El Poder del Ahora (resumen)

Este es un resumen de uno de los libros que lleva muchos años conmigo. En su momento me lo leí 4 ó 5 veces seguidas, subrayándolo cada vez que lo hacía, mientras practicaba sus enseñanzas. Con el paso de los años me he trabajado otras cosas, pero siempre he acabado volviendo a él una temporada para luego seguir el vuelo. Este es un resumen que tenía hecho para mi uso personal, que es el que suelo releer de vez en cuando. Espero te sirva.
Con todo mi cariño.

EL PODER DEL AHORANO ERES TU MENTE

Eres uno con el Ser.

La identificación con la mente crea una pantalla opaca de conceptos, etiquetas, imágenes, palabras, juicios y definiciones que bloquean toda verdadera relación.

En el momento que empiezas a observar al pensador, se activa un nivel de conciencia superior. Entonces empiezas a darte cuenta de que hay un vasto reino de inteligencia más allá del pensamiento, y de que el pensamiento sólo es una pequeña parte de esa inteligencia. También te das cuenta de que todas las cosas verdaderamente importantes -la belleza, el amor, la creatividad, la alegría, la paz interna- surgen de más allá de la mente. Empiezas a despertar.

Pronto te darás cuenta de esto: la voz está allí y yo estoy aquí, observándola. Esta comprensión Yo soy, esta sensación de tu propia presencia, no es un pensamiento. Surge de más allá de la mente.

En ese estado sientes tu propia presencia con tal intensidad y alegría que, en comparación, todo pensamiento, toda emoción, tu cuerpo físico y todo el mundo externo se vuelven relativamente insignificantes. También sentirás una sutil emanación de alegría elevándose desde lo más hondo de ti: la alegría del Ser.

También puedes crear una apertura en la corriente mental por el simple hecho de dirigir el foco de tu atención al ahora. Basta con que te hagas intensamente consciente del momento presente. Esto es algo profundamente satisfactorio. De este modo retiras la conciencia de tu actividad mental y creas una brecha sin mente en la que estás muy alerta y consciente, pero no piensas. Ésta es la esencia de la meditación.

Puedes practicar esto en tu vida cotidiana tomando cualquier actividad rutinaria, que habitualmente sólo es un medio para obtener un fin, y darle toda tu atención para que se convierta en un fin en sí misma. Mantente totalmente presente.

El parloteo mental produce un serio desgaste de tu energía mental. El pensamiento compulsivo es, en realidad, una adicción.

La emoción surge en el punto donde cuerpo y mente se encuentran. Es la reacción del cuerpo a la mente o, dicho de otra forma, el reflejo de la mente en el cuerpo… Puedes dejar que la emoción esté ahí sin ser controlado por ella. Ya no eres la emoción; eres el observador, la presencia que mira. Si practicas así, todo lo que es inconsciente en ti saldrá a la luz de la conciencia.

Adquiere el hábito de preguntarte: ¿Qué está pasando dentro de mí en este momento? Esa pregunta te orientará en la dirección correcta. Pero no analices, simplemente observa. Enfoca tu atención hacia dentro. Siente la energía de la emoción. Si no hay ninguna emoción presente, lleva la atención más profundamente al campo energético de tu cuerpo. Es el pasadizo hacia el Ser.

El amor, la alegría y la paz no pueden florecer hasta que te has liberado del dominio de la mente. Están más allá de las emociones, a un nivel mucho más profundo. El amor, la alegría y la paz son profundos estados de Ser o, más bien, tres aspectos del estado de conexión interna con el Ser.

Se un observador de la mente.

CONCIENCIA: EL CAMINO PARA SALIR DEL DOLOR

El dolor que creas en el ahora siempre surge de una falta de aceptación, de una resistencia inconsciente a lo que es. Como pensamiento, la resistencia es un juicio de algún tipo. Como emoción, la resistencia es algún tipo de negatividad. La intensidad del dolor depende del grado de resistencia al momento presente, y ésta a su vez depende de lo fuerte que sea tu identificación con la mente. La mente siempre trata de negar el ahora y escapar de él.

EL MOMENTO PRESENTE ES LO ÚNICO QUE TIENES. HAZ DEL AHORA EL CENTRO FUNDAMENTAL DE TU VIDA. ESTABLECE TU RESIDENCIA HABITUAL EN EL AHORA Y HAZ BREVES VISITAS AL PASADO Y AL FUTURO CUANTO TENGAS QUE RESOLVER LOS ASUNTOS PRÁCTICOS DE TU VIDA.

Ríndete a lo que es.

El momento presente es como es. Observa cómo tu mente le pone una etiqueta y cómo ese proceso de etiquetar, ese continuo juicio, crea dolor e infelicidad.

Acepta y después actúa. Acepta cualquier cosa que contenga el momento presente como si la hubieras elegido. Trabaja siempre a favor del momento, no contra él. Haz del presente tu amigo y aliado, no tu enemigo. Esto transformará milagrosamente tu vida.

Busca cualquier señal de infelicidad en ti, del tipo que sea: puede tratarse del despertar del cuerpo-dolor. A veces toma la forma de irritación, impaciencia, un estado ánimo sombrío, deseo de hacer daño, ira, furia, depresión, la necesidad de dramatizar las relaciones, etc. Atrápalo en el momento que despierta de su estado latente… El cuerpo dolor está compuesto de energía de vida atrapada que se ha separado de tu campo energético total y se ha hecho temporalmente autónoma mediante el proceso artificial de identificación con la mente…Enfoca tu atención en lo que sientes dentro de ti. Identifica el cuerpo-dolor y acepta que está ahí. No pienses en él, no dejes que el sentimiento se convierta en pensamiento. No juzgues ni analices. No te fabriques una identidad con el dolor. Mantente presente y continúa siendo un observador de lo que ocurre dentro de ti. Toma conciencia no sólo del dolor emocional, sino también de “aquel que lo observa”, el testigo silencioso. Éste es el poder del ahora, el poder de tu propia presencia consciente. Observa qué ocurre a continuación.

El estado de miedo psicológico está divorciado de cualquier peligro real e inmediato. Puede adoptar diversas formas: desazón, preocupación, ansiedad, nervios, tensión, temor, fobia, etc. El miedo psicológico, del que hablamos siempre, se refiere a algo que podría ocurrir, no a algo que ya está ocurriendo. estás en el aquí y ahora, mientras tu mente está en el futuro. Esto crea una brecha de ansiedad. Y si te has identificado con tu mente y has perdido el poder y la simplicidad del ahora, esas brecha de ansiedad será tu constante compañera. Siempre puedes afrontar el momento presente, pero no puedes afrontar ahora algo que sólo es una proyección mental; no puedes afrontar el futuro.

ENTRAR PROFUNDAMENTE EN EL AHORA

El ego se siente vulnerable y amenazado; por eso vive en un estado de miedo y necesidad.

Tiempo y mente son inseparables. Estar identificado con la mente es estar atrapado en el tiempo y el tiempo es una ilusión.

¿Porqué el ahora es lo más precioso? En primer lugar, porque es lo único que hay. Es todo lo que hay. El eterno presente es el espacio dentro del que se despliega tu vida, el único factor que permanece constante. La vida es ahora. No ha habido nunca un momento en que tu vida no fuera ahora, ni lo habrá jamás. Segundo, el ahora es el único punto que puede llevarte más allá de los limitados confines de la mente. Es tu único punto de acceso al reino informe e intemporal del Ser.

Nada existe fuera del ahora.

Nada ocurrió nunca en el pasado; ocurrió en el ahora.

Nada ocurrirá nunca en el futuro; ocurrirá en el ahora.

Pasado y futuro no tienen realidad propia. Ambos son ilusiones.

Convierte en práctica retirar la atención que prestas al pasado y al futuro cuando no sean necesarios. Sal de la dimensión temporal lo más posible en la vida cotidiana. Si te resulta difícil entrar directamente en el ahora, comienza observando la tendencia mental habitual a escapar de él.

Mantente presente como observador de tu mente, de tus pensamientos y emociones, así como de tus reacciones a las diversas situaciones. Nota cuántas veces tus atención se va al pasado o al futuro. No juzgues ni analices lo que observas. Contempla el pensamiento, siente la emoción, observa la reacción. No las conviertas en un problema personal. Entonces sentirás algo más poderoso que cualquiera de las cosas observadas: la presencia misma, serena y observante, que está detrás de tus contenidos mentales; el observador silencioso.

La identificación con la mente da a ésta más energía; la observación le resta energía. La energía retirada de la mente se convierte en presencia.

Aprende a usar el tiempo en los aspectos prácticos de tu vida, pero regresa inmediatamente a la conciencia del presente cuando esos asuntos prácticos estén resueltos. Así no habrá una acumulación de “tiempo psicológico”, que es la identificación con el pasado y la continua proyección compulsiva hacia el futuro.

Si la calidad de tu conciencia en este momento es lo que determina el futuro, ¿qué determina la calidad de tu conciencia? El grado de presencia que tengas. Por tanto, el único lugar donde puede tener lugar el verdadero cambio y donde puede disolverse el pasado es el ahora.

Toda negatividad está producida por una acumulación de tiempo psicológico y una negación del presente. Inquietud, ansiedad, tensión, estrés, preocupación… son aspectos del miedo, y todos ellos están producidos por un exceso de futuro y una falta de presencia. Culpa, lamento, resentimiento, pena, tristeza, amargura y todas las demás facetas de la falta del perdón están causadas por un exceso de pasado y una presencia insuficiente.

El tiempo es la causa de tus sufrimientos y de tus problemas.

La presencia es la llave de la libertad, de modo que sólo puedes ser libre ahora. No puedes ser infeliz y estar plenamente presente en el ahora.

Emplea tus sentidos plenamente. Trata de estar donde estás. Mira a tu alrededor. Simplemente mira, sin interpretar. Observa la luz, las formas, los colores, las texturas. Sé consciente de la presencia silenciosa de cada cosa. Sé consciente del espacio que permite que cada cosa sea. Escucha los sonidos; no los juzgues. Escucha el silencio debajo de los sonidos. Toca algo -cualquier cosa- y siente y reconoce su Ser. Observa el ritmo de tu respiración; siente cómo fluye el aire dentro y fuera, siente la energía de vida dentro de tu cuerpo. Permite que todo sea, tanto dentro como fuera. Permite y reconoce la “cualidad” de las cosas. Entra profundamente en el ahora.

Estás despertando del sueño del tiempo al presente.

Se trata de que te des cuenta de que no hay problemas. Sólo hay situaciones, situaciones que han de ser afrontadas o que han de dejarse como están y aceptarse como parte de la “cualidad” de este momento hasta que cambien o pueden tratarse de algún modo. La mente crea los problemas, que necesitan tiempo para sobrevivir. No pueden sobrevivir en la realidad del ahora.

Es imposible tener un problema cuando tu atención está plenamente en el ahora.

Pase lo que pase, no generaré más dolor para mí mismo. No me crearé más problemas.

Buena parte de lo que la gente dice, piensa o hace está motivado por el miedo, que siempre requiere orientarse hacia el futuro y desvincularse del ahora. Y como en el ahora no hay problemas, tampoco puedes tener miedo.

Para notar si te has dejado atrapar por el tiempo psicológico, puedes usar un criterio muy simple. Basta con preguntarse: ¿Hay alegría, fluidez y ligereza en lo que estoy haciendo? Si no la hay, el tiempo encubre el momento presente y percibimos la vida como una carga o como un esfuerzo.

Trata de conceder mucha más atención a lo que haces que al resultado que esperas obtener. Concede toda tu atención a lo que el momento te presente.

No te preocupes por el fruto de tus acciones: mantente atento a la acción misma.

Cuando tu sentido de identidad se deriva del Ser, cuando te liberas del “devenir” como necesidad psicológica, ni tu felicidad ni tu sentido de identidad dependen de los resultados, y por tanto estás libre del miedo.

Nada real puede ser amenazado.

 

ESTRATEGIAS MENTALES PARA EVITAR EL AHORA

Liberarse del tiempo es liberarse de la necesidad psicológica del pasado para tener una identidad, y del futuro, para hallar nuestra realización.

Cuando has obtenido los primeros atisbos del estado intemporal de conciencia, empieza un ir y venir entre la dimensión temporal y la presencia. Así, antes de establecerte firmemente en el estado de presencia, es decir, antes de poder ser plenamente consciente, pasas un tiempo yendo y viniendo entre la conciencia y la inconsciencia, entre el estado de presencia y el estado de identificación con la mente. Pierdes el ahora y vuelves a él, una y otra vez. Finalmente, la presencia se convierte en tu estado predominante.

Lo que yo llamo inconsciencia ordinaria es estar identificado con tus emociones y procesos de pensamiento, con tus reacciones, deseos y aversiones. La inconsciencia profunda es una versión intensificada de la inconsciencia ordinaria, distinta de ésta no en cuanto a cualidad, sino en cuanto a grado.

Cuando aprendes a ser testigo de tus pensamientos y emociones, que es parte esencial del estar presente, te sorprende el ruido de fondo de la inconsciencia ordinaria y te das cuenta de que muy pocas veces te sientes verdaderamente cómodo contigo mismo, si es que te ocurre alguna vez. A nivel mental, encontrarás abundantes resistencias en forma de juicios, descontento y proyecciones mentales que te alejan del ahora. A nivel emocional, notarás una corriente subterránea de incomodidad, tensión, aburrimiento o nervios. Todos estos contenidos son aspectos de la mente en su habitual modalidad de resistencia.

¿Cómo podemos liberarnos de esta aflicción? Hazla consciente. Observa los diversos modos en que la intranquilidad, el descontento y la tensión surgen en ti como consecuencia de juicios innecesarios, resistencias a lo que es y la negación del ahora. Lo inconsciente se disuelve cuando lo iluminas con la luz de la conciencia… Acostúmbrate a hacer un seguimiento de tu estado emocional y mental mediante la autoobservación. Una buena pregunta que puedes plantearte frecuentemente es: “¿Estoy relajado en este momento?”. O también puedes preguntarte: “¿Qué está ocurriendo dentro de mí en este instante?”. Dirige tu atención hacia dentro. Mira dentro de ti. ¿Qué tipo de pensamientos está produciendo tu mente? ¿Qué sientes? Dirige tu atención al cuerpo. ¿Notas alguna tensión? Cuando detectes cierto nivel de incomodidad, el ruido de fondo, observa cómo estás evitando, resistiéndote o negando la vida por negar el ahora. Con la práctica aumentará tu poder de autoobservación.

¿Puedes poner algún ejemplo más sobre la inconsciencia ordinaria? Trata de pillarte quejándote, de palabra o pensamiento, de la situación en la que te encuentras, de lo que los demás dicen o hacen, de tu entorno, de tu situación de vida, incluso del tiempo. Quejarse siempre es no aceptar lo que es, y conlleva invariablemente una carga de inconsciencia y negatividad… Abandona la situación o acéptala. Lo demás es locura.

La inconsciencia ordinaria siempre está vinculada de algún modo con la negación del ahora.

¿Es el miedo lo que te impide actuar? Reconoce el miedo, obsérvalo, pon tu atención en él, mantente presente ante él. Ese reconocimiento sirve para cortar el vínculo entre el miedo y tu pensamiento. No dejes que el miedo llegue a tu mente. Haz uso del poder del ahora. El miedo no puede prevalecer ante él.

1.- ¿Hay algo que “deberías” estar haciendo y no estás haciendo? Ponte en marcha y hazlo ahora mismo. Como alternativa también puedes aceptar completamente tu inactividad del momento, si ésa es tu elección. Entra plenamente en ese estado. Disfrútalo.

2.- ¿Estás estresado? ¿Estás tan agitado tratando de llegar al futuro que el presente queda reducido a un medio para alcanzarlo? Lo que causa tensión es estar “aquí” queriendo estar “allí”, o estar en el presente queriendo estar en el futuro. Es una disyuntiva que te desgarra por dentro. Disfruta del flujo energético, disfruta de la elevada energía del momento. Observa tu mente. Sonríele.

3.- ¿Te absorbe mucha atención el pasado? Haz morir el pasado a cada momento. Siente el poder de este momento y la plenitud del Ser. Siente tu presencia.

4.- ¿Estás preocupado? ¿sueles pensar mucho en lo que pasaría si… ? Entonces estás identificado con tu mente, que se proyecta en una imaginaria situación futura y genera miedo. No hay modo de poder afrontar esa situación, porque no existe. Es un fantasma mental. Puedes parar esa locura que corroe la salud y la vida volviendo a tomar conciencia del momento presente. Siente la respiración. Siente el aire que fluye dentro y fuera de tu cuerpo. Siente tu campo de energía interna. Lo único que tienes que afrontar, con lo que tienes que lidiar en la vida real -en oposición a las proyecciones mentales imaginarias- es este momento. ¿Qué problema tienes ahora? Siempre puedes lidiar con el ahora, pero nunca podrás lidiar con el futuro, y tampoco tienes que hacerlo.

5.- “Algún día lo conseguiré”. ¿Está tu atención tan absorta en los objetivos que reduces el momento presente a ser un medio para un fin. ¿Estás esperando para empezar a vivir?

6.- ¿Estás acostumbrado a esperar? La espera es un estado mental. Significa básicamente que quieres el futuro y no quieres el presente. No quieres lo que tienes y quieres lo que no tienes. Renuncia a la espera como estado mental. Cuando te sorprendas cayendo en el estado de espera…, sal inmediatamente. Ven al momento presente. Simplemente, sé y disfruta siendo.

Manténte alerta: el falso yo infeliz, basado en la identificación con la mente, vive en el tiempo. Él sabe perfectamente que el momento presente supone su muerte y se siente amenazado. Hará todo lo que pueda por sacarte del ahora. Intentará mantenerte atrapado en el tiempo.

El propósito externo de tu vida pertenece a la dimensión horizontal del espacio y del tiempo; el propósito interno implica una profundización en tu Ser, en la dimensión vertical del ahora intemporal. Tu camino externo puede tener un millón de pasos; tu camino interno solo tiene uno: el que estás dando ahora mismo. A medida que te hagas más consciente de este único paso, te vas dando cuenta de que contiene todos los demás, incluyendo el punto de destino. Entonces este paso se convierte en una expresión de la perfección, un acto de gran belleza y calidad. Te habrá llevado al Ser, y la luz del Ser brillará a través de él. Esto es al mismo tiempo el propósito y la culminación de tu camino interno, el camino hacia ti mismo.

¿Qué es el poder del ahora? Nada más que el poder de tu presencia, tu conciencia liberada de las formas del pensamiento.

Presta atención al presente; presta atención a tu comportamiento, a tus reacciones, estados de ánimo, pensamientos, emociones, miedos y deseos, tal como surgen en el presente. Ellos son el pasado en ti. Si puedes estar suficientemente presente como para observarlos sin criticarlos ni analizarlos, sin juicio alguno, entonces estás afrontando el pasado y disolviéndolo con el poder de tu presencia.

Lo esencial es tu presencia consciente. Eso es lo que disuelve el pasado, el agente transformador. Por tanto, no trates de entender el pasado, sino de estar todo lo presente que puedas. El pasado no puede sobrevivir en tu presencia, sólo puede sobrevivir en tu ausencia.

EL ESTADO DE PRESENCIA

Entender la presencia es estar presente.

“Me pregunto cuál va a ser mi próximo pensamiento”

Mientras te mantienes en un estado de intensa presencia, estás libre de pensamientos. Estás en calma y, sin embargo, muy alerta. En el momento que tu atención consciente desciende por debajo de cierto nivel, el pensamiento penetra. El ruido mental vuelve; la quietud se pierde. Has vuelto al tiempo.

¿A qué te refieres cuando hablas de estar “arraigado” en ti mismo? Tener siempre parte de tu atención en el campo energético interno de tu cuerpo. Sentir del cuerpo por dentro, por así decirlo. La conciencia corporal te mantiene presente. Te ancla en el ahora.

“Esperar” significa que toda tu atención está en el ahora. No te queda nada de atención para soñar despierto, pensar, recordar, anticipar. En esa espera no hay tensión, ni miedo, sólo una presencia alerta. Estás presente con todo tu Ser, con cada célula de tu cuerpo.

Sólo ahora eres verdaderamente tú mismo.

Más allá de la belleza de las formas externas, hay otra cosa: algo innombrable, inefable, algo profundo, interno, la esencia sagrada. Dondequiera y cuando quiera que encontramos algo bello, percibimos el brillo de esta esencia interna, que sólo se nos revela cuando estamos presentes. ¿Podría ocurrir que esta esencia innombrable y tu presencia fueran una única y misma cosa? ¿Estaría ahí si tú no estuvieras presente? Entra profundamente en ella. Descúbrelo por ti mismo.

Cuanto mayor sea la distancia entre la percepción y el pensamiento, más profundo eres como ser humano, es decir, más consciente.

Todo lo que existe está vivo; todos somos expresiones de la conciencia en sus diversos grados, conciencia manifestada en la forma.

Cuando observas la mente, retiras conciencia de las formas mentales, y esa conciencia se convierte en el observador o testigo. En consecuencia, el observador -conciencia pura más allá de la forma- se fortalece, y las formaciones mentales se debilitan.

Cuando la conciencia se libera de su identificación con las formas físicas y mentales, se convierte en lo que llamamos conciencia pura o iluminada, o presencia.

Escuchar el silencio, donde quiera que estés, es un modo fácil y directo de estar presente… Sólo la quietud interna puede percibir el silencio externo.

Eternidad no significa tiempo inacabable, sino no-tiempo.

Yo soy la divina presencia. Yo soy la vida eterna. Yo soy aquí. Yo soy ahora.

Cualquier tipo de exclusividad es identificación con la forma, e identificación con la forma significa ego, por muy disfrazado que esté.

EL CUERPO INTERNO

No te quedes trabado en la palabra. La palabra no es más que un medio para un fin. Es una abstracción. La palabra miel no es miel… Si una palabra ya no es operativa para ti, abandónala y sustitúyela por otra que lo sea.

En tu estado natural de conexión con el Ser, esa realidad más profunda puede sentirse a cada momento como el cuerpo interno invisible, la presencia interna que te anima. Por tanto “habitar el cuerpo” es sentirlo desde dentro, sentir la vida dentro del cuerpo y así llegar a saber que eres más allá de la forma externa.

Esto sólo es el principio de un camino interno que te llevará a ahondar cada vez más en un reino de gran quietud y paz, y al mismo tiempo de gran poder y de una vida vibrante… Por debajo de tu forma externa estás conectado con algo tan vasto, tan inconmensurable y sagrado, que no puede ser descrito ni concebido… Estarás desvinculado del Ser mientras tu mente consuma toda tu atención. Te conviertes en un constructo mental vulnerable y siempre necesitado, cuya emoción predominante es el miedo.

El cuerpo interno produce una sensación informe, ilimitada e impenetrable. Siempre puedes entrar más profundamente en él. Presta atención a lo que puedas sentir. Basta con que te enfoques en la sensación.

El cuerpo que puedes ver y tocar sólo es un fino velo ilusorio. Debajo de él está el cuerpo interno invisible, la puerta que nos da acceso al Ser, a la Vida No Manifestada. Estás inseparablemente conectado con la Vida Una No Manifestada -sin nacimiento, sin muerte, eternamente presente- mediante el cuerpo interno. Gracias al cuerpo interno eres eternamente uno con Dios.

La clave está en mantenerse permanentemente en un estado de conexión con tu cuerpo interno, sentirlo en todo momento. Si mantienes la atención en el cuerpo siempre que te sea posible, estarás anclado en el ahora. No te perderás en el mundo externo ni en la mente. Por favor, analiza dónde está tu atención en este momento. Estás escuchándome o estás leyendo estas palabras en un libro. Ese es tu centro de atención. Intenta mantenerte simultáneamente en contacto con tu cuerpo. Mantén parte de la atención dentro de ti; no dejes que toda ella fluya hacia fuera. Siente tu cuerpo desde dentro como un campo energético unificado. Es casi como si estuvieras escuchando o leyendo con todo tu cuerpo. Práctica esto en los próximos días y semanas… Mantente arraigado en tu interior.

El arte de ser consciente del cuerpo interno se va desarrollando hasta dar paso a una nueva forma de vivir, un estado de conexión permanente con el Ser, y añadirá una profundidad a tu vida que no has conocido antes.

Resulta fácil estar presente y ser el observador de la mente cuando se está profundamente arraigado en el cuerpo. Pase lo que pase fuera, ya nada puede hacerte temblar.

Cuando se te presente algún desafío (cuando algo “va mal”, cuando se produce una pérdida o un disgusto) créate el hábito de entrar inmediatamente en tu interior y de centrarte en el campo energético de tu cuerpo. Tienes que hacerlo inmediatamente ya que cualquier retraso permitirá que la reacción condicionada, emocional o mental, surja y se apodere de ti. Cuando te orientas hacia dentro y sientes el cuerpo interno, recobras inmediatamente la serenidad y la presencia, porque retiras atención de la mente.

Prestar atención a una emoción no es empezar a pensar en ella. Significa observarla, sentirla plenamente, de modo que puedas reconocerla y aceptarla tal como es. Lo importante no es si puedes poner una etiqueta mental a la emoción, sino si puedes poner conciencia en la sensación que te produce. La atención es la clave de la transformación; y la plena atención también implica aceptación.

La presencia es pura conciencia; conciencia que ha sido recuperada de la mente, del mundo de la forma. El cuerpo interno es tu vínculo con lo No Manifestado, y en su aspecto más profundo es lo No Manifestado: la Fuente de la que emana la conciencia como la luz emana del Sol. Mantener la atención en el cuerpo interno es hacer que la conciencia recuerde su origen y regrese a su Fuente.

La sensación te llevará más cerca de la verdad de quien eres que el pensamiento. La práctica de la conciencia corporal producirá la profundización necesaria.

Si habitas el cuerpo interno, el cuerpo externo envejecerá a un ritmo mucho más lento. Ejercicio de fortalecimiento del sistema inmunológico: Cuando tengas unos minutos libres, y especialmente por la noche antes de dormir y a primera hora de la mañana antes de levantarte, “inunda” tu cuerpo de conciencia. Cierra los ojos. túmbate de espaldas. Ve llevando la atención sucesivamente a las distintas partes del cuerpo: manos, pies, brazos, piernas, abdomen, pecho, cabeza, etc. Siente la energía dentro de esas partes de tu cuerpo con toda la intensidad posible. Manténte en cada una de ellas durante quince segundos aproximadamente. A continuación, deja que tu atención recorra el cuerpo unas cuantas veces como una ola, de los pies a la cabeza y de la cabeza a los pies. Con dedicar un minuto a esta parte es suficiente. A continuación siente la totalidad de tu cuerpo energético como un campo de energía unificado. Mantén la sensación durante unos minutos. Permanece intensamente presente durante ese tiempo, presente en cada célula de tu cuerpo. No te preocupes si tu mente consigue apartar tu atención del cuerpo ocasionalmente y te quedas perdido en algún pensamiento. En cuanto te des cuenta de que eso ha ocurrido, reorienta tu atención hacia el cuerpo interno.

Ejercicio para contactar con el cuerpo energético interno: Si en algún momento te resulta difícil contactar con el cuerpo interno, suele ser más fácil empezar centrándose en la respiración. La respiración consciente, que es una intensa meditación por derecho propio, te pondrá gradualmente en contacto con el cuerpo. Sigue la respiración con tu atención, el aire que entra y sale del cuerpo. Inspira y siente el abdomen expandirse y contraerse ligeramente con cada inspiración y expiración. Si te resulta fácil visualizar, cierra los ojos y obsérvate rodeado de luz o inmerso en sustancia luminosa, en un mar de conciencia. A continuación inspira esa luz. Siente que esa sustancia luminosa llena todo tu cuerpo y lo hace luminoso. A partir de ahí, gradualmente, céntrate más en la sensación. Ahora estás en tu cuerpo. No te apegues a ninguna imagen visual.

Cuando necesites una respuesta, una solución o una idea creativa, deja de pensar momentáneamente y concentra toda la atención en tu campo de energía interno. Toma conciencia de la quietud. Cuando vuelvas a pensar, tu pensamiento será fresco y creativo. No pienses únicamente con tu cabeza, piensa con todo tu cuerpo.

Cuando escuches a otra persona, no te limites a hacerlo con tu mente; escúchala con todo tu cuerpo. Y mientras escuchas, siente el campo energético de tu cuerpo interno. Esto aleja la atención del pensamiento y crea un espacio tranquilo que te permite escuchar sin interferencias mentales. Estás dando espacio a la otra persona, espacio para ser… No puedes sentir el Ser de otra persona si no es a través de tu propio Ser… En el nivel más profundo del Ser, eres uno con todo lo que es.

PORTALES DE ACCESO A LO NO MANIFESTADO

No pienses en tu campo energético interno, siéntelo. Si te sirve de ayuda usa la visualización de la “luz” descrito anteriormente.

Cuando sientas claramente el cuerpo interno como un campo unificado, abandona, si te es posibles, cualquier imagen visual y céntrate exclusivamente en la sensación. Si puedes, abandona también cualquier imagen que pueda quedarte del cuerpo físico. Lo único que te quedará es una sensación omniincluyente de presencia o “de Ser”, y sentirás que el cuerpo interno no tiene límites. A continuación ahonda con atención en esa sensación. Hazte uno con ella. Fúndete con tu campo energético, de modo que desaparezca la percepción de dualidad en el observador y lo observado, entre tú y tu cuerpo. Poco a poco va disolviendo la distinción entre lo interno y lo externo, de modo que ya no queda cuerpo interno. Entrando profundamente en el cuerpo lo has trascendido.

Cuando tu conciencia se dirige hacia fuera, surgen la mente y el mundo. Cuando se dirige hacia dentro, alcanza su propia Fuente y regresa a casa, a lo No Manifestado.

Ésta debe ser tu práctica espiritual: en los quehaceres de tu vida no concedas el cien por cien de tu atención al mundo externo y a la mente. Mantén parte de tu atención dentro. Siente tu cuerpo interno mientras participas en tus actividades cotidianas, especialmente cuando te relaciones con otras personas o con la naturaleza. Siente la quietud en lo profundo de él. Mantén la puerta abierta.

Portales: 1.- El ahora es el principal portal. Cuando disuelves el tiempo psicológico mediante una intensa atención al momento presente, te haces consciente de lo No Manifestado tanto directa como indirectamente.

2.- Sentir el cuerpo interno.

3.- La cesación del pensamiento. La actividad mental continua te mantiene aprisionado en el mundo de la forma y se convierte en una pantalla opaca que te impide tomar conciencia de lo No Manifestado.

4.- La rendición (soltar la resistencia emocional y mental a lo que es).

5.- Prestar atención al silencio externo crea silencio interno. Lo No Manifestado está presente en este mundo como silencio.

6.- El espacio vacío. Todo cuerpo u objeto físico ha salido de la nada, está rodeado de nada y acabará volviendo finalmente a la nada… La esencia de todas las cosas es el vacío. Toma conciencia del espacio que te rodea. No pienses en él. Más bien intenta sentirlo. Presta atención a “nada”.

Espacio y silencio son dos aspectos de lo mismo, de la misma nada.

MÁS ALLÁ DE LA FELICIDAD Y DE LA INFELICIDAD ESTÁ LA PAZ

Cualquier circunstancia negativa contiene una profunda lección oculta, aunque no puedas verla en el momento.

Las circunstancias siempre son positivas. O, siendo más preciso, no son ni positivas ni negativas. Son como son.

Esta actitud de “dejar ser” te lleva más allá de la mente, con sus patrones de resistencia que crean polaridades positivas y negativas… La aceptación te libera inmediatamente del dominio de la mente y te vuelve a conectar con el Ser.

Sentirse apenado por uno mismo es un tipo de drama. Sentirte culpable o ansioso es otro tipo de drama. Cuando dejas que el pasado o el futuro oscurezcan el presente, estás creando tiempo, tiempo psicológico: el material del que está hecho el drama. Cuando no honras el momento presente permitiéndolo ser, estás creando drama.

Todo sufrimiento es creado por el ego mediante la resistencia… Cuando permites que cada cosa tenga su “cualidad”, se revela una dimensión más profunda como presencia permanente debajo del juego de los opuestos: una profunda quietud inmóvil, una alegría sin causa que está más allá del bien y del mal. Es la alegría del Ser, la paz de Dios.

En cuanto la mente juzga que un estado o situación es “bueno”, le toma apego y se identifica con él, tanto si se trata de una relación, como de una posesión, un papel social, un lugar, o tu cuerpo físico… Cuando el estado o situación con el que la mente se ha identificado cambia o desaparece, ésta no puede aceptarlo. Se apegará al estado que ha desaparecido y se resistirá al cambio. Es casi como si nos cortaran un miembro del cuerpo.

Las cosas y las situaciones pueden darte placer, pero también te darán dolor. Las cosas y los estados pueden darte placer, pero no te darán alegría. Nada puede darte alegría. La alegría no tiene causa, surge desde dentro como la alegría del Ser. Es parte esencial del estado de paz interior, del estado llamado la paz de Dios. Es tu estado natural, no algo por lo que tengas que luchar por conseguir.

No ofrecer resistencia a la vida es estar en un estado de gracia, tranquilidad y ligereza... Cuando desaparece la dependencia interna de la forma, la situación general de tu vida, lo que tiene relación con las formas externas, parece mejorar enormemente. Las cosas, las personas o las situaciones que creías necesitar para ser feliz ahora llegan a ti sin esfuerzo ni lucha por tu parte, y eres libre de disfrutarlas y apreciarlas mientras duren… Cuando desaparece la dependencia, desaparece también el miedo a la pérdida. La vida fluye con tranquilidad… Entra en el estado de no-resistencia.

Toda resistencia interna se experimenta como negatividad de uno u otro tipo. Toda negatividad es resistencia. En este contexto, ambas palabras son casi sinónimas. La negatividad va desde la irritación o la impaciencia hasta la ira encendida, desde el estado de depresión anímica o resentimiento hasta la desesperación suicida.

El ego cree que puede manipular la realidad mediante la negatividad y conseguir lo que quiere… La única “utilidad” de la negatividad es fortalecer al ego, y por eso al ego le encanta.

Cuando estás identificado con una emoción negativa no quieres soltarla, y en algún profundo nivel inconsciente no deseas un cambio para mejor porque pondría en peligro tu identidad de persona deprimida, enfadada o maltratada. Entonces ignorarás, negarás o sabotearás lo positivo de tu vida. Éste es un fenómeno bastante común. Y una locura.

Cuando notes que ha surgido alguna negatividad dentro de ti, no la consideres un fallo, sino una señal muy útil que te está diciendo: “Despierta. Sal de tu mente. Mantente presente”… “Atención. Aquí y ahora. Despierta. Atención. Aquí y ahora. Despierta”… Hasta la más leve irritación es significativa y tiene que ser reconocida y registrada para que no haya una acumulación de reacciones no observadas.

Práctica para disolver la resistencia: Siéntete como si te estuvieses volviendo transparente, por así decirlo, como si no tuvieras la solidez del un cuerpo material. Ahora permite que cualquiera que sea la causa de la reacción negativa te atraviese. Ya no golpea con una “pared” sólida en tu interior… No ofrezcas resistencia. Es como si ya no hubiera nadie que pudiera sentirse herido. Así es como te vuelves invulnerable… Tanto si se trata de una alarma de automóvil, como de una persona grosera, de una inundación, un terremoto, o la pérdida de todas tus posesiones, el mecanismo de resistencia es el mismo.

Cualquier cosa que aceptes plenamente te llevará allí, al estado de paz. Éste es el milagro de la rendición.

No te resistas al cambio aferrándote mentalmente a ninguna situación. Tu paz interna no depende de ello. Habitas en el Ser -inmutable, intemporal, inmortal- y ya no dependes del mundo externo de las formas eternamente cambiantes para sentirte feliz o satisfecho. Puedes disfrutar de las formas, jugar con ellas, crear nuevas formas, apreciar la belleza de las cosas…, pero no necesitas apegarte a nada.

Una de las prácticas espirituales más poderosas es la de meditar profundamente en la mortalidad de las formas físicas, incluida la propia. A esto se le llama “morir antes de morir”. Entra en esta práctica profundamente. Tu forma física se está disolviendo, deja de ser. Después llega un momento en que todas las formas mentales o pensamientos también mueren. Sin embargo , la presencia divina que eres, sigues estando allí. Radiante, plenamente despierto. Nada real ha muerto jamás; sólo los nombres, las formas y las ilusiones.

En cuanto a la forma, compartes la mortalidad y la precariedad de la existencia. En cuanto al ser, compartes la vida radiante, eterna. Éstos son los dos aspectos de la compasión. En la compasión, los sentimientos aparentemente opuestos de tristeza y alegría se funden en uno y se transmutan en una profunda paz interna. Es la paz de Dios.

El cuerpo y la muerte son la misma ilusión… Tu conciencia crea el mundo que habitas a cada momento… Cada ser es un punto focal de conciencia, y cada punto focal crea su propio mundo, aunque todos están interconectados… Todos los mundos son, en definitiva, un solo mundo.

Tu principal tarea no es buscar la salvación mediante la creación de un mundo mejor, sino despertar de la identificación con la forma… En cierta forma ya no necesitas del mundo (cuando despiertas de la identificación con la forma). Ni siquiera necesitas que sea distinto de como es.

Sólo los que han trascendido el mundo pueden crear un mundo mejor.

EL SIGNIFICADO DE LA RENDICIÓN

La rendición es una sabiduría simple pero profunda que implica ceder más que oponerse al flujo de la vida; es aceptar el momento presente incondicionalmente y sin reservas. Es renunciar a la resistencia interna a lo que es… La resistencia suele agudizarse cuando las cosas “van mal”, lo que significa que hay una distancia entre las demandas y rígidas expectativas de tu mente y lo que es… La aceptación de lo que es te libera inmediatamente de tu identificación mental y vuelve a conectarte con el Ser. La resistencia es la mente.

No hagas juicios sobre el ahora… Niégate a etiquetar el ahora.

Cuando tu situación de vida te resulta insatisfactoria o intolerable, sólo si empiezas por rendirte podrás romper el patrón de resistencia inconsciente que perpetúa esa situación… La no-resistencia realza enormemente la cualidad de tu conciencia y, por lo tanto, la cualidad de cualquier cosa que estés haciendo o creando. Entonces los resultados vendrán por sí mismos... Rendirte es la cosa más importante que puedes hacer para provocar un cambio positivo.

Si tu situación general es insatisfactoria o desagradable, separa este instante y ríndete a lo que es… Si no puedes hacer nada, y tampoco puedes salir de la situación, úsala para entrar más profundamente en la rendición, más profundamente en el ahora, más profundamente en el Ser.

¿Cómo puedo soltar la resistencia? Empieza por reconocer que hay resistencia. Estate presente cuando ocurra, cuando surja la resistencia. Observa cómo la crea tu mente, cómo etiqueta la situación, a ti mismo, a los demás. Observa el proceso de pensamiento implicado. Siente la energía de la emoción. Siendo testigo de la resistencia comprobarás que no tiene ninguna utilidad. Al centrar toda tu atención en el ahora, la resistencia inconsciente se hace consciente y ése es su fin. No puedes ser consciente e infeliz, consciente y negativo. La negatividad, la infelicidad o el sufrimiento, sean del tipo que sean, indican que hay resistencia, y la resistencia siempre es inconsciente.

A través de la rendición, la energía espiritual entra en este mundo… La rendición es un poderoso transformador de situaciones y personas. Si las circunstancias no cambian inmediatamente, tu aceptación del ahora te permitirá elevarte por encima de ellas. En cualquier caso serás libre.

No des a la infelicidad, en ninguna de sus formas, un lugar donde habitar en tu interior.

Si no puedes aceptar lo que es, eso implica que nunca puedes aceptar a las personas como son. Las juzgarás, las criticarás, las etiquetarás, las rechazarás o intentarás cambiarlas.

Déjame ilustrar cómo puede funcionar la rendición en las relaciones. Cuando te veas envuelto en una discusión o en alguna situación conflictiva observa cómo te pones a la defensiva cuando atacan tu posición, o siente la fuerza de tu propia agresión cuando atacas la posición de la otra persona. Observa el apego a tus puntos de vista y opiniones. Siente la energía emocional-mental que está detrás de tu necesidad de tener razón y de señalar que la otra persona está equivocada. Ésa es la energía de tu mente egotista. La haces consciente reconociéndola, sintiéndola tan plenamente como puedas. Entonces, un día, en medio de una discusión, de repente te darás cuenta de que tienes una opción, y quizá decidas abandonar tu reacción simplemente para ver qué pasa. Te rindes (sueltas todo el campo de energía mental-emocional que estaba luchando por el poder en tu interior).. Si te sientes de repente muy ligero, diáfano y en profunda paz, eso es una señal inequívoca de que te has rendido realmente.

El ego cree que la fuerza reside en resistirse, cuando en realidad la resistencia te separa del Ser, el único estado de verdadero poder. La resistencia es debilidad y miedo disfrazados de fuerza. Lo que el ego considera debilidad es tu Ser en toda su pureza, inocencia y poder.

La rendición no transforma lo que es, al menos no directamente. La rendición te transforma a ti. Cuando te transformas, todo tu mundo se transforma, porque el mundo sólo es un reflejo.

…Junto con esa paz radiante (provocada por la rendición) llega la comprensión -no a nivel mental, sino al nivel profundo del Ser- de que eres indestructible, inmortal. No se trata de una creencia. Es una certeza absoluta que no necesita pruebas externas ni comprobaciones ulteriores.

Ésta es tu segunda oportunidad de rendirte: si no puedes aceptar lo de fuera, entonces acepta lo de dentro. Si no puedes aceptar la situación externa, acepta la situación interna. Esto significa: no te resistas al dolor. Permítelo. Ríndete al dolor, a la desesperación, al miedo, a la soledad o a cualquier forma que adopte el sufrimiento. Obsérvalo sin etiquetarlo mentalmente. Abrázalo. A continuación observa cómo el milagro de la rendición transmuta el sufrimiento profundo en paz profunda.

Atraes y manifiestas lo que corresponde a tu estado interno.

Pero incluso cuando no hay escapatoria, existe un camino que permite atravesar el dolor; por tanto, no te alejes de él. Afróntalo. Siéntelo plenamente. Siéntelo, ¡no pienses en él! Exprésalo si es necesario, pero no crees un guión mental con el dolor. Pon toda tu atención en lo que sientes, no en la persona, evento o situación que parece causarlo. No dejes que la mente use el dolor para crearse con él una identidad de víctima… Como es imposible huir del sentimiento, la única posibilidad de cambio es entrar en él; si no lo haces, no cambiarás nada. Por tanto, concede toda la atención a lo que sientes y evita etiquetarlo mentalmente. Al entrar en el sentimiento, mantente intensamente alerta. Puede que al principio parezca un lugar oscuro y terrorífico, pero cuando sientas el impulso de huir de él, obsérvalo sin hacer nada. Continúa manteniendo la atención en el dolor, sigue sintiendo la pena, el miedo, el pavor, la soledad…, lo que estés sintiendo. Mantente alerta, sigue estando presente, presente con todo tu ser, con cada célula de tu cuerpo. Al hacerlo, estás llevando una luz a esa oscuridad: ésa es la llama de tu conciencia.

Plena atención es plena aceptación, es rendición.

La aceptación del sufrimiento es un viaje hacia la muerte. Afrontar el dolor profundo, dejarlo ser, poner tu atención en él, es entrar en la muerte conscientemente. Cuando hayas muerto esa muerte, te darás cuenta de que no hay muerte y no hay nada que temer. Sólo muere el ego.

¿Quieres tener una muerte fácil? ¿Prefieres morir sin dolor, sin agonía? Entonces muere el pasado a cada instante, y deja que la luz de tu presencia retire el viejo yo pesado y ligado al tiempo que pensabas que eras “tú”.

Puesto que la resistencia es inseparable de la mente, renunciar a la resistencia -rendirse- marca el fin de la etapa en la que la mente es tu maestro, el impostor que pretende ser “tú”, el falso dios. Todo juicio y toda negatividad se disuelven. Entonces se abre el reino del Ser, que había quedado oscurecido por la mente. De repente, surge una gran quietud dentro de ti, la sensación de una paz insondable. Y en esa paz hay una gran alegría. Y dentro de esa alegría hay amor. Y en su núcleo más interno está lo sagrado, lo inconmensurable, Eso que no puede ser nombrado.

Elegir conscientemente la iluminación significa renunciar al pasado y al futuro y hacer del ahora el foco principal de tu vida. Significa elegir habitar en el estado de presencia más que en el tiempo. Significa decir sí a lo que es… (el tiempo y el dolor son inseparables).

La mente siempre se adhiere a lo conocido. Lo desconocido es peligroso porque la mente no tiene control sobre ello. Por eso le disgusta e ignora el momento presente. La atención al momento presente crea una discontinuidad no sólo en la corriente mental, sino también en el continuo pasado-futuro. Nada que sea realmente nuevo y creativo puede entrar en el mundo si no es a través de esa discontinuidad, ese espacio de infinitas posibilidades.

Nadie elige la disfunción, el conflicto, el dolor. Nadie elige la locura. Ocurren porque no hay suficiente presencia para disolver el pasado, porque no hay suficiente luz para disipar la oscuridad. No estás plenamente aquí. Aún no has despertado del todo. Entre tanto, la mente condicionada dirige tu vida… Siempre parece que la gente tiene una elección, pero eso es ilusorio. Mientras la mente, con sus patrones ilusorios, dirija tu vida, mientras seas la mente, ¿qué opciones tienes? Ninguna… ¿Cómo puedes estar resentido con alguien que está enfermo?

No puedes perdonarte verdaderamente ni perdonar a los demás mientras extraigas del pasado tu sentido de identidad. Sólo accediendo al poder del ahora, que es tu propio poder, puede haber un verdadero perdón. Esto quita poder al pasado, y te das cuenta verdaderamente de que nada de lo que hiciste, o de lo que se te hizo, podía dañar en lo más mínimo la radiante esencia que eres. Entonces el perdón mismo se vuelve innecesario.

Ríndete a lo de fuera y a lo de dentro.

 

Visualización: “Activando la Unidad”

Esta visualización la encontré en un manual que me dieron por asistir a un taller de iniciación angelical (“Curso de Maestría Angelical”, se llamaba exactamente). La adapté a mi forma de hablar, le quité cosas y le añadí otras hasta que quedó a gusto mío. Esta versión es la mía y por eso te puedo hablar desde la confianza que da la experiencia propia. Me la he trabajado durante más de un año y es mágica. No puedo decirte otra cosa. Eso sí, todos los días me la leía con total concentración, generalmente en una cafetería (la llevo en mi cartera de bolsillo), escuchando música con el móvil (Mike Rowland, generalmente), aislado del resto del mundo con mis auriculares y concentrándome en las palabras que siguen. Me llevaba unos 15-20 minutos el hacerla y notaba un gran cambio en el antes y en el después. Esta visualización es una petición al universo de que queremos ser uno con él y el universo SIEMPRE va a darnos lo que le pidamos, así que esta es una buena oportunidad de empezar tu nuevo camino, tu nueva vida.

Consejos para trabajarte esta y todas las visualizaciones que hagas:

  1. La clave de todo trabajo interior es la constancia. De nada sirve empezar con mucho ánimo y dejarlo al poco tiempo por el motivo que sea (generalmente por no conseguir resultados tangibles).
  2. Hacerla, si es posible, a la misma hora. Así se establece una rutina que favorece la creación de un hábito, con lo que nos será más fácil seguir con ella
  3. Haz cualquier visualización con la máxima concentración.  La concentración es la clave del poder de nuestra energía. A mayor capacidad de concentración más energía mandamos al punto de atención.
  4. Con la repetición todo se mejora. Así que repite, repite, repite.
  5. No te comas la cabeza pensando o dudando en si la estás haciendo correctamente. ¡Siempre, siempre, lo haces bien!. Esa voz que te hace dudar, es tu ego. No le hagas caso, tú lo haces perfecto, tú lo haces a tu manera. Y punto.
  6. Una vez que ya la domines, hazla en cualquier momento y circunstancia, siempre que te apetezca, porque mientras estás con ella eres tú quien dirige tus pensamientos, no tu ego.
  7. La clave de todo trabajo interior es disfrutar de ello, así que disfruta de esta visualización. ¡DISFRUTA!

Notas sobre esta visualización:

  1. La “respiración equilibrada” es respirar de una manera armónica, siendo tan larga la inspiración como la espiración, pero no te centres en la técnica, en si lo haces bien o mal (yo de hecho, no me fijo en si respiro “correctamente”). Lo realmente importante es la intención con la que haces las cosas, porque la intención es el decreto que envías al universo de lo que quieres conseguir. Tu único objetivo, cuando la hagas, que sea el disfrutar de ella, de lo que imaginas al leerla y de lo que sientes al imaginártelo.
  2. Mientras la leas, detente de vez en cuando y disfruta de las sensaciones que experimentas y poco a poco notarás cómo tu energía, con la repetición, se va elevando. En estos momentos de detención procura mantener la mirada fija, sin interpretar las palabras, sólo sintiendo lo que lees para no despistarte, para no perder tu concentración. Y si la pierdes, no pasa nada, vuelve una y otra vez a ella. Una y otra vez. Y así irás cogiendo el hábito de volver a tu interior. Una y otra vez.
  3. Cuando lleves un tiempo haciéndola, te darás cuenta de que te ayuda a centrarte en los momentos de desasosiego que pudieras vivir. Esta es una visualización que equilibra, armoniza y energiza. Podrás recurrir a ella cuando te sientas mal, porque te conecta a la fuente de donde vienes, de donde venimos.

ACTIVANDO LA UNIDAD

Me permito respirar profunda y armónicamente a través de la respiración equilibrada. La paz, que es mi estado natural, lo incluyo en mi sentir en este momento… convirtiéndome en paz y armonía infinitas.

Realizo la respiración equilibrada tomando aire por la nariz y, en esa entrada de energía, llevo mi atención a la consciencia de estar nutriéndome de la energía divina. Respiro profunda y relajadamente. Voy percibiendo cómo la paz y el equilibrio hacen acto de presencia… los disfruto… Siento cómo me expando y al expulsar el aire llevo mi atención a la consciencia  de que estoy expulsando energía divina fusionada con mi experiencia humana. Siento cómo sigo expandiéndome debido a la elevación de mi vibración, generando un estado diferente de conciencia. Estoy irradiando el poder, el amor y la inteligencia del ser divino encarnado que yo soy

Por mi chacra raíz me conecto a la matriz cristalina de la tierra, que visualizo como un enorme cristal iridiscente que me sustenta, irradia y activa el registro del propósito de mi alma para este tránsito ascensional aquí en la tierra. Esa consciencia es traducida en energía platino iridiscente que, de forma ascendente y en espiral, sube a través de mis pies y va elevándose… Esa energía va removiendo, activando e integrando en cada una de mis células el recuerdo del propósito de mi alma. Dejo que la energía continúe ascendiendo.

Ahora me enfoco en mi centro de arriba y me conecto a través del chakra corona a la energía de la fuente, que visualizo como una esfera de energía dorada iridiscente que irradia, activa e integra el recuerdo de la divina presencia en mí. Esa consciencia es guiada a través de una espiral platino que penetra por mi chakra corona y desciende desde la corona hacia abajo, envolviendo cada una de mis células en ese recuerdo. Dejo que esta activación continúe descendiendo…

Ahora me enfoco en ambas espirales…

Siento como la espiral que va ascendiendo desde la tierra va activando el contrato de mi alma y la espiral de arriba va descendiendo, activando el recuerdo de la esencia que soy…

Ahora me enfoco en el corazón…

Estas dos energías/consciencias se encuentran en el corazón, realizándose la fusión de ambas. De esa unión brota un círculo de luz rosa que irradia amor infinito en todas las direcciones. Siento un gran gozo por encontrarme en tal anhelado momento. Lo disfruto… y percibo cómo ese amor que brota de mi corazón va liberando consciencia/luz que limpia mi ser de todo aquello que me lastra, al mismo tiempo que guía mi energía física a reconectar los códigos energéticos, generando la Unidad en mí y unificando completamente mis dos hemisferios cerebrales. Así mismo va reactivando mi glándula pineal y mis capas de ADN físico, haciéndolas resonar con esta frecuencia de unidad. Siento conscientemente la Unidad dentro de mí… convirtiéndome en ella. Esa energía la expando a cada forma de vida sobre la tierra y, por resonancia, a todo el cosmos. Me disfruto a mí mismo y mantengo esta plenitud quedando activada mi conexión con la Unidad desde la dimensión más elevada.

Desde este momento me entrego a ser dirigido por la Unidad que soy desde la dimensión más elevada, manifestando mi clara intención de elevar cada día mi nivel de vibración.

Queda, pues, activada la Unidad en mi ser.

Que así sea.

Seguimos caminando.

 

Nuestro cuerpo: ¿qué somos?

Esta es la pregunta más importante que puedes hacerte, porque en función de la respuesta que des así irá tu vida. Espero que cuando acabes de leer esto te veas de diferente manera a cómo te percibes ahora, ya que entonces habremos dado un gran paso adelante.

Tu cuerpo, ese compañero que va contigo a todas partes, si lo observaras a través de un potente microscopio de efecto túnel verías algo parecido a una nube formada por un montón de átomos. Un átomo es la parte más pequeña de un elemento que conserva sus propiedades; si lo dividiéramos, lo que resultaría ya no tendría nada que ver con el elemento del que proviene, sería otra cosa diferente.

 

 

Un átomo consta de un núcleo (formado por neutrones, sin carga, y protones, con carga positiva) y unas partículas girando a su alrededor a velocidades muy elevadas, llamadas electrones, con carga negativa. Esta diferencia de carga, hace que los electrones orbiten alrededor del núcleo, ya que son atraídos por la carga positiva de los protones, eso sí, a una distancia enorme comparada con su tamaño. Si el núcleo tuviera el tamaño de una naranja y se encontrara en Bilbao (no lo puedo evitar, soy de aquí), los electrones pasarían girando por Estados Unidos, es decir, realmente somos espacio vacío, pero como esos electrones y átomos (que también giran alrededor de otros átomos) se mueven tan rápido, damos la sensación de ser un cuerpo sólido. Imagínate un ventilador, si está apagado, puedes meter la mano entre sus huecos sin ningún problema, pero si lo enchufas ya no puedes hacerlo (bueno, sí podrías, pero no te reirás mucho) porque no hay “huecos” debido a la velocidad de las aspas. Lo mismo pasa con nuestro cuerpo, que da la apariencia de ser sólido y compacto, pero lo que estamos viendo y creyéndonos ser es, en realidad, un efecto óptico creado por las limitaciones de nuestros sentidos.

Por otra parte, este constante movimiento de los electrones produce una energía alrededor de la cual se crea un campo electromagnético, que son ondas en movimiento, por medio de las cuales se transporta la energía generada. Una onda tiene una longitud y una frecuencia de vibración. La longitud de onda es la distancia existente entre dos crestas o valles consecutivos y la frecuencia de la onda es la cantidad de oscilaciones completas que se producen en un determinado tiempo. A mayor longitud de onda menor frecuencia y viceversa. Cuanto mayor es la frecuencia de vibración mayor es la energía transportada por la onda.

Por lo tanto, todo aquello que tiene una expresión física en este universo, al estar constituido por átomos, es energía vibrando; todo sin excepción. Todo el universo es vibración, lo único que varía es la frecuencia de la misma, lo “rápido” o “lento” que vayan los electrones y átomos. Lo que aparenta ser más sólido vibra a una frecuencia más baja y lo que es más sutil a una frecuencia más alta, más rápida. Si calentamos un cubo de hielo se transforma en agua líquida y si la seguimos calentando se vuelve vapor. Es agua en los tres casos, el mismo elemento, pero su apariencia, su estado físico, es diferente porque ha cambiado su frecuencia de vibración debido a la energía que ha recibido del calor.

Fíjate bien: eres espacio vacío, no ese cuerpo denso y compacto que crees ser y, además, nunca te encuentras en reposo total porque continuamente estás vibrando. Todo lo que aparenta ser tu cuerpo, está en permanente movimiento, en un constante cambio (tú no eres la misma persona que se ha levantado esta mañana de la cama), al igual que todo lo demás y, sin embargo, no somos conscientes de ello, no lo percibimos así, por las características de nuestros sentidos físicos que nos hacen creer algo que no somos. Nos creemos ser las sensaciones que experimentamos sin ser conscientes de nuestra auténtica realidad: somos vacío, somos energía vibrando.

Además, este cuerpo que habitamos realiza una serie de procesos metabólicos para transformar la energía de los alimentos y, gracias a este proceso, emitimos luz. No la vemos porque la intensidad es muy débil y es imperceptible para nuestros ojos, pero se han realizado experimentos que así lo certifican. No hay acuerdo entre lo científicos en los motivos de esta emisión, pero sí en el hecho de que la irradiamos, es decir,  somos seres de luz. ¡Qué bonito, ¿verdad?!

Pero quedan más cosas todavía, y encima lo mejor.

Según ha demostrado la física cuántica, los electrones pueden actuar como partículas con una mínima masa o como ondas, sin masa. Esto lo descubrió el físico francés Louis-Victor de Broglie, galardonado con el premio Nobel de física en 1929, al demostrar que todo electrón lleva asociada una onda. Formuló una ecuación (λ= h/p) que relaciona ambas magnitudes, y enunció esta hipótesis, que tres años más tarde se probó: “Toda la materia presenta características tanto ondulatorias como corpusculares comportándose de uno u otro modo dependiendo del experimento específico”. 

 

 

Posteriormente, la ciencia demostró el efecto observador, que origina el que los electrones se comporten como partículas cuando son “observados”, por ejemplo, cuando se quieren cuantificar sus características en un momento dado, pero el resto del tiempo, cuando no se les observa, existen como una onda de probabilidades. De hecho, no se puede determinar su posición cuando orbitan, solo se puede establecer una zona, alrededor del átomo, en la que es “probable” se encuentren. Así que, el observador crea una partícula por el simple hecho de observar, porque en el momento de hacerlo se produce la materialización de esa energía, de esa probabilidad, en una partícula concreta. Este vídeo explica muy bien el doble comportamiento de los electrones y el efecto observador.

Con las ondas de luz la cosa todavía se vuelve más interesante. La luz es una onda, cuyas partículas, los fotones, pueden actuar como el observador espera que actúen, es decir, si la observación-medición es para estudiar su comportamiento de partícula, se comportarán como partículas, pero si se les estudia como onda, se comportarán como una onda, es decir, la intención del observador crea su realidad.

Nosotros, como seres humanos que somos, tenemos la facultad de poder ser conscientes de donde enfocamos nuestra atención y esta consciencia nos da la libertad (nuestro libre albedrío) para dirigirla donde queramos. Esta atención crea aquello que observa, como hemos visto, así que somos seres creadores.

Somos seres creadores.

¡Qué grande es lo que somos, ¿verdad?!

Somos energía vibrando, creando continuamente aquello a lo que prestamos atención, pero la sociedad en la que vivimos nos transmite la ilusión de ser otra cosa diferente, haciéndonos creer ser algo mucho más pequeño, mucho más limitado, que la belleza como seres que realmente somos. La clave de todo, como veremos en sucesivos artículos, son las creencias que tenemos: ellas son las que dirigen todo nuestro poder creador, son las que guían nuestra vida.

Así que te hago esta sencilla pregunta: ¿quién crees que eres?.

Recibe un amoroso abrazo.

Seguimos caminando.

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