Creencias: el cambio.

Ya hemos visto qué son las creencias, cómo se forman y el tremendo poder que tienen en nuestra vida. En este artículo descubriremos cómo poner a nuestro servicio ese poder de una manera consciente, no como hasta ahora, que desconocíamos lo que estaba guiando nuestros pasos.

Vamos a ver cómo podemos cambiar las creencias limitantes que tenemos.

 

 CAMBIO DE CREENCIAS

Puedes instalar todas las creencias que te apetezca en tu interior. Esa es tu libertad: decidir cómo quieres vivir tu vida, decretar qué leyes deseas que la gobiernen. Eres el dios/a de tu mundo personal y ahí solo mandas tú, a no ser que permitas que las leyes-creencias de otras personas dirijan tu vida.

Como hemos visto en el artículo anterior, las creencias se encuentran alojadas en la mente subconsciente y, para instalar una nueva, tenemos que ir allí, al lugar donde “moran” las creencias.
Para llegar a la mente subconsciente debemos repetir muchas veces el mismo acto, hasta que se automatice y dejemos de prestarle atención. Cuando estabas en la autoescuela toda tu atención la tenías enfocada en el volante, la palanca de cambios, el embrague, el freno, el acelerador y la carretera. A veces no, y te llevabas un susto.
Después de 10 años conduciendo habitualmente ya solo te fijas en la carretera, todo lo demás lo tienes interiorizado (hasta el ruido del motor para cambiar de velocidad). Ya no piensas en ello, lo haces mecánicamente: lo has incorporado al subconsciente.

Aquí hemos automatizado unos movimientos-rutinas físicas, pero con el tema de las creencias la cosa cambia un poquito.

Repitiéndote mentalmente, por ejemplo, “me siento todopoderos@, llen@ de fuerza interior y determinación. Soy invencible”, al cabo de un tiempo notarás el efecto de todas las repeticiones. Te sentirás un poquito más poderos@, con más fuerza interior, pero no conseguirás vibrar completamente en esa realidad.
Puedes compaginar la repetición de palabras-mantras con la visualización, “viéndote” llen@ de fuerza interior, mientras te “sientes” invencible (la forma estándar de trabajar un objetivo), sin embargo los resultados serán exiguos: esa creencia no está implantada en tu subconsciente.

¿Por qué sucede esto si la clave para asentar una creencia es la repetición?

Si queremos instalar una creencia elevadora en nuestra mente subconsciente vamos a tener que luchar contra la creencia limitadora contraria que ya está fijada en nuestro interior. Si deseas ser fuerte es porque te crees débil, es decir, ya tienes la creencia de impotencia instalada y esta creencia va a bloquear todo intento de cambio. En cuanto empieces a repetirte que eres todopoderos@ y te visualices erguid@, sintiéndote llen@ de energía y vigor, automáticamente se activan las alarmas en tu mente diciéndote: “¡¡¡INTRUSO, INTRUSO!!!, ¡¡¡CREENCIA ERRÓNEA ATACANDO!!!” Te sentirás un poco rar@, alterad@ por dentro. Esta sensación puede ser más o menos intensa, pero siempre te acompañará hasta que sustituyas la antigua creencia.
Este “mal sentirte” es la emoción generada por los pensamientos enviados por tu mente-ego indicándote que las palabras que te dices ahora son MENTIRA, que tu verdad es otra. Ese malestar, esa emoción, es energía de baja vibración lastrando tu deseo de elevarte. Es el miedo al cambio, a lo desconocido, porque lo desconocido la mente no lo puede controlar y eso la horroriza. Así que, cuando tu mente consciente se da cuenta de que quieres modificar una creencia que lleva tiempo con ella, inmediatamente bloquea todas las puertas de acceso al subconsciente para que no puedas alterar nada de él. Ella, la mente consciente y su infatigable guardián, el ego, están permanentemente vigilando para que nada se modifique en tu interior: son los enemigos del cambio.

Pero no te desmoralices pensando que eres esclav@ de las creencias que te han inculcado en tu niñez o de las que has incorporado a lo largo de tu vida. Existe un modo de sortear a la mente consciente y su tenaz centinela. Además, este camino es el más rápido, el más efectivo y el más cómodo. Vamos, ¡el chollo total!
La clave para ello es distorsionar el mensaje, que sea ininteligible para la mente consciente, pero no así para el subconsciente que se empapa de él. De esta forma no hay bloqueo, ya que el mensaje es indescifrable para la mente consciente.

¿Cómo puede ser que la mente consciente no se entere y la subconsciente sí?

La parte subconsciente de la mente es mucho más poderosa que la consciente. Puede procesar 20.000 (veinte mil) MILLONES de impulsos nerviosos por segundo (que se dice pronto), frente a los 40 (cuarenta) de la consciente. La mente subconsciente percibe infinidad de detalles que le pasan por alto a la consciente. Además, funciona ininterrumpidamente, es nuestro Gran Hermano interior y exterior. Capta todo lo que te rodea: lo que ves, hueles, escuchas, sientes, piensas, sueñas… instante a instante, tanto si estás despiert@ o dormid@. La consciente solo funciona cuando estamos despiertos (a veces ni eso).

La forma de esquivar esta vigilancia permanente es por medio de los audios subliminales, en los cuales las afirmaciones-creencias que queremos incorporar a nuestra vida están distorsionadas y ocultas bajo una capa de música o sonidos relajantes. Tu mente consciente solo oye música, pero bajo ella suenan repetidas las afirmaciones que SÍ son captadas y asimiladas por tu subconsciente.
La mente subconsciente es una tierra fértil en la que podemos plantar cualquier semilla (afirmación) que, con los cuidados adecuados (la repetición), irá creciendo y robusteciéndose en tu interior. Según lo plantado en ella podrás cobijarte y sentirte segur@ a la sombra del frondoso árbol que ha crecido gracias a tus afirmaciones elevadoras o, por el contrario, te pincharás y sufrirás con las espinas del zarzal que has permitido desarrollarse con tu inconsciencia negativa repetida.

Aquí te dejo un enlace a una web que es altamente recomendable para cambiar las creencias. El resto es trabajo personal, pero es muy sencillo grabar un audio subliminal. En mi caso concreto, en vez del programa de grabación que utilizan (viene en inglés y no controlo nada), empleo el Audacity, que es una maravilla. Tú mism@.

EL DOLOR DEL CAMBIO

Cambiar una creencia lleva su tiempo, de 3 a 6 meses, y es directamente proporcional a lo arraigada que esté en nuestro interior. Además, el ego (próximamente hablaremos de él) va a procurar, por todos los medios, sabotearte para que no lo consigas. Para el ego una creencia, aunque te limite y sea un tapón en tu desarrollo personal, forma parte de su esencia: el ego ES esa creencia viviendo en ti.

Si ya has comenzado un trabajo interior (meditaciones, visualizaciones, mantras, audios subliminales…) para modificar alguna, no desesperes si no notas avances o tienes la sensación de empeorar. Esas “malas” sensaciones realmente son una “buena” noticia. Es la señal de que vas cambiando la creencia y el ego se rebela con toda su fuerza para evitarlo. Así que, cuando te sientas rot@ por dentro o totalmente sol@ en este mundo o creas que ya no puedes más… entonces sonríe (es muy difícil a veces, pero recuerda que todo es una creación tuya), porque tu ego te está diciendo que le vas ganando, que no puede contigo y te envía los espejismos de dolor, duda y debilidad para que retrocedas y vuelvas a dejarte llevar por él, para que regreses al viejo mundo conocido.
En esos momentos te la estás jugando, te encuentras en el punto crítico de tu cambio. Puedes decidir tirar para adelante, a pesar del intenso dolor y adentrarte en una nueva vida desconocida para ti o regresar a lo conocido, a lo que ya no te hace crecer por ser sabido. Tú elijes, momento a momento, qué vida quieres llevar, qué persona quieres ser: la misma de ahora, repitiendo el mismo día uno tras otro, o vivir cada día como una aventura que no sabes cómo va a terminar: ¿quieres controlar tu vida o permitir que la vida te lleve?

Mucha gente sigue este refrán: “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”. Lo solía repetir mucho mi madre y nunca entendí por qué era preferible lo bueno a lo malo, ¿qué ventaja tiene? Con el tiempo me di cuenta, como os he dicho, que la mente-ego tiene pavor al cambio y que mi madre no sabía nada de todo esto.

Un abrazo, de corazón.

 

Posdata: PARA PADRES CON HIJOS PEQUEÑOS

Si eres madre/padre de niños, en tus manos está decidir la vida que van a llevar. Somos la referencia y el ejemplo más importante que tienen, por lo tanto, nos es muy fácil implantar creencias en ellos: tenemos toda su confianza.
Según las creencias que plantes en sus vírgenes mentes, así serán la programación que arrastrarán hasta que puedan modificarla y, según esta programación, así será su vida.
Esta es la gran responsabilidad que tenemos como padres: formar personas autosuficientes para desenvolverse en este mundo de la forma y, además, que sean felices. Una persona feliz es la que emite constantemente la luz de la alegría, elevando la del mundo que le rodea. Y para eso estamos aquí: para amar, para dar… para elevarnos y elevar.

Dile a tu hij@ que puede con todo, que no importa las veces que se caiga, lo importante es levantarse siempre.

Dile a tu hij@ que los sueños se cumplen, que solo hay que regarlos con amor e ilusión y, tarde o temprano, los verá materializados. SIEMPRE.

Dile a tu hij@ que le quieres, que es una bendición en tu vida y que le querrás siempre, haga lo que haga. Pero, sobre todo, demuéstraselo momento a momento… y la fuerza de tu amor le hará volar libre de las cadenas del miedo.

Te quiero.

Un abrazo, de corazón.

Creencias: las jefas del cotarro. Qué son y cómo funcionan

“Tanto si crees que puedes, como si no, en ambos casos tendrás razón”. Esta cita de Heny Ford resume de una manera sencilla el concepto de creencia.  Ellas son las que nos dan el poder o nos lo quitan. Son las que nos hacen vivir en un mundo maravilloso o en el peor mundo posible.

Las creencias son las que dirigen al genio de la botella que vive en cada uno de nosotros. Son las que ordenan al universo lo que nos tiene que entregar. Da igual lo que quieras lograr en esta vida: si lo que deseas alcanzar va en contra de una creencia que tienes instalada en tu interior, olvídate, no lo conseguirás. Así de poderosas son.

Por lo tanto, esta es la clave de la vida que llevamos: ¿qué creencias tenemos?

Vamos a conocerlas un poco para saber mejor de qué hablamos.

Tú puedes. Siempre

¿QUÉ SON?

Una creencia es una idea, que se considera verdadera y a la que se da completo crédito como cierta. Es una interpretación de la realidad, no un hecho comprobado. Es un concepto mental, pero lo convertimos en “nuestra” verdad otorgándola el rango de ley y una ley no la cambiamos, la cumplimos. Esto es lo que representan nuestras creencias. Son los decretos por los que se rige nuestra vida, los mandamientos que nos gobiernan. Son la forma de mirar todo aquello que nos sucede, todo lo que vivimos. Es el “color” con el que vemos la vida.

Hay dos tipos de creencias: las que tenemos respecto a nosotros, a las capacidades que poseemos, y las que se refieren al resto (al mundo, a la sociedad, a la vida). Estas últimas se encuentran influidas por cómo nos vemos a nosotros. El mundo será un lugar inhóspito si nos consideramos con poco valor, con escasas aptitudes personales. Por el contrario, si tenemos una buena autoestima, nos parecerá un lugar más amigable y acogedor.

¿CÓMO SE CREAN?

Una creencia se puede formar por una emoción muy intensa unida a un acontecimiento o por la repetición de acontecimientos con idéntico significado. Si la primera vez que vas a un dentista sientes dolor porque no te ha puesto suficiente anestesia (o nada, como me sucedió a mí), a la siguiente ocasión que tu madre te diga para ir no querrás: creerás que te va a doler.

La manera más habitual de establecerse una creencia es por medio de la repetición. Si al poco de aprender a andar en bicicleta te caes varias veces seguidas, puedes pensar que eres torpe con la bici.

Las más fuertes son las que se crean entre los 2 y 7 años, cuando nuestra mente es virgen todavía. No tenemos desarrollada la facultad de razonar y dependemos de los demás para subsistir. Los responsables de estas suelen ser las personas más cercanas a nosotros: padres, tíos, abuelos… Nos fiamos de los seres que queremos (tampoco podemos hacer otra cosa) y adoptamos sus creencias: “¿cómo me va a engañar alguien que me quiere?”.

Si de pequeña dice tu madre que mojándote los pies coges catarro, al principio puede que no te lo creas, pero si un día da la casualidad de que sucede, entonces, asocias los pies mojados con tos y dolor de garganta. Además, es tu madre, ese maravilloso ser que te quiere y que te guía en este mundo desconocido en el que vives. Lo que ella diga va a misa: “mojarse los pies es causa de catarro”. Y punto.

Ya tienes una creencia instalada en tu interior.

Otro día, mientras estás jugando, tu madre te apremia a que recojas los juguetes, ya que debes hacer los deberes. Tú, que estás embebida con ese trenecito que te encanta, no la haces caso y se te olvida. Al cabo de un rato, puedes oír (tu ama ha pasado un mal día): “eres una vaga. Así no conseguirás nada en la vida”. La primera vez quizás te duelan sus palabras, pero cuando te lo repite unas cuantas veces ya no te afectan tanto: te has acostumbrado a que te llame vaga. Y claro, sigue siendo tu madre, el amoroso ángel que te quiere: “soy una vaga”, reconoces en un momento dado.

Ya tienes tu primera creencia limitadora instalada en tu mente, en tu energía. Ya forma parte de lo que tú crees que eres.

Te vas haciendo mayor, hace ya tiempo que piensas por ti misma, y debes decidir por dónde continúas tus estudios: cursar ingeniería química (te encanta la química) o hacer un módulo de ello. La diferencia entre las dos opciones es la duración: ingeniería son cinco años de carrera y el módulo solo dos. “Soy una vaga”, piensas, “voy a hacer el módulo, cinco años son muchos para mí”.

De esta manera, no tan exagerada, se forman y nos guían las creencias que hemos incorporado en nuestra infancia. Son las más importantes porque afectan a nuestra valía personal. Si de pequeño te repetían constantemente: “eres tonto”, eso es lo que tienes grabado. Si has oído muchas veces: “¡qué inteligente eres!”, eso es lo que llevas impreso en tu mente.

A estas creencias, típicas del entorno familiar en el que hemos crecido, se van añadiendo otras, fruto de nuestro desarrollo intelectual. Estas creencias “propias” las formamos por medio de la repetición de las interpretaciones de los acontecimientos que vivimos. “Soy malo conduciendo” nos lo podemos decir cuando se nos haya calado el coche dos o tres veces en un breve intervalo de tiempo. Para la cuarta ya se convierte en “nuestra” verdad: “soy mal conductor” y la dejamos asentada en nuestro interior. Ya tenemos otra creencia instalada.

Otras veces cambiamos las creencias (¿conoces a algún adulto que todavía crea en los Reyes Magos?), o las modificamos porque nuestra experiencia no coincide con la que tenemos grabada (al dentista le pides más anestesia y te quita cualquier caries sin dolor).

También el entorno en el que vivimos determina las creencias. No hay las mismas creencias políticas, religiosas y culturales en nuestro país que en Marruecos, por ejemplo. La forma de ver la vida cambia de un lugar a otro porque las creencias de sus habitantes son diferentes.

Estamos rodeados de creencias por todas partes. Vivimos en un mundo mental, en un mundo de ideas, de interpretaciones constantes, pero no nos desviemos del tema. Sigamos.

CLASES

Las creencias pueden ser:

Conscientes o inconscientes.

“No se me dan bien las matemáticas”, “cocino fatal” son creencias conscientes, nos damos cuenta de que las tenemos.
Las inconscientes son aquellas que guían nuestra vida sin nosotros saberlo: “necesito ser querido por la gente para sentirme bien”, “lo que me ocurrió en el pasado me va a seguir afectando siempre”.
Estas creencias inconscientes son las más poderosas porque no podemos cambiar aquello que desconocemos.

Elevadoras o limitadoras.
“Me expreso muy bien”, “soy muy inteligente”, “tengo una salud de hierro”, “cada día tengo más fuerza de voluntad”…
“Tengo mala suerte en la vida”, “no valgo para estudiar”, “me cuesta mucho relacionarme: soy muy tímida”, “todo el mundo me engaña”…
Unas nos elevan, otras nos hunden. Unas nos dan alas, otras no ponen plomo en ellas … y ninguna es “la verdad”, solo interpretaciones de los acontecimientos que vivimos.

No sabían que era imposible. Fueron y lo consiguieron

CARACTERÍSTICAS

1.- No son innatas.
Como hemos visto, las vamos adquiriendo con el tiempo y, al igual que las incorporamos sin darnos cuenta, también podemos añadir otras… conscientemente. De esta forma modelamos nuestra vida como deseamos.

2.- Se guardan en la mente subconsciente.
Las hemos interiorizado tanto (por eso se llama “creencia”, sino sería “pensamiento”) que no reparamos en ellas. Han pasado de la mente consciente al subconsciente, formando parte de nuestro ser, de nuestra forma de mirar-interpretar lo que vivimos. “Somos” esas creencias.
Este dato es importante para entender la forma de cambiarlas.

3.- Todo lo que vivimos lo interpretamos en función de ellas.
Si una persona cree que ahora es muy difícil encontrar trabajo reaccionará de manera diferente a otra con una creencia distinta, que piensa, por ejemplo, que siempre encuentra empleo quien pone toda su voluntad en ello. Si cierra la empresa en la que trabajan los dos, uno lo interpretará como una desgracia que le ha ocurrido y el otro como una oportunidad para mejorar.

Lo importante no es lo que vivimos, sino cómo lo interpretamos. A consecuencia de esto, las creencias son las que toman las decisiones por nosotros, ya que todo lo que pensemos para decidir algo estará inducido por ellas. Uno de los trabajadores anteriores entró en depresión (decidió no luchar, ¿para qué?, si está todo muy mal) y el otro comenzó, con mucho esfuerzo, un proyecto personal que le cambió totalmente la vida. Las decisiones que tomaron fueron muy diferentes ante el mismo acontecimiento: las creencias decidieron por ellos.

4.- La mente no tiene en cuenta los pensamientos que no coinciden con ellas.
La mente no se pone a buscar nuevas interpretaciones sobre lo que considera cierto, ¿para qué, si es verdad? Además, la mente no quiere cambios. Desconoce cuál va a ser el resultado del mismo y, el no saber, el no poder controlar, le aterra; así que no permitirá que “veas” las cosas de otra manera. Si crees que eres una vaga, que te encanta no hacer nada, no advertirás que, cuando te pones a escribir ese diario personal que llevas, se te pasan las horas sin darte cuenta. Para eso no eres perezosa, estás motivada (te gusta mucho escribir). Lo que te falta es motivación, pero la mente lo ignorará totalmente: “eres una vaga”. Y punto.
Todos los pensamientos que contradigan “su verdad” son eliminados de nuestro campo de consciencia. Por este motivo es tan difícil cambiar de creencias conscientemente, la mente nos lo impide, pero esto lo vemos en el siguiente artículo.

5.- Ellas nos dan el poder o nos lo quitan.
Una creencia elevadora es un permiso que nos concedemos para expresar todo el potencial que atesoramos. Por el contrario, una creencia limitante es un tapón en nuestra energía que impide manifestar nuestras capacidades. “Si crees que puedes, podrás, si crees que no, no podrás”
En los circos, los elefantes suelen estar atados a postes muy pequeños que pueden ser fácilmente desclavados por ellos. Un elefante puede arrancar un árbol de cuajo y, sin embargo, no lo hace, ¿por qué? Cuando son pequeños les atan a esos mismos postes. Prueban a soltarse de ellos un día tras otro, pero no tienen la fuerza suficiente para arrancarlos. Al cabo de un tiempo dejan de intentarlo: ya tienen asumido que no pueden con ese postecito. Van creciendo, van cogiendo más fuerza volviéndose muy poderosos, pero su creencia no cambia y siguen sin intentarlo porque tienen “creído” que no pueden.

6.- Nos crean emociones dolorosas cuando vamos en contra de ellas.
Estás atravesando un momento delicado económicamente, ves un mendigo en la calle que te llama la atención y, sin pensar, le dejas unas monedas. Antes de que des tres pasos ya estarás oyendo-mascullando en tu mente: “¿cómo se te ocurre darle dinero a este tío? ¡que trabaje! ¡Bastantes problemas tienes tú para, encima, regalarle algo de lo que te puede faltar!”. Este diálogo interno nos crea una emoción acorde al rapapolvo que nos echamos a nosotros mismos, que está directamente relacionado con la fuerza que tenga el ego en nuestra energía.

7.- Son como los árboles: de una brotan varias relacionadas.
En el ejemplo anterior la creencia fundamental podría ser: “no soy capaz de conseguir dinero”. De esta creencia surgen otras como: “es muy difícil encontrar trabajo hoy en día”, “cuando me jubile no voy a tener dinero ni para comer”, “el dinero se me va de las manos sin poder evitarlo: no me llega para nada”.
Cambiando, podando, algunas ramas conseguiremos resultados parciales. Cortando el árbol, erradicando la creencia matriz, obtendremos resultados totales.

ORIGEN DE NUESTRAS CREENCIAS LIMITADORAS

Las creencias limitadoras que mantenemos proviene de una sola, que es la madre de todas: la de estar separados de la Unidad.

Al considerarnos separados vemos la vida como un esfuerzo (una lucha) constante por conseguir aquello que necesitamos para vivir en este mundo: comida, ropa, alojamiento… dinero. Además, al formar parte de una comunidad, demandamos reconocimiento personal, sentirnos parte del grupo-sociedad en el que vivimos. Estas necesidades nos originan incertidumbre-miedo a no poder satisfacerlas. Esta emoción de miedo atrae pensamientos que vibran en su frecuencia. Debido a esto, lo que interpretamos acerca de lo que vivimos se encuentra teñido por esa emoción y, esa interpretación “miedosa”, hará que en nuestro interior germinen con más facilidad creencias de “no poder”, de “no tengo” “no valgo”: creencias limitadoras todas ellas.

Albert Ellis, doctor en psicología por la Universidad de Columbia, y fundador de la Terapia Relacional Emotiva recopiló, en 1955, las ideas irracionales básicas que son compartidas por las sociedades de diferentes partes del mundo.
Son las siguientes:

  1. Necesito ser amado y aprobado por cada persona significativa de mi entorno.
  2. Para considerarme a mí misma como una persona válida debo ser muy competente.
  3. Las personas que no actúan como deberían  son malvadas y tendrían que ser castigadas por ello.
  4. Es terrible que las cosas no funcionen como a mí me gustaría.
  5. La desgracia y el malestar humano están provocados por las circunstancias externas y la gente no tiene capacidad para controlar sus emociones.
  6. Si algo es (o puede ser) peligroso, debo sentirme terriblemente inquieto por ello y debo pensar constantemente en la posibilidad de que ocurra, para estar preparado.
  7. Es más fácil evitar responsabilidades y dificultades de la vida que hacerles frente. Así viviré más tranquila.
  8. Debo depender de los demás y necesito a alguien más fuerte que yo en quien confiar.
  9. Lo que me ocurrió en el pasado seguirá afectándome siempre.
  10. Debo sentirme preocupado por los problemas de los demás.
  11. Existe una solución perfecta para cada problema y debo hallarla siempre. 

Estas son las creencias que tenemos la mayoría de las personas (unos más y otros menos) como miembros de esta sociedad basada en la separación y, como su nombre indica, son “irracionales”, no son lógicas ni verdaderas. De algunas somos conscientes y de otras no. Fíjate si alguna de ellas resuena en ti. Aunque a primera vista no te veas reconocida en ninguna, date un tiempo y medita sobre ellas. Verás cómo te aparecen una o varias. La creencia 7, la de evitar responsabilidades, refleja muy fielmente la actitud que me ha estado guiando hasta hace muy poco sin ser consciente de ello.

Observa cómo en todas ellas subyace una actitud fundamental ante la vida: NO PUEDO-NO MEREZCO (necesito, no tengo, debo ser, me preocupo…). Esta actitud de víctima nace de considerarte un ser individual y de esta creencia original brota el mundo que ves actualmente. Cuando abandonas esta idea mental y te conviertes en uno con la Unidad, todo tu mundo cambia drásticamente, ya que has modificado la forma de mirarlo. Has cambiado tu interpretación fundamental de lo que ves-vives.

Y renaces a una nueva vida.

Así que, fíjate lo importante que son las creencias, pero al igual que ellas se han instalado en nuestro interior a lo largo del tiempo, también podemos cambiarlas (con el tiempo). Lo vemos en el siguiente artículo.

Un abrazo, de corazón.

Seguimos.

Los pensamientos: energía en movimiento

Según la Wikipedia: “El pensamiento es la actividad y creación de la mente; dícese de todo aquello que es traído a la existencia mediante la actividad del intelecto. El término es comúnmente utilizado como forma genérica que define todos los productos que la mente puede generar, incluyendo las actividades racionales del intelecto o las abstracciones de la imaginación; todo aquello que sea de naturaleza mental es considerado pensamiento, bien sean estos abstractos, racionales, creativos, artísticos, etc.”

Y también: “El pensamiento se podría definir como imágenes, ensoñaciones o esa voz interior que nos acompaña durante el día y en la noche en forma de sueños”. La estructura del pensamiento o los patrones cognitivos son el andamiaje mental sobre el que se conceptualiza la experiencia o la realidad”.

Ahora que ya conocemos la definición de pensamiento, vamos a ver sus clases y características para ser conscientes del inmenso poder que tienen. De esta forma podremos convertirlos en nuestros aliados.

 

 

CLASES DE PENSAMIENTOS

Hay dos clases de pensamientos: creativos ensoñadores.

Los primeros nacen de una intención, buscamos un fin con ellos: “voy a pelar esta cebolla para preparar una tortilla de patata”. Aquí somos conscientes de tenerlos y ejercemos el poder que poseemos, ya que pensamos con una intención determinada.

Los ensoñadores son aquellos que nos vienen cuando no estamos atentos y dejamos vagar la mente sin ningún propósito. Nos abandonamos en estos pensamientos sin ningún control por nuestra parte. Aquí no hay intención de obtener un resultado concreto, sino que estamos “viendo” una película creada por ellos.

Hasta aquí va todo bien. Empezamos a vivir en la ilusión cuando nos creemos que esos pensamientos son verdad, cuando damos por ciertas las ensoñaciones que nos presentan: “seguro que están pensando en echarme del trabajo, porque el jefe me mira mal últimamente” o “ese bulto que me ha salido en el pecho puede ser algo malo”. Es decir, “vivimos” la película creada por ellos, siendo, generalmente, nuestras compañeras de viaje la angustia, el miedo y el sufrimiento.
También puedes imaginar cosas bonitas, como en la velada que vas a pasar con esa persona amada o la sonrisa que pondrá tu hija pequeña cuando abra el regalo que la has comprado. Al imaginar esto, tu ser, tu energía, se llena de alegría anticipada, pero ni lo uno ni lo otro es real: estás viviendo, en ambos casos, películas creadas por tu mente gracias a los pensamientos. Lo único cierto es que quieres hacer una tortilla de patata, para ello vas a picar una cebolla y punto: no hay más misterios. Lo demás son “pajas mentales”, es ilusión, así que pica con total concentración la cebolla (aunque te lloren los ojos), para que tu mente no te lleve por el mundo de los sueños y, si esto sucede, vuelve una y otra vez al aquí-ahora, al cuchillo y a la cebolla.

Si no puedes volver al aquí-ahora, sigue leyendo.

Todo pensamiento que mantengas en tu interior debe tener una intención, porque esa intención es tu libertad. Si mantienes pensamientos sin ningún propósito, es decir, dejas vagar la mente por hipotéticos problemas que “crees” puedas tener, ahora o en en futuro, o te solazas con agradables-desagradables recuerdos, estarás viviendo en el mundo de la mente, perdido en una ilusión (tus pensamientos), que parece real, pero no lo es. En este caso habrás dado el mando de tu ser a algo que no eres tú.
La mente es un instrumento que está a tu servicio, pero ahora has permitido, con tu inconsciencia, que se convierta en tu dueño y señor. Y la mente es un buen siervo, pero un tirano como amo.

 

CARACTERÍSTICAS DE LOS PENSAMIENTOS

1.- Los pensamientos ensoñadores que tienes no son tuyos, tú solo eres consciente de ellos. Fíjate en cómo se van acercando a tu punto central de consciencia, tienen su momento de máximo esplendor-atención por tu parte y luego se difuminan hasta aparecer otro pensamiento, que igual está relacionado con el anterior o no, llevándote por su nuevo camino. Mira cómo entran y salen de tu campo de consciencia. Si adviertes esto, ¿qué sucede?: que tus pensamientos van por un lado y tú por otro, como si estuvieras “viendo” (no “viviendo”) una película.
Ahora bien, si empiezas a creer que son verdad los pensamientos que tienes, dejándote llevar por las emociones que generan en ti, entonces ya estás soñando otra vez. Has dejado de darte cuenta de los pensamientos, has dejado de ser el observador-espectador de la película, para convertirte en el protagonista de la misma. Una película en la que el director y el guionista son tus incontroladas emociones creadas por los pensamientos que llegan a tu campo de consciencia. Aquí estás soñando tu vida, aquí vives en un mundo paralelo al real: el mundo de tu mente. En este momento ya no puedes “dejar de pensar”, ya estás metid@ en la película interminable que la mente-ego está creando para ti.

Así nos pasamos la mayor parte del día, viviendo las ensoñaciones que nos llegan, reaccionado a lo que vemos en nuestra pantalla mental, yendo de un lado a otro sin saber cómo parar esta noria y bajarnos. ¡Qué agotamiento!, ¿verdad?

2.- Los pensamientos son hijos de las creencias. Todo lo que vivimos o experimentamos en nuestra vida lo interpretamos en función de nuestras creencias (son ideas que consideramos verdaderas, a las que damos completo crédito como ciertas), que seleccionan y atraen los pensamientos que están de acuerdo con ellas; a los demás pensamientos nuestra atención no los hace caso. La atención ve lo que la creencia quiere que vea. Ellas son las que realmente están llevando el timón de nuestras decisiones y, por lo tanto, de nuestra vida.

Supón que crees ser un tí@ con suerte, que todo te sale bien. Estudias en la universidad y el profesor os sorprende diciendo que la semana próxima tenéis un examen de esa materia que pensabas preparar en la cercana Semana Santa. Tu primera reacción será muy diferente a la de tu compañer@ de pupitre, al que no le gusta esa asignatura y, por lo tanto, se le da mal. Tú pensarás que lo vas a aprobar sin problemas, que estudias fuerte esta semana y así tendrás libre Semana Santa, ¡qué bien! Por el contrario, tu compañer@, decidirá que no se va dar la matada a estudiar para nada, que suspende ahora y deja la asignatura para junio. Los pensamientos de uno y otro son totalmente diferentes ante el mismo hecho, y las decisiones tomadas también. La diferencia en la reacción son las creencias de cada uno.

3.- Los pensamientos atraen a otros semejantes. El pensamiento es una energía vibrando (todo lo que existe es energía, es vibración) y por lo tanto sigue las leyes de la energía (la energía atrae energía semejante), con lo cual, si tienes pensamientos de miedo, duda, angustia… atraerás pensamientos similares y tu estado de ánimo lo reflejará, volviéndose sombrío. Por el contrario, si mantienes pensamientos de alegría, de confianza, de optimismo, atraerás pensamientos que van en su misma línea de vibración, creándote un estado de ánimo muy diferente al del ejemplo anterior.

Ahora, vamos con un punto muy importante:

4.- Cada pensamiento crea una emoción, que es el reflejo en nuestro cuerpo de ese pensamiento. A veces no somos conscientes del pensamiento que ha creado la emoción que vivimos, pero nuestro cuerpo siempre lo “siente” dándonos una indicación clara del tipo de pensamiento que la ha originado: si nos sentimos bien, es uno elevador, inspirador; si nos sentimos mal es un pensamiento limitante, de “no poder”.

Además, la emoción tiene unas cualidades que nos afectan más de lo que pensamos.

 

LA EMOCIÓN

Todo pensamiento, seamos o no conscientes de él, provoca una reacción en la energía que somos, modificando la vibración de la misma. La emoción es el reflejo de ese cambio vibratorio, es decir, la emoción es la traducción del pensamiento en la energía que somos. Si nuestros pensamientos son inspiradores, elevadores, de amor…  nuestra vibración adquiere una frecuencia más elevada, más sutil. Por el contrario, si mantenemos pensamientos de “no poder”, de incertidumbre, de lucha, de enfado… esos pensamientos se traducen en una vibración baja, densa, oscura

La emoción atrae pensamientos que vibran en su misma frecuencia. Si te pones triste porque imaginas que no vas a aprobar ese examen que tienes la semana próxima o te entra angustia o remordimientos por no haber tocado un libro hasta hoy, esa emoción atrae pensamientos que van en esa misma frecuencia vibratoria (“¡soy un vag@, lo dejo todo para el último momento!”, “¡como siga así, no acabo la carrera!”), que, a su vez, te harán sentir peor. El pensamiento “crea” una emoción y la emoción “atrae” un pensamiento, es decir, los pensamientos que tenemos no son nuestros, no los creamos nosotros, sino que los atraemos según las emociones que vivimos a cada momento.

Una emoción sostenida se convierte en un estado de ánimo (nuestra emoción principal). Ese estado de ánimo es la vibración que mandamos al universo y, por lo tanto, será lo que recibamos de él. Nuestro estado de ánimo es nuestra energía de atracción. Esto es muy importante, ya que es la clave de la vida que llevamos: ¿qué energía-vibración estamos mandando al mundo? Si enviamos vibración de amor, alegría, felicidad… eso recibiremos en forma de situaciones de vida. Si irradiamos ira, miedo o insatisfacción… eso recogeremos en las situaciones que nos devolverá el universo.

La emoción no distingue entre lo real y lo imaginado. Para ella todo es real y todo está sucediendo ahora mismo, sea algo que vives o algo que imaginas, bien sea del pasado o del futuro. Aunque falte una semana para el examen, la emoción lo vive como si ya lo hubieras suspendido y te hará sentir “mal” ahora.

Así mismo, cuanta más emoción nos provoque o pongamos en un pensamiento, más alta será la “voz” con la que llamamos al universo para que lo materialice, y antes lo hará. Por lo tanto, sé muy consciente de tu estado de ánimo, porque eso es lo que estás creando-atrayendo momento a momento: si tú estás bien, todo va bien.

 

CÓMO NO PERDERTE EN LOS PENSAMIENTOS

El remedio infalible para ello, y el objetivo final de esta web, es vivir permanentemente en el aquí y ahora. Cuando vivimos con TODA nuestra atención en el eterno presente ya estamos conectados a la esencia divina que somos y no hay pensamiento ensoñador que nos despiste. Ahora bien, nuestra atención está muy poco entrenada, porque todo en el mundo en que vivimos nos empuja a lo contrario, a distraernos constantemente gracias al montón de estímulos externos que nos rodea: móviles con los mensajes de WhatsApp, redes sociales, YouTube, internet… Este cúmulo de información que recibimos nos invita a separarnos del foco principal de atención que es: ¿cómo me siento ahora?, ¿qué vibración estoy emanando en estos momentos?

Todo este camino que vamos a recorrer es para ser capaces de dominar la atención, nuestro auténtico poder creador, y la clave para dirigir conscientemente la atención es desarrollar la concentración, que no es más que la atención sostenida en un punto.

Ahora, nos disponemos a subir unos escalones en la escalera que nos lleva a la luz: vamos a ver cómo podemos empezar a tomar el control de nuestros pensamientos y, por lo tanto, de nuestra mente.
Al principio te va a costar un poco, puesto que los pensamientos y tú estáis acostumbrados a una forma de actuar: ellos se ponen delante, en tu campo de consciencia, tú les sigues con tu atención inconsciente, no les das importancia, y dejas que revoloteen en tu mente el tiempo que ellos quieren. A partir de ahora vas a coger el mando de tu atención y esto le cuesta mucho aceptar a la mente: que los pensamientos que ella creaba a “su” voluntad ahora te rindan pleitesía. Así que, intentará hacerte la vida imposible para que no sigas tu nuevo camino, para que nada cambie en “vuestra” relación. Y como no andes muy alerta ten por seguro que lo consigue, porque, además: “¿qué tontería es esta de que los pensamientos son tan poderosos?, ¿de dónde sale eso?, ¿de este tío con barbas que parece estar medio girado? ¡Tonterías!, ¡tú déjame hacer a mí, que yo sé bien lo que hago!, además, ¡tan mal no nos ha ido hasta ahora!” … De esta forma nos come el coco la mente para que no cambie el statu quo que mantiene con nosotros.

Vamos con unos sencillos pasos que, con la repetición, acabarán convirtiéndose en la nueva forma de interactuar con tu mente y los pensamientos.

 

 

1º.- Fíjate en lo que estás pensando.
Lo primero de todo es darte cuenta de qué estás pensando, qué es lo que atrae tu atención en un momento dado y cómo te sientes por ello. Sé consciente de cómo estás por dentro, sin juzgar, sin comparar, sin desear estar de otra forma. Solo date cuenta.

2º.- No sigas las ensoñaciones de tus pensamientos.
Déjalos caer como dejas caer una pesada carga, porque seguir los pensamientos es una carga muy pesada. No “acabes” los pensamientos que te llegan. Un buen ejercicio es imaginar que los pensamientos que tienes, y aquí me refiero siempre a los ensoñadores, pertenecen a otra persona, que no son tuyos. Eres consciente de ellos, pero no les haces caso, no los sigues, porque son de otro. Obsérvalos como puedes observar a las nubes en el cielo, sabiendo que se irán con el viento. Sea lo que sea que pienses, no reacciones ante ello, no “bailes” con ellos, solo míralos. Sé un testigo desapasionado de tu mundo interior.

3º.- No interpretes lo que vives o experimentas en tu vida.
Tenemos la costumbre adquirida de juzgar las situaciones que vivimos en función de si van a favor nuestro o no. Aquello que nos acerca a lo que deseamos lo etiquetamos como “bueno” y “malo” si nos separa de ello. De esta manera ya estamos otra vez con la mente a cuestas, ya nos está llevando por su mundo.

Abandona toda intención de etiquetar-enjuiciar-interpretar-comprender lo que vives; deja de ser dirigido por tu mente, por tus pensamientos. No quieras entender (al ego le encanta), solo déjate llevar por lo que la vida te ofrece momento a momento, sin catalogarlo como “bueno” o “malo”. No juzgues ni compares lo que vives o lo que eres con nada. Todo es perfecto tal como es, sin etiquetas ni definiciones, sin palabras ni expectativas. No intentes buscar “fallos” a lo que la vida te regala: todo lo que vives es justamente lo que necesitas experimentar para tu mejor desarrollo personal. Todo es perfecto. Todo.

Si no puedes dejar de interpretar lo que vives o te crees las ensoñaciones que te presentan los pensamientos, sigue leyendo:

4º.- No luches contra los pensamientos que te generan dolor.
En ocasiones nos enredamos en pensamientos que nos causan dolor, bien sea por hechos del pasado (la bronca monumental que tuviste con tu herman@, por ejemplo) o las perspectivas tan negras de futuro que tienes cuando se te acabe el paro. La primera reacción es luchar contra ellos, apartarlos de nuestra consciencia para no seguir viviendo la emoción que nos embarga, pero eso es imposible, siempre saldrán ganando ellos, ya que los energizas con tu lucha.
A un pensamiento no se le puede “echar” de nuestra consciencia, de nuestra mente, porque, desde el momento en que eres consciente de él, ya forma parte de ti. Y si te pones a luchar contra un pensamiento, realmente estás luchando contra ti, así que nunca vas a ganar (para “ganar” tú hace falta que “pierdas” tú y eso no puede ser, sólo hay un “tú”).

No rechaces nada de lo que sientas-pienses, ya que si rechazas o te enfadas por lo que experimentas en un momento dado, estás mandando negatividad al universo. Este te devolverá situaciones acordes a esa energía que emanas y perpetuarás ese bucle de dolor. Por el contrario, si no reaccionas a ese pensamiento, a ese dolor, ya te estás limpiando, ya estás rompiendo la dinámica del sufrimiento. Con el tiempo y el crecimiento interior, serás capaz de amar aquello que ahora temes. Cuando amas completamente algo es imposible temerlo y, si no lo temes, entonces ese pensamiento pierde todo su poder sobre ti, abandonándote para siempre.

Aquí te dejo una poderosa herramienta para cambiar esos pensamientos que te hacen sufrir: el perdón.

5º. Superpón el pensamiento opuesto al que no quieres tener.
Imagínate que tienes una entrevista de trabajo dentro de unos días. Cuando piensas en ella te asaltan dudas acerca de si la vas a hacer bien, si conseguirás el trabajo o si tienes las aptitudes necesarias para ese puesto. Estos pensamientos te crean angustia cada vez que vienen a tu mente.
En este caso, tan pronto como veas aparecer ese pensamiento, superpones en tu pantalla mental la imagen de estar haciendo una entrevista fantástica. Te ves a gusto y tranquil@, al igual que la persona o personas que te entrevistan: te sonríen sinceramente y sientes que les estás causando una gran impresión. Esto hazlo en todas las ocasiones en que te llegue ese pensamiento. Al principio te va a costar, no estás acostumbrad@ a dirigir tus pensamientos, sino a dejarte llevar por ellos, pero con la práctica y la constancia lo consigues. Esto hará, además, que te sientas mucho más fuerte como persona de lo que crees ser ahora, ya que serás consciente de tu poder para gobernar los pensamientos, dejando de ser esclavo de ellos. 

6º.- Mantén los pensamientos que quieres tener.
Yo suelo llevar conmigo una hoja con 8 ó 10 pensamientos-afirmaciones, que tratan de cualidades o creencias que quiero incorporar a mi ser. Estoy todo el día pensando en ellas. Cuando me sorprendo con la atención perdida en otros pensamientos o me noto descentrado, saco la hoja y releo las afirmaciones con total concentración. Me mantengo un rato en cada una de ellas, sintiendo la energía que crean esos pensamientos-semilla. Al cabo de unos pocos días ya no hace falta que saque la hoja, ya que, solo con pensar en ella, siento vibrar la energía de las afirmaciones en mi cuerpo. Poco a poco, los pensamientos, que antes venían sin ton ni son a mi consciencia, son disueltos en esta energía de las afirmaciones que me rodea, creando un escudo protector que impide penetren pensamientos diferentes a los que deseo.

La clave de todo es que siempre tengas el control de tu atención, que seas consciente de lo que estás “mirando” momento a momento. Esto puede parecer duro al principio, pero es inevitable que lo hagas. A partir de ahora vas a cambiar la dirección de tu foco de atención, pasando de fuera a dentro. Has estado mucho tiempo fijándote en tu exterior y muy poco en tu interior, pero tu auténtico poder está dentro de ti. Empieza a disfrutar del reino que gobiernas y que has tenido muy desatendido en los últimos tiempos: comienza a ejercer como el dueño y señor de tu mundo interno.

Por hoy ya vale. Ahora ya puedes practicar lo que has leído aquí. Incorpora estas prácticas en tu rutina de trabajo personal y, cuando notes que ya forma parte de ti esa nueva forma de mirar a tu interior, vuelve a este rincón. Ahora practica, practica, porque es una maravilla lo que nos queda. Es una maravilla todo.

Un abrazo, de corazón.

Seguimos.

La mente: el nacimiento de la ilusión

Ahora que ya sabemos que somos energía, conocemos las leyes de la misma y hemos visto los canales de comunicación de nuestra energía con la que nos rodea, llega el momento de conocer el origen de la ilusión que gobierna este mundo, y esta ilusión nace en nuestra mente.

 

 

LA MENTE

La mente es una serie de procesos internos que se desarrollan de manera consciente e inconsciente y que, en su mayoría, son de carácter cognitivo. Es una facultad del cerebro humano que nos permite recopilar información, analizarla y extraer conclusiones de ella. Es la manera que tenemos, los humanos, de adquirir conocimiento.

La mente es la responsable de la creación de los pensamientos, el raciocinio, la memoria y la imaginación. Pero, no solamente es la creadora de los pensamientos, sino también de las emociones (el reflejo en el cuerpo de nuestros pensamientos) y las pautas de reacción inconscientes, tanto mentales como emocionales.

La mente, aparte de extraer conclusiones, puede crear una interpretación de aquello que vivimos. Esta capacidad radica en el cerebro que, como órgano físico, tiene una vibración determinada en función de su actividad. Aquí te dejo un enlace que habla de las ondas cerebrales y de cómo están íntimamente ligadas a nuestros estados mentales.

Hay tres niveles en la mente según el grado de consciencia de la misma:

1.- La mente consciente

Con ella funcionamos casi todo el día. Nos sirve para cruzar la calle, hablar con la gente, hacer crucigramas o resolver un problema de matemáticas. Es la mente racional, la que piensa en términos lógicos y coherentes. Aquí somos conscientes de los pensamientos que tenemos. Si aprendemos algo lo hacemos con la mente consciente, pero según repetimos lo aprendido va pasando a la mente subconsciente. Cuando aprendemos a conducir toda nuestra atención está en ello. Cuando llevamos 20 años haciéndolo habitualmente, solo una parte de nuestra atención está en la conducción, porque la mayoría de los automatismos: embrague, freno, acelerador, cambio de marcha, etc., se han vuelto algo maquinal, se hacen sin pensar. Han pasado al subconsciente.

2.- La mente subconsciente

Esta mente (otros autores la incluyen dentro del inconsciente) es mucho más poderosa que la consciente. El subconsciente puede procesar 20.000.000.000 (veinte mil millones) de impulsos nerviosos por segundo frente a los 40 (cuarenta) de la mente consciente. Fíjate en la inmensa diferencia de potencial entre una y otra. El subconsciente capta infinidad de detalles que pasan desapercibidos para la mente consciente.

Aquí viven las creencias que hemos “incorporado” en esta vida. Se encuentra también lo que ya no recordamos, pero que se puede llegar a recordar. La mente subconsciente graba todos los acontecimientos que vivimos; unos los imprime más fuerte que otros y estos, con el tiempo, se acaban olvidando. Ahora bien, si ponemos nuestra intención en recordar algo tarde o temprano lo haremos, puesto que la intención crea atajos a los recuerdos almacenados en este nivel. Un olor, una canción, una foto… pueden sacar a la luz vivencias que creíamos sepultadas en el olvido.

Esta es la mente que nos juega malas pasadas, obligándonos a hacer cosas que no haríamos teniendo en cuenta la lógica o la razón. Aquí, los gustos, aversiones, deseos y miedos pugnan por salir a la consciencia para llevarnos por su camino. Llevas cuatro días siguiendo escrupulosamente una dieta para bajar la barriguita que te ha salido después de las vacaciones y, de repente, una mañana te pones morado a comer esas cazuelitas que tanto te gustan. No tenías pensado hacerlo, pero al entrar al bar y ver ese pulpo que te encanta no has podido seguir los dictados de tu mente consciente que te chillaba: “¡¡no, no, no!!”, y has pedido una ración. Y luego otra. Tras comerlas, los reproches de tu mente consciente te asolan, haciéndote sentir mal contigo mismo porque no has sido coherente con tu intención de adelgazar, pero no puedes hacer nada frente a ello. Cuando tu mente subconsciente ordena algo tu mente consciente no puede hacer otra cosa más que obedecer. Y esto es de gran importancia para entender cómo funcionan las creencias, porque en esta mente radica nuestro poder creador.

3.- La mente inconsciente

Es la más primitiva de las tres y acompaña a la raza humana desde que apareció el primer homo sapiens. Aquí viven nuestros instintos animales, con el más fuerte de todos: la supervivencia. También se almacenan todas las experiencias vividas por nuestra especie en el tiempo que llevamos de existencia, así como las creencias comunes que tenemos por pertenecer a la raza humana: la finitud del cuerpo, el deterioro físico o la imposibilidad de estar en dos sitios a la vez, por ejemplo. Se encarga también de gestionar las cuestiones fisiológicas, como el respirar o el corazón. Se la suele llamar mente reptiliana y es la más simple de las tres, pero la más fuerte, ya que en cuanto se siente amenazada toma el control absoluto de todas nuestras decisiones, buscando sobrevivir. Es la parte de la mente que nos hace luchar o huir al enfrentarnos a un peligro.

 

EL NACIMIENTO DE LA ILUSIÓN

Venimos a este mundo conectados a la Unidad. Cuando somos bebés no tenemos consciencia de estar separados, no sabemos lo que es eso, porque no sabemos nada: sólo somos. Con el paso del tiempo, alrededor del año y medio, nace el concepto del “yo”, producto de nuestra incipiente actividad mental. Posteriormente, llega un momento en nuestro desarrollo personal en que la mente subconsciente interpreta, al ver nuestros cuerpos separados de los demás, que somos seres con vida propia y, por lo tanto, se activa la mente reptiliana, la encargada de hacernos sobrevivir a toda costa. Esta nos lanza continuamente mensajes de: “¡peligro indeterminado, objetivo sobrevivir!”. Apenas somos conscientes de ellos, porque estamos inmersos en nuestra vida cotidiana y no tenemos un peligro físico acuciante, pero la mente subconsciente sí los percibe haciéndonos vivir en un permanente estado de miedo, apenas perceptible, pero latente en nuestra consciencia. Es una sensación de incomodidad, de intranquilidad, como si nos sintiéramos incompletos. Buscando ese “estar completos” delegamos el poder de nuestra voluntad a la mente, dejándonos guiar por ella y aquí comienza la ilusión, en la identificación con nuestra mente, con nuestros pensamientos y, por ende, nuestras emociones. A todo lo que ella nos ofrece le damos absoluta credibilidad e interactuamos con el mundo a través de ella. Cuando estamos, por ejemplo, en el monte disfrutando de un paseo y descubrimos unas hermosas flores, en unos primeros instantes podemos contemplar su belleza en silencio mental, pero pronto nos sumergimos en nuestra verborrea interna habitual: “¿qué tipo de flores serán?”,  “¿cómo no las he visto antes por aquí?”, o “se parecen mucho a estas otras”. El caso es que, gran parte de nuestra atención la tenemos fijada constantemente en nuestros pensamientos, tomando por cierto aquello que pensamos, aquello que interpretamos, comenzando a vivir una película engendrada por ellos.

Los problemas que imaginamos tener son una invención de la mente y solo pueden existir en el tiempo, que es creado por ella misma, puesto que únicamente existen situaciones que deben ser afrontadas o dejarlas como están. Solo existe el momento presente, el eterno ahora, pero la mente, por medio de los pensamientos, nos lleva al pasado o al futuro incesantemente, consiguiendo engancharnos a su sueño, en el cual ella es la directora y guionista de las situaciones imaginarias que vivimos y nosotros los actores inconscientes. Como esa mente actúa en base al miedo (a morir), casi todas las ensoñaciones que nos presenta tienen un final infeliz para nosotros, creándonos una angustia permanente, más o menos intensa. Por lo tanto, la mente es enemiga del ahora, porque en el ahora no se “vive” el pensamiento; podemos pensar, pero somos conscientes de hacerlo y, por lo tanto, ya no te identificas con la película.

Además, la mente es la creadora de la resistencia a lo que es (la no aceptación del momento presente, ese lamentarse-enfadarse por la situación de vida que estamos pasando), manteniendo así viva la sensación de separación, que es la madre del ego. Esta resistencia a lo que la vida nos regala genera una vibración de baja frecuencia y, por lo tanto, atraeremos situaciones y circunstancias en consonancia con ella, dándonos más motivos para seguir lamentándonos-enfadándonos, viviendo como la pescadilla que se muerde la cola.

Y así pasamos nuestros días, dando vueltas a la noria de las emociones, pero como todo lo que vivimos es una creación nuestra, lo podemos cambiar. Lo único que tienes que hacer es seguir leyendo y tener la intención de ser más consciente.

Esto lo explica maravillosamente bien Eckart Tolle en su libro “El poder del ahora”, del que aquí tienes un resumen.

Por hoy ya vale; espero te haya quedado claro donde nace la ilusión que vivimos. Si no es así, házmelo saber, por favor. En el siguiente artículo hablamos del producto estrella de la mente: “Los pensamientos”.

Un abrazo, de corazón.

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