El perdón: el transformador de la energía negativa

Ahora conoceremos un ejercicio que nos cambiará la vida de una manera muy poderosa, pero antes descubramos:

EL ORIGEN DE LA VIDA QUE LLEVAMOS

Sabemos que la energía atrae energía semejante y que nuestro cuerpo es energía vibrando. Esta energía que somos vibra en una frecuencia determinada, interactuando con la que nos rodea: emitimos y recibimos energía constantemente. Cada uno de nosotros llevamos incorporado un código de barras energético, de manera que el Universo es siempre consciente de la vibración que le enviamos. Luego nos devolverá una energía similar en forma de situaciones de vida: para él es un “pedido” a servir y siempre cumple con su trabajo. Por lo tanto, así como sea la “calidad” de la energía que enviemos, así será la “calidad” de las situaciones de vida que recibiremos.

¿Cómo se produce esta comunicación con el Universo?, ¿cómo sabemos cuál es la “calidad” de la energía que emanamos al mundo?

Nos comunicamos con él por medio de NUESTRO ESTADO DE ÁNIMO: esta es nuestra vibración fundamental, y según cómo nos sintamos de “bien” o “mal” así será nuestro nivel vibratorio, así será la “calidad” de nuestra energía. Cuanto mejor nos sintamos más elevada será la vibración que emitimos y mejores serán las circunstancias que viviremos.

¿Cómo se crea nuestro estado de ánimo?

El estado de ánimo es una emoción sostenida en nuestro interior. Toda emoción es el reflejo en el cuerpo de los pensamientos que están en nuestro campo de consciencia. Así pues, nuestro estado de ánimo depende de los pensamientos que mantenemos.

Los pensamientos que normalmente aparecen en nuestra pantalla mental son atraídos por el ego, esa idea que tenemos acerca de lo que somos.  Este ego se pasa el día reaccionando a lo que vivimos o imaginamos. Si le gusta lo que vive (porque es lo que él desea) se alegra y nos sentimos bien. Por el contrario, si no le gusta, se enfada o entristece y nos sentimos mal. Además, está siempre fantaseando sobre cosas que pueden suceder en el futuro o recordando acontecimientos del pasado, alegrándose o disgustándose por ello. Este «sentirse bien» o «mal» se convierte en nuestra vibración fundamental, en nuestro estado de ánimo.

Esta es la clave de la vida que llevamos: el cómo respondemos interiormente a los acontecimientos que vivimos y a las ensoñaciones que imaginamos. Este constante interpretar-imaginar-reaccionar mentalmente es la energía que mandamos al mundo por medio de la emoción. Como normalmente reaccionamos con enfado o desagrado (nos quejamos de lo mal que está todo, de lo mucho que trabajo y lo poco que gano, de la mala salud que tengo… ¡hasta del tiempo que hace!) o abatimiento (“No puedo con mi vida”, “No tengo trabajo y nunca lo voy a tener”, “No valgo para esto”…), nuestras circunstancias de vida reflejarán esa energía de dolor, trayéndonos situaciones de escasez, sufrimiento o pérdida. Al seguir reaccionando con ira o desaliento se incrementa nuestra energía negativa y el Universo nos devolverá más dolor e infelicidad. Vamos, la pescadilla que se muerde la cola.

Así que, por tu bien, abandona el sufrimiento. Deja de contaminar este mundo con tu dolor y comienza a perdonarte, porque solo nos podemos perdonar a nosotros mismos. Cada persona sigue su plan divino personal y no podemos juzgar su camino, sería nuestro ego adoptando el papel de juez. Por lo tanto, nada hay que perdonar en los demás.

El hecho de perdonarte significa que te has dado cuenta de que habías pensado-actuado=creado desde la inconsciencia, al creerte separado de la Unidad. Esto es imposible, ya que siempre estamos «conectados» a ella, pero no lo sabías cuando interpretabas-reaccionabas a lo que la vida te ofrecía. Por ello, ahora te perdonas, por tu inconsciencia del pasado, POR HABERTE CREÍDO SER MUCHO MENOS DE LO QUE REALMENTE ERES.


BENEFICIOS DEL PERDÓN

1.- Al perdonar cambiamos la vibración de nuestra energía, ya que renunciamos al falso dolor provocado por la ilusión de creernos ser algo que no somos. No confundir el dolor originado por la muerte de un ser querido, que es genuino y necesario, de duelo, con el sufrimiento, que es dolor producido por la identificación con nuestro ego, al juzgar esa situación o persona como inaceptable. El perdón actúa sobre la emoción, al disolver todo sentimiento de frustración engendrado por no llegar la situación actual, la persona o la experiencia vivida, a cumplir las rígidas expectativas de cómo deben ser las cosas impuestas por nuestro ego.

2.- Al perdonar tomas el control de tu vida al responsabilizarte de tu creación. Este ejercicio instala-reafirma la creencia de que “ puedes”, de que eres el/la únic@ responsable de tu vida y de tus circunstancias, al actuar como el ser creador que eres. Así, ya estás creciendo.

3.- El perdón es la energía que disuelve nuestras ataduras con situaciones y personas del pasado. Cuando algo acontecido hace tiempo, sea lo que sea, nos duele todavía al recordarlo significa que estamos enganchados energéticamente a ello. Este enganche es el que nos impide crecer y evolucionar plenamente por no disponer de toda nuestra energía, al tener parte de ella “soldada” a las diferentes situaciones o personas que nos provocan dolor (ira, miedo, tristeza…). Al liberar esta energía retenida nuestro crecimiento se acelera.

Y el más importante de todos:

4.- El perdón cambia la energía con la que creas tu futuro, al disolver la negatividad que envías a tu situación de vida actual por medio de la no aceptación de lo que es: “¡Vaya vida de mierda que tengo!”, “¡Qué mal me cae el tío este!”, “¡No dispongo de dinero y nunca voy a tener lo que necesito!”… Esto hará que cambie radicalmente dicha situación, ya que dejarás de alimentarla con tu negatividad. De esta manera, elevas la vibración que envías al Universo y el futuro que recibirás te hará sonreír en vez de sufrir

AQUÍ EMPIEZA TU CAMBIO

Cuando comiences a hacer este ejercicio notarás muchas resistencias a ello en forma de dudas acerca de su efectividad. Es tu ego intentado convencerte de la inutilidad de realizarlo: «Esto es una tontería, no va a funcionar», “¿Perdonar lo que te duele?: ¡tú estás zumbad@!”... El mayor impedimento que vas a tener en cualquier intento de cambio personal es TU EGO. Él es el enemigo número uno del cambio, ya que lo desconocido le aterra por no poder controlarlo (la mente-ego se basa siempre en lo vivido, en lo sabido) y, por lo tanto, tendrás que decidir a quién sigues: si a tu mente racional, que nada quiere cambiar para poder seguir viviendo en su mundo conocido, o a ese anhelo que palpita en tu interior y que no sabes dónde te llevará.

Ese anhelo que llevas un tiempo notando es el deseo de estar en casa, de sentir lo que realmente eres, y el viaje que ahora inicias te conducirá hasta ella. Has permanecido fuera mucho tiempo (poco más o menos el que llevas viviendo) y ya es tiempo de regresar. Tu ego querrá que des marcha atrás, que no sigas adelante. Intentará embaucarte con argumentos inapelables («Deja esto, ¿no ves que te sientes mal? y tú buscas sentirte bien. Hazme caso, déjalo», «No puedes hacerlo, es muy complicado»…), y si con ellos no puede convencerte recurrirá a miedos irracionales («Te volverás loca como sigas así», «Todo el mundo se va a reír de ti”, ”Eres un raro”…) y hará cualquier cosa que se le ocurra para disuadirte de seguir adelante. Puedes hasta enfermar o quedarte sin ganas de vivir (yo, en julio del 2016, según ponía los pies en el suelo de la habitación al levantarme de la cama, me llegaban tres palabras a la mente sin hacer ningún esfuerzo en ello: «me quiero morir») y esto es una buena señal, porque cuanto más sufres más ego te abandona al elevarse tu vibración. Ese dolor que experimentas son los apegos, a lo que tú creías que eras, «despegándose» de la energía que eres.

Deberás tener mucho valor para continuar en ciertos momentos, pero no importa lo lent@ que vayas con tal de no detenerte. Llegará un día en que no sentirás ningún malestar, ningún dolor, y no podrás dejar de sonreír, de cantar, de vibrar con la alegría de vivir. Y cuando mires atrás, verás que lo que eres en ese momento no tiene nada que ver con lo que crees que eres ahora.

Solo se produce el crecimiento personal cuando trascendemos los límites de lo que nos creemos ser; si no los sobrepasamos nunca descubriremos qué se encuentra tras ellos. Cuando decides rebasar tus fronteras interiores (creadas por el ego) automáticamente el Universo te acoge en sus brazos llenos de amor, poder e inteligencia, para que te relajes en ellos. Luego sólo tienes que dejarte llevar.

A partir de ahora, en todo momento y circunstancia: PERDONA, PERDONA, PERDONA.

EJERCICIO DE TRANSFORMACIÓN DE LA ENERGÍA NEGATIVA

Este ejercicio es muy potente y te coloca en el camino a tu nueva vida. Como en todo trabajo personal, las claves son la constancia y tener la atención enfocada (estar alerta) a lo que pasa en tu interior; pero con estos dos mandatos activados permanentemente en tu intención solo te espera un resultado: ELEVARTE, vibrar en otra frecuencia, ya que este ejercicio es un gran transformador de la energía de baja vibración.
Lo encontré hace unos años en el libro La energía de los 12 chakras solares, de Brigitte Müller, y me lo sigo trabajando actualmente porque es una maravilla para disolver cualquier atisbo de ego-dolor. Aquí transcribo una adaptación, con ciertas explicaciones basadas en mi experiencia personal que considero lo enriquecen (este es mi ego opinando). Además, lo puedes aplicar tanto a situaciones que vivas actualmente o del pasado, como a pensamientos compulsivos que puedas tener y te generen sufrimiento.

No importa la manera por la cual la energía vuelve a ti. Puede que en la actualidad tengas un problema con una persona en concreto o en el trabajo. Puede que tus quebraderos de cabeza vengan por el tema de la salud o, tal vez, te desesperen problemas económicos. Ahora estás recibiendo, por medio de la situación que vives, la misma vibración de energía que enviaste en el pasado. Si reaccionas con ira o abatimiento a lo que estás viviendo, con el tiempo esta vibración que emanas hará que el Universo te devuelva situaciones similares, una y otra vez.

Sólo puedes cambiar esta rueda de una forma: transformando la reacción, transformando la energía ante esa situación y, para transformarla, aplica estos cuatro pasos:

1º.- ACEPTA.

Acepta la energía que ahora vuelve a ti, porque en algún momento del pasado tú mism@ la has enviado al Universo. Tú eres el creador de lo que estás viviendo y si rechazas tu creación estás negando tu poder, llenándote de energía inarmónica que en algún momento regresará a ti. Piensa que la persona o situación que vives son únicamente meros instrumentos para volver a atraer tu energía. Libera la energía por amor y así la transformarás en su vibración original.
Acepta lo que vives. ACEPTA.

Para ello, imagina tu corazón agrandándose y acogiendo esa situación o persona que te altera. Imagínatela dentro de ti, vibrando en todo tu campo de consciencia. Estás unid@ a esa situación que ahora forma parte de tu energía y la acoges en tu ser.
Permanece un rato con ella, sin divagar, en silencio mental.
Si te pierdes en los pensamientos, vuelve una y otra vez a esa situación-persona.

2.- AGRADECE.

Agradece al Universo la oportunidad que te está brindando para cambiar la vibración de la energía que recibes y convertirla en otra oscilación armónica y elevada. Al agradecer lo que recibes ya estás creando un nuevo futuro para ti.
Da gracias por la situación que vives, porque ya la estás cambiando.
Agradece lo que vives.

Imagínate esa situación o persona dentro de tu corazón, que se ha hecho tan grande como tú. Todo tu ser sonríe a esa situación o persona y das las gracias al Universo por brindarte la oportunidad de cambiar esa situación..
Permanece un rato sintiendo esa vibración de agradecimiento.

3.- PERDONA.

Perdónate a ti mism@ por no haber sido consciente de la energía que emitiste en el pasado. Esta energía sólo se puede transformar por medio del perdón, cuya vibración es de color violeta. Repítete mentalmente tres veces seguidas y en total concentración: «pido perdón por cualquier energía vital que haya usado mal en algún momento de mi vida, sabiéndolo o de manera inconsciente, y me perdono a mí mism@ por ello».
Visualiza la situación o persona que te genera intranquilidad con un intenso color violeta que notas brotar de tu corazón, mientras te perdonas por no haber recordado el inmenso poder que palpita en tu ser. Siente la paz que te llena al perdonarte.
Permanece un rato sintiendo esta energía violeta, llenando la escena que mantienes en tu campo de consciencia.

4.- AMA.

Envía amor conscientemente a esa situación o persona, porque tú eres amor incondicional. Visualízala envueltas en una intensa luz rosa que brota de tu corazón, sintiendo cómo la energía negativa se va transformando en la alegría de amar.
Permanece un rato sintiendo esta energía rosa, ese amor, que llena toda la escena que tienes en tu imaginación. Todo vibra en la alegría del amor.
Permanece un rato disfrutando de tu amor a esa nueva situación.

Cuando ya tengas cierta práctica con este ejercicio, podrás hacerlo inmediatamente en el momento que te sientas mal por el motivo que sea. Pones toda tu atención en tu estado de ánimo, tu malestar interno, y visualizas esa situación o persona llenas de luz violeta, sin elucubrar o pensar sobre ello, solo inundándolas de esa luz regeneradora.

Repite todas las veces que haga falta este ejercicio hasta que esa situación o persona sólo te genere amor cuando llegue a tu mente.

Esto también puedes hacerlo diariamente enviando amor a tu lugar de trabajo, llenando las personas, mesas, sillas, máquinas, etc., con una luz rosa; ¡verás cómo cambia la vibración de tu entorno laboral!

Si notas resistencia al hacer cualquiera de estos pasos sé consciente de que esa resistencia es tu ego intentando separarte de lo que eres, intentando sabotear tu anhelo de cambio.

Si repites estos cuatro pasos con las situaciones, personas y pensamientos que te desequilibran, con el tiempo toda la energía negativa que vibraba en ti será transformada en energía elevada, en energía de amor, y tu vida reflejará de una manera fiel esa nueva y maravillosa vibración de tu ser.

¿No te lo crees?, haz la prueba y me cuentas.

Seguimos en: «Estructura energética de nuestro cuerpo. Los chakras».

Un abrazo, de corazón.

Volviendo al camino.

Nuestro cuerpo: ¿qué somos realmente?

Esta es la pregunta más importante que puedes hacerte, porque en función de la respuesta que des así irá tu vida. Espero que cuando acabes de leer esto te veas de diferente manera a cómo te percibes ahora, ya que entonces habremos dado un gran paso adelante.

Tu cuerpo, ese compañero que va contigo a todas partes, si lo observaras a través de un potente microscopio de efecto túnel, verías algo parecido a una nube formada por un montón de átomos. Un átomo es la parte más pequeña de un elemento que conserva sus propiedades; si lo dividiéramos, lo que resultaría ya no tendría nada que ver con el elemento del que proviene, sería otra cosa diferente.

 

 

Un átomo consta de un núcleo (formado por neutrones, sin carga, y protones, con carga positiva) y unas partículas girando a su alrededor a velocidades muy elevadas, llamadas electrones, con carga negativa. Esta diferencia de carga hace que los electrones orbiten alrededor del núcleo, ya que son atraídos por la carga positiva de los protones, eso sí, a una distancia enorme comparada con su tamaño. Si el núcleo tuviera el tamaño de una naranja y se encontrara en Bilbao (no lo puedo evitar, soy de aquí), los electrones pasarían girando por Estados Unidos, es decir, realmente somos espacio vacío; pero como esos electrones y átomos se mueven tan rápido, damos la sensación de ser un cuerpo sólido. Imagínate un ventilador, si está apagado puedes meter la mano entre sus huecos sin ningún problema, pero si lo enchufas ya no puedes hacerlo (bueno, sí podrías, pero no te reirás mucho) porque no hay «huecos» debido a la velocidad de las aspas. Lo mismo pasa con nuestro cuerpo, que da la apariencia de ser sólido y compacto, pero lo que estamos viendo y creyéndonos ser es, en realidad, un efecto óptico creado por las limitaciones de nuestros sentidos.

Por otra parte, este constante movimiento de los electrones produce una energía alrededor de la cual se crea un campo electromagnético, que son ondas en movimiento, por medio de las cuales se transporta la energía generada. Una onda tiene una longitud y una frecuencia de vibración. La longitud de onda es la distancia existente entre dos crestas o valles consecutivos y la frecuencia de la onda es la cantidad de oscilaciones completas que se producen en un determinado tiempo. A mayor longitud de onda menor frecuencia y viceversa. Cuanto mayor es la frecuencia de vibración mayor es la energía transportada por la onda y más elevada es la vibración.

Por lo tanto, todo aquello que tiene una expresión física en este universo, al estar constituido por átomos, es energía vibrando; todo sin excepción. El universo es vibración, lo único que varía es la frecuencia de esta, lo «rápido» o «lento» que vayan los electrones. Lo que aparenta ser más sólido vibra a una frecuencia más baja y lo más sutil a una más alta, más rápida. Si calentamos un cubo de hielo se transforma en agua líquida y si la seguimos calentando se vuelve vapor. Es agua en los tres casos, el mismo elemento, pero su apariencia, su estado físico, es diferente porque ha cambiado su frecuencia vibratoria debido a la energía recibida del calor.

Fíjate bien: eres espacio vacío, no ese cuerpo denso y compacto que crees ser y, además, nunca te encuentras en reposo total porque continuamente estás vibrando. Todo lo que aparenta ser tu cuerpo está en permanente movimiento, en un constante cambio (tú no eres la misma persona que se ha levantado esta mañana de la cama), al igual que todo lo demás y, sin embargo, no somos conscientes de ello, no lo percibimos así, por las características de nuestros sentidos físicos que nos hacen creer algo que no somos. Nos creemos ser las sensaciones que experimentamos sin ser conscientes de nuestra auténtica realidad: somos vacío, somos energía vibrando.

Además, este cuerpo que habitamos realiza una serie de procesos metabólicos para transformar la energía de los alimentos y, gracias a este proceso, emitimos luz. No la vemos porque la intensidad es muy débil y es imperceptible para nuestros ojos; pero se han realizado experimentos que así lo certifican. No hay acuerdo entre los científicos en los motivos de esta emisión, pero sí en el hecho de que la irradiamos, es decir, somos seres de luz. ¡Qué bonito, ¿verdad?!

Pero quedan más cosas todavía, y, encima, lo mejor.

Según ha demostrado la física cuántica, los electrones pueden actuar como partículas con una mínima masa o como ondas, sin masa. Esto lo descubrió el físico francés Louis-Víctor de Broglie, galardonado con el premio Nobel de física en 1929, al demostrar que todo electrón lleva asociada una onda. Formuló una ecuación (λ= h/p) que relaciona ambas magnitudes, y enunció esta hipótesis, que tres años más tarde se probó: «Toda la materia presenta características tanto ondulatorias como corpusculares comportándose de uno u otro modo dependiendo del experimento específico». 

 

 

Posteriormente, la ciencia demostró el efecto observador, que origina el que los electrones se comporten como partículas cuando son «observados», por ejemplo, cuando se quieren cuantificar sus características en un momento dado, pero el resto del tiempo, cuando no se les observa, existen como una onda de probabilidades. De hecho, no se puede determinar su posición cuando orbitan, solo se puede establecer una zona, alrededor del átomo, en la que es «probable» se encuentren. Así que, el observador crea una partícula por el simple hecho de observar, porque en el momento de hacerlo se produce la materialización de esa energía, de esa probabilidad, en una partícula concreta. Este vídeo explica muy bien el doble comportamiento de los electrones y el efecto observador.

Con las ondas de luz la cosa todavía se vuelve más interesante. La luz es una onda, cuyas partículas, los fotones, pueden actuar como el observador espera que actúen, es decir, si la observación-medición es para estudiar su comportamiento de partícula, se comportarán como partículas, pero si se les estudia como onda, se comportarán como una onda, es decir, la intención del observador crea su realidad.

Nosotros, como seres humanos que somos, tenemos la facultad de poder ser conscientes de dónde enfocamos nuestra atención y esta consciencia nos da la libertad (nuestro libre albedrío) para dirigirla donde queramos. Esta atención crea aquello que observa, como hemos visto, así que somos seres creadores.

Somos seres creadores.

¡Qué grande es lo que somos!, ¿verdad?

Somos energía vibrando, creando continuamente aquello a lo que prestamos atención, pero la sociedad en la que vivimos nos transmite la ilusión de ser otra cosa diferente, haciéndonos creer ser algo mucho más pequeño, mucho más limitado, que la belleza como seres que realmente somos. La clave de todo, como veremos en sucesivos artículos, son las creencias que tenemos: ellas son las que dirigen todo nuestro poder creador, son las que guían nuestra vida.

Así que te hago esta sencilla pregunta: ¿quién crees que eres?
Seguimos en «Sintiendo lo que somos: vibración».

Recibe un amoroso abrazo.

Volviendo al camino.

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