El Ser que somos y nuestra misión

Ya tenemos acondicionada la mente al haber trabajado las verdades del artículo anterior y comenzamos a ver la vida de una manera diferente. Ahora vamos a añadir la guinda al pastel mental que hemos cocinado, con tanto cariño, en este rincón de la luz.

Aunque ya te he dado unas cuantas pistas en entradas anteriores, ha llegado el momento de descubrir lo que realmente somos. Quizá te sorprenda porque somos mucho más hermosos y poderosos de lo que nos transmite esta sociedad en la que vivimos, pero tampoco debe extrañarte: estamos en un mundo dirigido y gobernado por el ego que creemos ser.
Como seres, somos la suma de un cuerpo (energía), que nos permite tener experiencias sensoriales en este mundo físico, y de una consciencia que es la que faculta darnos cuenta de eso que somos

Veamos con más detalle cada uno de estos componentes.

SOPORTE FÍSICO

Hemos visto en el primer artículo de esta web cómo nuestro cuerpo, que parece sólido y compacto, es, en realidad, energía vibrando, creando continuamente aquello a lo que prestamos atención. Es decir, somos seres creadores, somos los arquitectos de nuestra vida, pero la sociedad nos inculca que carecemos de cualquier poder creador, que todo aquello que nos sucede es producto de la buena o mala “suerte”.
Además, en relación con nuestro cuerpo y el Universo físico en el que vivimos, hay un concepto capital que lo cambia todo. Para comprenderlo mejor, veamos la definición de la palabra fuerza. Según la física: “es cualquier acción, esfuerzo o influencia que puede alterar el estado de movimiento o de reposo de cualquier cuerpo. Esto quiere decir que una fuerza puede dar aceleración a un objeto, modificando su velocidad, su dirección o el sentido de su movimiento”.
Sabemos que todo aquello con existencia física en este mundo es energía vibrando, electrones girando en diferente número y velocidad alrededor del núcleo de los átomos. Si los electrones se mueven en torno al núcleo es debido a la existencia de una fuerza que los atrae hacia él, impidiendo se pierdan en el infinito. Esta fuerza, conocida por fuerza electromagnética en el mundo científico, es la que mantiene unido este universo en el que vivimos y la conocemos comúnmente por su nombre de calle: AMOR.

Todo lo que tiene una existencia física ES gracias al amor, así pues, vivimos en un Universo de amor, aunque no lo vemos así. Solo percibimos las partículas girando, lo que podemos medir con los instrumentos científicos. Sin embargo, la esencia de esa fuerza que cohesiona todo es invisible para el mundo de la investigación que busca datos evaluables y contrastables. El amor está, pero es indetectable, aun siendo la causa del giro. Por lo tanto, tu cuerpo, ese instrumento que tienes para desenvolverte en este mundo, es energía vibrando en el amor: eres amor materializado en un cuerpo humano.

Pero ¿de qué amor estamos hablando?

Esta fuerza no piensa, no elucubra, no calcula. Esa fuerza es poder de atracción, de unión, sin establecer diferencias ni condiciones de ningún tipo. El auténtico amor es INCONDICIONAL, es el amor de Dios, es divino. Por el contrario, el amor egoico siempre es CONDICIONAL: “te amo mientras satisfagas las carencias que, como ego que soy, creo tener”. Por eso hay tantas roturas de parejas: los egos se unen entre ellos creyendo amarse, pero el ego y el amor incondicional son incompatibles. Si la evolución de los miembros de la pareja es dispar, tarde o temprano se produce la ruptura. Esta “condicionalidad” del amor egoico se manifiesta en todos los órdenes de la existencia: un padre sería capaz de dar la vida por un hijo, pero no la daría, conscientemente, por el hijo del vecino. Ahora bien, si ese hijo del vecino está suplicando ayuda atrapado en su casa ardiendo, probablemente, esa persona se adentraría en el fuego para salvarle, aun a riesgo de morir. Esto último lo hace sin pensar y, al no pensar, emerge la auténtica realidad que somos: AMOR DIVINO.

Por otra parte, está comprobado científicamente que emitimos luz. No la vemos, es imperceptible para nuestros ojos, sin embargo, la irradiamos. No somos conscientes de ella, pero es nuestra realidad: tú decides cómo lo interpretas, cómo lo vives. No nos vemos como luz, como vibración; nos vemos como materia, como trozos de carne. Esta carne se quedará aquí, convirtiéndose en polvo; la luz que somos se fundirá con la luz universal, con la Unidad, brillando en ella eternamente. 

Así pues, nuestro cuerpo es energía de amor vibrando, con la particularidad de estar creando constantemente aquello a lo que prestamos atención, a la vez que irradia ese amor al resto del Universo.
¡Qué pasada!, ¡¿a que sí?!

CONSCIENCIA

Este cuerpo, como todos sabemos, tiene fecha de caducidad. Es el coche alquilado en el que “viajamos” por esta vida y llegará un día en que lo devolveremos. Ahora bien, si nos damos cuenta del cuerpo que habitamos o de los pensamientos que mantenemos, es que hay algo más. Y “eso que se da cuenta” es la esencia de nuestro ser: SOMOS CONSCIENCIA INFINITA SIENDO CONSCIENTE DEL SOPORTE FINITO QUE HABITA. Esta consciencia que permite “darme cuenta” de este cuerpo, de mis pensamientos y de lo que me rodea, es la misma que la tuya y la de todos los seres humanos, lo único que cambia es el habitáculo-energía en el que “vive”. Tú provienes de unos ancestros diferentes a los míos o no, pero nuestra auténtica realidad es lo mismo en todas las personas: somos Uno en la Consciencia.
A diferencia del cuerpo, que tiene una etapa de crecimiento y plenitud para luego ir menguando, perdiendo facultades, la consciencia va creciendo de una manera constante, más o menos rápida, según incrementamos nuestra capacidad de concentración. Siempre está evolucionando, desarrollándose en una perpetua expansión.
Además, esta consciencia no tiene entidad física, no está formada por electrones ni átomos, por lo tanto, no pertenece a este universo de energía en el que estamos. Por ello, igual te suena esta frase: “vivimos en este mundo, pero no somos de él”. Tampoco proviene de la mente, que es una forma de energía, ya que los pensamientos que mantenemos cambian la vibración de las ondas cerebrales.

La consciencia es el acto de darse cuenta. Es observar sin pensar, sin calcular: es ver sin mirar. Utilizando un símil gramatical, la consciencia es un verbo, una acción, no un sustantivo como puede ser el Universo o cualquier entidad física. Esta consciencia que somos es testigo y no juzga; observa y no interpreta… sólo ES. 

EL SER QUE SOMOS

Podría resumirse en dos palabras: YO (cuerpo) SOY (consciencia). Si deseamos ser más prolijos en la explicación, diríamos que somos seres creadores irradiando luz de amor a este mundo, siendo conscientes de ello. De manera que, somos SERES DIVINOS CONSCIENTES.
Esta es nuestra auténtica realidad como seres: todos somos seres divinos, sin excepción. La única diferencia es si somos o no conscientes de nuestra divinidad, del poder creador que tenemos por nacimiento y del amor que impregna nuestra energía.

La sociedad actual nos aleja de nuestra verdadera esencia al identificarnos por el cuerpo que tenemos, que solo ve como un trozo de carne andante. Nos clasifica y numera como seres independientes para diferenciarnos unos de otros, pero no interpreta los datos científicos como la realidad que nos muestran: la energía de amor que somos tiene el poder de crear.
Además, si tienes cierto recorrido interior, hay una creencia muy extendida en el mundo espiritual que impide alcanzar nuestra auténtica realidad como seres. Esta creencia, auspiciada por el ego resistiéndose a morir, nos dice que vivimos muchas vidas, creciendo y perfeccionándonos en cada una de ellas, para, al final, fundirnos en uno con todo lo que es. Pero nosotros ya somos perfectos tal como somos ahora. Estamos hechos a imagen y semejanza de Dios (pon otro nombre si éste te incomoda): nuestra consciencia es SU consciencia, nuestro cuerpo el equivalente al Universo (el cuerpo de Dios). Por lo tanto, nada tenemos que perfeccionar, solo abandonar la falsa creencia de considerarnos imperfectos, de haber nacido con el pecado original (ya sabes de qué religión viene esta creencia, ¿no?). Somos seres de luz, seres perfectos, seres divinos, AHORA, tal como somos en este preciso instante.

Por lo tanto, comienza a verte y sentirte (si quieres, claro, ésa es tu libertad) como la realidad que eres: un ser de luz, un ser todopoderoso, transmitiendo amor hacia todo lo que es, hacia todo lo que vibra en este Universo de amor que te acoge.

NUESTRA MISIÓN

Como seres conscientes podemos aprovechar cada circunstancia adversa de la vida para transformarla en una oportunidad de desarrollo y evolución personal. Ahora bien, si queremos “entrenarnos” para crecer de una manera más acelerada, transformándonos en seres más hermosos día a día, debemos trabajar los dos componentes que nos constituyen: la consciencia y el soporte que la acoge.
El desarrollo de la consciencia se produce con el incremento de nuestro poder de concentración. Al concentrarnos en algo amplificamos la percepción de ello, dándonos cuenta de detalles que antes pasaban desapercibidos a nuestros sentidos o nuestra comprensión. Es decir, aumenta nuestra sensibilidad, nuestra capacidad de descubrir matices, volviéndonos seres más despiertos.
Otra de las ventajas del desarrollo de nuestra concentración es el aumento de la capacidad de centrarnos-anclarnos en la paz del ser que somos, sin dejarnos llevar por las emociones de nuestras identificaciones que, normalmente, dirigen nuestras decisiones. De esta manera vamos despertando del sueño que vivimos, creciendo en la consciencia que somos.

Esta forma de trabajo la realiza casi todo el mundo “espiritual” y es la base de la meditación, pero para desarrollarnos armónicamente como seres hay que ejercitar, también, el cuerpo-energía que tenemos, la morada de nuestra consciencia. Para ello solo hay que elevar nuestro nivel vibratorio que, a su vez, aumentará el nivel de consciencia. Al incrementar la vibración vamos despojándonos de los apegos energéticos de la mente-ego, debilitándola. La mente es la que nos pone todas las trabas posibles para concentrarnos. No puede estar quieta, necesita estímulos constantemente para que tenga sentido su existencia. La mente es variedad, cambio, excitación… justo lo contrario de la inmovilidad y paz de la concentración.

Tras llevar un tiempo realizando un trabajo interior en los dos aspectos del ser que somos y haber sentido la conexión consciente con la Unidad, sucede un descubrimiento sustancial. En un momento dado, y debido a nuestra elevación vibratoria, surge en nuestro interior la necesidad imperiosa de darnos a los demás, de entregarnos en amor al planeta-humanidad en el que vivimos. Nos preguntamos: “¿cómo puedo ayudar a este mundo?”. En respuesta a ese anhelo del ser de amor que somos, la consciencia de Dios que habita en nosotros nos muestra el don o los dones que vibran en nuestra energía para compartirlos con los demás.
Esos dones son las características especiales y únicas que tenemos cada uno de nosotros: son los tesoros de creatividad que poseemos para entregar a la humanidad. En unos casos puede ser pintar, componer música, hacer muebles o cuidar plantas; en otros cantar, escribir, sacar fotografías, atender ancian@s o cocinar. Todo aquello que hacemos con facilidad y que, además, disfrutamos haciéndolo son los talentos que vibran en la energía que somos.

Todos los seres humanos somos iguales y diferentes a la vez. La consciencia es la misma en cada uno de nosotros, pero la expresión de la energía de cada cuerpo es individual y todos, absolutamente todos, tenemos uno o varios dones que podemos poner al servicio de la humanidad o del planeta que habitamos.

Cuando das conscientemente estos dones a los demás te conviertes, no solo de palabra, si no de hecho, en un genuino Ser Divino realizando el propósito de tu vida en este planeta. A partir de ese momento sientes en su máximo esplendor cómo el Universo pone todo a tu favor para que consigas el mayor desarrollo de tus dones, de tu creatividad, ya que, en realidad, es la energía de la Unidad la que se manifiesta por medio de tu don. Al dar tus talentos al mundo, te conviertes en un vehículo de transmisión de la energía divina a este universo físico, eres la flauta hueca a través de la cual la Unidad toca su melodía de amor. En esos momentos de creatividad no hay ego, solo la vibración del Universo expresándose a través de tu energía: eres uno con la Totalidad creando por mediación de tu cuerpo.

De esta manera tan maravillosa entras a vivir tu nueva vida, la del Ser Divino que eres, dejando de ser un “buscador/a” para sentir haber encontrado tu “sitio” y misión en este planeta.
¿Que no te lo crees?, trabájate durante un tiempo las prácticas y ejercicios del próximo artículo (sé constante, ésa es la única clave del éxito), “Viviendo en la luz: pautas para un trabajo interior”, y me comentas.
Nos vemos allí.
Un abrazo, de corazón.

Volviendo al camino.
(¡No vuelvas! No has llegado hasta aquí para, ahora, darte la vuelta. ¡Sigue adelante, sigue creciendo!)

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