El ego según Tolle (resumen)

Este es un resumen que tenía hecho para mi uso personal (suelo hacer resúmenes de los libros que me dejan huella) del libro de Eckart Tolle, “Un nuevo mundo ahora”, en el que habla del ego de una manera clara y didáctica. Espero te sirva.
Con todo mi cariño.

UN NUEVO MUNDO AHORA

Ego: el estado actual de la humanidad

El yo ilusorio

La palabra “yo” encarna el mayor error y la verdad más profunda, dependiendo de cómo se utilice… En la utilización cotidiana normal, “yo” encarna el error primordial, una percepción errónea de quién eres, una sensación ilusoria de identidad. Esto es el ego. Esta sensación ilusoria del yo es una “ilusión óptica de conciencia” (Einstein). Este yo ilusorio se convierte en la base de todas las interpretaciones posteriores de la realidad –o más bien malinterpretaciones-, de todos los procesos de pensamiento, interacciones y relaciones. La realidad se convierte en un reflejo de la ilusión original.

Cuando adquirimos conciencia de que la ilusión es una ilusión, esta se disuelve. Tener conciencia de la ilusión la pone fin. Solo persiste cuando la confundimos con la realidad.

Identificarse con los objetos es conferir a las cosas–y en último término a los pensamientos que representan cosas- un sentido del yo, y así deducir de ellas una identidad. Cuando ese objeto (o situación o estado) lo pierdo surge un intenso sufrimiento. No por el valor intrínseco del objeto sino por la idea de “mío”… En el fondo no son más que pensamientos unidos precariamente por el hecho de que a todos se les ha conferido un sentido de identidad. Esta noción mental es lo que normalmente indicamos cuando decimos “yo”… Estos pensamientos es la “voz de la cabeza”

La vida te proporcionará la experiencia que sea más útil para la evolución de tu conciencia. ¿Cómo sabes que esta es la experiencia que necesitas? Porque esta es la experiencia que tienes en este momento.

El Ego no es malo, solo es inconsciente.

La ilusión de propiedad

“Bienaventurados los pobres de espíritu –dijo Jesús-, porque de ellos será el reino de los cielos”. ¿Qué significa “pobres de espíritu”? Sin equipaje interior, sin identificaciones. Ni con las cosas, ni con conceptos mentales que tengan un sentido del yo. ¿Y qué es el “reino de los cielos”? La simple pero profunda alegría del Ser, que está ahí cuando te libras de las identificaciones y te vuelves “pobre de espíritu”… No importa con qué se identifique el ego con tal de tener una identidad. Darte la razón y negársela a otros es una de las principales pautas mentales del ego, una de las principales formas de inconsciencia.. En otras palabras, el contenido del ego puede cambiar, pero la estructura mental que lo mantiene vivo no cambia.

El ego tiende a equiparar tener con Ser. Tengo, luego soy. Y cuanto más tengo, más soy. El ego vive a base de comparaciones. En la mayoría de los casos, el sentido de su propia valía que tiene el ego está ligado a lo que vales a los ojos de los demás.

¿Cómo puedes liberarte del apego a las cosas? Ni lo intentes. Es imposible. El apego a las cosas desaparece por sí mismo cuando ya no intentas encontrarte a ti mismo en ellas. A veces puede que no sepas que estás apegado a algo –es decir, identificado con ello- hasta que lo pierdes o existe peligro de perderlo. Si entonces te irritas, te angustias, etc., es que estás apegado. Si eres consciente de que estás identificado con una cosa, la identificación ya no es total. “Soy la conciencia que es consciente de que hay apego”. Ese es el comienzo de la transformación de la conciencia.

Deseo: la necesidad de más

Desear mantiene vivo al ego más que tener. El ego quiere desear más que tener. Es una necesidad adictiva, pero no es auténtica.

El deseo es estructural, así que ninguna satisfacción puede ser duradera mientras esa estructura mental siga en su sitio.

Las formas de pensamiento “yo” y “mío”, “más que”, “quiero”, “necesito”, “tengo que tener” y “no es suficiente” no corresponden al contenido sino a la estructura del ego. El contenido es intercambiable. Cuando estas formas de pensamiento actúan, ninguna posesión, lugar, persona o condición te dejará satisfecho. Ningún contenido podrá satisfacerte mientras la estructura del ego siga en su sitio.

Identificación con el cuerpo

Aparte de los objetos, otra forma básica de identificación es con “mi” cuerpo. Equiparar con el “yo” el cuerpo físico percibido por los sentidos –que está destinado a envejecer, marchitarse y morir- siempre conduce a sufrimientos, tarde o temprano.

Sentir el Cuerpo Interior

Es la sensación de vida que hay en tu interior. Es la energía vital que te da la vida, el puente entre la forma y la no forma. Adopta la costumbre de sentir el cuerpo interior tan frecuentemente como puedas, tanto si estás solo como interactuando con alguien. Estate anclado a tu interior.

La conciencia del cuerpo interior no solo te ancla en el momento presente: es también una puerta para salir de la prisión que es el ego.

El olvido del Ser

El ego es siempre identificación con la forma, bien sea física o de pensamiento. El pensamiento es una formación de energía, más sutil y menos densa que la materia física, pero es forma. El ego es un conglomerado de formas de pensamiento recurrentes y pautas mentales y emocionales condicionadas a las que conferimos un sentido del “yo”. El ego surge cuando nuestro sentido del Ser, del “yo soy”, que es conciencia sin forma, se enreda con la forma.

La paz que sobrepasa toda comprensión

Cuando no te identificas con nada te das cuenta de que tu identidad esencial no tiene forma, es una Presencia que todo lo impregna, un Ser anterior a todas las formas, a todas las identificaciones. Percibes tu auténtica identidad como conciencia en sí misma, y no como aquello con lo que se había identificado la conciencia. Esa es la paz de Dios. La verdad definitiva de quién eres no es “yo soy esto o aquello”, sino Yo Soy.

Rendirse significa la aceptación interior de lo que es. Estás abierto a la vida. La resistencia es una contracción interior, un endurecimiento de la concha del ego. Estás cerrado. Cualquier acción que emprendas en estado de resistencia interior (que también podríamos llamar negatividad) creará más resistencia exterior, y el Universo no estará de tu parte; la vida no te ayudará.

El núcleo del ego

El núcleo central de toda la actividad de la mente consiste en ciertos pensamientos y emociones repetitivos y persistentes, y en pautas de reacción con las que nos identificamos con más fuerza. Esa entidad es el ego mismo.

El ego vive de la identificación y de la separación. Cuando  vives a través del ego, es decir, del yo creado por la mente y formado por pensamientos y emociones, la base de tu identidad es precaria porque el pensamiento y la emoción son, por naturaleza, efímeros, fugaces. Así pues, todo ego está luchando constantemente por la supervivencia, intentando protegerse y agrandarse. Para sostener la idea del yo, necesita la idea opuesta de “el otro”. El “yo” conceptual no puede sobrevivir sin el “otro” conceptual. Los otros son más cuando los veo como mis enemigos.

Quejas y resentimiento.

Quejarse es una de las estrategias favoritas del ego para reforzarse. Toda queja es una interpretación que la mente inventa y que tú te crees por completo.

El resentimiento es la emoción que acompaña a la queja y al etiquetado mental de la gente, y que añade aún más energía al ego. El resentimiento significa sentirse amargado, indignado, agraviado u ofendido.

No reaccionar al ego de los otros es una de las maneras más eficaces de superar el propio ego, y también de disolver el ego colectivo humano. Pero solo puedes estar en un estado de no reacción si eres capaz de reconocer que la conducta de alguien viene del ego, que es una expresión de la disfunción colectiva humana. Cuando te das cuenta de que no es algo personal, ya no existe la compulsión de reaccionar como si lo fuera.

No reaccionar no es un signo de debilidad, sino de fuerza. Otra palabra para la no reacción es perdón. Perdonar es pasar por alto, o más bien mirar más allá del ego para ver la cordura que hay en todo ser humano, que es su esencia.

Al ego le encanta quejarse y sentir rencor, no solo de otras personas, sino también de las situaciones.

El mayor enemigo del ego es el momento presente, es decir, la vida misma.

Debemos esforzarnos por ser conscientes de la voz en la cabeza, tal vez en el momento preciso en que se queja de algo, y reconocerla como lo que es: la voz del ego, nada más que una pauta mental condicionada, un pensamiento. La voz no eres tú, tú eres el que es consciente de ella. Eres la conciencia que es consciente de esa voz.

Tendencia a reaccionar en lugar de actuar; rencores.

Quejarse es una manifestación de la tendencia a reaccionar en lugar de actuar, otra de las maneras que tiene el ego para reforzarse. Hay muchas personas que siempre están esperando la próxima cosa contra la que reaccionar, por la que sentirse molestos o perturbados … Al reaccionar contra esto o lo otro, afirman y refuerzan su sensación del yo.

Cuando un resentimiento dura mucho, pasa a ser rencor. Un rencor es una fuerte emoción negativa relacionad con un acontecimiento del pasado, a veces lejano, que se mantiene vivo a base de pensamiento compulsivo, por repetir incesantemente en la cabeza o en voz alta la historia de “lo que me hicieron” o “lo que nos hicieron”. Un rencor puede contaminar también otros aspectos de tu vida. Por ejemplo, mientras piensas en tu rencor y lo sientes, su energía emocional negativa puede deformar tu percepción de algo que está ocurriendo en el presente, o influir en tu manera de hablar o comportarte con alguien en el presente. Un rencor fuerte es capaz de contaminar amplias zonas de tu vida y mantenerte en las garras del ego.

No intentes librarte del rencor. Intentar olvidarlo, perdonar, no funciona. El perdón ocurre de manera natural cuando ves que no tiene sentido, aparte de reforzar una falsa sensación del yo, de mantener el ego en su sitio. Ver eso es liberarse.

El pasado no tiene poder para impedirte estar presente ahora. Solo tus rencores del pasado pueden hacer eso. ¿Y qué es un rencor? El peso de viejos pensamientos y emociones.

Tener razón, negar la razón a otros.

Quejarse, encontrar defectos y reaccionar en lugar de actuar son cosas que refuerzan la sensación de separación y diferenciación que tiene el ego, de la que depende su supervivencia. Pero también refuerzan al ego dándole una sensación de superioridad que lo alimenta.

No hay nada que refuerce más al ego que tener razón. Tener razón es identificarse con una postura mental: un punto de vista, una opinión, un juicio, una interpretación. Tener razón nos coloca en una situación de imaginaria superioridad moral respecto a la persona o situación que está siendo juzgada y condenada. Es esa sensación de superioridad lo que busca el ego para reforzarse.

El ego no es personal.

Las pautas egóticas concretas de otros ante las que reaccionas con más fuerza y que confundes con su identidad tienden a ser las mismas pautas que hay en ti, pero eres incapaz de detectarlas en ti mismo, o te niegas a hacerlo. Todo lo que te molesta en otros, aquello contra lo que más reaccionas, está también en ti. Pero no es más que una forma del ego y, como tal, es completamente impersonal.

La guerra es una postura mental.

Reforzamos lo que combatimos, y aquello a lo que nos oponemos persiste.

Hay una profunda interrelación entre tu estado de conciencia y la realidad externa. Cuando estás en las garras de una postura mental como la de la “guerra”, tus percepciones se vuelven sumamente selectivas y distorsionadas. En otras palabras, solo verás lo que quieras ver y luego lo malinterpretarás.

Reconoce el ego como lo que es: una disfunción colectiva, la locura de la mente humana. Cuando lo reconoces como lo que es, dejas de confundirlo con la identidad de alguien. Cuando ves el ego como lo que es, resulta mucho más fácil no reaccionar a él. Ya no te lo tomas como algo personal. No hay quejas, culpas, acusaciones ni descalificaciones. Nadie está equivocado. Solo lo está el ego de alguien. Cuando te das cuenta de que todos sufren la misma enfermedad de la mente, algunos con más gravedad que otros, surge la compasión. Ya no alimentas más el drama que forma parte de todas las relaciones egóticas. ¿Cuál es su alimento? la tendencia a reaccionar en lugar de actuar. El ego se nutre de ella.

¿Quieres paz o drama?

Quieres paz. No hay nadie que no desee paz. Pero hay algo dentro de ti que quiere drama, que quiere conflicto. Quizá no seas capaz de sentirlo en este momento. Quizá tengas que esperar a que una situación o un simple pensamiento provoque una reacción en ti: alguien que te acusa de esto o de aquello, que no reconoce tus méritos, que invade tu territorio, que critica tu manera de hacer las cosas, que discute de dinero… ¿Te das cuenta de cómo se apresura tu mente a defender su posición, a justificar, atacar, culpar? En otras palabras, ¿puedes ser consciente en ese momento de inconsciencia? ¿Puedes sentir que hay en ti algo que está en guerra, algo que se siente amenazado y quiere sobrevivir a toda costa, que necesita el drama para afirmar su identidad de personaje victorioso en esta producción teatral? ¿Sientes que hay en ti algo que prefiere tener razón a estar en paz?

Más allá del ego: la verdadera identidad

Cuando el ego está en guerra, no es más que una ilusión que lucha por persistir. Esa ilusión cree que es tú. Al principio no es fácil estar ahí como la Presencia testigo, pero en cuanto has tenido ocasión de probarlo, el poder de tu Presencia crecerá y el ego aflojará su presa sobre ti. Y así surge en tu vida un poder que es mucho más grande que el ego, más grande que la mente. Lo único que hace falta para liberarse del ego es ser consciente de él, porque la conciencia y el ego son incompatibles. La conciencia es el poder oculto tras el momento presente. Por eso también podemos llamarlo Presencia. El propósito último de toda existencia humana es traer ese poder al mundo.

La conciencia espiritual consiste en ver claramente que lo que percibimos, experimentamos, pensamos o sentimos no es lo que somos, que no podemos encontrarnos a nosotros mismos en todas esas cosas que son pasajeras. Lo que queda es la luz de la conciencia, en la que van y vienen las percepciones, experiencias, pensamientos y sentimientos. Eso es el Ser, ese es el yo auténtico y profundo. Cuando me conozco de ese modo, lo que ocurre en mi vida ya no tiene importancia absoluta, solo relativa. Lo acepto, pero pierde su seriedad absoluta, su peso. En definitiva, lo único que importa es esto: ¿puedo sentir en todo momento mi Ser esencia, el Yo Soy, en el fondo de mi vida? Para ser más precisos, ¿puedo sentir el Yo Soy que soy yo en este momento? ¿Puedo sentir mi identidad esencial como la conciencia misma? ¿O me estoy perdiendo en lo que ocurre, en la mente, en el mundo?

Todas las estructuras son inestables

Sea cual sea la conducta que el ego manifiesta, la fuerza motivadora oculta es siempre la misma: la necesidad de destacar, de ser especial, de tener el control; la necesidad de poder, de atención, de más. Y, por supuesto, la necesidad de sentir una sensación de separación; es decir, la necesidad de oposición, de enemigos.

El ego siempre quiere algo de los demás o de las situaciones. Siempre existe una motivación oculta, siempre existe una sensación de “todavía no es bastante”, de insuficiencia, de carencia que hay que llenar.

La emoción básica que gobierna toda la actividad del ego es el miedo¿Porqué el miedo? Porque el ego surge de la identificación con la forma, y en el fondo sabe que ninguna forma es permanente, que todas son efímeras. Así que siempre hay una sensación de inseguridad alrededor del ego.

El ego necesita sentirse superior.

Los tres estados predominantes de las relaciones egóticas son: el deseo, el deseo frustrado (ira, resentimiento, acusación, quejas) y la indiferencia.

REPRESENTAR PAPELES: LAS MÚLTIPLES CARAS DEL EGO

Por lo general, la gente es completamente inconsciente de los papeles que representa. Ellos son esos papeles. El ego se alimenta de la atención de los otros, que, al fin y al cabo, es una forma de energía psíquica. El ego no sabe que la fuente de toda energía está en el interior, y por eso la busca fuera. Lo que el ego busca no es la atención sin forma que es la Presencia, sino atención en cualquier forma, como reconocimiento, elogio, admiración, o solo ser tenido en cuenta de algún modo, que se reconozca su existencia.

Todo sentido conceptual del yo (verse uno mismo como esto o aquello) es ego, ya sea predominantemente positivo (soy el más grande) o negativo (no sirvo para nada). Detrás de todo concepto positivo de uno mismo está el miedo oculto a no ser lo bastante bueno. Detrás de todo concepto negativo de uno mismo está el deseo oculto de ser el más grande o mejor que otros. Detrás de la sensación de confianza del ego y su continua necesidad de superioridad estás el miedo inconsciente a ser inferior. Y a la inversa, el ego tímido e inadecuado que se siente inferior tiene un fuerte deseo oculto de superioridad. Muchas personas fluctúan entre sentimientos de inferioridad y de superioridad, según las situaciones o las personas con las que entran en contacto. Lo único que necesitas saber y observar en ti mismo es esto: siempre que te sientes superior o inferior a alguien, es el ego que llevas dentro.

Librarse de las autodefiniciones

Cuando renuncias a creer que deberías o necesitas saber quién eres, ¿qué ocurre con la confusión? Desaparece de pronto. Cuando aceptas plenamente que no sabes, entras en un estado de paz y claridad que está más cerca de lo que verdaderamente eres que ningún pensamiento. Definirte por medio del pensamiento es limitarte.

Papeles preestablecidos

Lo que importa de verdad no es qué función desempeñamos en este mundo, sino si nos identificamos en tal medida con nuestra función que esta se apodera de nosotros y se convierte en un papel que representamos. Cuando representamos papeles estamos inconscientes.

El papel de feliz frente a la verdadera felicidad

La causa primera de la infelicidad no es nunca la situación, sino lo que piensas acerca de ella. Sé consciente de los pensamientos que estás pensando. Sepáralos de la situación, que es siempre neutral, que siempre es como es. Aquí está la situación o el hecho, y aquí están mis pensamientos acerca del asunto. En lugar de inventar historias cíñete a los hechos.

Lo que piensas crea las emociones que sientes. Observa la conexión entre tus pensamientos y tus emociones. En lugar de ser esos pensamientos y emociones, sé la conciencia que hay detrás.

La infelicidad anula tu estado natural de bienestar y paz interior, la fuente de la auténtica felicidad.

Paternidad: ¿papel o función?

La conciencia es el mayor agente de cambio.

Las pautas egóticas, hasta las más duraderas, a veces se disuelven casi milagrosamente cuando no te opones a ellas interiormente. La oposición solo les da fuerza renovada. Pero aunque no desaparezcan, tú puedes aceptar el comportamiento de tus hijos con compasión, sin necesidad de reaccionar en contra, es decir, sin personalizarlo.

Mantente alerta. ¿Algunos de los pensamientos que pasan por tu mente son la voz interiorizada de tu padre o de tu madre, que tal vez dice algo parecido a “no eres bastante bueno. Nunca serás nada”, o algún otro juicio o postura mental? Si hay conciencia en ti, serás capaz de reconocer esa voz en tu cabeza como lo que es: un pensamiento antiguo, condicionado por el pasado. Si hay conciencia en ti, ya no necesitas creer en todos los pensamientos que piensas. Es un pensamiento antiguo y nada más. La conciencia significa Presencia, y solo la Presencia puede disolver tu pasado inconsciente.

La relación con tus padres no solo es la relación primordial que marca el tono para todas las relaciones posteriores; es también una buena prueba de tu grado de Presencia. Cuanto más pasado compartido hay en una relación, más presente hay que estar; de lo contrario, te verás obligado a revivir el pasado una y otra vez.

Sufrimiento consciente

Tus hijos vienen a este mundo a través de ti, pero no son “tuyos”.

Lo que para ti es un error puede ser lo que necesitan hacer o experimentar tus hijos.

El sufrimiento nos hace ahondar en nuestro ser. La paradoja es que el sufrimiento está causado por la identificación con la forma, pero erosiona la identificación con la forma. En gran parte está causado por el ego, aunque a la larga el sufrimiento destruye el ego… pero no hasta que suframos conscientemente.

El sufrimiento tiene un doble propósito: la evolución de la conciencia y la disolución del ego. Si te resistes al sufrimiento, el proceso es lento, porque la resistencia crea más ego que hay que disolver. Pero cuando aceptas el sufrimiento, hay una aceleración del proceso, provocada por el hecho de que sufres conscientemente. Puedes aceptar el sufrimiento para ti mismo o para otros, como tu hijo o tus padres. En medio del sufrimiento consciente está ya la transmutación. El fuego del sufrimiento se convierte en la luz de la conciencia.

Necesitas decir sí la sufrimiento para poder transcenderlo.

Paternidad consciente

¿Cómo introduces el Ser en la vida de una familia atareada, en tu relación con tu hijo? La clave está en darle a tención al hijo. Hay dos clases de atención: A la primera podríamos llamarla atención basada en la forma. La otra es la atención si forma. La atención basada en la forma es necesaria y tiene su importancia, pero si eso es todo lo que hay en tu relación con tu hijo, faltará la dimensión más importante y el Ser quedará completamente eclipsado por el hacer.

La atención sin forma es inseparable de la dimensión del Ser. ¿Cómo funciona?: Cuando mires, escuches, toques o ayudes a tu hijo en esto o aquello, debes estar alerta, inmóvil, completamente presente, sin desear nada más que ese momento, tal como es. De esta manera, dejas sitio al Ser. En ese momento si tú estás presente, no eres un padre o una madre. Eres la vigilancia, la quietud, la Presencia que está escuchando, mirando, tocando, incluso hablando. Eres el Ser que hay detrás del hacer.

Reconocer a tu hijo

Ser dueño de tu vida no es una cuestión de control, sino de encontrar un equilibrio entre lo humano y el Ser. Lo humano solo nunca es bastante. Lo humano es forma. El Ser no tiene forma. Lo humano y el ser no están separados sino entrelazados.

Solo somos iguales en el Ser, más allá de la forma, y solo cuando encontramos en nosotros mismos la dimensión sin forma podrá haber verdadero amor en esa relación. La Presencia que somos, el Yo Soy intemporal, se reconoce en otro, y el otro -el hijo en este caso- se siente amado, es decir, reconocido.

Amar es reconocernos en otro. El ansia de amor que hay en todo niño es el ansia de ser reconocido, no en el nivel de la forma, sino en el nivel del Ser. Si los padres solo aceptan la dimensión humana del hijo pero descuidan el Ser, el hijo sentirá que la relación no es completa, que falta algo absolutamente vital y habrá una acumulación de dolor en el hijo, y a veces resentimiento inconsciente hacia los padres.

Cuando otro nos reconoce, ese reconocimiento hace que la dimensión del Ser entre más en este mundo, a través de nosotros dos. Ese es el amor que redime al mundo.

Se ha dicho que “Dios es amor”, pero eso no es absolutamente correcto. Dios es la Vida Única en todas las incontables formas de vida y más allá de ellas. El amor implica dualidad: amante y amado, sujeto y objeto. Así pues, el amor es el reconocimiento de la unidad en el mundo de la dualidad. Esto es el nacimiento de Dios en el mundo de la forma.

Dejar de representar papeles

Hacer lo que se requiere de ti en cualquier situación, sin que ello se convierta en un papel con el que te identifiques, es una lección imprescindible en el arte de vivir, y todos estamos aquí para aprenderla. Todo papel es un sentido ficticio del yo, y a través de él todo se vuelve personalizado y, por lo tanto, corrupto y desfigurado por el “pequeño yo” creado por la mente y el papel que esté representando en ese momento.

Cuando no representas papeles, eso significa que no hay ego en lo que haces. Estás totalmente centrado en la situación. Te haces uno con ella. En cuando intentas ser esto o aquello, estás representando un papel.

Renuncia a definirte, y a definir a los demás. No morirás. Y no te preocupes por cómo te definen otros. Cuando te definen, se están limitando, de modo que ese es su problemas. Cuando interactúes con otras personas, no estés ahí primariamente como una función o un papel, sino como un campo de Presencia consciente.

En la forma, eres y siempre serás inferior a algunos, superior a otros. En esencia, no eres inferior ni superior a nadie. La verdadera autoestima y la verdadera humildad surgen de esa comprensión. A los ojos del ego, la autoestima y la humildad son contradictorias. En realidad, son la misma cosa.

El ego patológico

Una persona en las garras del ego no reconoce el sufrimiento como sufrimiento sino que lo considera la única respuesta apropiada en cualquier situación. La infelicidad es una enfermedad mental y emocional creada por el ego, que ha alcanzado proporciones epidémicas. Los estados negativos, como la ira, la ansiedad, el odio, el resentimiento, el descontento, la envidia, los celos, etc., no se reconocen como negativos, sino que se consideran totalmente justificados, y además no se perciben como creados por uno mismo, sino que se creen causados por algún otro o por algún factor externo. “Te hago responsable de mi dolor”. Esto es lo que implica la actuación del ego.

El ego es incapaz de distinguir entre una situación y su interpretación de esa situación y su reacción a ella. “Nada es bueno ni malo, es el pensamiento el que lo hace así” (Shakespeare).

Cuando estás en un estado negativo, hay algo en ti que quiere la negatividad, que la percibe como un placer o que cree que te proporcionara lo que deseas. Así pues, cada vez que hay negatividad en ti, si puedes ser consciente en ese momento de que hay algo en ti que encuentra placer en ello o que cree que tiene un propósito útil, te estás haciendo consciente directamente del ego. En el momento en que esto ocurre, tu identidad ha pasado del ego a la conciencia. Esto significa que el ego se está encogiendo y la conciencia creciendo.

Si en medio de la negatividad eres capaz de darte cuenta de que en ese momento te estás  creando sufrimiento, con eso bastará para elevarte por encima de las limitaciones de los estados y reacciones condicionadas del ego. Eso te abrirá infinitas posibilidades que vendrán a ti cuando haya conciencia: otras maneras muchísimo más inteligentes de abordar cualquier situación. La negatividad no es inteligente, siempre procede del ego. El ego puede ser astuto, pero no es inteligente. La astucia persigue sus propios objetivos. La inteligencia ve el gran todo en el que todas las cosas están conectadas. La astucia está motivada por el interés propio, y es sumamente corta de vista.

La infelicidad de fondo

El ego crea separación y la separación genera sufrimiento. Por lo tanto el ego es claramente patológico. Aparte de las formas de negatividad más obvias, como la ira, el odio y demás, hay otras más sutiles, que son tan comunes que no se suelen reconocer como tales; por ejemplo, la impaciencia, la irritación, el nerviosismo y el hartazgo. Constituyen la infelicidad de fondo que es el estado interior predominante en muchas personas. Por debajo de ese sentimiento hay ciertas creencias inconscientes, es decir, pensamientos. Piensas esos pensamientos de la misma manera en que sueñas tus sueños cuando estás dormido. En otras palabras, no sabes que estás pensando esos pensamientos, como el soñador no sabe que está soñando.

He aquí alguno de esos pensamiento inconscientes más comunes que alimentan esa sensación de descontento o resentimiento de fondo.

Es necesario que ocurra algo en mi vida para poder estar en paz (ser feliz, realizarme, etc.). Y estoy resentido porque todavía no ha ocurrido. Puede que mi resentimiento haga que ocurra por fin.

Algo ocurrió en el pasado que no debería haber ocurrido, y estoy resentido por ello. Si no hubiera ocurrido aquello, ahora estaría en paz.

Algo está ocurriendo ahora que no debería ocurrir, y que me impide estar en paz ahora.

Muchas veces las creencias inconscientes se dirigen hacia una persona, y entonces “ocurrir” se transforma en “hacer”:

Debería hacer esto o aquello para que yo pueda estar en paz. Y estoy resentido porque aún no lo has hecho. Tal vez mi resentimiento te obligue a hacerlo.

Algo que tú (o yo) hiciste, dijiste o dejaste de hacer en el pasado me está impidiendo estar en paz ahora.

Lo que estás haciendo o dejando de hacer ahora mi impide estar en paz.

El secreto de la felicidad

Todo lo anterior son suposiciones, pensamientos que se confunden con la realidad. Son historias que el ego inventa para convencerte de que no puedes estar en paz ahora o de que no puedes ser plenamente tú. Estar en paz y ser quien eres, es decir, ser tú mismo, son la misma cosa.

¿Cómo estar en paz ahora? Haciendo las paces con el momento presente. El momento presente es el campo en el que se juega el partido de la vida. No puede ocurrir en ningún otro sitio. El secreto del arte de vivir, el secreto de todo éxito y felicidad es ser uno con la vida. Ser uno con la vida es ser uno con el Ahora. Entonces advertimos que no somos nosotros quienes vivimos nuestra vida, sino que la vida nos vive a nosotros. La vida es el bailarín, nosotros somos el baile.

Al ego le gusta el resentimiento con la realidad. ¿Qué es la realidad? Lo que es, el ser así. La oposición a ese ser así es una de las principales características del ego. Ella crea la negatividad de la que se alimenta el ego, la infelicidad que tanto le gusta. De este modo sufres y haces sufrir a otros, y ni siquiera sabes que lo estás haciendo, no sabes que estás creando el infierno en la tierra. Crear sufrimiento sin darse cuenta: esa es la esencia de la vida inconsciente, eso es estar totalmente en las garras del ego.

Pregúntate: “¿hay negatividad en mí en este momento?”. Y después ponte alerta, atento a tus pensamientos y a tus emociones. Procura localizar la infelicidad de fondo en cualquiera de las formas que he mencionado antes, como descontento, nerviosismo, hartazgo y demás. Estate atento a los pensamientos que parecen justificar o explicar esta infelicidad, pero que en realidad son los que la causan.

Librarse del ego no es un trabajo tremendo, sino algo muy fácil. Lo único que tienes que hacer es ser consciente de tus pensamientos y emociones… mientras van ocurriendo. Esto no es realmente “hacer”, sino estar alerta y “ver”. Cuando se produce el paso del pensamiento a la conciencia, empieza a actuar una inteligencia mucho más grande que la astucia del ego. Por medio de la conciencia se despersonalizan las emociones y hasta los pensamientos. Se reconoce su naturaleza impersonal. Ya no hay un “yo” en ellos. Son solo emociones humanas, pensamientos humanos. Toda tu historia personal no es más que un cuento, un conjunto de pensamientos y emociones. Tú eres la Luz de la Presencia, la conciencia que existe antes que todos los pensamientos y emociones, y que es más profunda.

Prueba incontrovertible de la inmortalidad

Las palabras y conceptos dividen la vida en segmentos separados que no tienen realidad por sí mismos. Incluso podríamos decir que el concepto de “mi vida” es la ilusión original de separación, la fuente del ego.

No existe eso de “mi vida”, y yo no tengo una vida. Yo soy vida. Yo y la vida somos uno. No puede ser de otro modo. ¿Cómo voy a poder perder mi vida? ¿Cómo puedo perder algo que, para empezar, no tengo? ¿Cómo puedo perder algo que soy? Es imposible.

EL CUERPO-DOLOR

Tú no piensas: pensar es una cosa que te ocurre.

La voz de dentro de la cabeza tiene vida propia.

El nacimiento de la emoción

Además del flujo de pensamientos, aunque no totalmente separada de él, el ego tiene otra dimensión: las emociones. No quiero decir que todos los pensamientos y todas las emociones pertenezcan al ego. Solo se convierten en ego cuando te identificas con ellos y se apoderan por completo de ti; es decir, cuando se convierten en “yo”.

La emoción es la reacción del cuerpo a la mente.

La diferencia fundamental entre una respuesta instintiva y una emocional es esta: una respuesta instintiva es la respuesta directa del cuerpo a alguna situación exterior. En cambio, una emoción es la respuesta del cuerpo a un pensamiento.

El cuerpo no puede distinguir la diferencia entre una situación real y un pensamiento. Reacciona a todo pensamiento como si fuera una realidad.

Las emociones y el ego

El ego no es solo la mente no observada, la voz que hay dentro de la cabeza, sino también las emociones no observadas que son la reacción del cuerpo a lo que dice esa voz de la cabeza.

La voz de la cabeza cuenta una historia que el cuerpo cree y a la que reacciona. Estas reacciones son las emociones. Las emociones, a su vez, devuelven energía a los pensamientos que crearon la emoción en un primer momento. Este es el círculo vicioso entre los pensamientos y las emociones no examinados, que da lugar al pensamiento emocional y a la fabulación emocional.

El componente emotivo del ego varía de una persona a otra. En algunos egos es más grande que en otros. En ocasiones, los pensamientos que desencadenan respuestas emocionales en el cuerpo llegan con tal rapidez, que, antes de que la mente haya tenido tiempo para vocalizarlos, el cuerpo ya ha respondido con una emoción, y la emoción se ha convertido en una reacción. Estos pensamientos existen en estado preverbal y se podrían considerar suposiciones no formuladas, inconscientes. Tienen su origen en el condicionamiento pasado de una persona, generalmente en la primera infancia: “no se puede fiar uno de la gente. Nadie me respeta ni me aprecia. Tengo que luchar por sobrevivir. Nunca se tiene suficiente dinero. La vida siempre te deja tirado. No merezco el bienestar económico. No merezco amor”. Las suposiciones inconscientes crean emociones en el cuerpo, que a su vez generan actividad mental o reacciones instantáneas. De este modo, crean tu realidad personal.

La voz del ego altera constantemente el estado natural de bienestar del cuerpo. Casi todo cuerpo humano está sometido a una gran cantidad de presión y estrés, no porque esté amenazado por algún factor externo, sino por la acción interior de la mente. El cuerpo tiene un ego incorporado a él y no puede sino responder a todas las pautas de pensamiento disfuncionales que constituyen el ego. Y así, una corriente de emoción negativa acompaña a la corriente de pensamiento incesante y compulsivo.

Individual y colectivo

Una emoción negativa que no se afronta plenamente para verla como lo que es en el momento en que surge, no se disuelve por completo. Deja atrás un residuo de dolor. Estos residuos se van juntando y forman un campo de energía que vive en las células de tu cuerpo. No solo están ahí los dolores de la infancia sino también otras emociones dolorosas que se añadieron en la adolescencia y durante la vida adulta, muchas de ellas creadas por la voz del ego. Ese es el dolor emocional que te acompaña ineludiblemente cuando la base de tu vida es un falso sentido del yo.

Este campo de energía de emociones viejas pero aún muy vivas, presente en casi todo ser humano, es el cuerpo-dolor.

Todo recién nacido que llega a este mundo carga ya con un cuerpo-dolor emocional (cuerpo emocional colectivo, que es el cuerpo-dolor padecido por incontables seres humanos a lo largo de la historia de la humanidad).

Cómo se renueva el cuerpo-dolor

El cuerpo-dolor es una forma de energía semiautónoma que vive en el interior de casi todos los seres humanos, una entidad formadas por emociones. Tiene su propia inteligencia primitiva que está aplicada principalmente a la supervivencia. Necesita alimentarse periódicamente -absorber nueva energía- y el alimento que necesita para nutrirse consiste en energía que sea compatible con la suya, es decir, energía que vibre en una frecuencia similar. Toda experiencia emocionalmente dolorosa puede ser utilizada como alimento por el cuerpo-dolor. Por eso prospera con los pensamientos negativos y los dramas en las relaciones. El cuerpo-dolor es una adicción a la infelicidad.

Necesitas más conciencia para verlo en ti mismo (el cuerpo-dolor) que para reconocerlo en otra persona. Cuando la infelicidad se ha apoderado de ti, no solo no quieres que termine, sino que quieres hacer a los demás tan desdichados como tú, con el fin de alimentarte de sus reacciones emocionales negativas.

Cómo se alimenta de los pensamientos el cuerpo-dolor

El cuerpo-dolor despierta de su latencia cuando tiene hambre, cuando tiene necesidad de alimentarse. Pero también puede activarse en cualquier momento por algo que suceda. Si vives solo o no tienes a nadie cerca en ese momento, el cuerpo-dolor se alimentará de tus pensamientos. De pronto, tus pensamientos se vuelven muy negativos. Lo más probable es que ni te dieras cuenta de que, justo antes del flujo de pensamientos negativos, una oleada de emoción invadió tu mente: una sensación de profundo malhumor, de ansiedad o de rabia furiosa. Todo pensamiento es energía, y ahora el cuerpo-dolor se está alimentando de la energía de tus pensamientos. Un pensamiento alegre, positivo, es indigerible por el cuerpo-dolor. Este no se puede alimentar más que de pensamientos negativos, porque solo estos pensamientos son compatibles con su propio campo de energía.

Todas las cosas son campos de energía vibrantes, en incesante movimiento. Lo que percibimos como materia física es energía que vibra (se mueve) en una gama particular de frecuencias. Los pensamientos consisten en la misma energía, que vibra a una frecuencia más alta que la materia, y por eso no se pueden ver ni tocar. Los pensamientos tienen su propia gama de frecuencias, con los pensamientos negativos en el extremo inferior de la escala y los pensamientos positivos en lo más alto. La frecuencia vibratoria del cuerpo-dolor sintoniza con la de los pensamientos negativos, y por eso solo estos pensamientos pueden alimentar al cuerpo-dolor.

En el caso del cuerpo-dolor, la pauta habitual de pensamiento que crea emoción se invierte, al menos al principio. La emoción del cuerpo-dolor toma rápidamente el control de tu pensamiento, y cuando tu mente ha sido dominada por el cuerpo-dolor, tus pensamientos se vuelven negativos. La voz de tu cabeza te contará cuentos tristes, angustiosos o indignantes sobre ti o sobre tu vida, sobre otras personas, sobre el pasado, el futuro o acontecimientos imaginarios. La voz culpará, acusará, se quejará, inventará. Y tú estás completamente identificado con todo lo que dice la voz, te crees todos sus pensamientos retorcidos. En este punto, la adicción a la infelicidad se ha consolidado.

Para el cuerpo-dolor, el sufrimiento es placer.

Cómo se alimenta del drama el cuerpo-dolor

Al cuerpo-dolor le encantan las relaciones íntimas y las familias, porque ahí es donde obtiene la mayor parte de su alimento. Es difícil resistirse al cuerpo-dolor de otra persona cuando está empeñado en provocar en ti una reacción. Conoce de manera instintiva tus puntos más débiles y vulnerables. Si no lo consigue a la primera, lo intentará una y otra vez. Es pura emoción en busca de más emoción. El cuerpo-dolor de la otra persona quiere despertar al tuyo para que los dos cuerpos-dolor se transmitan energía mutuamente.

(Cuando alguien habla estando poseído por el cuerpo-dolor) Todo lo que dice es la versión de la realidad según el cuerpo-dolor, una realidad completamente desfigurada por el miedo, la hostilidad, la ira y el deseo de infligir y recibir más dolor.

Cuerpos-dolor densos

Algunas personas cargan con cuerpos-dolor que nunca están del todo latentes. Sus cuerpos-dolor nunca tienen bastante, siempre están hambrientos. Magnifican la necesidad de enemigos que tiene el ego.

Por efecto de su propensión a reaccionar en lugar de actuar, cuestiones relativamente insignificantes crecen fuera de toda proporción, mientras ellos intentan arrastrar a otras personas a su drama, obligándoles a reaccionar. Para ellos, la infelicidad e incluso el dolor mismo están ahí fuera, en el suceso o la situación. Al ser inconscientes de su estado interior, ni siquiera saben que son profundamente desdichados, que están sufriendo.

Las mujeres están menos identificadas con la mente que los hombres. Están más en contacto con el cuerpo interior y la inteligencia del organismo, donde se originan las facultades intuitivas. La forma femenina está menos rígidamente encerrada que la masculina, es más abierta y más sensible a otras formas de vida, y está más sintonizada con el mundo natural.

CÓMO LIBERARSE

Tu Presencia consciente es lo que pone fin a la identificación con el cuerpo-dolor. Cuando dejas de identificarte con él, el cuerpo-dolor ya no puede controlar tu pensamiento, y por lo tanto tampoco puede renovarse alimentándose de él. Los pensamientos dejan de estar nublados por la emoción. Tus percepciones presentes ya no están distorsionadas por el pasado. Entonces, la energía que estaba atrapada en el cuerpo-dolor cambia de frecuencia vibratoria y se transmuta en Presencia. De este modo, el cuerpo-dolor se convierte en combustible para la conciencia.

El cuerpo-dolor busca inconscientemente más dolor.

La emoción en sí misma no es infelicidad. Solo es infelicidad la emoción mas una historia desdichada.

Infelicidad

No toda la infelicidad es obra del cuerpo-dolor. Una parte es infelicidad nueva, creada cuando no estás en sintonía con el momento presente, cuando se niega el Ahora de una manera u otra.

La infelicidad del cuerpo-dolor es siempre claramente desproporcionada respecto a la causa aparente, es una reacción desproporcionada. Una persona con un cuerpo-dolor fuerte encuentra con facilidad razones para estar molesta, irritada, dolida, triste o temerosa.

El cuerpo-dolor y el ego son parientes cercanos. Se necesitan el uno al otro. El suceso o situación desencadenante se interpreta, y se reacciona a ello, a través de la pantalla de un ego altamente emocional. Es decir, se distorsiona por completo su importancia, lo que ves y experimentas no está en el suceso o la situación, sino en ti.

Desencadenantes

Cuando reconoces tu cuerpo-dolor al verlo surgir, aprendes con rapidez cuáles son los desencadenantes más comunes que lo activan, ya sean situaciones o ciertas cosas que la gente hace o dice. Cuando se presentan estos desencadenantes, los ves inmediatamente como lo que son, y entras en un estado de alerta intensificado. Al cabo de uno o dos segundos, notas también la reacción emocional que es el cuerpo-dolor empezando a manifestarse. Pero, en este estado de Presencia alerta, no te identificarás con él, lo que significa que el cuerpo-dolor no puede apoderarse de ti y convertirse en la voz de tu cabeza.

Cada vez que estás presente cuando se manifiesta el cuerpo-dolor, parte de la energía emocional negativa del cuerpo-dolor se consume, como si dijéramos, y se transmuta en Presencia. El resto del cuerpo-dolor se retira rápidamente a esperar una oportunidad mejor para manifestarse de nuevo; es decir, cuando estés menos consciente. La más mínima emoción negativa, como estar irritado o ansioso, puede servir también de puerta por la que vuelve el cuerpo-dolor. El cuerpo-dolor necesita tu inconsciencia. No puede soportar la luz de la Presencia.

El cuerpo-dolor como despertador

El cuerpo-dolor tiende a hacerte inconsciente en el sentido espiritual, lo que significa la identificación total con la mente y las emociones. Te hace reaccionar en lugar de actuar, te hace decir y hacer cosas que están ideadas para aumentar la infelicidad en ti y en el mundo.

Cuando eres poseído por el cuerpo-dolor, cuando no lo reconoces como lo que es, se convierte en parte de tu ego. Todo aquello con lo que te identificas se convierte en ego.

Cada vez son más las personas que deciden salirse de la identificación con el pensamiento y las emociones para entrar en el estado de Presencia. Renuncian a la resistencia, se quedan inmóviles y alerta y son uno con lo que es, dentro y fuera.

Cómo liberarse del cuerpo-dolor

No es el cuerpo-dolor, sino la identificación con él, lo que causa el sufrimiento que te infliges a ti mismo y a otros.

Cuando sientas el cuerpo-dolor, no caigas en el error de pensar que hay algo que falla en ti. Al ego le encanta que nos convirtamos en un problema. El conocimiento tiene que ir seguido por la aceptación. Aceptar significa que te permites sentir lo que estás sintiendo en ese momento. Forma parte de la esencia del Ahora. Al aceptarlo, te conviertes en lo que eres: vasto, espacioso. Te haces completo.

DESCUBRIR QUIÉN ES UNO EN REALIDAD

Conocerte a ti mismo es estar enraizado en el Ser, en lugar de perdido en tu mente.

Quien te crees que eres

Tu sentido de quién eres determina lo que percibes como tus necesidades y lo que te importa en la vida; y todo lo que te importa tendrá el poder de trastornarte y perturbarte. Lo que te importa no es necesariamente lo que dices o crees, sino lo que tus actos y reacciones revelan como importante y serio para ti. Así que puedes plantearte esta pregunta: ¿cuáles son las cosas que me molestan y trastornan? Si cosas pequeñas tienen el poder de trastornarte, entonces quien piensas que eres es exactamente así: pequeño.

Si lo que quisieras de verdad fuera paz, entonces elegirías la paz. Si la paz te importara más que cualquier otra cosa y si de verdad supieras que eres espíritu y no un pequeño yo, te mantendrías sin reaccionar y absolutamente alerta cuando te enfrentas con personas o situaciones adversas. Aceptarías inmediatamente la situación y así te harías uno con ella en lugar de separarte de ella. Entonces, de tu estado de alerta saldría una respuesta. Respondería quien tú eres (conciencia), no quien crees que eres (un yo pequeño). Sería poderoso y efectivo, y no convertiría en enemigo a ninguna persona o situación.

Cuanto más limitada, cuanto más estrechamente egótica sea tu visión de ti mismo, más verás, te centrarás y reaccionarás a las limitaciones egóticas de los otros, en su inconsciencia. Sus “defectos”, o lo que tú percibes como sus defectos, se convierten para ti en su identidad. Esto significa que solo verás en ellos su ego, y así reforzarás tu propio ego. En lugar de ver “más allá” del ego de los otros, estás mirando su ego. ¿Quién está mirando su ego? El ego que hay en ti.

Cuando te das cuenta de que lo que te hace reaccionar en otros está también dentro de ti (y a veces solo en ti), empiezas a hacerte consciente de tu ego. En esta fase, puede que también te des cuenta que les estás haciendo a otros lo que pensabas que otros te estaban haciendo a ti. Dejas de verte como una víctima.

Abundancia

Reconocer lo bueno que hay ya en tu vida es la base de toda abundancia.

No puedes recibir lo que no das. Lo que fluye hacia fuera determina lo que fluye hacia dentro. Tienes ya todo lo que piensas que el mundo te está negando, pero si no lo dejas fluir hacia fuera, ni siquiera sabrás que lo tienes. Esto incluye la abundancia.

La fuente de toda abundancia no está fuera de ti. Forma parte de quien eres. No obstante, empieza por reconocer y apreciar la abundancia de fuera, observa la plenitud de la vida a tu alrededor. El calor del sol en tu piel, el despliegue de magníficas flores a la puerta de una floristería, morder una fruta suculenta o dejarse empapar por la abundancia de agua que cae del cielo. La plenitud de la vida está ahí, a cada paso. Reconocer esa abundancia que te rodea despierta la abundancia latente en tu interior. Deja entonces que fluya hacia fuera. Cuando sonríes a un desconocido, hay ya un minúsculo flujo de energía hacia fuera. Te conviertes en dador. Pregúntate con frecuencia: “¿Qué puedo dar aquí?, ¿cómo puedo ser útil a esta persona, a esta situación?”… La abundancia solo les llega a los que ya la tienen… Tanto la abundancia como la escasez son estados interiores que se manifiestan como la realidad.

Caos y orden superior

Tras la sucesión aparentemente azarosa e incluso caótica de acontecimientos en nuestra vida y en el mundo, se esconde el despliegue de un orden y un propósito superiores.

Bueno y malo

El pensamiento aísla una situación o un suceso y lo llama bueno o malo, como si tuviera una existencia separada. A fuerza de fiarse en exceso del pensamiento, la realidad queda fragmentada. Esta fragmentación es una ilusión, pero parece muy real cuando uno está atrapado en ella. Y, sin embargo, el Universo es un todo indivisible en el que todas las cosas están interconectadas, en el que nada existe aislado.

Niégate a juzgar lo que ocurre. En lugar de juzgar lo que es, lo aceptas, y de este modo entras en sintonía consciente con el orden superior… No hay acontecimientos casuales, no hay sucesos ni cosas que existan por y para sí mismos, aislados.

No importa lo que pase

Estar en sintonía con lo que es significa estar en una relación de no resistencia interior a lo que ocurre. Significa no etiquetarlo mentalmente como bueno o malo, sino dejarlo ser.

¿Ah, sí?

Permite que la forma del momento, buena o mala, sea como sea, y de ese modo no te conviertes en un participante en el drama humano. Sólo existe el momento presente, y el momento presente es como es. Los sucesos no están personalizados, no eres víctima de nadie. Estás en comunión tan completa con lo que ocurre, que lo que ocurre ya no tiene ningún poder sobre ti. Pero si te resistes a lo que ocurre, estás a merced de lo que ocurre, y el mundo determinará tu felicidad e infelicidad.

El ego y el momento presente

La relación más importante de tu vida, la relación primordial, es tu relación con el Ahora, o más bien con la forma que adopta el ahora, es decir, lo que es o lo que ocurre. Si tu relación con el Ahora es disfuncional, esa disfunción se reflejará en todas las relaciones y en todas las situaciones que te encuentres. Se podría definir el ego simplemente así: una relación disfuncional con el momento presente.

¿Quiero que el momento presente sea amigo o enemigo? El momento presente es inseparable de la vida, así que en realidad estás decidiendo qué clase de relación quieres tener con la vida. Una vez que has decidido que quieres que el momento presente sea tu amigo, te toca a ti hacer el primer movimiento: mostrarte amistoso con él, darle la bienvenida sin importar el disfraz que adopte y pronto verás los resultados. Pero esta decisión tienes que tomarla una y otra vez… hasta que llega a resultarte natural vivir así.

La decisión de hacer que el momento presente sea tu amigo representa el final del ego.

El ego puede tratar el momento presente de tres manera: como medio para lograr un fin, como un obstáculo o como un enemigo.

Una pregunta vital que debes preguntarte frecuentemente es: ¿cuál es mi relación con el momento presente? Entonces tienes que ponerte alerta para encontrar la respuesta. ¿Estoy tratando el Ahora como un simple medio para lograr un fin? ¿Lo veo como un obstáculo? ¿Lo estoy convirtiendo en un enemigo?. O mejor dicho: ¿cuál es mi relación con la Vida?, pregúntatelo a menudo hasta que ya no lo necesites.

La paradoja del tiempo

Siempre hay solo este momento. La vida es siempre Ahora. Entonces, ¿por qué parece que hay muchos momentos? Porque se confunde el momento presente con lo que ocurre, se confunde con el contenido. El espacio del Ahora se confunde con lo que ocurre en ese espacio. La confusión del momento presente con su contenido no solo da lugar a la ilusión del tiempo, sino también a la ilusión del ego.

Eliminar el tiempo

Hay que eliminar el tiempo. Eliminar el tiempo de la conciencia es eliminar el ego. Es la única práctica espiritual auténtica.

De lo que estamos hablando es de la eliminación del tiempo psicológico, que es la interminable preocupación de la mente egótica por el pasado y el futuro, y su resistencia a ser uno con la vida viviendo en sintonía con la inevitable presencia del momento presente.

Cuando el habitual “no a la vida” se convierte en un sí, cuando permites que este momento sea como es, disuelves el tiempo y también el ego.

Todo lo que es o sucede es la forma que adopta el Ahora. Mientras te resistas a ello en tu interior, la forma –es decir, el mundo- es una barrera impenetrable que te separa de lo que eres más allá de la forma, que te separa de la Vida única y sin forma que eres. Cuando le dices un sí interior a la forma que adopta el Ahora, esa misma forma se convierte en una puerta a lo sin forma. La separación entre Dios y el mundo desaparece.

Cuando reaccionas a la forma que adopta el Ahora en este momento, cuando tratas al Ahora como un medio, un obstáculo o un enemigo, refuerzas tu propia identidad-forma, el ego. De ahí la propensión del ego a reaccionar. Cuanto más propenso a reaccionar seas, más enredado quedarás en las formas. Cuanto más te identifiques con la forma, más se fortalece el ego. Entonces tu Ser ya no brilla a través de la forma o brilla muy poco.

Mediante la no resistencia a la forma, lo que hay en ti más allá de la forma emerge como una Presencia que todo lo abarca, un poder silencioso mucho mayor que tu efímera identidad-forma, la persona.

El soñador y el sueño

La no resistencia es la clave del máximo poder del universo. Por medio de ella, la conciencia (el espíritu) se libera de su encierro en la forma. La no resistencia interior a la forma –todo lo que es u ocurre- equivale a negar la realidad absoluta de la forma. La resistencia hace que el mundo y las cosas del mundo parezcan más reales, más sólidos y más duraderos de lo que son, incluyendo tu propia identidad-forma, el ego.

Está el sueño y está el soñador del sueño. El sueño es un juego de formas que dura poco. Es el mundo: relativamente real pero no absolutamente real. Y por otro lado está el soñador, la realidad absoluta en la que las formas van y vienen. El soñador no es la persona, pues forma parte del sueño. El soñador es el sustrato en el que aparece el sueño, lo que hace posible el sueño. Es lo absoluto que hay detrás de lo relativo, lo intemporal que hay detrás del tiempo, la conciencia en la forma y tras la forma. El soñador es la conciencia misma: lo que eres.

Nuestro propósito ahora es despertar dentro del sueño. Cuando estás despierto dentro del sueño, el drama terrenal creado por el ego llega a su fin y surge un sueño más benigno y maravilloso. Esto es el nuevo mundo.

Más allá de los límites

Estás presente cuando lo que haces no es primordialmente un medio para lograr un fin (dinero, prestigio, éxito) sino algo satisfactorio por sí mismo, cuando hay alegría y vida en lo que haces. Y, por supuesto, no puedes estar presente a menos que hagas amistad con el momento presente. Esa es la base de la acción eficaz, no contaminada por la negatividad.

La forma implica limitación y pueden pasar dos cosas: o te dejas atrapar por esas limitaciones en una reacción del ego, lo que significa un intenso sufrimiento, o te elevas por encima de ellas interiormente, rindiéndote sin condiciones a lo que es. El estado de rendición de la conciencia abre la dimensión vertical de tu vida, la dimensión de la profundidad. Entonces, de esa dimensión saldrá algo a este mundo, algo de infinito valor que de otro modo habría permanecido sin manifestarse.

El gozo de Ser

La infelicidad o negatividad es una enfermedad en nuestro planeta.

La gente cree que su felicidad depende de lo que ocurra, es decir, depende de la forma. No se dan cuenta de que lo que ocurre es lo más inestable del universo. Cambia constantemente. Miran el momento presente como si estuviera estropeado por algo que ha ocurrido y no debería haber ocurrido, o como si le faltara algo que debería haber ocurrido y no ocurrió. Y así se pierden la perfección profunda que es inherente a la vida misma, una perfección que siempre está ahí, que se encuentra más allá de lo que ocurre o deja de ocurrir, más allá de la forma.

El gozo de vivir, que es la única felicidad auténtica, no puede llegarte a través de ninguna forma, posesión, logro, persona o suceso; de nada que suceda. Ese gozo no puede llegarte nunca. Emana de la dimensión sin forma que hay dentro de ti, de la conciencia misma, y es una misma cosa con lo que tú eres.

Dejar que disminuya el ego

El ego está siempre en guardia contra cualquier cosa que perciba que pueda disminuirlo… Que la otra persona tenga o no razón es irrelevante para el ego…. Uno de los mecanismos de reparación del ego más comunes es la ira, que provoca un hinchamiento del ego poco duradero pero enorme.

Una práctica espiritual muy potente consiste en permitir la disminución del ego cuando se produce, sin intentar restaurarlo. Por ejemplo, cuando alguien te critica, te echa la culpa de algo o te insulta, en lugar de contraatacar inmediatamente o defenderte, no hagas nada. Deja que la imagen del yo se mantenga disminuida y ponte alerta a lo que ocurre dentro de ti. Puede que te sientas incómodo, como si hubieras encogido. Después puede que sientas un espacio interior que está intensamente vivo. No has quedado disminuido en absoluto. En realidad, te has expandido. Y entonces puede que tengas una asombrosa revelación. Cuando estás aparentemente disminuido en algún aspecto y te mantienes si reaccionar en absoluto, no solo hacia fuera sino también interiormente, te das cuenta de que no ha disminuido nada real, que al hacerte “menos” te haces más. Al hacerte menos (según la percepción del ego), en realidad experimentas una expansión y dejas sitio para que surja el Ser.

Esto no significa, por supuesto, que vayas pidiendo que te insulten o te conviertas en una víctima de gente inconsciente. A veces, una situación puede exigir que le digas a alguien que te deje en paz en términos inequívocos. Sin posturas defensivas del ego, habrá poder tras tus palabras, pero no fuerza de reacción. Si es necesario, también puedes decirle que no a alguien, firme y claramente, y será lo que yo llamo “un no de alta calidad”, libre de toda negatividad.

Otro aspecto de esta práctica consiste en abstenerte de intentar reforzar el ego exhibiéndote, queriendo destacar, ser especial, causar impresión o exigir atención. En ocasiones, esto puede implicar abstenerte de expresar tu opinión cuando todo el mundo expresa la suya, y ver qué se siente.

Lo de fuera es como lo de dentro

La esencia del espacio es la nada… ¡A través de ti, el universo se hace consciente de sí mismo! … Dios es consciencia sin forma y la esencia de lo que eres. Todo lo demás es forma.

La realidad dual del universo, que consta de objetos y espacio –cosas y vacío-, es también la tuya. Una vida humana sana, equilibrada y fructífera es una danza entre las dos dimensiones que constituyen la realidad: la forma y el espacio. La mayoría de la gente está tan identificada con la dimensión de la forma, con las percepciones de los sentidos, los pensamientos y las emociones, que la importantísima mitad oculta está ausente de su vida. Su identificación con la forma los mantiene atrapados en el ego.

La eternidad es la realidad viva de lo que eres… La forma no eres tú.

EL DESCUBRIMIENTO DEL ESPACIO INTERIOR

“También esto pasará”, es la no resistencia interior a los acontecimientos. Ser conscientes de la impermanencia de las cosas nos conduce al desapego. No resistencia, no juzgar y desapego son los tres aspectos de la verdadera libertad y la vida iluminada.

Cuando dejas de estar completamente identificado con las formas, la conciencia –lo que eres- queda liberada de su aprisionamiento en la forma. Esta liberación es la aparición del espacio interior

Conciencia de los objetos y conciencia del espacio

La mente de las personas está llena de una barahúnda de pensamientos, uno detrás de otro. Esta es la dimensión de la conciencia de los objetos, que es la realidad predominante de muchas personas, y por eso su vida está tan desequilibrada. Para que la cordura regrese a nuestro planeta y la humanidad cumpla su destino, la conciencia de los objetos necesita estar equilibrada con la conciencia del espacio.

La conciencia del espacio significa que, además de ser consciente de las cosas –lo cual siempre acaba reduciéndose a percepciones sensoriales, pensamientos y emociones-, hay por debajo una corriente de conciencia. Esta conciencia implica que no solo somos conscientes de las cosas (objetos), sino que también somos conscientes de ser conscientes, es decir, que podemos sentir un estado interior de quietud y alerta en el fondo mientras ocurren cosas en primer plano. Esta dimensión está en todas las personas, pero la mayoría es completamente inconsciente de ello.

Tener conciencia del espacio no solo representa liberarse del ego, sino también de la dependencia de las cosas mundanas, del materialismo y la materialidad. Solo esta dimensión espiritual puede dar sentido trascendente y auténtico a este mundo.

Siempre que estás molesto por algún suceso, persona o situación, la causa real no es el suceso, la persona o la situación, sino una pérdida de la auténtica perspectiva, que solo el espacio puede proporcionar. Estás atrapado en la conciencia de los objetos. Las palabras “También esto pasará”, utilizadas como indicador, pueden restaurar en ti la conciencia de esta dimensión.

La conciencia del espacio y quién eres en esencia son la misma cosa. Y es del espacio interior de donde emana la conciencia no condicionada, la verdadera felicidad, la alegría del Ser… Quédate inmóvil. Mira. Escucha. Hazte presente.

Otra manera de encontrar el espacio interior: sé consciente de que eres consciente. Di o piensa “soy”, y no añadas nada. Sé consciente de la quietud que sigue al “soy”. Siente tu presencia, el ser desnudo, sin velos, sin vestiduras. El Ser no está afectado por la juventud o la vejez, la riqueza o la pobreza, lo bueno, lo malo ni ningún otro atributo. Es la espaciosa matriz de toda creación, de toda forma.

Acción correcta

La Presencia es un estado de espaciosidad interior. Cuando estás presente estás quieto, alerta, abierto a lo que es. Aportas una nueva dimensión a la situación: el espacio. Entonces, miras y escuchas. Así te haces uno con la situación. Si en lugar de reaccionar contra una situación, te fundes con ella, la solución surge de la situación misma. En realidad, no eres tú, la persona quien está mirando y escuchando, sino la misma quietud alerta… La acción correcta es la acción apropiada a la totalidad. Cuando se ha realizado la acción, continúa el estado de alerta, de quietud espaciosa. Nadie levanta los brazos en un gesto de triunfo, gritando desafiante “¡Bien!”. Nadie dice “Mirad lo que he hecho”.

Toda creatividad surge de la espaciosidad interior. Cuando la creación está hecha y algo ha cobrado forma, tienes que mantenerte vigilante para que no surja el concepto de “yo” o “mío”.

Percibir sin nombrar

No despertarás espiritualmente hasta que cese la compulsión inconsciente de poner nombre, o al menos hasta que seas consciente de ello y puedas ser capaz de observarlo mientras ocurre. Esta constante asignación de nombres permite que el ego permanezca instalado como mente no observada.

Un buen ejercicio es elegir un objeto que tengas cerca –una pluma, una silla, una taza, una planta- y explorarlo con la vista. ¿Puedes separar el pensamiento de la percepción? ¿Puedes mirar sin que la voz de tu cabeza comente, saque conclusiones, compare o intente explicar algo? Al cabo de un par de minutos, deja que tu mirada vague por la habitación, o donde sea que estés, y que tu atención alerta ilumine cada cosa en la que se pose.

A continuación, escucha los sonidos que estén presentes, pero no diferencies entre bueno y malo. Deja que cada sonido sea como es, sin interpretarlo. También aquí la clave es la atención relajada pero alerta.

Cuando miras y escuchas de este modo, puede que percibas una sutil sensación de calma, que al principio casi no se nota. Cuando la conciencia no está totalmente absorbida por el pensamiento, parte de ella permanece en su estado original sin forma, no condicionado. Esto es el espacio interior.

¿Quién es el que experimenta?

Toda experiencia tiene tres ingredientes posibles: percepción de los sentidos, pensamientos o imágenes mentales, y emociones. Son experiencias, no el experimentador. Entonces, ¿quién es el que experimenta? Tú. ¿Y quién eres tú? La conciencia. ¿Y qué es la conciencia? Esta pregunta no se puede responder. En el momento en que la respondes, la has falsificado, la ha convertido en otro objeto. La conciencia, una palabra tradicional para designar el espíritu, no se puede conocer en el sentido normal de la palabra, y es inútil buscarla.

El mayor impedimento para descubrir el espacio interior, el mayor impedimento para encontrar al experimentador, es quedar tan subyugado por la experiencia que te pierdes en ella. Eso significa que la conciencia se pierde en su propio sueño. Te dejas arrebatar por cada pensamiento, por cada emoción y por cada experiencia, hasta un grado tal que en realidad estás en un estado de ensoñación. Este ha sido el estado normal de la humanidad durante miles de años.

La respiración

Es posible descubrir el espacio interior creando huecos en el torrente de pensamientos. No te preocupes por la duración de estos vacíos, más importante que su duración es provocarlos con frecuencia.

Vigila tu respiración tan frecuentemente como puedas, cada vez que te acuerdes. Ser conscientes de nuestra respiración aparta la atención del pensamiento y crea espacio. Es una manera de generar conciencia ya que estamos aquí para traer conciencia a esta dimensión.

Una respiración consciente (dos o tres serían aún mejor), realizada muchas veces al día, es un modo excelente de aportar espacio a tu vida… Respirar no es algo que tú haces, sino algo que presencias mientras ocurre. No se requiere ningún esfuerzo. Fíjate además en la breve interrupción de la respiración, particularmente en ese punto muerto después de exhalar, antes de empezar a inhalar de nuevo.

Cuanto más consciente seas de la respiración, más se restablecerá su profundidad natural… Ser consciente de tu respiración te obliga a estar en el momento presente, que es la clave de toda transformación interior. Cuando eres consciente de la respiración, estás absolutamente presente. También observarás que no puedes pensar y ser consciente de la respiración al mismo tiempo. La respiración consciente detiene tu mente. Pero lejos de estar en un trance o medio dormido, estás completamente despierto y muy alerta. No estás cayendo por debajo del pensamiento, sino elevándote por encima. Y, si miras con más atención, verás que esas dos cosas -estar plenamente en el momento presente y dejar de pensar sin perder la conciencia- son en realidad la misma cosa: el surgimiento de la conciencia del espacio.

Adicciones

Podría decirse que una adicción es una pauta de conducta compulsiva y persistente, y la adicción vive dentro de ti como una casi entidad o subpersonalidad, un campo de energía que periódicamente se apodera por completo de ti. Incluso se apodera de tu mente, de la voz de dentro de tu cabeza, que entonces se convierte en la voz de la adicción.

Si tienes una pauta de conducta compulsiva, como fumar, comer en exceso, beber, ver la televisión, conectarte a internet o cualquier otra cosa, lo que puedes hacer es esto: cuando notes que surge en ti la necesidad compulsiva, párate y haz tres respiraciones conscientes. Esto genera conciencia. Después, durante unos minutos, sé consciente de la urgencia compulsiva misma como un campo de energía dentro de ti… A medida que la conciencia crece, las pautas adictivas se van debilitando y acaban por disolverse. Acuérdate de ir pescando todos los pensamientos que justifiquen la conducta adictiva, a veces con argumentos muy ingeniosos a medida que surgen en tu mente. Pregúntate: ¿quién está hablando ahora? Y te darás cuenta de que la que habla es la adicción.

Conciencia del cuerpo interior.

Haz dos o tres respiraciones conscientes. Ahora, mira a ver si puedes detectar una sensación de vida que impregna todo tu cuerpo interior. ¿Puedes sentir tu cuerpo desde dentro, por decirlo de algún modo? Siente por un momento partes concretas de tu cuerpo. Siente las manos, después los brazos, los pies y las piernas. ¿Puedes sentir el abdomen, el pecho, el cuello y la cabeza? ¿Y los labios? ¿Hay vida en ellos?  A continuación, hazte otra vez consciente del cuerpo interior en conjunto.

Espacio interior y exterior

Tu cuerpo interior es la vida que anima la forma física… El cuerpo físico, es 99,99% espacio vacío; lo que vemos no es más que una falsa percepción de lo que somos.

Tu cuerpo físico, que es forma, se revela como esencialmente sin forma cuando se ahonda en él. Se convierte en una puerta al espacio interior. Este “espacio vacío” es vida en plenitud, la Fuente no manifestada de la que fluye toda manifestación. La palabra tradicional para designar esa fuente es Dios.

Cuando dejo de confundir quién soy con una forma temporal del “yo”, entonces la dimensión de lo ilimitado y lo eterno -Dios- puede manifestarse a través de “mí” y “guiarme”. También me libera de la dependencia de la forma. Sin embargo, la pura conciencia intelectual o creencia de que “yo no soy esta forma” no sirve de nada. La pregunta fundamental es: ¿puedo sentir en este momento la presencia del espacio interior? Y eso en realidad significa: ¿puedo sentir mi propia Presencia, o más bien, la Presencia que Soy?

Siempre que te sea posible en tu vida cotidiana, utiliza la conciencia del cuerpo interior para crear espacio. Cuando estés esperando algo, escuchando a alguien, cuando hagas una pausa para mirar al cielo, un árbol, una flor, a tu pareja o a un niño, siente al mismo tiempo la vida interior. Esto significa que parte de tu atención o conciencia se mantiene sin forma, y el resto queda disponible para el mundo exterior de las formas. Cada vez que “habites” tu cuerpo de esta manera, te servirá como ancla para estar presente en el Ahora. Te impedirá perderte en los pensamientos, las emociones o las situaciones externas.

Cuando piensas, sientes, percibes y experimentas, la conciencia se hace forma. Se reencarna en un pensamiento, un sentimiento, una percepción sensorial, una experiencia. El ciclo de reencarnaciones está ocurriendo continuamente, y es solo en este momento –por el poder del Ahora- cuando puedes salirte de él. Mediante la completa aceptación de la forma del Ahora, sintonizas interiormente con el espacio, que es la esencia del Ahora. Mediante la aceptación, te haces espacioso por dentro. Lo que aporta auténtica perspectiva y equilibrio a tu vida es sintonizar con el espacio y no con la forma.

Calma

Hacerse consciente de la calma siempre que la encontremos en nuestra vida nos conectará con la dimensión sin forma y sin tiempo que hay dentro de nosotros, lo que está más allá del pensamiento, más allá del ego… Ser consciente de la calma significa estar inmóvil. Estar inmóvil es estar consciente sin pensamientos. Nunca eres tan esencialmente, tan profundamente tú mismo como cuando estás en calma. Cuando estás en calma, eres quien eras antes de asumir temporalmente esta forma física y mental llamada persona. Eres también quien serás cuando la forma se disuelva. Cuando estás en calma, eres quien eres más allá de tu existencia temporal: conciencia no condicionada, sin forma, eterna.

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