Respiración consciente

Ahora vamos a conocer el ejercicio más sencillo del mundo. No hay que “hacer” nada raro, sólo fijarse. Como no buscamos lograr ningún resultado concreto, esta ausencia de objetivos a conseguir le hace tremendamente poderoso y efectivo. Pero, además, tiene unos cuantos beneficios más.

BENEFICIOS:

  • Es una manera sencilla y cómoda de ser conscientes de dónde enfocamos nuestra atención y no perdernos en el mundo de las ensoñaciones mentales.
  • Se puede hacer en cualquier momento y circunstancia (a no ser que dejemos de respirar y entonces tendremos un gran hándicap), equilibrándonos instantáneamente a la vez que nos conecta con la serena profundidad de nuestro ser. Es muy recomendable hacerlo cuando nos notemos llevados por la energía de lucha-conflicto del ego, ya que nos ancla a nuestra paz interna.
  • Nos ayuda a trabajar nuestra concentración. De esta manera la vamos desarrollando, sin apenas esfuerzo.
  • Es un maravilloso ejercicio de acondicionamiento para realizar un trabajo interior. Si nunca te has “entrenado” espiritualmente, esta práctica te centra y relaja para poder hacer los ejercicios o meditaciones pertinentes.

RESPIRACIÓN CONSCIENTE

Al principio, hazlo con los ojos cerrados. Con la práctica los abres, pero mantén la mirada fija en un punto para aumentar tu concentración. Luego lo harás paseando, esperando en colas, cocinando…

El ejercicio, como su nombre indica, consiste en centrar nuestra atención en la respiración. En la inspiración te fijas en cómo entra el aire por tus fosas nasales, llenando los pulmones y expandiéndose el abdomen al bajar el diafragma. En la espiración notas cómo el aire sale de los pulmones, expulsándolo al exterior por la nariz o boca (como más te guste), contrayéndose tu vientre al espirar. Deja que este proceso suceda naturalmente, sin intentar dirigir la respiración ni esperar ningún resultado (ya estaría el ego llevándote): sólo sé consciente de cómo respiras. No tienes que hacer nada más.
Mantén constante la intención de dejar la mente en reposo. Si te vienen pensamientos los dejas pasar, no te “enrollas” con ellos, no los sigues. Ya se marcharán, tú a lo tuyo: a respirar.

Poco a poco te irás relajando notando tu cuerpo más pesado, más denso. Los “huecos” entre el final de la espiración y el comienzo de la inspiración se irán haciendo más dilatados, como si no te hiciera falta respirar. Comenzarás a sentir algo muy profundo e intenso, algo que te abarca y te llena completamente. Entonces, te quedas en esta maravillosa sensación todo el tiempo que te apetezca o que te permitan tus circunstancias personales. 

CONSIDERACIONES

Una de las claves de esta meditación es no hacer ningún esfuerzo por cambiar nada de nues­tro estado interior: solo ser conscientes de algo que, normalmente, hacemos inconsciente­mente. Esta ausencia de deseo por alcanzar un objetivo concreto nos relaja automática­mente, centrándonos en nuestro ser, en nuestra auténtica realidad, llevándonos al punto de contacto con nuestra divinidad.

Además, si tienes dificultades para sentir la vibración-energía que somos este es un ejercicio que te ayuda a ello, ya que el acto de centrarnos en la respiración hace que nuestra atención vaya abarcando todo nuestro cuerpo, toda nuestra energía. De esta manera nos unimos a nosotros mismos, nos unificamos, dejando de estar divididos al permanecer, normalmente, con nuestra atención fijada en el mundo exterior.

Si tienes cualquier problema con esta práctica, coméntamelo, por favor.

Un abrazo, de corazón.

Seguimos caminando.

El ego: nuestra creencia fundamental

Ya hemos visto qué es una creencia, cómo se forman y sus características fundamentales. Ahora vamos a conocer nuestra creencia fundamental, el ego, pero antes de meternos con él y para entenderlo mejor, vamos a comentar la pregunta del millón: ¿qué somos realmente como seres vivos?

LO QUE SOMOS REALMENTE

Sabemos que somos energía vibrando, a la que llamamos cuerpo, y que esta energía (creadora) la dirigimos con nuestra atención. Pero si nos damos cuenta del cuerpo que poseemos o de los pensamientos que mantenemos, es que hay algo más. Y “eso que se da cuenta” es lo que realmente somos: consciencia infinita siendo consciente del cuerpo que habita. Esta consciencia que faculta “darme cuenta” de este cuerpo, de los pensamientos y de lo que me rodea, es la misma que la tuya y la de todos los seres humanos, lo único que cambia es el cuerpo-habitáculo en el que “vive”. Tú provienes de unos padres y ancestros diferentes a los míos o no, pero nuestra auténtica realidad, lo que es eterno en nosotros, es lo mismo en todas las personas: somos Uno en la Consciencia.

Debido a la evolución de la vida en este planeta llegó un momento en que nació un ser consciente de sí mismo, al que llamamos ser humano, y es el que tiene colonizado este planeta. Es decir, esta consciencia que somos ya viene de “serie” en nuestro cuerpo físico: somos seres conscientes por naturaleza.
Este ser humano consciente tiene una facultad única: la de pensar. Con ella viene unida la capacidad de imaginar y aquí es donde esta consciencia comienza a confundirse creyéndose ser aquello que imagina, aquello que piensa, “olvidándose” de que es consciencia. Esto se llama identificación (creer ser algo que no es) y es el comienzo del dolor, pero eso lo comentamos luego.
La primera identificación es con nuestro cuerpo, nos creemos ser él, y al vernos físicamente autónomos nos consideramos seres individuales, independientes de los demás: “este cuerpo soy yo y ese cuerpo eres tú, luego somos dos”. Ya estamos separados.
Luego, según vamos creciendo, y con el desarrollo del cerebro, esta consciencia fortalece su identificación con la mente y los pensamientos, creyendo ser la voz pensante de la cabeza: “Pienso, luego existo”, dijo Descartes, en su “Discurso del método” de 1637.

A partir de aquí esa consciencia se pierde en el mundo de la forma, en el mundo de lo que parece evidente, pero que no es real por tener fecha de caducidad. Solo lo eterno, lo inalterable, lo que no tiene principio ni fin es lo verdadero: la Consciencia Universal. Todo lo demás aquí lo dejamos cuando abandonamos este cuerpo, pero ya me estoy desparramando. Sigamos con el ego.

 

EL EGO: NUESTRA CREENCIA FUNDAMENTAL

Debido a esta identificación con nuestro cuerpo y nuestra mente, ya desde la niñez comenzamos a forjarnos una idea de lo que somos en función de los pensamientos que mantenemos en respuesta a las experiencias que vivimos. Además, se van añadiendo los comentarios, ideas e interpretaciones-creencias de las personas que nos guían en la infancia (generalmente nuestros padres), plantándose la semilla del ego en nuestro interior, creyéndonos ser aquello que nos dicen que somos. Si te han repetido de pequeñ@: “eres tont@”, tendrás un concepto de ti muy diferente a alguien que a la mínima oportunidad le decían: “¡pero qué inteligente eres!”.

El ego es un concepto mental, una idea: una creencia que tenemos acerca de lo que somos. Es hijo de la mente y sin pensamientos no hay ego. Solo son pensamientos, pero nosotros le damos la fuerza de la realidad al creernos ser lo que pensamos acerca de nosotros.
Todas las etiquetas que te pongas para definirte: “soy una persona activa, cumplidora, un poco impaciente, con un gran fondo humano”, por ejemplo, es ego. Tú eres una vibración, no una definición.

Aparte de lo anterior, el ego son también todas las ensoñaciones no conscientes, esos pensamientos imperceptibles, pero que nos provocan una emoción que sí sentimos. Esta emoción que experimentamos nos hace reaccionar ante los acontecimientos que vivimos y esta reacción también es ego. Es lo que nos hace decir: “soy así, no puedo evitarlo”, cuando respondemos automáticamente a un acontecimiento de nuestra vida.
Esa voz de la cabeza que nos dice qué tenemos que hacer, cómo nos tenemos que comportar, qué tenemos que pensar… Esa voz que te ordena, chilla, se enfada, llora… ese parloteo mental es el ego viviendo en ti.
Inquietud, impaciencia, angustia, miedo dolor, ira… es ego. En este caso, es la reacción de tu cuerpo a los pensamientos que le envía esa ilusión que crees ser “tú”.

CARACTERÍSTICAS FUNDAMENTALES

IDENTIFICACIÓN: la raíz de la separación

Identificación es dar sentido del “yo” a algo exterior a la consciencia que somos. Empezamos con “nuestro” cuerpo, luego “mis” pensamientos y posteriormente, según crecemos, van aumentando en número nuestras identificaciones: padres, herman@s, amig@s, pareja, hij@s…, todo aquello que nos cree sentimiento de pertenencia, como si fuera nuestro, como si fuera “yo”. Nos identificamos con un país, un partido político, un club de fútbol, un trabajo, un estatus social, una postura mental (defendemos nuestra “verdad” como si nos fuera la vida en ello), etc.

También nos identificamos con los “papeles” que representamos en esta vida. Si tienes hij@s seguro que representas el papel de padre/madre y esperas de ellos que actúen según su “papel”: “te deben” respeto por ser tus hij@s. Si no lo hacen te encolerizarás, ya que para tu ego no se están comportando de acuerdo al rol que les ha adjudicado. Hay infinidad de “papeles” que representamos: el de pareja, jefe/a, trabajador/a, herman@, amig@… A cada papel le asignamos obligaciones y derechos, unos códigos de conducta, y si algo o alguien se los salta nuestro ego reacciona con lucha para restablecer el “orden” perdido.

Todo aquello con lo que nos identificamos nos da un valor como persona, de manera que si cambia o desaparece algo de ello experimentamos un fuerte dolor. Es como si el hecho de ser abandonados por nuestra pareja, aparte del dolor de la separación, nos quitara valía personal, haciéndonos sentir ser “menos” o el que rebatan una idea mía me haga considerarme disminuido como ser inteligente. De esta manera, al identificarnos con algo que suponemos como “mío-yo”, surge el apego a ello. El apego, en este caso, es sinónimo de dependencia: dependemos de aquello con lo que estamos identificados.

De esta manera perdemos nuestra libertad personal. Ya no somos solo esa consciencia que habita en nosotros, sino la suma de lo que creemos ser: padres, hijos, pareja, el club de fútbol del que soy hincha, el estatus económico y social que mantengo, el partido político con el que simpatizo o el país en el que vivo… Y nos pasamos la vida intentando mantenerlo todo en equilibrio, que nada cambie a peor o desaparezca porque entonces experimentaremos un dolor directamente proporcional al grado de identificación con ello. Hay hinchas de fútbol que cuando pierde el equipo de sus amores están varios días cabizbajos y tristes. A otros les dura la frustración el tiempo que tardan en tomarse un café. Son diferentes grados de identificación y, por lo tanto, diferente intensidad de dolor por la pérdida-cambio, pero en ambos casos la identificación es sinónimo de dolor.

A nivel energético, el apego es la energía que damos a lo que consideramos como “yo”: nos unimos energéticamente a aquello con lo que nos identificamos.
Identificación y apego son las dos caras de la misma moneda y siempre es un desvío de nuestra energía, de la energía que somos. Es una “pérdida” energética que sufrimos por mantener viva una idea mental, una creación de la mente.

Esta identificación (esta separación entre “yo” y lo demás) es la que hace que vivamos en un mundo de países, culturas y religiones diferentes, a menudo enfrentadas, ya que el ego necesita conflicto para reafirmarse, para sentirse vivo. Al ego la paz le resulta indigesta y pesada, con poco atractivo. Siempre busca retos, desafíos, metas… tiene que estar constantemente haciendo algo para no sentir el miedo que le atenaza.

Esta inquietud que nos acompaña siempre, este desasosiego constante, en realidad es el miedo a la muerte del ego. Como está identificado con el cuerpo que tiene y sabe que tarde o temprano va a morir, para evitarlo se inventa cuentos maravillosos, haciéndonos creer en reencarnaciones y en la evolución del alma, de vida en vida, buscando la perfección divina. Pero no son más que ilusiones del ego resistiéndose a morir, intentando ser inmortal, cuando, en realidad, al fallecer termina la ilusión que creemos vivir, uniéndose la consciencia que somos a la consciencia universal. Así que, disfrutemos de este tiempo en el que podemos gozar de este maravilloso cuerpo que nos sustenta y que nos permite llenarnos de la fragancia de una flor o de la risa alegre y juguetona de un/a niñ@. Pero bueno, sigamos con nuestro amigo el ego, que me estoy yendo otra vez.

JUZGAR-COMPARAR

Para marcar los límites de su “individualidad”, el ego está constantemente juzgando y comparándonos con los demás. Se fija, normalmente, en las diferencias que nos separan, haciéndonos sentir bien-mal según los resultados de dicha comparación. Además, etiqueta a las personas en función de ese resultado, siendo nosotros el punto de referencia: “Marian es muy inteligente” (porque ha demostrado una “chispa” que no tenemos), “Ander es un engreído” (no es “tan” humilde como nosotros).

También nos juzga en función de un ideal de persona que crea para desenvolverse en este mundo. Cuando no hacemos las cosas en función de ese modelo nos regaña más o menos intensamente según lo fuerte que sea nuestra identificación con él. Es como si tuviéramos un juez y verdugo interior que nos castiga de manera inmisericorde cuando cometemos un error, sin poder escapar de él.

Por último, el ego siempre está clasificando las situaciones de vida en buenas o malas. Si algo ocurre que le acerca a lo que desea, se alegra (no por mucho tiempo, siempre quiere más y más); cuando, por el contrario, lo que sucede no le gusta se enfada con la vida, con los demás o contigo si te considera responsable de algo. El caso es que está siempre interactuando con el mundo exterior y su alegría o tristeza depende de la valoración-interpretación que haga de esa experiencia vital.

RESISTENCIA

Es la no aceptación de lo que está viviendo, negando lo que ocurre: “yo no debería estar pasando por esto. Es muy duro, es injusto”. Aquí nace la negatividad que lanzamos al mundo.

El ego echa la culpa a los demás (sea la vida en general, las personas o situaciones que vive), por no ser como a él le gustaría que fueran. Y son los demás (la vida también) los que deben cambiar, cosa que espera lograr enfadándose consiguiendo justo lo contrario, ya que esa energía negativa del enfado revitaliza la situación que detesta.

Esta resistencia frente a lo que sucede, es lo que lleva al ego a reaccionar en contraposición al actuar.
Actuar frente a un hecho o circunstancia de la vida significa que la respuesta que damos a esa situación viene dada desde la independencia emocional, desde la inteligencia pura: “Me acabo de enterar de que cierran la empresa. Nos echan a todos, ¡qué pena! No hay tiempo que perder, voy a empezar a mandar curriculums”.

Reaccionar es dejarnos llevar por una respuesta emocional a lo que vivimos en un momento dado. Esa emoción, que nos hace responder así, es el apego del ego a esa realidad que ahora se encuentra amenazada por esa situación de vida: “Hoy me han dicho que cierran mi fábrica. Nos echan a todos. ¡Ya decía yo que eran unos inútiles los jefes: no saben llevar una empresa! Hoy me emborracho”. Es decir, sin ego no hay reacción.

Al reaccionar frente a algo exterior (quejarse es una forma de hacerlo, inclusive del tiempo que hace hoy) o interior (reaccionamos también a los pensamientos que tenemos: hay pensamientos que nos “duelen”), el ego siente que se reafirma, adquiriendo más “vida”. Esta reacción constante, generalmente negativa, es la creadora de nuestro estado de ánimo, que es la energía que emanamos al universo y, por lo tanto, es la energía que nos devuelve. Al recibir situaciones “negativas”, reaccionamos con más negatividad, perpetuando aquello que no queremos vivir. La única forma de romper este círculo vicioso, en el que vive la inmensa mayoría de la gente, es por medio del perdón. Aquí te dejo un enlace que te permitirá liberarte de las cadenas que te atan al pasado: ejercicio del perdón.

NOTAS PRÁCTICAS:

  • Ama tu ego, porque siempre estará contigo. Es la energía que nos rodea por todos los lados, es la energía que mueve este mundo. No luches contra él, no intentes eliminarlo, porque entonces lo estás vivificando con tu atención. Lo único que puedes hacer es darte cuenta de que estas siendo vivido por el ego, no por el amor. Para ello estate muy atent@ a tu estado interior. Esta es la clave: ¿cómo te sientes?, ¿qué pensamientos te llegan?, ¿son pensamientos que te transmiten paz o te generan lucha, desasosiego? Si te sientes bien, perfecto, estás en el amor. Si te notas embarullada, indeciso, rencorosa, impaciente, lastimero… estás con el ego-mente.
    El darse cuenta es el primer paso para poder amarlo. Una vez que lo amas, como podrías amar las travesuras de un niño pequeño, empiezas a desidentificarte de él, separándote de la ilusión que guiaba tu vida. Y, en este momento, comienzas a crecer.
    Si normalmente tienes mucho “ruido” mental y te resulta difícil dejar de “pensar”, empieza con este ejercicio de concentración maravilloso que, además, limpia y equilibra tus chakras de vibraciones inarmónicas: activando nadis y chakras.
  • Ama el ego de los demás. El ego tiende a reaccionar con el de los demás y, a no ser que tengas un gran autocontrol, acabarás enredado en su energía. Cuando interactúes con alguien estate atent@ a cualquier aparición de malestar en tu interior: ira, culpa, abatimiento, debilidad… Esas son las emociones creada por tu ego al reaccionar a la energía que envía tu interlocutor/a. Cuando te notes que empiezas a alterarte, centra tu atención en la respiraciónTe equilibrará instantáneamente, pero hazlo cuanto antes para no dejarte llevar por la fuerza de la emoción egoica.
  • Todo aquello que no sea paz es ego viviendo su sueño a través tuyo. El ego, como hijo de la mente que es, siempre está soñando, imaginando y recreándose en acontecimientos pasados o situaciones futuras: “Cuando llegue al trabajo seguro tengo bronca con el tonto ese de Ander”, “¡Qué bien me lo pasé ayer cenando con Marian!”. La mente es lo que tiene: solo puede vivir en el pasado o en el futuro. El momento presente se le atraganta porque no puede controlarlo, es lo que es y no lo puede cambiar, por eso huye de él. Así que, si no sientes la paz en este momento es porque estás viviendo el sueño (de lucha) del ego-mente.
    Cuando te descubras cabalgando por los caminos de la ilusión, si te atropellan los pensamientos, DETENTE… inspira… espira… Se consciente de tu cuerpo, siente tu vibración, tu energía, y permanece ahí todo el tiempo que puedas. Una y otra vez.
  • ¿Prefieres tener paz o tener razón? Tu elijes momento a momento la vida que quieres llevar. Al ego le encanta tener razón, al amor tener paz. Puedes tener razón y saber que la tienes, pero no luchas por convencer, sólo expones tu verdad, compartiéndola. Lo que hagan los demás, aceptarla o no, es secundario, no es tu problema. Intenta vivir con total desapego a cualquier postura mental.
  • “Yo no tengo problemas, es mi ego quien los tiene”. Recuerda esto en aquellos momentos que te notes “llevado” por el dolor, la ira, el reproche, la debilidad… Así te vas separando de él, desidentificándote, por medio del darte cuenta” (sinónimo de crecimiento de la consciencia) de que tú no eres ese ego chillón y lloroso que a veces te posee.

EL EGO Y EL CRECIMIENTO PERSONAL

El ego es nuestra mayor identificación, alrededor de la cual hemos organizado nuestra vida. Desechar esa idea, es volver a comenzar otra vez, es un renacimiento, y esto nos genera mucha incertidumbre, mucha inseguridad, ya que abandonamos el mundo conocido, el de la forma, el exterior, para adentrarnos en nuestro mundo interior que, para la mayoría de la gente, es un lugar totalmente desconocido. De esta manera comenzamos a descubrir aquello que siempre hemos sido, pero que esa ilusión mental nos impedía ver.

El cambio personal, fundamentalmente, es liberarse de las identificaciones con lo que no somos. Esta liberación conlleva dolor, porque ese sufrimiento es la ruptura de la conexión energética (apego) que habíamos creado con lo identificado. Nos sentimos como si nos arrancaran la piel, rotos por dentro (imagínate como te deja una ruptura sentimental), ya que nos desprendemos de algo que consideramos forma parte de nuestro ser. Como el ego no quiere sufrir, no quiere ser “menos”, va a luchar con todos sus medios para que nada cambie y no sentirse más “pequeño”. Por este motivo se convierte en el principal enemigo del crecimiento personal.

Por otra parte, si no hay dolor no hay cambio. Dejará de dolerte, dejarás de sufrir, cuando ya no estés identificad@ con nada ni nadie, cuando te des cuenta de que eres sólo Consciencia. Mientras llega ese momento, la mente-ego te va a poner todas las zancadillas que pueda para que no la abandones retirando tu atención inconsciente de ella. Te hará sentir mal, diciéndote que te equivocas, que ese no es el buen camino, que te dejes llevar por ella, que no es bueno sufrir, que no te encuentras bien… bla, bla, bla.

Cuanto peor lo pasas mayor crecimiento experimentas, ya que más energía había “desviada” a ese apego que ahora abandonas. Esa aflicción que sientes es tu verdadero ser agrandándose, mejor dicho, es tu consciencia expandiéndose por el “hueco” que ha dejado la energía del apego. Así que, cuando sufres es porque estás creciendo como ser consciente.
La forma más rápida de crecer, de evolucionar, es amar ese sufrimiento que padeces. Esto es difícil de hacer al principio, pero cuando lo hagas notarás como lo atraviesas, separándote de él. Sientes tu dolor, pero ya “no eres” ese dolor: ya no estás identificado con él.
Además, esta energía, que antes estaba “perdida” en el apego a aquello que considerabas eras tú, vuelve a ti. De esta manera te vas convirtiendo en un ser más poderoso, con más energía vital, más profundo.

No cedas a la desesperación que vas a vivir. No creas que te estás volviendo loc@ por sentirte sol@ (te llegará esta sensación, no lo dudes) en este mundo enfermo. Ese sentirte sol@ es una buena señal, porque es el único modo de hallar lo que realmente buscamos todos los buscadores: encontrarnos a nosotros mismos.
Este camino de descubrimiento personal siempre es un camino solitario, nadie lo puede recorrer por ti. Pero cuando descubres lo que realmente eres ya nunca más te sentirás sol@ porque vivirás conectad@ a algo tan amoroso, intenso y acogedor que las palabras no le hacen ninguna justicia. Además, aunque parezca una paradoja, te darás cuenta de que nunca has caminado sol@, que siempre has sido llevad@.

Pero eso lo vas a vivir tú, porque ya eres (todos lo somos) aquello que vas a ser. Lo que sucede es que todavía no eres consciente de ello.

Un abrazo, de corazón.

Seguimos caminando.

Activando nadis y chakras

Ahora vamos a conocer un par de ejercicios muy efectivos para acondicionar nuestros circuitos energéticos y que fluya armónicamente por nuestro cuerpo la energía del universo, la energía que nos da la vida. Estos ejercicios los descubrí en un maravilloso libro, El sendero de la energía (Synthia Andrews), cuya lectura y práctica te recomiendo encarecidamente.

El primero de ellos te puede parecer complicado de hacer, dependerá de tu capacidad de concentración. Yo me he tirado con él más de un año, repitiéndolo entre 30 y 50 veces diarias. Al principio era una pura desesperación, me despistaba un montón de veces. Cada vez que me perdía, en la ascensión casi siempre, volvía a comenzar desde el principio. Una y otra vez.
Recuerdo un sábado a la tarde, estando detenido en un semáforo en el coche, yendo a bailar. Intenté hacerlo un par de veces y nada, no pude culminar la ascensión de un tirón. Desistí de llegar a hacerlo bien: “no tengo cabeza para esto, ya soy mayor para estas historias”, pensé. Llevaba un mes con él y me costaba horrores. Hasta llegar al chakra corazón iba medianamente bien, pero a partir de ahí, hasta alcanzar el chakra corona, todo se descontrolaba. Siempre. Y vuelta a empezar, una y otra vez. Me veía incapaz de lograrlo.
Al día siguiente dibujé el circuito en un papel: “¿cómo va a poderme un simple ejercicio de concentración?, ¿quién me creo ser?”, me dije. Eso fue en diciembre de 2016. En la actualidad (3 de julio de 2018), mientras bailo los sábados en la discoteca que voy habitualmente, hago el ejercicio. Cuando me confundo, que a veces me pasa, comienzo desde el principio, disfrutando del paseo entre mis chakras.

Esta dificultad en los inicios se transforma al poco en su mayor virtud, porque te permite desconectar instantáneamente de ese agobio mental que puedes vivir en un momento dado. Cuando tengas muchos pensamientos atropellados, cuando te sientas mal por el motivo que sea y notes que la mente te lleva por su camino: vete a esta visualización. Automáticamente te relajarás porque no puedes mantener TODA tu atención en dos sitios a la vez y si la tienes en este ejercicio no te encuentras perdid@ en el mundo de la mente, en el mundo de la ensoñación. Al hacerlo con esta intención ya no será un ejercicio que debes hacer para elevarte, sino que se convertirá en tu oasis privado en el que descansas del mundanal ruido, olvidándote del agobio de la mente y de la identificación con esta ilusión de vida que parece tan real.

Todos los obstáculos, dificultades o problemas que puedas tener para hacerlo no son más que engaños del ego-mente para que no sigas con ello. Vive con la certeza de que lo consigues, sé constante (la repetición es la madre de la mejora) y dale caña porque vas a flipar con él, de verdad.

Así que, sin más preámbulos, vamos a conocer algo más de esta maravilla.

ACTIVANDO IDA, PINGALA Y CHAKRAS

Nosotros, como seres físicos, somos transformadores de energía: tomamos energía de la respiración, alimentos, sol y del agua. Esta es la energía que nutre el cuerpo físico, pero también recibimos energía sutil del cielo y de la tierra, la energía del universo, para posteriormente darla al mundo. La energía del cielo penetra en nuestro cuerpo por medio del chakra corona, la de la tierra por el chakra raíz. Esta energía sutil se distribuye por medio de unos canales llamados nadis. Tenemos más de 70.000 en nuestro cuerpo (es lo que dicen, yo no los he contado), siendo tres los fundamentales: Sushumna, Ida y Pingala.

El nadi Sushumna es el canal de energía que une el chakra raíz con el corona, ascendiendo por la columna vertebral. Los chakras nacen de él y es el nadi más importante porque nutre de energía a todos los demás.
Ida y Pingala zigzaguean entre los chakras, encargándose de mantenerlos en perfecto estado, equilibrando y armonizando su vibración.

Los chakras son nuestros “transformadores energéticos personales”. Son unos vórtices de energía encargados de transmutar la energía a la vibración adecuada, tanto la que recibimos como la que damos. Esta vibración constante de los chakras, junto con la energía que absorbemos de la tierra-cielo, crea una burbuja energética (el aura) que nos rodea totalmente, actuando como una armadura protectora. Cuando los chakras no funcionan adecuadamente, esa burbuja energética personal refleja esas anomalías, creándose agujeros o puntos más débiles. Por ellos penetra la energía disfuncional del exterior (la del ego-mente que nos rodea) contaminándonos y haciendo descender nuestra vibración personal. Fíjate, cómo a veces, al quedarnos sol@s tras permanecer un rato con una persona, nos notamos “mal” por dentro, con toda nuestra energía movida Eso es porque la energía-vibración de esa persona ha resonado en nuestro interior, haciendo vibrar la nuestra en su misma frecuencia. De esta forma, cuando los chakras no trabajan armónicamente, nos encontramos desprotegidos frente a la energía del exterior, siendo susceptibles de ser “dirigidos” por ella.

Por el contrario, cuando los chakras vibran fluida y armónicamente, entonces, todo fluye. Nos sentimos plenos de energía, de confianza, de optimismo, siendo mucho más creativos y con el poder suficiente para llevar a cabo aquello que expresa nuestro anhelo más querido. Nos convertimos en perfectos canales de transmisión de la energía del universo-amor a este mundo físico. Y este flujo de energía, de la más alta vibración, es el que nos va a ir elevando constantemente, convirtiéndonos en seres más conscientes, más despiertos. Por lo tanto, cuando tenemos nuestra burbuja en perfecto estado nada de fuera nos puede afectar, somos libres de las influencias del mundo exterior y, en este caso, nuestra energía es la que eleva a la de las personas que interactúan con nosotros.

Así que, fíjate en la importancia de este ejercicio para nuestro crecimiento y desarrollo personal.

BENEFICIOS:        

Tranquiliza y relaja el tráfico mental, desconectándonos de la mente ensoñadora. Si hemos tenido una discusión o una mala noticia y, tras ella, nos quedamos sumergidos en la vorágine habitual de pensamientos, este ejercicio nos separa de nuestro ego que se siente lastimado, permitiéndonos recuperar nuestro “tono” habitual.

Desarrolla la capacidad de concentración: nuestro auténtico poder. Según se desarrolla la capacidad de concentración vamos tomando el control de la mente y los pensamientos ensoñadores no nos llevarán por su camino. Nos volvemos más conscientes de donde enfocamos la atención, pudiendo cambiar la dirección de la misma a voluntad nuestra. No como ahora, que a veces nos vemos esclav@s de los pensamientos sin poder “escapar” de ellos.

Limpia, equilibra y energiza los chakras al mantener la fluidez de la energía que los sustenta. De esta manera preparamos nuestra energía para elevar su frecuencia, convirtiéndonos en personas más amorosas y vigorosas, aportándonos clarividencia. Así vamos creciendo como seres conscientes, a la vez que, desarrollamos nuestras cualidades personales ligadas a la vibración de cada chakra correspondiente.

Despeja el camino para la ascensión de la energía Kundalini, la energía más poderosa que disponemos y la que amplía nuestra percepción espiritual. Se asienta en el sacro y asciende de una manera natural cuando la consciencia ya está lo suficientemente expandida.

FORMA DE HACERLO:

  1. Puedes hacerlo sentad@, tumbad@ o de pie. Yo, normalmente, la hago de pie ya que me resulta más fácil seguir la visualización, pero tú mism@, hazlo como más te guste. Los ojos, al principio, cerrados; cuando lleves un tiempo con ella la harás como quieras.
  2. El ejercicio lo comenzamos con una inspiración y, a partir de ahí, nos olvidamos de cómo respiramos. Lo importante es visualizar el recorrido de la energía entre los chakras. Con el tiempo ya podrás ser consciente de más cosas, pero en principio céntrate en la visualización. Si tienes problemas para seguir el circuito, acompáñate con un dedo marcando la trayectoria por tu cuerpo.
  3. Haz unas cuantas inspiraciones hasta notarte relajad@ y centrad@.
  4. Inspiras e inicias la ascensión de la energía por la pierna izquierda (por la derecha si eres o has sido zurd@ de pequeñ@), penetrando por la izquierda del chakra raíz. Haz el giro del chakra, sales y continuas la ascensión por la derecha del 2º chakra. Haces el giro con él, sales por su izquierda y entras en el 3º. Recorres todos los chakras (fíjate en el dibujo) hasta llegar al corona (igual lo visualizas un poco más grande que los demás), donde comienza el camino de descenso. Prosigues con el recorrido inverso y lo finalizas con la energía bajando por la pierna derecha, saliendo por la planta del pie.
  5. En el recorrido ve-imagina los colores de los chakras intensos y brillantes, aunque con la práctica constante verás como cambian de intensidad y textura según tu estado de ánimo.
  6. Cuando tengas suficiente destreza puedes hacer el ejercicio siguiendo el ritmo de la respiración: en la inspiración realizas la ascensión; en la espiración el descenso. Esto requiere la máxima concentración y será la señal de tu maestría, pero que este no sea tu objetivo: es una consecuencia del trabajo realizado.
  7. Procura hacer la visualización todos los días como ejercicio de mantenimiento y, a veces, lo harás sin tener intención de hacerlo: te lo pedirá tu propia vibración.

NOTA:

El único objetivo en todo trabajo interior es: DISFRUTAR. Intenta disfrutar de todo lo que haces. Al principio, hasta que lo domines, estarás un poco tens@ (te sentirás insegur@ mientras lo realizas) y tendrás que estar más concentrad@ de lo habitual. Cuando tengas soltura con él ya no te “costará” tanto concentrarte en ello y entonces empezarás a disfrutar. Y cuando disfrutas comienzas a crecer, a elevarte, porque lo haces sin esfuerzo, sin lucha. Y todo aquello que hagas sin lucha te eleva.

 

ACTIVANDO SUSHUMNA: ÓRBITA MICROCÓSMICA

Con este ejercicio complementamos el anterior, ya que activamos el nadi Sushumnalimpiando y abriendo la línea Hara de nuestro cuerpo, favoreciendo la conexión Tierra-Cielo.
La línea Hara es un tubo de energía que asciende desde nuestros pies, conecta con el nadi Sushumna y fluye al cielo por medio del chakra corona. Es nuestra conexión con la energía de la tierra y del cielo: es el punto de encuentro entre nuestra parte física humana y nuestra divinidad. Es el canal que nos conecta a la Unidad.

Con esta visualización equilibramos el flujo de energía que circula por nuestro cuerpo, corrigiendo los excesos y deficiencias de esta. Además, nos libera de la energía del pasado, de actitudes antiguas y formas obsoletas de ver la vida, permitiéndonos avanzar más rápidamente en nuestro cambio personal.

Procura hacer este ejercicio habitualmente, a modo de mantenimiento. Así, la línea Hara se encontrará limpia y despejada para asimilar mejor la energía de más alta vibración. Al pasar esta energía a través nuestro nos vamos elevando, aumentando nuestra frecuencia de vibración, siendo más luz. Y esta luz es la que damos al mundo.

FORMA DE HACERLO:

  1. Siéntate en un lugar cómodo con la espalda erguida. Ojos cerrados, manos descansando sobre las piernas. Con el tiempo y la práctica lo harás andando, esperando en colas o mientras cocinas porque será motivo de gozo.
  2. Haz unas cuantas inspiraciones hasta notarte relajad@ y centrad@.
  3. Inspira profundamente mientras llevas la atención debajo del ombligo, donde brilla una luz platino iridiscente. En cada inspiración sientes cómo esa energía, esa fuerza vital, va llenando tu vientre hasta sentirlo pleno, poderoso y refulgente.
  4. Cuando te sientas rebosar de luz inspiras, y esa bola luminosa la haces descender hasta el final de la columna vertebral para luego ascender por ella, inundándola de luz a su paso.
  5. En la espiración, la bola de energía sale por la parte superior del cráneo, descendiendo por el exterior de tu cuerpo: rostro, boca, cuello, pecho y vientre hasta llegar al coxis, donde, con la inspiración, vuelve a ascender abrazando la columna vertebral.
  6. Repites este ciclo respiratorio con esa bola de luz recorriendo tu cuerpo. El coxis y la parte superior de la cabeza son los puntos de cambio del flujo respiratorio.
  7. Cuando te sientas energizad@, procura terminar el ejercicio con una inspiración, dejando esa energía vibrando con todo su fulgor en tu columna vertebral. Permanece un rato sintiendo esa electricidad palpitante.

VARIACIÓN:

Haz los pasos 1-3 como el anterior.

  1. Una vez tengas almacenada la energía vital en tu vientre, en la inspiración la haces descender al coxis para luego ascender por tu columna vertebral saliendo por la cabeza, como si fuera una fuente. En la espiración desciende por tu cuerpo, llenando el aura de esa luz iridiscente, hasta llegar al suelo. En la inspiración entra por el coxis y te recorre por tu centro, hasta rebosar por la cabeza. En la espiración te bañas en esa luz que te interpenetra.
  2. Permanece todo el tiempo que quieras disfrutando de esa luz, tu luz, que te limpia y energiza

Esta variación es la que más practico, pero tú haz aquella que más conecte contigo. En el camino espiritual no hay un solo camino: hay infinitos y cada persona sigue el suyo, ya que el camino lo creamos al caminar.

Un abrazo, de corazón.

Seguimos caminando.

Sintiendo lo que somos: vibración

Ahora vamos a realizar una sencilla práctica que permite darnos cuenta de la realidad que somos como seres físicos. Lo que vemos y creemos sólido y compacto, nuestro cuerpo, en realidad es una vibración de energía y esa energía es luz.

El objetivo fundamental de este ejercicio es sentir la energía-vibración que somos. Para ello lo comenzamos con una visualización (creación de la mente) y lo acabamos en una sensación, en una vibración. Quédate bailando en la sensación todo el tiempo que puedas. Lo que te hace crecer, expandirte, elevarte, es la percepción sensorial no el pensamiento. Cuantas más veces lo hagas, cuanto más te sumerjas en la sensación, más elevas tu frecuencia de vibración, ya que desarrollas-creas aquello a lo que prestas atención.

Puedes hacerlo con los ojos abiertos (en tus quehaceres diarios) o cerrados (cuando sólo quieras hacer el ejercicio). Cuantas más veces lo repitas más fácil te resultará y mejor te sentirás (la repetición es la madre de la mejora). Hasta que cojas soltura con él, empieza haciéndolo de pie: ojos cerrados, pies separados tanto como tus hombros, cuerpo erguido, pecho expandido. Al poco de tener esta postura advertirás cómo la energía asciende por las plantas de tus pies, llenándote totalmente. Déjate bañar en ella, disfruta de tu vibración.
Cuando ya lo domines, podrás hacerlo en cualquier postura y en cualquier momento sin tener que cerrar los ojos, porque de eso se trata, de vivir despiertos.
Puedes llevarte el ejercicio escrito en un papel o en el móvil y, cuando tengas un rato de tranquilidad, tomando un café, por ejemplo, léelo concentrándote profundamente en sus palabras, percibiendo lo que inducen en tu consciencia. Tras hacerlo te encontrarás más equilbrad@, más seren@, a la vez que habrá aumentado un poquito tu capacidad de concentración para abstraerte de tu frenesí diario. Al igual que poco a poco se acaba llenando el agujero más profundo, progresivamente irás desarrollando tu capacidad de concentración.
La capacidad de concentración mide la cuantía del poder creador que disponemos. La concentración es el poder de Dios “pasando” a través nuestro: a mayor poder de concentración, mayor poder creador.

Si por cualquier circunstancia que hayas vivido (una discusión, una mala noticia…), no puedes centrarte en la sensación por estar perdid@ mentalmente dando vueltas a ese incidente, haz el ejercicio del perdón antes de seguir con este. El perdón (luz violeta), disuelve la energía del ego que vibra en ese acontecimiento. Una vez te encuentres limpi@ de esa energía (de la mente), podrás sentir con más facilidad la vibración (del amor) que eres.

         

EJERCICIO: “SINTIENDO LA VIBRACIÓN QUE SOMOS”

La inspiración hazla siempre por la nariz (si quieres, claro); la espiración puedes hacerla por la nariz o por la boca, como más cómodo te resulte.

Centra tu atención en tu respiración, en el aire que entra y sale de tu cuerpo, notando el abdomen expandirse y contraerse en cada ciclo respiratorio….

Inspira… espira…

Inspira… espira…

Cuando estés relajad@, imagínate rodead@ de luz o inmers@ en una sustancia luminosa… Al inspirar, notas como la luz penetra en tu interior, llenándose todo tu pecho y abdomen de ella… Al espirar, sientes cómo esa luz atraviesa tu cuerpo, brotando un brillante resplandor por todos los poros de tu piel… Al mismo tiempo, percibes un cosquilleo que recorre tus células siguiendo la estela de la luz…

Con cada inspiración adviertes cómo la luz que te rodea llena tus pulmones, bajando tu diafragma…

Con cada espiración ves esa luz atravesar todo tu cuerpo, avivando ese hormigueo vibrante…

Inspira… Espira…

Ahora, centra la atención en tu cuerpo… en ese escalofrío, en esa sensación que recorre todas las células de tu ser… Sumérgete en esa electricidad que te llena… Toda tu atención la tienes puesta en ella… Siente esa energía… tu energía… ESA ENERGÍA ERES TÚ…

Inspira… y sientes tu energía…

Espira…. y sientes tu ser…

Permanece todo el rato que te apetezca disfrutando de lo que eres

Luego, a la cuenta de tres, abres lentamente los ojos… 1… 2… 3 y te quedas en esa vibración todo el tiempo que puedas.

CONSIDERACIONES SOBRE ESTE EJERCICIO

1.- Sentir nuestra vibración es el punto de donde nace todo. De esta vibración, de esta energía que somos, brota el mundo de la ilusión creado por la mente : esa facultad que poseemos gracias a nuestro cerebro.
Nos perdemos en este mundo de ilusión cuando dejamos de ser conscientes de nuestra auténtica realidad (esta vibración), es decir, cuando nos volvemos inconscientes.
Por lo tanto, con este ejercicio desarrollamos nuestra consciencia. La consciencia es sinónimo de “darse cuenta” y “nos damos cuenta” gracias al nivel de sensibilidad que tengamos. Nuestro nivel de sensibilidad lo incrementamos al fijarnos intensamente en lo que experimentamos-sentimos-pensamos… y fijarse intensamente es concentrarse.
A consecuencia del desarrollo de nuestra consciencia nos convertimos en seres más profundos, más completos.

2.- Con este ejercicio se produce el abandono de la mente para centrarnos en el ser. Dejamos de pensar, elucubrar, soñar y nos adentramos en el silencio de la energía vibrante que es nuestra auténtica realidad. Pasamos del mundo de lucha, de la mente, a la paz del ser y de esta manera estamos en el camino de conseguir el segundo objetivo de este ejercicio: no perder nunca el contacto con la vibración que somos.
Cuando interactúes con el mundo, en tus quehaceres diarios, no prestes toda tu atención al exterior: deja parte de ella mirando-sintiendo lo que eres. De esta forma vivirás la vida plenamente, sin separación, sin miedos y la mente no podrá llevarte por su mundo de ensoñaciones.

3.- Por último, y más importante, este ejercicio nos limpia de la energía mental que nos rodea (la del ego) y de la que vamos incorporando a nuestra vibración al reaccionar inconscientemente a las diversas situaciones que afrontamos en nuestro día a día.
Si vivimos siendo conscientes de lo que somos, con el tiempo, notaremos cómo nuestra vida se llena de luz, interpretando todo lo que nos sucede en clave de crecimiento y elevación, que, a su vez, atraerá más luz a nuestra vida. Esto sucede porque nos vamos limpiando de la energía egoica que vibra en nosotros por resonancia con la que nos rodea. Al limpiarnos de la energía más densa del ego, automáticamente se incrementa nuestra frecuencia de vibración, cambiando nuestro estado de ánimo y, por lo tanto, atraemos otro tipo de circunstancias vitales ya que la energía que emanamos al universo es más elevada.
Si, por el contrario, dejas de practicar este ejercicio tras haber comenzado con él (si tienes alguna dificultad con él céntrate en la respiración), será el ego-mente el que ha vuelto a tomar el control de tus decisiones. No importa las razones que te dé para que lo dejes, todas serán falsas. Tú decides si le crees, regresando al pasado, o vives algo nuevo, algo fresco. Date una oportunidad… y luego otra y otra. No importa las veces que caigas, lo importante es que te levantes siempre.

Un fuerte abrazo y… ¡dale caña!

Seguimos caminando.

Creencias: el cambio.

Ya hemos visto qué son las creencias, cómo se forman y el tremendo poder que tienen en nuestra vida. En este artículo descubriremos cómo poner a nuestro servicio ese poder de una manera consciente, no como hasta ahora, que desconocíamos lo que estaba guiando nuestros pasos.

Vamos a ver cómo podemos cambiar las creencias limitantes que tenemos.

 

 CAMBIO DE CREENCIAS

Puedes instalar todas las creencias que te apetezca en tu interior. Esa es tu libertad: decidir cómo quieres vivir tu vida, decretar qué leyes deseas que la gobiernen. Eres el dios/a de tu mundo personal y ahí solo mandas tú, a no ser que permitas que las leyes-creencias de otras personas dirijan tu vida.

Como hemos visto en el artículo anterior, las creencias se encuentran alojadas en la mente subconsciente y, para instalar una nueva, tenemos que ir allí, al lugar donde “moran” las creencias.
Para llegar a la mente subconsciente debemos repetir muchas veces el mismo acto, hasta que se automatice y dejemos de prestarle atención. Cuando estabas en la autoescuela toda tu atención la tenías enfocada en el volante, la palanca de cambios, el embrague, el freno, el acelerador y la carretera. A veces no, y te llevabas un susto.
Después de 10 años conduciendo habitualmente ya solo te fijas en la carretera, todo lo demás lo tienes interiorizado (hasta el ruido del motor para cambiar de velocidad). Ya no piensas en ello, lo haces mecánicamente: lo has incorporado al subconsciente.

Aquí hemos automatizado unos movimientos-rutinas físicas, pero con el tema de las creencias la cosa cambia un poquito.

Repitiéndote mentalmente, por ejemplo, “me siento todopoderos@, llen@ de fuerza interior y determinación. Soy invencible”, al cabo de un tiempo notarás el efecto de todas las repeticiones. Te sentirás un poquito más poderos@, con más fuerza interior, pero no conseguirás vibrar completamente en esa realidad.
Puedes compaginar la repetición de palabras-mantras con la visualización, “viéndote” llen@ de fuerza interior, mientras te “sientes” invencible (la forma estándar de trabajar un objetivo), sin embargo los resultados serán exiguos: esa creencia no está implantada en tu subconsciente.

¿Por qué sucede esto si la clave para asentar una creencia es la repetición?

Si queremos instalar una creencia elevadora en nuestra mente subconsciente vamos a tener que luchar contra la creencia limitadora contraria que ya está fijada en nuestro interior. Si deseas ser fuerte es porque te crees débil, es decir, ya tienes la creencia de impotencia instalada y esta creencia va a bloquear todo intento de cambio. En cuanto empieces a repetirte que eres todopoderos@ y te visualices erguid@, sintiéndote llen@ de energía y vigor, automáticamente se activan las alarmas en tu mente diciéndote: “¡¡¡INTRUSO, INTRUSO!!!, ¡¡¡CREENCIA ERRÓNEA ATACANDO!!!” Te sentirás un poco rar@, alterad@ por dentro. Esta sensación puede ser más o menos intensa, pero siempre te acompañará hasta que sustituyas la antigua creencia.
Este “mal sentirte” es la emoción generada por los pensamientos enviados por tu mente-ego indicándote que las palabras que te dices ahora son MENTIRA, que tu verdad es otra. Ese malestar, esa emoción, es energía de baja vibración lastrando tu deseo de elevarte. Es el miedo al cambio, a lo desconocido, porque lo desconocido la mente no lo puede controlar y eso la horroriza. Así que, cuando tu mente consciente se da cuenta de que quieres modificar una creencia que lleva tiempo con ella, inmediatamente bloquea todas las puertas de acceso al subconsciente para que no puedas alterar nada de él. Ella, la mente consciente y su infatigable guardián, el ego, están permanentemente vigilando para que nada se modifique en tu interior: son los enemigos del cambio.

Pero no te desmoralices pensando que eres esclav@ de las creencias que te han inculcado en tu niñez o de las que has incorporado a lo largo de tu vida. Existe un modo de sortear a la mente consciente y su tenaz centinela. Además, este camino es el más rápido, el más efectivo y el más cómodo. Vamos, ¡el chollo total!
La clave para ello es distorsionar el mensaje, que sea ininteligible para la mente consciente, pero no así para el subconsciente que se empapa de él. De esta forma no hay bloqueo, ya que el mensaje es indescifrable para la mente consciente.

¿Cómo puede ser que la mente consciente no se entere y la subconsciente sí?

La parte subconsciente de la mente es mucho más poderosa que la consciente. Puede procesar 20.000 (veinte mil) MILLONES de impulsos nerviosos por segundo (que se dice pronto), frente a los 40 (cuarenta) de la consciente. La mente subconsciente percibe infinidad de detalles que le pasan por alto a la consciente. Además, funciona ininterrumpidamente, es nuestro Gran Hermano interior y exterior. Capta todo lo que te rodea: lo que ves, hueles, escuchas, sientes, piensas, sueñas… instante a instante, tanto si estás despiert@ o dormid@. La consciente solo funciona cuando estamos despiertos (a veces ni eso).

La forma de esquivar esta vigilancia permanente es por medio de los audios subliminales, en los cuales las afirmaciones-creencias que queremos incorporar a nuestra vida están distorsionadas y ocultas bajo una capa de música o sonidos relajantes. Tu mente consciente solo oye música, pero bajo ella suenan repetidas las afirmaciones que SÍ son captadas y asimiladas por tu subconsciente.
La mente subconsciente es una tierra fértil en la que podemos plantar cualquier semilla (afirmación) que, con los cuidados adecuados (la repetición), irá creciendo y robusteciéndose en tu interior. Según lo plantado en ella podrás cobijarte y sentirte segur@ a la sombra del frondoso árbol que ha crecido gracias a tus afirmaciones elevadoras o, por el contrario, te pincharás y sufrirás con las espinas del zarzal que has permitido desarrollarse con tu inconsciencia negativa repetida.

Aquí te dejo un enlace a una web que es altamente recomendable para cambiar las creencias. El resto es trabajo personal, pero es muy sencillo grabar un audio subliminal. En mi caso concreto, en vez del programa de grabación que utilizan (viene en inglés y no controlo nada), empleo el Audacity, que es una maravilla. Tú mism@.

EL DOLOR DEL CAMBIO

Cambiar una creencia lleva su tiempo, de 3 a 6 meses, y es directamente proporcional a lo arraigada que esté en nuestro interior. Además, el ego (próximamente hablaremos de él) va a procurar, por todos los medios, sabotearte para que no lo consigas. Para el ego una creencia, aunque te limite y sea un tapón en tu desarrollo personal, forma parte de su esencia: el ego ES esa creencia viviendo en ti.

Si ya has comenzado un trabajo interior (meditaciones, visualizaciones, mantras, audios subliminales…) para modificar alguna, no desesperes si no notas avances o tienes la sensación de empeorar. Esas “malas” sensaciones realmente son una “buena” noticia. Es la señal de que vas cambiando la creencia y el ego se rebela con toda su fuerza para evitarlo. Así que, cuando te sientas rot@ por dentro o totalmente sol@ en este mundo o creas que ya no puedes más… entonces sonríe (es muy difícil a veces, pero recuerda que todo es una creación tuya), porque tu ego te está diciendo que le vas ganando, que no puede contigo y te envía los espejismos de dolor, duda y debilidad para que retrocedas y vuelvas a dejarte llevar por él, para que regreses al viejo mundo conocido.
En esos momentos te la estás jugando, te encuentras en el punto crítico de tu cambio. Puedes decidir tirar para adelante, a pesar del intenso dolor y adentrarte en una nueva vida desconocida para ti o regresar a lo conocido, a lo que ya no te hace crecer por ser sabido. Tú elijes, momento a momento, qué vida quieres llevar, qué persona quieres ser: la misma de ahora, repitiendo el mismo día uno tras otro, o vivir cada día como una aventura que no sabes cómo va a terminar: ¿quieres controlar tu vida o permitir que la vida te lleve?

Mucha gente sigue este refrán: “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”. Lo solía repetir mucho mi madre y nunca entendí por qué era preferible lo bueno a lo malo, ¿qué ventaja tiene? Con el tiempo me di cuenta, como os he dicho, que la mente-ego tiene pavor al cambio y que mi madre no sabía nada de todo esto.

Un abrazo, de corazón.

 

Posdata: PARA PADRES CON HIJOS PEQUEÑOS

Si eres madre/padre de niños, en tus manos está decidir la vida que van a llevar. Somos la referencia y el ejemplo más importante que tienen, por lo tanto, nos es muy fácil implantar creencias en ellos: tenemos toda su confianza.
Según las creencias que plantes en sus vírgenes mentes, así serán la programación que arrastrarán hasta que puedan modificarla y, según esta programación, así será su vida.
Esta es la gran responsabilidad que tenemos como padres: formar personas autosuficientes para desenvolverse en este mundo de la forma y, además, que sean felices. Una persona feliz es la que emite constantemente la luz de la alegría, elevando la del mundo que le rodea. Y para eso estamos aquí: para amar, para dar… para elevarnos y elevar.

Dile a tu hij@ que puede con todo, que no importa las veces que se caiga, lo importante es levantarse siempre.

Dile a tu hij@ que los sueños se cumplen, que solo hay que regarlos con amor e ilusión y, tarde o temprano, los verá materializados. SIEMPRE.

Dile a tu hij@ que le quieres, que es una bendición en tu vida y que le querrás siempre, haga lo que haga. Pero, sobre todo, demuéstraselo momento a momento… y la fuerza de tu amor le hará volar libre de las cadenas del miedo.

Te quiero.

Seguimos caminando.

Creencias: las jefas del cotarro. Qué son y cómo funcionan

“Tanto si crees que puedes, como si no, en ambos casos tendrás razón”. Esta cita de Heny Ford resume de una manera sencilla el concepto de creencia.  Ellas son las que nos dan el poder o nos lo quitan. Son las que nos hacen vivir en un mundo maravilloso o en el peor mundo posible.

Las creencias son las que dirigen al genio de la botella que vive en cada uno de nosotros. Son las que ordenan al universo lo que nos tiene que entregar. Da igual lo que quieras lograr en esta vida: si lo que deseas alcanzar va en contra de una creencia que tienes instalada en tu interior, olvídate, no lo conseguirás. Así de poderosas son.

Por lo tanto, esta es la clave de la vida que llevamos: ¿qué creencias tenemos?

Vamos a conocerlas un poco para saber mejor de qué hablamos.

Tú puedes. Siempre

¿QUÉ SON?

Una creencia es una idea, que se considera verdadera y a la que se da completo crédito como cierta. Es una interpretación de la realidad, no un hecho comprobado. Es un concepto mental, pero lo convertimos en “nuestra” verdad otorgándola el rango de ley y una ley no la cambiamos, la cumplimos. Esto es lo que representan nuestras creencias. Son los decretos por los que se rige nuestra vida, los mandamientos que nos gobiernan. Son la forma de mirar todo aquello que nos sucede, todo lo que vivimos. Es el “color” con el que vemos la vida.

Hay dos tipos de creencias: las que tenemos respecto a nosotros, a las capacidades que poseemos, y las que se refieren al resto (al mundo, a la sociedad, a la vida). Estas últimas se encuentran influidas por cómo nos vemos a nosotros. El mundo será un lugar inhóspito si nos consideramos con poco valor, con escasas aptitudes personales. Por el contrario, si tenemos una buena autoestima, nos parecerá un lugar más amigable y acogedor.

¿CÓMO SE CREAN?

Una creencia se puede formar por una emoción muy intensa unida a un acontecimiento o por la repetición de acontecimientos con idéntico significado. Si la primera vez que vas a un dentista sientes dolor porque no te ha puesto suficiente anestesia (o nada, como me sucedió a mí), a la siguiente ocasión que tu madre te diga para ir no querrás: creerás que te va a doler.

La manera más habitual de establecerse una creencia es por medio de la repetición. Si al poco de aprender a andar en bicicleta te caes varias veces seguidas, puedes pensar que eres torpe con la bici.

Las más fuertes son las que se crean entre los 2 y 7 años, cuando nuestra mente es virgen todavía. No tenemos desarrollada la facultad de razonar y dependemos de los demás para subsistir. Los responsables de estas suelen ser las personas más cercanas a nosotros: padres, tíos, abuelos… Nos fiamos de los seres que queremos (tampoco podemos hacer otra cosa) y adoptamos sus creencias: “¿cómo me va a engañar alguien que me quiere?”.

Si de pequeña dice tu madre que mojándote los pies coges catarro, al principio puede que no te lo creas, pero si un día da la casualidad de que sucede, entonces, asocias los pies mojados con tos y dolor de garganta. Además, es tu madre, ese maravilloso ser que te quiere y que te guía en este mundo desconocido en el que vives. Lo que ella diga va a misa: “mojarse los pies es causa de catarro”. Y punto.

Ya tienes una creencia instalada en tu interior.

Otro día, mientras estás jugando, tu madre te apremia a que recojas los juguetes, ya que debes hacer los deberes. Tú, que estás embebida con ese trenecito que te encanta, no la haces caso y se te olvida. Al cabo de un rato, puedes oír (tu ama ha pasado un mal día): “eres una vaga. Así no conseguirás nada en la vida”. La primera vez quizás te duelan sus palabras, pero cuando te lo repite unas cuantas veces ya no te afectan tanto: te has acostumbrado a que te llame vaga. Y claro, sigue siendo tu madre, el amoroso ángel que te quiere: “soy una vaga”, reconoces en un momento dado.

Ya tienes tu primera creencia limitadora instalada en tu mente, en tu energía. Ya forma parte de lo que tú crees que eres.

Te vas haciendo mayor, hace ya tiempo que piensas por ti misma, y debes decidir por dónde continúas tus estudios: cursar ingeniería química (te encanta la química) o hacer un módulo de ello. La diferencia entre las dos opciones es la duración: ingeniería son cinco años de carrera y el módulo solo dos. “Soy una vaga”, piensas, “voy a hacer el módulo, cinco años son muchos para mí”.

De esta manera, no tan exagerada, se forman y nos guían las creencias que hemos incorporado en nuestra infancia. Son las más importantes porque afectan a nuestra valía personal. Si de pequeño te repetían constantemente: “eres tonto”, eso es lo que tienes grabado. Si has oído muchas veces: “¡qué inteligente eres!”, eso es lo que llevas impreso en tu mente.

A estas creencias, típicas del entorno familiar en el que hemos crecido, se van añadiendo otras, fruto de nuestro desarrollo intelectual. Estas creencias “propias” las formamos por medio de la repetición de las interpretaciones de los acontecimientos que vivimos. “Soy malo conduciendo” nos lo podemos decir cuando se nos haya calado el coche dos o tres veces en un breve intervalo de tiempo. Para la cuarta ya se convierte en “nuestra” verdad: “soy mal conductor” y la dejamos asentada en nuestro interior. Ya tenemos otra creencia instalada.

Otras veces cambiamos las creencias (¿conoces a algún adulto que todavía crea en los Reyes Magos?), o las modificamos porque nuestra experiencia no coincide con la que tenemos grabada (al dentista le pides más anestesia y te quita cualquier caries sin dolor).

También el entorno en el que vivimos determina las creencias. No hay las mismas creencias políticas, religiosas y culturales en nuestro país que en Marruecos, por ejemplo. La forma de ver la vida cambia de un lugar a otro porque las creencias de sus habitantes son diferentes.

Estamos rodeados de creencias por todas partes. Vivimos en un mundo mental, en un mundo de ideas, de interpretaciones constantes, pero no nos desviemos del tema. Sigamos.

CLASES

Las creencias pueden ser:

Conscientes o inconscientes.

“No se me dan bien las matemáticas”, “cocino fatal” son creencias conscientes, nos damos cuenta de que las tenemos.
Las inconscientes son aquellas que guían nuestra vida sin nosotros saberlo: “necesito ser querido por la gente para sentirme bien”, “lo que me ocurrió en el pasado me va a seguir afectando siempre”.
Estas creencias inconscientes son las más poderosas porque no podemos cambiar aquello que desconocemos.

Elevadoras o limitadoras.
“Me expreso muy bien”, “soy muy inteligente”, “tengo una salud de hierro”, “cada día tengo más fuerza de voluntad”…
“Tengo mala suerte en la vida”, “no valgo para estudiar”, “me cuesta mucho relacionarme: soy muy tímida”, “todo el mundo me engaña”…
Unas nos elevan, otras nos hunden. Unas nos dan alas, otras no ponen plomo en ellas … y ninguna es “la verdad”, solo interpretaciones de los acontecimientos que vivimos.

No sabían que era imposible. Fueron y lo consiguieron

CARACTERÍSTICAS

1.- No son innatas.
Como hemos visto, las vamos adquiriendo con el tiempo y, al igual que las incorporamos sin darnos cuenta, también podemos añadir otras… conscientemente. De esta forma modelamos nuestra vida como deseamos.

2.- Se guardan en la mente subconsciente.
Las hemos interiorizado tanto (por eso se llama “creencia”, sino sería “pensamiento”) que no reparamos en ellas. Han pasado de la mente consciente al subconsciente, formando parte de nuestro ser, de nuestra forma de mirar-interpretar lo que vivimos. “Somos” esas creencias.
Este dato es importante para entender la forma de cambiarlas.

3.- Todo lo que vivimos lo interpretamos en función de ellas.
Si una persona cree que ahora es muy difícil encontrar trabajo reaccionará de manera diferente a otra con una creencia distinta, que piensa, por ejemplo, que siempre encuentra empleo quien pone toda su voluntad en ello. Si cierra la empresa en la que trabajan los dos, uno lo interpretará como una desgracia que le ha ocurrido y el otro como una oportunidad para mejorar.

Lo importante no es lo que vivimos, sino cómo lo interpretamos. A consecuencia de esto, las creencias son las que toman las decisiones por nosotros, ya que todo lo que pensemos para decidir algo estará inducido por ellas. Uno de los trabajadores anteriores entró en depresión (decidió no luchar, ¿para qué?, si está todo muy mal) y el otro comenzó, con mucho esfuerzo, un proyecto personal que le cambió totalmente la vida. Las decisiones que tomaron fueron muy diferentes ante el mismo acontecimiento: las creencias decidieron por ellos.

4.- La mente no tiene en cuenta los pensamientos que no coinciden con ellas.
La mente no se pone a buscar nuevas interpretaciones sobre lo que considera cierto, ¿para qué, si es verdad? Además, la mente no quiere cambios. Desconoce cuál va a ser el resultado del mismo y, el no saber, el no poder controlar, le aterra; así que no permitirá que “veas” las cosas de otra manera. Si crees que eres una vaga, que te encanta no hacer nada, no advertirás que, cuando te pones a escribir ese diario personal que llevas, se te pasan las horas sin darte cuenta. Para eso no eres perezosa, estás motivada (te gusta mucho escribir). Lo que te falta es motivación, pero la mente lo ignorará totalmente: “eres una vaga”. Y punto.
Todos los pensamientos que contradigan “su verdad” son eliminados de nuestro campo de consciencia. Por este motivo es tan difícil cambiar de creencias conscientemente, la mente nos lo impide, pero esto lo vemos en el siguiente artículo.

5.- Ellas nos dan el poder o nos lo quitan.
Una creencia elevadora es un permiso que nos concedemos para expresar todo el potencial que atesoramos. Por el contrario, una creencia limitante es un tapón en nuestra energía que impide manifestar nuestras capacidades. “Si crees que puedes, podrás, si crees que no, no podrás”
En los circos, los elefantes suelen estar atados a postes muy pequeños que pueden ser fácilmente desclavados por ellos. Un elefante puede arrancar un árbol de cuajo y, sin embargo, no lo hace, ¿por qué? Cuando son pequeños les atan a esos mismos postes. Prueban a soltarse de ellos un día tras otro, pero no tienen la fuerza suficiente para arrancarlos. Al cabo de un tiempo dejan de intentarlo: ya tienen asumido que no pueden con ese postecito. Van creciendo, van cogiendo más fuerza volviéndose muy poderosos, pero su creencia no cambia y siguen sin intentarlo porque tienen “creído” que no pueden.

6.- Nos crean emociones dolorosas cuando vamos en contra de ellas.
Estás atravesando un momento delicado económicamente, ves un mendigo en la calle que te llama la atención y, sin pensar, le dejas unas monedas. Antes de que des tres pasos ya estarás oyendo-mascullando en tu mente: “¿cómo se te ocurre darle dinero a este tío? ¡que trabaje! ¡Bastantes problemas tienes tú para, encima, regalarle algo de lo que te puede faltar!”. Este diálogo interno nos crea una emoción acorde al rapapolvo que nos echamos a nosotros mismos, que está directamente relacionado con la fuerza que tenga el ego en nuestra energía.

7.- Son como los árboles: de una brotan varias relacionadas.
En el ejemplo anterior la creencia fundamental podría ser: “no soy capaz de conseguir dinero”. De esta creencia surgen otras como: “es muy difícil encontrar trabajo hoy en día”, “cuando me jubile no voy a tener dinero ni para comer”, “el dinero se me va de las manos sin poder evitarlo: no me llega para nada”.
Cambiando, podando, algunas ramas conseguiremos resultados parciales. Cortando el árbol, erradicando la creencia matriz, obtendremos resultados totales.

ORIGEN DE NUESTRAS CREENCIAS LIMITADORAS

Las creencias limitadoras que mantenemos proviene de una sola, que es la madre de todas: la de estar separados de la Unidad.

Al considerarnos separados vemos la vida como un esfuerzo (una lucha) constante por conseguir aquello que necesitamos para vivir en este mundo: comida, ropa, alojamiento… dinero. Además, al formar parte de una comunidad, demandamos reconocimiento personal, sentirnos parte del grupo-sociedad en el que vivimos. Estas necesidades nos originan incertidumbre-miedo a no poder satisfacerlas. Esta emoción de miedo atrae pensamientos que vibran en su frecuencia. Debido a esto, lo que interpretamos acerca de lo que vivimos se encuentra teñido por esa emoción y, esa interpretación “miedosa”, hará que en nuestro interior germinen con más facilidad creencias de “no poder”, de “no tengo” “no valgo”: creencias limitadoras todas ellas.

Albert Ellis, doctor en psicología por la Universidad de Columbia, y fundador de la Terapia Relacional Emotiva recopiló, en 1955, las ideas irracionales básicas que son compartidas por las sociedades de diferentes partes del mundo.
Son las siguientes:

  1. Necesito ser amado y aprobado por cada persona significativa de mi entorno.
  2. Para considerarme a mí misma como una persona válida debo ser muy competente.
  3. Las personas que no actúan como deberían  son malvadas y tendrían que ser castigadas por ello.
  4. Es terrible que las cosas no funcionen como a mí me gustaría.
  5. La desgracia y el malestar humano están provocados por las circunstancias externas y la gente no tiene capacidad para controlar sus emociones.
  6. Si algo es (o puede ser) peligroso, debo sentirme terriblemente inquieto por ello y debo pensar constantemente en la posibilidad de que ocurra, para estar preparado.
  7. Es más fácil evitar responsabilidades y dificultades de la vida que hacerles frente. Así viviré más tranquila.
  8. Debo depender de los demás y necesito a alguien más fuerte que yo en quien confiar.
  9. Lo que me ocurrió en el pasado seguirá afectándome siempre.
  10. Debo sentirme preocupado por los problemas de los demás.
  11. Existe una solución perfecta para cada problema y debo hallarla siempre. 

Estas son las creencias que tenemos la mayoría de las personas (unos más y otros menos) como miembros de esta sociedad basada en la separación y, como su nombre indica, son “irracionales”, no son lógicas ni verdaderas. De algunas somos conscientes y de otras no. Fíjate si alguna de ellas resuena en ti. Aunque a primera vista no te veas reconocida en ninguna, date un tiempo y medita sobre ellas. Verás cómo te aparecen una o varias. La creencia 7, la de evitar responsabilidades, refleja muy fielmente la actitud que me ha estado guiando hasta hace muy poco sin ser consciente de ello.

Observa cómo en todas ellas subyace una actitud fundamental ante la vida: NO PUEDO-NO MEREZCO (necesito, no tengo, debo ser, me preocupo…). Esta actitud de víctima nace de considerarte un ser individual y de esta creencia original brota el mundo que ves actualmente. Cuando abandonas esta idea mental y te conviertes en uno con la Unidad, todo tu mundo cambia drásticamente, ya que has modificado la forma de mirarlo. Has cambiado tu interpretación fundamental de lo que ves-vives.

Y renaces a una nueva vida.

Así que, fíjate lo importante que son las creencias, pero al igual que ellas se han instalado en nuestro interior a lo largo del tiempo, también podemos cambiarlas (con el tiempo). Lo vemos en el siguiente artículo.

Un abrazo, de corazón.

Seguimos caminando.

Los pensamientos: energía en movimiento

Según la Wikipedia: “El pensamiento es la actividad y creación de la mente; dícese de todo aquello que es traído a la existencia mediante la actividad del intelecto. El término es comúnmente utilizado como forma genérica que define todos los productos que la mente puede generar, incluyendo las actividades racionales del intelecto o las abstracciones de la imaginación; todo aquello que sea de naturaleza mental es considerado pensamiento, bien sean estos abstractos, racionales, creativos, artísticos, etc.”

Y también: “El pensamiento se podría definir como imágenes, ensoñaciones o esa voz interior que nos acompaña durante el día y en la noche en forma de sueños”. La estructura del pensamiento o los patrones cognitivos son el andamiaje mental sobre el que se conceptualiza la experiencia o la realidad”.

Ahora que ya conocemos la definición de pensamiento, vamos a ver sus clases y características para ser conscientes del inmenso poder que tienen. De esta forma podremos convertirlos en nuestros aliados.

 

 

CLASES DE PENSAMIENTOS

Hay dos clases de pensamientos: creativos ensoñadores.

Los primeros nacen de una intención, buscamos un fin con ellos: “voy a pelar esta cebolla para preparar una tortilla de patata”. Aquí somos conscientes de tenerlos y ejercemos el poder que poseemos, ya que pensamos con una intención determinada.

Los ensoñadores son aquellos que nos vienen cuando no estamos atentos y dejamos vagar la mente sin ningún propósito. Nos abandonamos en estos pensamientos sin ningún control por nuestra parte. Aquí no hay intención de obtener un resultado concreto, sino que estamos “viendo” una película creada por ellos.

Hasta aquí va todo bien. Empezamos a vivir en la ilusión cuando nos creemos que esos pensamientos son verdad, cuando damos por ciertas las ensoñaciones que nos presentan: “seguro que están pensando en echarme del trabajo, porque el jefe me mira mal últimamente” o “ese bulto que me ha salido en el pecho puede ser algo malo”. Es decir, “vivimos” la película creada por ellos, siendo, generalmente, nuestras compañeras de viaje la angustia, el miedo y el sufrimiento.
También puedes imaginar cosas bonitas, como en la velada que vas a pasar con esa persona amada o la sonrisa que pondrá tu hija pequeña cuando abra el regalo que la has comprado. Al imaginar esto, tu ser, tu energía, se llena de alegría anticipada, pero ni lo uno ni lo otro es real: estás viviendo, en ambos casos, películas creadas por tu mente gracias a los pensamientos. Lo único cierto es que quieres hacer una tortilla de patata, para ello vas a picar una cebolla y punto: no hay más misterios. Lo demás son “pajas mentales”, es ilusión, así que pica con total concentración la cebolla (aunque te lloren los ojos), para que tu mente no te lleve por el mundo de los sueños y, si esto sucede, vuelve una y otra vez al aquí-ahora, al cuchillo y a la cebolla.

Si no puedes volver al aquí-ahora, sigue leyendo.

Todo pensamiento que mantengas en tu interior debe tener una intención, porque esa intención es tu libertad. Si mantienes pensamientos sin ningún propósito, es decir, dejas vagar la mente por hipotéticos problemas que “crees” puedas tener, ahora o en en futuro, o te solazas con agradables-desagradables recuerdos, estarás viviendo en el mundo de la mente, perdido en una ilusión (tus pensamientos), que parece real, pero no lo es. En este caso habrás dado el mando de tu ser a algo que no eres tú.
La mente es un instrumento que está a tu servicio, pero ahora has permitido, con tu inconsciencia, que se convierta en tu dueño y señor. Y la mente es un buen siervo, pero un tirano como amo.

CARACTERÍSTICAS DE LOS PENSAMIENTOS

1.- Los pensamientos ensoñadores que tienes no son tuyos, tú solo eres consciente de ellos. Fíjate en cómo se van acercando a tu punto central de consciencia, tienen su momento de máximo esplendor-atención por tu parte y luego se difuminan hasta aparecer otro pensamiento, que igual está relacionado con el anterior o no, llevándote por su nuevo camino. Mira cómo entran y salen de tu campo de consciencia. Si adviertes esto, ¿qué sucede?: que tus pensamientos van por un lado y tú por otro, como si estuvieras “viendo” (no “viviendo”) una película.
Ahora bien, si empiezas a creer que son verdad los pensamientos que tienes, dejándote llevar por las emociones que generan en ti, entonces ya estás soñando otra vez. Has dejado de darte cuenta de los pensamientos, has dejado de ser el observador-espectador de la película, para convertirte en el protagonista de la misma. Una película en la que el director y el guionista son tus incontroladas emociones creadas por los pensamientos que llegan a tu campo de consciencia. Aquí estás soñando tu vida, aquí vives en un mundo paralelo al real: el mundo de tu mente. En este momento ya no puedes “dejar de pensar”, ya estás metid@ en la película interminable que la mente-ego está creando para ti.

Así nos pasamos la mayor parte del día, viviendo las ensoñaciones que nos llegan, reaccionado a lo que vemos en nuestra pantalla mental, yendo de un lado a otro sin saber cómo parar esta noria y bajarnos. ¡Qué agotamiento!, ¿verdad?

2.- Los pensamientos son hijos de las creencias. Todo lo que vivimos o experimentamos en nuestra vida lo interpretamos en función de nuestras creencias (son ideas que consideramos verdaderas, a las que damos completo crédito como ciertas), que seleccionan y atraen los pensamientos que están de acuerdo con ellas; a los demás pensamientos nuestra atención no los hace caso. La atención ve lo que la creencia quiere que vea. Ellas son las que realmente están llevando el timón de nuestras decisiones y, por lo tanto, de nuestra vida.

Supón que crees ser un tí@ con suerte, que todo te sale bien. Estudias en la universidad y el profesor os sorprende diciendo que la semana próxima tenéis un examen de esa materia que pensabas preparar en la cercana Semana Santa. Tu primera reacción será muy diferente a la de tu compañer@ de pupitre, al que no le gusta esa asignatura y, por lo tanto, se le da mal. Tú pensarás que lo vas a aprobar sin problemas, que estudias fuerte esta semana y así tendrás libre Semana Santa, ¡qué bien! Por el contrario, tu compañer@, decidirá que no se va dar la matada a estudiar para nada, que suspende ahora y deja la asignatura para junio. Los pensamientos de uno y otro son totalmente diferentes ante el mismo hecho, y las decisiones tomadas también. La diferencia en la reacción son las creencias de cada uno.

3.- Los pensamientos atraen a otros semejantes. El pensamiento es una energía vibrando (todo lo que existe es energía, es vibración) y por lo tanto sigue las leyes de la energía (la energía atrae energía semejante), con lo cual, si tienes pensamientos de miedo, duda, angustia… atraerás pensamientos similares y tu estado de ánimo lo reflejará, volviéndose sombrío. Por el contrario, si mantienes pensamientos de alegría, de confianza, de optimismo, atraerás pensamientos que van en su misma línea de vibración, creándote un estado de ánimo muy diferente al del ejemplo anterior.

Ahora, vamos con un punto muy importante:

4.- Cada pensamiento crea una emoción, que es el reflejo en nuestro cuerpo de ese pensamiento. A veces no somos conscientes del pensamiento que ha creado la emoción que vivimos, pero nuestro cuerpo siempre lo “siente” dándonos una indicación clara del tipo de pensamiento que la ha originado: si nos sentimos bien, es uno elevador, inspirador; si nos sentimos mal es un pensamiento limitante, de “no poder”.

Además, la emoción tiene unas cualidades que nos afectan más de lo que pensamos.

 

LA EMOCIÓN

Todo pensamiento, seamos o no conscientes de él, provoca una reacción en la energía que somos, modificando la vibración de la misma. La emoción es el reflejo de ese cambio vibratorio, es decir, la emoción es la traducción del pensamiento en la energía que somos. Si nuestros pensamientos son inspiradores, elevadores, de amor…  nuestra vibración adquiere una frecuencia más elevada, más sutil. Por el contrario, si mantenemos pensamientos de “no poder”, de incertidumbre, de lucha, de enfado… esos pensamientos se traducen en una vibración baja, densa, oscura

La emoción atrae pensamientos que vibran en su misma frecuencia. Si te pones triste porque imaginas que no vas a aprobar ese examen que tienes la semana próxima o te entra angustia o remordimientos por no haber tocado un libro hasta hoy, esa emoción atrae pensamientos que van en esa misma frecuencia vibratoria (“¡soy un vag@, lo dejo todo para el último momento!”, “¡como siga así, no acabo la carrera!”), que, a su vez, te harán sentir peor. El pensamiento “crea” una emoción y la emoción “atrae” un pensamiento, es decir, los pensamientos que tenemos no son nuestros, no los creamos nosotros, sino que los atraemos según las emociones que vivimos a cada momento.

Una emoción sostenida se convierte en un estado de ánimo (nuestra emoción principal). Ese estado de ánimo es la vibración que mandamos al universo y, por lo tanto, será lo que recibamos de él. Nuestro estado de ánimo es nuestra energía de atracción. Esto es muy importante, ya que es la clave de la vida que llevamos: ¿qué energía-vibración estamos mandando al mundo? Si enviamos vibración de amor, alegría, felicidad… eso recibiremos en forma de situaciones de vida. Si irradiamos ira, miedo o insatisfacción… eso recogeremos en las situaciones que nos devolverá el universo.

La emoción no distingue entre lo real y lo imaginado. Para ella todo es real y todo está sucediendo ahora mismo, sea algo que vives o algo que imaginas, bien sea del pasado o del futuro. Aunque falte una semana para el examen, la emoción lo vive como si ya lo hubieras suspendido y te hará sentir “mal” ahora.

Así mismo, cuanta más emoción nos provoque o pongamos en un pensamiento, más alta será la “voz” con la que llamamos al universo para que lo materialice, y antes lo hará. Por lo tanto, sé muy consciente de tu estado de ánimo, porque eso es lo que estás creando-atrayendo momento a momento: si tú estás bien, todo va bien.

CÓMO NO PERDERTE EN LOS PENSAMIENTOS

El remedio infalible para ello, y el objetivo final de esta web, es vivir permanentemente en el aquí y ahora. Cuando vivimos con TODA nuestra atención en el eterno presente ya estamos conectados a la esencia divina que somos y no hay pensamiento ensoñador que nos despiste. Ahora bien, nuestra atención está muy poco entrenada, porque todo en el mundo en que vivimos nos empuja a lo contrario, a distraernos constantemente gracias al montón de estímulos externos que nos rodea: móviles con los mensajes de WhatsApp, redes sociales, YouTube, internet… Este cúmulo de información que recibimos nos invita a separarnos del foco principal de atención que es: ¿cómo me siento ahora?, ¿qué vibración estoy emanando en estos momentos?

Todo este camino que vamos a recorrer es para ser capaces de dominar la atención, nuestro auténtico poder creador, y la clave para dirigir conscientemente la atención es desarrollar la concentración, que no es más que la atención sostenida en un punto.

Ahora, nos disponemos a subir unos escalones en la escalera que nos lleva a la luz: vamos a ver cómo podemos empezar a tomar el control de nuestros pensamientos y, por lo tanto, de nuestra mente.
Al principio te va a costar un poco, puesto que los pensamientos y tú estáis acostumbrados a una forma de actuar: ellos se ponen delante, en tu campo de consciencia, tú les sigues con tu atención inconsciente, no les das importancia, y dejas que revoloteen en tu mente el tiempo que ellos quieren. A partir de ahora vas a coger el mando de tu atención y esto le cuesta mucho aceptar a la mente: que los pensamientos que ella creaba a “su” voluntad ahora te rindan pleitesía. Así que, intentará hacerte la vida imposible para que no sigas tu nuevo camino, para que nada cambie en “vuestra” relación. Y como no andes muy alerta ten por seguro que lo consigue, porque, además: “¿qué tontería es esta de que los pensamientos son tan poderosos?, ¿de dónde sale eso?, ¿de este tío con barbas que parece estar medio girado? ¡Tonterías!, ¡tú déjame hacer a mí, que yo sé bien lo que hago!, además, ¡tan mal no nos ha ido hasta ahora!” … De esta forma nos come el coco la mente para que no cambie el statu quo que mantiene con nosotros.

Vamos con unos sencillos pasos que, con la repetición, acabarán convirtiéndose en la nueva forma de interactuar con tu mente y los pensamientos.

 

 

1º.- Fíjate en lo que estás pensando.
Lo primero de todo es darte cuenta de qué estás pensando, qué es lo que atrae tu atención en un momento dado y cómo te sientes por ello. Sé consciente de cómo estás por dentro, sin juzgar, sin comparar, sin desear estar de otra forma. Solo date cuenta.

2º.- No sigas las ensoñaciones de tus pensamientos.
Déjalos caer como dejas caer una pesada carga, porque seguir los pensamientos es una carga muy pesada. No “acabes” los pensamientos que te llegan. Un buen ejercicio es imaginar que los pensamientos que tienes, y aquí me refiero siempre a los ensoñadores, pertenecen a otra persona, que no son tuyos. Eres consciente de ellos, pero no les haces caso, no los sigues, porque son de otro. Obsérvalos como puedes observar a las nubes en el cielo, sabiendo que se irán con el viento. Sea lo que sea que pienses, no reacciones ante ello, no “bailes” con ellos, solo míralos. Sé un testigo desapasionado de tu mundo interior.

3º.- No interpretes lo que vives o experimentas en tu vida.
Tenemos la costumbre adquirida de juzgar las situaciones que vivimos en función de si van a favor nuestro o no. Aquello que nos acerca a lo que deseamos lo etiquetamos como “bueno” y “malo” si nos separa de ello. De esta manera ya estamos otra vez con la mente a cuestas, ya nos está llevando por su mundo.

Abandona toda intención de etiquetar-enjuiciar-interpretar-comprender lo que vives; deja de ser dirigido por tu mente, por tus pensamientos. No quieras entender (al ego le encanta), solo déjate llevar por lo que la vida te ofrece momento a momento, sin catalogarlo como “bueno” o “malo”. No juzgues ni compares lo que vives o lo que eres con nada. Todo es perfecto tal como es, sin etiquetas ni definiciones, sin palabras ni expectativas. No intentes buscar “fallos” a lo que la vida te regala: todo lo que vives es justamente lo que necesitas experimentar para tu mejor desarrollo personal. Todo es perfecto. Todo.

Si no puedes dejar de interpretar lo que vives o te crees las ensoñaciones que te presentan los pensamientos, sigue leyendo:

4º.- No luches contra los pensamientos que te generan dolor.
En ocasiones nos enredamos en pensamientos que nos causan dolor, bien sea por hechos del pasado (la bronca monumental que tuviste con tu herman@, por ejemplo) o las perspectivas tan negras de futuro que tienes cuando se te acabe el paro. La primera reacción es luchar contra ellos, apartarlos de nuestra consciencia para no seguir viviendo la emoción que nos embarga, pero eso es imposible, siempre saldrán ganando ellos, ya que los energizas con tu lucha.
A un pensamiento no se le puede “echar” de nuestra consciencia, de nuestra mente, porque, desde el momento en que eres consciente de él, ya forma parte de ti. Y si te pones a luchar contra un pensamiento, realmente estás luchando contra ti, así que nunca vas a ganar (para “ganar” tú hace falta que “pierdas” tú y eso no puede ser, sólo hay un “tú”).

No rechaces nada de lo que sientas-pienses, ya que si rechazas o te enfadas por lo que experimentas en un momento dado, estás mandando negatividad al universo. Este te devolverá situaciones acordes a esa energía que emanas y perpetuarás ese bucle de dolor. Por el contrario, si no reaccionas a ese pensamiento, a ese dolor, ya te estás limpiando, ya estás rompiendo la dinámica del sufrimiento. Con el tiempo y el crecimiento interior, serás capaz de amar aquello que ahora temes. Cuando amas completamente algo es imposible temerlo y, si no lo temes, entonces ese pensamiento pierde todo su poder sobre ti, abandonándote para siempre.

Aquí te dejo una poderosa herramienta para cambiar esos pensamientos que te hacen sufrir: el perdón.

5º. Superpón el pensamiento opuesto al que no quieres tener.
Imagínate que tienes una entrevista de trabajo dentro de unos días. Cuando piensas en ella te asaltan dudas acerca de si la vas a hacer bien, si conseguirás el trabajo o si tienes las aptitudes necesarias para ese puesto. Estos pensamientos te crean angustia cada vez que vienen a tu mente.
En este caso, tan pronto como veas aparecer ese pensamiento, superpones en tu pantalla mental la imagen de estar haciendo una entrevista fantástica. Te ves a gusto y tranquil@, al igual que la persona o personas que te entrevistan: te sonríen sinceramente y sientes que les estás causando una gran impresión. Esto hazlo en todas las ocasiones en que te llegue ese pensamiento. Al principio te va a costar, no estás acostumbrad@ a dirigir tus pensamientos, sino a dejarte llevar por ellos, pero con la práctica y la constancia lo consigues. Esto hará, además, que te sientas mucho más fuerte como persona de lo que crees ser ahora, ya que serás consciente de tu poder para gobernar los pensamientos, dejando de ser esclavo de ellos. 

6º.- Mantén los pensamientos que quieres tener.
Yo suelo llevar conmigo una hoja con 8 ó 10 pensamientos-afirmaciones, que tratan de cualidades o creencias que quiero incorporar a mi ser. Estoy todo el día pensando en ellas. Cuando me sorprendo con la atención perdida en otros pensamientos o me noto descentrado, saco la hoja y releo las afirmaciones con total concentración. Me mantengo un rato en cada una de ellas, sintiendo la energía que crean esos pensamientos-semilla. Al cabo de unos pocos días ya no hace falta que saque la hoja, ya que, solo con pensar en ella, siento vibrar la energía de las afirmaciones en mi cuerpo. Poco a poco, los pensamientos, que antes venían sin ton ni son a mi consciencia, son disueltos en esta energía de las afirmaciones que me rodea, creando un escudo protector que impide penetren pensamientos diferentes a los que deseo.

La clave de todo es que siempre tengas el control de tu atención, que seas consciente de lo que estás “mirando” momento a momento. Esto puede parecer duro al principio, pero es inevitable que lo hagas. A partir de ahora vas a cambiar la dirección de tu foco de atención, pasando de fuera a dentro. Has estado mucho tiempo fijándote en tu exterior y muy poco en tu interior, pero tu auténtico poder está dentro de ti. Empieza a disfrutar del reino que gobiernas y que has tenido muy desatendido en los últimos tiempos: comienza a ejercer como el dueño y señor de tu mundo interno.

Por hoy ya vale. Ahora ya puedes practicar lo que has leído aquí. Incorpora estas prácticas en tu rutina de trabajo personal y, cuando notes que ya forma parte de ti esa nueva forma de mirar a tu interior, vuelve a este rincón. Ahora practica, practica, porque es una maravilla lo que nos queda. Es una maravilla todo.

Un abrazo, de corazón.

Seguimos caminando.

El perdón: el transformador de la energía negativa

Ahora conoceremos un ejercicio que nos va a ayudar a cambiar la vida que llevamos de una manera muy poderosa, pero antes descubramos por qué nuestra vida va como va.

EL ORIGEN DE LA VIDA QUE LLEVAMOS

El ego, esa imagen mental que tenemos acerca de lo que somos, está siempre reaccionado a lo que vivimos o pensamos. Si le gusta, nos alegramos, nos sentimos bien. Por el contrario, si le desagrada, nos enfadamos o nos ponemos tristes. Este “sentirse bien” o “mal” es nuestra vibración fundamental: nuestro estado de ánimo.

Esta vibración, que emitimos constantemente, es la emoción creada en nuestro cuerpo por nuestra interpretación mental acerca de lo que vivimos o pensamos. Esta interpretación siempre es del ego, que la hace en función de las creencias que mantenemos. Cuando esas creencias son elevadoras (“yo puedo con todo lo que la vida me presenta”, “tengo las aptitudes necesarias para ser lo que quiero ser”), los pensamientos atraídos por ellas son inspiradores y la emoción que nos crearán será de poderío, de fortaleza: “puedo”. De esta manera crecemos e irradiamos energía de alta vibración.

Sin embargo, cuando nuestras creencias son limitadoras (“no tengo capacidad para hacer este trabajo de matemáticas”, “soy un torpe, no sé hacer nada bien”), los pensamientos atraídos por ellas harán que nos sintamos mal, como seres de poco valor. Esto provocará que tengamos tendencia a juzgar como “malo” lo que nos hacen los demás (“¿cómo se le ha ocurrido decir a Luis que soy un vago delante de todo el grupo?, ¡cómo me duele eso!”) y lo que la vida nos regala (“vaya asco de vida llevo, no tengo tiempo para nada”). Este “sentirse mal”, este “no poder”, lo emanamos al universo en forma de energía de baja vibración.

El universo donde vivimos, que es energía de amor incondicional, se pone manos a la obra para materializar (en sucesos y circunstancias de vida) esta energía que le enviamos, porque él solo entiende de vibración. Como nos ama profundamente (aunque no seamos conscientes de ello o no nos lo creamos) nos va a devolver, multiplicado por su amor, la “calidad” de la energía que recibe (“Leyes de la Creación: leyes de la energía”), sin “pensar” si es bueno o malo, solo nos lo da, porque nosotros se lo pedimos; y como le enviamos bastante más cantidad de energía de baja vibración que alta, nuestra vida tendrá un “bajo nivel de felicidad”.

Así que, por tu bien, abandona el sufrimiento, deja de contaminar este mundo con tu dolor y comienza a perdonarte, porque solo nos podemos perdonar a nosotros mismos. Cada persona sigue su plan divino personal y no podemos juzgar su camino (sería nuestro ego adoptando el papel de juez), por lo tanto nada hay que perdonar a los demás.

El hecho de perdonarte significa que te has dado cuenta de que habías pensado-actuado=creado desde la inconsciencia, al creerte separado de la Unidad. Esto es imposible ya que siempre estamos “conectados” a Ella, pero no lo sabías cuando interpretabas-reaccionabas a lo que la vida te ofrecía y por ello ahora te perdonas, por tu inconsciencia del pasado, por haberte creído ser mucho menos de lo que realmente eres.


BENEFICIOS DEL PERDÓN

1.- Al perdonar tomas el control de tu vida al responsabilizarte de tu creación. De esta manera reconoces el poder que atesoras: el ser capaz de transformar la vibración de la energía que recibes y, por lo tanto, de la que emites. Este ejercicio instala-reafirma la creencia de que “ puedes”, de que eres el único creador de tu vida y de tus circunstancias, al actuar como el ser creador que eres. Así ya estás creciendo.

2.- Al perdonar cambiamos la vibración de nuestra energía, ya que el perdón es renunciar al falso dolor provocado por la ilusión de creernos ser algo que no somos. No confundir el dolor originado por la muerte de un ser querido, que es genuino y necesario, de duelo, con el sufrimiento, que es dolor producido por la identificación con nuestro ego al juzgar esa situación o persona como inaceptable. El perdón actúa sobre la emoción, al disolver todo sentimiento de frustración engendrado por no llegar la situación actual, la persona o la experiencia vivida, a cumplir las rígidas expectativas de cómo deben ser las cosas impuestas por nuestro ego.

3.- El perdón es la energía que disuelve nuestras ataduras con situaciones y personas del pasado. Cuando algo acontecido hace tiempo nos duele todavía al recordarlo, sea lo que sea, significa que estamos enganchados energéticamente a ello. Este enganche es el que nos impide crecer y evolucionar plenamente por no disponer de “toda” nuestra energía, ya que parte de ella permanece “soldada” a las diferentes situaciones o personas que nos provocan dolor (ira, miedo, tristeza). Al liberar esta energía retenida nuestro crecimiento se acelera.

4.- El perdón disuelve la negatividad que envías a tu situación de vida actual por medio de la no aceptación a lo que es (“¡vaya trabajo de mierda que tengo!”, “¡no dispongo de dinero y nunca voy a tener lo que necesito!“ “¡es que no aguanto al tí@ este!”) y eso hará que cambie radicalmente dicha situación, porque dejarás de alimentarla con tu negatividad y la vibración de la misma se elevará.

Y, por último, el beneficio más grande todos:

5.- El perdón cambia la energía con la que estás creando tu futuro.
Al creernos seres separados, desconectados de la Unidad, vivimos en un constante miedo al futuro deseando que no nos haga daño (“no quiero sufrir”). Para protegernos de este miedo, la mente-ego se pone a elaborar lo que ella cree son barreras para no ser sorprendida y comienza a fijarse en lo que NO quiere recibir: “no quiero estar enferm@”, “no quiero perder el trabajo”, “no quiero envejecer de mala manera”… Estas barreras que creemos poner al pensar que negando algo lo evitamos, realmente lo que están haciendo es crearlo por el miedo-energía que enviamos a esa hipotética situación. Ese miedo al futuro, esa energía de baja vibración, nos está haciendo sufrir AHORA, creándonos, además, ese futuro que NO queremos vivir.
Una de las leyes de la energía es que todo se transforma continuamente, nada se repite y, por lo tanto, no puedes adivinar qué te va a deparar el futuro. Lo único que puedes hacer para que sea diferente a cómo lo estás creando ahora es perdonarte por no haberte dado cuenta de que no puedes controlarlo. Cuando perdonas tus ansias de control, cuando te abres confiado a la incertidumbre del “no saber”, te permites recibir un futuro maravilloso. Un futuro no dirigido por el miedo del ego, sino por el amor del universo, al que te permites recibir en este acto de perdón, en este acto de apertura. Entonces, toda tu vibración cambia en ese mismo instante, porque ya el miedo ha dejado de vibrar en ti y lo haces en el amor, pero esto no hace falta que te lo cuente, porque lo vas a vivir tú mism@.

Así que, sin más dilación, comienza a tomar el control de tu reino interior, haciéndote responsable de tus creaciones.

 

AQUÍ EMPEZAMOS A CAMINAR

Cuando empieces a hacer este ejercicio notarás muchas resistencias a ello: es tu ego intentado convencerte con argumentos lógicos y racionales acerca de la inutilidad de lo que haces (“esto es una tontería”, “no lo puedes hacer, es muy complicado”, “seguro que no funciona para ti”). Este es el mayor problema que vas a tener en cualquier intento de cambio personal: TU EGO. Él es el enemigo número 1 del cambio, ya que lo desconocido le aterra por no poder controlarlo (la mente-ego se basa siempre en lo vivido, en lo conocido) y, por lo tanto, tendrás que decidir momento a momento a quién sigues: si a tu mente racional, que nada quiere cambiar para poder seguir viviendo en “su mundo” conocido, o a ese anhelo que palpita en tu interior y que no sabes dónde te llevará.

Ese anhelo, que llevas un tiempo notando, es el deseo de estar en casa, de sentirte como antes de encarnar en este mundo y el viaje que ahora inicias te conducirá hasta ella. Has permanecido fuera mucho tiempo (poco más o menos el que llevas viviendo en este planeta) y ya es tiempo de regresar. Tu ego querrá que des marcha atrás, que no sigas adelante. Intentará embaucarte con argumentos inapelables (“deja esto, ¿no ves que te sientes mal? y tú buscas sentirte bien. Hazme caso, déjalo”) y, si con ellos no puede convencerte, recurrirá a miedos irracionales (“te volverás loc@ como sigas así”, “todo el mundo se va a reír de ti”, “eres un rar@”) y hará cualquier cosa que se le ocurra para impedir que sigas adelante. Puedes hasta enfermar o quedarte sin ganas de vivir (yo, en julio del 2016, según ponía los pies en el suelo de la habitación al levantarme de la cama, me llegaban tres palabras a la mente sin hacer ningún esfuerzo en ello: “me quiero morir”), y esto es una buena señal, porque cuanto más sufres más ego te abandona al elevarse tu vibración. Ese dolor que experimentas son los apegos (a lo que tú creías que eras) “despegándose” de la energía que eres.

Tendrás que tener mucho valor para continuar en ciertos momentos, pero no importa lo lento que vayas con tal de que no te detengas, sabiendo que desde hace un tiempo no caminas sol@. Llegará un día en que no sentirás ningún malestar, ningún dolor, y no podrás dejar de sonreír, de cantar, de vibrar con la alegría de vivir; y, cuando mires atrás, verás que lo que eres en ese momento no tiene nada que ver con lo que “crees que eres” ahora.

Solo se produce el crecimiento personal cuando trascendemos los límites de lo que nos creemos ser, porque si no los rebasamos nunca sabremos qué se encuentra fuera de ellos. Cuando decides traspasar tus fronteras interiores (creadas por el ego), automáticamente el universo (“la Unidad”, “todo lo que es”, “Dios”… su nombre da igual) te abre sus brazos, llenos de poder, amor e inteligencia, para que te relajes en ellos. Luego, sólo tienes que dejarte llevar.
Tú ya le has indicado al universo tu deseo y voluntad de volver a casa ( (“Visualización: activando la Unidad”), así que a partir de ahora déjate llevar, ya que la Unidad te ha acogido en su regazo para que descanses en él y, juntos, volver a casa… a tu hogar, porque volver a casa es permitir que la Unidad (el amor incondicional) vibre en toda tu energía, en todo tu ser. Para ello hay que limpiarla del ego que se ha ido acoplando a tu vibración con el paso de los años y el perdón es lo que te libera de esa vibración que está imposibilitando que eches a volar, que está impidiendo que manifiestes lo que realmente eres.

Para empezar a caminar de la manera más rápida y cómoda posible, vas a quitarte el peso superfluo que llevas sin ser consciente de ello. Así que, a partir de ahora, en todo momento y circunstancia: perdona, perdona, perdona.

 

EJERCICIO DE TRANSFORMACIÓN DE LA ENERGÍA NEGATIVA

Este ejercicio es muy potente y te coloca en el camino a tu nueva vida. Como en todo trabajo personal, las claves son la constancia y el estar atentos (estar alerta) a lo que pasa en nuestro interior, pero con estos dos mandatos activados permanentemente en tu intención, solo te espera un resultado: ELEVARTE, vibrar en otra frecuencia, porque este ejercicio es un gran transformador de la energía de baja vibración. Lo encontré hace unos años en el  libro “La energía de los 12 chakras solares”, de Brigitte Müller, y me lo sigo trabajando actualmente porque es una maravilla para disolver cualquier atisbo de ego-dolor. Aquí transcribo una adaptación del mismo, con ciertas explicaciones basadas en mi experiencia personal que considero lo enriquecen (aquí está mi ego opinando). Este ejercicio lo puedes aplicar tanto a situaciones que vivas actualmente o del pasado, como a pensamientos compulsivos que puedas tener y te generen dolor, angustia o malestar

No importa la manera por la cual la energía vuelve a ti. Puede que en la actualidad tengas un problema con una persona en concreto o en el trabajo. Puede que tus quebraderos de cabeza vengan por el tema de la salud, o tal vez te desesperen problemas económicos. Ahora estás recibiendo, por medio de la situación que vives, la misma vibración de energía que enviaste en el pasado, así que, si reaccionas con ira o abatimiento a lo que estás viviendo, con el tiempo esta vibración que emanas hará que el universo te devuelva situaciones similares, una y otra vez.

Sólo puedes cambiar esta rueda de una forma: transformando la reacción, transformando la energía ante esa situación y, para transformarla, aplica estos cuatro pasos:

1º.- ACEPTA.

Acepta la energía que ahora vuelve a ti, porque en algún momento del pasado tú mismo la has enviado al universo. Tú eres el creador de lo que estás viviendo y si rechazas tu creación estás negando tu poder llenándote de energía inarmónica, que en algún momento regresará a ti. Piensa que la persona o situación que vives son únicamente meros instrumentos para volver a atraer tu energía. Libera la energía por amor y así la transformarás en su vibración original.

2.- AGRADECE.

Agradece al universo la oportunidad que te está brindando para cambiar la vibración de la energía que recibes y convertirla en otra oscilación armónica y elevada.

3.- PERDONA.

Perdónate a ti mismo por no haber sido consciente de la energía que emitiste en el pasado. Esta energía sólo se puede transformar por medio del perdón, cuya vibración es de color violeta. Repítete: pido perdón por cualquier energía vital que haya usado mal en algún momento de mi vida, sabiéndolo o de manera inconsciente, y me perdono a mí mismo por ello“. Visualiza la situación o persona  que te genera intranquilidad con un intenso color violeta que notas brotar de tu corazón, mientras te perdonas de corazón por no haber recordado el inmenso poder que palpita en tu ser. Siente la paz que te llena al perdonarte.

Cuando ya tengas cierta práctica con este ejercicio, podrás hacerlo inmediatamente en el momento que te sientas mal por el motivo que sea. Pones toda tu atención en tu estado de ánimo, tu malestar interno, y te visualizas lleno de luz violeta, siendo consciente de la causa que lo ha generado, sin elucubrar sobre ella, sin pensar, solo llenando todo tu campo de conciencia de luz violeta.

4.- AMA.

Envía amor conscientemente a esa situación o persona, porque tú eres amor incondicional. Visualízalos envueltos en una intensa luz rosa que brota de tu corazón, sintiendo como la energía negativa se va transformando en la alegría de amar. Cuando amas lo que te duele, siempre descubres razones para perdonarte.

Repite todas las veces que haga falta este ejercicio hasta que esa situación o persona sólo te genere amor cuando llegue a tu mente.

Esto también puedes hacerlo diariamente enviando amor a tu lugar de trabajo, llenando las personas, mesas, sillas, máquinas, etc., con una luz rosa, ¡verás cómo cambia la vibración de tu entorno de trabajo!.

Si notas resistencia al hacer cualquiera de estos pasos sé consciente de que esa resistencia es tu ego intentando separarte de lo que eres, intentando sabotear tu anhelo de cambio.

Si repites estos cuatro pasos con las situaciones, personas y pensamientos que te desequilibran, con el tiempo toda la energía negativa que vibraba en ti será transformada en energía elevada, en energía de amor y tu vida reflejará, de una manera fiel y maravillosa, esa nueva vibración de tu ser.

¿No te lo crees?, haz la prueba y ya me contarás.

Un abrazo, de corazón.

Seguimos caminando.

La mente: el nacimiento de la ilusión

Ahora que ya sabemos que somos energía, conocemos las leyes de la misma y hemos visto los canales de comunicación de nuestra energía con la que nos rodea, llega el momento de conocer el origen de la ilusión que gobierna este mundo, y esta ilusión nace en nuestra mente.

 

 

LA MENTE

La mente es una serie de procesos internos que se desarrollan de manera consciente e inconsciente y que, en su mayoría, son de carácter cognitivo. Es una facultad del cerebro humano que nos permite recopilar información, analizarla y extraer conclusiones de ella. Es la manera que tenemos, los humanos, de adquirir conocimiento.

La mente es la responsable de la creación de los pensamientos, el raciocinio, la memoria y la imaginación. Pero, no solamente es la creadora de los pensamientos, sino también de las emociones (el reflejo en el cuerpo de nuestros pensamientos) y las pautas de reacción inconscientes, tanto mentales como emocionales.

La mente, aparte de extraer conclusiones, puede crear una interpretación de aquello que vivimos. Esta capacidad radica en el cerebro que, como órgano físico, tiene una vibración determinada en función de su actividad. Aquí te dejo un enlace que habla de las ondas cerebrales y de cómo están íntimamente ligadas a nuestros estados mentales.

Hay tres niveles en la mente según el grado de consciencia de la misma:

1.- La mente consciente

Con ella funcionamos casi todo el día. Nos sirve para cruzar la calle, hablar con la gente, hacer crucigramas o resolver un problema de matemáticas. Es la mente racional, la que piensa en términos lógicos y coherentes. Aquí somos conscientes de los pensamientos que tenemos. Si aprendemos algo lo hacemos con la mente consciente, pero según repetimos lo aprendido va pasando a la mente subconsciente. Cuando aprendemos a conducir toda nuestra atención está en ello. Cuando llevamos 20 años haciéndolo habitualmente, solo una parte de nuestra atención está en la conducción, porque la mayoría de los automatismos: embrague, freno, acelerador, cambio de marcha, etc., se han vuelto algo maquinal, se hacen sin pensar. Han pasado al subconsciente.

2.- La mente subconsciente

Esta mente (otros autores la incluyen dentro del inconsciente) es mucho más poderosa que la consciente. El subconsciente puede procesar 20.000.000.000 (veinte mil millones) de impulsos nerviosos por segundo frente a los 40 (cuarenta) de la mente consciente. Fíjate en la inmensa diferencia de potencial entre una y otra. El subconsciente capta infinidad de detalles que pasan desapercibidos para la mente consciente.

Aquí viven las creencias que hemos “incorporado” en esta vida. Se encuentra también lo que ya no recordamos, pero que se puede llegar a recordar. La mente subconsciente graba todos los acontecimientos que vivimos; unos los imprime más fuerte que otros y estos, con el tiempo, se acaban olvidando. Ahora bien, si ponemos nuestra intención en recordar algo tarde o temprano lo haremos, puesto que la intención crea atajos a los recuerdos almacenados en este nivel. Un olor, una canción, una foto… pueden sacar a la luz vivencias que creíamos sepultadas en el olvido.

Esta es la mente que nos juega malas pasadas, obligándonos a hacer cosas que no haríamos teniendo en cuenta la lógica o la razón. Aquí, los gustos, aversiones, deseos y miedos pugnan por salir a la consciencia para llevarnos por su camino. Llevas cuatro días siguiendo escrupulosamente una dieta para bajar la barriguita que te ha salido después de las vacaciones y, de repente, una mañana te pones morado a comer esas cazuelitas que tanto te gustan. No tenías pensado hacerlo, pero al entrar al bar y ver ese pulpo que te encanta no has podido seguir los dictados de tu mente consciente que te chillaba: “¡¡no, no, no!!”, y has pedido una ración. Y luego otra. Tras comerlas, los reproches de tu mente consciente te asolan, haciéndote sentir mal contigo mismo porque no has sido coherente con tu intención de adelgazar, pero no puedes hacer nada frente a ello. Cuando tu mente subconsciente ordena algo tu mente consciente no puede hacer otra cosa más que obedecer. Y esto es de gran importancia para entender cómo funcionan las creencias, porque en esta mente radica nuestro poder creador.

3.- La mente inconsciente

Es la más primitiva de las tres y acompaña a la raza humana desde que apareció el primer homo sapiens. Aquí viven nuestros instintos animales, con el más fuerte de todos: la supervivencia. También se almacenan todas las experiencias vividas por nuestra especie en el tiempo que llevamos de existencia, así como las creencias comunes que tenemos por pertenecer a la raza humana: la finitud del cuerpo, el deterioro físico o la imposibilidad de estar en dos sitios a la vez, por ejemplo. Se encarga también de gestionar las cuestiones fisiológicas, como el respirar o el corazón. Se la suele llamar mente reptiliana y es la más simple de las tres, pero la más fuerte, ya que en cuanto se siente amenazada toma el control absoluto de todas nuestras decisiones, buscando sobrevivir. Es la parte de la mente que nos hace luchar o huir al enfrentarnos a un peligro.

 

EL NACIMIENTO DE LA ILUSIÓN

Venimos a este mundo conectados a la Unidad. Cuando somos bebés no tenemos consciencia de estar separados, no sabemos lo que es eso, porque no sabemos nada: sólo somos. Con el paso del tiempo, alrededor del año y medio, nace el concepto del “yo”, producto de nuestra incipiente actividad mental. Posteriormente, llega un momento en nuestro desarrollo personal en que la mente subconsciente interpreta, al ver nuestros cuerpos separados de los demás, que somos seres con vida propia y, por lo tanto, se activa la mente reptiliana, la encargada de hacernos sobrevivir a toda costa. Esta nos lanza continuamente mensajes de: “¡peligro indeterminado, objetivo sobrevivir!”. Apenas somos conscientes de ellos, porque estamos inmersos en nuestra vida cotidiana y no tenemos un peligro físico acuciante, pero la mente subconsciente sí los percibe haciéndonos vivir en un permanente estado de miedo, apenas perceptible, pero latente en nuestra consciencia. Es una sensación de incomodidad, de intranquilidad, como si nos sintiéramos incompletos. Buscando ese “estar completos” delegamos el poder de nuestra voluntad a la mente, dejándonos guiar por ella y aquí comienza la ilusión, en la identificación con nuestra mente, con nuestros pensamientos y, por ende, nuestras emociones. A todo lo que ella nos ofrece le damos absoluta credibilidad e interactuamos con el mundo a través de ella. Cuando estamos, por ejemplo, en el monte disfrutando de un paseo y descubrimos unas hermosas flores, en unos primeros instantes podemos contemplar su belleza en silencio mental, pero pronto nos sumergimos en nuestra verborrea interna habitual: “¿qué tipo de flores serán?”,  “¿cómo no las he visto antes por aquí?”, o “se parecen mucho a estas otras”. El caso es que, gran parte de nuestra atención la tenemos fijada constantemente en nuestros pensamientos, tomando por cierto aquello que pensamos, aquello que interpretamos, comenzando a vivir una película engendrada por ellos.

Los problemas que imaginamos tener son una invención de la mente y solo pueden existir en el tiempo, que es creado por ella misma, puesto que únicamente existen situaciones que deben ser afrontadas o dejarlas como están. Solo existe el momento presente, el eterno ahora, pero la mente, por medio de los pensamientos, nos lleva al pasado o al futuro incesantemente, consiguiendo engancharnos a su sueño, en el cual ella es la directora y guionista de las situaciones imaginarias que vivimos y nosotros los actores inconscientes. Como esa mente actúa en base al miedo (a morir), casi todas las ensoñaciones que nos presenta tienen un final infeliz para nosotros, creándonos una angustia permanente, más o menos intensa. Por lo tanto, la mente es enemiga del ahora, porque en el ahora no se “vive” el pensamiento; podemos pensar, pero somos conscientes de hacerlo y, por lo tanto, ya no te identificas con la película.

Además, la mente es la creadora de la resistencia a lo que es (la no aceptación del momento presente, ese lamentarse-enfadarse por la situación de vida que estamos pasando), manteniendo así viva la sensación de separación, que es la madre del ego. Esta resistencia a lo que la vida nos regala genera una vibración de baja frecuencia y, por lo tanto, atraeremos situaciones y circunstancias en consonancia con ella, dándonos más motivos para seguir lamentándonos-enfadándonos, viviendo como la pescadilla que se muerde la cola.

Y así pasamos nuestros días, dando vueltas a la noria de las emociones, pero como todo lo que vivimos es una creación nuestra, lo podemos cambiar. Lo único que tienes que hacer es seguir leyendo y tener la intención de ser más consciente.

Esto lo explica maravillosamente bien Eckart Tolle en su libro “El poder del ahora”, del que aquí tienes un resumen.

Por hoy ya vale; espero te haya quedado claro donde nace la ilusión que vivimos. Si no es así, házmelo saber, por favor.

Un abrazo, de corazón.

Seguimos caminando.

Leyes de la creación: leyes de la energía

Ahora que sabemos que somos energía vibrando, que somos seres con el poder de crear, vamos a ver unas cuantas leyes que rigen el acto de la creación y así evitar sorpresas que nos lleven a exclamar: “¡esto no lo quería yo!”.

 

LEYES DE LA ENERGÍA

1.- LA ENERGÍA ESTÁ CONSTANTEMENTE INTERACTUANDO CON LA ENERGÍA CIRCUNDANTE, AFECTÁNDOSE MUTUAMENTE

Cuando permaneces durante un tiempo en medio de la naturaleza te sientes de muy diferente forma que cuando estás en medio de una plaza atestada de gente. Tú eres la misma energía, pero influida por la que te rodea, y notarás que tu estado de ánimo varía de estar oyendo el ruido de un arroyo de la montaña a moverte dentro de unos grandes almacenes en el primer día de rebajas. También nosotros podemos influir en la energía del exterior: ¿nunca te ha ocurrido que has estado sentado al lado de alguien y, sin saber por qué, te sientes bien/mal?. Eso es porque estás vibrando-sintiendo la energía de esa otra persona, al igual que ella sentirá la tuya. Otra cosa diferente es que se dé cuenta de ello o no, pero la interconexión ahí está. Esto es lo que se llama resonancia.

Y esto es un factor muy importante, porque el hecho de vivir en sociedad hace que todo se contagie: los miedos, creencias, escala de valores, todo va incorporado en la vibración que recepcionamos, por medio de nuestros centros de energía, y que luego se convierten en nuestras creencias, miedos o escala de valores. La onda de la energía que somos transmite información, en ambos sentidos, de manera parecida a las ondas de radio, con lo cual, estamos interconectados, aunque no lo queramos, con el resto del Universo, mejor dicho, somos uno con él. Nadie está realmente solo en este mundo por mucho que quiera alejarse y esta energía que nos rodea es muy, muy fuerte, ya que mantiene en pie la ilusión colectiva de creernos ser la materia que forma nuestro cuerpo físico. Y de aquí surge toda la ilusión, pero de esto hablaremos en otro artículo.

2.- LA ENERGÍA ESTÁ CONTINUAMENTE TRANSFORMÁNDOSE

La energía ni se crea ni se destruye. Esta es una ley de la energía, que Einstein, premio Nobel de física, la afinó todavía más al postular: “masa y energía son dos formas de la misma realidad” (de hecho descubrió una ecuación que liga estos dos conceptos: E = mc². Donde “E” es la energía, “m” la masa y “c” la velocidad de la luz) y en esa capacidad de transformación radica su poder creador. Piensa en una gota de agua posada sobre una flor al despuntar el alba en un día de verano. Mucho antes del mediodía, por efecto del calor, se evapora y esa gota de líquido se habrá fundido en uno con todo el aire que le rodea. La energía del calor ha conseguido elevar la frecuencia de vibración de la gota hasta convertirla en otra cosa, en vapor.

Todo cambia momento a momento. Nunca nos bañamos en el mismo río, porque el agua en la que te sumerges la segunda vez no es la misma que la primera y tú tampoco. ¿Te acuerdas cómo eras de niño y cómo eres ahora?. Constantemente y de una manera imperceptible todo va modificándose, evolucionando. Esto significa que la vida es un continuo cambio, nada permanece inmutable y aferrarse a algo es condenarse al dolor.

No ha habido ningún instante en tu vida en el que todo se haya detenido. ¿Te imaginas que tu corazón se pare?, pues eso, todo se mueve, todo cambia a cada instante, pero vivimos una ilusión creada por nuestros sentidos físicos que no perciben estos continuos y minúsculos cambios.

3.- LA ENERGÍA ATRAE ENERGÍA SEMEJANTE

En esta propiedad se basa la famosa ley de la Atracción y es una característica muy, pero muy importante, porque es algo que puede actuar a favor o en contra nuestra. Los pensamientos que tenemos son energía vibrando a una determinada frecuencia y atraen pensamientos similares. Los pensamientos positivos, de elevación, atraen pensamientos en su misma sintonía y, al contrario, si tenemos pensamientos bajos, de mala autoestima, de miedo… estos atraen pensamientos con su misma frecuencia vibratoria, con lo cual incrementas tu negatividad. Cada pensamiento nos crea una emoción en nuestro cuerpo, en nuestra energía vibratoria, y una emoción continuada nos crea un estado de ánimo. Nuestro estado de ánimo es la energía principal que emanamos al mundo, al universo, que según esta ley nos devolverá energía semejante materializándola en situaciones de vida acordes a la vibración original tuya. Si rebosas constantemente de alegría, optimismo, ganas de vivir, el universo, creará situaciones que te inspiren alegría y felicidad; si por el contrario, siempre estás quejándote, viendo lo negativo de todo, la vida te dará acontecimientos que reflejen ese malestar.

Siguiendo con este concepto, el universo nos devuelve lo mismo que damos, así que da aquello que quieres recibir. Mucha gente, la mayoría, cree que será feliz cuando en su vida existan ciertas condiciones, por ejemplo: “cuando tenga un trabajo, una relación, cuando consiga esto o lo otro… entonces seré feliz, porque ya tendré lo que quiero” y viven en un continuo enfado con la vidaqué asco de vida!, ¡la vida es injusta conmigo!, ¡qué mala suerte tengo!), por no tener lo que desean y ésta les devuelve más de lo mismo, más de lo que no quieren.

No, esto no va así.

Yo tengo todo lo que deseo porque soy feliz. ¿Y cómo soy feliz ahora?, amando lo que tengo. Así de sencillo, así de bonito. ¿Por qué no puedo amar lo que tengo?, aquí ya entra el ego del que hablaremos largo y tendido más adelante.

De estas leyes, que se cumplen creas o no en ellas, emerge una verdad poderosísima que guía tu vida:

ESTÁS CREANDO CONTINUAMENTE

La energía es dirigida por nuestra atención y crea aquello en lo que se focaliza. Esto lo vimos en al artículo “¿qué somos?”, pero lo recalco aquí otra vez ya que este concepto es clave en nuestra existencia: somos seres nacidos para crear y estamos creando constantemente. Nuestro foco de atención es un sempiterno decreto que enviamos al universo que se pone inmediatamente manos a la obra para materializarlo, porque debes saber que el universo está a nuestro servicio para darnos lo que pidamos. El universo es nuestro siervo infalible, es como el genio de la lámpara que al frotarla sale y nos concede no tres deseos, como en el cuento, sino todo aquello que queramos. Es un mayordomo fiel y poderoso que está continuamente consiguiendo todos los caprichos señalados con nuestra atención sostenida.

¿Te acuerdas de esta expresión de las películas?: “Donde pongo el ojo, pongo la bala”, pues aquí es lo mismo, aquello en lo que te fijas ya lo estás creando, ¡qué bonito!, ¿a qué sí? y lo hacemos constantementeseamos o no conscientes de ello. Así que, puedes ser un “creador inconsciente”, como la inmensa mayoría de la gente, que suele llamar “mala suerte” cuando crea algo que no le gusta (por no saber el inmenso poder que tiene su atención), o puedes ser un “creador consciente”. Tú eliges. La diferencia entre uno y otro es muy sencilla: darte cuenta de adonde estás dirigiendo tu atención. Para ello fíjate en qué estás pensando: ¿piensas sobre un tema en concreto, siendo el jefe de tus pensamientos, o está tu mente divagando sin ningún control por tu parte, siendo esclavo de ella?. Esta es la clave de todo: fijarse, concentrarse, en lo que sucede en tu interior, en todo momento, así serás consciente de lo que estás creando.

Ahora bien, no pienses que creas instantáneamente aquello a lo que prestas atención, sino que transcurre un tiempo hasta que esto sucede. Este tiempo puede variar en función de cuánto lo desees y de si existe alguna creencia (consciente o inconsciente) que vaya en dirección contraria a tu deseo. Puedes anhelar intensamente tener una pareja en tu vida, pero si crees que nadie va a fijarse en ti porque no te ves guap@, entonces esta creencia, que siempre es más poderosa que tu deseo consciente, va a sabotear tu anhelo. Pero de esto, también hablaremos más adelante, por ahora quédate con el concepto.

Otra cosa que debes tener en cuenta es que vivimos en un universo de inclusión. ¿Qué significa esto?: para el universo no existe la palabra NO, sino que acepta todo lo que mantienes en tu foco de atención sin rechazar nada y se pone a crearlo, lo quieras o no. El universo sólo conoce una palabra del lenguaje humano: . Para el universo todo está incluido en él, todo es posible, no hay nada que pueda excluirse. Para él no existe la negación, la separación, sólo la inclusión, la unidad. El universo es un sinfín de posibilidades que vas materializando constantemente en aquello que le señalas con tu atención.

Cuando piensas “no quiero estar enfermo”, el universo entiende que estás pensando-pidiendo “enfermedad” porque realmente te estás centrando en ello para negarlo. Si te digo ahora: “no pienses en un caballo blanco“, ¿qué imagen se ha creado en tu mente?. Eso es, piensas en lo que te he dicho que no pienses, en un caballo blanco, pues con el universo sucede lo mismo. No debemos rechazar nada creyendo que así lo evitaremos, porque conseguimos justo lo contrario: atraer, con la energía del rechazo, del miedo, aquello que queremos evitar. La clave es pensar siempre en lo que queremos, no en lo que no queremos, porque, recuerda, estamos siempre creando. Siempre, no lo olvides.

Bueno, por hoy ya vale. Ahora te dejo un enlace en el que podrás descubrir unos principios fundamentales que pueden ayudarte a comprender ciertas circunstancias que has vivido o estás viviendo: Las 7 leyes universales.

Recibe un fuerte y amoroso abrazo, herman@.

Seguimos caminando.

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