Respiración consciente

Ahora vamos a conocer el ejercicio más sencillo del mundo. No hay que «hacer» nada raro, sólo fijarse. Como no buscamos lograr ningún resultado concreto, esta ausencia de objetivos a conseguir le hace tremendamente poderoso y efectivo. Pero, además, tiene unas cuantas ventajas más.

BENEFICIOS:

  • Es una manera sencilla y cómoda de ser conscientes de dónde enfocamos nuestra atención y no perdernos en el mundo de las ensoñaciones mentales.
  • Se puede hacer en cualquier momento y circunstancia (a no ser que dejemos de respirar y entonces tendremos un gran hándicap), equilibrándonos instantáneamente a la vez que nos conecta con la serena profundidad de nuestro ser. Es muy recomendable hacerlo cuando nos notemos llevados por la energía de lucha-conflicto del ego, ya que nos ancla a nuestra paz interna.
  • Nos ayuda a trabajar nuestra concentración. De esta manera la vamos desarrollando, sin apenas esfuerzo.
  • Es un maravilloso ejercicio de acondicionamiento para realizar un trabajo interior. Si nunca te has “entrenado» espiritualmente, esta práctica te centra y relaja para poder hacer los ejercicios o meditaciones pertinentes.

RESPIRACIÓN CONSCIENTE

Al principio, hazlo con los ojos cerrados. Con la práctica los abres, pero mantén la mirada fija en un punto para aumentar tu concentración. Luego lo harás paseando, esperando en colas, cocinando…

El ejercicio, como su nombre indica, consiste en centrar nuestra atención en la respiración. En la inspiración te fijas en cómo entra el aire por tus fosas nasales, llenando los pulmones y expandiéndose el abdomen al bajar el diafragma. En la espiración notas cómo el aire sale de los pulmones, expulsándolo al exterior por la nariz o boca (como más te guste), contrayéndose tu vientre al espirar. Deja que este proceso suceda naturalmente, sin intentar dirigir la respiración ni esperar ningún resultado (ya estaría el ego llevándote): sólo sé consciente de cómo respiras. No tienes que hacer nada más.
Mantén constante la intención de dejar la mente en reposo. Si te vienen pensamientos los dejas pasar, no te “enrollas” con ellos, no los sigues. Ya se marcharán, tú a lo tuyo: a respirar.

Poco a poco te irás relajando, notando tu cuerpo más pesado, más denso. Los “huecos” entre el final de la espiración y el comienzo de la inspiración se irán haciendo más dilatados, como si no te hiciera falta respirar. Comenzarás a sentir algo muy profundo e intenso, algo que te abarca y te llena completamente. Entonces, te quedas en esta maravillosa sensación todo el tiempo que te apetezca o que te permitan tus circunstancias personales. 

CONSIDERACIONES

Una de las claves de esta meditación es no hacer ningún esfuerzo por cambiar nada de nues­tro estado interior: solo ser conscientes de algo que, normalmente, hacemos inconsciente­mente. Esta ausencia de deseo por alcanzar un objetivo concreto nos relaja automática­mente, centrándonos en nuestro ser, en nuestra auténtica realidad, llevándonos al punto de contacto con nuestra divinidad.

Además, si tienes dificultades para sentir la vibración-energía que somos este es un ejercicio que te ayuda a ello, ya que el acto de centrarnos en la respiración hace que nuestra atención vaya abarcando todo nuestro cuerpo, toda nuestra energía. De esta manera nos unimos a nosotros mismos, nos unificamos, dejando de estar divididos al permanecer, normalmente, con nuestra atención fijada en el mundo exterior.

Si tienes cualquier problema con esta práctica, coméntamelo, por favor.

Nos vemos en «El perdón: el transformador de la energía negativa».
Un abrazo, de corazón.

Volviendo al camino.

Sintiendo lo que somos: vibración

Ahora vamos a realizar una sencilla práctica que permite darnos cuenta de la realidad que somos como seres físicos. Lo que vemos y creemos sólido y compacto, nuestro cuerpo, en realidad es una vibración de energía y esa energía es luz.

El objetivo fundamental de este ejercicio es sentir la energía-vibración que somos. Para ello lo comenzamos con una visualización (creación de la mente) y lo acabamos en una sensación, en una vibración. Quédate bailando en la sensación todo el tiempo que puedas. Lo que te hace crecer, expandirte, elevarte, es la percepción sensorial no el pensamiento. Cuantas más veces lo hagas, cuanto más te sumerjas en la sensación, más elevas tu frecuencia de vibración, ya que desarrollas-creas aquello a lo que prestas atención.

Puedes hacerlo con los ojos abiertos (en tus quehaceres diarios) o cerrados (cuando sólo quieras hacer el ejercicio). Cuantas más veces lo repitas más fácil te resultará y mejor te sentirás (la repetición es la madre de la mejora)Hasta que cojas soltura con él, empieza haciéndolo de pie: ojos cerrados, pies separados tanto como tus hombros, cuerpo erguido, pecho expandido. Al poco de tener esta postura advertirás cómo la energía asciende por las plantas de tus pies, llenándote totalmente. Déjate bañar en ella, disfruta de tu vibración.
Puedes llevarte el ejercicio escrito en un papel o en el móvil y, cuando tengas un rato de tranquilidad, tomando un café, por ejemplo, léelo concentrándote profundamente en sus palabras, percibiendo lo que inducen en tu consciencia. Tras hacerlo te encontrarás más equilbrad@, más seren@, a la vez que habrá aumentado un poquito tu capacidad de concentración para abstraerte de tu frenesí diario. Con la repetición, irás desarrollando progresivamente tu capacidad de concentración y aumentarás tu poder creador, ya que la concentración es el poder de Dios «pasando» a través nuestro.

Cuando ya lo domines, podrás hacerlo en cualquier postura y en cualquier momento, sin tener que cerrar los ojos, porque de eso se trata, de vivir despiertos. Tampoco hará falta que lo leas: serás capaz de «sentirte» en medio de una conversación. Cuando la domines, no ahora, al principio.
Si te resulta difícil el poder relajarte (clave para el ejercicio), comienza centrándote en la respiración, el mejor modo de acondicionar nuestro interior para la práctica de la meditación.

Si por cualquier circunstancia que hayas vivido (una discusión, una mala noticia…), no puedes centrarte en la sensación por estar perdid@ mentalmente dando vueltas a ese incidente, haz el ejercicio del perdón antes de seguir con este. El perdón (luz violeta), disuelve la energía del ego que vibra en ese acontecimiento. Una vez te encuentres limpi@ de esa energía (de la mente), podrás sentir con más facilidad la vibración (del amor) que eres.

         

EJERCICIO: «SINTIENDO LA VIBRACIÓN QUE SOMOS»

La inspiración hazla siempre por la nariz (si quieres, claro); la espiración puedes hacerla por la nariz o por la boca, como más cómodo te resulte.

Centra tu atención en la respiración, en el aire que entra y sale de tu cuerpo, notando el abdomen expandirse y contraerse en cada ciclo respiratorio….

Inspira… espira…

Inspira… espira…

Cuando estés relajad@, imagínate rodead@ de luz o inmers@ en una sustancia luminosa… Al inspirar, notas como la luz penetra en tu interior, llenándose todo tu pecho y abdomen de ella… Al espirar, sientes cómo esa luz atraviesa tu cuerpo, brotando un brillante resplandor por todos los poros de tu piel… Al mismo tiempo, percibes un cosquilleo que recorre tus células siguiendo la estela de la luz…

Con cada inspiración adviertes cómo la luz que te rodea llena tus pulmones, bajando tu diafragma…

Con cada espiración ves esa luz atravesar todo tu cuerpo, avivando ese hormigueo vibrante…

Inspira… Espira…

Ahora, centra la atención en tu cuerpo… en ese escalofrío, en esa sensación que recorre todas las células de tu ser… Abandona toda imagen visual y céntrate sólo en la sensación…Sumérgete en esa electricidad que te llena… Toda tu atención la tienes puesta en ella… Siente esa energía… tu energía… ESA VIBRACIÓN ERES TÚ…

Inspira… y sientes tu energía…

Espira…. y sientes tu ser…

Permanece todo el rato que te apetezca disfrutando de lo que eres

Luego, a la cuenta de tres, abres lentamente los ojos… 1… 2… 3 y te quedas en esa vibración todo el tiempo que puedas.

CONSIDERACIONES SOBRE ESTE EJERCICIO

1.- Sentir nuestra vibración es el punto de donde nace todo. De esta vibración, de esta energía que somos, brota el mundo de la ilusión creado por la mente: esa facultad que poseemos gracias a nuestro cerebro.
Nos perdemos en este mundo de ilusión cuando dejamos de ser conscientes de nuestra auténtica realidad (esta vibración), es decir, cuando nos volvemos inconscientes.
Por lo tanto, con este ejercicio desarrollamos nuestra consciencia. La consciencia es sinónimo de “darse cuenta” y «nos damos cuenta» gracias al nivel de sensibilidad que tengamos. Nuestro nivel de sensibilidad lo incrementamos al fijarnos intensamente en lo que experimentamos-sentimos-pensamos… y fijarse intensamente es concentrarse.
A consecuencia del desarrollo de nuestra consciencia nos convertimos en seres más profundos, más completos.

2.- Con este ejercicio se produce el abandono de la mente para centrarnos en el ser. Dejamos de pensar, elucubrar, soñar y nos adentramos en el silencio de la energía vibrante que es nuestra auténtica realidad. Pasamos del mundo de lucha, de la mente, a la paz del ser y de esta manera estamos en el camino de conseguir el segundo objetivo de este ejercicio: no perder nunca el contacto con la vibración que somos.
Cuando interactúes con el mundo, en tus quehaceres diarios, no prestes toda tu atención al exterior: deja parte de ella mirando-sintiendo lo que eres. De esta forma vivirás la vida plenamente, sin separación, sin miedos y la mente no podrá llevarte por su mundo de ensoñaciones, notándote más llen@ de paz y tranquilidad.

3.- Por último, y más importante, este ejercicio nos limpia de la energía mental que nos rodea (la del ego) y de la que vamos incorporando a nuestra vibración al reaccionar inconscientemente a las diversas situaciones que afrontamos en nuestro día a día.
Si vivimos siendo conscientes de lo que somos, con el tiempo, notaremos cómo nuestra vida se llena de luz, interpretando todo lo que nos sucede en clave de crecimiento y elevación, atrayendo más luz a nuestras circunstancias vitales. Esto sucede porque nos vamos limpiando de la energía egoica que vibra en nosotros por resonancia con la que nos rodea. Al limpiarnos de la energía más densa del ego, automáticamente se incrementa nuestra frecuencia de vibración, cambiando nuestro estado de ánimo y, por lo tanto, atraemos mejores situaciones de vida ya que la energía que emanamos al universo es más elevada.

Si, por el contrario, dejas de practicar este ejercicio tras haber comenzado con él, será el ego-mente el que ha vuelto a tomar el control de tus decisiones. No importa las razones que te dé para que lo dejes, todas serán falsas. Tú decides si le crees, regresando al pasado, o vives algo nuevo, algo fresco. Date una oportunidad… y luego otra y otra. No importa las veces que caigas, lo importante es que te levantes siempre.

Nos vemos en «Leyes de la creación: leyes de la energía».
Un fuerte abrazo y… ¡dale caña!

Volviendo al camino.

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