciencia. Esa es la paz de Dios. La verdad definitiva de quién eres no es “yo soy esto o aquello”, sino Yo Soy.

Rendirse significa la aceptación interior de lo que es. Estás abierto a la vida. La resistencia es una contracción interior, un endurecimiento de la concha del ego. Estás cerrado. Cualquier acción que emprendas en estado de resistencia interior (que también podríamos llamar negatividad) creará más resistencia exterior, y el Universo no estará de tu parte; la vida no te ayudará.

El núcleo del ego

El núcleo central de toda la actividad de la mente consiste en ciertos pensamientos y emociones repetitivos y persistentes, y en pautas de reacción con las que nos identificamos con más fuerza. Esa entidad es el ego mismo.

El ego vive de la identificación y de la separación. Cuando  vives a través del ego, es decir, del yo creado por la mente y formado por pensamientos y emociones, la base de tu identidad es precaria porque el pensamiento y la emoción son, por naturaleza, efímeros, fugaces. Así pues, todo ego está luchando constantemente por la supervivencia, intentando protegerse y agrandarse. Para sostener la idea del yo, necesita la idea opuesta de “el otro”. El “yo” conceptual no puede sobrevivir sin el “otro” conceptual. Los otros son más cuando los veo como mis enemigos.

Quejas y resentimiento.

Quejarse es una de las estrategias favoritas del ego para reforzarse. Toda queja es una interpretación que la mente inventa y que tú te crees por completo.

El resentimiento es la emoción que acompaña a la queja y al etiquetado mental de la gente, y que añade aún más energía al ego. El resentimiento significa sentirse amargado, indignado, agraviado u ofendido.

No reaccionar al ego de los otros es una de las maneras más eficaces de superar el propio ego, y también de disolver el ego colectivo humano. Pero solo puedes estar en un estado de no reacción si eres capaz de reconocer que la conducta de alguien viene del ego, que es una expresión de la disfunción colectiva humana. Cuando te das cuenta de que no es algo personal, ya no existe la compulsión de reaccionar como si lo fuera.

No reaccionar no es un signo de debilidad, sino de fuerza. Otra palabra para la no reacción es perdón. Perdonar es pasar por alto, o más bien mirar más allá del ego para ver la cordura que hay en todo ser humano, que es su esencia.

Al ego le encanta quejarse y sentir rencor, no solo de otras personas, sino también de las situaciones.

El mayor enemigo del ego es el momento presente, es decir, la vida misma.

Debemos esforzarnos por ser conscientes de la voz en la cabeza, tal vez en el momento preciso en que se queja de algo, y reconocerla como lo que es: la voz del ego, nada más que una pauta mental condicionada, un pensamiento. La voz no eres tú, tú eres el que es consciente de ella. Eres la conciencia que es consciente de esa voz.

Tendencia a reaccionar en lugar de actuar; rencores.

Quejarse es una manifestación de la tendencia a reaccionar en lugar de actuar, otra de las maneras que tiene el ego para reforzarse. Hay muchas personas que siempre están esperando la próxima cosa contra la que reaccionar, por la que sentirse molestos o perturbados … Al reaccionar contra esto o lo otro, afirman y refuerzan su sensación del yo.

Cuando un resentimiento dura mucho, pasa a ser rencor. Un rencor es una fuerte emoción negativa relacionad con un acontecimiento del pasado, a veces lejano, que se mantiene vivo a base de pensamiento compulsivo, por repetir incesantemente en la cabeza o en voz alta la historia de “lo que me hicieron” o “lo que nos hicieron”. Un rencor puede contaminar también otros aspectos de tu vida. Por ejemplo, mientras piensas en tu rencor y lo sientes, su energía emocional negativa puede deformar tu percepción de algo que está ocurriendo en el presente, o influir en tu manera de hablar o comportarte con alguien en el presente. Un rencor fuerte es capaz de contaminar amplias zonas de tu vida y mantenerte en las garras del ego.

No intentes librarte del rencor. Intentar olvidarlo, perdonar, no funciona. El perdón ocurre de manera natural cuando ves que no tiene sentido, aparte de reforzar una falsa sensación del yo, de mantener el ego en su sitio. Ver eso es liberarse.

El pasado no tiene poder para impedirte estar presente ahora. Solo tus rencores del pasado pueden hacer eso. ¿Y qué es un rencor? El peso de viejos pensamientos y emociones.

Tener razón, negar la razón a otros.

Quejarse, encontrar defectos y reaccionar en lugar de actuar son cosas que refuerzan la sensación de separación y diferenciación que tiene el ego, de la que depende su supervivencia. Pero también refuerzan al ego dándole una sensación de superioridad que lo alimenta.

No hay nada que refuerce más al ego que tener razón. Tener razón es identificarse con una postura mental: un punto de vista, una opinión, un juicio, una interpretación. Tener razón nos coloca en una situación de imaginaria superioridad moral respecto a la persona o situación que está siendo juzgada y condenada. Es esa sensación de superioridad lo que busca el ego para reforzarse.

El ego no es personal.

Las pautas egóticas concretas de otros ante las que reaccionas con más fuerza y que confundes con su identidad tienden a ser las mismas pautas que hay en ti, pero eres incapaz de detectarlas en ti mismo, o te niegas a hacerlo. Todo lo que te molesta en otros, aquello contra lo que más reaccionas, está también en ti. Pero no es más que una forma del ego y, como tal, es completamente impersonal.

La guerra es una postura mental.

Reforzamos lo que combatimos, y aquello a lo que nos oponemos persiste.

Hay una profunda interrelación entre tu estado de conciencia y la realidad externa. Cuando estás en las garras de una postura mental como la de la “guerra”, tus percepciones se vuelven sumamente selectivas y distorsionadas. En otras palabras, solo verás lo que quieras ver y luego lo malinterpretarás.

Reconoce el ego como lo que es: una disfunción colectiva, la locura de la mente humana. Cuando lo reconoces como lo que es, dejas de confundirlo con la identidad de alguien. Cuando ves el ego como lo que es, resulta mucho más fácil no reaccionar a él. Ya no te lo tomas como algo personal. No hay quejas, culpas, acusaciones ni descalificaciones. Nadie está equivocado. Solo lo está el ego de alguien. Cuando te das cuenta de que todos sufren la misma enfermedad de la mente, algunos con más gravedad que otros, surge la compasión. Ya no alimentas más el drama que forma parte de todas las relaciones egóticas. ¿Cuál es su alimento? la tendencia a reaccionar en lugar de actuar. El ego se nutre de ella.

¿Quieres paz o drama?

Quieres paz. No hay nadie que no desee paz. Pero hay algo dentro de ti que quiere drama, que quiere conflicto. Quizá no seas capaz de sentirlo en este momento. Quizá tengas que esperar a que una situación o un simple pensamiento provoque una reacción en ti: alguien que te acusa de esto o de aquello, que no reconoce tus méritos, que invade tu territorio, que critica tu manera de hacer las cosas, que discute de dinero… ¿Te das cuenta de cómo se apresura tu mente a defender su posición, a justificar, atacar, culpar? En otras palabras, ¿puedes ser consciente en ese momento de inconsciencia? ¿Puedes sentir que hay en ti algo que está en guerra, algo que se siente amenazado y quiere sobrevivir a toda costa, que necesita el drama para afirmar su identidad de personaje victorioso en esta producción teatral? ¿Sientes que hay en ti algo que prefiere tener razón a estar en paz?

Más allá del ego: la verdadera identidad

Cuando el ego está en guerra, no es más que una ilusión que lucha por persistir. Esa ilusión cree que es tú. Al principio no es fácil estar ahí como la Presencia testigo, pero en cuanto has tenido ocasión de probarlo, el poder de tu Presencia crecerá y el ego aflojará su presa sobre ti. Y así surge en tu vida un poder que es mucho más grande que el ego, más grande que la mente. Lo único que hace falta para liberarse del ego es ser consciente de él, porque la conciencia y el ego son incompatibles. La conciencia es el poder oculto tras el momento presente. Por eso también podemos llamarlo Presencia. El propósito último de toda existencia humana es traer ese poder al mundo.

La conciencia espiritual consiste en ver claramente que lo que percibimos, experimentamos, pensamos o sentimos no es lo que somos, que no podemos encontrarnos a nosotros mismos en todas esas cosas que son pasajeras. Lo que queda es la luz de la conciencia, en la que van y vienen las percepciones, experiencias, pensamientos y sentimientos. Eso es el Ser, ese es el yo auténtico y profundo. Cuando me conozco de ese modo, lo que ocurre en mi vida ya no tiene importancia absoluta, solo relativa. Lo acepto, pero pierde su seriedad absoluta, su peso. En definitiva, lo único que importa es esto: ¿puedo sentir en todo momento mi Ser esencia, el Yo Soy, en el fondo de mi vida? Para ser más precisos, ¿puedo sentir el Yo Soy que soy yo en este momento? ¿Puedo sentir mi identidad esencial como la conciencia misma? ¿O me estoy perdiendo en lo que ocurre, en la mente, en el mundo?

Todas las estructuras son inestables

Sea cual sea la conducta que el ego manifiesta, la fuerza motivadora oculta es siempre la misma: la necesidad de destacar, de ser especial, de tener el control; la necesidad de poder, de atención, de más. Y, por supuesto, la necesidad de sentir una sensación de separación; es decir, la necesidad de oposición, de enemigos.

El ego siempre quiere algo de los demás o de las situaciones. Siempre existe una motivación oculta, siempre existe una sensación de “todavía no es bastante”, de insuficiencia, de carencia que hay que llenar.

La emoción básica que gobierna toda la actividad del ego es el miedo¿Porqué el miedo? Porque el ego surge de la identificación con la forma, y en el fondo sabe que ninguna forma es permanente, que todas son efímeras. Así que siempre hay una sensación de inseguridad alrededor del ego.

El ego necesita sentirse superior.

Los tres estados predominantes de las relaciones egóticas son: el deseo, el deseo frustrado (ira, resentimiento, acusación, quejas) y la indiferencia.

REPRESENTAR PAPELES: LAS MÚLTIPLES CARAS DEL EGO

Por lo general, la gente es completamente inconsciente de los papeles que representa. Ellos son esos papeles. El ego se alimenta de la atención de los otros, que, al fin y al cabo, es una forma de energía psíquica. El ego no sabe que la fuente de toda energía está en el interior, y por eso la busca fuera. Lo que el ego busca no es la atención sin forma que es la Presencia, sino atención en cualquier forma, como reconocimiento, elogio, admiración, o solo ser tenido en cuenta de algún modo, que se reconozca su existencia.

Todo sentido conceptual del yo (verse uno mismo como esto o aquello) es ego, ya sea predominantemente positivo (soy el más grande) o negativo (no sirvo para nada). Detrás de todo concepto positivo de uno mismo está el miedo oculto a no ser lo bastante bueno. Detrás de todo concepto negativo de uno mismo está el deseo oculto de ser el más grande o mejor que otros. Detrás de la sensación de confianza del ego y su continua necesidad de superioridad estás el miedo inconsciente a ser inferior. Y a la inversa, el ego tímido e inadecuado que se siente inferior tiene un fuerte deseo oculto de superioridad. Muchas personas fluctúan entre sentimientos de inferioridad y de superioridad, según las situaciones o las personas con las que entran en contacto. Lo único que necesitas saber y observar en ti mismo es esto: siempre que te sientes superior o inferior a alguien, es el ego que llevas dentro.

Librarse de las autodefiniciones

Cuando renuncias a creer que deberías o necesitas saber quién eres, ¿qué ocurre con la confusión? Desaparece de pronto. Cuando aceptas plenamente que no sabes, entras en un estado de paz y claridad que está más cerca de lo que verdaderamente eres que ningún pensamiento. Definirte por medio del pensamiento es limitarte.

Papeles preestablecidos

Lo que importa de verdad no es qué función desempeñamos en este mundo, sino si nos identificamos en tal medida con nuestra función que esta se apodera de nosotros y se convierte en un papel que representamos. Cuando representamos papeles estamos inconscientes.

El papel de feliz frente a la verdadera felicidad

La causa primera de la infelicidad no es nunca la situación, sino lo que piensas acerca de ella. Sé consciente de los pensamientos que estás pensando. Sepáralos de la situación, que es siempre neutral, que siempre es como es. Aquí está la situación o el hecho, y aquí están mis pensamientos acerca del asunto. En lugar de inventar historias cíñete a los hechos.

Lo que piensas crea las emociones que sientes. Observa la conexión entre tus pensamientos y tus emociones. En lugar de ser esos pensamientos y emociones, sé la conciencia que hay detrás.

La infelicidad anula tu estado natural de bienestar y paz interior, la fuente de la auténtica felicidad.

Paternidad: ¿papel o función?

La conciencia es el mayor agente de cambio.

Las pautas egóticas, hasta las más duraderas, a veces se disuelven casi milagrosamente cuando no te opones a ellas interiormente. La oposición solo les da fuerza renovada. Pero aunque no desaparezcan, tú puedes aceptar el comportamiento de tus hijos con compasión, sin necesidad de reaccionar en contra, es decir, sin personalizarlo.

Mantente alerta. ¿Algunos de los pensamientos que pasan por tu mente son la voz interiorizada de tu padre o de tu madre, que tal vez dice algo parecido a “no eres bastante bueno. Nunca serás nada”, o algún otro juicio o postura mental? Si hay conciencia en ti, serás capaz de reconocer esa voz en tu cabeza como lo que es: un pensamiento antiguo, condicionado por el pasado. Si hay conciencia en ti, ya no necesitas creer en todos los pensamientos que piensas. Es un pensamiento antiguo y nada más. La conciencia significa Presencia, y solo la Presencia puede disolver tu pasado inconsciente.

La relación con tus padres no solo es la relación primordial que marca el tono para todas las relaciones posteriores; es también una buena prueba de tu grado de Presencia. Cuanto más pasado compartido hay en una relación, más presente hay que estar; de lo contrario, te verás obligado a revivir el pasado una y otra vez.

Sufrimiento consciente

Tus hijos vienen a este mundo a través de ti, pero no son “tuyos”.

Lo que para ti es un error puede ser lo que necesitan hacer o experimentar tus hijos.

El sufrimiento nos hace ahondar en nuestro ser. La paradoja es que el sufrimiento está causado por la identificación con la forma, pero erosiona la identificación con la forma. En gran parte está causado por el ego, aunque a la larga el sufrimiento destruye el ego… pero no hasta que suframos conscientemente.

El sufrimiento tiene un doble propósito: la evolución de la conciencia y la disolución del ego. Si te resistes al sufrimiento, el proceso es lento, porque la resistencia crea más ego que hay que disolver. Pero cuando aceptas el sufrimiento, hay una aceleración del proceso, provocada por el hecho de que sufres conscientemente. Puedes aceptar el sufrimiento para ti mismo o para otros, como tu hijo o tus padres. En medio del sufrimiento consciente está ya la transmutación. El fuego del sufrimiento se convierte en la luz de la conciencia.

Necesitas decir sí la sufrimiento para poder transcenderlo.

Paternidad consciente

¿Cómo introduces el Ser en la vida de una familia atareada, en tu relación con tu hijo? La clave está en darle a tención al hijo. Hay dos clases de atención: A la primera podríamos llamarla atención basada en la forma. La otra es la atención si forma. La atención basada en la forma es necesaria y tiene su importancia, pero si eso es todo lo que hay en tu relación con tu hijo, faltará la dimensión más importante y el Ser quedará completamente eclipsado por el hacer.

La atención sin forma es inseparable de la dimensión del Ser. ¿Cómo funciona?: Cuando mires, escuches, toques o ayudes a tu hijo en esto o aquello, debes estar alerta, inmóvil, completamente presente, sin desear nada más que ese momento, tal como es. De esta manera, dejas sitio al Ser. En ese momento si tú estás presente, no eres un padre o una madre. Eres la vigilancia, la quietud, la Presencia que está escuchando, mirando, tocando, incluso hablando. Eres el Ser que hay detrás del hacer.

Reconocer a tu hijo

Ser dueño de tu vida no es una cuestión de control, sino de encontrar un equilibrio entre lo humano y el Ser. Lo humano solo nunca es bastante. Lo humano es forma. El Ser no tiene forma. Lo humano y el ser no están separados sino entrelazados.

Solo somos iguales en el Ser, más allá de la forma, y solo cuando encontramos en nosotros mismos la dimensión sin forma podrá haber verdadero amor en esa relación. La Presencia que somos, el Yo Soy intemporal, se reconoce en otro, y el otro -el hijo en este caso- se siente amado, es decir, reconocido.

Amar es reconocernos en otro. El ansia de amor que hay en todo niño es el ansia de ser reconocido, no en el nivel de la forma, sino en el nivel del Ser. Si los padres solo aceptan la dimensión humana del hijo pero descuidan el Ser, el hijo sentirá que la relación no es completa, que falta algo absolutamente vital y habrá una acumulación de dolor en el hijo, y a veces resentimiento inconsciente hacia los padres.

Cuando otro nos reconoce, ese reconocimiento hace que la dimensión del Ser entre más en este mundo, a través de nosotros dos. Ese es el amor que redime al mundo.

Se ha dicho que “Dios es amor”, pero eso no es absolutamente correcto. Dios es la Vida Única en todas las incontables formas de vida y más allá de ellas. El amor implica dualidad: amante y amado, sujeto y objeto. Así pues, el amor es el reconocimiento de la unidad en el mundo de la dualidad. Esto es el nacimiento de Dios en el mundo de la forma.

Dejar de representar papeles

Hacer lo que se requiere de ti en cualquier situación, sin que ello se convierta en un papel con el que te identifiques, es una lección imprescindible en el arte de vivir, y todos estamos aquí para aprenderla. Todo papel es un sentido ficticio del yo, y a través de él todo se vuelve personalizado y, por lo tanto, corrupto y desfigurado por el “pequeño yo” creado por la mente y el papel que esté representando en ese momento.

Cuando no representas papeles, eso significa que no hay ego en lo que haces. Estás totalmente centrado en la situación. Te haces uno con ella. En cuando intentas ser esto o aquello, estás representando un papel.

Renuncia a definirte, y a definir a los demás. No morirás. Y no te preocupes por cómo te definen otros. Cuando te definen, se están limitando, de modo que ese es su problemas. Cuando interactúes con otras personas, no estés ahí primariamente como una función o un papel, sino como un campo de Presencia consciente.

En la forma, eres y siempre serás inferior a algunos, superior a otros. En esencia, no eres inferior ni superior a nadie. La verdadera autoestima y la verdadera humildad surgen de esa comprensión. A los ojos del ego, la autoestima y la humildad son contradictorias. En realidad, son la misma cosa.

El ego patológico

Una persona en las garras del ego no reconoce el sufrimiento como sufrimiento sino que lo considera la única respuesta apropiada en cualquier situación. La infelicidad es una enfermedad mental y emocional creada por el ego, que ha alcanzado proporciones epidémicas. Los estados negativos, como la ira, la ansiedad, el odio, el resentimiento, el descontento, la envidia, los celos, etc., no se reconocen como negativos, sino que se consideran totalmente justificados, y además no se perciben como creados por uno mismo, sino que se creen causados por algún otro o por algún factor externo. “Te hago responsable de mi dolor”. Esto es lo que implica la actuación del ego.

El ego es incapaz de distinguir entre una situación y su interpretación de esa situación y su reacción a ella. “Nada es bueno ni malo, es el pensamiento el que lo hace así” (Shakespeare).

Cuando estás en un estado negativo, hay algo en ti que quiere la negatividad, que la percibe como un placer o que cree que te proporcionara lo que deseas. Así pues, cada vez que hay negatividad en ti, si puedes ser consciente en ese momento de que hay algo en ti que encuentra placer en ello o que cree que tiene un propósito útil, te estás haciendo consciente directamente del ego. En el momento en que esto ocurre, tu identidad ha pasado del ego a la conciencia. Esto significa que el ego se está encogiendo y la conciencia creciendo.

Si en medio de la negatividad eres capaz de darte cuenta de que en ese momento te estás  creando sufrimiento, con eso bastará para elevarte por encima de las limitaciones de los estados y reacciones condicionadas del ego. Eso te abrirá infinitas posibilidades que vendrán a ti cuando haya conciencia: otras maneras muchísimo más inteligentes de abordar cualquier situación. La negatividad no es inteligente, siempre procede del ego. El ego puede ser astuto, pero no es inteligente. La astucia persigue sus propios objetivos. La inteligencia ve el gran todo en el que todas las cosas están conectadas. La astucia está motivada por el interés propio, y es sumamente corta de vista.

La infelicidad de fondo

El ego crea separación y la separación genera sufrimiento. Por lo tanto el ego es claramente patológico. Aparte de las formas de negatividad más obvias, como la ira, el odio y demás, hay otras más sutiles, que son tan comunes que no se suelen reconocer como tales; por ejemplo, la impaciencia, la irritación, el nerviosismo y el hartazgo. Constituyen la infelicidad de fondo que es el estado interior predominante en muchas personas. Por debajo de ese sentimiento hay ciertas creencias inconscientes, es decir, pensamientos. Piensas esos pensamientos de la misma manera en que sueñas tus sueños cuando estás dormido. En otras palabras, no sabes que estás pensando esos pensamientos, como el soñador no sabe que está soñando.

He aquí alguno de esos pensamiento inconscientes más comunes que alimentan esa sensación de descontento o resentimiento de fondo.

Es necesario que ocurra algo en mi vida para poder estar en paz (ser feliz, realizarme, etc.). Y estoy resentido porque todavía no ha ocurrido. Puede que mi resentimiento haga que ocurra por fin.

Algo ocurrió en el pasado que no debería haber ocurrido, y estoy resentido por ello. Si no hubiera ocurrido aquello, ahora estaría en paz.

Algo está ocurriendo ahora que no debería ocurrir, y que me impide estar en paz ahora.

Muchas veces las creencias inconscientes se dirigen hacia una persona, y entonces “ocurrir” se transforma en “hacer”:

Debería hacer esto o aquello para que yo pueda estar en paz. Y estoy resentido porque aún no lo has hecho. Tal vez mi resentimiento te obligue a hacerlo.

Algo que tú (o yo) hiciste, dijiste o dejaste de hacer en el pasado me está impidiendo estar en paz ahora.

Lo que estás haciendo o dejando de hacer ahora mi impide estar en paz.

El secreto de la felicidad

Todo lo anterior son suposiciones, pensamientos que se confunden con la realidad. Son historias que el ego inventa para convencerte de que no puedes estar en paz ahora o de que no puedes ser plenamente tú. Estar en paz y ser quien eres, es decir, ser tú mismo, son la misma cosa.

¿Cómo estar en paz ahora? Haciendo las paces con el momento presente. El momento presente es el campo en el que se juega el partido de la vida. No puede ocurrir en ningún otro sitio. El secreto del arte de vivir, el secreto de todo éxito y felicidad es ser uno con la vida. Ser uno con la vida es ser uno con el Ahora. Entonces advertimos que no somos nosotros quienes vivimos nuestra vida, sino que la vida nos vive a nosotros. La vida es el bailarín, nosotros somos el baile.

Al ego le gusta el resentimiento con la realidad. ¿Qué es la realidad? Lo que es, el ser así. La oposición a ese ser así es una de las principales características del ego. Ella crea la negatividad de la que se alimenta el ego, la infelicidad que tanto le gusta. De este modo sufres y haces sufrir a otros, y ni siquiera sabes que lo estás haciendo, no sabes que estás creando el infierno en la tierra. Crear sufrimiento sin darse cuenta: esa es la esencia de la vida inconsciente, eso es estar totalmente en las garras del ego.

Pregúntate: “¿hay negatividad en mí en este momento?”. Y después ponte alerta, atento a tus pensamientos y a tus emociones. Procura localizar la infelicidad de fondo en cualquiera de las formas que he mencionado antes, como descontento, nerviosismo, hartazgo y demás. Estate atento a los pensamientos que parecen justificar o explicar esta infelicidad, pero que en realidad son los que la causan.

Librarse del ego no es un trabajo tremendo, sino algo muy fácil. Lo único que tienes que hacer es ser consciente de tus pensamientos y emociones… mientras van ocurriendo. Esto no es realmente “hacer”, sino estar alerta y “ver”. Cuando se produce el paso del pensamiento a la conciencia, empieza a actuar una inteligencia mucho más grande que la astucia del ego. Por medio de la conciencia se despersonalizan las emociones y hasta los pensamientos. Se reconoce su naturaleza impersonal. Ya no hay un “yo” en ellos. Son solo emociones humanas, pensamientos humanos. Toda tu historia personal no es más que un cuento, un conjunto de pensamientos y emociones. Tú eres la Luz de la Presencia, la conciencia que existe antes que todos los pensamientos y emociones, y que es más profunda.

Prueba incontrovertible de la inmortalidad

Las palabras y conceptos dividen la vida en segmentos separados que no tienen realidad por sí mismos. Incluso podríamos decir que el concepto de “mi vida” es la ilusión original de separación, la fuente del ego.

No existe eso de “mi vida”, y yo no tengo una vida. Yo soy vida. Yo y la vida somos uno. No puede ser de otro modo. ¿Cómo voy a poder perder mi vida? ¿Cómo puedo perder algo que, para empezar, no tengo? ¿Cómo puedo perder algo que soy? Es imposible.

EL CUERPO-DOLOR

Tú no piensas: pensar es una cosa que te ocurre.

La voz de dentro de la cabeza tiene vida propia.

El nacimiento de la emoción

Además del flujo de pensamientos, aunque no totalmente separada de él, el ego tiene otra dimensión: las emociones. No quiero decir que todos los pensamientos y todas las emociones pertenezcan al ego. Solo se convierten en ego cuando te identificas con ellos y se apoderan por completo de ti; es decir, cuando se convierten en “yo”.

La emoción es la reacción del cuerpo a la mente.

La diferencia fundamental entre una respuesta instintiva y una emocional es esta: una respuesta instintiva es la respuesta directa del cuerpo a alguna situación exterior. En cambio, una emoción es la respuesta del cuerpo a un pensamiento.

El cuerpo no puede distinguir la diferencia entre una situación real y un pensamiento. Reacciona a todo pensamiento como si fuera una realidad.

Las emociones y el ego

El ego no es solo la mente no observada, la voz que hay dentro de la cabeza, sino también las emociones no observadas que son la reacción del cuerpo a lo que dice esa voz de la cabeza.

La voz de la cabeza cuenta una historia que el cuerpo cree y a la que reacciona. Estas reacciones son las emociones. Las emociones, a su vez, devuelven energía a los pensamientos que crearon la emoción en un primer momento. Este es el círculo vicioso entre los pensamientos y las emociones no examinados, que da lugar al pensamiento emocional y a la fabulación emocional.

El componente emotivo del ego varía de una persona a otra. En algunos egos es más grande que en otros. En ocasiones, los pensamientos que desencadenan respuestas emocionales en el cuerpo llegan con tal rapidez, que, antes de que la mente haya tenido tiempo para vocalizarlos, el cuerpo ya ha respondido con una emoción, y la emoción se ha convertido en una reacción. Estos pensamientos existen en estado preverbal y se podrían considerar suposiciones no formuladas, inconscientes. Tienen su origen en el condicionamiento pasado de una persona, generalmente en la primera infancia: “no se puede fiar uno de la gente. Nadie me respeta ni me aprecia. Tengo que luchar por sobrevivir. Nunca se tiene suficiente dinero. La vida siempre te deja tirado. No merezco el bienestar económico. No merezco amor”. Las suposiciones inconscientes crean emociones en el cuerpo, que a su vez generan actividad mental o reacciones instantáneas. De este modo, crean tu realidad personal.

La voz del ego altera constantemente el estado natural de bienestar del cuerpo. Casi todo cuerpo humano está sometido a una gran cantidad de presión y estrés, no porque esté amenazado por algún factor externo, sino por la acción interior de la mente. El cuerpo tiene un ego incorporado a él y no puede sino responder a todas las pautas de pensamiento disfuncionales que constituyen el ego. Y así, una corriente de emoción negativa acompaña a la corriente de pensamiento incesante y compulsivo.

Individual y colectivo

Una emoción negativa que no se afronta plenamente para verla como lo que es en el momento en que surge, no se disuelve por completo. Deja atrás un residuo de dolor. Estos residuos se van juntando y forman un campo de energía que vive en las células de tu cuerpo. No solo están ahí los dolores de la infancia sino también otras emociones dolorosas que se añadieron en la adolescencia y durante la vida adulta, muchas de ellas creadas por la voz del ego. Ese es el dolor emocional que te acompaña ineludiblemente cuando la base de tu vida es un falso sentido del yo.

Este campo de energía de emociones viejas pero aún muy vivas, presente en casi todo ser humano, es el cuerpo-dolor.

Todo recién nacido que llega a este mundo carga ya con un cuerpo-dolor emocional (cuerpo emocional colectivo, que es el cuerpo-dolor padecido por incontables seres humanos a lo largo de la historia de la humanidad).

Cómo se renueva el cuerpo-dolor

El cuerpo-dolor es una forma de energía semiautónoma que vive en el interior de casi todos los seres humanos, una entidad formadas por emociones. Tiene su propia inteligencia primitiva que está aplicada principalmente a la supervivencia. Necesita alimentarse periódicamente -absorber nueva energía- y el alimento que necesita para nutrirse consiste en energía que sea compatible con la suya, es decir, energía que vibre en una frecuencia similar. Toda experiencia emocionalmente dolorosa puede ser utilizada como alimento por el cuerpo-dolor. Por eso prospera con los pensamientos negativos y los dramas en las relaciones. El cuerpo-dolor es una adicción a la infelicidad.

Necesitas más conciencia para verlo en ti mismo (el cuerpo-dolor) que para reconocerlo en otra persona. Cuando la infelicidad se ha apoderado de ti, no solo no quieres que termine, sino que quieres hacer a los demás tan desdichados como tú, con el fin de alimentarte de sus reacciones emocionales negativas.

Cómo se alimenta de los pensamientos el cuerpo-dolor

El cuerpo-dolor despierta de su latencia cuando tiene hambre, cuando tiene necesidad de alimentarse. Pero también puede activarse en cualquier momento por algo que suceda. Si vives solo o no tienes a nadie cerca en ese momento, el cuerpo-dolor se alimentará de tus pensamientos. De pronto, tus pensamientos se vuelven muy negativos. Lo más probable es que ni te dieras cuenta de que, justo antes del flujo de pensamientos negativos, una oleada de emoción invadió tu mente: una sensación de profundo malhumor, de ansiedad o de rabia furiosa. Todo pensamiento es energía, y ahora el cuerpo-dolor se está alimentando de la energía de tus pensamientos. Un pensamiento alegre, positivo, es indigerible por el cuerpo-dolor. Este no se puede alimentar más que de pensamientos negativos, porque solo estos pensamientos son compatibles con su propio campo de energía.

Todas las cosas son campos de energía vibrantes, en incesante movimiento. Lo que percibimos como materia física es energía que vibra (se mueve) en una gama particular de frecuencias. Los pensamientos consisten en la misma energía, que vibra a una frecuencia más alta que la materia, y por eso no se pueden ver ni tocar. Los pensamientos tienen su propia gama de frecuencias, con los pensamientos negativos en el extremo inferior de la escala y los pensamientos positivos en lo más alto. La frecuencia vibratoria del cuerpo-dolor sintoniza con la de los pensamientos negativos, y por eso solo estos pensamientos pueden alimentar al cuerpo-dolor.

En el caso del cuerpo-dolor, la pauta habitual de pensamiento que crea emoción se invierte, al menos al principio. La emoción del cuerpo-dolor toma rápidamente el control de tu pensamiento, y cuando tu mente ha sido dominada por el cuerpo-dolor, tus pensamientos se vuelven negativos. La voz de tu cabeza te contará cuentos tristes, angustiosos o indignantes sobre ti o sobre tu vida, sobre otras personas, sobre el pasado, el futuro o acontecimientos imaginarios. La voz culpará, acusará, se quejará, inventará. Y tú estás completamente identificado con todo lo que dice la voz, te crees todos sus pensamientos retorcidos. En este punto, la adicción a la infelicidad se ha consolidado.

Para el cuerpo-dolor, el sufrimiento es placer.

Cómo se alimenta del drama el cuerpo-dolor

Al cuerpo-dolor le encantan las relaciones íntimas y las familias, porque ahí es donde obtiene la mayor parte de su alimento. Es difícil resistirse al cuerpo-dolor de otra persona cuando está empeñado en provocar en ti una reacción. Conoce de manera instintiva tus puntos más débiles y vulnerables. Si no lo consigue a la primera, lo intentará una y otra vez. Es pura emoción en busca de más emoción. El cuerpo-dolor de la otra persona quiere despertar al tuyo para que los dos cuerpos-dolor se transmitan energía mutuamente.

(Cuando alguien habla estando poseído por el cuerpo-dolor) Todo lo que dice es la versión de la realidad según el cuerpo-dolor, una realidad completamente desfigurada por el miedo, la hostilidad, la ira y el deseo de infligir y recibir más dolor.

Cuerpos-dolor densos

Algunas personas cargan con cuerpos-dolor que nunca están del todo latentes. Sus cuerpos-dolor nunca tienen bastante, siempre están hambrientos. Magnifican la necesidad de enemigos que tiene el ego.

Por efecto de su propensión a reaccionar en lugar de actuar, cuestiones relativamente insignificantes crecen fuera de toda proporción, mientras ellos intentan arrastrar a otras personas a su drama, obligándoles a reaccionar. Para ellos, la infelicidad e incluso el dolor mismo están ahí fuera, en el suceso o la situación. Al ser inconscientes de su estado interior, ni siquiera saben que son profundamente desdichados, que están sufriendo.

Las mujeres están menos identificadas con la mente que los hombres. Están más en contacto con el cuerpo interior y la inteligencia del organismo, donde se originan las facultades intuitivas. La forma femenina está menos rígidamente encerrada que la masculina, es más abierta y más sensible a otras formas de vida, y está más sintonizada con el mundo natural.

CÓMO LIBERARSE

Tu Presencia consciente es lo que pone fin a la identificación con el cuerpo-dolor. Cuando dejas de identificarte con él, el cuerpo-dolor ya no puede controlar tu pensamiento, y por lo tanto tampoco puede renovarse alimentándose de él. Los pensamientos dejan de estar nublados por la emoción. Tus percepciones presentes ya no están distorsionadas por el pasado. Entonces, la energía que estaba atrapada en el cuerpo-dolor cambia de frecuencia vibratoria y se transmuta en Presencia. De este modo, el cuerpo-dolor se convierte en combustible para la conciencia.

El cuerpo-dolor busca inconscientemente más dolor.

La emoción en sí misma no es infelicidad. Solo es infelicidad la emoción mas una historia desdichada.

Infelicidad

No toda la infelicidad es obra del cuerpo-dolor. Una parte es infelicidad nueva, creada cuando no estás en sintonía con el momento presente, cuando se niega el Ahora de una manera u otra.

La infelicidad del cuerpo-dolor es siempre claramente desproporcionada respecto a la causa aparente, es una reacción desproporcionada. Una persona con un cuerpo-dolor fuerte encuentra con facilidad razones para estar molesta, irritada, dolida, triste o temerosa.

El cuerpo-dolor y el ego son parientes cercanos. Se necesitan el uno al otro. El suceso o situación desencadenante se interpreta, y se reacciona a ello, a través de la pantalla de un ego altamente emocional. Es decir, se distorsiona por completo su importancia, lo que ves y experimentas no está en el suceso o la situación, sino en ti.

Desencadenantes

Cuando reconoces tu cuerpo-dolor al verlo surgir, aprendes con rapidez cuáles son los desencadenantes más comunes que lo activan, ya sean situaciones o ciertas cosas que la gente hace o dice. Cuando se presentan estos desencadenantes, los ves inmediatamente como lo que son, y entras en un estado de alerta intensificado. Al cabo de uno o dos segundos, notas también la reacción emocional que es el cuerpo-dolor empezando a manifestarse. Pero, en este estado de Presencia alerta, no te identificarás con él, lo que significa que el cuerpo-dolor no puede apoderarse de ti y convertirse en la voz de tu cabeza.

Cada vez que estás presente cuando se manifiesta el cuerpo-dolor, parte de la energía emocional negativa del cuerpo-dolor se consume, como si dijéramos, y se transmuta en Presencia. El resto del cuerpo-dolor se retira rápidamente a esperar una oportunidad mejor para manifestarse de nuevo; es decir, cuando estés menos consciente. La más mínima emoción negativa, como estar irritado o ansioso, puede servir también de puerta por la que vuelve el cuerpo-dolor. El cuerpo-dolor necesita tu inconsciencia. No puede soportar la luz de la Presencia.

El cuerpo-dolor como despertador

El cuerpo-dolor tiende a hacerte inconsciente en el sentido espiritual, lo que significa la identificación total con la mente y las emociones. Te hace reaccionar en lugar de actuar, te hace decir y hacer cosas que están ideadas para aumentar la infelicidad en ti y en el mundo.

Cuando eres poseído por el cuerpo-dolor, cuando no lo reconoces como lo que es, se convierte en parte de tu ego. Todo aquello con lo que te identificas se convierte en ego.

Cada vez son más las personas que deciden salirse de la identificación con el pensamiento y las emociones para entrar en el estado de Presencia. Renuncian a la resistencia, se quedan inmóviles y alerta y son uno con lo que es, dentro y fuera.

Cómo liberarse del cuerpo-dolor

No es el cuerpo-dolor, sino la identificación con él, lo que causa el sufrimiento que te infliges a ti mismo y a otros.

Cuando sientas el cuerpo-dolor, no caigas en el error de pensar que hay algo que falla en ti. Al ego le encanta que nos convirtamos en un problema. El conocimiento tiene que ir seguido por la aceptación. Aceptar significa que te permites sentir lo que estás sintiendo en ese momento. Forma parte de la esencia del Ahora. Al aceptarlo, te conviertes en lo que eres: vasto, espacioso. Te haces completo.

DESCUBRIR QUIÉN ES UNO EN REALIDAD

Conocerte a ti mismo es estar enraizado en el Ser, en lugar de perdido en tu mente.

Quien te crees que eres

Tu sentido de quién eres determina lo que percibes como tus necesidades y lo que te importa en la vida; y todo lo que te importa tendrá el poder de trastornarte y perturbarte. Lo que te importa no es necesariamente lo que dices o crees, sino lo que tus actos y reacciones revelan como importante y serio para ti. Así que puedes plantearte esta pregunta: ¿cuáles son las cosas que me molestan y trastornan? Si cosas pequeñas tienen el poder de trastornarte, entonces quien piensas que eres es exactamente así: pequeño.

Si lo que quisieras de verdad fuera paz, entonces elegirías la paz. Si la paz te importara más que cualquier otra cosa y si de verdad supieras que eres espíritu y no un pequeño yo, te mantendrías sin reaccionar y absolutamente alerta cuando te enfrentas con personas o situaciones adversas. Aceptarías inmediatamente la situación y así te harías uno con ella en lugar de separarte de ella. Entonces, de tu estado de alerta saldría una respuesta. Respondería quien tú eres (conciencia), no quien crees que eres (un yo pequeño). Sería poderoso y efectivo, y no convertiría en enemigo a ninguna persona o situación.

Cuanto más limitada, cuanto más estrechamente egótica sea tu visión de ti mismo, más verás, te centrarás y reaccionarás a las limitaciones egóticas de los otros, en su inconsciencia. Sus “defectos”, o lo que tú percibes como sus defectos, se convierten para ti en su identidad. Esto significa que solo verás en ellos su ego, y así reforzarás tu propio ego. En lugar de ver “más allá” del ego de los otros, estás mirando su ego. ¿Quién está mirando su ego? El ego que hay en ti.

Cuando te das cuenta de que lo que te hace reaccionar en otros está también dentro de ti (y a veces solo en ti), empiezas a hacerte consciente de tu ego. En esta fase, puede que también te des cuenta que les estás haciendo a otros lo que pensabas que otros te estaban haciendo a ti. Dejas de verte como una víctima.

Abundancia

Reconocer lo bueno que hay ya en tu vida es la base de toda abundancia.

No puedes recibir lo que no das. Lo que fluye hacia fuera determina lo que fluye hacia dentro. Tienes ya todo lo que piensas que el mundo te está negando, pero si no lo dejas fluir hacia fuera, ni siquiera sabrás que lo tienes. Esto incluye la abundancia.

La fuente de toda abundancia no está fuera de ti. Forma parte de quien eres. No obstante, empieza por reconocer y apreciar la abundancia de fuera, observa la plenitud de la vida a tu alrededor. El calor del sol en tu piel, el despliegue de magníficas flores a la puerta de una floristería, morder una fruta suculenta o dejarse empapar por la abundancia de agua que cae del cielo. La plenitud de la vida está ahí, a cada paso. Reconocer esa abundancia que te rodea despierta la abundancia latente en tu interior. Deja entonces que fluya hacia fuera. Cuando sonríes a un desconocido, hay ya un minúsculo flujo de energía hacia fuera. Te conviertes en dador. Pregúntate con frecuencia: “¿Qué puedo dar aquí?, ¿cómo puedo ser útil a esta persona, a esta situación?”… La abundancia solo les llega a los que ya la tienen… Tanto la abundancia como la escasez son estados interiores que se manifiestan como la realidad.

Caos y orden superior

Tras la sucesión aparentemente azarosa e incluso caótica de acontecimientos en nuestra vida y en el mundo, se esconde el despliegue de un orden y un propósito superiores.

Bueno y malo

El pensamiento aísla una situación o un suceso y lo llama bueno o malo, como si tuviera una existencia separada. A fuerza de fiarse en exceso del pensamiento, la realidad queda fragmentada. Esta fragmentación es una ilusión, pero parece muy real cuando uno está atrapado en ella. Y, sin embargo, el Universo es un todo indivisible en el que todas las cosas están interconectadas, en el que nada existe aislado.

Niégate a juzgar lo que ocurre. En lugar de juzgar lo que es, lo aceptas, y de este modo entras en sintonía consciente con el orden superior… No hay acontecimientos casuales, no hay sucesos ni cosas que existan por y para sí mismos, aislados.

No importa lo que pase

Estar en sintonía con lo que es significa estar en una relación de no resistencia interior a lo que ocurre. Significa no etiquetarlo mentalmente como bueno o malo, sino dejarlo ser.

¿Ah, sí?

Permite que la forma del momento, buena o mala, sea como sea, y de ese modo no te conviertes en un participante en el drama humano. Sólo existe el momento presente, y el momento presente es como es. Los sucesos no están personalizados, no eres víctima de nadie. Estás en comunión tan completa con lo que ocurre, que lo que ocurre ya no tiene ningún poder sobre ti. Pero si te resistes a lo que ocurre, estás a merced de lo que ocurre, y el mundo determinará tu felicidad e infelicidad.

El ego y el momento presente

La relación más importante de tu vida, la relación primordial, es tu relación con el Ahora, o más bien con la forma que adopta el ahora, es decir, lo que es o lo que ocurre. Si tu relación con el Ahora es disfuncional, esa disfunción se reflejará en todas las relaciones y en todas las situaciones que te encuentres. Se podría definir el ego simplemente así: una relación disfuncional con el momento presente.

¿Quiero que el momento presente sea amigo o enemigo? El momento presente es inseparable de la vida, así que en realidad estás decidiendo qué clase de relación quieres tener con la vida. Una vez que has decidido que quieres que el momento presente sea tu amigo, te toca a ti hacer el primer movimiento: mostrarte amistoso con él, darle la bienvenida sin importar el disfraz que adopte y pronto verás los resultados. Pero esta decisión tienes que tomarla una y otra vez… hasta que llega a resultarte natural vivir así.

La decisión de hacer que el momento presente sea tu amigo representa el final del ego.

El ego puede tratar el momento presente de tres manera: como medio para lograr un fin, como un obstáculo o como un enemigo.

Una pregunta vital que debes preguntarte frecuentemente es: ¿cuál es mi relación con el momento presente? Entonces tienes que ponerte alerta para encontrar la respuesta. ¿Estoy tratando el Ahora como un simple medio para lograr un fin? ¿Lo veo como un obstáculo? ¿Lo estoy convirtiendo en un enemigo?. O mejor dicho: ¿cuál es mi relación con la Vida?, pregúntatelo a menudo hasta que ya no lo necesites.

La paradoja del tiempo

Siempre hay solo este momento. La vida es siempre Ahora. Entonces, ¿por qué parece que hay muchos momentos? Porque se confunde el momento presente con lo que ocurre, se confunde con el contenido. El espacio del Ahora se confunde con lo que ocurre en ese espacio. La confusión del momento presente con su contenido no solo da lugar a la ilusión del tiempo, sino también a la ilusión del ego.

Eliminar el tiempo

Hay que eliminar el tiempo. Eliminar el tiempo de la conciencia es eliminar el ego. Es la única práctica espiritual auténtica.

De lo que estamos hablando es de la eliminación del tiempo psicológico, que es la interminable preocupación de la mente egótica por el pasado y el futuro, y su resistencia a ser uno con la vida viviendo en sintonía con la inevitable presencia del momento presente.

Cuando el habitual “no a la vida” se convierte en un sí, cuando permites que este momento sea como es, disuelves el tiempo y también el ego.

Todo lo que es o sucede es la forma que adopta el Ahora. Mientras te resistas a ello en tu interior, la forma –es decir, el mundo- es una barrera impenetrable que te separa de lo que eres más allá de la forma, que te separa de la Vida única y sin forma que eres. Cuando le dices un sí interior a la forma que adopta el Ahora, esa misma forma se convierte en una puerta a lo sin forma. La separación entre Dios y el mundo desaparece.

Cuando reaccionas a la forma que adopta el Ahora en este momento, cuando tratas al Ahora como un medio, un obstáculo o un enemigo, refuerzas tu propia identidad-forma, el ego. De ahí la propensión del ego a reaccionar. Cuanto más propenso a reaccionar seas, más enredado quedarás en las formas. Cuanto más te identifiques con la forma, más se fortalece el ego. Entonces tu Ser ya no brilla a través de la forma o brilla muy poco.

Mediante la no resistencia a la forma, lo que hay en ti más allá de la forma emerge como una Presencia que todo lo abarca, un poder silencioso mucho mayor que tu efímera identidad-forma, la persona.

El soñador y el sueño

La no resistencia es la clave del máximo poder del universo. Por medio de ella, la conciencia (el espíritu) se libera de su encierro en la forma. La no resistencia interior a la forma –todo lo que es u ocurre- equivale a negar la realidad absoluta de la forma. La resistencia hace que el mundo y las cosas del mundo parezcan más reales, más sólidos y más duraderos de lo que son, incluyendo tu propia identidad-forma, el ego.

Está el sueño y está el soñador del sueño. El sueño es un juego de formas que dura poco. Es el mundo: relativamente real pero no absolutamente real. Y por otro lado está el soñador, la realidad absoluta en la que las formas van y vienen. El soñador no es la persona, pues forma parte del sueño. El soñador es el sustrato en el que aparece el sueño, lo que hace posible el sueño. Es lo absoluto que hay detrás de lo relativo, lo intemporal que hay detrás del tiempo, la conciencia en la forma y tras la forma. El soñador es la conciencia misma: lo que eres.

Nuestro propósito ahora es despertar dentro del sueño. Cuando estás despierto dentro del sueño, el drama terrenal creado por el ego llega a su fin y surge un sueño más benigno y maravilloso. Esto es el nuevo mundo.

Más allá de los límites

Estás presente cuando lo que haces no es primordialmente un medio para lograr un fin (dinero, prestigio, éxito) sino algo satisfactorio por sí mismo, cuando hay alegría y vida en lo que haces. Y, por supuesto, no puedes estar presente a menos que hagas amistad con el momento presente. Esa es la base de la acción eficaz, no contaminada por la negatividad.

La forma implica limitación y pueden pasar dos cosas: o te dejas atrapar por esas limitaciones en una reacción del ego, lo que significa un intenso sufrimiento, o te elevas por encima de ellas interiormente, rindiéndote sin condiciones a lo que es. El estado de rendición de la conciencia abre la dimensión vertical de tu vida, la dimensión de la profundidad. Entonces, de esa dimensión saldrá algo a este mundo, algo de infinito valor que de otro modo habría permanecido sin manifestarse.

El gozo de Ser

La infelicidad o negatividad es una enfermedad en nuestro planeta.

La gente cree que su felicidad depende de lo que ocurra, es decir, depende de la forma. No se dan cuenta de que lo que ocurre es lo más inestable del universo. Cambia constantemente. Miran el momento presente como si estuviera estropeado por algo que ha ocurrido y no debería haber ocurrido, o como si le faltara algo que debería haber ocurrido y no ocurrió. Y así se pierden la perfección profunda que es inherente a la vida misma, una perfección que siempre está ahí, que se encuentra más allá de lo que ocurre o deja de ocurrir, más allá de la forma.

El gozo de vivir, que es la única felicidad auténtica, no puede llegarte a través de ninguna forma, posesión, logro, persona o suceso; de nada que suceda. Ese gozo no puede llegarte nunca. Emana de la dimensión sin forma que hay dentro de ti, de la conciencia misma, y es una misma cosa con lo que tú eres.

Dejar que disminuya el ego

El ego está siempre en guardia contra cualquier cosa que perciba que pueda disminuirlo… Que la otra persona tenga o no razón es irrelevante para el ego…. Uno de los mecanismos de reparación del ego más comunes es la ira, que provoca un hinchamiento del ego poco duradero pero enorme.

Una práctica espiritual muy potente consiste en permitir la disminución del ego cuando se produce, sin intentar restaurarlo. Por ejemplo, cuando alguien te critica, te echa la culpa de algo o te insulta, en lugar de contraatacar inmediatamente o defenderte, no hagas nada. Deja que la imagen del yo se mantenga disminuida y ponte alerta a lo que ocurre dentro de ti. Puede que te sientas incómodo, como si hubieras encogido. Después puede que sientas un espacio interior que está intensamente vivo. No has quedado disminuido en absoluto. En realidad, te has expandido. Y entonces puede que tengas una asombrosa revelación. Cuando estás aparentemente disminuido en algún aspecto y te mantienes si reaccionar en absoluto, no solo hacia fuera sino también interiormente, te das cuenta de que no ha disminuido nada real, que al hacerte “menos” te haces más. Al hacerte menos (según la percepción del ego), en realidad experimentas una expansión y dejas sitio para que surja el Ser.

Esto no significa, por supuesto, que vayas pidiendo que te insulten o te conviertas en una víctima de gente inconsciente. A veces, una situación puede exigir que le digas a alguien que te deje en paz en términos inequívocos. Sin posturas defensivas del ego, habrá poder tras tus palabras, pero no fuerza de reacción. Si es necesario, también puedes decirle que no a alguien, firme y claramente, y será lo que yo llamo “un no de alta calidad”, libre de toda negatividad.

Otro aspecto de esta práctica consiste en abstenerte de intentar reforzar el ego exhibiéndote, queriendo destacar, ser especial, causar impresión o exigir atención. En ocasiones, esto puede implicar abstenerte de expresar tu opinión cuando todo el mundo expresa la suya, y ver qué se siente.

Lo de fuera es como lo de dentro

La esencia del espacio es la nada… ¡A través de ti, el universo se hace consciente de sí mismo! … Dios es consciencia sin forma y la esencia de lo que eres. Todo lo demás es forma.

La realidad dual del universo, que consta de objetos y espacio –cosas y vacío-, es también la tuya. Una vida humana sana, equilibrada y fructífera es una danza entre las dos dimensiones que constituyen la realidad: la forma y el espacio. La mayoría de la gente está tan identificada con la dimensión de la forma, con las percepciones de los sentidos, los pensamientos y las emociones, que la importantísima mitad oculta está ausente de su vida. Su identificación con la forma los mantiene atrapados en el ego.

La eternidad es la realidad viva de lo que eres… La forma no eres tú.

EL DESCUBRIMIENTO DEL ESPACIO INTERIOR

“También esto pasará”, es la no resistencia interior a los acontecimientos. Ser conscientes de la impermanencia de las cosas nos conduce al desapego. No resistencia, no juzgar y desapego son los tres aspectos de la verdadera libertad y la vida iluminada.

Cuando dejas de estar completamente identificado con las formas, la conciencia –lo que eres- queda liberada de su aprisionamiento en la forma. Esta liberación es la aparición del espacio interior

Conciencia de los objetos y conciencia del espacio

La mente de las personas está llena de una barahúnda de pensamientos, uno detrás de otro. Esta es la dimensión de la conciencia de los objetos, que es la realidad predominante de muchas personas, y por eso su vida está tan desequilibrada. Para que la cordura regrese a nuestro planeta y la humanidad cumpla su destino, la conciencia de los objetos necesita estar equilibrada con la conciencia del espacio.

La conciencia del espacio significa que, además de ser consciente de las cosas –lo cual siempre acaba reduciéndose a percepciones sensoriales, pensamientos y emociones-, hay por debajo una corriente de conciencia. Esta conciencia implica que no solo somos conscientes de las cosas (objetos), sino que también somos conscientes de ser conscientes, es decir, que podemos sentir un estado interior de quietud y alerta en el fondo mientras ocurren cosas en primer plano. Esta dimensión está en todas las personas, pero la mayoría es completamente inconsciente de ello.

Tener conciencia del espacio no solo representa liberarse del ego, sino también de la dependencia de las cosas mundanas, del materialismo y la materialidad. Solo esta dimensión espiritual puede dar sentido trascendente y auténtico a este mundo.

Siempre que estás molesto por algún suceso, persona o situación, la causa real no es el suceso, la persona o la situación, sino una pérdida de la auténtica perspectiva, que solo el espacio puede proporcionar. Estás atrapado en la conciencia de los objetos. Las palabras “También esto pasará”, utilizadas como indicador, pueden restaurar en ti la conciencia de esta dimensión.

La conciencia del espacio y quién eres en esencia son la misma cosa. Y es del espacio interior de donde emana la conciencia no condicionada, la verdadera felicidad, la alegría del Ser… Quédate inmóvil. Mira. Escucha. Hazte presente.

Otra manera de encontrar el espacio interior: sé consciente de que eres consciente. Di o piensa “soy”, y no añadas nada. Sé consciente de la quietud que sigue al “soy”. Siente tu presencia, el ser desnudo, sin velos, sin vestiduras. El Ser no está afectado por la juventud o la vejez, la riqueza o la pobreza, lo bueno, lo malo ni ningún otro atributo. Es la espaciosa matriz de toda creación, de toda forma.

Acción correcta

La Presencia es un estado de espaciosidad interior. Cuando estás presente estás quieto, alerta, abierto a lo que es. Aportas una nueva dimensión a la situación: el espacio. Entonces, miras y escuchas. Así te haces uno con la situación. Si en lugar de reaccionar contra una situación, te fundes con ella, la solución surge de la situación misma. En realidad, no eres tú, la persona quien está mirando y escuchando, sino la misma quietud alerta… La acción correcta es la acción apropiada a la totalidad. Cuando se ha realizado la acción, continúa el estado de alerta, de quietud espaciosa. Nadie levanta los brazos en un gesto de triunfo, gritando desafiante “¡Bien!”. Nadie dice “Mirad lo que he hecho”.

Toda creatividad surge de la espaciosidad interior. Cuando la creación está hecha y algo ha cobrado forma, tienes que mantenerte vigilante para que no surja el concepto de “yo” o “mío”.

Percibir sin nombrar

No despertarás espiritualmente hasta que cese la compulsión inconsciente de poner nombre, o al menos hasta que seas consciente de ello y puedas ser capaz de observarlo mientras ocurre. Esta constante asignación de nombres permite que el ego permanezca instalado como mente no observada.

Un buen ejercicio es elegir un objeto que tengas cerca –una pluma, una silla, una taza, una planta- y explorarlo con la vista. ¿Puedes separar el pensamiento de la percepción? ¿Puedes mirar sin que la voz de tu cabeza comente, saque conclusiones, compare o intente explicar algo? Al cabo de un par de minutos, deja que tu mirada vague por la habitación, o donde sea que estés, y que tu atención alerta ilumine cada cosa en la que se pose.

A continuación, escucha los sonidos que estén presentes, pero no diferencies entre bueno y malo. Deja que cada sonido sea como es, sin interpretarlo. También aquí la clave es la atención relajada pero alerta.

Cuando miras y escuchas de este modo, puede que percibas una sutil sensación de calma, que al principio casi no se nota. Cuando la conciencia no está totalmente absorbida por el pensamiento, parte de ella permanece en su estado original sin forma, no condicionado. Esto es el espacio interior.

¿Quién es el que experimenta?

Toda experiencia tiene tres ingredientes posibles: percepción de los sentidos, pensamientos o imágenes mentales, y emociones. Son experiencias, no el experimentador. Entonces, ¿quién es el que experimenta? Tú. ¿Y quién eres tú? La conciencia. ¿Y qué es la conciencia? Esta pregunta no se puede responder. En el momento en que la respondes, la has falsificado, la ha convertido en otro objeto. La conciencia, una palabra tradicional para designar el espíritu, no se puede conocer en el sentido normal de la palabra, y es inútil buscarla.

El mayor impedimento para descubrir el espacio interior, el mayor impedimento para encontrar al experimentador, es quedar tan subyugado por la experiencia que te pierdes en ella. Eso significa que la conciencia se pierde en su propio sueño. Te dejas arrebatar por cada pensamiento, por cada emoción y por cada experiencia, hasta un grado tal que en realidad estás en un estado de ensoñación. Este ha sido el estado normal de la humanidad durante miles de años.

La respiración

Es posible descubrir el espacio interior creando huecos en el torrente de pensamientos. No te preocupes por la duración de estos vacíos, más importante que su duración es provocarlos con frecuencia.

Vigila tu respiración tan frecuentemente como puedas, cada vez que te acuerdes. Ser conscientes de nuestra respiración aparta la atención del pensamiento y crea espacio. Es una manera de generar conciencia ya que estamos aquí para traer conciencia a esta dimensión.

Una respiración consciente (dos o tres serían aún mejor), realizada muchas veces al día, es un modo excelente de aportar espacio a tu vida… Respirar no es algo que tú haces, sino algo que presencias mientras ocurre. No se requiere ningún esfuerzo. Fíjate además en la breve interrupción de la respiración, particularmente en ese punto muerto después de exhalar, antes de empezar a inhalar de nuevo.

Cuanto más consciente seas de la respiración, más se restablecerá su profundidad natural… Ser consciente de tu respiración te obliga a estar en el momento presente, que es la clave de toda transformación interior. Cuando eres consciente de la respiración, estás absolutamente presente. También observarás que no puedes pensar y ser consciente de la respiración al mismo tiempo. La respiración consciente detiene tu mente. Pero lejos de estar en un trance o medio dormido, estás completamente despierto y muy alerta. No estás cayendo por debajo del pensamiento, sino elevándote por encima. Y, si miras con más atención, verás que esas dos cosas -estar plenamente en el momento presente y dejar de pensar sin perder la conciencia- son en realidad la misma cosa: el surgimiento de la conciencia del espacio.

Adicciones

Podría decirse que una adicción es una pauta de conducta compulsiva y persistente, y la adicción vive dentro de ti como una casi entidad o subpersonalidad, un campo de energía que periódicamente se apodera por completo de ti. Incluso se apodera de tu mente, de la voz de dentro de tu cabeza, que entonces se convierte en la voz de la adicción.

Si tienes una pauta de conducta compulsiva, como fumar, comer en exceso, beber, ver la televisión, conectarte a internet o cualquier otra cosa, lo que puedes hacer es esto: cuando notes que surge en ti la necesidad compulsiva, párate y haz tres respiraciones conscientes. Esto genera conciencia. Después, durante unos minutos, sé consciente de la urgencia compulsiva misma como un campo de energía dentro de ti… A medida que la conciencia crece, las pautas adictivas se van debilitando y acaban por disolverse. Acuérdate de ir pescando todos los pensamientos que justifiquen la conducta adictiva, a veces con argumentos muy ingeniosos a medida que surgen en tu mente. Pregúntate: ¿quién está hablando ahora? Y te darás cuenta de que la que habla es la adicción.

Conciencia del cuerpo interior.

Haz dos o tres respiraciones conscientes. Ahora, mira a ver si puedes detectar una sensación de vida que impregna todo tu cuerpo interior. ¿Puedes sentir tu cuerpo desde dentro, por decirlo de algún modo? Siente por un momento partes concretas de tu cuerpo. Siente las manos, después los brazos, los pies y las piernas. ¿Puedes sentir el abdomen, el pecho, el cuello y la cabeza? ¿Y los labios? ¿Hay vida en ellos?  A continuación, hazte otra vez consciente del cuerpo interior en conjunto.

Espacio interior y exterior

Tu cuerpo interior es la vida que anima la forma física… El cuerpo físico, es 99,99% espacio vacío; lo que vemos no es más que una falsa percepción de lo que somos.

Tu cuerpo físico, que es forma, se revela como esencialmente sin forma cuando se ahonda en él. Se convierte en una puerta al espacio interior. Este “espacio vacío” es vida en plenitud, la Fuente no manifestada de la que fluye toda manifestación. La palabra tradicional para designar esa fuente es Dios.

Cuando dejo de confundir quién soy con una forma temporal del “yo”, entonces la dimensión de lo ilimitado y lo eterno -Dios- puede manifestarse a través de “mí” y “guiarme”. También me libera de la dependencia de la forma. Sin embargo, la pura conciencia intelectual o creencia de que “yo no soy esta forma” no sirve de nada. La pregunta fundamental es: ¿puedo sentir en este momento la presencia del espacio interior? Y eso en realidad significa: ¿puedo sentir mi propia Presencia, o más bien, la Presencia que Soy?

Siempre que te sea posible en tu vida cotidiana, utiliza la conciencia del cuerpo interior para crear espacio. Cuando estés esperando algo, escuchando a alguien, cuando hagas una pausa para mirar al cielo, un árbol, una flor, a tu pareja o a un niño, siente al mismo tiempo la vida interior. Esto significa que parte de tu atención o conciencia se mantiene sin forma, y el resto queda disponible para el mundo exterior de las formas. Cada vez que “habites” tu cuerpo de esta manera, te servirá como ancla para estar presente en el Ahora. Te impedirá perderte en los pensamientos, las emociones o las situaciones externas.

Cuando piensas, sientes, percibes y experimentas, la conciencia se hace forma. Se reencarna en un pensamiento, un sentimiento, una percepción sensorial, una experiencia. El ciclo de reencarnaciones está ocurriendo continuamente, y es solo en este momento –por el poder del Ahora- cuando puedes salirte de él. Mediante la completa aceptación de la forma del Ahora, sintonizas interiormente con el espacio, que es la esencia del Ahora. Mediante la aceptación, te haces espacioso por dentro. Lo que aporta auténtica perspectiva y equilibrio a tu vida es sintonizar con el espacio y no con la forma.

Calma

Hacerse consciente de la calma siempre que la encontremos en nuestra vida nos conectará con la dimensión sin forma y sin tiempo que hay dentro de nosotros, lo que está más allá del pensamiento, más allá del ego… Ser consciente de la calma significa estar inmóvil. Estar inmóvil es estar consciente sin pensamientos. Nunca eres tan esencialmente, tan profundamente tú mismo como cuando estás en calma. Cuando estás en calma, eres quien eras antes de asumir temporalmente esta forma física y mental llamada persona. Eres también quien serás cuando la forma se disuelva. Cuando estás en calma, eres quien eres más allá de tu existencia temporal: conciencia no condicionada, sin forma, eterna.

El Poder del Ahora (resumen)

Este es un resumen de uno de los libros que lleva muchos años conmigo. En su momento me lo leí 4 ó 5 veces seguidas, subrayándolo cada vez que lo hacía, mientras practicaba sus enseñanzas. Con el paso de los años me he trabajado otras cosas, pero siempre he acabado volviendo a él una temporada para luego seguir el vuelo. Este es un resumen que tenía hecho para mi uso personal, que es el que suelo releer de vez en cuando. Espero te sirva.
Con todo mi cariño.

EL PODER DEL AHORANO ERES TU MENTE

Eres uno con el Ser.

La identificación con la mente crea una pantalla opaca de conceptos, etiquetas, imágenes, palabras, juicios y definiciones que bloquean toda verdadera relación.

En el momento que empiezas a observar al pensador, se activa un nivel de conciencia superior. Entonces empiezas a darte cuenta de que hay un vasto reino de inteligencia más allá del pensamiento, y de que el pensamiento sólo es una pequeña parte de esa inteligencia. También te das cuenta de que todas las cosas verdaderamente importantes -la belleza, el amor, la creatividad, la alegría, la paz interna- surgen de más allá de la mente. Empiezas a despertar.

Pronto te darás cuenta de esto: la voz está allí y yo estoy aquí, observándola. Esta comprensión Yo soy, esta sensación de tu propia presencia, no es un pensamiento. Surge de más allá de la mente.

En ese estado sientes tu propia presencia con tal intensidad y alegría que, en comparación, todo pensamiento, toda emoción, tu cuerpo físico y todo el mundo externo se vuelven relativamente insignificantes. También sentirás una sutil emanación de alegría elevándose desde lo más hondo de ti: la alegría del Ser.

También puedes crear una apertura en la corriente mental por el simple hecho de dirigir el foco de tu atención al ahora. Basta con que te hagas intensamente consciente del momento presente. Esto es algo profundamente satisfactorio. De este modo retiras la conciencia de tu actividad mental y creas una brecha sin mente en la que estás muy alerta y consciente, pero no piensas. Ésta es la esencia de la meditación.

Puedes practicar esto en tu vida cotidiana tomando cualquier actividad rutinaria, que habitualmente sólo es un medio para obtener un fin, y darle toda tu atención para que se convierta en un fin en sí misma. Mantente totalmente presente.

El parloteo mental produce un serio desgaste de tu energía mental. El pensamiento compulsivo es, en realidad, una adicción.

La emoción surge en el punto donde cuerpo y mente se encuentran. Es la reacción del cuerpo a la mente o, dicho de otra forma, el reflejo de la mente en el cuerpo… Puedes dejar que la emoción esté ahí sin ser controlado por ella. Ya no eres la emoción; eres el observador, la presencia que mira. Si practicas así, todo lo que es inconsciente en ti saldrá a la luz de la conciencia.

Adquiere el hábito de preguntarte: ¿Qué está pasando dentro de mí en este momento? Esa pregunta te orientará en la dirección correcta. Pero no analices, simplemente observa. Enfoca tu atención hacia dentro. Siente la energía de la emoción. Si no hay ninguna emoción presente, lleva la atención más profundamente al campo energético de tu cuerpo. Es el pasadizo hacia el Ser.

El amor, la alegría y la paz no pueden florecer hasta que te has liberado del dominio de la mente. Están más allá de las emociones, a un nivel mucho más profundo. El amor, la alegría y la paz son profundos estados de Ser o, más bien, tres aspectos del estado de conexión interna con el Ser.

Se un observador de la mente.

CONCIENCIA: EL CAMINO PARA SALIR DEL DOLOR

El dolor que creas en el ahora siempre surge de una falta de aceptación, de una resistencia inconsciente a lo que es. Como pensamiento, la resistencia es un juicio de algún tipo. Como emoción, la resistencia es algún tipo de negatividad. La intensidad del dolor depende del grado de resistencia al momento presente, y ésta a su vez depende de lo fuerte que sea tu identificación con la mente. La mente siempre trata de negar el ahora y escapar de él.

EL MOMENTO PRESENTE ES LO ÚNICO QUE TIENES. HAZ DEL AHORA EL CENTRO FUNDAMENTAL DE TU VIDA. ESTABLECE TU RESIDENCIA HABITUAL EN EL AHORA Y HAZ BREVES VISITAS AL PASADO Y AL FUTURO CUANTO TENGAS QUE RESOLVER LOS ASUNTOS PRÁCTICOS DE TU VIDA.

Ríndete a lo que es.

El momento presente es como es. Observa cómo tu mente le pone una etiqueta y cómo ese proceso de etiquetar, ese continuo juicio, crea dolor e infelicidad.

Acepta y después actúa. Acepta cualquier cosa que contenga el momento presente como si la hubieras elegido. Trabaja siempre a favor del momento, no contra él. Haz del presente tu amigo y aliado, no tu enemigo. Esto transformará milagrosamente tu vida.

Busca cualquier señal de infelicidad en ti, del tipo que sea: puede tratarse del despertar del cuerpo-dolor. A veces toma la forma de irritación, impaciencia, un estado ánimo sombrío, deseo de hacer daño, ira, furia, depresión, la necesidad de dramatizar las relaciones, etc. Atrápalo en el momento que despierta de su estado latente… El cuerpo dolor está compuesto de energía de vida atrapada que se ha separado de tu campo energético total y se ha hecho temporalmente autónoma mediante el proceso artificial de identificación con la mente…Enfoca tu atención en lo que sientes dentro de ti. Identifica el cuerpo-dolor y acepta que está ahí. No pienses en él, no dejes que el sentimiento se convierta en pensamiento. No juzgues ni analices. No te fabriques una identidad con el dolor. Mantente presente y continúa siendo un observador de lo que ocurre dentro de ti. Toma conciencia no sólo del dolor emocional, sino también de “aquel que lo observa”, el testigo silencioso. Éste es el poder del ahora, el poder de tu propia presencia consciente. Observa qué ocurre a continuación.

El estado de miedo psicológico está divorciado de cualquier peligro real e inmediato. Puede adoptar diversas formas: desazón, preocupación, ansiedad, nervios, tensión, temor, fobia, etc. El miedo psicológico, del que hablamos siempre, se refiere a algo que podría ocurrir, no a algo que ya está ocurriendo. estás en el aquí y ahora, mientras tu mente está en el futuro. Esto crea una brecha de ansiedad. Y si te has identificado con tu mente y has perdido el poder y la simplicidad del ahora, esas brecha de ansiedad será tu constante compañera. Siempre puedes afrontar el momento presente, pero no puedes afrontar ahora algo que sólo es una proyección mental; no puedes afrontar el futuro.

ENTRAR PROFUNDAMENTE EN EL AHORA

El ego se siente vulnerable y amenazado; por eso vive en un estado de miedo y necesidad.

Tiempo y mente son inseparables. Estar identificado con la mente es estar atrapado en el tiempo y el tiempo es una ilusión.

¿Porqué el ahora es lo más precioso? En primer lugar, porque es lo único que hay. Es todo lo que hay. El eterno presente es el espacio dentro del que se despliega tu vida, el único factor que permanece constante. La vida es ahora. No ha habido nunca un momento en que tu vida no fuera ahora, ni lo habrá jamás. Segundo, el ahora es el único punto que puede llevarte más allá de los limitados confines de la mente. Es tu único punto de acceso al reino informe e intemporal del Ser.

Nada existe fuera del ahora.

Nada ocurrió nunca en el pasado; ocurrió en el ahora.

Nada ocurrirá nunca en el futuro; ocurrirá en el ahora.

Pasado y futuro no tienen realidad propia. Ambos son ilusiones.

Convierte en práctica retirar la atención que prestas al pasado y al futuro cuando no sean necesarios. Sal de la dimensión temporal lo más posible en la vida cotidiana. Si te resulta difícil entrar directamente en el ahora, comienza observando la tendencia mental habitual a escapar de él.

Mantente presente como observador de tu mente, de tus pensamientos y emociones, así como de tus reacciones a las diversas situaciones. Nota cuántas veces tus atención se va al pasado o al futuro. No juzgues ni analices lo que observas. Contempla el pensamiento, siente la emoción, observa la reacción. No las conviertas en un problema personal. Entonces sentirás algo más poderoso que cualquiera de las cosas observadas: la presencia misma, serena y observante, que está detrás de tus contenidos mentales; el observador silencioso.

La identificación con la mente da a ésta más energía; la observación le resta energía. La energía retirada de la mente se convierte en presencia.

Aprende a usar el tiempo en los aspectos prácticos de tu vida, pero regresa inmediatamente a la conciencia del presente cuando esos asuntos prácticos estén resueltos. Así no habrá una acumulación de “tiempo psicológico”, que es la identificación con el pasado y la continua proyección compulsiva hacia el futuro.

Si la calidad de tu conciencia en este momento es lo que determina el futuro, ¿qué determina la calidad de tu conciencia? El grado de presencia que tengas. Por tanto, el único lugar donde puede tener lugar el verdadero cambio y donde puede disolverse el pasado es el ahora.

Toda negatividad está producida por una acumulación de tiempo psicológico y una negación del presente. Inquietud, ansiedad, tensión, estrés, preocupación… son aspectos del miedo, y todos ellos están producidos por un exceso de futuro y una falta de presencia. Culpa, lamento, resentimiento, pena, tristeza, amargura y todas las demás facetas de la falta del perdón están causadas por un exceso de pasado y una presencia insuficiente.

El tiempo es la causa de tus sufrimientos y de tus problemas.

La presencia es la llave de la libertad, de modo que sólo puedes ser libre ahora. No puedes ser infeliz y estar plenamente presente en el ahora.

Emplea tus sentidos plenamente. Trata de estar donde estás. Mira a tu alrededor. Simplemente mira, sin interpretar. Observa la luz, las formas, los colores, las texturas. Sé consciente de la presencia silenciosa de cada cosa. Sé consciente del espacio que permite que cada cosa sea. Escucha los sonidos; no los juzgues. Escucha el silencio debajo de los sonidos. Toca algo -cualquier cosa- y siente y reconoce su Ser. Observa el ritmo de tu respiración; siente cómo fluye el aire dentro y fuera, siente la energía de vida dentro de tu cuerpo. Permite que todo sea, tanto dentro como fuera. Permite y reconoce la “cualidad” de las cosas. Entra profundamente en el ahora.

Estás despertando del sueño del tiempo al presente.

Se trata de que te des cuenta de que no hay problemas. Sólo hay situaciones, situaciones que han de ser afrontadas o que han de dejarse como están y aceptarse como parte de la “cualidad” de este momento hasta que cambien o pueden tratarse de algún modo. La mente crea los problemas, que necesitan tiempo para sobrevivir. No pueden sobrevivir en la realidad del ahora.

Es imposible tener un problema cuando tu atención está plenamente en el ahora.

Pase lo que pase, no generaré más dolor para mí mismo. No me crearé más problemas.

Buena parte de lo que la gente dice, piensa o hace está motivado por el miedo, que siempre requiere orientarse hacia el futuro y desvincularse del ahora. Y como en el ahora no hay problemas, tampoco puedes tener miedo.

Para notar si te has dejado atrapar por el tiempo psicológico, puedes usar un criterio muy simple. Basta con preguntarse: ¿Hay alegría, fluidez y ligereza en lo que estoy haciendo? Si no la hay, el tiempo encubre el momento presente y percibimos la vida como una carga o como un esfuerzo.

Trata de conceder mucha más atención a lo que haces que al resultado que esperas obtener. Concede toda tu atención a lo que el momento te presente.

No te preocupes por el fruto de tus acciones: mantente atento a la acción misma.

Cuando tu sentido de identidad se deriva del Ser, cuando te liberas del “devenir” como necesidad psicológica, ni tu felicidad ni tu sentido de identidad dependen de los resultados, y por tanto estás libre del miedo.

Nada real puede ser amenazado.

 

ESTRATEGIAS MENTALES PARA EVITAR EL AHORA

Liberarse del tiempo es liberarse de la necesidad psicológica del pasado para tener una identidad, y del futuro, para hallar nuestra realización.

Cuando has obtenido los primeros atisbos del estado intemporal de conciencia, empieza un ir y venir entre la dimensión temporal y la presencia. Así, antes de establecerte firmemente en el estado de presencia, es decir, antes de poder ser plenamente consciente, pasas un tiempo yendo y viniendo entre la conciencia y la inconsciencia, entre el estado de presencia y el estado de identificación con la mente. Pierdes el ahora y vuelves a él, una y otra vez. Finalmente, la presencia se convierte en tu estado predominante.

Lo que yo llamo inconsciencia ordinaria es estar identificado con tus emociones y procesos de pensamiento, con tus reacciones, deseos y aversiones. La inconsciencia profunda es una versión intensificada de la inconsciencia ordinaria, distinta de ésta no en cuanto a cualidad, sino en cuanto a grado.

Cuando aprendes a ser testigo de tus pensamientos y emociones, que es parte esencial del estar presente, te sorprende el ruido de fondo de la inconsciencia ordinaria y te das cuenta de que muy pocas veces te sientes verdaderamente cómodo contigo mismo, si es que te ocurre alguna vez. A nivel mental, encontrarás abundantes resistencias en forma de juicios, descontento y proyecciones mentales que te alejan del ahora. A nivel emocional, notarás una corriente subterránea de incomodidad, tensión, aburrimiento o nervios. Todos estos contenidos son aspectos de la mente en su habitual modalidad de resistencia.

¿Cómo podemos liberarnos de esta aflicción? Hazla consciente. Observa los diversos modos en que la intranquilidad, el descontento y la tensión surgen en ti como consecuencia de juicios innecesarios, resistencias a lo que es y la negación del ahora. Lo inconsciente se disuelve cuando lo iluminas con la luz de la conciencia… Acostúmbrate a hacer un seguimiento de tu estado emocional y mental mediante la autoobservación. Una buena pregunta que puedes plantearte frecuentemente es: “¿Estoy relajado en este momento?”. O también puedes preguntarte: “¿Qué está ocurriendo dentro de mí en este instante?”. Dirige tu atención hacia dentro. Mira dentro de ti. ¿Qué tipo de pensamientos está produciendo tu mente? ¿Qué sientes? Dirige tu atención al cuerpo. ¿Notas alguna tensión? Cuando detectes cierto nivel de incomodidad, el ruido de fondo, observa cómo estás evitando, resistiéndote o negando la vida por negar el ahora. Con la práctica aumentará tu poder de autoobservación.

¿Puedes poner algún ejemplo más sobre la inconsciencia ordinaria? Trata de pillarte quejándote, de palabra o pensamiento, de la situación en la que te encuentras, de lo que los demás dicen o hacen, de tu entorno, de tu situación de vida, incluso del tiempo. Quejarse siempre es no aceptar lo que es, y conlleva invariablemente una carga de inconsciencia y negatividad… Abandona la situación o acéptala. Lo demás es locura.

La inconsciencia ordinaria siempre está vinculada de algún modo con la negación del ahora.

¿Es el miedo lo que te impide actuar? Reconoce el miedo, obsérvalo, pon tu atención en él, mantente presente ante él. Ese reconocimiento sirve para cortar el vínculo entre el miedo y tu pensamiento. No dejes que el miedo llegue a tu mente. Haz uso del poder del ahora. El miedo no puede prevalecer ante él.

1.- ¿Hay algo que “deberías” estar haciendo y no estás haciendo? Ponte en marcha y hazlo ahora mismo. Como alternativa también puedes aceptar completamente tu inactividad del momento, si ésa es tu elección. Entra plenamente en ese estado. Disfrútalo.

2.- ¿Estás estresado? ¿Estás tan agitado tratando de llegar al futuro que el presente queda reducido a un medio para alcanzarlo? Lo que causa tensión es estar “aquí” queriendo estar “allí”, o estar en el presente queriendo estar en el futuro. Es una disyuntiva que te desgarra por dentro. Disfruta del flujo energético, disfruta de la elevada energía del momento. Observa tu mente. Sonríele.

3.- ¿Te absorbe mucha atención el pasado? Haz morir el pasado a cada momento. Siente el poder de este momento y la plenitud del Ser. Siente tu presencia.

4.- ¿Estás preocupado? ¿sueles pensar mucho en lo que pasaría si… ? Entonces estás identificado con tu mente, que se proyecta en una imaginaria situación futura y genera miedo. No hay modo de poder afrontar esa situación, porque no existe. Es un fantasma mental. Puedes parar esa locura que corroe la salud y la vida volviendo a tomar conciencia del momento presente. Siente la respiración. Siente el aire que fluye dentro y fuera de tu cuerpo. Siente tu campo de energía interna. Lo único que tienes que afrontar, con lo que tienes que lidiar en la vida real -en oposición a las proyecciones mentales imaginarias- es este momento. ¿Qué problema tienes ahora? Siempre puedes lidiar con el ahora, pero nunca podrás lidiar con el futuro, y tampoco tienes que hacerlo.

5.- “Algún día lo conseguiré”. ¿Está tu atención tan absorta en los objetivos que reduces el momento presente a ser un medio para un fin. ¿Estás esperando para empezar a vivir?

6.- ¿Estás acostumbrado a esperar? La espera es un estado mental. Significa básicamente que quieres el futuro y no quieres el presente. No quieres lo que tienes y quieres lo que no tienes. Renuncia a la espera como estado mental. Cuando te sorprendas cayendo en el estado de espera…, sal inmediatamente. Ven al momento presente. Simplemente, sé y disfruta siendo.

Manténte alerta: el falso yo infeliz, basado en la identificación con la mente, vive en el tiempo. Él sabe perfectamente que el momento presente supone su muerte y se siente amenazado. Hará todo lo que pueda por sacarte del ahora. Intentará mantenerte atrapado en el tiempo.

El propósito externo de tu vida pertenece a la dimensión horizontal del espacio y del tiempo; el propósito interno implica una profundización en tu Ser, en la dimensión vertical del ahora intemporal. Tu camino externo puede tener un millón de pasos; tu camino interno solo tiene uno: el que estás dando ahora mismo. A medida que te hagas más consciente de este único paso, te vas dando cuenta de que contiene todos los demás, incluyendo el punto de destino. Entonces este paso se convierte en una expresión de la perfección, un acto de gran belleza y calidad. Te habrá llevado al Ser, y la luz del Ser brillará a través de él. Esto es al mismo tiempo el propósito y la culminación de tu camino interno, el camino hacia ti mismo.

¿Qué es el poder del ahora? Nada más que el poder de tu presencia, tu conciencia liberada de las formas del pensamiento.

Presta atención al presente; presta atención a tu comportamiento, a tus reacciones, estados de ánimo, pensamientos, emociones, miedos y deseos, tal como surgen en el presente. Ellos son el pasado en ti. Si puedes estar suficientemente presente como para observarlos sin criticarlos ni analizarlos, sin juicio alguno, entonces estás afrontando el pasado y disolviéndolo con el poder de tu presencia.

Lo esencial es tu presencia consciente. Eso es lo que disuelve el pasado, el agente transformador. Por tanto, no trates de entender el pasado, sino de estar todo lo presente que puedas. El pasado no puede sobrevivir en tu presencia, sólo puede sobrevivir en tu ausencia.

EL ESTADO DE PRESENCIA

Entender la presencia es estar presente.

“Me pregunto cuál va a ser mi próximo pensamiento”

Mientras te mantienes en un estado de intensa presencia, estás libre de pensamientos. Estás en calma y, sin embargo, muy alerta. En el momento que tu atención consciente desciende por debajo de cierto nivel, el pensamiento penetra. El ruido mental vuelve; la quietud se pierde. Has vuelto al tiempo.

¿A qué te refieres cuando hablas de estar “arraigado” en ti mismo? Tener siempre parte de tu atención en el campo energético interno de tu cuerpo. Sentir del cuerpo por dentro, por así decirlo. La conciencia corporal te mantiene presente. Te ancla en el ahora.

“Esperar” significa que toda tu atención está en el ahora. No te queda nada de atención para soñar despierto, pensar, recordar, anticipar. En esa espera no hay tensión, ni miedo, sólo una presencia alerta. Estás presente con todo tu Ser, con cada célula de tu cuerpo.

Sólo ahora eres verdaderamente tú mismo.

Más allá de la belleza de las formas externas, hay otra cosa: algo innombrable, inefable, algo profundo, interno, la esencia sagrada. Dondequiera y cuando quiera que encontramos algo bello, percibimos el brillo de esta esencia interna, que sólo se nos revela cuando estamos presentes. ¿Podría ocurrir que esta esencia innombrable y tu presencia fueran una única y misma cosa? ¿Estaría ahí si tú no estuvieras presente? Entra profundamente en ella. Descúbrelo por ti mismo.

Cuanto mayor sea la distancia entre la percepción y el pensamiento, más profundo eres como ser humano, es decir, más consciente.

Todo lo que existe está vivo; todos somos expresiones de la conciencia en sus diversos grados, conciencia manifestada en la forma.

Cuando observas la mente, retiras conciencia de las formas mentales, y esa conciencia se convierte en el observador o testigo. En consecuencia, el observador -conciencia pura más allá de la forma- se fortalece, y las formaciones mentales se debilitan.

Cuando la conciencia se libera de su identificación con las formas físicas y mentales, se convierte en lo que llamamos conciencia pura o iluminada, o presencia.

Escuchar el silencio, donde quiera que estés, es un modo fácil y directo de estar presente… Sólo la quietud interna puede percibir el silencio externo.

Eternidad no significa tiempo inacabable, sino no-tiempo.

Yo soy la divina presencia. Yo soy la vida eterna. Yo soy aquí. Yo soy ahora.

Cualquier tipo de exclusividad es identificación con la forma, e identificación con la forma significa ego, por muy disfrazado que esté.

EL CUERPO INTERNO

No te quedes trabado en la palabra. La palabra no es más que un medio para un fin. Es una abstracción. La palabra miel no es miel… Si una palabra ya no es operativa para ti, abandónala y sustitúyela por otra que lo sea.

En tu estado natural de conexión con el Ser, esa realidad más profunda puede sentirse a cada momento como el cuerpo interno invisible, la presencia interna que te anima. Por tanto “habitar el cuerpo” es sentirlo desde dentro, sentir la vida dentro del cuerpo y así llegar a saber que eres más allá de la forma externa.

Esto sólo es el principio de un camino interno que te llevará a ahondar cada vez más en un reino de gran quietud y paz, y al mismo tiempo de gran poder y de una vida vibrante… Por debajo de tu forma externa estás conectado con algo tan vasto, tan inconmensurable y sagrado, que no puede ser descrito ni concebido… Estarás desvinculado del Ser mientras tu mente consuma toda tu atención. Te conviertes en un constructo mental vulnerable y siempre necesitado, cuya emoción predominante es el miedo.

El cuerpo interno produce una sensación informe, ilimitada e impenetrable. Siempre puedes entrar más profundamente en él. Presta atención a lo que puedas sentir. Basta con que te enfoques en la sensación.

El cuerpo que puedes ver y tocar sólo es un fino velo ilusorio. Debajo de él está el cuerpo interno invisible, la puerta que nos da acceso al Ser, a la Vida No Manifestada. Estás inseparablemente conectado con la Vida Una No Manifestada -sin nacimiento, sin muerte, eternamente presente- mediante el cuerpo interno. Gracias al cuerpo interno eres eternamente uno con Dios.

La clave está en mantenerse permanentemente en un estado de conexión con tu cuerpo interno, sentirlo en todo momento. Si mantienes la atención en el cuerpo siempre que te sea posible, estarás anclado en el ahora. No te perderás en el mundo externo ni en la mente. Por favor, analiza dónde está tu atención en este momento. Estás escuchándome o estás leyendo estas palabras en un libro. Ese es tu centro de atención. Intenta mantenerte simultáneamente en contacto con tu cuerpo. Mantén parte de la atención dentro de ti; no dejes que toda ella fluya hacia fuera. Siente tu cuerpo desde dentro como un campo energético unificado. Es casi como si estuvieras escuchando o leyendo con todo tu cuerpo. Práctica esto en los próximos días y semanas… Mantente arraigado en tu interior.

El arte de ser consciente del cuerpo interno se va desarrollando hasta dar paso a una nueva forma de vivir, un estado de conexión permanente con el Ser, y añadirá una profundidad a tu vida que no has conocido antes.

Resulta fácil estar presente y ser el observador de la mente cuando se está profundamente arraigado en el cuerpo. Pase lo que pase fuera, ya nada puede hacerte temblar.

Cuando se te presente algún desafío (cuando algo “va mal”, cuando se produce una pérdida o un disgusto) créate el hábito de entrar inmediatamente en tu interior y de centrarte en el campo energético de tu cuerpo. Tienes que hacerlo inmediatamente ya que cualquier retraso permitirá que la reacción condicionada, emocional o mental, surja y se apodere de ti. Cuando te orientas hacia dentro y sientes el cuerpo interno, recobras inmediatamente la serenidad y la presencia, porque retiras atención de la mente.

Prestar atención a una emoción no es empezar a pensar en ella. Significa observarla, sentirla plenamente, de modo que puedas reconocerla y aceptarla tal como es. Lo importante no es si puedes poner una etiqueta mental a la emoción, sino si puedes poner conciencia en la sensación que te produce. La atención es la clave de la transformación; y la plena atención también implica aceptación.

La presencia es pura conciencia; conciencia que ha sido recuperada de la mente, del mundo de la forma. El cuerpo interno es tu vínculo con lo No Manifestado, y en su aspecto más profundo es lo No Manifestado: la Fuente de la que emana la conciencia como la luz emana del Sol. Mantener la atención en el cuerpo interno es hacer que la conciencia recuerde su origen y regrese a su Fuente.

La sensación te llevará más cerca de la verdad de quien eres que el pensamiento. La práctica de la conciencia corporal producirá la profundización necesaria.

Si habitas el cuerpo interno, el cuerpo externo envejecerá a un ritmo mucho más lento. Ejercicio de fortalecimiento del sistema inmunológico: Cuando tengas unos minutos libres, y especialmente por la noche antes de dormir y a primera hora de la mañana antes de levantarte, “inunda” tu cuerpo de conciencia. Cierra los ojos. túmbate de espaldas. Ve llevando la atención sucesivamente a las distintas partes del cuerpo: manos, pies, brazos, piernas, abdomen, pecho, cabeza, etc. Siente la energía dentro de esas partes de tu cuerpo con toda la intensidad posible. Manténte en cada una de ellas durante quince segundos aproximadamente. A continuación, deja que tu atención recorra el cuerpo unas cuantas veces como una ola, de los pies a la cabeza y de la cabeza a los pies. Con dedicar un minuto a esta parte es suficiente. A continuación siente la totalidad de tu cuerpo energético como un campo de energía unificado. Mantén la sensación durante unos minutos. Permanece intensamente presente durante ese tiempo, presente en cada célula de tu cuerpo. No te preocupes si tu mente consigue apartar tu atención del cuerpo ocasionalmente y te quedas perdido en algún pensamiento. En cuanto te des cuenta de que eso ha ocurrido, reorienta tu atención hacia el cuerpo interno.

Ejercicio para contactar con el cuerpo energético interno: Si en algún momento te resulta difícil contactar con el cuerpo interno, suele ser más fácil empezar centrándose en la respiración. La respiración consciente, que es una intensa meditación por derecho propio, te pondrá gradualmente en contacto con el cuerpo. Sigue la respiración con tu atención, el aire que entra y sale del cuerpo. Inspira y siente el abdomen expandirse y contraerse ligeramente con cada inspiración y expiración. Si te resulta fácil visualizar, cierra los ojos y obsérvate rodeado de luz o inmerso en sustancia luminosa, en un mar de conciencia. A continuación inspira esa luz. Siente que esa sustancia luminosa llena todo tu cuerpo y lo hace luminoso. A partir de ahí, gradualmente, céntrate más en la sensación. Ahora estás en tu cuerpo. No te apegues a ninguna imagen visual.

Cuando necesites una respuesta, una solución o una idea creativa, deja de pensar momentáneamente y concentra toda la atención en tu campo de energía interno. Toma conciencia de la quietud. Cuando vuelvas a pensar, tu pensamiento será fresco y creativo. No pienses únicamente con tu cabeza, piensa con todo tu cuerpo.

Cuando escuches a otra persona, no te limites a hacerlo con tu mente; escúchala con todo tu cuerpo. Y mientras escuchas, siente el campo energético de tu cuerpo interno. Esto aleja la atención del pensamiento y crea un espacio tranquilo que te permite escuchar sin interferencias mentales. Estás dando espacio a la otra persona, espacio para ser… No puedes sentir el Ser de otra persona si no es a través de tu propio Ser… En el nivel más profundo del Ser, eres uno con todo lo que es.

PORTALES DE ACCESO A LO NO MANIFESTADO

No pienses en tu campo energético interno, siéntelo. Si te sirve de ayuda usa la visualización de la “luz” descrito anteriormente.

Cuando sientas claramente el cuerpo interno como un campo unificado, abandona, si te es posibles, cualquier imagen visual y céntrate exclusivamente en la sensación. Si puedes, abandona también cualquier imagen que pueda quedarte del cuerpo físico. Lo único que te quedará es una sensación omniincluyente de presencia o “de Ser”, y sentirás que el cuerpo interno no tiene límites. A continuación ahonda con atención en esa sensación. Hazte uno con ella. Fúndete con tu campo energético, de modo que desaparezca la percepción de dualidad en el observador y lo observado, entre tú y tu cuerpo. Poco a poco va disolviendo la distinción entre lo interno y lo externo, de modo que ya no queda cuerpo interno. Entrando profundamente en el cuerpo lo has trascendido.

Cuando tu conciencia se dirige hacia fuera, surgen la mente y el mundo. Cuando se dirige hacia dentro, alcanza su propia Fuente y regresa a casa, a lo No Manifestado.

Ésta debe ser tu práctica espiritual: en los quehaceres de tu vida no concedas el cien por cien de tu atención al mundo externo y a la mente. Mantén parte de tu atención dentro. Siente tu cuerpo interno mientras participas en tus actividades cotidianas, especialmente cuando te relaciones con otras personas o con la naturaleza. Siente la quietud en lo profundo de él. Mantén la puerta abierta.

Portales: 1.- El ahora es el principal portal. Cuando disuelves el tiempo psicológico mediante una intensa atención al momento presente, te haces consciente de lo No Manifestado tanto directa como indirectamente.

2.- Sentir el cuerpo interno.

3.- La cesación del pensamiento. La actividad mental continua te mantiene aprisionado en el mundo de la forma y se convierte en una pantalla opaca que te impide tomar conciencia de lo No Manifestado.

4.- La rendición (soltar la resistencia emocional y mental a lo que es).

5.- Prestar atención al silencio externo crea silencio interno. Lo No Manifestado está presente en este mundo como silencio.

6.- El espacio vacío. Todo cuerpo u objeto físico ha salido de la nada, está rodeado de nada y acabará volviendo finalmente a la nada… La esencia de todas las cosas es el vacío. Toma conciencia del espacio que te rodea. No pienses en él. Más bien intenta sentirlo. Presta atención a “nada”.

Espacio y silencio son dos aspectos de lo mismo, de la misma nada.

MÁS ALLÁ DE LA FELICIDAD Y DE LA INFELICIDAD ESTÁ LA PAZ

Cualquier circunstancia negativa contiene una profunda lección oculta, aunque no puedas verla en el momento.

Las circunstancias siempre son positivas. O, siendo más preciso, no son ni positivas ni negativas. Son como son.

Esta actitud de “dejar ser” te lleva más allá de la mente, con sus patrones de resistencia que crean polaridades positivas y negativas… La aceptación te libera inmediatamente del dominio de la mente y te vuelve a conectar con el Ser.

Sentirse apenado por uno mismo es un tipo de drama. Sentirte culpable o ansioso es otro tipo de drama. Cuando dejas que el pasado o el futuro oscurezcan el presente, estás creando tiempo, tiempo psicológico: el material del que está hecho el drama. Cuando no honras el momento presente permitiéndolo ser, estás creando drama.

Todo sufrimiento es creado por el ego mediante la resistencia… Cuando permites que cada cosa tenga su “cualidad”, se revela una dimensión más profunda como presencia permanente debajo del juego de los opuestos: una profunda quietud inmóvil, una alegría sin causa que está más allá del bien y del mal. Es la alegría del Ser, la paz de Dios.

En cuanto la mente juzga que un estado o situación es “bueno”, le toma apego y se identifica con él, tanto si se trata de una relación, como de una posesión, un papel social, un lugar, o tu cuerpo físico… Cuando el estado o situación con el que la mente se ha identificado cambia o desaparece, ésta no puede aceptarlo. Se apegará al estado que ha desaparecido y se resistirá al cambio. Es casi como si nos cortaran un miembro del cuerpo.

Las cosas y las situaciones pueden darte placer, pero también te darán dolor. Las cosas y los estados pueden darte placer, pero no te darán alegría. Nada puede darte alegría. La alegría no tiene causa, surge desde dentro como la alegría del Ser. Es parte esencial del estado de paz interior, del estado llamado la paz de Dios. Es tu estado natural, no algo por lo que tengas que luchar por conseguir.

No ofrecer resistencia a la vida es estar en un estado de gracia, tranquilidad y ligereza... Cuando desaparece la dependencia interna de la forma, la situación general de tu vida, lo que tiene relación con las formas externas, parece mejorar enormemente. Las cosas, las personas o las situaciones que creías necesitar para ser feliz ahora llegan a ti sin esfuerzo ni lucha por tu parte, y eres libre de disfrutarlas y apreciarlas mientras duren… Cuando desaparece la dependencia, desaparece también el miedo a la pérdida. La vida fluye con tranquilidad… Entra en el estado de no-resistencia.

Toda resistencia interna se experimenta como negatividad de uno u otro tipo. Toda negatividad es resistencia. En este contexto, ambas palabras son casi sinónimas. La negatividad va desde la irritación o la impaciencia hasta la ira encendida, desde el estado de depresión anímica o resentimiento hasta la desesperación suicida.

El ego cree que puede manipular la realidad mediante la negatividad y conseguir lo que quiere… La única “utilidad” de la negatividad es fortalecer al ego, y por eso al ego le encanta.

Cuando estás identificado con una emoción negativa no quieres soltarla, y en algún profundo nivel inconsciente no deseas un cambio para mejor porque pondría en peligro tu identidad de persona deprimida, enfadada o maltratada. Entonces ignorarás, negarás o sabotearás lo positivo de tu vida. Éste es un fenómeno bastante común. Y una locura.

Cuando notes que ha surgido alguna negatividad dentro de ti, no la consideres un fallo, sino una señal muy útil que te está diciendo: “Despierta. Sal de tu mente. Mantente presente”… “Atención. Aquí y ahora. Despierta. Atención. Aquí y ahora. Despierta”… Hasta la más leve irritación es significativa y tiene que ser reconocida y registrada para que no haya una acumulación de reacciones no observadas.

Práctica para disolver la resistencia: Siéntete como si te estuvieses volviendo transparente, por así decirlo, como si no tuvieras la solidez del un cuerpo material. Ahora permite que cualquiera que sea la causa de la reacción negativa te atraviese. Ya no golpea con una “pared” sólida en tu interior… No ofrezcas resistencia. Es como si ya no hubiera nadie que pudiera sentirse herido. Así es como te vuelves invulnerable… Tanto si se trata de una alarma de automóvil, como de una persona grosera, de una inundación, un terremoto, o la pérdida de todas tus posesiones, el mecanismo de resistencia es el mismo.

Cualquier cosa que aceptes plenamente te llevará allí, al estado de paz. Éste es el milagro de la rendición.

No te resistas al cambio aferrándote mentalmente a ninguna situación. Tu paz interna no depende de ello. Habitas en el Ser -inmutable, intemporal, inmortal- y ya no dependes del mundo externo de las formas eternamente cambiantes para sentirte feliz o satisfecho. Puedes disfrutar de las formas, jugar con ellas, crear nuevas formas, apreciar la belleza de las cosas…, pero no necesitas apegarte a nada.

Una de las prácticas espirituales más poderosas es la de meditar profundamente en la mortalidad de las formas físicas, incluida la propia. A esto se le llama “morir antes de morir”. Entra en esta práctica profundamente. Tu forma física se está disolviendo, deja de ser. Después llega un momento en que todas las formas mentales o pensamientos también mueren. Sin embargo , la presencia divina que eres, sigues estando allí. Radiante, plenamente despierto. Nada real ha muerto jamás; sólo los nombres, las formas y las ilusiones.

En cuanto a la forma, compartes la mortalidad y la precariedad de la existencia. En cuanto al ser, compartes la vida radiante, eterna. Éstos son los dos aspectos de la compasión. En la compasión, los sentimientos aparentemente opuestos de tristeza y alegría se funden en uno y se transmutan en una profunda paz interna. Es la paz de Dios.

El cuerpo y la muerte son la misma ilusión… Tu conciencia crea el mundo que habitas a cada momento… Cada ser es un punto focal de conciencia, y cada punto focal crea su propio mundo, aunque todos están interconectados… Todos los mundos son, en definitiva, un solo mundo.

Tu principal tarea no es buscar la salvación mediante la creación de un mundo mejor, sino despertar de la identificación con la forma… En cierta forma ya no necesitas del mundo (cuando despiertas de la identificación con la forma). Ni siquiera necesitas que sea distinto de como es.

Sólo los que han trascendido el mundo pueden crear un mundo mejor.

EL SIGNIFICADO DE LA RENDICIÓN

La rendición es una sabiduría simple pero profunda que implica ceder más que oponerse al flujo de la vida; es aceptar el momento presente incondicionalmente y sin reservas. Es renunciar a la resistencia interna a lo que es… La resistencia suele agudizarse cuando las cosas “van mal”, lo que significa que hay una distancia entre las demandas y rígidas expectativas de tu mente y lo que es… La aceptación de lo que es te libera inmediatamente de tu identificación mental y vuelve a conectarte con el Ser. La resistencia es la mente.

No hagas juicios sobre el ahora… Niégate a etiquetar el ahora.

Cuando tu situación de vida te resulta insatisfactoria o intolerable, sólo si empiezas por rendirte podrás romper el patrón de resistencia inconsciente que perpetúa esa situación… La no-resistencia realza enormemente la cualidad de tu conciencia y, por lo tanto, la cualidad de cualquier cosa que estés haciendo o creando. Entonces los resultados vendrán por sí mismos... Rendirte es la cosa más importante que puedes hacer para provocar un cambio positivo.

Si tu situación general es insatisfactoria o desagradable, separa este instante y ríndete a lo que es… Si no puedes hacer nada, y tampoco puedes salir de la situación, úsala para entrar más profundamente en la rendición, más profundamente en el ahora, más profundamente en el Ser.

¿Cómo puedo soltar la resistencia? Empieza por reconocer que hay resistencia. Estate presente cuando ocurra, cuando surja la resistencia. Observa cómo la crea tu mente, cómo etiqueta la situación, a ti mismo, a los demás. Observa el proceso de pensamiento implicado. Siente la energía de la emoción. Siendo testigo de la resistencia comprobarás que no tiene ninguna utilidad. Al centrar toda tu atención en el ahora, la resistencia inconsciente se hace consciente y ése es su fin. No puedes ser consciente e infeliz, consciente y negativo. La negatividad, la infelicidad o el sufrimiento, sean del tipo que sean, indican que hay resistencia, y la resistencia siempre es inconsciente.

A través de la rendición, la energía espiritual entra en este mundo… La rendición es un poderoso transformador de situaciones y personas. Si las circunstancias no cambian inmediatamente, tu aceptación del ahora te permitirá elevarte por encima de ellas. En cualquier caso serás libre.

No des a la infelicidad, en ninguna de sus formas, un lugar donde habitar en tu interior.

Si no puedes aceptar lo que es, eso implica que nunca puedes aceptar a las personas como son. Las juzgarás, las criticarás, las etiquetarás, las rechazarás o intentarás cambiarlas.

Déjame ilustrar cómo puede funcionar la rendición en las relaciones. Cuando te veas envuelto en una discusión o en alguna situación conflictiva observa cómo te pones a la defensiva cuando atacan tu posición, o siente la fuerza de tu propia agresión cuando atacas la posición de la otra persona. Observa el apego a tus puntos de vista y opiniones. Siente la energía emocional-mental que está detrás de tu necesidad de tener razón y de señalar que la otra persona está equivocada. Ésa es la energía de tu mente egotista. La haces consciente reconociéndola, sintiéndola tan plenamente como puedas. Entonces, un día, en medio de una discusión, de repente te darás cuenta de que tienes una opción, y quizá decidas abandonar tu reacción simplemente para ver qué pasa. Te rindes (sueltas todo el campo de energía mental-emocional que estaba luchando por el poder en tu interior).. Si te sientes de repente muy ligero, diáfano y en profunda paz, eso es una señal inequívoca de que te has rendido realmente.

El ego cree que la fuerza reside en resistirse, cuando en realidad la resistencia te separa del Ser, el único estado de verdadero poder. La resistencia es debilidad y miedo disfrazados de fuerza. Lo que el ego considera debilidad es tu Ser en toda su pureza, inocencia y poder.

La rendición no transforma lo que es, al menos no directamente. La rendición te transforma a ti. Cuando te transformas, todo tu mundo se transforma, porque el mundo sólo es un reflejo.

…Junto con esa paz radiante (provocada por la rendición) llega la comprensión -no a nivel mental, sino al nivel profundo del Ser- de que eres indestructible, inmortal. No se trata de una creencia. Es una certeza absoluta que no necesita pruebas externas ni comprobaciones ulteriores.

Ésta es tu segunda oportunidad de rendirte: si no puedes aceptar lo de fuera, entonces acepta lo de dentro. Si no puedes aceptar la situación externa, acepta la situación interna. Esto significa: no te resistas al dolor. Permítelo. Ríndete al dolor, a la desesperación, al miedo, a la soledad o a cualquier forma que adopte el sufrimiento. Obsérvalo sin etiquetarlo mentalmente. Abrázalo. A continuación observa cómo el milagro de la rendición transmuta el sufrimiento profundo en paz profunda.

Atraes y manifiestas lo que corresponde a tu estado interno.

Pero incluso cuando no hay escapatoria, existe un camino que permite atravesar el dolor; por tanto, no te alejes de él. Afróntalo. Siéntelo plenamente. Siéntelo, ¡no pienses en él! Exprésalo si es necesario, pero no crees un guión mental con el dolor. Pon toda tu atención en lo que sientes, no en la persona, evento o situación que parece causarlo. No dejes que la mente use el dolor para crearse con él una identidad de víctima… Como es imposible huir del sentimiento, la única posibilidad de cambio es entrar en él; si no lo haces, no cambiarás nada. Por tanto, concede toda la atención a lo que sientes y evita etiquetarlo mentalmente. Al entrar en el sentimiento, mantente intensamente alerta. Puede que al principio parezca un lugar oscuro y terrorífico, pero cuando sientas el impulso de huir de él, obsérvalo sin hacer nada. Continúa manteniendo la atención en el dolor, sigue sintiendo la pena, el miedo, el pavor, la soledad…, lo que estés sintiendo. Mantente alerta, sigue estando presente, presente con todo tu ser, con cada célula de tu cuerpo. Al hacerlo, estás llevando una luz a esa oscuridad: ésa es la llama de tu conciencia.

Plena atención es plena aceptación, es rendición.

La aceptación del sufrimiento es un viaje hacia la muerte. Afrontar el dolor profundo, dejarlo ser, poner tu atención en él, es entrar en la muerte conscientemente. Cuando hayas muerto esa muerte, te darás cuenta de que no hay muerte y no hay nada que temer. Sólo muere el ego.

¿Quieres tener una muerte fácil? ¿Prefieres morir sin dolor, sin agonía? Entonces muere el pasado a cada instante, y deja que la luz de tu presencia retire el viejo yo pesado y ligado al tiempo que pensabas que eras “tú”.

Puesto que la resistencia es inseparable de la mente, renunciar a la resistencia -rendirse- marca el fin de la etapa en la que la mente es tu maestro, el impostor que pretende ser “tú”, el falso dios. Todo juicio y toda negatividad se disuelven. Entonces se abre el reino del Ser, que había quedado oscurecido por la mente. De repente, surge una gran quietud dentro de ti, la sensación de una paz insondable. Y en esa paz hay una gran alegría. Y dentro de esa alegría hay amor. Y en su núcleo más interno está lo sagrado, lo inconmensurable, Eso que no puede ser nombrado.

Elegir conscientemente la iluminación significa renunciar al pasado y al futuro y hacer del ahora el foco principal de tu vida. Significa elegir habitar en el estado de presencia más que en el tiempo. Significa decir sí a lo que es… (el tiempo y el dolor son inseparables).

La mente siempre se adhiere a lo conocido. Lo desconocido es peligroso porque la mente no tiene control sobre ello. Por eso le disgusta e ignora el momento presente. La atención al momento presente crea una discontinuidad no sólo en la corriente mental, sino también en el continuo pasado-futuro. Nada que sea realmente nuevo y creativo puede entrar en el mundo si no es a través de esa discontinuidad, ese espacio de infinitas posibilidades.

Nadie elige la disfunción, el conflicto, el dolor. Nadie elige la locura. Ocurren porque no hay suficiente presencia para disolver el pasado, porque no hay suficiente luz para disipar la oscuridad. No estás plenamente aquí. Aún no has despertado del todo. Entre tanto, la mente condicionada dirige tu vida… Siempre parece que la gente tiene una elección, pero eso es ilusorio. Mientras la mente, con sus patrones ilusorios, dirija tu vida, mientras seas la mente, ¿qué opciones tienes? Ninguna… ¿Cómo puedes estar resentido con alguien que está enfermo?

No puedes perdonarte verdaderamente ni perdonar a los demás mientras extraigas del pasado tu sentido de identidad. Sólo accediendo al poder del ahora, que es tu propio poder, puede haber un verdadero perdón. Esto quita poder al pasado, y te das cuenta verdaderamente de que nada de lo que hiciste, o de lo que se te hizo, podía dañar en lo más mínimo la radiante esencia que eres. Entonces el perdón mismo se vuelve innecesario.

Ríndete a lo de fuera y a lo de dentro.

 

Visualización: “Activando la Unidad”

Esta visualización la encontré en un manual que me dieron por asistir a un taller de iniciación angelical (“Curso de Maestría Angelical”, se llamaba exactamente). La adapté a mi forma de hablar, le quité cosas y le añadí otras hasta que quedó a gusto mío. Esta versión es la mía y por eso te puedo hablar desde la confianza que da la experiencia propia. Me la he trabajado durante más de un año y es mágica. No puedo decirte otra cosa. Eso sí, todos los días me la leía con total concentración, generalmente en una cafetería (la llevo en mi cartera de bolsillo), escuchando música con el móvil (Mike Rowland, generalmente), aislado del resto del mundo con mis auriculares y concentrándome en las palabras que siguen. Me llevaba unos 15-20 minutos el hacerla y notaba un gran cambio en el antes y en el después. Esta visualización es una petición al universo de que queremos ser uno con él y el universo SIEMPRE va a darnos lo que le pidamos, así que esta es una buena oportunidad de empezar tu nuevo camino, tu nueva vida.

Consejos para trabajarte esta y todas las visualizaciones que hagas:

  1. La clave de todo trabajo interior es la constancia. De nada sirve empezar con mucho ánimo y dejarlo al poco tiempo por el motivo que sea (generalmente por no conseguir resultados tangibles).
  2. Hacerla, si es posible, a la misma hora. Así se establece una rutina que favorece la creación de un hábito, con lo que nos será más fácil seguir con ella
  3. Haz cualquier visualización con la máxima concentración.  La concentración es la clave del poder de nuestra energía. A mayor capacidad de concentración más energía mandamos al punto de atención.
  4. Con la repetición todo se mejora. Así que repite, repite, repite.
  5. No te comas la cabeza pensando o dudando en si la estás haciendo correctamente. ¡Siempre, siempre, lo haces bien!. Esa voz que te hace dudar, es tu ego. No le hagas caso, tú lo haces perfecto, tú lo haces a tu manera. Y punto.
  6. Una vez que ya la domines, hazla en cualquier momento y circunstancia, siempre que te apetezca, porque mientras estás con ella eres tú quien dirige tus pensamientos, no tu ego.
  7. La clave de todo trabajo interior es disfrutar de ello, así que disfruta de esta visualización. ¡DISFRUTA!

Notas sobre esta visualización:

  1. La “respiración equilibrada” es respirar de una manera armónica, siendo tan larga la inspiración como la espiración, pero no te centres en la técnica, en si lo haces bien o mal (yo de hecho, no me fijo en si respiro “correctamente”). Lo realmente importante es la intención con la que haces las cosas, porque la intención es el decreto que envías al universo de lo que quieres conseguir. Tu único objetivo, cuando la hagas, que sea el disfrutar de ella, de lo que imaginas al leerla, de lo que sientes al imaginártelo.
  2. Mientras la leas, detente de vez en cuando y disfruta de las sensaciones que experimentas y poco a poco notarás cómo tu energía, con la repetición, se va elevando. En estos momentos de detención procura mantener la mirada fija, sin interpretar las palabras, sólo sintiendo lo que lees para no despistarte, para no perder tu concentración. Y si la pierdes, no pasa nada, vuelve una y otra vez a ella. Una y otra vez. Y así irás cogiendo el hábito de volver a tu interior. Una y otra vez.
  3. Cuando lleves un tiempo haciéndola, te darás cuenta de que te ayuda a centrarte en los momentos de desasosiego que pudieras vivir. Esta es una visualización que equilibra, armoniza y energiza. Podrás recurrir a ella cuando te sientas mal, porque te conecta a la fuente de donde vienes, de donde venimos.

 

ACTIVANDO LA UNIDAD

Me permito respirar profunda y armónicamente a través de la respiración equilibrada. La paz, que es mi estado natural, lo incluyo en mi sentir en este momento… convirtiéndome en paz y armonía infinitas.

Realizo la respiración equilibrada tomando aire por la nariz y, en esa entrada de energía, llevo mi atención a la consciencia de estar nutriéndome de la energía divina. Respiro profunda y relajadamente. Voy percibiendo cómo la paz y el equilibrio hacen acto de presencia… los disfruto… Siento cómo me expando y al expulsar el aire llevo mi atención a la consciencia  de que estoy expulsando energía divina fusionada con mi experiencia humana. Siento cómo sigo expandiéndome debido a la elevación de mi vibración, generando un estado diferente de conciencia. Estoy irradiando el poder, el amor y la inteligencia del ser divino encarnado que yo soy

Por mi chacra raíz me conecto a la matriz cristalina de la tierra, que visualizo como un enorme cristal iridiscente que me sustenta, irradia y activa el registro del propósito de mi alma para este tránsito ascensional aquí en la tierra. Esa consciencia es traducida en energía platino iridiscente que, de forma ascendente y en espiral, sube a través de mis pies y va elevándose… Esa energía va removiendo, activando e integrando en cada una de mis células el recuerdo del propósito de mi alma. Dejo que la energía continúe ascendiendo.

Ahora me enfoco en mi centro de arriba y me conecto a través del chakra corona a la energía de la fuente, que visualizo como una esfera de energía dorada iridiscente que irradia, activa e integra el recuerdo de la divina presencia en mí. Esa consciencia es guiada a través de una espiral platino que penetra por mi chakra corona y desciende desde la corona hacia abajo, envolviendo cada una de mis células en ese recuerdo. Dejo que esta activación continúe descendiendo…

Ahora me enfoco en ambas espirales…

Siento como la espiral que va ascendiendo desde la tierra va activando el contrato de mi alma y la espiral de arriba va descendiendo, activando el recuerdo de la esencia que soy…

Ahora me enfoco en el corazón…

Estas dos energías/consciencias se encuentran en el corazón, realizándose la fusión de ambas. De esa unión brota un círculo de luz rosa que irradia amor infinito en todas las direcciones. Siento un gran gozo por encontrarme en tal anhelado momento. Lo disfruto… y percibo cómo ese amor que brota de mi corazón va liberando consciencia/luz que limpia mi ser de todo aquello que me lastra, al mismo tiempo que guía mi energía física a reconectar los códigos energéticos, generando la Unidad en mí y unificando completamente mis dos hemisferios cerebrales. Así mismo va reactivando mi glándula pineal y mis capas de ADN físico, haciéndolas resonar con esta frecuencia de unidad. Siento conscientemente la Unidad dentro de mí… convirtiéndome en ella. Esa energía la expando a cada forma de vida sobre la tierra y, por resonancia, a todo el cosmos. Me disfruto a mí mismo y mantengo esta plenitud quedando activada mi conexión con la Unidad desde la dimensión más elevada.

Desde este momento me entrego a ser dirigido por la Unidad que soy desde la dimensión más elevada, manifestando mi clara intención de elevar cada día mi nivel de vibración.

Queda, pues, activada la Unidad en mi ser.

Que así sea.

Seguimos caminando.

 

¿Qué somos?

Esta es la pregunta más importante que puedes hacerte, porque en función de la respuesta que des así irá tu vida. Espero, que cuando acabes de leer esto, te veas de diferente manera a cómo te percibes ahora, ya que entonces habremos dado un gran paso adelante.

Tu cuerpo, ese compañero que va contigo a todas partes, si lo observaras a través de un potente microscopio de efecto túnel verías algo parecido a una nube formada por un montón de átomos. Un átomo es la parte más pequeña de un elemento que conserva sus propiedades; si lo dividiéramos, lo que resultaría ya no tendría nada que ver con el elemento del que proviene, sería otra cosa diferente.

Un átomo consta de un núcleo (formado por neutrones, sin carga, y protones, con carga positiva) y unas partículas girando a su alrededor a velocidades muy elevadas, llamadas electrones, con carga negativa. Esta diferencia de carga, hace que los electrones orbiten alrededor del núcleo, ya que son atraídos por la carga positiva de los protones, eso sí, a una distancia enorme comparada con su tamaño. Si el núcleo tuviera el tamaño de una naranja y se encontrara en Bilbao (no lo puedo evitar, soy de aquí), los electrones pasarían girando por Estados Unidos, es decir, realmente somos espacio vacío, pero como esos electrones y átomos (que también giran alrededor de otros átomos) se mueven tan rápido, damos la sensación de ser un cuerpo sólido. Imagínate un ventilador, si está apagado, puedes meter la mano entre sus huecos sin ningún problema, pero si lo enchufas ya no puedes hacerlo (bueno, sí podrías, pero no te reirás mucho) porque no hay “huecos” debido a la velocidad de las aspas. Lo mismo pasa con nuestro cuerpo, que da la apariencia de ser sólido y compacto, pero lo que estamos viendo y creyéndonos ser es, en realidad, un efecto óptico creado por las limitaciones de nuestros sentidos.

Por otra parte, este constante movimiento de los electrones produce una energía alrededor de la cual se crea un campo electromagnético, que son ondas en movimiento, por medio de las cuales se transporta la energía generada. Una onda tiene una longitud y una frecuencia de vibración. La longitud de onda es la distancia existente entre dos crestas o valles consecutivos y la frecuencia de la onda es la cantidad de oscilaciones completas que se producen en un determinado tiempo. A mayor longitud de onda menor frecuencia y viceversa. Cuanto mayor es la frecuencia de vibración mayor es la energía transportada por la onda.

Por lo tanto, todo aquello que tiene una expresión física en este universo, al estar constituido por átomos, es energía vibrando; todo sin excepción. Todo el universo es vibración, lo único que varía es la frecuencia de la misma, lo “rápido” o “lento” que vayan los electrones y átomos. Lo que aparenta ser más sólido vibra a una frecuencia más baja y lo que es más sutil a una frecuencia más alta, más rápida. Si calentamos un cubo de hielo se transforma en agua líquida y si la seguimos calentando se vuelve vapor. Es agua en los tres casos, el mismo elemento, pero su apariencia, su estado físico, es diferente porque ha cambiado su frecuencia de vibración debido a la energía que ha recibido del calor.

Fíjate bien: eres espacio vacío, no ese cuerpo denso y compacto que crees ser y, además, nunca te encuentras en reposo total porque continuamente estás vibrando. Todo lo que aparenta ser tu cuerpo, está en permanente movimiento, en un constante cambio (tú no eres la misma persona que se ha levantado esta mañana de la cama), al igual que todo lo demás y, sin embargo, no somos conscientes de ello, no lo percibimos así, por las características de nuestros sentidos físicos que nos hacen creer algo que no somos. Nos creemos ser las sensaciones que experimentamos sin ser conscientes de nuestra auténtica realidad: somos vacío, somos energía vibrando.

Además, este cuerpo que habitamos realiza una serie de procesos metabólicos para transformar la energía de los alimentos y, gracias a este proceso, emitimos luz. No la vemos porque la intensidad es muy débil y es imperceptible para nuestros ojos, pero se han realizado experimentos que así lo certifican. No hay acuerdo entre lo científicos en los motivos de esta emisión, pero sí en el hecho de que la irradiamos, es decir,  somos seres de luz. ¡Qué bonito, ¿verdad?!

Pero quedan más cosas todavía, y encima lo mejor.

Según ha demostrado la física cuántica, los electrones pueden actuar como partículas, con una mínima masa, o como ondas, sin masa. Esto lo descubrió el físico francés Louis-Victor de Broglie, galardonado con el premio Nobel de física en 1929, al demostrar que todo electrón lleva asociada una onda. Formuló una ecuación (λ= h/p) que relaciona ambas magnitudes, y enunció esta hipótesis, que tres años más tarde se probó: “Toda la materia presenta características tanto ondulatorias como corpusculares comportándose de uno u otro modo dependiendo del experimento específico”. 

Posteriormente, la ciencia demostró el efecto observador, que origina el que los electrones se comporten como partículas cuando son “observados”, por ejemplo, cuando se quieren cuantificar sus características en un momento dado, pero el resto del tiempo, cuando no se les observa, existen como una onda de probabilidades. De hecho, no se puede determinar su posición cuando orbitan, solo se puede establecer una zona, alrededor del átomo, en la que es “probable” se encuentren. Así que, el observador crea una partícula por el simple hecho de observar, porque en el momento de hacerlo se produce la materialización de esa energía, de esa probabilidad, en una partícula concreta. Este vídeo explica muy bien el doble comportamiento de los electrones y el efecto observador.

Con las ondas de luz la cosa todavía se vuelve más interesante. La luz es una onda, cuyas partículas, los fotones, pueden actuar como el observador espera que actúen, es decir, si la observación-medición es para estudiar su comportamiento de partícula, se comportarán como partículas, pero si se les estudia como onda, se comportarán como una onda, es decir, la intención del observador crea su realidad.

Nosotros, como seres humanos que somos, tenemos la facultad de poder ser conscientes de donde enfocamos nuestra atención y esta consciencia nos da la libertad (nuestro libre albedrío) para dirigirla donde queramos. Esta atención crea aquello que observa, como hemos visto, así que somos seres creadores.

Somos seres creadores.

¡Qué grande es lo que somos, ¿verdad?!

Somos energía vibrando, creando continuamente aquello a lo que prestamos atención por medio de nuestra intención, pero la sociedad en la que vivimos nos transmite la ilusión de ser otra cosa diferente, haciéndonos creer ser algo mucho más pequeño, mucho más limitado, que la belleza como seres que realmente somos. La clave de todo, como veremos en sucesivos artículos, son las creencias que tenemos: ellas son las que dirigen todo nuestro poder creador, son las que guían nuestra vida.

Así que te hago esta sencilla pregunta: ¿quién crees que eres?.

Recibe un amoroso abrazo.

Seguimos caminando.

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