Viviendo en la luz: pautas para un trabajo interior

Ya sabes lo que eres realmente: la suma de energía de amor incondicional vibrando en lo que llamas «cuerpo» y consciencia eterna e infinita. Además, hemos visto que nacemos conectados a la Unidad y que, a causa de nuestro desarrollo intelectual y la creación de identificaciones-apegos, acabamos perdiendo la consciencia de esa conexión para vivir en la ilusión creada por la mente.

Ahora veremos cómo llegar a experimentar plenamente esa conexión. De esta manera, todo lo visto aquí no se quedará en un mero conocimiento teórico y vivirás en la CONSCIENCIA de la energía todopoderosa del amor universal vibrando en la tuya. Para lograrlo, cambiaremos la dirección de nuestro foco de atención, de la MENTE que nos creemos ser, a la VIBRACIÓN que realmente somos. Como dijo Einstein: “es de locos hacer lo mismo y esperar obtener resultados diferentes”. Si continuamos dedicando nuestra atención-energía a la mente, seguiremos haciendo lo mismo, con los resultados de sobra conocidos.

El gran cambio en nuestra vida, el cambio genuino, es dejar de fijar nuestra atención en el conocido mundo exterior, explorado y evaluado por la mente científica, y enfocarla en las profundidades del ser infinito que somos. Actualmente, la dirigimos esporádicamente a nuestro interior, generalmente cuando nos sentimos mal (el dolor nos obliga a fijarnos en él), y la casi totalidad del tiempo permanecemos “mirando” al exterior. A partir de ahora invertiremos los tiempos: la mayor parte lo pasaremos en nuestro mundo personal y lo mínimo imprescindible fuera, lo justo para poder interactuar con el mundo físico.
Este paso es muy duro: significa renunciar a vivir, por medio de la atención, en el mundo conocido de la forma y adentrarte en tu vasto y desconocido universo personal. Hay que ser muy valiente para tomar esa decisión; pero ES EL ÚNICO CAMBIO POSIBLE y, a partir de él, comienzas una nueva vida.
Al principio, tendrás un enemigo muy persistente: la impaciencia, por encontrar, llegar o descubrir algo en concreto. El ansia por alcanzar la imaginaria meta de lograr tu propósito es el mayor impedimento del crecimiento espiritual. Esta ansia, nunca satisfecha, es la que trunca la mayoría de los intentos de transformación personal.
A continuación, te dejo unas pautas para tu trabajo-viaje interior, pero en ningún momento realices el esfuerzo de los ejercicios esperando sentir la conexión con la Unidad o la paz del momento presente o cualquier otra cosa. No. Si empiezas con un objetivo en concreto sería el ego guiando otra vez tu vida, y te garantizo que abandonarás. Nada satisface al ego durante mucho tiempo y la excitación por la novedad del trabajo espiritual, dará paso a la frustración ante la falta de resultados, con el subsiguiente abandono del camino emprendido.

“Entonces, ¿para qué voy a empezar, si lo que yo quiero es sentirme bien, ser consciente de esa conexión de la que hablas?”, podrías decirme.

La maravilla que vas a vivir es una consecuencia de tu trabajo personal, del cambio en el enfoque de tu atención, y nunca debe convertirse en un objetivo a lograr, porque eso va a impedirte disfrutar de lo que haces. Y si no disfrutas (por estar tan pendiente de llegar) no hay progreso.
Solo puedes tener un único anhelo: caminar sin esperar llegar a ninguna meta, solo pasear-mirar en tu interior por el goce de descubrirte y hacer las prácticas de concentración por el placer de hacerlas. Es como el que va al gimnasio simplemente por la satisfacción de entrenarse, de sentir su cuerpo en forma. Eso sí, al principio no habrá mucho placer con los ejercicios; pero progresivamente, según te vaya abandonando el ego, los irás disfrutando y al final no podrás vivir sin ellos.
Este quehacer dará frutos con el tiempo. Irás conociéndote en profundidad, siendo capaz de distinguir lo real de la ilusión que existe en ti, no perdiéndote en ella. Ganarás en autoestima, en fortaleza personal, en creatividad… Y comenzarás a amarte totalmente.
Llegará un momento en que te encantará estar a solas contigo. Esta es la señal de que el ego ha perdido el control de tu interior y ya moras en tu casa, en tu cuerpo, en el templo del Dios/a que es. De repente, un buen día, todas tus células te cantan a coro la realidad de que vibras en otra energía, haciéndote rebosar de alegría por saber que vives en un Universo que te ama, te guía y te protege. A la vez, sientes en tu interior una presencia, llena de poder y amor, que te relaja y en la que te abandonas confiad@. También te llega la certeza de que tienes una misión para esta vida, una misión que te apasiona: darte al mundo expresando los dones que atesoras. Y mucho antes de eso, descubres que viajas por un camino que no tiene fin, en el que no se “llega” a ningún ladosólo se avanza, sólo se crece; dándote cuenta de que ESTÁS EN EL INFINITO VIAJE CONSCIENTE POR LA VIDA.

Dicho lo anterior (que lo vivirás), comenzamos esta travesía por tu mundo personal.

Este camino, al principio, es inhóspito y sin ningún resultado visible. Es muy parecido a cuando decidimos hacer deporte por primera vez. Las tres-cuatro primeras semanas son las más importantes, es el tiempo que tarda en establecerse un nuevo hábito. Tendremos agujetas los primeros días, es normal, hemos llevado los músculos más allá de su zona de confort. Con el tiempo desaparecen y hacer ejercicio nos cuesta menos, llegando un momento en que el propio cuerpo nos lo pide. Ese es el indicador de haber incorporado el hábito de hacer deporte a nuestras rutinas personales.
Lo mismo sucede con el trabajo espiritual: lo fundamental es establecer nuevas costumbres. Al comienzo, nos obligamos a hacerlo (esta obligación es la lucha con la inercia vigente de “no hacer nada”); pero luego esa tarea interior se convierte en nuestra nueva forma de vida.

Veamos a continuación qué nuevas rutinas establecemos, si quieres, claro.

 

NUEVOS HÁBITOS PARA UNA NUEVA VIDA

1º.- Pregúntate constantemente: «¿dónde está mi atención ahora?», así sabrás qué estás creando. Normalmente la tendrás en la mente. Si te descubres cavilando sobre un tema en concreto, intentando llegar a una conclusión-solución, perfecto: estás usando la mente. Si te notas divagando, elucubrando sobre esto o lo otro, recordando cosas del pasado o anticipando posibles situaciones de futuro, entonces, te está dirigiendo la mente.
El caso es que seas siempre consciente de dónde está tu atención. Eso sí, no te regañes por haberte perdido en tus ensoñaciones, ya que entonces sería el ego entrando por la puerta de atrás.

De esta manera empezamos a darnos cuenta de la ilusión creada por nuestra inconsciencia. Aquí ya alteramos el rumbo del barco que somos, dejando de estar dirigido por un capitán que va por libre (la mente no consciente), para empuñar nosotros (la consciencia) el timón. Durante un tiempo lo compartirás con ella, hasta que seas lo suficientemente fuerte para manejarlo tu sol@; pero este es el mejor comienzo.

2º.- Date cuenta de cómo te sientes, momento a momento. De esta manera advertirás cuál es la “calidad” de la vibración de tu energía. Si te sientes bien, pletóric@, sin que haya ningún motivo justificado, perfecto, estás en tu estado natural de alegría. Si hubiera algún motivo, sería el ego alegrándose por ello. Por el contrario, si te notas triste, angustiad@, ansios@, con negatividad… estás viviendo en la ilusión mental. Siempre.
Un buen método para transformar esta baja vibración es tararear, silbar… prestando toda tu atención a los sonidos que emites. Es mejor no pronunciar palabras inteligibles, estaría interviniendo la mente. Entona sonidos, que no sean los de ninguna canción conocida (mente otra vez): crea tu propia melodía. Al poco advertirás cómo tu estado de ánimo comienza a renovarse. Sigue con tu canción improvisada sobre la marcha. Llegará un momento en que habrás elevado tu vibración y te sentirás de diferente manera.
Esto es debido a que el sonido, como todo, es vibración. Si vibras con negatividad y tarareas una melodía alegre, estás introduciendo una nueva vibración en tu energía y la energía de frecuencia más alta siempre se impone a la baja. El mayor esfuerzo es comenzar a canturrear cuando estamos sumidos en pensamientos negativos, pero ese es el trabajo que conlleva el crecer. Con el tiempo te será más fácil y no solo cantarás para estar alegre, sino porque estás alegre. ¿No te lo crees?, haz la prueba y me cuentas. Si acabas dedicándote a la música, no me des las gracias: ese es tu don.

Al darte cuenta de cómo te sientes cambias la dirección de tu atención, quedándote a solas contigo, y empiezas a conocerte, a descubrirte. Al principio te generará incomodidad el mirar dentro de ti. La mente te incitará, una y otra vez, a que la tengas “entretenida” con cosas más “importantes” del exterior, del mundo que conoce. A la mente le aterra lo desconocido y, para ella, lo que realmente eres es un completo misterio. No cedas, sigue mirando lo que eres. Y, fundamental, encuentres lo que encuentres en tu interior: ¡ÁMALO! Este es el primer requisito para avanzar en este camino de descubrimiento personal: ámate en todo momento y circunstancia. Ámate, aunque te cueste, sea lo que sea que hayas hecho, dicho, sentido o pensado. El que juzga siempre es el ego; el amor (que tú eres) solo sabe amar. Si no te amas incondicionalmente, el ego te acabará sacando del camino de crecimiento que emprendes ahora.

Como resumen de este punto, y para que sea tu brújula interior, ten siempre presente que LO MÁS IMPORTANTE ES SENTIRSE BIEN. El cómo te sientes es la energía principal que mandas al Universo, y eso es lo que vas a recibir de vuelta en forma de circunstancias vitales. Según cómo te sientas, así será tu nivel vibratorio: a más alegría-bienestar más elevada frecuencia de vibración. Y la «calidad» de los acontecimientos que te lleguen reflejarán ese nivel. Tú decides, de esta manera, cómo quieres que sea tu vida.

3º.- Coge la costumbre de realizar 1, 2 ó 3 sesiones diarias de ejercicios de concentración-meditación, distribuidos a lo largo del día. Cuantas más hagas más rápido vas a desarrollar la capacidad de concentración, tu auténtico poder creador. Puedes empezar con 5-10 minutos en cada sesión y, si eres constante en tu práctica, cada vez te irá gustando más. Al principio te va a parecer una tediosa obligación: no estás acostumbrad@ a estar a solas contigo y la mente, en forma de parloteo mental, va a asaltar tu campo de consciencia para que la sigas. Si sucede esto, que sucederá, no interactúes con los pensamientos, no les hagas caso, y continúas con el ejercicio. En eso consiste concentrarse, en regresar al ejercicio todas las veces que te despistes.
Con el tiempo te sentirás más a gusto haciéndolos y los momentos de meditación serán los mejores del día. Cuando estás concentrado en algo vives en la paz de tu mundo personal, sin interferencias del exterior, y esta sensación acaba enganchando. Llegará el día en que todo el tiempo que pases despiert@ será una sesión continua de concentración y no te hará falta dedicar tiempo en exclusiva para ello. Lo conseguirás con el tiempo, no ahora, al principio.

Con estos tres hábitos instalados en tu día a día, realizando el ejercicio del perdón en aquellas situaciones que te provoquen negatividad (luego hablamos de él), y la escucha diaria de los audios subliminales que decidas crear, asentarás tus pasos por este camino que ahora inicias. Una vez adquiridas estas rutinas surge una dedicación constante a vivir en ese infinito mundo interior que vibra en tu ser y, al cabo de un tiempo, sin que te des cuenta, tu TRABAJO interior se transforma en tu DISFRUTE total. Y será impensable para ti volver a tu antigua vida, ya que estarás en el camino del crecimiento consciente y constante.

Te anticipo que los comienzos de este periplo interior son muy duros. Vas a ir, a partir de ahora, en una dirección totalmente diferente a la que lleva el mundo conocido en el que vivimos. Los dogmas del ego-separación están presentes en todo cuanto nos rodea, la energía de este mundo vibra en ella, y, lo quieras o no, nos afecta por resonancia en la nuestra. Tú, ahora, inicias el proceso para crear una isla propia, tu isla, en la que vibrará la consciencia en el amor incondicional que eres. Esto representa un considerable esfuerzo y, además, es un trabajo personal: nadie puede hacerlo por ti; pero no hay otro camino.
El hecho de que sea un esfuerzo individual no significa que lo hagas en soledad: tú nunca estás sol@. En el siguiente apartado descubrirás quién te acompaña.

HABLANDO CON TU ESENCIA DIVINA

Antes de arrancar con este viaje te recomiendo dirigirte a esa presencia, idea, imagen… que identificas como lo más sagrado, y que vive en ti. Muchos lo conocen por Dios, otros Íntimo, Todo lo que Es… Yo siempre le he llamado Padre, pero el nombre es irrelevante: llames como le llames, siempre te escucha.
Esa Presencia y lo que conoces por “Yo” es lo mismo, solo que en dimensiones diferentes. Él/la es tu aliad@ más poderos@ y siempre está contigo. Llegará un día que dejarás de ser lo que estás siendo ahora para expresar, en plenitud, ese Ser que lleva tiempo palpitando en ti.
Si nunca has hablado con Él/la, ahora es el momento de comenzar. Al principio te sentirás rar@, pero que te dé igual: es normal que suceda esto. Con el tiempo dejarás de sentir esa incomodidad y será lo habitual para ti. Más adelante ya no te hará falta hablarle, puesto que le percibirás siempre contigo.
Dirígete con humildad
a esa Presencia silenciosa, amorosa y acogedora. Dile que, a partir de ahora, quieres mantener este contacto, que confías en recibir toda la ayuda necesaria para llegar a fundirte en uno con ella. Dile que quieres ser llevad@.
Puedes (yo lo hago todas las mañanas antes de salir de casa) estar un rato en su presencia por medio de una oración. Elabora una oración, tu oración, en la que pides aquello que creas necesitar. Con el tiempo, y tu propio crecimiento personal, la modificarás y tus nuevas peticiones se irán alineando de acuerdo con el amor incondicional; pero, en un principio, solicita aquello que brote de tu corazón… y abandónate en esa esencia que te acoge.

Ahora vamos con la parte práctica, con lo que nos hace crecer.

 

PLAN DE TRABAJO PARA ELEVAR NUESTRA VIBRACIÓN

El primer paso para elevar nuestra vibración es no crear más negatividad con los pensamientos de rechazo, lucha, impaciencia, ira… es decir, todos aquellos de no aceptación del momento presente. Sé consciente de los pensamientos que tienes, porque son los principales responsables de tu nivel vibratorio. Cada pensamiento genera una emoción. Una emoción sostenida crea un estado de ánimo, que es la energía que mandas al Universo y, por consiguiente, la energía que recibirás de él. Así pues, estate alerta a aquello que tienes en tu campo de consciencia. Lo que piensas es lo que estás creando y, eso que creas, eleva o desciende tu frecuencia de vibración.
Un remedio infalible para no crear más negatividad con los pensamientos de baja vibración es no seguirlos, dejar que se vayan solos, sin interactuar con ellos. Si no puedes, por estar muy identificad@ con las formas mentales, haz el ejercicio siguiente.

El ejercicio del perdón es fundamental para nuestra transformación interior, y PUEDES EMPEZAR DESDE YA. Es el que nos permite sanar esas situaciones y pensamientos a los que estamos “enganchados” energéticamente. Al perdonar dejamos de reaccionar inconscientemente a las situaciones que vivimos, rompiendo el bucle de acción-reacción. De esta sencilla manera modificamos la vibración de la energía que enviamos al Universo.
Cualquier pensamiento o circunstancia de vida (mala salud, escasez económica, ausencia o malas relaciones personales…) que nos desequilibre negativamente, que nos altere emocionalmente, es susceptible de tratarla con este ejercicio. Con el tiempo lo harás en contadas ocasiones, porque ya habrás sanado todas las situaciones-pensamientos que te anclaban al pasado; pero mientras llega ese momento, vuelve una y otra vez a esta poderosísima práctica. No te canses de hacerla.

Ahora vamos a llenar de contenido nuestras sesiones de trabajo interior.

 LOS CUATRO PASOS DE LA ELEVACIÓN VIBRATORIA

1º.- Comenzamos nuestros ejercicios de concentración-meditación con “Activando la Unidad”, en la que declaramos nuestra intención de fundirnos en uno con ella.
Hazla, como mínimo, una vez al día siendo la total concentración en lo que lees. Así, leyendo, empiezas a incrementar tu capacidad de concentración. Siente cada una de sus palabras y ábrete, por medio de tu intención, a permitirte ser tomado por la Unidad. De esta manera dejamos claro a la Unidad, y a la mente, nuestro anhelo de fundirnos con ella. Cuando te notes perdid@ en el mundo de la ilusión, falto de fuerzas o desarraigad@, sumérgete en la visualización y déjate llevar por tus sensaciones en esa conexión consciente: te notarás cambiad@ al acabar de leerla.
Hazla todos los días, hasta que dejes de hacerla; así, sin más. En un momento dado estarás en otro nivel vibratorio y no te hará falta para nada. La dejarás como a una muleta que ya ha cumplido su labor.

Mientras trabajas este ejercicio procura asentar los hábitos 1 y 2, que, fundamentalmente, es centrar la atención en tu interior. Estate 2-4 meses (el tiempo es orientativo, cada persona es un mundo) hasta tener establecido firmemente el hábito de “mirar” dentro de ti. No quieras correr en este tema (sería tu ego buscando recompensas). Tómate el tiempo necesario hasta que empieces a disfrutar estando a solas contigo. Cuando lo hayas conseguido, inicias la siguiente práctica, sigas o no con “Activando la Unidad” (yo me tiré más de un año con ella).

2º.- A la vez que haces “Activando la Unidad”, en otra de tus sesiones de concentración, comienzas con “Activando Ida, Pingala y Chakras”.
Este ejercicio procura hacerlo en todo momento y circunstancia. Vuelve a él una y otra vez cuando te pierdas en ensoñaciones mentales o cuando no tengas que interactuar con el exterior (esperando en colas, paseando, en el metro-tren-autobús…). Te puede costar mucho realizarlo con los ojos abiertos, pero con la repetición lo acabas consiguiendo (si dudas de ello es tu mente quien te dirige).
Al principio te “perderás” muchas veces, no importa, es lo normal: vuelves a comenzar desde el principio. Da igual las veces que te caigas, lo importante es que te levantes siempre. Con el tiempo se convertirá en tu “refugio” de los ataques de la mente-ego intentando llevarte por su mundo de fantasía; pero, al comenzar con él, tendrás un gran reto: mantener, durante un prolongado intervalo de tiempo, toda tu atención en el ejercicio. Este esfuerzo sostenido desarrollará rápidamente tu concentración y, a mayor concentración, mayor poder de crecimiento adquieres.

ESTE EJERCICIO ES LA CLAVE DE TODO. Si lo incorporas a tu día a día, tienes garantizado el éxito en este viaje de cambio personal, porque, aparte de mejorar sustancialmente tu capacidad de concentración, limpias y activas los circuitos energéticos. No escatimes tiempo con esta práctica, es esencial.
También, mientras estás con él, procura hacer unas cuantas veces al día el ejercicio Activando sushumna: órbita microcósmica”. Así irás limpiando y energizando la línea Hara, imprescindible para la siguiente práctica.

3º.- Cuando ya hagas con fluidez y soltura los nadis, te resultará sencillo realizar la visualización “Chakras de luz”.
Al principio, y hasta dominarlo totalmente, haz el ejercicio completo. Cuando realices la parte del planeta y el universo te sentirás diferente, inclusive puede que hasta mal: es tu amor divino, tu amor incondicional, imponiéndose a las capas más profundas del ego-miedo. No te preocupes por esas sensaciones: es una buena señal. Al poco disfrutarás y sentirás una gran alegría al amar al Universo. Esa alegría es la alegría de dar.

Una vez ya puedas hacerla fácilmente con los ojos abiertos en tus quehaceres diarios, te centras en “Saludo a los chakras”, “Conexión Tierra-Cielo” y “Chakras de Luz-aura”. Cuando sientas nítidamente la conexión Tierra-Cielo, pasas a hacer todo el día “Chakras de Luz-aura”. Utiliza, en principio el color violeta (irás cambiando, sin darte cuenta, al rosa según se vaya limpiando-elevando tu vibración) y permaneces semanas o meses con él. No tengas prisa en dejarlo: el ejercicio te dejará a ti.

“Chakras de luz” eleva la vibración de nuestra energía al conectarnos con la del Amor Universal, haciendo que la más baja del apego vaya desacoplándose de la nuestra. A consecuencia del aumento vibratorio, incrementamos nuestra sensibilidad y clarividencia, despertándonos del sueño de la ilusión, percibiendo más claramente identificaciones que permanecían ocultas para nuestro nivel habitual de consciencia. Además, va formándose una burbuja energética que nos aísla de la resonancia de la vibración del ego circundante. De esta manera, nuestra “isla personal de amor” no será contaminada por la polución mental de la ilusión que llena este mundo.
Llegará el día en que notarás cómo tienes creada tu burbuja protectora (es tu aura fortalecida por la energía del Amor Universal). En un momento dado, no te hará falta concentrarte en ella para sentirla: sólo con tu intención la percibirás envolviéndote completamente, sin ningún esfuerzo por tu parte. Este es el indicador de que has alcanzado un total control mental que impedirá a los pensamientos ilusorios de la mente-ego llevarte por su mundo. En este punto ya eres él/la soberan@ de tu mundo mental y serás capaz de mantener sólo los pensamientos que desees.

4º.- Tras dominar la visualización anterior, con tu burbuja creada, conviertes los dos ejercicios anteriores (“Activando Ida, Pingala y Chakras” y “Chakras de luz”) en ejercicios de mantenimiento-limpieza, haciendo dos-tres visualizaciones diarias (no te va a llevar más de 1 minuto de reloj por cada una. Yo los suelo hacer a la mañana, antes de salir de casa a trabajar y de la oración al Padre) y, durante el resto del día, te centras exclusiva y permanentemente en “Sintiendo lo que somos: vibración”.

Este ejercicio es la puerta de conexión vibratoria a la Unidad. Cuanto más lo hagas más poderosa y elevada se vuelve tu energía. Si tienes momentos de agobio mental que te impidan sentir lo que eres, haz la “Respiración consciente”. A veces, por estar alterados emocionalmente, la ansiedad por llegar a percibir nuestra vibración nos impide acercarnos a ella. La respiración consciente nos lleva a un estado intermedio, al relajarnos, permitiéndonos disfrutar de lo que somos.

El objetivo de este ejercicio es pasar de la energía mental, que crea la ilusión, a la energía del amor que es nuestra esencia física. Para ello, centramos la atención en la sensación de nuestra energía vibrando. Esta vibración que sentimos es el amor que somos y es la puerta de acceso al Amor Incondicional. Este amor “individual” se une, por medio de nuestra atención sostenida, al amor universal del que formamos parte indisoluble. Y en esta conexión recibimos todo cuanto necesitamos para crecer en armonía, según los designios de la Inteligencia Universal que vibra en este amor que todo lo llena.
Intenta mantener siempre parte de tu atención en tu cuerpo-energía, a la vez que interactúas con el exterior: así permanecerás unid@ a tu ser y nada de fuera te desequilibrará. Cuando el mundo exterior no reclame tu atención, céntrala en tu energía, en tu amor. Al concentrarte en ella vas desarrollando y fortaleciendo tu vibración, tu luz, a la vez que la sensación de conexión con la Unidad se vuelve más intensa. Notarás cómo el mundo exterior pierde al poder de alterarte, de desequilibrarte, y comienzas a vibrar en una paz y alegría cada día más profundas. También, descubrirás con más facilidad los pensamientos de la mente-ego que te llegan y serás capaz de dejarlos pasar, sin seguirlos, quedándote anclad@ al momento presente.
De esta manera, te vas centrando-viviendo permanentemente en el Aquí-Ahora, el punto de conexión consciente con la Unidad. Y, a partir de aquí, fluyes con la vida, siendo un@ con ella. Habrás dejado de vivir en el mundo de la ilusión, el mundo de la separación, dándote cuenta de que todas las experiencias vividas hasta ahora han sido una amorosa preparación para este momento de conexión plena. Y la luz del amor que irradias elevará la vibración de las personas que se crucen en tu camino, ya que EMANARÁS LUZ DE AMOR DIVINO.

RAZONES PARA ESTAS PAUTAS DE TRABAJO

Si el ejercicio final, y en el que vamos a permanecer todo el tiempo, es el de “Sintiendo lo que somos: vibración”, ¿por qué no empezamos con él directamente y así ahorramos tiempo y esfuerzo?
Si comenzáramos con este ejercicio, lo haríamos durante un tiempo, no mucho, e, irremisiblemente, lo acabaríamos dejando. ¿Por qué?
Estamos muy llenos de la energía del ego. Esta energía es la que impide, a la consciencia que somos, permanecer en el cuerpo que es su casa. Es decir, el ego nos ha sacado de la casa-cuerpo que habitamos. Llevamos toda la vida fuera de nosotros, de nuestro hogar. Todas las reacciones, decisiones, pensamientos, emociones, actitudes, etc., son una creación de él. Por decirlo de otra manera: estamos poseídos por el ego. Él es quien gobierna nuestra vida y el que “vive” en la energía que somos.
Si empezamos directamente con el ejercicio de “Sintiendo lo que somos”, si intentamos de entrada “vivir” en nuestra casa, el ego (que lleva muchísimo tiempo en ella) nos echaría a patadas. Piensa por un momento la fuerza que puede tener el ego-mente en tu vida. Llevas con él muchos años y le has permitido ser tu dueño y señor. La consciencia que eres, que ha empezado hace un tiempo a vibrar en ti, quiere volver a su hogar otra vez; pero es muy pequeña, es una niña inocente. Y una niña poco puede hacer frente a un adulto embravecido. Así que para poder “entrar a vivir” a nuestra casa, antes hay que limpiarla del ego, de ese poderoso ser-ilusión que nos llena.
Para conseguirlo, lo primero que hacemos es pedir ayuda (l@s niñ@s piden ayuda a sus Padres): manifestamos a la Unidad nuestro deseo de ser llevad@s por ella, no por la fantasía que nos vive. Por lo tanto, empezamos “Activando la Unidad”.
Luego, ponemos en forma la energía que somos, movilizando los circuitos y vórtices energéticos de nuestro cuerpo, para facilitar esa unión, “Activando Ida, Pingala y Chakras” y “Activando sushumna: órbita microcósmica”.
Tras haber activado nuestra estructura energética, es cuando conectamos conscientemente nuestra energía a la Unidad por medio de “Chakras de Luz”. Con esta conexión vamos limpiando nuestro cuerpo-energía de la del ego, al recibir la elevada vibración del Amor Universal.
Una vez depurada nuestra energía, creamos una burbuja protectora que impedirá resonemos en la disfunción que nos rodea, por realizar diariamente nuestros ejercicios de mantenimiento.
Limpi@s ya de la mayor parte de la baja vibración del ego (tenemos mucho incorporado y a niveles muy profundos) es cuando podemos descansar en nuestro cuerpo-templo “Sintiendo lo que somos: vibración”. Con este ejercicio, la consciencia fortalecida que ya serás acabará de erradicar cualquier resto de ego agazapado en tu interior.
De esta manera, y día a día, la luz que emana la casa que habita tu consciencia será más intensa, más radiante: TE CONVERTIRÁS EN UN FARO, e iluminarás el camino de aquellos caminantes que buscan el regresar a su hogar.

Este camino, que ahora emprendes, es para toda la vida. Ya nunca volverás a tu antiguo ser: ni querrás ni podrás, porque aquello que aumentas en consciencia nunca lo pierdes. Ese aumento es lo que creces, lo que evolucionas, puesto que la vida es un constante crecimiento, una continua evolución, un perpetuo cambio.
Así que, ahora, herman@, deja que la vida te lleve de su mano, porque, como ya sabes, tú, en realidad, no eres nada ni nadie: sólo eres consciencia. Permite que todo sea tal como es y relájate, llen@ de paz y confianza, en la energía del amor que te acoge. En esa energía que siempre ha permanecido conectada a la Unidad.

Mi corazón te manda un fuerte abrazo de amor.
Empieza a caminar y ¡dale caña!, ¡es una maravilla lo que te espera!
Cualquier problema, duda o sugerencia, házmelo saber, por favor.

Aquí ya no hay ningún “Volviendo al camino” como en artículos anteriores, ya que para ti no hay ningún camino al que volver: lo estás creando a cada paso que das. Además, viajas llevando contigo la mejor de las compañías posibles: el Ser Divino que eres.

Ha sido un placer y una alegría inmensa el compartir contigo este viaje de iniciación, herman@. GRACIAS por haberme dado la fuerza necesaria para escribir todo lo que llevas leído, y por ayudarme a vivir el sueño de mi vida: ser un iniciador espiritual.
En próximos artículos, igual tardo un tiempo, te comentaré cómo materializar los sueños de tu corazón, esos dones que atesoras; pero ahora toca conocerte y vivir la realidad del maravilloso Ser que eres.

Mi corazón te envía otro fuerte abrazo de amor (soy un osito amoroso y me encanta abrazar).
Cuídate, herman@.

Siendo lo que somos: consciencia

Ya tenemos acondicionada la mente al haber trabajado las verdades del artículo anterior y comenzamos a ver la vida de una manera diferente. Así pues, es el momento de añadir la guinda al pastel mental que hemos cocinado, con tanto cariño, en este rincón de la luz.

Aunque ya te he dado unas cuantas pistas en las entradas anteriores, ahora vamos a descubrir lo que realmente somos. Te anticipo que las verdades siguientes son más difíciles de asimilar que las creencias limitadoras («no puedo», «no valgo», «no merezco»), debido a que contradicen todo lo que hemos creído hasta ahora. En el mundo de la separación en el que vivimos, estos conceptos rompen el paradigma de lo “normal”, “correcto” o “sensato”. Aquí ya comienzas a separarte del mundo de la separación (valga la redundancia), para entrar en el universo de la Unión. Ahora es cuando puedes llegar a pensar que ya no estás en tus cabales, porque todo el mundo conocido dice una cosa y tú otra totalmente diferente.
Además, si eres un/a «buscador/a» que llevas tiempo siguiendo tu propio camino de crecimiento, hay una creencia que se convierte en un hándicap para el cambio genuino. Esa convicción, auspiciada por el ego, nos dice que aún no somos lo “suficientemente perfectos” para poder fundirnos con el Todo. Mientras llega ese momento, “nuestra” alma se va “perfeccionando-aprendiendo” en cada una de las vidas que vivimos. Esta creencia, que es el ego resistiéndose a morir, se encuentra muy extendida entre la gente espiritual. Sin embargo, llega un momento en que, debido a tu propia evolución personal, descubres la maravilla del Dios-Amor que palpita en ti. Entonces, recibes la certeza de que tú siempre has sido perfect@, que no tienes nada que perfeccionar. Esta idea nace del propio ego creyéndose «no merecedor» y así poder seguir manteniendo el control de tu vida, hasta llegar a “merecer” gracias a él.

Ahora estás en los lindes de tu mundo mental conocido. Si continúas leyendo pueden suceder dos cosas. Que acabes tu viaje aquí y digas: “ese barbas está como un cencerro, hay que atarle”. En este caso habremos pasado un rato a gusto los dos y algo quedará en tu vida de lo que hayas leído o practicado en este rincón. Para mí ha sido un placer compartirlo contigo. Te mando un fuerte abrazo, de corazón, y recuerda: hagas lo que hagas es justo lo más adecuado para ti.
Si, por el contrario, lo que leas, aunque te sorprenda, resuena en ti, entonces, tras acabar con este artículo y trabajártelo unos días, continúa con el siguiente. En él descubrirás la forma de llegar a vivir los conceptos mentales que hemos compartido en este viaje, y tu gran cambio ya habrá comenzado.

Así que, venga, vamos con lo que somos y averigüemos si sigues adelante o te plantas aquí.

LO QUE REALMENTE SOMOS

Somos la suma de un cuerpo físico (energía) y de una consciencia. El cuerpo físico es un vehículo del que disponemos para nuestro uso personal, con fecha de caducidad. Es el coche alquilado con el que “viajamos” por esta vida y llegará un día en que lo “devolveremos”. La consciencia, que habita en este cuerpo, es infinita y eterna: nuestra auténtica realidad. Es la misma consciencia que “viaja” en todos los seres humanos de este planeta.
Conozcamos, con más detalle, cada uno de los componentes del ser perfecto que eres.

SOY LUZ DE AMOR DIVINO
Para comprender mejor este concepto, veamos la definición de la palabra fuerza. Según la física: “es cualquier acción, esfuerzo o influencia que puede alterar el estado de movimiento o de reposo de cualquier cuerpo. Esto quiere decir que una fuerza puede dar aceleración a un objeto, modificando su velocidad, su dirección o el sentido de su movimiento”.

Sabíamos de antes que todo lo que tiene existencia física en este mundo es energía vibrando, es decir, electrones girando, en diferente número y velocidad, alrededor del núcleo de los átomos. Si los electrones se mueven en torno al núcleo es debido a la existencia de una fuerza que los atrae hacia él. Esta fuerza de atracción, que mantiene unido este universo en el que vivimos, se llama AMOR.
Todo lo que tiene una existencia física ES gracias al amor
, aunque no lo vemos así. Solo percibimos las partículas girando, lo que podemos medir con los instrumentos científicos. Sin embargo, la esencia de esa fuerza que cohesiona todo es invisible para el mundo de la investigación, que busca datos evaluables y contrastables. El amor está, pero es indetectable, aun siendo la causa del giro. Por lo tanto, tu cuerpo, ese medio que tienes para vivir tus experiencias sensoriales en este mundo, es energía vibrando en el amor: eres AMOR materializado en un cuerpo humano.
Pero ¿de qué amor estamos hablando?
Esta fuerza no piensa, no elucubra, no calcula: solo es poder de atracción, de unión, sin establecer diferencias ni condiciones de ningún tipo. El auténtico amor es INCONDICIONAL, es el amor de Dios, es DIVINO. Por el contrario, el amor egoico siempre es CONDICIONAL: “te amo mientras satisfagas las carencias que, como ego que soy, creo tener”. Por eso hay tantas roturas de parejas: los egos se unen entre ellos creyendo amarse, pero el ego y el amor incondicional son incompatibles, y tarde o temprano, si la evolución de los miembros de la pareja es dispar, se produce la ruptura. Esta “condicionalidad” del amor egoico se manifiesta en todos los órdenes de la existencia: un padre sería capaz de dar la vida por un hijo suyo, pero no la daría, conscientemente, por el hijo del vecino. Ahora bien, si ese hijo del vecino está atrapado en una casa ardiendo suplicando ayuda, probablemente, ese padre se adentraría en el fuego para salvarle, a riesgo de morir. Esto último lo hace sin pensar y, al no pensar, emerge la auténtica realidad que somos: AMOR DIVINO.

Por otra parte, está comprobado científicamente que emitimos luz. No la vemos, es imperceptible para nuestros ojos, sin embargo, la irradiamos. No somos conscientes de ella, pero es nuestra realidad: tú decides cómo lo interpretas, cómo lo vives. Esta verdad, “Soy luz de amor divino”, como todas ellas, es un concepto mental. Ahora bien, cuando la tengas interiorizada dejarás de pensarla y experimentarás la sensación de ser luz. Esta sensación es la energía de vida de la que brota tu cuerpo: es lo que realmente eres en el plano físico.
No nos vemos como luz, como vibración, nos vemos como materia, como trozos de carne. Esta carne se quedará aquí, convirtiéndose en polvo. La luz que somos se acabará fundiendo con la luz universal, con la Unidad, brillando en ella eternamente.

Esta verdad se complementa maravillosamente con la práctica de «Sintiendo lo que somos: vibración». En ella somos conscientes de nuestra realidad física, a la vez que nos lleva hasta el punto siguiente.

SOY CONSCIENCIA INFINITA SIENDO CONSCIENTE DEL CUERPO QUE HABITA: TODO LO DEMÁS ES IDENTIFICACIÓN, ES ILUSIÓN
Esta ilusión es el juego del Padre (Dios, Íntimo, Todo lo que es… da igual el nombre) disfrutando de su creación a través nuestro, siendo consciente de ella: somos el juego de Dios y, a la vez, somos Dios jugando.

Estamos «jugando a vivir» en esta vida. La vida es como una obra de teatro, en la que representamos multitud de papeles: madre/padre, trabajador/a, hij@, amig@…, y nos acabamos creyendo ser ese papel. Sin embargo, somos algo más íntimo y profundo que ese guion autoimpuesto: somos consciencia de Dios siendo consciente del cuerpo-energía que le alberga. Esto es lo eterno en nosotros, lo inmutable. Todo lo demás: el cuerpo, este mundo… todo cuanto tenga una realidad física, es perecedero, es ilusión. Solo permanece lo real, lo que somos, el resto se diluye en el tiempo.

Este concepto de nuestra realidad esencial se puede resumir en: SOY CONSCIENCIA: TODO LO DEMÁS ES ILUSIÓN.
SER CONSCIENTE es darse cuenta
, es observar, ser un testigo desapasionado; pero estamos siempre perdidos en las ensoñaciones producidas por la mente. La única forma de vivir en armonía con nosotros mismos es ser esa consciencia, y aquí surge el reto fundamental de nuestra atención: ser conscientes del cuerpo que habitamos, actuar en este mundo de la forma en el que «jugamos» y, al mismo tiempo, no perdernos en la ilusión creada por nuestros pensamientos. Para superarlo, solo hay un camino.
Cuando somos conscientes de nuestra vibración ya estamos en el aquí. Si, además, el resto de nuestra atención-concentración la enfocamos en el momento presente (ahora), entonces ya hemos completado la dupla Aquí-Ahora, que es el punto de conexión con el Dios/a que somos. En este punto de equilibrio somos conscientes de la Unidad y desaparece la ilusión, porque no imaginamos nada. No existe ningún “yo” separado ni unido: solo existe la consciencia de todo lo que es en ese momento. No hay “nadie” que observe nada, no hay ego ni pensamientos que nos lleven por su camino: somos el acto de observar (darse cuenta). Somos el “Yo Soy”, donde el “Yo” se disuelve en lo que “Es”.

Este es el final de la búsqueda. En este momento, la identificación que podías tener con la mente desaparece completamente y, con ella, el ego: eres un@ con todo, ya estás en el eterno presente, en el aquí-ahora consciente. Ya no te pierdes en ensoñaciones mentales porque estás totalmente concentrad@ en lo que es, momento a momento.
Cuando vives centrad@ en el aquí-ahora, vibras en una sensación omniabarcante que brota de cada una de tus células, inundándote de un silencio lleno de paz y poder. Has cambiado la dirección de tu foco de atención: has pasado de la mente-ilusión a la sensación-unión. Dejas de prestar atención (sinónimo de dar vida) a la ilusión creada por tu mente individual, para fundirte en la energía (por medio de la sensación) de la Unidad. Ya te has convertido en un ser humano completo, dejas de estar dividido, y no se «pierde» nada de tu energía en mantener viva la ilusión de la separación.
En esta consciencia total del momento presente, todo el poder, el amor y la inteligencia del universo vibran en tu ser. Has “encontrado” lo que buscabas, ya estás reconectad@: has vuelto a casa.

¡Bienvenid@!

Todo aquello que te impida sentir las afirmaciones anteriores con total plenitud en tu interior es el ego, señalándote que eso es mentira por no coincidir con sus creencias. Igual has experimentado zozobra al leerlas: ese desasosiego es la emoción creada por él, enfadado-inquieto por lo que lees. “¿Le vas a hacer caso al chalado este?, ¿no te das cuenta de la cantidad de tonterías que está diciendo?, vamos mujer, ¡hasta aquí podíamos llegar!”.
Si, por el contrario, has experimentado alegría y dicha, es tu presencia divina, tu inocencia todopoderosa, la que ha reconocido aquello que es, aquello que siempre has sido.

Puedes trabajarte estas verdades como si fueran mantras (utiliza la versión resumida de la consciencia). Cógete cualquiera de ellas y repítetela mentalmente, concentrad@ en ella, en todo momento y circunstancia. Si interactúas con el mundo exterior (trabajando, hablando con alguien, jugando con tus hijos, cocinando, haciendo el amor…), presta total atención a lo que haces; pero si notas que te despistas, perdiéndote en pensamientos ensoñadores, vete instantáneamente al mantra correspondiente. Es decir, permanece en estas verdades todo el tiempo que puedas, que se conviertan en tu pensamiento base a partir del cual organizas tu tráfico mental. Cuando tengas tu atención libre de obligaciones del mundo exterior, vete a ellas, una y otra vez, hasta que acaben convirtiéndose en el “papel pintado” que decora tu mente.
Permanece unos 5-10 días con cada una de ellas. Si tienes cierto recorrido de trabajo interior, lo podrás hacer sin excesiva dificultad; si no es así, vas a mejorar mucho tu capacidad de concentración. Al cabo de esos días, notarás como tu energía vibra de otra manera y tu estado de ánimo será diferente. Haz la prueba y me comentas.

Ahora bien, si no estás lo suficientemente desidentificad@ del ego, si tu creencia en la separación todavía es fuerte, estos momentos de conexión (que los vivirás) serán esporádicos y la mente-ego te arrastrará otra vez por su mundo de lucha y negatividad, perdiendo esa plenitud, esa paz, de sentir lo que eres. La única forma de permanecer en ese estado de conexión consciente y permanente es mediante la elevación de tu vibración. Y eso sólo se logra con el trabajo interior, que consiste básicamente en aumentar tu capacidad de concentración.
En este rincón tienes unos cuantos ejercicios prácticos y contrastados (son los que practico habitualmente y vivo sus resultados), que te ayudarán a crecer de la manera más armónica posible. Tú decides si te detienes en la superficie del conocimiento teórico adquirido por medio de estos artículos (quedándose todo en una mera comprensión intelectual), o te lanzas a vivir las nuevas verdades que ya palpitan en ti.

En la próxima entrada te doy unas recomendaciones para ir “Viviendo en la luz: pautas para un trabajo interior”.
Nos vemos allí.
Un abrazo, de corazón.

Volviendo al camino.
(¡No vuelvas! No has llegado hasta aquí para, ahora, darte la vuelta. ¡Sigue adelante, sigue creciendo!)

La reconexión: el regreso a casa

Como vimos en el primer artículo: “… todo aquello que tiene una expresión física en este universo, al estar constituido por átomos, es energía vibrando; todo sin excepción. El Universo es vibraciónlo único que varía es la frecuencia de esta, lo “rápido” o “lento” que vayan los electrones. Lo que aparenta ser más sólido vibra a una frecuencia más baja y lo más sutil a una más alta, más rápida. Si calentamos un cubo de hielo se transforma en agua líquida y si la seguimos calentando se vuelve vapor. Es agua en los tres casos, el mismo elemento, pero su apariencia, su estado físico, es diferente porque ha cambiado su frecuencia vibratoria debido a la energía recibida del calor”.
Como el Universo es vibración, podemos decir que existe una vibración universal que engloba todas las demás. De esta manera, entenderemos que todo lo que tiene consistencia física está conectado a esa, y en esa, vibración universal. En ella queda incluida todo lo creado por dicha vibración, como son las formas mentales, los pensamientos, nacidos del cerebro de los seres humanos y que se convierten en energía-vibración por medio de las emociones que mantenemos. Esta ÚNICA VIBRACIÓN, que todo lo llena, es la Unidad.
Por lo tanto, todos los seres vivos y no vivos formamos un solo Ser; y en todo ello vibra la energía del amor. La fuerza de atracción entre los electrones, la que los mantiene orbitando alrededor del núcleo, es AMOR. El amor es el «pegamento» que mantiene unido este universo físico, fundamentado en la inclusión: nada puede haber “fuera” de él. Y este amor, al incluir todo sin distinciones de ningún tipo, es INCONDICIONAL: la más alta vibración que existe.

ESTA VIBRACIÓN UNIVERSAL DE AMOR INCONDICIONAL, Unidad, es el “cuerpo” de Dios (pon el nombre que quieras a lo más íntimo y sagrado que palpita en tu interior. Yo, por ejemplo, lo llamo Padre) y su «alma», su esencia infinita, es la Consciencia que vive en ti. Buscando la comparación con el ser que somos, nuestro cuerpo es el equivalente a la Unidad; tu Consciencia y la de Dios, una sola. Así pues, y seguro te suena, estamos hechos a imagen y semejanza de Dios.

Ahora, para meternos en materia, vamos con un cuento.

LOS OKUPAS

Tengo una casa (mi cuerpo-energía, el templo de Dios) grande, con muchas y enormes habitaciones, una piscina olímpica, jardines preciosos y unas vistas maravillosas. Pero ahora, en ella, viven unos okupas: la cuadrilla del Ego.
¿Cómo sucedió esto? Os lo cuento.
Desde muy pequeño he vivido en esa casa, aunque siempre me sentía muy solo en ella. Conocí a un niño de la misma edad que yo, y nos volvimos inseparables. Se llamaba Pensamiento. Nos pasábamos todo el día juntos, jugando y riendo. Yo solo quería estar con él, con ninguno más. Se convirtió en mi mejor y único amigo. Disfrutaba mucho hablando con él, porque era enormemente gracioso y dicharachero. Además, era muy inteligente y yo, en caso de duda, siempre hacía lo que Pensamiento consideraba correcto. Así me quedaba tranquilo, sabiendo que había tomado la mejor decisión.
Al cabo de un tiempo le invité a vivir conmigo: aceptó sin dudarlo. La convivencia era maravillosa, muchas veces no hacía falta ni que habláramos: nos entendíamos con la mirada. Eso sí, de vez en cuando discutíamos, pero al final, invariablemente, acababa dándole la razón: ya he dicho que era muy inteligente.
Pasaron los años y fuimos creciendo juntos en aquella enorme casa. Comencé a trabajar en la ciudad y, cuando tenía algún problema con alguien o debía tomar una decisión importante, le llamaba por teléfono para saber qué podía hacer al respecto. Yo seguía sus certeras indicaciones sin cuestionarlas, ¿para qué?, si era más listo que yo.
Un día me comentó que tenía un amigo al que apreciaba mucho. Me preguntó si podía traerle a vivir con nosotros. La casa era muy grande y a él le haría compañía mientras estaba solo. Se llamaba Dinero y era un buen tipo, me dijo.
Sin pensarlo le contesté que sí. Quería que Pensamiento estuviera feliz, y si él decía que Dinero era bueno, es que era bueno.
Y, efectivamente, con Dinero me lo pasaba muy bien. Había viajado mucho por el mundo y contaba unas anécdotas muy entretenidas que me encantaba escuchar.
Un tiempo después, Pensamiento me anticipó que iba a llevar a otro amigo. Se llamaba Relaciones y estaríamos muy a gusto con él. “De acuerdo”, me dije, “Pensamiento nunca se equivoca”. Este también era majo: no muy hablador y un poco inquieto; pero bien con él.
Fueron pasando los meses y mi gran casa se fue llenando de más amigos suyos: Religión, País, Familia, Estatus… Pensamiento ya no me consultaba si podían o no vivir con nosotros, simplemente aparecía por allí con uno nuevo y se quedaba. La casa parecía ser de Pensamiento, sin embargo, no me importaba: él siempre sabía lo que hacía.
Cada uno de sus amigos era diferente a los demás y, al principio, todo era perfecto; pero luego, su comportamiento empezó a disgustarme: hablaban muy alto entre ellos, discutiendo muchas veces, y se decían palabras muy fuertes. Además, comenzaron a sugerirme las cosas que debía hacer: sacar la basura, poner el lavavajillas, pasar la aspiradora… Ellos parecían los jefes y yo el sirviente. Como me seguía llevando muy bien con Pensamiento, por no buscar conflictos, callaba; pero no me encontraba a gusto en mi hogar.
Según llegaban más amigos de Pensamiento yo me iba sintiendo peor allí. Así pues, un día hablé con él, explicándole los motivos de mi incomodidad. Se rio despreocupado: «Son tonterías. Mis colegas viven encantados aquí, todo marcha sobre ruedas, y es normal tener diferencias en cualquier convivencia. No te preocupes, no veas fantasmas donde no los hay«, me respondió.
Tendrá razón, como siempre”, pensé. Dejé correr el tiempo, esperando se calmara todo, pero mi malestar aumentaba día a día. Se me ocurrió que, para estar todos más cómodos, sería una buena idea llevar a cabo una profunda reforma en la casa: dividir las habitaciones para que sus compañeros tuvieran más intimidad (dormían dos en cada una), poner calefacción de gas (tenía eléctrica y no daba mucho calor), levantar un invernadero a un costado de la piscina (las flores me gustaban cada día más y en invierno los jardines se quedaban muy tristes) y contratar un empleado del hogar. Tenía la certeza de que así me sentiría mucho mejor y me notaba lleno de ilusión, con ganas de empezar una nueva vida en aquella casa.
Cuando le comenté a Pensamiento mis planes se encolerizó, poniéndose hecho una fiera. «¡Ni se te ocurra modificar nada! Mis amigos y yo estamos muy felices así, no hay necesidad de hacer ningún cambio. Si estamos todos bien menos uno, el problema es tuyo, no nuestro«.
Le respondí, chillando, que daba igual de quien fuera el problema. Aquella era mi casa e iba a reformarla completamente: ¡allí mandaba yo, y punto!
Al oír los gritos de la discusión, todos sus amigos salieron del gran salón (estaban viendo una serie de Netflix) y se pusieron de su lado, amenazándome con hacerme daño si cambiaba algo. En ese momento pasé mucho miedo: eran demasiados contra mí y sus torvas miradas mostraban una fuerte determinación. Allí acabó todo: decidí no enfrentarme a ellos.
Actualmente, él y sus amigos viven en mi casa y yo (la consciencia que soy) fuera, perdido en el mundo. Soy un “sin techo”, pero parece que no soy el único: la calle está llena de gente como yo.

Así estamos viviendo: fuera de casa, fuera de nuestro cuerpo. Tenemos nuestra consciencia-atención vagando por el mundo exterior, alimentando esa idea de la separación. Nos notamos separados de los demás, porque todavía no nos hemos unido a nosotros mismos. Cuando dejemos de estar divididos y seamos conscientes del templo que habitamos, entonces seremos conscientes de los demás, percibiendo cómo en todos nosotros vibra la misma energía.
Si ansías volver a casa, para ponerla a tu gusto y vivir feliz en ella, sigue leyendo y descubrirás el camino a seguir.

LA RECONEXIÓN: EL REGRESO A CASA

Venimos a este mundo conectados a la Unidad. Supongo que no te acordarás, pero cuando eras un bebé no “sabías” nada. No te sentías separado, ni distinguías entre “yo” y lo demás. No anticipabas lo que pudiera sucederte ni perdías un instante en recordar qué habías hecho el día anterior: eras un bebé. Vivías momento a momento, con toda tu atención en ese colgante suspendido en la cabecera de tu cunita o en la amorosa sonrisa que te dedicaba tu amatxu. En tu mundo no existía nada que no fueras tú: estabas conectad@ a la Unidad.
Si quieres recordar lo que eras, fíjate en cualquier bebé o niñ@ menor de 2 años y sabrás de qué te estoy hablando.

LA SEPARACIÓN
Según pasan los años, y se incrementan tus facultades mentales, comienzas a pensar y, al verte constreñid@ en un cuerpo individual, te identificas con él: “yo soy este cuerpo y lo demás NO soy yo”. Ya estás separad@.
Con tu desarrollo intelectual los pensamientos absorben tu atención y empiezas a soñar despiert@. En función de las circunstancias de vida que experimentas, te imaginas un posible futuro o revives hechos y situaciones del pasado. También adquieres la costumbre de interpretar las situaciones vividas en función de ese “yo” particular y separado. Según los resultados de estas interpretaciones y de lo que te dicen los demás (en especial tus padres), vas añadiendo atributos a eso que crees ser: “soy impaciente”, “soy tranquil@”, “no tengo fuerza de voluntad”, “tengo mucha confianza en mí”Ya estás viviendo en la ilusión creada por la mente, considerándote la suma de las virtudes y defectos que crees tener. Ya has perdido la conexión con la que “llegaste” a este mundo. Tu “Ser” se reduce a una suma de conceptos y juicios mentales: te has convertido, nos hemos convertido, en una mente con piernas.
A partir de aquí, comenzamos a cargarnos de identificaciones con aquello que creemos forma parte de nosotros, de nuestro “yo”: padres, hermanos, religión, país, pareja, trabajo, hijos…, con sus correspondientes apegos. Cada apego es un “trozo” de nuestra energía desviada a aquello con lo que nos identificamos, uniéndonos energéticamente a ello. La suma de todas estas identificaciones, y sus apegos correspondientes, es lo que forma el ego: ese personaje ficticio que nos creemos ser. De esta manera, nuestra energía principal (estado de ánimo) se divide, convirtiéndose en la suma de todos los apegos que mantenemos. Ya hemos perdido nuestra paz y libertad interiores, al depender de algo externo a nosotros. Todo esto se traduce en una energía de baja vibración (fíjate en el mundo que nos rodea y te darás cuenta de ello), sinónimo de escasa sensibilidad.
Además, este ego nos genera una intranquilidad de fondo, producto del miedo a la muerte (nacido de la identificación con el cuerpo que habitamos), haciendo descender, aún más, nuestro nivel vibratorio. Debido a esta baja vibración, somos incapaces de percibir la apertura existente en nuestro corazón (contempla a este bebe que te mira y verás un corazón abierto a ti) y que nos conecta a la energía que llena este universo físico. Esta apertura es el amor incondicional vibrando en nuestro cuerpo-energía y, debido a nuestro ego, no podemos conectarnos a él, no podemos sentirlo.

LA RECONEXIÓN
La única forma de sentir esa apertura en nuestro interior es liberándonos de las cadenas que nos mantienen atad@s a esas identificaciones ajenas a la realidad que somos. Con cada apego que desterremos de nuestra energía, experimentaremos dolor porque nuestra vibración cambia en el momento de esa ruptura energética; pero al poco vibramos en una frecuencia más alta, al “recuperar” la energía desviada a esa identificación. Es como cuando llueve: durante unos días el agua de los ríos fluye sucia, arrastrando barro y piedras. Al poco, esas aguas las vemos más transparentes y limpias que antes, al haberse barrido el fango del cauce.
Tras alcanzar cierto nivel vibratorio, por habernos librado de más apegos, llega un momento en que advertimos un cambio en nuestra consciencia personal, sintiéndonos unidos a algo que trasciende nuestro cuerpo y, al mismo tiempo, forma parte de él. Antes de llegar a este punto, experimentaremos una gran conmoción interior al darnos cuenta de que todo el mundo va por el camino equivocado menos nosotros (“¿soy el único cuerdo en este mundo de locos?”, pensaremos). Acompañando a este descubrimiento intelectual, gracias a las experiencias que nos regala el Universo, sufrimos un desgarro en nuestro interior, en nuestra energía, al liberarnos del apego más profundo que tenemos. Esta fractura interior lleva asociado un fuerte cambio vibratorio, produciéndose una crisis total. Nos sentimos morir y, efectivamente, es una muerte: la de nuestra identificación con el ego. En estos momentos (pueden durar meses) nos vemos solos y desamparados en este mundo, abandonados por todo y todos. Es como una travesía por el desierto.
¿Qué ha sucedido? Nuestra energía, hasta entonces vibrando en la energía del mundo del ego, se separa de ella, uniéndose a algo, no muy definido todavía; pero diferente a todo lo conocido hasta entonces. Esta separación de la energía egoica, que nos daba la fuerza que creíamos tener, nos deja exhaustos, vacíos: muertos.
En realidad, experimentamos un renacimiento: abandonamos-morimos en el mundo de la ilusión de la separación, el mundo de la mente-ego, para renacer en otro. Este, físicamente, es el mismo que conocemos, pero diferente para nosotros porque, ahora, estamos vibrando en la frecuencia del amor incondicional y todo lo vemos desde una perspectiva totalmente nueva e integradora. Con el tiempo, esta sensación, difusa en un principio, se va afianzando; volviéndose más nítida y clara, sintiéndonos llenar, día a día, de una energía vibrante y poderosa.
Aquí ya somos conscientes de nuestra conexión con la Unidad: YA ESTAMOS RECONECTADOS.

La conexión con la Unidad es unir nuestros circuitos energéticos a la energía del Amor Universal-Incondicional, permitiéndole vibrar en nuestro ser. Para ello, hay que desprenderse de la energía de los apegos que nos impide realizar esa conexión.

TU NUEVA VIDA
A partir de este momento entramos a una nueva vida. Nos sentimos llevados por una inteligencia y un poder inmenso, en el que palpita, constantemente, un ilimitado amor lleno de dulzura. Es como una Madre Divina acogiéndonos en su infinito regazo de amor. Descubrimos cómo todo lo que vivimos en este “dejarse llevar” es para nuestro mayor crecimiento personal. Van aflorando a nuestra consciencia, en forma de situaciones de vida, todas las identificaciones que podamos tener: hijos, padres, seguridad económica, tener razón, la opinión de los demás… y, por último, los pensamientos, que es nuestra mayor identificación. Nos libramos de esas identificaciones-apegos al ir aumentando nuestro nivel de consciencia, convirtiéndonos en seres más sensibles, debido a la elevación vibratoria que experimentamos.
Sufrimos con la liberación de cada apego, pero nos damos cuenta de que ese dolor es sinónimo de crecimiento. Con esta comprensión, vivimos en la gratitud constante a la vida por las maravillosas oportunidades que nos regala para irnos desarrollando de la manera más armónica posible. De esta manera, experimentamos un crecimiento sostenido y equilibrado de nuestra evolución-consciencia personal.
También percibimos cómo nuestro intelecto se agudiza, extrayendo conclusiones claras, sentidas como verdaderas, de las situaciones que vivimos. Discernimos, instantáneamente, lo real y la ilusión mental.
Como resultado del trabajo interior con los chakras (“Activando nadis y chakras”, “Chakras de Luz”), equilibramos y fortalecemos su vibración, consiguiendo mejorar el tono físico de nuestro cuerpo (nos sentimos rejuvenecer), a la vez que desarrollamos las cualidades inherentes a cada vórtice de energía: aumento de la seguridad y fortaleza interior, florecimiento de nuestra creatividad, desarrollo de la fuerza de voluntad, mejora sustancial de la autoestima, incremento notable de nuestro poder de comunicación, de la clarividencia y de la compasión. Así comienzas a alcanzar tu mejor versión personal, expresando todo tu potencial.
Además de lo anterior, el mayor beneficio de esta reconexión es el acabar convirtiéndote en un ser independiente, que no separad@. No te hace falta nadie ni nada, para ser feliz. Sientes que lo tienes todo: nada le falta ni le sobra a tu vida. No anhelas, tampoco, ningún tipo de maestr@-guía exterior, ya que todas las respuestas a tus preguntas afloran en tu consciencia, puesto que esa reconexión, también, es conectarte a la consciencia de Dios que palpita en ti, convirtiéndote en el/la maestr@ que eres.

Y a partir de aquí, si quieres (que querrás), estarás preparad@ para darte al mundo de una manera más intensa, expresando el don o los dones que atesoras. Pero esto es el siguiente paso en tu crecimiento personal. Ahora, vamos a llegar a esta reconexión.
En los tres siguientes artículos descubrirás cómo.
Nos vemos en “Acondicionando la mente”.

Un abrazo, de corazón.

Volviendo al camino.
(Mejor que no vuelvas, ¡sigue adelante!)

Respiración consciente

Ahora vamos a conocer el ejercicio más sencillo del mundo. No hay que «hacer» nada raro, sólo fijarse. Como no buscamos lograr ningún resultado concreto, esta ausencia de objetivos a conseguir le hace tremendamente poderoso y efectivo. Pero, además, tiene unas cuantas ventajas más.

BENEFICIOS:

  • Es una manera sencilla y cómoda de ser conscientes de dónde enfocamos nuestra atención y no perdernos en el mundo de las ensoñaciones mentales.
  • Se puede hacer en cualquier momento y circunstancia (a no ser que dejemos de respirar y entonces tendremos un gran hándicap), equilibrándonos instantáneamente a la vez que nos conecta con la serena profundidad de nuestro ser. Es muy recomendable hacerlo cuando nos notemos llevados por la energía de lucha-conflicto del ego, ya que nos ancla a nuestra paz interna.
  • Nos ayuda a trabajar nuestra concentración. De esta manera la vamos desarrollando, sin apenas esfuerzo.
  • Es un maravilloso ejercicio de acondicionamiento para realizar un trabajo interior. Si nunca te has “entrenado» espiritualmente, esta práctica te centra y relaja para poder hacer los ejercicios o meditaciones pertinentes.

RESPIRACIÓN CONSCIENTE

Al principio, hazlo con los ojos cerrados. Con la práctica los abres, pero mantén la mirada fija en un punto para aumentar tu concentración. Luego lo harás paseando, esperando en colas, cocinando…

El ejercicio, como su nombre indica, consiste en centrar nuestra atención en la respiración. En la inspiración te fijas en cómo entra el aire por tus fosas nasales, llenando los pulmones y expandiéndose el abdomen al bajar el diafragma. En la espiración notas cómo el aire sale de los pulmones, expulsándolo al exterior por la nariz o boca (como más te guste), contrayéndose tu vientre al espirar. Deja que este proceso suceda naturalmente, sin intentar dirigir la respiración ni esperar ningún resultado (ya estaría el ego llevándote): sólo sé consciente de cómo respiras. No tienes que hacer nada más.
Mantén constante la intención de dejar la mente en reposo. Si te vienen pensamientos los dejas pasar, no te “enrollas” con ellos, no los sigues. Ya se marcharán, tú a lo tuyo: a respirar.

Poco a poco te irás relajando, notando tu cuerpo más pesado, más denso. Los “huecos” entre el final de la espiración y el comienzo de la inspiración se irán haciendo más dilatados, como si no te hiciera falta respirar. Comenzarás a sentir algo muy profundo e intenso, algo que te abarca y te llena completamente. Entonces, te quedas en esta maravillosa sensación todo el tiempo que te apetezca o que te permitan tus circunstancias personales. 

CONSIDERACIONES

Una de las claves de esta meditación es no hacer ningún esfuerzo por cambiar nada de nues­tro estado interior: solo ser conscientes de algo que, normalmente, hacemos inconsciente­mente. Esta ausencia de deseo por alcanzar un objetivo concreto nos relaja automática­mente, centrándonos en nuestro ser, en nuestra auténtica realidad, llevándonos al punto de contacto con nuestra divinidad.

Además, si tienes dificultades para sentir la vibración-energía que somos este es un ejercicio que te ayuda a ello, ya que el acto de centrarnos en la respiración hace que nuestra atención vaya abarcando todo nuestro cuerpo, toda nuestra energía. De esta manera nos unimos a nosotros mismos, nos unificamos, dejando de estar divididos al permanecer, normalmente, con nuestra atención fijada en el mundo exterior.

Si tienes cualquier problema con esta práctica, coméntamelo, por favor.

Nos vemos en «El perdón: el transformador de la energía negativa».
Un abrazo, de corazón.

Volviendo al camino.

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