Viviendo en la luz: pautas para un trabajo interior

Ya sabes lo que eres realmente: la suma de energía de amor incondicional vibrando en lo que llamas “cuerpo” y consciencia eterna e infinita. Además, hemos visto que nacemos conectados a la Unidad y que, a causa de nuestro desarrollo intelectual y la creación de identificaciones-apegos, acabamos perdiendo la consciencia de esa conexión para vivir en la ilusión creada por la mente.

Ahora veremos cómo llegar a experimentar plenamente esa conexión. De esta manera, todo lo visto aquí no se quedará en un mero conocimiento teórico y vivirás en la CONSCIENCIA de la energía todopoderosa del amor universal vibrando en la tuya. Para lograrlo, cambiaremos la dirección de nuestro foco de atención, de la MENTE que nos creemos ser, a la VIBRACIÓN que realmente somos. Como dijo Einstein: “es de locos hacer lo mismo y esperar obtener resultados diferentes”. Si continuamos dedicando nuestra atención-energía a la mente, seguiremos haciendo lo mismo, con los resultados de sobra conocidos.

El gran cambio en nuestra vida, el cambio genuino, es dejar de fijar nuestra atención en el conocido mundo exterior, explorado y evaluado por la mente científica, y enfocarla en las profundidades del ser infinito que somos. Actualmente, la dirigimos esporádicamente a nuestro interior, generalmente cuando nos sentimos mal (el dolor nos obliga a fijarnos en él), y la casi totalidad del tiempo permanecemos “mirando” al exterior. A partir de ahora invertiremos los tiempos: la mayor parte lo pasaremos en nuestro mundo personal y lo mínimo imprescindible fuera, lo justo para poder interactuar con el mundo físico.
Este paso es muy duro: significa renunciar a vivir, por medio de la atención, en el mundo conocido de la forma y adentrarte en tu vasto y desconocido universo personal. Hay que ser muy valiente para tomar esa decisión; pero ES EL ÚNICO CAMBIO POSIBLE y, a partir de él, comienzas una nueva vida.
Al principio, tendrás un enemigo muy persistente: la impaciencia, por encontrar, llegar o descubrir algo en concreto. El ansia por alcanzar la imaginaria meta de lograr tu propósito es el mayor impedimento del crecimiento espiritual. Esta ansia, nunca satisfecha, es la que trunca la mayoría de los intentos de transformación personal.
A continuación, te dejo unas pautas para tu trabajo-viaje interior, pero en ningún momento realices el esfuerzo de los ejercicios esperando sentir la conexión con la Unidad o la paz del momento presente o cualquier otra cosa. No. Si empiezas con un objetivo en concreto sería el ego guiando otra vez tu vida, y te garantizo que abandonarás. Nada satisface al ego durante mucho tiempo y la excitación por la novedad del trabajo espiritual, dará paso a la frustración ante la falta de resultados, con el subsiguiente abandono del camino emprendido.

“Entonces, ¿para qué voy a empezar, si lo que yo quiero es sentirme bien, ser consciente de esa conexión de la que hablas?”, podrías decirme.

La maravilla que vas a vivir es una consecuencia de tu trabajo personal, del cambio en el enfoque de tu atención, y nunca debe convertirse en un objetivo a lograr, porque eso va a impedirte disfrutar de lo que haces. Y si no disfrutas (por estar tan pendiente de llegar) no hay progreso.
Solo puedes tener un único anhelo: caminar sin esperar llegar a ninguna meta, solo pasear-mirar en tu interior por el goce de descubrirte y hacer las prácticas de concentración por el placer de hacerlas. Es como el que va al gimnasio simplemente por la satisfacción de entrenarse, de sentir su cuerpo en forma. Eso sí, al principio no habrá mucho placer con los ejercicios; pero progresivamente, según te vaya abandonando el ego, los irás disfrutando y al final no podrás vivir sin ellos.
Este quehacer dará frutos con el tiempo. Irás conociéndote en profundidad, siendo capaz de distinguir lo real de la ilusión que existe en ti, no perdiéndote en ella. Ganarás en autoestima, en fortaleza personal, en creatividad… Y comenzarás a amarte totalmente.
Llegará un momento en que te encantará estar a solas contigo. Esta es la señal de que el ego ha perdido el control de tu interior y ya moras en tu casa, en tu cuerpo, en el templo del Dios/a que es. De repente, un buen día, todas tus células te cantan a coro la realidad de que vibras en otra energía, haciéndote rebosar de alegría por saber que vives en un Universo que te ama, te guía y te protege. A la vez, sientes en tu interior una presencia, llena de poder y amor, que te relaja y en la que te abandonas confiad@. También te llega la certeza de que tienes una misión para esta vida, una misión que te apasiona: darte al mundo expresando los dones que atesoras. Y mucho antes de eso, descubres que viajas por un camino que no tiene fin, en el que no se “llega” a ningún ladosólo se avanza, sólo se crece; dándote cuenta de que ESTÁS EN EL INFINITO VIAJE CONSCIENTE POR LA VIDA.

Dicho lo anterior (que lo vivirás), comenzamos esta travesía por tu mundo personal.

Este camino, al principio, es inhóspito y sin ningún resultado visible. Es muy parecido a cuando decidimos hacer deporte por primera vez. Las tres-cuatro primeras semanas son las más importantes, es el tiempo que tarda en establecerse un nuevo hábito. Tendremos agujetas los primeros días, es normal, hemos llevado los músculos más allá de su zona de confort. Con el tiempo desaparecen y hacer ejercicio nos cuesta menos, llegando un momento en que el propio cuerpo nos lo pide. Ese es el indicador de haber incorporado el hábito de hacer deporte a nuestras rutinas personales.
Lo mismo sucede con el trabajo espiritual: lo fundamental es establecer nuevas costumbres. Al comienzo, nos obligamos a hacerlo (esta obligación es la lucha con la inercia vigente de “no hacer nada”); pero luego esa tarea interior se convierte en nuestra nueva forma de vida.

Veamos a continuación qué nuevas rutinas establecemos, si quieres, claro.

 

NUEVOS HÁBITOS PARA UNA NUEVA VIDA

1º.- Pregúntate constantemente: “¿dónde está mi atención ahora?”, así sabrás qué estás creando. Normalmente la tendrás en la mente. Si te descubres cavilando sobre un tema en concreto, intentando llegar a una conclusión-solución, perfecto: estás usando la mente. Si te notas divagando, elucubrando sobre esto o lo otro, recordando cosas del pasado o anticipando posibles situaciones de futuro, entonces, te está dirigiendo la mente.
El caso es que seas siempre consciente de dónde está tu atención. Eso sí, no te regañes por haberte perdido en tus ensoñaciones, ya que entonces sería el ego entrando por la puerta de atrás.

De esta manera empezamos a darnos cuenta de la ilusión creada por nuestra inconsciencia. Aquí ya alteramos el rumbo del barco que somos, dejando de estar dirigido por un capitán que va por libre (la mente no consciente), para empuñar nosotros (la consciencia) el timón. Durante un tiempo lo compartirás con ella, hasta que seas lo suficientemente fuerte para manejarlo tu sol@; pero este es el mejor comienzo.

2º.- Date cuenta de cómo te sientes, momento a momento. De esta manera advertirás cuál es la “calidad” de la vibración de tu energía. Si te sientes bien, pletóric@, sin que haya ningún motivo justificado, perfecto, estás en tu estado natural de alegría. Si hubiera algún motivo, sería el ego alegrándose por ello. Por el contrario, si te notas triste, angustiad@, ansios@, con negatividad… estás viviendo en la ilusión mental. Siempre.
Un buen método para transformar esta baja vibración es tararear, silbar… prestando toda tu atención a los sonidos que emites. Es mejor no pronunciar palabras inteligibles, estarías dirigid@ por la mente. Entona sonidos, que no sean los de ninguna canción conocida (mente otra vez): crea tu propia canción. Al poco advertirás cómo tu estado de ánimo comienza a renovarse. Sigue con tu canción improvisada sobre la marcha. Llegará un momento en que habrás elevado tu vibración y te sentirás de diferente manera.
Esto es debido a que el sonido, como todo, es vibración. Si vibras con negatividad y tarareas una melodía alegre, estás introduciendo una nueva vibración en tu energía y la energía de frecuencia más alta siempre se impone a la baja. El mayor esfuerzo es comenzar a canturrear cuando estamos sumidos en pensamientos negativos, pero ese es el trabajo que conlleva el crecer. Con el tiempo te será más fácil y no solo cantarás para estar alegre, sino porque estás alegre. ¿No te lo crees?, haz la prueba y me cuentas. Si acabas dedicándote a la música, no me des las gracias: ese es tu don.

Al darte cuenta de cómo te sientes cambias la dirección de tu atención, quedándote a solas contigo, y empiezas a conocerte, a descubrirte. Al principio te generará incomodidad el mirar dentro de ti. La mente te incitará, una y otra vez, a que la tengas “entretenida” con cosas más “importantes” del exterior, del mundo que conoce. A la mente le aterra lo desconocido y, para ella, lo que realmente eres es un completo misterio. No cedas, sigue mirando lo que eres. Y, fundamental, encuentres lo que que encuentres en tu interior: ¡ÁMALO! Este es el primer requisito para avanzar en este camino de descubrimiento personal: ámate en todo momento y circunstancia. Ámate, aunque te cueste, sea lo que sea que hayas hecho, dicho, sentido o pensado. El que juzga siempre es el ego; el amor (que tú eres) solo sabe amar. Si no te amas incondicionalmente, el ego te acabará sacando del camino de crecimiento que emprendes ahora.

Como resumen de este punto, y para que sea tu brújula interior, ten siempre presente que LO MÁS IMPORTANTE ES SENTIRSE BIEN. El cómo te sientes es la energía principal que mandas al Universo y eso es lo que vas recibir de vuelta, en forma de circunstancias vitales. Según cómo te sientas, así será tu nivel vibratorio: a más alegría-bienestar más elevada frecuencia de vibración. Y la “calidad” de los acontecimientos que te lleguen reflejarán ese nivel. Tú decides, de esta manera, cómo quieres que sea tu vida.

3º.- Coge la costumbre de realizar 1, 2 ó 3 sesiones diarias de ejercicios de concentración-meditación, distribuidos a lo largo del día. Cuantas más hagas más rápido vas a desarrollar la capacidad de concentración, tu auténtico poder creador. Puedes empezar con 5-10 minutos en cada sesión y, si eres constante en tu práctica, cada vez te irá gustando más. Al principio te va a parecer una tediosa obligación: no estás acostumbrad@ a estar a solas contigo y la mente, en forma de parloteo mental, va a asaltar tu campo de consciencia para que la sigas. Si sucede esto, que sucederá, no interactúes con los pensamientos, no les hagas caso, y continúas con el ejercicio. En eso consiste concentrarse, en regresar al ejercicio todas las veces que te despistes.
Con el tiempo te sentirás más a gusto haciéndolos y los momentos de meditación serán los mejores del día. Cuando estás concentrado en algo vives en la paz de tu mundo personal, sin interferencias del exterior, y esta sensación acaba enganchando. Llegará el día en que todo el tiempo que pases despiert@ será una sesión continua de concentración y no te hará falta dedicar tiempo en exclusiva para ello. Lo conseguirás con el tiempo, no ahora, al principio.

Con estos tres hábitos instalados en tu día a día, realizando el ejercicio del perdón en aquellas situaciones que te provoquen negatividad (luego hablamos de él), y la escucha diaria de los audios subliminales que decidas crear, asentarás tus pasos por este camino que ahora inicias. Una vez adquiridas estas rutinas surge una dedicación constante a vivir en ese infinito mundo interior que vibra en tu ser y, al cabo de un tiempo, sin que te des cuenta, tu TRABAJO interior se transforma en tu DISFRUTE total. Y será impensable para ti volver a tu antigua vida, ya que estarás en el camino del crecimiento consciente y constante.

Te anticipo que los comienzos de este periplo interior son muy duros. Vas a ir, a partir de ahora, en una dirección totalmente diferente a la que lleva el mundo conocido en el que vivimos. Los dogmas del ego-separación están presentes en todo cuanto nos rodea, la energía de este mundo vibra en ella, y, lo quieras o no, nos afecta por resonancia en la nuestra. Tú, ahora, inicias el proceso para crear una isla propia, tu isla, en la que vibrará la consciencia en el amor incondicional que eres. Esto representa un considerable esfuerzo y, además, es un trabajo personal: nadie puede hacerlo por ti; pero no hay otro camino.
El hecho de que sea un esfuerzo individual no significa que lo hagas en soledad: tú nunca estás sol@. En el siguiente apartado descubrirás quién te acompaña.

HABLANDO CON TU ESENCIA DIVINA

Antes de arrancar con este viaje te recomiendo dirigirte a esa presencia, idea, imagen… que identificas como lo más sagrado, y que vive en ti. Muchos lo conocen por Dios, otros Íntimo, Todo lo que Es… Yo siempre le he llamado Padre, pero el nombre es irrelevante: llames como le llames, siempre te escuchaEsa Presencia y lo que conoces por “Yo” es lo mismo, solo que en dimensiones diferentes. Él/la es tu aliad@ más poderos@ y siempre está contigo. Llegará un día que dejarás de ser lo que estás siendo ahora para expresar, en plenitud, ese Ser que lleva tiempo palpitando en ti.
Si nunca has hablado con Él/la, ahora es el momento de comenzar. Al principio te sentirás rar@, pero que te dé igual: es normal que suceda esto. Con el tiempo dejarás de sentir esa incomodidad y será lo habitual para ti. Más adelante ya no te hará falta hablarle, puesto que le percibirás siempre contigo.
Dirígete con humildad
a esa Presencia silenciosa, amorosa y acogedora. Dile que, a partir de ahora, quieres mantener este contacto, que confías en recibir toda la ayuda necesaria para llegar a fundirte en uno con ella. Dile que quieres ser llevad@.
Puedes (yo lo hago todas las mañanas antes de salir de casa) estar un rato en su presencia por medio de una oración. Elabora una oración, tu oración, en la que pides aquello que creas necesitar. Con el tiempo, y tu propio crecimiento personal, la modificarás y tus nuevas peticiones se irán alineando de acuerdo al amor incondicional; pero, en un principio, solicita aquello que brote de tu corazón… y abandónate en esa esencia que te acoge.

Ahora vamos con la parte práctica, con lo que nos hace crecer.

 

PLAN DE TRABAJO PARA ELEVAR NUESTRA VIBRACIÓN

El primer paso para elevar nuestra vibración es no crear más negatividad con los pensamientos de rechazo, lucha, impaciencia, ira… es decir, todos aquellos de no aceptación del momento presente. Sé consciente de los pensamientos que tienes, porque son los principales responsables de tu nivel vibratorio. Cada pensamiento genera una emoción. Una emoción sostenida crea un estado de ánimo, que es la energía que mandas al Universo y, por consiguiente, la energía que recibirás de él. Así pues, estate alerta a aquello que tienes en tu campo de consciencia. Lo que piensas es lo que estás creando y, eso que creas, eleva o desciende tu frecuencia de vibración.
Un remedio infalible para no crear más negatividad con los pensamientos de baja vibración es no seguirlos, dejar que se vayan solos, sin interactuar con ellos. Si no puedes, por estar muy identificad@ con las formas mentales, haz el ejercicio siguiente.

El ejercicio del perdón es fundamental para nuestra transformación interior, y PUEDES EMPEZAR DESDE YA. Es el que nos permite sanar esas situaciones y pensamientos a los que estamos “enganchados” energéticamentes. Al perdonar dejamos de reaccionar inconscientemente a las situaciones que vivimos, rompiendo el bucle de acción-reacción. De esta sencilla manera modificamos la vibración de la energía que enviamos al Universo.
Cualquier pensamiento o circunstancia de vida (mala salud, escasez económica, ausencia o malas relaciones personales…) que nos desequilibre negativamente, que nos altere emocionalmente, es susceptible de tratarla con este ejercicio. Con el tiempo lo harás en contadas ocasiones, porque ya habrás sanado todas las situaciones-pensamientos que te anclaban al pasado; pero mientras llega ese momento, vuelve una y otra vez a esta poderosísima práctica. No te canses de hacerla.

Ahora vamos a llenar de contenido nuestras sesiones de trabajo interior.

 LOS CUATRO PASOS DE LA ELEVACIÓN VIBRATORIA

1º.- Comenzamos nuestros ejercicios de concentración-meditación con “Activando la Unidad”, en la que declaramos nuestra intención de fundirnos en uno con ella.
Hazla, como mínimo, una vez al día siendo la total concentración en lo que lees. Así, leyendo, empiezas a incrementar tu capacidad de concentración. Siente cada una de sus palabras y ábrete, por medio de tu intención, a permitirte ser tomado por la Unidad. De esta manera dejamos claro a la Unidad, y a la mente, nuestro anhelo de fundirnos con ella. Cuando te notes perdid@ en el mundo de la ilusión, falto de fuerzas o desarraigad@, sumérgete en la visualización y déjate llevar por tus sensaciones en esa conexión consciente: te notarás cambiad@ al acabar de leerla.
Hazla todos los días, hasta que dejes de hacerla; así, sin más. En un momento dado estarás en otro nivel vibratorio y no te hará falta para nada. La dejarás como a una muleta que ya ha cumplido su labor.

Mientras trabajas este ejercicio procura asentar los hábitos 1 y 2, que, fundamentalmente, es centrar la atención en tu interior. Estate 2-4 meses (el tiempo es orientativo, cada persona es un mundo) hasta tener establecido firmemente el hábito de “mirar” dentro de ti. No quieras correr en este tema (sería tu ego buscando recompensas). Tómate el tiempo necesario hasta que empieces a disfrutar estando a solas contigo. Cuando lo hayas conseguido, inicias la siguiente práctica, sigas o no con “Activando la Unidad” (yo me tiré más de un año con ella).

2º.- A la vez que haces “Activando la Unidad”, en otra de tus sesiones de concentración, comienzas con “Activando Ida, Pingala y Chakras”.
Este ejercicio procura hacerlo en todo momento y circunstancia. Vuelve a él una y otra vez cuando te pierdas en ensoñaciones mentales o cuando no tengas que interactuar con el exterior (esperando en colas, paseando, en el metro-tren-autobús…). Te puede costar mucho realizarlo con los ojos abiertos, pero, con la repetición, lo acabas consiguiendo (si dudas de ello es tu mente quien te dirige).
Al principio te “perderás” muchas veces, no importa, es lo normal: vuelves a comenzar desde el principio. Da igual las veces que te caigas, lo importante es que te levantes siempre. Con el tiempo se convertirá en tu “refugio” de los ataques de la mente-ego intentando llevarte por su mundo de fantasía; pero, al comenzar con él, tendrás un gran reto: mantener, durante un prolongado intervalo de tiempo, toda tu atención en el ejercicio. Este esfuerzo sostenido desarrollará rápidamente tu concentración y, a mayor concentración, mayor poder de crecimiento adquieres.

ESTE EJERCICIO ES LA CLAVE DE TODO. Si lo incorporas a tu día a día, tienes garantizado el éxito en este viaje de cambio personal, porque, aparte de mejorar sustancialmente tu capacidad de concentración, limpias y activas los circuitos energéticos. No escatimes tiempo con esta práctica, es esencial.
También, mientras estás con él, procura hacer unas cuantas veces al día el ejercicio Activando sushumna: órbita microcósmica”. Así irás limpiando y energizando la línea Hara, imprescindible para la siguiente práctica.

3º.- Cuando ya hagas con fluidez y soltura los nadis, te resultará sencillo realizar la visualización “Chakras de luz”.
Al principio, y hasta dominarlo totalmente, haz el ejercicio completo. Cuando realices la parte del planeta y el universo te sentirás diferente, inclusive puede que hasta mal: es tu amor divino, tu amor incondicional, imponiéndose a las capas más profundas del ego-miedo. No te preocupes por esas sensaciones: es una buena señal. Al poco disfrutarás y sentirás una gran alegría al amar al Universo. Esa alegría es la alegría de dar.

Una vez ya puedas hacerla fácilmente con los ojos abiertos en tus quehaceres diarios, te centras en “Saludo a los chakras”, “Conexión Tierra-Cielo” y “Chakras de Luz-aura”. Cuando sientas nítidamente la conexión Tierra-Cielo, pasas a hacer todo el día “Chakras de Luz-aura”. Utiliza, en principio el color violeta (irás cambiando, sin darte cuenta, al rosa según se vaya limpiando-elevando tu vibración) y permaneces semanas o meses con él. No tengas prisa en dejarlo: el ejercicio te dejará a ti.

“Chakras de luz” eleva la vibración de nuestra energía al conectarnos con la del Amor Universal, haciendo que la más baja del apego vaya desacoplándose de la nuestra. A consecuencia del aumento vibratorio, incrementamos nuestra sensibilidad y clarividencia, despertándonos del sueño de la ilusión, percibiendo más claramente identificaciones que permanecían ocultas para nuestro nivel habitual de consciencia. Además, va formándose una burbuja energética que nos aísla de la resonancia de la vibración del ego circundante. De esta manera, nuestra “isla personal de amor” no será contaminada por la polución mental de la ilusión que llena este mundo.
Llegará el día en que notarás cómo tienes creada tu burbuja protectora (es tu aura fortalecida por la energía del Amor Universal). En un momento dado, no te hará falta concentrarte en ella para sentirla: sólo con tu intención la percibirás envolviéndote completamente, sin ningún esfuerzo por tu parte. Este es el indicador de que has alcanzado un total control mental que impedirá a los pensamientos ilusorios de la mente-ego llevarte por su mundo. En este punto ya eres él/la soberan@ de tu mundo mental y serás capaz de mantener sólo los pensamientos que desees.

4º.- Tras dominar la visualización anterior, con tu burbuja creada, conviertes los dos ejercicios anteriores (“Activando Ida, Pingala y Chakras” y “Chakras de luz”) en ejercicios de mantenimiento-limpieza, haciendo dos-tres visualizaciones diarias (no te va a llevar más de 1 minuto de reloj por cada una. Yo los suelo hacer a la mañana, antes de salir de casa a trabajar y de la oración al Padre) y, durante el resto del día, te centras, exclusiva y permanentemente, en “Sintiendo lo que somos: vibración”.

Este ejercicio es la puerta de conexión vibratoria a la Unidad. Cuanto más lo hagas más poderosa y elevada se vuelve tu energía. Si tienes momentos de agobio mental que te impidan sentir lo que eres, haz la “Respiración consciente”. A veces, por estar alterados emocionalmente, la ansiedad por llegar a percibir nuestra vibración nos impide acercarnos a ella. La respiración consciente nos lleva a un estado intermedio, al relajarnos, permitiéndonos disfrutar de lo que somos.

El objetivo de este ejercicio es pasar de la energía mental, que crea la ilusión, a la energía del amor que es nuestra esencia física. Para ello, centramos la atención en la sensación de nuestra energía vibrando. Esta vibración que sentimos es el amor que somos y es la puerta de acceso al Amor Incondicional. Este amor “individual” se une, por medio de nuestra atención sostenida, al amor universal del que formamos parte indisoluble. Y en esta conexión recibimos todo cuanto necesitamos para crecer en armonía, según los designios de la Inteligencia Universal que vibra en este amor que todo lo llena.
Intenta mantener siempre parte de tu atención en tu cuerpo-energía, a la vez que interactúas con el exterior: así permanecerás unid@ a tu ser y nada de fuera te desequilibrará. Cuando el mundo exterior no reclame tu atención, céntrala en tu energía, en tu amor. Al concentrarte en ella vas desarrollando y fortaleciendo tu vibración, tu luz, a la vez que la sensación de conexión con la Unidad se vuelve más intensa. Notarás cómo el mundo exterior pierde al poder de alterarte, de desequilibrarte, y comienzas a vibrar en una paz y alegría cada día más profundas. También, descubrirás con más facilidad los pensamientos de la mente-ego que te llegan y serás capaz de dejarlos pasar, sin seguirlos, quedándote anclad@ al momento presente.
De esta manera, te vas centrando-viviendo permanentemente en el Aquí-Ahora, el punto de conexión consciente con la Unidad. Y, a partir de aquí, fluyes con la vida, siendo un@ con ella. Habrás dejado de vivir en el mundo de la ilusión, el mundo de la separación, dándote cuenta de que todas las experiencias vividas hasta ahora han sido una amorosa preparación para este momento de conexión plena. Y la luz del amor que irradias elevará la vibración de las personas que se crucen en tu camino, ya que EMANARÁS LUZ DE AMOR DIVINO.

RAZONES PARA ESTAS PAUTAS DE TRABAJO

Si el ejercicio final, y en el que vamos a permanecer todo el tiempo, es el de “Sintiendo lo que somos: vibración”, ¿por qué no empezamos con él directamente y así ahorramos tiempo y esfuerzo?

Si comenzáramos con este ejercicio, lo haríamos durante un tiempo, no mucho, e, irremisiblemente, lo acabaríamos dejando. ¿Por qué?

Estamos muy llenos de la energía del ego. Esta energía es la que impide, a la consciencia que somos, permanecer en el cuerpo que es su casa. Es decir, el ego nos ha sacado de la casa-cuerpo que habitamos. Llevamos toda la vida fuera de nosotros, de nuestro hogar. Todas las reacciones, decisiones, pensamientos, emociones, actitudes, etc., son una creación de él. Por decirlo de otra manera: estamos poseídos por el ego. Él es quien gobierna nuestra vida y el que “vive” en la energía que somos.
Si empezamos directamente con el ejercicio de “Sintiendo lo que somos”, si intentamos de entrada “vivir” en nuestra casa, el ego (que lleva muchísimo tiempo en ella) nos echaría a patadas.
Piensa por un momento la fuerza que puede tener el ego-mente en tu vida. Llevas con él muchos años y le has permitido ser tu dueño y señor. La consciencia que eres, que ha empezado hace un tiempo a vibrar en ti, quiere volver a su hogar otra vez; pero es muy pequeña, es una niña inocente. Y una niña poco puede hacer frente a un adulto embravecido. Así que, para poder “entrar a vivir” a nuestra casa, antes hay que limpiarla del ego, de ese poderoso ser-ilusión que nos llena.

Para conseguirlo, lo primero que hacemos es pedir ayuda (l@s niñ@s piden ayuda a sus Padres): manifestamos a la Unidad nuestro deseo de ser llevad@s por ella, no por la fantasía que nos vive. Por lo tanto, empezamos “Activando la Unidad”.
Luego, ponemos en forma la energía que somos, movilizando los circuitos y vórtices energéticos de nuestro cuerpo, para facilitar esa unión, “Activando Ida, Pingala y Chakras” y “Activando sushumna: órbita microcósmica”.
Tras haber activado nuestra estructura energética, es cuando conectamos conscientemente nuestra energía a la Unidad por medio de “Chakras de Luz”. Con esta conexión vamos limpiando nuestro cuerpo-energía de la del ego, al recibir la elevada vibración del Amor Universal.
Una vez depurada nuestra energía, creamos una burbuja protectora que impedirá resonemos en la disfunción que nos rodea, por realizar diariamente nuestros ejercicios de mantenimiento.
Limpi@s ya de la mayor parte de la baja vibración del ego (tenemos mucho incorporado y a niveles muy profundos) es cuando podemos descansar en nuestro cuerpo-templo “Sintiendo lo que somos: vibración”. Con este ejercicio, la consciencia fortalecida que ya serás, acabará de erradicar cualquier resto de ego agazapado en tu interior.
De esta manera, y día a día, la luz que emana la casa que habita tu consciencia será más intensa, más radiante: TE CONVERTIRÁS EN UN FARO, e iluminarás el camino de aquellos caminantes que buscan el regresar a su hogar.

Este camino, que ahora emprendes, es para toda la vida. Ya nunca volverás a tu antiguo ser: ni querrás ni podrás, porque aquello que aumentas en consciencia nunca lo pierdes. Ese aumento es lo que creces, lo que evolucionas, puesto que la vida es un constante crecimiento, una continua evolución, un perpetuo cambio.
Así que, ahora, herman@, deja que la vida te lleve de su mano, porque, como ya sabes, tú, en realidad, no eres nada ni nadie: sólo eres consciencia. Permite que todo sea tal como es y relájate, llen@ de paz y confianza, en la energía del amor que te acoge. En esa energía que siempre ha permanecido conectada a la Unidad.

Mi corazón te manda un fuerte abrazo de amor.
Empieza a caminar y ¡dale caña!, ¡es una maravilla lo que te espera!
Cualquier problema, duda o sugerencia, házmelo saber, por favor.

Aquí ya no hay ningún “Volviendo al camino” como en artículos anteriores, ya que para ti no hay ningún camino al que volver: lo estás creando a cada paso que das. Además, viajas llevando contigo la mejor de las compañías posibles: el Ser Divino que eres.

Ha sido un placer y una alegría inmensa el compartir contigo este viaje de iniciación, herman@. GRACIAS por haberme dado la fuerza necesaria para escribir todo lo que llevas leído y por ayudarme a vivir el sueño de mi vida: ser un iniciador espiritual.
En próximos artículos, igual tardo un tiempo, te comentaré cómo materializar los sueños de tu corazón, esos dones que atesoras; pero ahora toca conocerte y vivir la realidad del maravilloso Ser que eres.

Mi corazón te envía otro fuerte abrazo de amor (soy un osito amoroso y me encanta abrazar).
Cuídate, herman@.

Siendo lo que somos: consciencia

Ya tenemos acondicionada la mente al haber trabajado las verdades del artículo anterior y comenzamos a ver la vida de una manera diferente. Así pues, es el momento de añadir la guinda al pastel mental que hemos cocinado, con tanto cariño, en este rincón de la luz.

Aunque ya te he dado unas cuantas pistas en las entradas anteriores, ahora vamos a descubrir lo que realmente somos. Te anticipo que las verdades siguientes son más difíciles de asimilar que las creencias limitadoras (“no puedo”, “no valgo”, “no merezco”), debido a que contradicen todo lo que hemos creído hasta ahora. En el mundo de la separación en el que vivimos, estos conceptos rompen el paradigma de lo “normal”, “correcto” o “sensato”. Aquí ya comienzas a separarte del mundo de la separación (valga la redundancia), para entrar en el universo de la Unión. Ahora es cuando puedes llegar a pensar que ya no estás en tus cabales, porque todo el mundo conocido dice una cosa y tú otra totalmente diferente.
Además, si eres un/a “buscador/a” que llevas tiempo siguiendo tu propio camino de crecimiento, hay una creencia que se convierte en un hándicap para el cambio genuino. Esa convicción, auspiciada por el ego, nos dice que aún no somos lo “suficientemente perfectos” para poder fundirnos con el Todo. Mientras llega ese momento, “nuestra” alma se va “perfeccionando-aprendiendo” en cada una de las vidas que vivimos. Esta creencia, que es el ego resistiéndose a morir, se encuentra muy extendida entre la gente espiritual. Sin embargo, llega un momento en que, debido a tu propia evolución personal, descubres la maravilla del Dios-Amor que palpita en ti. Entonces, recibes la certeza de que tú siempre has sido perfect@, que no tienes nada que perfeccionar. Esta idea nace del propio ego creyéndose “no merecedor” y así poder seguir manteniendo el control de tu vida, hasta llegar a “merecer” gracias a él.

Ahora estás en los lindes de tu mundo mental conocido. Si continúas leyendo pueden suceder dos cosas. Que acabes tu viaje aquí y digas: “ese barbas está como un cencerro, hay que atarle”. En este caso habremos pasado un rato a gusto los dos y algo quedará en tu vida de lo que hayas leído o practicado en este rincón. Para mí ha sido un placer compartirlo contigo. Te mando un fuerte abrazo, de corazón, y recuerda: hagas lo que hagas es justo lo más adecuado para ti.
Si, por el contrario, lo que leas, aunque te sorprenda, resuena en ti, entonces, tras acabar con este artículo y trabajártelo unos días, continúa con el siguiente. En él descubrirás la forma de llegar a vivir los conceptos mentales que hemos compartido en este viaje, y tu gran cambio ya habrá comenzado.

Así que, venga, vamos con lo que somos y averigüemos si sigues adelante o te plantas aquí.

LO QUE REALMENTE SOMOS

Somos la suma de un cuerpo físico (energía) y de una consciencia. El cuerpo físico es un vehículo del que disponemos para nuestro uso personal, con fecha de caducidad. Es el coche alquilado con el que “viajamos” por esta vida y llegará un día en que lo “devolveremos”. La consciencia, que habita en este cuerpo, es infinita y eterna: nuestra auténtica realidad. Es la misma consciencia que “viaja” en todos los seres humanos de este planeta.
Conozcamos, con más detalle, cada uno de los componentes del ser perfecto que eres.

SOY LUZ DE AMOR DIVINO
Para comprender mejor este concepto, veamos la definición de la palabra fuerza. Según la física: “es cualquier acción, esfuerzo o influencia que puede alterar el estado de movimiento o de reposo de cualquier cuerpo. Esto quiere decir que una fuerza puede dar aceleración a un objeto, modificando su velocidad, su dirección o el sentido de su movimiento”.

Sabíamos de antes que todo lo que tiene existencia física en este mundo es energía vibrando, es decir, electrones girando, en diferente número y velocidad, alrededor del núcleo de los átomos. Si los electrones se mueven en torno al núcleo es debido a la existencia de una fuerza que los atrae hacia él. Esta fuerza de atracción, que mantiene unido este universo en el que vivimos, se llama AMOR.
Todo lo que tiene una existencia física ES gracias al amor, aunque no lo vemos así. Solo percibimos las partículas girando, lo que podemos medir con los instrumentos científicos. Sin embargo, la esencia de esa fuerza que cohesiona todo es invisible para el mundo de la investigación, que busca datos evaluables y contrastables. El amor está, pero es indetectable, aun siendo la causa del giro. Por lo tanto, tu cuerpo, ese medio que tienes para vivir tus experiencias sensoriales en este mundo, es energía vibrando en el amor: eres AMOR materializado en un cuerpo humano. Pero, ¿de qué amor estamos hablando?
Esta fuerza no piensa, no elucubra, no calcula: solo es poder de atracción, de unión, sin establecer diferencias ni condiciones de ningún tipo. El auténtico amor es INCONDICIONAL, es el amor de Dios, es DIVINO. Por el contrario, el amor egoico siempre es CONDICIONAL: “te amo mientras satisfagas las carencias que, como ego que soy, creo tener”. Por eso hay tantas roturas de parejas: los egos se unen entre ellos creyendo amarse, pero el ego y el amor incondicional son incompatibles, y tarde o temprano, si la evolución de los miembros de la pareja es dispar, se produce la ruptura. Esta “condicionalidad” del amor egoico se manifiesta en todos los órdenes de la existencia: un padre sería capaz de dar la vida por un hijo suyo, pero no la daría, conscientemente, por el hijo del vecino. Ahora bien, si ese hijo del vecino está atrapado en una casa ardiendo suplicando ayuda, probablemente, ese padre se adentraría en el fuego para salvarle, a riesgo de morir. Esto último lo hace sin pensar y, al no pensar, emerge la auténtica realidad que somos: AMOR DIVINO.

Por otra parte, está comprobado científicamente que emitimos luz. No la vemos, es imperceptible para nuestros ojos, sin embargo, la irradiamos. No somos conscientes de ella, pero es nuestra realidad: tú decides cómo lo interpretas, cómo lo vives. Esta verdad, “Soy luz de amor divino”, como todas ellas, es un concepto mental. Ahora bien, cuando la tengas interiorizada dejarás de pensarla y experimentarás la sensación de ser luz. Esta sensación es la energía de vida de la que brota tu cuerpo: es lo que realmente eres en el plano físico.
No nos vemos como luz, como vibración, nos vemos como materia, como trozos de carne. Esta carne se quedará aquí, convirtiéndose en polvo. La luz que somos se acabará fundiendo con la luz universal, con la Unidad, brillando en ella eternamente.

Esta verdad se complementa maravillosamente con la práctica de “Sintiendo lo que somos: vibración”. En ella somos conscientes de nuestra realidad física, a la vez que nos lleva hasta el punto siguiente.

SOY CONSCIENCIA INFINITA SIENDO CONSCIENTE DEL CUERPO QUE HABITA: TODO LO DEMÁS ES IDENTIFICACIÓN, ES ILUSIÓN
Esta ilusión es el juego del Padre (Dios, Íntimo, Todo lo que es… da igual el nombre) disfrutando de su creación a través nuestro, siendo consciente de ella: somos el juego de Dios y, a la vez, somos Dios jugando.

Estamos “jugando a vivir” en esta vida. La vida es como una obra de teatro, en la que representamos multitud de papeles: madre/padre, trabajador/a, hij@, amig@…, y nos acabamos creyendo ser ese papel. Sin embargo, somos algo más íntimo y profundo que ese guion autoimpuesto: somos consciencia de Dios siendo consciente del cuerpo-energía que le alberga. Esto es lo eterno en nosotros, lo inmutable. Todo lo demás: el cuerpo, este mundo… todo cuanto tenga una realidad física, es perecedero, es ilusión. Solo permanece lo real, lo que somos, el resto se diluye en el tiempo.

Este concepto de nuestra realidad esencial se puede resumir en: SOY CONSCIENCIA: TODO LO DEMÁS ES ILUSIÓN.
SER CONSCIENTE es darse cuenta
, es observar, ser un testigo desapasionado; pero estamos siempre perdidos en las ensoñaciones producidas por la mente. La única forma de vivir en armonía con nosotros mismos es ser esa consciencia, y aquí surge el reto fundamental de nuestra atención: ser conscientes del cuerpo que habitamos, actuar en este mundo de la forma en el que “jugamos” y, al mismo tiempo, no perdernos en la ilusión creada por nuestros pensamientos. Para superarlo, solo hay un camino.
Cuando somos conscientes de nuestra vibración ya estamos en el aquí. Si, además, el resto de nuestra atención-concentración la enfocamos en el momento presente (ahora), entonces ya hemos completado la dupla Aquí-Ahora, que es el punto de conexión con el Dios/a que somos. En este punto de equilibrio somos conscientes de la Unidad y desaparece la ilusión, porque no imaginamos nada. No existe ningún “yo” separado ni unido: solo existe la consciencia de todo lo que es en ese momento. No hay “nadie” que observe nada, no hay ego ni pensamientos que nos lleven por su camino: somos el acto de observar (darse cuenta). Somos el “Yo Soy”, donde el “Yo” se disuelve en lo que “Es”.

Este es el final de la búsqueda. En este momento, la identificación que podías tener con la mente desaparece completamente y, con ella, el ego: eres un@ con todo, ya estás en el eterno presente, en el aquí-ahora consciente. Ya no te pierdes en ensoñaciones mentales porque estás totalmente concentrad@ en lo que es, momento a momento.
Cuando vives centrad@ en el aquí-ahora, vibras en una sensación omniabarcante que brota de cada una de tus células, inundándote de un silencio lleno de paz y poder. Has cambiado la dirección de tu foco de atención: has pasado de la mente-ilusión a la sensación-unión. Dejas de prestar atención (sinónimo de dar vida) a la ilusión creada por tu mente individual, para fundirte en la energía (por medio de la sensación) de la Unidad. Ya te has convertido en un ser humano completo, dejas de estar dividido, y no se “pierde” nada de tu energía en mantener viva la ilusión de la separación.
En esta consciencia total del momento presente, todo el poder, el amor y la inteligencia del universo vibran en tu ser. Has “encontrado” lo que buscabas, ya estás reconectad@: has vuelto a casa.

¡Bienvenid@!

Todo aquello que te impida sentir las afirmaciones anteriores con total plenitud en tu interior es el ego, señalándote que eso es mentira por no coincidir con sus creencias. Igual has experimentado zozobra al leerlas: ese desasosiego es la emoción creada por él, enfadado-inquieto por lo que lees. “¿Le vas a hacer caso al chalado este?, ¿no te das cuenta de la cantidad de tonterías que está diciendo?, vamos mujer, ¡hasta aquí podíamos llegar!”.
Si, por el contrario, has experimentado alegría y dicha, es tu presencia divina, tu inocencia todopoderosa, la que ha reconocido aquello que es, aquello que siempre has sido.

Puedes trabajarte estas verdades como si fueran mantras (utiliza la versión resumida de la consciencia). Cógete cualquiera de ellas y repítetela mentalmente, concentrad@ en ella, en todo momento y circunstancia. Si interactúas con el mundo exterior (trabajando, hablando con alguien, jugando con tus hijos, cocinando, haciendo el amor…), presta total atención a lo que haces; pero si notas que te despistas, perdiéndote en pensamientos ensoñadores, vete instantáneamente al mantra correspondiente. Es decir, permanece en estas verdades todo el tiempo que puedas, que se conviertan en tu pensamiento base a partir del cual organizas tu tráfico mental. Cuando tengas tu atención libre de obligaciones del mundo exterior, vete a ellas, una y otra vez, hasta que acaben convirtiéndose en el “papel pintado” que decora tu mente.
Permanece unos 5-10 días con cada una de ellas. Si tienes cierto recorrido de trabajo interior, lo podrás hacer sin excesiva dificultad; si no es así, vas a mejorar mucho tu capacidad de concentración. Al cabo de esos días, notarás como tu energía vibra de otra manera y tu estado de ánimo será diferente. Haz la prueba y me comentas.

Ahora bien, si no estás lo suficientemente desidentificad@ del ego, si tu creencia en la separación todavía es fuerte, estos momentos de conexión (que los vivirás) serán esporádicos y la mente-ego te arrastrará otra vez por su mundo de lucha y negatividad, perdiendo esa plenitud, esa paz, de sentir lo que eres. La única forma de permanecer en ese estado de conexión consciente y permanente es mediante la elevación de tu vibración. Y eso sólo se logra con el trabajo interior, que consiste básicamente en aumentar tu capacidad de concentración.
En este rincón tienes unos cuantos ejercicios prácticos y contrastados (son los que practico habitualmente y vivo sus resultados), que te ayudarán a crecer de la manera más armónica posible. Tú decides si te detienes en la superficie del conocimiento teórico adquirido por medio de estos artículos (quedándose todo en una mera comprensión intelectual), o te lanzas a vivir las nuevas verdades que ya palpitan en ti.

En la próxima entrada te doy unas recomendaciones para ir “Viviendo en la luz: pautas para un trabajo interior” (en preparación).
Nos vemos allí.
Un abrazo, de corazón.

Volviendo al camino.
(¡No vuelvas! No has llegado hasta aquí para, ahora, darte la vuelta. ¡Sigue adelante, sigue creciendo!)

Acondicionando la mente

En artículos anteriores hemos visto que no somos el ego que creemos ser, sino consciencia: solo esto, todo esto.
Ahora conoceremos unas verdades que brotan de la Unidad. Nos ayudarán a acondicionar nuestra mente para asimilar mejor las que veremos en el próximo artículo. Estos conceptos son muy poderosos y nos permitirán interpretar de diferente manera todo lo que nos sucede, dándonos una visión elevadora de nuestras circunstancias vitales. Medita sobre ellas (si quieres, claro) hasta tenerlas integradas en tu forma de interpretar-juzgar lo que vives. Si te resulta difícil asumirlas, será tu mente-ego la que interfiere en la aceptación intelectual de las mismas, porque tú, realmente, ya lo sabes todo.

La mejor forma de trabajarlas es durante el día, en esos momentos de asueto mental en los que no hay nada que reclame toda tu atención: viajes en tren, autobús, paseando, esperando en colas… Cada día trabájate una de ellas, que sea tu “pensamiento base” al que vuelves una y otra vez. Dale vueltas a cada idea, vívelas, repítetelas a modo de mantra y deja que la energía que emanan estas palabras te vaya llenando.

Estas verdades son conceptos mentales y, como mente que es, a lo largo de este camino de crecimiento las dejaremos de lado para vivir en el ser; pero antes, alinearemos la dirección de nuestras interpretaciones-pensamientos para que nos ayuden a llegar a ello.

Vamos con ellas.

 

ACONDICIONANDO LA MENTE

Cada persona piensa, siente y actúa según el nivel de evolución-consciencia que posee
Nos pasamos la vida enjuiciando a los demás y comparándonos con ellos. Unas veces “ganamos” en la comparación y nos sentimos crecid@s; otras “perdemos”, viéndonos disminuid@s, pequeñ@s.
El que enjuicia es tu ego-mente y lo hace porque también te juzga a ti. Tiene un ideal de persona al que debes adaptarte para desenvolverte en este mundo. Si no te comportas de acuerdo a ese modelo, te regaña, al igual que hace con los demás. De esta manera mantiene viva la idea de la separación: ”Él/la hace eso, yo no: ¡fíjate cómo es!”. Además, llena con la energía negativa del reproche el espacio vital en el que “jugamos” esta vida.

Las decisiones que tomamos, y que dirigen nuestros actos, están influenciadas, fundamentalmente, por las creencias que mantenemos. Estas dependen del grado de identificación que tengamos con el ego, el cual señala nuestro nivel de evolución personal. Así pues, ninguna persona es “buena” o “mala”, simplemente ES.
Cuando te sorprendas calificando a alguien de “buena” o “mala” persona date cuenta de que “ese” que evalúa a los demás no eres tú. En tu naturaleza física, eres energía de amor vibrando y el amor no compara, no piensa, no enjuicia, no condena… sólo ama.

Vive con la certeza de que las personas hacen las cosas lo mejor que saben y pueden. De esta manera dejarás de juzgarlas.

Nada tengo que hacer, ser o tener, excepto lo que estoy siendo ahora mismo
“Tengo que…”, “debo hacer…”, “me siento obligad@ a…”, “necesito…”, éstas son órdenes del ego diciéndote cómo tienes que gobernar tu vida, haciéndote sentir mal si no haces, no eres o no tienes lo que señala para ti.
Tú único cometido en este mundo es ser lo que eres ahora mismo, nada más. No tienes ninguna obligación ni necesidad de más. Así, tal como eres, eres perfect@. Y punto.
Puedes tener sueños, cosas que te gustaría alcanzar, pero no te sientes obligad@ a conseguirlas para sentirte bien (te estarías apegando al resultado, convirtiéndote en un esclav@ del mismo). Como decía Ghandi: “nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa.
Todo aquello que hagas, hazlo con amor
, aunque no te guste. Al que no le gusta es al ego, al amor le encanta todo. De esta manera, comenzarás a disfrutar de la vida, sin fobias ni miedos ni ansiedad por alcanzar una meta concreta. Y vivirás en paz.

¿Qué pasa si tienes una hipoteca que pagar y/o unos hijos que mantener? ¡Claro que es inevitable trabajar para poder mantenerse a flote en esta vida! Pero ese trabajo que haces, lo haces por amor, no por obligación. Es la gran diferencia. Cuando trabajas porque amas profundamente a tus hijos y quieres darles la mejor vida posible, ese trabajo tiene una vibración (y tú también) diferente que cuando te sientes obligad@ a trabajar porque tienes hijos. Si trabajas por amor, tu valor como persona no depende del resultado de tu trabajo y lo ejecutas desde la libertad de amar. Cuando trabajas por obligación, tu valoración personal está unida a que consigas lo que se espera de ti. Si no lo logras, te minusvaloras, sintiéndote un/a fracasad@. Muchas depresiones empiezan por este motivo.
Cada vez que te sorprendas diciendo: “Debo hacer…”, sustitúyelo por “Quiero hacer…”. No hagas las cosas por autoimposición, hazlas por amor. Eso que te impide amarlo, ya sabes lo que es (empieza por la letra “e”… y hasta aquí puedo leer).

Hemos nacido para deleitarnos de lo que nos rodea, para vivir la vida intensamente, momento a momento. Y cuando disfrutas de la vida, entonces recibes automáticamente aquello que anhelas. Ese gozar, ese disfrutar, ese agradecer, es la energía que te conecta con el universo de amor en el que vivimos y éste siempre te regala aquello por lo que suspiras.
Suena bonito, ¡¿a que sí?! ¿No te lo crees? Haz la prueba: disfruta, momento a momento, de lo que la vida te presenta… y me cuentas.

Nada le sobra ni le falta a este momento: todo es perfecto tal como es
El ego siempre está viendo la vida como un medio para obtener lo que él desea: dinero, amor, salud, reconocimiento, placer, etc. Todo lo que vivimos lo cataloga como “bueno”, si cree que le acerca a lo que quiere, o “malo” si lo aleja de él. De esta manera tan banal ya nos estamos separando de la vida, al desear unos acontecimientos y otros no, viviendo en lucha para conseguir lo que ansiamos y escapar de lo que no queremos. 
Cuando nos tomamos la vida sin diferenciar los acontecimientos que suceden, cuando vivimos la verdad de que todo es perfecto (sin clasificar, sin juzgar), entonces ya somos la aceptación total del momento presente. Al aceptarlo incondicionalmente ya somos uno con todo. No existen deseos de cambiar nada (el principal quehacer del ego), ni de conseguir nada, solo disfrutar de lo que es, momento a momento. Aquí ya tenemos abierto nuestro corazón a todo lo que vivimos. Decimos SÍ a la vida, alineándonos con ella: cesa la lucha y nos llenamos de paz. Ya estamos reconectados otra vez.

Ningún momento es más importante que otro (sería la mente-ego haciendo separaciones dentro de la unidad de la vida), porque solo existe uno: el que estás viviendo ahora mismo, el eterno presente. Cada momento es perfecto en sí mismo: es la eternidad condensada en un instante.

El universo me ama, me guía y me protege: me dejo llevar confiad@ en él
Vivimos en un universo de amor incondicional, de hecho, somos uno con él; por lo tanto, ¿qué podemos temer?
El miedo nace de la idea de considerarnos seres separados. Esta creencia es la que dirige tu vida, la que toma todas tus decisiones. Para romper con ella, déjate llevar. ¿Cómo?: suelta todo lo que tengas en tu mente en un momento dado. Abandona todo intento de controlar, de entender, de conseguir… Notarás un vacío-miedo terrible, como si todo tu mundo conocido desapareciera. Es lo que sucede cuando decides no seguir los pensamientos. Quédate alerta a todo lo que experimentes en tu interior, sin elucubrar sobre ello, solo permanece atent@. En ese momento, junto al miedo, descubrirás un atisbo de paz por no exigirte nada, por no esperar ningún resultado, por no saber nada. Profundiza en esta sensación, siendo consciente, también, del malestar-miedo que vibra en ti. No intentes cambiar lo que sientes, aunque te duela, ya que forma parte de tu ser (de tu campo de consciencia) en ese momento. Si lo rechazas ya estás generando lucha en tu interior.
Notarás que algo mucho más poderoso e inteligente que tú, en realidad eres tú mism@ en otra dimensión, te está llevando-poseyendo en ese momento. Ese miedo que sientes, esta emoción que vives ahora, es la reacción de tu cuerpo al montón de pensamientos que bailan en tu mente en este intervalo de abandono total. Estos pensamientos son atraídos por la energía del ego a tu campo de consciencia, pero “no son tú”. Sabiendo esto, que ese malestar que percibes no te pertenece, solo queda la paz de ser llevad@. Céntrate en ella, fija tu atención en esa quietud y, con la práctica, la sensación se volverá más intensa, más nítida.

Cuando te permites ser llevad@ ya has restablecido la conexión consciente con la Unidad. Esta reconexión (nacemos conectados, pero luego perdemos la consciencia de la unión debido a la identificación con nuestra mente), con el tiempo y la intención, se irá afianzando y robusteciendo.
Déjate llevar y sonríe: todo va bien. Estás en buenas manos, ¡en las mejores! 

Todo lo que vivo es un maravilloso regalo del Universo para mi desarrollo personal; no tengo problemas, solo oportunidades para crecer
Esta es una consecuencia de la anterior y nos cambia totalmente la percepción de los acontecimientos que vivimos.
Todo lo “malo” que creemos vivir, en realidad, son oportunidades que nos regala el Universo para expresar-desarrollar las capacidades que albergamos. Las dificultades, retos, infortunios, contratiempos… son los sucesos que nos hacen crecer, expandirnos, porque cada vez que superamos una “adversidad” de la vida crecemos como personas. Gracias a ella (“lo que no nos mata nos hace más fuertes“) ampliamos nuestros límites personales, creados por quien tú ya sabes.

El Universo, al amarnos incondicionalmente, quiere lo mejor para nosotros, por lo tanto, todo lo que recibimos es por nuestro mayor bien. La mayoría de las veces, el crecimiento se produce por medio del dolor. Ese dolor que experimentamos por una circunstancia de vida concreta, en realidad, es nuestro ego no aceptando la situación, viéndose débil e incapaz de superarla. La no aceptación surge porque la circunstancia que vivimos está “atacando” a una identificación-apego: pérdida del trabajo, ruptura sentimental, problemas de salud, falta de dinero, etc. Sin embargo, el Universo, que “sabe” cuál es nuestra auténtica naturaleza, nos regala estas situaciones para poder darnos cuenta de nuestras identificaciones y librarnos de ellas. De esta manera, nos vamos acercando, más y más, a la expresión de todo el potencial que atesoramos.
Así que, sonríe y da gracias cuando “creas” tener problemas: es la señal de que vas a crecer como persona. Al dar las gracias, porque es un regalo lo que recibes, percibirás cómo cambia totalmente la energía que envías a esa situación complicada o difícil (esto son interpretaciones de la mente-ego). Emanarás gratitud y, desde ella, sanarás la situación, ya que has dejado de alimentarla con tu negatividad. Aquí te dejo un enlace al perdón, el mejor transformador de la energía negativa.  

Haga lo que haga, todo me sale bien
Actualmente igual crees que todo te sale mal, que estás gafad@, que la vida es cruel y nunca te da lo que quieres o necesitas (todo esto ya sabes quién lo dice, ¿no?… ¡eso es: el ego!). Te has acostumbrado a pensar de esta manera, con esta actitud de “no puedo”, “no merezco”, “no valgo”. No sigas así, ¡NO! Saca pecho, yérguete, inspira profundamente: tú eres el/la dios/a de tu mundo personal: ¡tú decides qué pensamientos permites mantener en tu interior!
Hagas lo que hagas, todo te sale bien. Sonríe sabiendo que siempre hay un final feliz para ti. Aquello que te agobia, que te produce dolor, ansiedad… todo acaba bien.
Tú decretas cómo terminas tus ensoñaciones
. Si imaginas acontecimientos del futuro ya estás soñando, al igual que pensar que todo te sale mal. Son sueños de tu mente. Tienes el poder de cambiar eso que sueñas, porque eres el dueñ@ de tu mente (y si no lo eres es porque aún no te lo crees). Elige soñar-imaginar que: TODO LLEGA, TODO SE ARREGLA, TODO SE OLVIDA. No importa que no sepas cómo va a suceder (esto le vuelve loca a la mente, el no saber cómo), siente que todo acaba bien para ti.
Si te resulta imposible imaginar un final feliz para una situación futura a vivir (una entrevista de trabajo, un examen final de carrera, pedirle para salir a esa persona que te hace tilín, etc.), haz el último paso del ejercicio del perdón con ella. Imagina, lo más vívido posible, que sucede todo cuanto temes en esa próxima entrevista de trabajo: te pones roj@ nada más sentarte frente a tus entrevistadores, los nervios te impiden hablar con normalidad y notas que estás haciendo el mayor ridículo de tu vida… Seguido inunda esta imagen mental de luz rosa, sintiendo como al amor llena esa escena, haciéndola rebosar de luz y alegría. Y quédate ahí.
Al amar eso que temes ya estás cambiando la energía de tu acto creador (todo pensamiento tiene poder creador). El temor es una energía muy poderosa y si tienes miedo a que algo te salga mal, ya lo estás creando. Así pues, ama una y otra vez aquello que temes, hasta dejar de temerlo. Al amarlo se va diluyendo el miedo (no se puede amar algo y tenerlo miedo a la vez) y, al cabo del tiempo, ya no tendrás ningún pensamiento paralizante en relación con la entrevista. De esta manera, la harás llen@ de confianza, con final feliz incluido. Pruébalo y me cuentas.

Nada más por hoy. Nos estamos acercando al momento culminante de la película, al desenlace, que puede ser (solo depende de ti) el comienzo de tu gran cambio personal. Pero ahora toca meditar sobre lo anterior e incorporarlo a tu forma de “mirar” la vida.
Nos vemos en el siguiente artículo: “Siendo lo que somos: consciencia”.

Un abrazo, de corazón.

Volviendo al camino.
(Ya no vuelvas. ¡No mires atrás, sigue y descubre lo que eres!)

La reconexión: el regreso a casa

Como vimos en el primer artículo de esta web: “… todo aquello que tiene una expresión física en este universo, al estar constituido por átomos, es energía vibrando; todo sin excepción. Todo el universo es vibraciónlo único que varía es la frecuencia de la misma, lo “rápido” o “lento” que vayan los electrones y átomos. Lo que aparenta ser más sólido vibra a una frecuencia más baja y lo más sutil a una más alta, más rápida. Si calentamos un cubo de hielo se transforma en agua líquida y si la seguimos calentando se vuelve vapor. Es agua en los tres casos, el mismo elemento, pero su apariencia, su estado físico, es diferente porque ha cambiado su frecuencia vibratoria debido a la energía recibida del calor”.
Como el Universo es vibración, podemos decir que existe una vibración universal que engloba todas las demás. De esta manera entenderemos que todo lo que tiene consistencia física está conectado a esa, y en esa, vibración universal llamada Unidad. Todos los seres vivos y no vivos formamos un solo Ser; y en todo ello vibra la energía del amor. La fuerza de atracción entre los electrones, la que los mantiene orbitando alrededor del núcleo, es AMOR. Luego, el número de electrones que se unen en un determinado átomo o la velocidad de los mismos ya depende de la atención y del sentimiento (los dos componentes del acto creador). El amor es el “pegamento” que mantiene unido este universo físico, fundamentado en la inclusión: nada puede haber “fuera” de él. Y este amor, al incluir todo sin distinciones de ningún tipo, es INCONDICIONAL: la más alta vibración que existe.

Este universo físico es el “cuerpo” de Dios (pon el nombre que quieras a lo más íntimo y sagrado que palpita en tu interior. Yo, por ejemplo, lo llamo Padre) y su “alma” es la Consciencia que vive en ti. Y esto que te digo ahora seguro te suena: los seres humanos estamos hechos a imagen y semejanza de Dios. Nuestro cuerpo es el equivalente al Universo; tu consciencia y la de Él, una sola.

Ahora, para meternos en materia, vamos con un cuento.

LOS OKUPAS

Tengo una casa (mi cuerpo-energía, el templo de Dios) grande, con muchas y enormes habitaciones, una piscina olímpica, jardines preciosos y unas vistas maravillosas. Pero ahora, en ella, viven unos okupas: la cuadrilla del Ego.
¿Cómo sucedió esto? Os lo cuento.
Desde muy pequeño he vivido en esa casa, aunque siempre me sentía muy solo en ella. Conocí a un niño de mi misma edad y nos volvimos inseparables. Se llamaba Pensamiento. Nos pasábamos todo el día juntos, jugando y riendo. Yo solo quería estar con él, con ninguno más. Se convirtió en mi mejor amigo y en mi único amigo. Disfrutaba mucho hablando con él, porque era enormemente gracioso y dicharachero. Además, era muy inteligente y yo, en caso de duda, siempre hacía lo que Pensamiento consideraba correcto. Así me quedaba tranquilo, sabiendo que había tomado la mejor decisión.
Al cabo de un tiempo le invité a vivir conmigo: aceptó sin dudarlo. La convivencia era maravillosa, muchas veces no hacía falta ni que habláramos: nos entendíamos con la mirada. Eso sí, de vez en cuando discutíamos, pero al final, invariablemente, acababa dándole la razón: ya he dicho que era muy inteligente.
Pasaron los años y fuimos creciendo juntos en aquella enorme casa. Comencé a trabajar en la ciudad y, cuando tenía algún problema con alguien o debía tomar una decisión importante, le llamaba por teléfono para saber qué podía hacer al respecto. Yo seguía sus certeras indicaciones sin cuestionarlas, ¿para qué?, si era más listo que yo.
Un día me comentó que tenía un amigo al que apreciaba mucho. Me preguntó si podía traerle a vivir con nosotros. La casa era muy grande y a él le haría compañía mientras estaba solo. Se llamaba Dinero y era un buen tipo, me dijo.
Sin pensarlo le contesté que sí. Quería que Pensamiento estuviera feliz, y si él decía que Dinero era bueno, es que era bueno.
Y, efectivamente, con Dinero me lo pasaba muy bien. Había viajado mucho por el mundo y contaba unas anécdotas muy entretenidas que me encantaba escuchar.
Un tiempo después, Pensamiento me anticipó que iba a llevar a otro amigo. Se llamaba Relaciones y estaríamos muy a gusto con él. “De acuerdo”, me dije, “Pensamiento nunca se equivoca”. Este también era majo: no muy hablador y un poco inquieto; pero bien con él.
Fueron pasando los meses y mi gran casa se fue llenando de más amigos suyos: Religión, País, Familia, Estatus… Pensamiento ya no me consultaba si podían o no vivir con nosotros, simplemente aparecía por allí con uno nuevo y se quedaba. La casa parecía ser de Pensamiento, sin embargo, no me importaba: él siempre sabía lo que hacía.
Cada uno de sus amigos era diferente a los demás y, al principio, todo era perfecto; pero luego, su comportamiento empezó a disgustarme: hablaban muy alto entre ellos, discutiendo muchas veces, y se decían palabras muy fuertes. Además, comenzaron a sugerirme las cosas que debía hacer: sacar la basura, poner el lavavajillas, pasar la aspiradora… Ellos parecían los jefes y yo el sirviente. Como me seguía llevando muy bien con Pensamiento, por no buscar conflictos, callaba; pero no me encontraba a gusto en mi hogar.
Según llegaban más amigos de Pensamiento yo me iba sintiendo peor allí. Así pues, un día hablé con él, explicándole los motivos de mi incomodidad. Se rio despreocupado: “Son tonterías. Mis colegas viven encantados aquí, todo marcha sobre ruedas, y es normal tener diferencias en cualquier convivencia. No te preocupes, no veas fantasmas donde no los hay”, me respondió.
“Tendrá razón, como siempre”, pensé. Dejé correr el tiempo, esperando se calmara todo, pero mi malestar aumentaba día a día. Se me ocurrió que, para estar todos más cómodos, sería una buena idea llevar a cabo una profunda reforma en la casa: dividir las habitaciones para que sus compañeros tuvieran más intimidad (dormían dos en cada una), poner calefacción de gas (tenía eléctrica y no daba mucho calor), levantar un invernadero a un costado de la piscina (las flores me gustaban cada día más y en invierno los jardines se quedaban muy tristes) y contratar un empleado del hogar. Tenía la certeza de que así me sentiría mucho mejor, notándome lleno de ilusión, con ganas de empezar una nueva vida en aquella casa.
Cuando le comenté a Pensamiento mis planes se encolerizó, poniéndose hecho una fiera. “¡Ni se te ocurra cambiar nada! Mis amigos y yo estamos muy felices así, no hay necesidad de hacer ninguna modificación. Si estamos todos bien menos uno, el problema es tuyo, no nuestro”.
Le respondí, chillando, que daba igual de quien fuera el problema. Aquella era mi casa e iba a reformarla completamente: allí mandaba yo, y punto.
Al oír los gritos de la discusión, todos sus amigos salieron del gran salón (estaban viendo una serie de Netflix) y se pusieron de su lado, amenazándome con hacerme daño si cambiaba algo. En ese momento pasé mucho miedo: eran demasiados contra mí y sus torvas miradas mostraban una fuerte determinación. Allí acabó todo: decidí no enfrentarme a ellos.
Actualmente, él y sus amigos viven en mi casa y yo (la consciencia que soy) fuera, perdido en el mundo. Soy un “sin techo”, pero parece que no soy el único: la calle está llena de gente como yo.

Así estamos viviendo: fuera de casa, fuera de nuestro cuerpo. Tenemos nuestra consciencia-atención vagando por el mundo exterior, alimentando esa idea de la separación. Nos notamos separados de los demás, porque todavía no nos hemos unido a nosotros mismos. Cuando dejemos de estar divididos y seamos conscientes del templo que habitamos, entonces seremos conscientes de los demás, percibiendo cómo en todos nosotros vibra la misma energía.
Si ansías volver a casa, para ponerla a tu gusto y vivir feliz en ella, sigue leyendo y descubrirás el camino a seguir.

LA RECONEXIÓN: EL REGRESO A CASA

Venimos a este mundo conectados a la Unidad. Supongo que no te acordarás, pero cuando eras un bebé no “sabías” nada. No te sentías separado, ni distinguías entre “yo” y lo demás. No anticipabas lo que pudiera sucederte ni perdías un instante en recordar qué habías hecho el día anterior: eras un bebé. Vivías momento a momento, con toda tu atención en ese colgante suspendido en la cabecera de tu cunita o en la amorosa sonrisa que te dedicaba tu amatxu. En tu mundo no existía nada que no fueras tú: estabas conectad@ a la Unidad.
Si quieres recordar lo que eras, fíjate en cualquier bebé o niñ@ menor de 2 años y sabrás de qué te estoy hablando.

LA SEPARACIÓN
Según pasan los años, y se incrementan tus facultades mentales, comienzas a pensar y, al verte constreñid@ en un cuerpo individual, te identificas con él: “yo soy este cuerpo y lo demás NO soy yo”. Ya estás separad@.
Con tu desarrollo intelectual los pensamientos absorben tu atención y empiezas a soñar despiert@. En función de las circunstancias de vida que experimentas, te imaginas un posible futuro o revives hechos y situaciones del pasado. También adquieres la costumbre de interpretar las situaciones vividas en función de ese “yo” particular y separado. Según los resultados de estas interpretaciones y de lo que te dicen los demás (en especial tus padres), vas añadiendo atributos a eso que crees ser: “soy impaciente”, “soy tranquil@”, “no tengo fuerza de voluntad”, “tengo mucha confianza en mí”Ya estás viviendo en la ilusión creada por la mente, considerándote la suma de las virtudes y defectos que crees tener. Ya has perdido la conexión con la que “llegaste” a este mundo. Tu “Ser” se reduce a una suma de conceptos y juicios mentales: te has convertido, nos hemos convertido, en una mente con piernas.
A partir de aquí, comenzamos a cargarnos de identificaciones con aquello que creemos forma parte de nosotros, de nuestro “yo”: padres, hermanos, religión, país, pareja, trabajo, hijos…, con sus correspondientes apegos. Cada apego es un “trozo” de nuestra energía desviada a aquello con lo que nos identificamos, uniéndonos energéticamente a ello. La suma de todas estas identificaciones, y sus apegos correspondientes, es lo que forma el ego: ese personaje ficticio que nos creemos ser. De esta manera, nuestra energía principal (estado de ánimo) se divide, convirtiéndose en la suma de todos los apegos que mantenemos. Ya hemos perdido nuestra paz y libertad interiores, al depender de algo externo a nosotros. Todo esto se traduce en una energía de baja vibración (fíjate en el mundo que nos rodea y te darás cuenta de ello), sinónimo de escasa sensibilidad.
Además, este ego nos genera una intranquilidad de fondo, producto del miedo a la muerte (nacido de la identificación con el cuerpo que habitamos), haciendo descender, aún más, nuestro nivel vibratorio. Debido a esta baja vibración, somos incapaces de percibir la apertura existente en nuestro corazón (contempla a este bebe que te mira y verás un corazón abierto a ti) y que nos conecta a la energía que llena este universo físico. Esta apertura es el amor incondicional vibrando en nuestro cuerpo-energía y, debido a nuestro ego, no podemos conectarnos a él, no podemos sentirlo.

LA RECONEXIÓN
La única forma de sentir esa apertura en nuestro interior es librándonos de las cadenas que nos mantienen atados a esas identificaciones ajenas a la realidad que somos. Con cada apego que desterremos de nuestra energía, sufriremos dolor porque nuestra vibración cambia en el momento de esa ruptura energética; pero al poco vibramos en una frecuencia más alta, al “recuperar” la energía desviada a esa identificación. Es como cuando llueve: durante unos días el agua de los ríos fluye sucia, arrastrando barro y piedras. Al poco, esas aguas las vemos más transparentes y limpias que antes, al haberse barrido el fango del cauce.
Tras alcanzar cierto nivel vibratorio, por habernos librado de más apegos, llega un momento en que se produce un cambio en nuestra consciencia personal, sintiéndonos unidos a algo que trasciende nuestro cuerpo y, al mismo tiempo, forma parte de él. Antes de llegar a este punto, quizás experimentemos una gran conmoción interior al darnos cuenta de que todo el mundo va por el camino equivocado menos nosotros (“¿soy el único cuerdo en este mundo de locos?”, pensaremos). Acompañando a este descubrimiento intelectual, gracias a las experiencias que nos regala el Universo se produce un desgarro en nuestro interior, en nuestra energía, al librarnos del apego más profundo que tenemos (en mi caso fue el dinero, en un momento dado me vi sin ningún recurso económico). Esta fractura interior lleva asociado un fuerte cambio vibratorio, produciéndonos una crisis total. Nos sentimos morir y, efectivamente, es una muerte: la de nuestra identificación con el ego. En estos momentos (pueden durar meses) nos vemos solos y desamparados en este mundo, abandonados por todo y todos. Es como una travesía por el desierto.
¿Qué ha sucedido? Nuestra energía, hasta entonces vibrando en la energía del mundo del ego, se separa de ella, uniéndose a algo, no muy definido todavía; pero diferente a todo lo conocido hasta entonces. Esta separación de la energía egoica, que nos daba la fuerza que creíamos tener, nos deja exhaustos, vacíos: muertos.
En realidad, experimentamos un renacimiento: abandonamos-morimos en el mundo de la ilusión de la separación, el mundo de la mente-ego, para renacer en otro. Este, físicamente, es el mismo que conocemos, pero diferente para nosotros porque, ahora, estamos vibrando en la frecuencia del amor incondicional y todo lo vemos desde una perspectiva totalmente nueva e integradora. Con el tiempo, esta sensación, difusa en un principio, se va afianzando; volviéndose más nítida y clara, sintiéndonos llenar, día a día, de una energía vibrante y poderosa.
Aquí ya somos conscientes de nuestra conexión con la Unidad: YA ESTAMOS RECONECTADOS.

La conexión con la Unidad es unir nuestros circuitos energéticos a la energía del Amor Universal-Incondicional, permitiéndolo vibrar en nuestro ser. Para ello, hay que desprenderse de la energía de los apegos que nos impide realizar esa conexión.

TU NUEVA VIDA
A partir de este momento entramos a una nueva vida. Nos sentimos llevados por una inteligencia y un poder inmenso, en el que palpita, constantemente, un ilimitado amor lleno de dulzura. Es como una Madre Divina acogiéndonos en su infinito regazo de amor. Descubrimos cómo todo lo que vivimos en este “dejarse llevar” es para nuestro mayor crecimiento personal. Van aflorando a nuestra consciencia, en forma de situaciones de vida, todas las identificaciones que podamos tener: hijos, padres, seguridad económica, tener razón, la opinión de los demás… y, por último, los pensamientos, que es nuestra mayor identificación. Nos libramos de esas identificaciones-apegos al ir aumentando nuestro nivel de consciencia, convirtiéndonos en seres más sensibles, debido a la elevación vibratoria que experimentamos.
Sufrimos con la liberación de cada apego, pero nos damos cuenta de que ese dolor es sinónimo de crecimiento. Con esta comprensión, vivimos en la gratitud constante a la vida por las maravillosas oportunidades que nos regala para irnos desarrollando de la manera más armónica posible. De esta manera, experimentamos un crecimiento sostenido y equilibrado de nuestra evolución-consciencia personal.
También percibimos cómo nuestro intelecto se agudiza, extrayendo conclusiones claras, sentidas como verdaderas, de las situaciones que vivimos. Discernimos, instantáneamente, lo real y la ilusión mental.
Como resultado del trabajo interior con los chakras (“Activando nadis y chakras”, “Chakras de Luz”), equilibramos y fortalecemos su vibración, consiguiendo mejorar el tono físico de nuestro cuerpo (nos sentimos rejuvenecer), a la vez que desarrollamos las cualidades inherentes a cada vórtice de energía: aumento de la seguridad y fortaleza interior, florecimiento de nuestra creatividad, desarrollo de la fuerza de voluntad, mejora sustancial de la autoestima, incremento notable de nuestro poder de comunicación, de la clarividencia y de la compasión. Así comienzas a alcanzar tu mejor versión personal, expresando todo tu potencial.
Además de lo anterior, el mayor beneficio de esta reconexión es el acabar convirtiéndote en un ser independiente, que no separad@. No te hace falta nadie ni nada, para ser feliz. Sientes que lo tienes todo: nada le falta ni le sobra a tu vida. No anhelas, tampoco, ningún tipo de maestr@-guía exterior, ya que todas las respuestas a tus preguntas afloran en tu consciencia, puesto que esa reconexión, también, es conectarte a la consciencia de Dios que palpita en ti, convirtiéndote en el/la maestr@ que eres.

Y a partir de aquí, si quieres (que querrás), estarás preparad@ para darte al mundo de una manera más intensa, expresando el don o los dones que atesoras. Pero esto es el siguiente paso en tu crecimiento personal. Ahora, vamos a llegar a esta reconexión.
En los tres siguientes artículos descubrirás cómo.
Nos vemos en “Acondicionando nuestra mente: dándonos cuenta”.

Un abrazo, de corazón.

Volviendo al camino.
(Mejor que no vuelvas. ¡Sigue adelante!)

El ego: nuestra creencia fundamental

Ya hemos visto qué es una creencia, cómo se forman y sus características fundamentales. Ahora vamos a conocer nuestra creencia fundamental, el ego, pero antes de meternos con él y para entenderlo mejor, vamos a comentar la pregunta del millón: ¿qué somos realmente como seres vivos?

LO QUE SOMOS REALMENTE

Sabemos que somos energía vibrando, a la que llamamos cuerpo, y que esta energía (creadora) la dirigimos con nuestra atención. Pero si nos damos cuenta del cuerpo que poseemos o de los pensamientos que mantenemos, es que hay algo más. Y “eso que se da cuenta” es lo que realmente somos: consciencia infinita siendo consciente del cuerpo que habita. Esta consciencia que faculta “darme cuenta” de este cuerpo, de los pensamientos y de lo que me rodea, es la misma que la tuya y la de todos los seres humanos, lo único que cambia es el cuerpo-habitáculo en el que “vive”. Tú provienes de unos padres y ancestros diferentes a los míos o no, pero nuestra auténtica realidad, lo que es eterno en nosotros, es lo mismo en todas las personas: somos Uno en la Consciencia.

Debido a la evolución de la vida en este planeta llegó un momento en que nació un ser consciente de sí mismo, al que llamamos ser humano, y es el que tiene colonizado este planeta. Es decir, esta consciencia que somos ya viene de “serie” en nuestro cuerpo físico: somos seres conscientes por naturaleza.
Este ser humano consciente tiene una facultad única: la de pensar. Con ella viene unida la capacidad de imaginar y aquí es donde esta consciencia comienza a confundirse creyéndose ser aquello que imagina, aquello que piensa, “olvidándose” de que es consciencia. Esto se llama identificación (creer ser algo que no es) y es el comienzo del dolor, pero eso lo comentamos luego.
La primera identificación es con nuestro cuerpo, nos creemos ser él, y al vernos físicamente autónomos nos consideramos seres individuales, independientes de los demás: “este cuerpo soy yo y ese cuerpo eres tú, luego somos dos”. Ya estamos separados.
Luego, según vamos creciendo, y con el desarrollo del cerebro, esta consciencia fortalece su identificación con la mente y los pensamientos, creyendo ser la voz pensante de la cabeza: “Pienso, luego existo”, dijo Descartes, en su “Discurso del método” de 1637.

A partir de aquí esa consciencia se pierde en el mundo de la forma, en el mundo de lo que parece evidente, pero que no es real por tener fecha de caducidad. Solo lo eterno, lo inalterable, lo que no tiene principio ni fin es lo verdadero: la Consciencia Universal. Todo lo demás aquí lo dejamos cuando abandonamos este cuerpo, pero ya me estoy desparramando. Sigamos con el ego.

 

EL EGO: NUESTRA CREENCIA FUNDAMENTAL

Debido a esta identificación con nuestro cuerpo y nuestra mente, ya desde la niñez comenzamos a forjarnos una idea de lo que somos en función de los pensamientos que mantenemos en respuesta a las experiencias que vivimos. Además, se van añadiendo los comentarios, ideas e interpretaciones-creencias de las personas que nos guían en la infancia (generalmente nuestros padres), plantándose la semilla del ego en nuestro interior, creyéndonos ser aquello que nos dicen que somos. Si te han repetido de pequeñ@: “eres tont@”, tendrás un concepto de ti muy diferente a alguien que a la mínima oportunidad le decían: “¡pero qué inteligente eres!”.

El ego es un concepto mental, una idea: una creencia que tenemos acerca de lo que somos. Es hijo de la mente y sin pensamientos no hay ego. Solo son pensamientos, pero nosotros le damos la fuerza de la realidad al creernos ser lo que pensamos acerca de nosotros.
Todas las etiquetas que te pongas para definirte: “soy una persona activa, cumplidora, un poco impaciente, con un gran fondo humano”, por ejemplo, es ego. Tú eres una vibración, no una definición.

Aparte de lo anterior, el ego son también todas las ensoñaciones no conscientes, esos pensamientos imperceptibles, pero que nos provocan una emoción que sí sentimos. Esta emoción que experimentamos nos hace reaccionar ante los acontecimientos que vivimos y esta reacción también es ego. Es lo que nos hace decir: “soy así, no puedo evitarlo”, cuando respondemos automáticamente a un acontecimiento de nuestra vida.
Esa voz de la cabeza que nos dice qué tenemos que hacer, cómo nos tenemos que comportar, qué tenemos que pensar… Esa voz que te ordena, chilla, se enfada, llora… ese parloteo mental es el ego viviendo en ti.
Inquietud, impaciencia, angustia, miedo dolor, ira… es ego. En este caso, es la reacción de tu cuerpo a los pensamientos que le envía esa ilusión que crees ser “tú”. Así pues, esa es la energía del ego vibrando en la tuya

CARACTERÍSTICAS FUNDAMENTALES

IDENTIFICACIÓN: la raíz de la separación

Identificación es dar sentido del “yo” a algo exterior a la consciencia que somos. Empezamos con “nuestro” cuerpo, luego “mis” pensamientos y posteriormente, según crecemos, van aumentando en número nuestras identificaciones: padres, herman@s, amig@s, pareja, hij@s…, todo aquello que nos cree sentimiento de pertenencia, como si fuera nuestro, como si fuera “yo”. Nos identificamos con un país, un partido político, un club de fútbol, un trabajo, un estatus social, una postura mental (defendemos nuestra “verdad” como si nos fuera la vida en ello), etc.

También nos identificamos con los “papeles” que representamos en esta vida. Si tienes hij@s seguro que representas el papel de padre/madre y esperas de ellos que actúen según su “papel”: “te deben” respeto por ser tus hij@s. Si no lo hacen te encolerizarás, ya que para tu ego no se están comportando de acuerdo al rol que les ha adjudicado. Hay infinidad de “papeles” que representamos: el de pareja, jefe/a, trabajador/a, herman@, amig@… A cada papel le asignamos obligaciones y derechos, unos códigos de conducta, y si algo o alguien se los salta nuestro ego reacciona con lucha para restablecer el “orden” perdido.

Todo aquello con lo que nos identificamos nos da un valor como persona, de manera que si cambia o desaparece algo de ello experimentamos un fuerte dolor. Es como si el hecho de ser abandonados por nuestra pareja, aparte del dolor de la separación, nos quitara valía personal, haciéndonos sentir ser “menos” o el que rebatan una idea mía me haga considerarme disminuido como ser inteligente. De esta manera, al identificarnos con algo que suponemos como “mío-yo”, surge el apego a ello. El apego, en este caso, es sinónimo de dependencia: dependemos de aquello con lo que estamos identificados.

De esta manera perdemos nuestra libertad personal. Ya no somos solo esa consciencia que habita en nosotros, sino la suma de lo que creemos ser: padres, hijos, pareja, el club de fútbol del que soy hincha, el estatus económico y social que mantengo, el partido político con el que simpatizo o el país en el que vivo… Y nos pasamos la vida intentando mantenerlo todo en equilibrio, que nada cambie a peor o desaparezca porque entonces experimentaremos un dolor directamente proporcional al grado de identificación con ello. Hay hinchas de fútbol que cuando pierde el equipo de sus amores están varios días cabizbajos y tristes. A otros les dura la frustración el tiempo que tardan en tomarse un café. Son diferentes grados de identificación y, por lo tanto, diferente intensidad de dolor por la pérdida-cambio, pero en ambos casos la identificación es sinónimo de dolor.

A nivel energético, el apego es la energía que damos a lo que consideramos como “yo”: nos unimos energéticamente a aquello con lo que nos identificamos. Identificación y apego son las dos caras de la misma moneda y siempre es un desvío de nuestra energía, de la energía que somos. Es una “pérdida” energética que sufrimos por mantener viva una idea mental, una creación de la mente.

Esta identificación (esta separación entre “yo” y lo demás) es la que nos hace vivir en un mundo de países, culturas y religiones diferentes, a menudo enfrentadas, ya que el ego necesita conflicto para reafirmarse, para sentirse vivo. Al ego la paz le resulta indigesta y pesada, con poco atractivo. Siempre busca retos, desafíos, metas… tiene que estar constantemente haciendo algo para no sentir el miedo que le atenaza.

Esta inquietud que nos acompaña siempre, este desasosiego constante, en realidad es el miedo a la muerte del ego. Como está identificado con el cuerpo que tiene y sabe que tarde o temprano va a morir, para evitarlo se inventa cuentos maravillosos, haciéndonos creer en reencarnaciones y en la evolución del alma, de vida en vida, buscando la perfección divina. Pero no son más que ilusiones del ego resistiéndose a morir, intentando ser inmortal, cuando, en realidad, al fallecer termina la ilusión que creemos vivir, uniéndose la consciencia que somos a la consciencia universal. Así que, disfrutemos de este tiempo en el que podemos gozar de este maravilloso cuerpo que nos sustenta y que permite llenarnos de la fragancia de una flor o de la risa alegre y juguetona de un/a niñ@. Pero bueno, sigamos con nuestro amigo el ego, que me estoy yendo otra vez.

JUZGAR-COMPARAR

Para marcar los límites de su “individualidad”, el ego está constantemente juzgando y comparándonos con los demás. Se fija, normalmente, en las diferencias que nos separan, haciéndonos sentir bien-mal según los resultados de dicha comparación. Además, etiqueta a las personas en función de ese resultado, siendo nosotros el punto de referencia: “Marian es muy inteligente” (porque ha demostrado una “chispa” que no tenemos), “Ander es un engreído” (no es “tan” humilde como nosotros).

También nos juzga en función de un ideal de persona que crea para desenvolverse en este mundo. Cuando no hacemos las cosas en función de ese modelo nos regaña más o menos intensamente según lo fuerte que sea nuestra identificación con él. Es como si tuviéramos un juez y verdugo interior que nos castiga de manera inmisericorde cuando cometemos un error, sin poder escapar de él.

Por último, el ego siempre está clasificando las situaciones de vida en buenas o malas. Si algo ocurre que le acerca a lo que desea, se alegra (no por mucho tiempo, siempre quiere más y más); cuando, por el contrario, lo que sucede no le gusta se enfada con la vida, con los demás o contigo si te considera responsable de algo. El caso es que está siempre interactuando con el mundo exterior y su alegría o tristeza depende de la valoración-interpretación que haga de esa experiencia vital.

RESISTENCIA

Es la no aceptación de lo que está viviendo, negando lo que ocurre: “yo no debería estar pasando por esto. Es muy duro, es injusto”. Aquí nace la negatividad que lanzamos al mundo.

El ego echa la culpa a los demás (sea la vida en general, las personas o situaciones que vive), por no ser como a él le gustaría que fueran. Y son los demás (la vida también) los que deben cambiar, cosa que espera lograr enfadándose consiguiendo justo lo contrario, ya que esa energía negativa del enfado revitaliza la situación que detesta.

Esta resistencia frente a lo que sucede, es lo que lleva al ego a reaccionar en contraposición al actuar.
Actuar frente a un hecho o circunstancia de la vida significa que la respuesta que damos a esa situación viene dada desde la independencia emocional, desde la inteligencia pura: “Me acabo de enterar de que cierran la empresa. Nos echan a todos, ¡qué pena! No hay tiempo que perder, voy a empezar a mandar curriculums”.

Reaccionar es dejarnos llevar por una respuesta emocional a lo que vivimos en un momento dado. Esa emoción, que nos hace responder así, es el apego del ego a esa realidad que ahora se encuentra amenazada por esa situación de vida: “Hoy me han dicho que cierran mi fábrica. Nos echan a todos. ¡Ya decía yo que eran unos inútiles los jefes: no saben llevar una empresa!, ¡hoy me emborracho!”. Es decir, sin ego no hay reacción.

Al reaccionar frente a algo exterior (quejarse es una forma de hacerlo, inclusive del tiempo que hace hoy) o interior (reaccionamos también a los pensamientos que tenemos: hay pensamientos que nos “duelen”), el ego siente que se reafirma, adquiriendo más “vida”. Esta reacción constante, generalmente negativa, es la creadora de nuestro estado de ánimo, que es la energía que emanamos al universo y, por lo tanto, es la energía que nos devuelve. Al recibir situaciones “negativas”, reaccionamos con más negatividad, perpetuando aquello que no queremos vivir. La única forma de romper este círculo vicioso, en el que vive la inmensa mayoría de la gente, es por medio del perdón. Aquí te dejo un enlace que te permitirá liberarte de las cadenas que te atan al pasado: ejercicio del perdón.

EL EGO Y EL CRECIMIENTO PERSONAL

El ego es nuestra mayor identificación, alrededor de la cual hemos organizado nuestra vida. Desechar esa idea, es volver a comenzar otra vez, es un renacimiento, y esto nos genera mucha incertidumbre, mucha inseguridad, ya que abandonamos el mundo conocido, el de la forma, el exterior, para adentrarnos en nuestro mundo interior que, para la mayoría de la gente, es un lugar totalmente desconocido. De esta manera comenzamos a descubrir aquello que siempre hemos sido, pero que esa ilusión mental nos impedía ver.

El cambio personal, fundamentalmente, es liberarse de las identificaciones con lo que no somos. Esta liberación conlleva dolor, porque ese sufrimiento es la ruptura de la conexión energética (apego) que habíamos creado con lo identificado. Nos sentimos como si nos arrancaran la piel, rotos por dentro (imagínate como te deja una ruptura sentimental), ya que nos desprendemos de algo que consideramos forma parte de nuestro ser. Como el ego no quiere sufrir, no quiere ser “menos”, va a luchar con todos sus medios para que nada cambie y no sentirse más “pequeño”. Por este motivo se convierte en el principal enemigo del crecimiento personal.

Por otra parte, si no hay dolor no hay cambio. Dejará de dolerte, dejarás de sufrir, cuando ya no estés identificad@ con nada ni nadie, cuando te des cuenta de que eres sólo Consciencia. Mientras llega ese momento, la mente-ego te va a poner todas las zancadillas que pueda para que no la abandones retirando tu atención inconsciente de ella. Te hará sentir mal, diciéndote que te equivocas, que ese no es el buen camino, que te dejes llevar por ella, que no es bueno sufrir, que no te encuentras bien… bla, bla, bla.

Cuanto peor lo pasas mayor crecimiento experimentas, ya que más energía había “desviada” a ese apego que ahora abandonas. Esa aflicción que sientes es tu verdadero ser agrandándose, mejor dicho, es tu consciencia expandiéndose por el “hueco” que ha dejado la energía del apego. Así que, cuando sufres es porque estás creciendo como ser consciente.
La forma más rápida de crecer, de evolucionar, es amar ese sufrimiento que padeces. Esto es difícil de hacer al principio, pero cuando lo hagas notarás como lo atraviesas, separándote de él. Sientes tu dolor, pero ya “no eres” ese dolor: ya no estás identificado con él. Además, esta energía, que antes estaba “perdida” en el apego a aquello que considerabas eras tú, vuelve a ti. De esta manera te vas convirtiendo en un ser más poderoso, con más energía vital, más profundo.

No cedas a la desesperación que vas a vivir. No creas que te estás volviendo loc@ por sentirte sol@ (te llegará esta sensación, no lo dudes) en este mundo enfermo. Ese sentirte sol@ es una buena señal, porque es el único modo de hallar lo que realmente buscamos todos los buscadores: encontrarnos a nosotros mismos.
Este camino de descubrimiento personal siempre es un camino solitario, nadie lo puede recorrer por ti. Pero cuando descubres lo que realmente eres ya nunca más te sentirás sol@ porque vivirás conectad@ a algo tan amoroso, intenso y acogedor que las palabras no le hacen ninguna justicia. Además, aunque parezca una paradoja, te darás cuenta de que nunca has caminado sol@, que siempre has sido llevad@.

Pero eso lo vas a vivir tú, porque ya eres (todos lo somos) aquello que vas a ser. Lo que sucede es que todavía no eres consciente de ello.

NOTAS PRÁCTICAS PARA UN CAMBIO PERSONAL:

  • Ama tu ego, porque siempre estará contigo. Es la energía que nos rodea por todos los lados, es la energía que mueve este mundo. No luches contra él, no intentes eliminarlo, porque entonces lo estás vivificando con tu atención. Lo único que puedes hacer es darte cuenta de que estas siendo vivido por el ego, no por el amor. Para ello estate muy atent@ a tu estado interior. Esta es la clave: ¿cómo te sientes?, ¿qué pensamientos te llegan?, ¿son pensamientos que te transmiten paz o te generan lucha, desasosiego? Si te sientes bien, perfecto, estás en el amor. Si te notas embarullada, indeciso, rencorosa, impaciente, lastimero… estás con el ego-mente.
    El darse cuenta es el primer paso para poder amarlo. Una vez que lo amas, como podrías amar las travesuras de un niño pequeño, empiezas a desidentificarte de él, separándote de la ilusión que guiaba tu vida. Y, en este momento, comienzas a crecer.
    Si normalmente tienes mucho “ruido” mental y te resulta difícil dejar de “pensar”, empieza con este ejercicio de concentración maravilloso que, además, limpia y equilibra tus chakras de vibraciones inarmónicas: activando nadis y chakras.
  • Ama el ego de los demás. El ego tiende a reaccionar con el de los demás y, a no ser que tengas un gran autocontrol, acabarás enredado en su energía. Cuando interactúes con alguien estate atent@ a cualquier aparición de malestar en tu interior: ira, culpa, abatimiento, debilidad… Esas son las emociones creada por tu ego al reaccionar a la energía que envía tu interlocutor/a. Cuando te notes que empiezas a alterarte, centra tu atención en la respiraciónTe equilibrará instantáneamente, pero hazlo cuanto antes para no dejarte llevar por la fuerza de la emoción egoica.
  • Todo aquello que no sea paz es ego viviendo su sueño a través tuyo. El ego, como hijo de la mente que es, siempre está soñando, imaginando y recreándose en acontecimientos pasados o situaciones futuras: “Cuando llegue al trabajo seguro tengo bronca con el tonto ese de Ander”, “¡Qué bien me lo pasé ayer cenando con Marian!”. La mente es lo que tiene: solo puede vivir en el pasado o en el futuro. El momento presente se le atraganta porque no puede controlarlo, es lo que es y no lo puede cambiar, por eso huye de él. Así que, si no sientes la paz en este momento es porque estás viviendo el sueño (de lucha) del ego-mente.
    Cuando te descubras cabalgando por los caminos de la ilusión, si te atropellan los pensamientos, DETENTE… inspira… espira… Se consciente de tu cuerpo, siente tu vibración, tu energía, y permanece ahí todo el tiempo que puedas. Una y otra vez.
  • ¿Prefieres tener paz o tener razón? Tu elijes momento a momento la vida que quieres llevar. Al ego le encanta tener razón, al amor tener paz. Puedes tener razón y saber que la tienes, pero no luchas por convencer, sólo expones tu verdad, compartiéndola. Lo que hagan los demás, aceptarla o no, es secundario, no es tu problema. Intenta vivir con total desapego a cualquier postura mental.
  • “Yo no tengo problemas, es mi ego quien los tiene”. Recuerda esto en aquellos momentos que te notes “llevado” por el dolor, la ira, el reproche, la debilidad… Así te vas separando de él, desidentificándote, por medio del darte cuenta” (sinónimo de crecimiento de la consciencia) de que tú no eres ese ego chillón y lloroso que a veces te posee.

Nada más por hoy. Te mando un fuerte abrazo, de corazón y el deseo de que tu vida se llene de la paz, el amor y la alegría que eres.
Nos vemos en “Cómo grabar un audio subliminal”.

Volviendo al camino.

Creencias: el cambio.

Ya hemos visto qué son las creencias, cómo se forman y el tremendo poder que tienen en nuestra vida. En este artículo descubriremos cómo poner a nuestro servicio ese poder de una manera consciente, no como hasta ahora, que desconocíamos lo que estaba guiando nuestros pasos.

Vamos a ver cómo podemos cambiar las creencias limitantes que tenemos.

 

 CAMBIO DE CREENCIAS

Puedes instalar todas las creencias que te apetezca en tu interior. Esa es tu libertad: decidir cómo quieres vivir tu vida, decretar qué leyes deseas que la gobiernen. Eres el dios/a de tu mundo personal y ahí solo mandas tú, a no ser que permitas que las leyes-creencias de otras personas dirijan tu vida.

Como hemos visto en el artículo anterior, las creencias se encuentran alojadas en la mente subconsciente y, para instalar una nueva, tenemos que ir allí, al lugar donde “moran” las creencias.
Para llegar a la mente subconsciente debemos repetir muchas veces el mismo acto, hasta que se automatice y dejemos de prestarle atención. Cuando estabas en la autoescuela toda tu atención la tenías enfocada en el volante, la palanca de cambios, el embrague, el freno, el acelerador y la carretera. A veces no, y te llevabas un susto. Después de 10 años conduciendo habitualmente ya solo te fijas en la carretera, todo lo demás lo tienes interiorizado (hasta el ruido del motor para cambiar de velocidad). Ya no piensas en ello, lo haces mecánicamente: lo has incorporado al subconsciente.

Aquí hemos automatizado unos movimientos-rutinas físicas, pero con el tema de las creencias la cosa cambia un poquito.

Repitiéndote mentalmente, por ejemplo, “me siento todopoderos@, llen@ de fuerza interior y determinación. Soy invencible”, al cabo de un tiempo notarás el efecto de todas las repeticiones. Te sentirás un poquito más poderos@, con más fuerza interior, pero no conseguirás vibrar completamente en esa realidad.
Puedes compaginar la repetición de palabras-mantras con la visualización, “viéndote” llen@ de fuerza interior, mientras te “sientes” invencible (la forma estándar de trabajar un objetivo), sin embargo los resultados serán exiguos: esa creencia no está implantada en tu subconsciente.

¿Por qué sucede esto si la clave para asentar una creencia es la repetición?

Si queremos instalar una creencia elevadora en nuestra mente subconsciente vamos a tener que luchar contra la creencia limitadora contraria que ya está fijada en nuestro interior. Si deseas ser fuerte es porque te crees débil, es decir, ya tienes la creencia de impotencia instalada y esta creencia va a bloquear todo intento de cambio. En cuanto empieces a repetirte que eres todopoderos@ y te visualices erguid@, sintiéndote llen@ de energía y vigor, automáticamente se activan las alarmas en tu mente diciéndote: “¡¡¡INTRUSO, INTRUSO!!!, ¡¡¡CREENCIA ERRÓNEA ATACANDO!!!” Te sentirás un poco rar@, alterad@ por dentro. Esta sensación puede ser más o menos intensa, pero siempre te acompañará hasta que sustituyas la antigua creencia.
Este “mal sentirte” es la emoción generada por los pensamientos enviados por tu mente-ego indicándote que las palabras que te dices ahora son MENTIRA, que tu verdad es otra. Ese malestar, esa emoción, es energía de baja vibración lastrando tu deseo de elevarte. Es el miedo al cambio, a lo desconocido, porque lo desconocido la mente no lo puede controlar y eso la horroriza. Así que, cuando tu mente consciente se da cuenta de que quieres modificar una creencia que lleva tiempo con ella, inmediatamente bloquea todas las puertas de acceso al subconsciente para que no puedas alterar nada de él. Ella, la mente consciente y su infatigable guardián, el ego, están permanentemente vigilando para que nada se modifique en tu interior: son los enemigos del cambio.

Pero no te desmoralices pensando que eres esclav@ de las creencias que te han inculcado en tu niñez o de las que has incorporado a lo largo de tu vida. Existe un modo de sortear a la mente consciente y su tenaz centinela. Además, este camino es el más rápido, el más efectivo y el más cómodo. Vamos, ¡el chollo total!
La clave para ello es distorsionar el mensaje, que sea ininteligible para la mente consciente, pero no así para el subconsciente que se empapa de él. De esta forma no hay bloqueo, ya que el mensaje es indescifrable para la mente consciente.

¿Cómo puede ser que la mente consciente no se entere y la subconsciente sí?

La parte subconsciente de la mente es mucho más poderosa que la consciente. Puede procesar 20.000 (veinte mil) MILLONES de impulsos nerviosos por segundo (que se dice pronto), frente a los 40 (cuarenta) de la consciente. La mente subconsciente percibe infinidad de detalles que le pasan por alto a la consciente. Además, funciona ininterrumpidamente, es nuestro Gran Hermano interior y exterior. Capta todo lo que te rodea: lo que ves, hueles, escuchas, sientes, piensas, sueñas… instante a instante, tanto si estás despiert@ o dormid@. La consciente solo funciona cuando estamos despiertos (a veces ni eso).

La forma de esquivar esta vigilancia permanente es por medio de los audios subliminales, en los cuales las afirmaciones-creencias que queremos incorporar a nuestra vida están distorsionadas y ocultas bajo una capa de música o sonidos relajantes. Tu mente consciente solo oye música, pero bajo ella suenan repetidas las afirmaciones que SÍ son captadas y asimiladas por tu subconsciente.
La mente subconsciente es una tierra fértil en la que podemos plantar cualquier semilla (afirmación) que, con los cuidados adecuados (la repetición), irá creciendo y robusteciéndose en tu interior. Según lo plantado en ella podrás cobijarte y sentirte segur@ a la sombra del frondoso árbol que ha crecido gracias a tus afirmaciones elevadoras o, por el contrario, te pincharás y sufrirás con las espinas del zarzal que has permitido desarrollarse con tu inconsciencia negativa repetida. Tú decides.

Si quieres lanzarte a la aventura de crear tu propia vida, conscientemente, aquí tienes una poderosa herramienta: “Cómo grabar un audio subliminal”.

EL DOLOR DEL CAMBIO

Cambiar una creencia lleva su tiempo, de 3 a 6 meses, y es directamente proporcional a lo arraigada que esté en nuestro interior. Además, el ego (próximamente hablaremos de él) va a procurar, por todos los medios, sabotearte para que no lo consigas. Para el ego una creencia, aunque te limite y sea un tapón en tu desarrollo personal, forma parte de su esencia: el ego ES esa creencia viviendo en ti.

Si ya has comenzado un trabajo interior (meditaciones, visualizaciones, mantras, audios subliminales…) para modificar alguna, no desesperes si no notas avances o tienes la sensación de empeorar. Esas “malas” sensaciones realmente son una “buena” noticia. Es la señal de que vas cambiando la creencia y el ego se rebela con toda su fuerza para evitarlo. Así que, cuando te sientas rot@ por dentro o totalmente sol@ en este mundo o creas que ya no puedes más… entonces sonríe (es muy difícil a veces, pero recuerda que todo es una creación tuya), porque tu ego te está diciendo que le vas ganando, que no puede contigo y te envía los espejismos de dolor, duda y debilidad para que retrocedas y vuelvas a dejarte llevar por él, para que regreses al viejo mundo conocido.
En esos momentos te la estás jugando, te encuentras en el punto crítico de tu cambio. Puedes decidir tirar para adelante, a pesar del intenso dolor y adentrarte en una nueva vida desconocida para ti o regresar a lo conocido, a lo que ya no te hace crecer por ser sabido. Tú elijes, momento a momento, qué vida quieres llevar, qué persona quieres ser: la misma de ahora, repitiendo el mismo día uno tras otro, o vivir cada día como una aventura que no sabes cómo va a terminar: ¿quieres controlar tu vida o permitir que la vida te lleve?

Mucha gente sigue este refrán: “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”. Lo solía repetir mucho mi madre y nunca entendí por qué era preferible lo bueno a lo malo, ¿qué ventaja tiene? Con el tiempo me di cuenta, como os he dicho, que la mente-ego tiene pavor al cambio y que mi madre no sabía nada de todo esto.

Un abrazo, de corazón.

 

Posdata: PARA MADRES/PADRES CON HIJ@S PEQUEÑOS

Si eres madre/padre de niñ@s, en tus manos está decidir la vida que van a llevar. Somos la referencia y el ejemplo más importante que tienen, por lo tanto, nos es muy fácil implantar creencias en ellos: tenemos toda su confianza.
Según las creencias que plantes en sus vírgenes mentes, así serán la programación que arrastrarán hasta que puedan modificarla y, según esta programación, así será su vida.
Esta es la gran responsabilidad que tenemos como educadoras/es: formar personas autosuficientes para desenvolverse en este mundo de la forma y, además, que sean felices. Una persona feliz es la que emite constantemente la luz de la alegría, elevando la del mundo que le rodea. Y para eso estamos aquí: para amar, para dar… para elevarnos y elevar.

Dile a tu hij@ que puede con todo, que no importa las veces que se caiga, lo importante es levantarse siempre.

Dile a tu hij@ que los sueños se cumplen, que solo hay que regarlos con amor e ilusión y, tarde o temprano, los verá materializados. SIEMPRE.

Dile a tu hij@ que le quieres, que es una bendición en tu vida y que le querrás siempre, haga lo que haga. Pero, sobre todo, demuéstraselo momento a momento… y la fuerza de tu amor le hará volar libre de las cadenas del miedo.

Seguimos en “El ego: nuestra creencia fundamental”.
Te quiero.

Volviendo al camino.

Creencias: las jefas del cotarro. Qué son y cómo funcionan

“Tanto si crees que puedes, como si no, en ambos casos tendrás razón”. Esta cita de Henry Ford resume de una manera sencilla el concepto de creencia.  Ellas son las que nos dan el poder o nos lo quitan. Son las que nos hacen vivir en un mundo maravilloso o en el peor mundo posible.

Las creencias son las que dirigen al genio de la botella que vive en cada uno de nosotros. Son las que ordenan al universo lo que nos tiene que entregar. Da igual lo que quieras lograr en esta vida: si lo que deseas alcanzar va en contra de una creencia que tienes instalada en tu interior, olvídate, no lo conseguirás. Así de poderosas son.

Por lo tanto, esta es la clave de la vida que llevamos: ¿qué creencias tenemos?

Vamos a conocerlas un poco para saber mejor de qué hablamos.

Tú puedes. Siempre

¿QUÉ SON?

Una creencia es una idea, que se considera verdadera y a la que se da completo crédito como cierta. Es una interpretación de la realidad, no un hecho comprobado. Es un concepto mental, pero lo convertimos en “nuestra” verdad otorgándola el rango de ley; y una ley no la cambiamos, la cumplimos. Esto es lo que representan nuestras creencias. Son los decretos por los que se rige nuestra vida, los mandamientos que nos gobiernan. Son la forma de mirar todo aquello que nos sucede, todo lo que vivimos. Es el “color” con el que vemos la vida.

Hay dos tipos de creencias: las que tenemos respecto a nosotros, a las capacidades que poseemos, y las que se refieren al resto (al mundo, a la sociedad, a la vida). Estas últimas se encuentran influidas por cómo nos vemos a nosotros. El mundo será un lugar inhóspito si nos consideramos con poco valor, con escasas aptitudes personales. Por el contrario, si tenemos una buena autoestima, nos parecerá un lugar más amigable y acogedor.

¿CÓMO SE CREAN?

Una creencia se puede formar por una emoción muy intensa unida a un acontecimiento o por la repetición de acontecimientos con idéntico significado. Si la primera vez que vas a un dentista sientes dolor porque no te ha puesto suficiente anestesia (o nada, como me sucedió a mí), a la siguiente ocasión que tu madre te diga para ir no querrás: creerás que te va a doler.

La manera más habitual de establecerse una creencia es por medio de la repetición. Si al poco de aprender a andar en bicicleta te caes varias veces seguidas, puedes pensar que eres torpe con la bici.

Las más fuertes son las que se crean entre los 2 y 7 años, cuando nuestra mente es virgen todavía. No tenemos desarrollada la facultad de razonar y dependemos de los demás para subsistir. Los responsables de estas suelen ser las personas más cercanas a nosotros: padres, tíos, abuelos… Nos fiamos de los seres que queremos (tampoco podemos hacer otra cosa) y adoptamos sus creencias: “¿cómo me va a engañar alguien que me quiere?”.

Si de pequeña dice tu madre que mojándote los pies coges catarro, al principio puede que no te lo creas, pero si un día da la casualidad de que sucede, entonces, asocias los pies mojados con tos y dolor de garganta. Además, es tu madre, ese maravilloso ser que te quiere y que te guía en este mundo desconocido en el que vives. Lo que ella diga va a misa: “mojarse los pies es causa de catarro”. Y punto.

Ya tienes una creencia instalada en tu interior.

Otro día, mientras estás jugando, tu madre te apremia a que recojas los juguetes, ya que debes hacer los deberes. Tú, que estás embebida con ese trenecito que te encanta, no la haces caso y se te olvida. Al cabo de un rato, puedes oír (tu ama ha pasado un mal día): “eres una vaga. Así no conseguirás nada en la vida”. La primera vez quizás te duelan sus palabras, pero cuando te lo repite unas cuantas veces ya no te afectan tanto: te has acostumbrado a que te llame vaga. Y claro, sigue siendo tu madre, el amoroso ángel que te quiere: “soy una vaga”, reconoces en un momento dado.

Ya tienes tu primera creencia limitadora instalada en tu mente, en tu energía. Ya forma parte de lo que tú crees que eres.

Te vas haciendo mayor, hace ya tiempo que piensas por ti misma, y debes decidir por dónde continúas tus estudios: cursar ingeniería química (te encanta la química) o hacer un módulo de ello. La diferencia entre las dos opciones es la duración: ingeniería son cinco años de carrera y el módulo solo dos. “Soy una vaga”, piensas, “voy a hacer el módulo, cinco años son muchos para mí”.

De esta manera, no tan exagerada, se forman y nos guían las creencias que hemos incorporado en nuestra infancia. Son las más importantes porque afectan a nuestra valía personal. Si de pequeño te repetían constantemente: “eres tonto”, eso es lo que tienes grabado. Si has oído muchas veces: “¡qué inteligente eres!”, eso es lo que llevas impreso en tu mente.

A estas creencias, típicas del entorno familiar en el que hemos crecido, se van añadiendo otras, fruto de nuestro desarrollo intelectual. Estas creencias “propias” las formamos por medio de la repetición de las interpretaciones de los acontecimientos que vivimos. “Soy malo conduciendo” nos lo podemos decir cuando se nos haya calado el coche dos o tres veces en un breve intervalo de tiempo. Para la cuarta ya se convierte en “nuestra” verdad: “soy mal conductor” y la dejamos asentada en nuestro interior. Ya tenemos otra creencia instalada.

Otras veces cambiamos las creencias (¿conoces a algún adulto que todavía crea en los Reyes Magos?), o las modificamos porque nuestra experiencia no coincide con la que tenemos grabada (cuando ya eres mayor, al dentista le pides más anestesia y te quita cualquier caries sin dolor).

También el entorno en el que vivimos determina las creencias. No hay las mismas creencias políticas, religiosas y culturales en nuestro país que en Marruecos, por ejemplo. La forma de ver la vida cambia de un lugar a otro porque las creencias de sus habitantes son diferentes.

Estamos rodeados de creencias por todas partes. Vivimos en un mundo mental, en un mundo de ideas, de interpretaciones constantes, pero no nos desviemos del tema. Sigamos.

CLASES

Las creencias pueden ser:

Conscientes o inconscientes.

“No se me dan bien las matemáticas”, “cocino fatal” son creencias conscientes, nos damos cuenta de que las tenemos.
Las inconscientes son aquellas que guían nuestra vida sin nosotros saberlo: “necesito ser querido por la gente para sentirme bien”, “lo que me ocurrió en el pasado me va a seguir afectando siempre”.
Estas creencias inconscientes son las más poderosas porque no podemos cambiar aquello que desconocemos.

Elevadoras o limitadoras.
“Me expreso muy bien”, “soy muy inteligente”, “tengo una salud de hierro”, “cada día tengo más fuerza de voluntad”…
“Tengo mala suerte en la vida”, “no valgo para estudiar”, “me cuesta mucho relacionarme: soy muy tímida”, “todo el mundo me engaña”…
Unas nos elevan, otras nos hunden. Unas nos dan alas, otras no ponen plomo en ellas … y ninguna es “la verdad”, solo interpretaciones de los acontecimientos que vivimos.

No sabían que era imposible. Fueron y lo consiguieron

CARACTERÍSTICAS

1.- No son innatas.
Como hemos visto, las vamos adquiriendo con el tiempo y, al igual que las incorporamos sin darnos cuenta, también podemos añadir otras… conscientemente. De esta forma modelamos nuestra vida como deseamos.

2.- Se guardan en la mente subconsciente.
Las hemos interiorizado tanto (por eso se llama “creencia”, sino sería “pensamiento”) que no reparamos en ellas. Han pasado de la mente consciente al subconsciente, formando parte de nuestro ser, de nuestra forma de mirar-interpretar lo que vivimos. “Somos” esas creencias.
Este dato es importante para entender la forma de cambiarlas.

3.- Todo lo que vivimos lo interpretamos en función de ellas.
Si una persona cree que ahora es muy difícil encontrar trabajo reaccionará de manera diferente a otra con una creencia distinta, que piensa, por ejemplo, que siempre encuentra empleo quien pone toda su voluntad en ello. Si cierra la empresa en la que trabajan los dos, uno lo interpretará como una desgracia que le ha ocurrido y el otro como una oportunidad para mejorar.

Lo importante no es lo que vivimos, sino cómo lo interpretamos. A consecuencia de esto, las creencias son las que toman las decisiones por nosotros, ya que todo lo que pensemos para decidir algo estará inducido por ellas. Uno de los trabajadores anteriores entró en depresión (decidió no luchar, ¿para qué?, si está todo muy mal) y el otro comenzó, con mucho esfuerzo, un proyecto personal que le cambió totalmente la vida. Las decisiones que tomaron fueron muy diferentes ante el mismo acontecimiento: las creencias decidieron por ellos.

4.- La mente no tiene en cuenta los pensamientos que no coinciden con ellas.
La mente no se pone a buscar nuevas interpretaciones sobre lo que considera cierto, ¿para qué, si es verdad? Además, la mente no quiere cambios. Desconoce cuál va a ser el resultado del mismo y, el no saber, el no poder controlar, le aterra; así que no permitirá que “veas” las cosas de otra manera. Si crees que eres una vaga, que te encanta no hacer nada, no advertirás que, cuando te pones a escribir ese diario personal que llevas, se te pasan las horas sin darte cuenta. Para eso no eres perezosa, estás motivada (te gusta mucho escribir). Lo que te falta es motivación, pero la mente lo ignorará totalmente: “eres una vaga”. Y punto.
Todos los pensamientos que contradigan “su verdad” son eliminados de nuestro campo de consciencia. Por este motivo es tan difícil cambiar de creencias conscientemente, la mente nos lo impide, pero esto lo vemos en el siguiente artículo.

5.- Ellas nos dan el poder o nos lo quitan.
Una creencia elevadora es un permiso que nos concedemos para expresar todo el potencial que atesoramos. Por el contrario, una creencia limitante es un tapón en nuestra energía que impide manifestar nuestras capacidades. “Si crees que puedes, podrás, si crees que no, no podrás”
En los circos, los elefantes suelen estar atados a postes muy pequeños que pueden ser fácilmente desclavados por ellos. Un elefante puede arrancar un árbol de cuajo y, sin embargo, no lo hace, ¿por qué? Cuando son pequeños les atan a esos mismos postes. Prueban a soltarse de ellos un día tras otro, pero no tienen la fuerza suficiente para arrancarlos. Al cabo de un tiempo dejan de intentarlo: ya tienen asumido que no pueden con ese postecito. Van creciendo, van cogiendo más fuerza volviéndose muy poderosos, pero su creencia no cambia y siguen sin intentarlo porque tienen “creído” que no pueden.

6.- Nos crean emociones dolorosas cuando vamos en contra de ellas.
Estás atravesando un momento delicado económicamente, ves un mendigo en la calle que te llama la atención y, sin pensar, le dejas unas monedas. Antes de que des tres pasos ya estarás oyendo-mascullando en tu mente: “¿cómo se te ocurre darle dinero a este tío? ¡que trabaje! ¡Bastantes problemas tienes tú para, encima, regalarle algo de lo que te puede faltar!”. Este diálogo interno nos crea una emoción acorde al rapapolvo que nos echamos a nosotros mismos, que está directamente relacionado con la fuerza que tenga el ego en nuestra energía.

7.- Son como los árboles: de una brotan varias relacionadas.
En el ejemplo anterior la creencia fundamental podría ser: “no soy capaz de conseguir dinero”. De esta creencia surgen otras como: “es muy difícil encontrar trabajo hoy en día”, “cuando me jubile no voy a tener dinero ni para comer”, “el dinero se me va de las manos sin poder evitarlo: no me llega para nada”.
Cambiando, podando, algunas ramas conseguiremos resultados parciales. Cortando el árbol, erradicando la creencia matriz, obtendremos resultados totales.

ORIGEN DE NUESTRAS CREENCIAS LIMITADORAS

Las creencias limitadoras que mantenemos provienen de una sola, que es la madre de todas: la de estar separados de la Unidad.

Al considerarnos separados vemos la vida como un esfuerzo (una lucha) constante por conseguir aquello que necesitamos para vivir en este mundo: comida, ropa, alojamiento… dinero. Además, al formar parte de una comunidad, demandamos reconocimiento personal, sentirnos parte del grupo-sociedad en el que vivimos. Estas necesidades nos originan incertidumbre-miedo a no poder satisfacerlas. Esta emoción de miedo atrae pensamientos que vibran en su frecuencia. Debido a esto, lo que interpretamos acerca de lo que vivimos se encuentra teñido por esa emoción y, esa interpretación “miedosa”, hará que en nuestro interior germinen con más facilidad creencias de “no poder”, de “no tengo” “no valgo”: creencias limitadoras todas ellas.

Albert Ellis, doctor en psicología por la Universidad de Columbia, y fundador de la Terapia Relacional Emotiva recopiló, en 1955, las ideas irracionales básicas que son compartidas por las sociedades de diferentes partes del mundo.
Son las siguientes:

  1. Necesito ser amado y aprobado por cada persona significativa de mi entorno.
  2. Para considerarme a mí misma como una persona válida debo ser muy competente.
  3. Las personas que no actúan como deberían son malvadas y tendrían que ser castigadas por ello.
  4. Es terrible que las cosas no funcionen como a mí me gustaría.
  5. La desgracia y el malestar humano están provocados por las circunstancias externas y la gente no tiene capacidad para controlar sus emociones.
  6. Si algo es (o puede ser) peligroso, debo sentirme terriblemente inquieto por ello y debo pensar constantemente en la posibilidad de que ocurra, para estar preparado.
  7. Es más fácil evitar responsabilidades y dificultades de la vida que hacerles frente. Así viviré más tranquila.
  8. Debo depender de los demás y necesito a alguien más fuerte que yo en quien confiar.
  9. Lo que me ocurrió en el pasado seguirá afectándome siempre.
  10. Debo sentirme preocupado por los problemas de los demás.
  11. Existe una solución perfecta para cada problema y debo hallarla siempre. 

Estas son las creencias que tenemos la mayoría de las personas (unos más y otros menos) como miembros de esta sociedad basada en la separación y, como su nombre indica, son “irracionales”, no son lógicas ni verdaderas. De algunas somos conscientes y de otras no. Fíjate si alguna de ellas resuena en ti. Aunque a primera vista no te veas reconocida en ninguna, date un tiempo y medita sobre ellas. Verás cómo te aparecen una o varias. La creencia 7, la de evitar responsabilidades, refleja muy fielmente la actitud que me ha estado guiando hasta hace muy poco sin ser consciente de ello.

Observa cómo en todas ellas subyace una actitud fundamental ante la vida: NO PUEDO-NO MEREZCO (necesito, no tengo, debo ser, me preocupo…). Esta actitud de víctima nace de considerarte un ser individual y de esta creencia original brota el mundo que ves actualmente. Cuando abandonas esta idea mental y te conviertes en uno con la Unidad, todo tu mundo cambia drásticamente, ya que has modificado la forma de mirarlo. Has cambiado tu interpretación fundamental de lo que ves-vives.

Y renaces a una nueva vida.

Así que, fíjate lo importante que son las creencias, pero al igual que ellas se han instalado en nuestro interior a lo largo del tiempo, también podemos cambiarlas (con el tiempo). Lo vemos en el siguiente artículo: “Creencias: el cambio”.

Un abrazo, de corazón.

Volviendo al camino.

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